Incomplete 119

Incomplete 119

Fic TOLL de lyra

Capítulo 119

Regresó al club tras su conversación con Andreas intentando concentrarse en su trabajo y no pensar en lo mal que lo debía de estar pasando su hermano ni en lo cobarde que a veces le parecía Andreas por no tener el valor de enfrentarse a sus propios sentimientos.

Subió al embarcadero y entró en el club donde los primeros clientes ya comenzaban a llegar. Esa mañana se respiraba un ambiente diferente, todos estaban emocionados por la hoguera de esa noche y la expectación se notaba en cada rincón.

Echó una mirada rápida hacia la barra y frunció el ceño al no ver a Melissa allí, supuso que quizá habría visto a Víctor y estaría intentando consolarlo seguramente en la cocina. Decidió que era mejor dejarlos hablar sin que su presencia los incomodara porque si decía en voz alta lo que realmente pensaba sobre la forma en que Andreas estaba actuando sabía que Melissa saldría en su defensa y acabarían discutiendo, justo lo que ambas habían prometido evitar para no verse arrastradas al conflicto.

Aun así, era inevitable pensar en todo aquello ya que uno de los implicados era su hermano y el otro un buen amigo.

—¡Anouk!

La voz de Melissa la sacó de sus pensamientos, la vio salir de la cocina tal y como había imaginado y fue a su encuentro.

—¿Estás ocupada? —preguntó Melissa en cuanto llegó a su lado.

—No, ya están todas las mesas preparadas—contestó Anouk—Iba a meterme en la cocina para echarle una mano a mi madre

—Tu madre me ha pedido que en cuanto estuvieras libre acompañaras a Víctor a mi bungalow para que descanse —explicó Melissa con cierto nerviosismo.

—¿Le ha pasado algo? —preguntó Anouk muy preocupada.

—Creo que su conversación con Andreas no ha salido como él esperaba, y no lo está llevando nada bien —contestó Melissa.

—Lo sé… me lo encontré cuando volvía de su paseo por el lago y me dijo algo —murmuró Anouk suspirando.

—Está muy pálido y algo mareado —continuó explicando Melissa—David ya ha llegado y al verlo tan mal le ha dado permiso para ausentarse hasta después del turnos de las comidas.

No hizo falta que dijera nada más, Anouk salió corriendo hacia la cocina y entró justo cuando su madre intentaba consolar a su hermano mientras preparaba los desayunos de los primeros clientes.

—¿Estás bien? —preguntó corriendo a su lado.

Víctor negó con la cabeza cansado de fingir que era fuerte y que todo estaba bien, como si su situación con Andreas no le afectara en absoluto.

—¿Puedes acompañarlo al bungalow de Melissa para que descanse? —pidió Rose a su hija.

—Claro, me quedaré con él para hacerle compañía —respondió Anouk.

—No hace falta —murmuró Víctor poniéndose en pie—Aquí hay mucho trabajo y quiero estar solo.

Anouk separó los labios dispuesta a replicar pero una mirada de su madre bastó para que guardara silencio, si su hermano necesitaba estar a solas debían respetar su decisión.

—Volveré enseguida —prometió Anouk a su madre.

Rose asintió y observó cómo sus dos hijos salían de la cocina con paso lento. Dejó escapar un suspiro y volvió a su trabajo que empezaba a acumularse, el club ya se llenaba de clientes hambrientos deseosos de disfrutar de sus famosos bollitos de canela.

Una vez fuera de la cocina, Anouk y Víctor tomaron el camino que bordeaba el club y conducía directamente al camping sin necesidad de pasar por el lago. Caminaban en silencio pero cuando se internaron en el bosque Anouk no pudo contenerse por más tiempo.

—Hablé con Andreas —soltó sin poderse contener.

—Ya te dije que sería una pérdida de tiempo —murmuró resoplando Víctor.

—Lo sé, pero tenía que intentarlo —dijo Anouk suspirando—No sé si habré logrado algo, solo espero que cuando vea a Tom y hable con él las cosas queden claras. Ojalá Tom pueda hacer algo, convencerle de una vez de que lo suyo jamás podrá volver a ser.

—La única manera de que eso pase es que Tom se vaya bien lejos y desaparezca de nuestras vidas —apuntó con dolor Víctor—Pero eso nunca va a suceder porque significaría alejarse también de Bill, y él jamás se irá de su lado.

—Encontraremos una solución —murmuró Anouk sin mucha convicción.

Siguieron caminando en silencio hasta llegar al bungalow de Melissa. Anouk entró usando su propia llave y Víctor se dejó caer en el sofá exhausto.

—¿No estarías más cómodo en nuestra cama? —preguntó Anouk.

—Aquí estoy bien —contestó Víctor con los ojos cerrados.

—Entonces descansa. Si tienes hambre, hay cosas en la nevera y fruta sobre la encimera —explicó Anouk.

Víctor asintió con la cabeza sin abrir los ojos que sentía cada vez más pesados. Anouk se le quedó observando hasta que minutos después escuchó su suave respiración, solo entonces salió del bungalow con sigilo para no despertarlo y cerró la puerta con suavidad tras ella.

Regresó al club con paso rápido sin poder evitar pensar en que cuanto viera a Tom se lo llevaría aparte para suplicarle que se fuera del club ya que era uno de los responsables del lamentable estado en el que se encontraba su hermano.

&

Llegaron al club y Georg aparcó el coche con sumo cuidado antes de salir de el seguido de Louise. Sin embargo, Bill y Tom permanecieron unos segundos más en el interior.

—¿Estás preparado? —preguntó Tom volviéndose en el asiento.

—No lo sabré hasta que salga —respondió Bill con un suspiro.

Puso la mano en la manilla y abrió la puerta saliendo con lentitud, puso un pie en el parking del club y se detuvo para observar a su alrededor. Había varios coches estacionados y desde donde estaba podía escuchar el murmullo de la gente tomando el sol en la playa y el sonido tranquilo del lago.

Cerró los ojos y respiró profundamente dejando que el aroma del agua y la brisa suave llenaran sus pulmones, hacía mucho tiempo que no sentía nada parecido a ese bienestar y lo único que deseaba en ese momento era descalzarse y caminar por la orilla del lago dejando que la arena se hundiera bajo sus pies.

—¡Bill!

Abrió los ojos de golpe al escuchar su nombre y vio que era Peter quien lo llamaba mientras caminaba en su dirección llevando a Helen de la mano. No hacía falta pensar demasiado para saber que estaban al corriente de lo le había sucedido, sus miradas preocupadas lo decían todo. Segundos después Helen lo envolvía en un abrazo fuerte sin poder contenerse.

—Estamos contigo —susurró en su oído antes de separarse.

Peter asintió con la cabeza de acuerdo con las palabras de su novia y solo entonces saludó a Tom con un apretón de manos.

—¿Listo para un partido de voleibol? —preguntó esbozando una sonrisa.

El día anterior había estado hablando con Georg para comentarle el rumor que había escuchado relacionado con Bill y Alexander, un episodio de lo más desagradable que hizo que se le revolviera el estómago nada más escucharlo. Georg no tuvo más opción que confirmárselo y pedirle también que intentaran comportarse con normalidad cuando vieran a Bill y aunque no habían podido evitar saludarle quizás con demasiada efusividad, siguieron su consejo para evitar que se sintiera incómodo al convertirse en el centro de todas las miradas.

—Con la mano así, me temo que tendré que dejarlo para otro día —respondió Tom suspirando mientras le mostraba su mano herida aún vendada.

—Una lástima, eres uno de los mejores jugadores y te quería en mi equipo —comentó desilusionado Peter.

—Os animaremos desde las tumbonas —intervino Louise.

—Pues vamos antes de que nos las quiten —dijo Georg sonriendo.

Se pusieron en marcha y se dirigieron directamente a la playa en busca de unas tumbonas cerca de la cancha de voleibol. Por el camino se les unieron James y sus amigos, quienes no pudieron evitar dedicarle a Bill una mirada de lástima al saludarlo.

—¿Quién se anima a una partida? —preguntó James de inmediato.

Muchos se apuntaron enseguida y corrieron hacia la cancha para practicar un poco, dejando que Bill y Tom se acomodaran en sus tumbonas junto a Louise y Georg.

—Yo necesito reponer fuerzas antes de jugar —murmuró Georg levantando la mirada.

Recorrió la playa con los ojos hasta encontrar a Patrick y le hizo una señal para que fuera a tomarles nota.

—Buenos días —saludó Patrick con educación al acercarse.

—Hola, Patrick —dijo Tom al momento— ¿Qué tal la mañana?

—Tranquila de momento —contestó Patrick sonriendo—Pero ya sabes, es cuestión de tiempo que esto se llene de clientes hambrientos.

Tom sonrió al escucharle, siempre pasaba lo mismo. La mañana empezaba en calma y de repente llegaban grupos enteros de clientes uno detrás de otro obligando a todos a correr de un lado a otro para atenderlos con rapidez.

—¿Sabéis ya qué tomar? —preguntó Patrick sacando su libreta.

—Yo quiero un plato de tortitas con nata —dijo Georg sin dudarlo—Unos bollitos de canela y un café con leche.

— ¿En serio, Georg?—murmuró Louise sin poderse contener.

—Voy a jugar un importante partido de voleibol y a gastar mucha energía—se defendió Georg.

—Para mi un zumo de pomelo con una tostada de aguacate, por favor —pidió Louise dándose por vencida.

Patrick asintió mientras anotaba sus pedidos y solo entonces se volvió hacia Bill y Tom.

—Yo no quiero nada, gracias —dijo Bill esbozando una leve sonrisa—Me apetece más darme un baño ahora que el lago no está tan concurrido.

—Te acompaño—se apuntó Tom al momento—Ya disfrutaremos de un almuerzo ligero tras el baño.

Patrick asintió y se alejó hacia el club dejando a Georg acomodarse de nuevo en la tumbona a la espera de su segundo desayuno mientras que Bill y Tom se ponían en pie. Se despojaron de sus camisetas y tras dejarlas sobre la tumbona echaron a andar hacia el lago siendo observados desde las tumbonas por Louise y Georg.

—Míralos —comentó Louise suspirando—Como si no tuvieran una sola preocupación en el mundo.

—Ojalá les dure —murmuró Georg, aunque su tono era más reflexivo que pesimista.

Ajenos a sus palabras, Bill y Tom caminaban por la orilla sintiendo la arena fresca bajo los pies, el agua estaba en calma apenas ondulada por la brisa suave de la mañana. Bill fue el primero en meterse dejando que el agua le cubriera los tobillos, cerró los ojos al sentir la frialdad del agua recorrerle haciéndole estremecer.

A su lado Tom se le quedó mirando con una mezcla de cariño y preocupación.

—¿Seguro que estás bien? —preguntó sin levantar demasiado la voz.

Bill abrió los ojos y le dedicó una amplia sonrisa que Tom le devolvió de inmediato sin poder evitar observarle atentamente, como si quisiera asegurarse de que era real y no solo una fachada. El agua cubría sus pies y era fría pero agradable, y el silencio que reinaba en el lago parecía envolverlos en una burbuja aislada del resto del mundo.

Bill volvió la mirada al horizonte respirando profundamente dejando que el aire fresco le llenara los pulmones. Tom dio un paso más hacia él, lo bastante cerca como para que sus manos casi se rozaran.

—Cuando necesites parar o… no sé, volver a las tumbonas, solo tienes que decirlo—murmuró intentando sonar despreocupado, aunque la tensión en su voz lo traicionaba.

Bill volvió la cabeza para mirarle a los ojos, había en ellos un brillo que Tom no lograba descifrar del todo. No sabía si era cansancio, alivio… o quizá algo más profundo.

—Estoy bien, de verdad —dijo Bill con suavidad—Esto es justo lo que necesitaba, un momento de calma a tu lado.

Tom sonrió al escucharle pero no apartó la mirada de él, Bill lo notó y por un instante el mundo pareció detenerse para ellos. El lago quedó inmóvil, se apagó el murmullo lejano de la playa y el sol brillaba más que nunca reflejándose en la superficie del lago.

—No tienes que preocuparte tanto por mí —añadió Bill en un susurro.

—Ya… pero no puedo evitarlo —admitió Tom sin querer ocultarlo.

Bill bajó la mirada al lago moviendo los pies para crear pequeñas ondas. Tom extendió su mano sana y rozó apenas la mejilla de Bill, un gesto mínimo casi imperceptible pero cargado de intención.

Bill cerró los ojos por unos segundos dejándose acariciar con suavidad y cuando volvió a abrir los ojos los fijó en los de Tom, y por un segundo ninguno de los dos dijo nada.

No hacía falta.

La brisa soplaba con suavidad rompiendo la quietud del momento haciendo más eterno ese momento hasta que Bill apartó la mirada tragando con dificultad.

—Vamos un poco más adentro—propuso en voz baja.

Era como si necesitara moverse para no quedarse atrapado en la mirada de Tom, en lo que acababa de pasar y en todos esos pensamientos que rondaban por su pensativa cabeza.

—Contigo, donde quieras—dijo Tom sonriendo.

Y lentamente entraron juntos e el lago dirigiéndose hacia la zona más profunda sin romper la distancia que los separaba pero tampoco sin aumentarla.

&

Tras la marcha de Anouk, Andreas permaneció unos minutos más de pie a orillas del lago contemplando el horizonte mientras repasaba todo lo que se había dicho aquella mañana.

La conversación con Víctor había ido mejor de lo que esperaba, incluso habían logrado un pequeño acercamiento. Pero bastó recibir noticias de Tom para que todo se desvaneciera de golpe.

Y luego apareció Anouk suplicándole que dejara de hacerle daño a su hermano, cuando eso era lo último que querría hacer pero parecía inevitable debido a la situación en la que se sentía atrapado.

Cogió aire profundamente y decidió regresar al club dando un paseo intentando ordenar esos pensamientos que cada vez se iban volviendo más turbulentos.

Al acercarse decidió rodear el embarcadero, no tenía ganas de encontrarse con Melissa ni con Anouk y mucho menos con Víctor. Necesitaba unos minutos más a solas, por eso entró por la puerta que conectaba el almacén con el aparcamiento, consciente de que Rose estaría en la cocina y si entraba por esa puerta no dudaría en decirle todo lo que pensaba.

Entró en el almacén con la intención de encerrarse en el vestuario, pero al pasar frente al despacho de David éste le llamó en cuanto lo vio pasar.

—¡Andreas!

Maldijo por lo bajo y cambiando el rumbo de sus pasos se acercó al despacho.

—David, no sabía que ya habías venido —murmuró apoyándose en el marco de la puerta.

—¿Podemos hablar? —pidió David.

Andreas asintió y entró por completo en el despacho, cerrando la puerta tras él.

—¿Va todo bien entre tú y Víctor? —preguntó David sin rodeos.

—Veo que en este club las noticias vuelan —soltó Andreas resoplando.

—No me he enterado por rumores—aclaró David—Vengo de la cocina y he visto a Víctor totalmente abatido, sé que no soy nadie para meterme en tu vida pero solo espero que sepas lo que haces.

—Ojalá lo supiera —admitió Andreas dejándose caer en la silla frente a él.

David se le quedó observando en silencio por unos segundos, también se le notaba cansado y preocupado. Se recostó en su asiento, buscando la manera de ayudar sin presionar demasiado.

—¿Ya has decidido algo? —preguntó mirándolo fijamente.

Andreas negó con la cabeza, le había prometido a Víctor que al final del día tomaría una decisión definitiva pero era mucho más difícil de lo que había imaginado.

—Tom está con Bill—le recordó David—Nada de lo que tú digas o hagas va a cambiar eso. Deberías tenerlo en cuenta antes de romperle el corazón a Víctor por algo que nunca va a pasar.

—¿Alguna vez has estado enamorado, David? —preguntó Andreas de repente viéndole asentir con la cabeza—Entonces sabrás por lo que estoy pasando.

—Entiendo que estés enamorado de Víctor —empezó a decir David—Y también que tus sentimientos por Tom sigan siendo muy fuertes, pero deberías pasar página de una vez y asumir que él está con otra persona y a ti ya te ha olvidado.

Odiaba sonar tan duro pero sentía que era necesario para hacerlo reaccionar. Tampoco conocía toda la historia entre Andreas y Tom, solo pequeños retazos que Andreas había ido dejando caer durante el año que llevaba trabajando en el club. Le había contado que había llegado a Brandemburgo buscando un cambio de aires intentando olvidar.

Y en esos momentos David comprendía que era a Tom a quien no podía olvidar, y trabajar codo con codo con él no ayudaba en absoluto.

—¿Has pensado en la posibilidad de marcharte del club?—preguntó de repente David—Quizás sería la mejor solución. Podrías trabajar en otro sitio, ya sabes que tengo contactos y de hecho sé de un club en Potsdam que está buscando varios camareros. Podría llamar y pedir un favor.

Andreas permaneció en silencio dejando que las palabras de David calaran en él. No había considerado esa posibilidad, la idea de marcharse del club le resultaba casi inconcebible. En aquel lugar se sentía como en casa, había encontrado allí muy buenos amigos, estabilidad y un ambiente que le hacía olvidar al menos por algunos momentos el caos que llevaba dentro.

—No tienes que contestarme ahora mismo —dijo David al ver lo confuso que estaba—Piénsalo y si quieres dame tu respuesta esta noche.

Andreas asintió lentamente con la cabeza y dando la conversación por terminada se puso en pie. Salió del despacho cerrando la puerta él con suavidad, sintiendo al hacerlo que sus pensamientos estaban aún más revueltos que cuando había entrado en el despacho.

&

De regreso al club, Patrick se dirigió a la barra donde Melissa trabajaba junto a Marie y Anouk.

—Un zumo de pomelo con una tostada de aguacate por un lado—recitó mientras dejaba la bandeja sobre la barra—Y por otro un plato de tortitas con nata, bollitos de canela y un café con leche. Y mucha atención con este pedido, que es para Georg.

En cuanto mencionó su nombre, Melissa y Anouk se buscaron con la mirada, si Georg estaba allí era muy probable que Bill y Tom también hubieran ido.

—¡Patrick! —llamó Melissa casi sin aliento— ¿Sabes si Bill y Tom están con Georg?

—Pues sí, están todos en las tumbonas que hay junto a la cancha de voleibol —contestó Patrick resoplando.

—¿Hay algún problema? —preguntó Melissa al escucharle.

—Que no aguanto servir a ese grupito—soltó Patrick sin poder contenerse—Louise y Georg son muy amables igual que Bill pero seguro que pronto se les unirán Gustav y Natalie, y ya sabéis lo que les gusta reírse de nosotros y humillarnos. Hoy no estoy de humor para aguantarles…

—Quédate en la barra y deja que yo me encargue de servirles —se ofreció Anouk al momento.

—¿No te importa? —preguntó Patrick.

—Para nada, además, solo estoy esperando a que venga Andreas para meterme en cocina con mi madre —explicó Anouk mientras salía de detrás de la barra—Cambiemos puestos, yo sirvo las tumbonas y tú te encargas de la barra hasta que llegue Andreas.

No tuvo que repetirlo dos veces, Patrick ocupó su puesto tras la barra encantado de librarse de atender a ciertos clientes.

—¿Por qué no le echas una mano a Marie? —pidió Melissa.

Patrick asintió y se dirigió al otro extremo de la barra donde Marie atendía a unos clientes que acababan de llegar, Melissa aprovechó ese momento para inclinarse hacia Anouk y hablar con ella en voz baja.

—¿Y ese repentino interés por irte a atender las tumbonas?—inquirió sin poderse contener.

—Necesito que me dé un poco el aire antes de pasarme toda la mañana metida en la cocina —contestó Anouk encogiéndose de hombros.

—¿Y no tendrá nada que ver con que tal vez aparezca Natalie? —insinuó Melissa.

Anouk se la quedó mirando fijamente sin pestañear ni entender de dónde salía aquella pregunta tan absurda.

—¿Estás celosa de Natalie? —preguntó con total seriedad.

—Un poco —admitió Melissa—Tú misma me confesaste que al principio te gustaba, y que incluso os besasteis en los baños del Sisyphos.

—Pero… ¡de eso hace años! —replicó Anouk resoplando—Y ya te dije que lo que pudiera sentir por Natalie se esfumó en cuanto tú y yo empezamos a salir. Vamos, Melissa, no te pongas celosa de esa arpía.

Melissa sintió cómo sus mejillas se sonrojaban, le avergonzaba haber reaccionado de esa manera pero no había podido evitar ese pinchazo de celos cuando Anouk parecía encantada de atender unas tumbonas donde podría estar Natalie tarde o temprano.

—He cambiado el puesto con Patrick porque, como he dicho, me apetece trabajar al aire libre antes de pasarme el resto del día encerrada en la cocina —repitió Anouk intentando mantener la calma—Y así de paso saludo a Bill y a Tom. Y para tu tranquilidad no creo que vengan Gustav y Natalie porque han roto.

—¿Otra vez? —murmuró Melissa alzando una ceja—Esos rompen dos veces al día y luego vuelven como si nada hubiera pasado.

—Esta vez es diferente —aseguró Anouk con firmeza—Me encontré con Gustav la otra tarde, tenía muy mala cara y pensé que iba a pedirme una raya pero no era eso. Me dijo que lo había dejado definitivamente con Natalie y que estaba pasando una mala racha, que necesitaba irse una temporada para pensar y que se marchaba de viaje justo esa misma tarde.

Melissa la escuchaba en silencio sin terminar de creerse lo que escuchaba, Gustav nunca había sido alguien que le inspirara demasiada confianza.

—Estaba buscando a Louise y a Georg para despedirse de ellos en persona, pero no estaban en el club y no tuvo ocasión de verlos —continuó explicando Anouk.

Melissa frunció el ceño, aún procesando todo lo que acababa de escuchar.

—No sé… —murmuró—Gustav siempre aparece y desaparece como le da la gana, nunca sabes si creerte la mitad de lo que dice.

—Puede ser, pero esta vez parecía realmente mal—insistió Anouk—Podía verlo en sus ojos

Melissa suspiró resignada, con Gustav nunca había nada definitivo.

Dejaron la conversación para más tarde cuando Rose anunció desde cocina que estaba preparado el pedido de las tumbonas. Fue a por el y lo colocó sobre la bandeja de Anouk y una vez todo preparado la vio coger la bandeja con firmeza dispuesta a marcharse.

— ¡Anouk!—llamó antes de que se fuera—Ten mucho cuidado ahí fuera, y si Natalie aparece…recuérdale que eres mía.

Anouk sintió cómo sus mejillas se sonrojaban al escucharla, nunca antes había estado con alguien como Melissa. No es que fuera posesiva, simplemente estaba profundamente enamorada y el miedo a perderla le apretaba el pecho más de lo que quería admitir.

Y a ella le ocurría exactamente lo mismo, la sola idea de que algo pudiera separarlas le resultaba insoportable. No podía imaginar su vida sin tener a Melissa a su lado cada día.

Asintió con la cabeza y se volvió siguiendo su camino con la mirada de Melissa fija en ella, quien no podía evitar sentir una gran inquietud por dentro mezclada con un extraño cosquilleo de anticipación.

Había algo en el ambiente del club parecía a punto de cambiar, lo presentía.

&

El agua se volvió más fría a medida que avanzaban, pero ninguno de los dos parecía notarlo demasiado. El silencio entre ellos no era incómodo, más bien tenía algo de expectante como si el lago mismo estuviera conteniendo la respiración.

Bill se sumergió hasta los hombros y soltó un suspiro que se confundió con el murmullo del agua.

—No pensé que el agua estaría tan fría a estas horas—comentó sin poder evitar que le temblara la voz.

Tom dejó que el agua le cubriera el pecho antes de responder, con esa calma tan suya que a veces desconcertaba a Bill.

—Para mi gusto está a la temperatura adecuada —murmuró moviendo las manos bajo el agua para mantenerse a flote—Aún recuerdo levantarme temprano y venir antes de ir a trabajar al club, me ayudaba a despejarme la cabeza y tras unos minutos nadando apenas notaba lo fría que estaba el agua.

Bill se le quedó mirando fijamente, había algo en la forma en que hablaba del lago como si fuera un refugio, un lugar seguro. Y por un instante, sintió una punzada de envidia por esa facilidad para encontrar paz en cosas tan simples.

—Supongo que a mí me falta práctica —murmuró intentando controlar el temblor que aún recorría todo su cuerpo.

—No es práctica, es dejarse llevar un poco—apuntó Tom ladeando la cabeza.

—Eso se me da fatal—susurró Bill.

—Lo sé —dijo Tom acercándose—Pero no tienes que hacerlo solo.

El agua se movió entre ellos, creando pequeñas ondas que chocaban contra sus cuerpos. Bill tragó saliva con esfuerzo sintiendo cómo el frío del lago se mezclaba con un calor extraño que le subía por el pecho.

—¿Y qué se supone que tengo que hacer?—preguntó en voz baja.

Tom levantó una mano sin intención de tocarle, solo para mostrarle la superficie tranquila del lago.

—Respirar profundamente—contestó mirándole fijamente—Echar un vistazo a tu alrededor y dejar que el agua te sostenga por unos minutos.

Bill asintió con la cabeza y cerró los ojos dejando que su cuerpo flotara en el lago sintiendo cómo el agua lo envolvía con suavidad. Y por primera vez desde que habían entrado, empezó a sentir que desaparecía la tensión que acumulada en sus hombros.

—Eso es —susurró Tom acercándose más a él.

Bill abrió los ojos lentamente observando como Tom lo miraba con una mezcla de preocupación y ternura que lo desarmó por completo.

—Me gusta mucho esta sensación de dejarme llevar—admitió suspirando.

A su lado, Tom extendió las manos para sujetar su cuerpo por debajo y ayudarle así a mantenerse a flote.

—No necesito que me sostengas —no pudo evitar decir Bill, aunque la frase sonó más tierna que desafiante.

Tom levantó las manos en señal de rendición sonriendo ampliamente.

— ¿Echamos una carrera?—propuso de repente—Nademos hasta la orilla opuesta del lago, a ver quien llega primero.

— ¿Y cual será mi premio?—quiso saber Bill, dando por hecho que iba a ganarle.

—Un beso mío— contestó Tom entre risas—Y si gano yo, tendrás que dejarme más espacio en el vestidor.

Bill se echó a reír también y dejando de flotar se preparó para nadar con todas sus fuerza. Segundos después ambos salieron nadando dejando que el agua los rodeara y que el silencio se llenara de pequeñas ondas y reflejos, manteniéndose bien juntos como si una línea invisible los conectara.

Tom avanzaba con brazadas largas y constantes salpicando apenas mientras que Bill nadaba con más ímpetu decidido a no quedarse atrás aunque cada movimiento levantara pequeñas olas a su alrededor que salpicaban a Tom.

—¡No hagas trampa! —gritó Bill entre risas cuando vio que Tom aceleraba un poco.

—¿Trampa? —repitió Tom sin dejar de nadar—Solo estaba calentando, ahora si estoy nadando de verdad.

Bill resopló al escucharle y aceleró también sin perder la sonrisa en ningún momentos. A pesar del esfuerzo sentía una ligereza extraña, y la frialdad del agua ya no le molestaba sino todo lo contrario.

Lo había despertado de su letargo, le hacía sentirse por fin vivo.

Durante unos segundos quedaron perfectamente sincronizados como si hubieran entrenado juntos toda la vida. Pero entonces Tom perdió el ritmo y pronto Bill lo adelantó.

—Me estás dejando ganar—dijo Bill entre jadeos.

—Tal vez es porque quiero probar tus labios de nuevo—murmuró Tom mirándolo de reojo.

Bill sintió un vuelco en el pecho, uno que no tenía nada que ver con el cansancio. Por un instante casi dejó de nadar al escuchar sus palabras mientras que Tom siguió nadando a un ritmo tranquilo como si no hubiera dicho nada especial.

La orilla opuesta se veía cada vez más cerca iluminada por el reflejo del sol en el agua, el lago estaba en calma salvo por las ondas que ellos mismos creaban.

—Vamos —dijo Tom con una sonrisa que Bill solo alcanzó a ver de reojo—Ya casi estamos.

Bill asintió cogiendo aire y se concentró en los últimos metros que le separaban de su destino. La verdad era que le daba igual ya ganar o empatar, simplemente quería seguir nadando a su lado un poco más porque esa carrera improvisada se estaba quedando grabada en sus recuerdos de una forma que no esperaba.

&

Con la bandeja firmemente sujeta entre las manos, Anouk recorrió el embarcadero y bajó a la playa caminando entre las tumbonas esquivándolas con soltura hasta llegar a las canchas de voleibol . Minutos después encontró a Louise y Georg haciéndose carantoñas en sus tumbonas.

—Perdón por interrumpir —murmuró con una sonrisa amable.

Georg se incorporó al momento quedándose sin aliento al ver el plato repleto de tortitas que había pedido. Anouk dejó el pedido sobre la mesita que había entre las tumbonas y una vez hecho no pudo evitar echar un vistazo a su alrededor buscando a Bill y a Tom con la mirada.

—Están dándose un baño en el lago —explicó Louise al notar su gesto.

—Me habría gustado saludarles —murmuró suspirando Anouk—En cuanto llegue Andreas me meteré en la cocina con mi madre y no saldré hasta después del turno de comidas.

—Les diré que has preguntado por ellos —dijo Louise con una sonrisa.

—Gracias, estaré por aquí por si necesitáis algo más —añadió Anouk antes de regresar a su trabajo.

—Por mi parte no, pero Georg va a jugar un gran partido y quizá necesite otro plato de tortitas—bromeó Louise.

—Voy a tener que esforzarme el doble para ganar —replicó Georg—Tom no puede por su mano y Gustav… bueno, no creo que esté de humor para jugar.

—Gustav no va a venir —dijo Anouk sin poder contenerse.

Louise y Georg se quedaron mirándola desconcertados, no tenían noticias de Gustav desde la última discusión cuando Natalie soltó lo del ingreso de Alexander en una clínica como si fuera un detalle sin importancia alguna.

—Me lo encontré ayer por la tarde y me lo dijo—explicó Anouk tratando de tranquilizarles al ver sus caras—Que lo había dejado con Natalie y necesitaba tiempo para pensar, se iba de viaje esa misma tarde y pasó por el club para despedirse de vosotros pero ya os habíais ido.

Georg parpadeó, como si necesitara un segundo para procesarlo.

—No he recibido ningún mensaje suyo—murmuró olvidándose por completo de las tortitas.

Sacó el móvil de su mochila con rapidez, a pesar de todo lo ocurrido conocía a Gustav desde hacía años. Habían crecido juntos, compartido veranos y también muchos secretos. Lo consideraba un amigo aunque la presencia de Natalie hubiera cambiado su carácter y los hubiera distanciado.

Pero eso no anulaba la preocupación que sintió subirle al pecho al imaginarle marchándose solo con la cabeza hecha un lío después de todo lo que había pasado incluyendo haber traicionado a Bill acostándose con Alexander, algo que nadie habría podido imaginarse.

Quería escuchar su voz, marcó su número y tras cinco tonos, cada uno más largo que el anterior, decidió cortar la llamada. Cogió aire profundamente y optó por mandarle mejor un largo mensaje.

«Gustav, siento mucho no habernos podido despedir en persona. Espero que estés bien, si necesitas hablar sabes que te escucharé sin juzgarte. Llámame o mándame un mensaje si ves que no te lo cojo, vamos a pasar todo el día en el lago hasta después de las hogueras…ojala asistieras, sería como en los viejos tiempos. ¿Te acuerdas?»

Terminó de escribir y tras mandarlo se quedó mirando la pantalla unos segundos más a la esperara de que Gustav lo leyera y le respondiera. Pero un minuto después su mensaje seguía intacto sin leer.

Louise lo observaba en silencio con una mezcla de preocupación y ternura.

—Seguro que te contesta en cuanto pueda —dijo intentando sonar optimista.

—Ojalá —susurró Georg guardando el móvil de nuevo en la mochila.

Se recostó en la tumbona olvidándose de las tortitas, había perdido el apetito y no podía apartar la mirada del lago como allí pudiera ver a su amigo.

Pero en vez de Gustav, a quienes vio fueron a Bill y a Tom nadando hacia la orilla opuesta. A su lado Louise también los vio y no pudo evitar sonreír sin apartar de ellos la mirada hasta que no fueron más que dos puntos en el horizonte perdiéndose en la lejanía.

Continúa…

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por lyra

Escritora del Fandom

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