Incomplete 122

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 122

Las risas de Louise, Georg y los demás llegaban hasta ellos antes incluso de que pisaran la orilla. El ambiente era ligero y cálido, casi sanador después de una mañana llena de emociones.

—¡Por fin! —gritó Peter al verlos acercarse—Pensábamos que os habíais quedado dormidos.

—O que estabais tramando algo —añadió Louise en voz baja guiñándoles un ojo.

Bill se sonrojó sin poder evitarlo sintiendo cómo la tensión que llevaba acumulada iba desapareciendo poco a poco. Tom, a su lado, le dio cogió con firmeza de la mano apretándosela con cariño.

—Vamos, antes de que empiecen a especular mas de la cuenta de nosotros—murmuró sonriendo.

Dieron dos pasos y se metieron lentamente en el agua, templada por el calor del día, arrancando un coro de gritos y risas que resonaron por todo el lago. Georg salpicó a Louise, que respondió con un grito indignado al notar el agua cayendo por su pelo que trataba de mantener seco. Por otro lado, Peter y James trataban de hundirse entre ellos ante la mirada de Helen, que no podía dejar de pensar que su novio y su hermano actuaban como dos niños pequeños. Y Bill, por primera vez en mucho tiempo, se permitió simplemente disfrutar.

Allí, rodeado de su pequeña familia improvisada, todo parecía más sencillo y más ligero, como si las preocupaciones quedaran suspendidas en el aire junto con las gotas de agua que saltaban de un lado a otro.

Tom le acarició con suavidad el brazo antes de abrazarle por la espalda y besarle brevemente en la mejilla, preocupado de no hacer ningún movimiento brusco que lo sobresaltara.

—¿Ves? —dijo esbozando una sonrisa —Esto es lo que necesitamos, risas y buena compañía.

Bill se le quedó mirando, sintiendo un calor distinto al del agua recorrerle de arriba abajo.

—Sí —admitió en voz baja—Es justo lo que me hacía falta.

Y mientras disfrutaban de los juegos y las risas de sus amigos, Bill sentía cómo poco a poco su cuerpo se iba relajando bajo el abrazo de Tom. Su mente parecía volar por fin libre de recuerdos dolorosos, por primera vez en mucho tiempo empezaba a sentirse realmente bien dejando atrás todo aquello que tanto daño le había causado.

—Me muero de hambre —dijo Georg de repente— ¿Alguien más se apunta?

—Yo, el partido me ha dejado exhausto—contestó Peter con una sonrisa—Aunque no creo que James tenga muchas ganas después de haberse tragado medio lago.

Tom soltó una carcajada mientras estrechaba un poco más a Bill entre sus brazos, cuidando de que su mano vendada no se mojara para evitar tener que cambiar el vendaje otra vez.

Los vieron salir del agua mientras ellos se quedaban un poco más, haciendo Tom girar a Bill entre sus brazos para mirarle fijamente a los ojos, descubriendo en ellos un brillo nuevo nunca antes visto. Se inclinó sobre él y apoderándose de sus labios empezó a besarle con suavidad primero antes de cerrar los ojos y sumergirse en ese momento.

Louise no pudo evitar sonreír al verlos y decidió dejarlos a solas, saliendo del lago tras los pasos de Georg que parecía dispuesto a devorar un tanque entero de tortitas con chocolate si ella no lograba impedirlo.

Llegó hasta las tumbonas y tomando una toalla empezó a secarse mientras que Georg y Peter se encargaban de pedir un almuerzo suculento a Patrick, que intentaba mantener la calma mientras apuntaba todo lo que le pedían.

—Georg, luego no tendrás hambre cuando llegue la hora de comer —murmuró Louise con paciencia.

—¿Quieres apostar? —inquirió entre risas Peter.

—He gastado mucha energía para ganar ese partido, tengo que reponer fuerzas de inmediato o me desmayo aquí mismo —exageró Georg llevándose una mano a la frente.

Louise desistió de intentar convencerlo, se recostó en su tumbona y negó con la cabeza cuando Patrick le preguntó si quería algo. Aún quedaban algunas brochetas de queso, tomó una y la llevó a sus labios justo cuando una voz resonó a su espalda.

—Por fin os encuentro, me he pasado toda la mañana recorriendo la playa de arriba abajo en vuestra búsqueda y tengo ampollas en los pies.

Cerró los ojos y contó hasta tres tratando de mantener la calma, cuando los abrió de nuevo allí estaba Natalie ante ella sentándose en la tumbona de al lado sin siquiera preguntar si estaba libre.

No pudo evitar apretar los labios al verla acomodarse sin permiso mientras que tras ella Helen, Peter y Georg intercambiaron una mirada rápida como si de pronto el aire se hubiera vuelto más denso.

—¿Alguien sabe algo de Gustav? —preguntó Natalie sin molestarse en pedir permiso antes de coger una brocheta—Le he mandado mensajes, le he llamado… y nada. Me está ignorando.

El silencio que siguió fue incómodo, casi palpable. Louise dejó la brocheta a un lado y respiró hondo antes de encararse con ella.

—No lo hemos visto en toda la mañana—contestó procurando mantener la calma.

No pensaba ser quien le dijera que Gustav se había ido tras haber roto con ella, algo que por lo visto se le había olvidado por completo a Natalie.

—Pues alguien tendrá que haberlo visto —insistió Natalie cruzándose de brazos como si el mundo entero conspirara contra ella—Nadie desaparece así como así.

—A lo mejor lo ha hecho porque necesita un poco de paz —comentó Georg sin poderse contener sonar frío.

La tensión que flotaba en el ambiente subió un grado más, como siempre que Natalie hacía acto de presencia y abría la boca. Peter permanecía en silencio, atento al estallido que se veía venir.

—¿Qué se supone que significa eso?—preguntó Natalie fulminándole con la mirada por el tono usado con ella.

—Significa que si habéis roto Gustav necesitará estar solo mientras pone en orden sus pensamientos—contestó Georg cruzándose de brazos.

—Qué chorrada, Gustav y yo no hemos roto —murmuró Natalie negando con la cabeza como si la idea fuera de lo más absurda.

—Pues medio club escuchó como Gustav te dejaba sin cortarse un pelo—intervino Peter sin poderse contener.

El silencio que siguió fue brutal, Louise podía sentir cómo el ambiente se tensaba como una cuerda a punto de romperse. Natalie parpadeó sorprendida, como si no pudiera creer que alguien se atreviera a decirlo en voz alta.

—Eso no fue una ruptura—murmuró resoplando—Fue una tonta discusión, nada más. Como las que solemos tener todos los días.

Pero a nadie parecía convencerle sus palabras, todos la miraban fijamente esperando que reaccionara de una vez y comprendiera que por fin Gustav había reunido el valor necesario para romper definitivamente con ella.

Natalie sintió sus miradas fijas en ella y apretó los labios sintiéndose herida en su orgullo más que en el corazón.

—Gustav no sería capaz de dejarme de esa manera delante de todos, no sin hablarlo antes seriamente conmigo —insistió desafiándolos con la mirada.

Louise se la quedó observando en silencio, no era la primera vez que la veía negar la realidad de esa manera con una mezcla de orgullo, miedo y necesidad de control que arrastraba como una sombra.

—Quizá deberías aceptar de una vez que lo vuestro jamás podía ser —murmuró con voz suave pero firme.

—No necesito consejos de nadie y menos tuyos, Louise—siseó Natalie mirándola fijamente como si acabara de traicionarla—Solo quiero saber dónde está.

—Se ha ido —insistió Georg, esta vez con una firmeza que no dejaba espacio a dudas—Necesita tiempo y estar lejos de ti después de todo lo que ha pasado entre vosotros… y Alexander.

Natalie abrió los ojos con indignación.

—Entre nosotros y Alexander no ha pasado nada —se apresuró a decir—Solo hemos estado al lado de un amigo que lo estaba pasando muy mal.

Mientras hablaba, no pudo impedir que el rubor subiera a sus mejillas, mezcla de la rabia y humillación que estaba sintiendo en esos momentos. ¿De dónde habían sacado la idea de que entre ellos y Alexander había habido algo? Ninguno de los dos había dicho nada por lo humillante que había sido a veces la situación, aunque Alexander…podría haber contado ciertos detalles quizás a Bill para reírse una vez más de ella.

Y claro, Bill se lo habría confesados a sus amigos del alma que en esos momentos se lo estaban echando en cara como si eso fuera el principal motivo de la desaparición de Gustav.

Por otro lado, Louise empezaba ya a sentirse agotada de haber caído de nuevo en la mismo juego de Natalie que consistía sacarlos de quicio para llevarles a una absurda discusión sin sentido y decidió poner fin antes de que sus palabras le afectaran más de lo que quisiera.

—No queremos hablar de ese tema—intervino con voz cansada—Y mucho menos hoy, ha venido Bill y no queremos que nada le haga sentirse incómodo.

Mientras hablaba su mirada se desvió inevitablemente hacia el lago donde Bill y Tom permanecían abrazados ajenos a todo, besándose con una ternura que contrastaba brutalmente con la tensión que se respiraba en las tumbonas.

Natalie siguió la dirección de su mirada… y su expresión se torció al ver la escena, sintiendo como la rabia recorría su cuerpo de arriba abajo como si hubiera recibido un latigazo.

—Sí, ya veo lo incómodo que está en estos momentos—soltó con veneno—Tan libremente disfrutando del maravilloso día sin acordarse de que ha mandado a Alexander de por vida a una clínica.

El silencio que siguió fue tan frío que hasta el aire pareció detenerse. Georg se puso más tenso de lo que ya lo estaba, Peter frunció el ceño y Louise sintió cómo un nudo de indignación se le formaba en el pecho.

Porque esa frase… esa frase cruzaba una línea.

Y todos lo sabían.

Louise cogió aire antes de hablar procurando mantener la poca calma que le quedaba antes de estallar.

—Natalie, te lo voy a decir una sola vez—empezó a decir mirándola fijamente—No voy a permitir que sigas hablando de esa manera de Bill acusándole de nada porque él es la única víctima de todo esto.

Natalie levantó la barbilla desafiante tras las palabras de Louise como haberlas escuchado no le hubiera pillado desprevenida esbozando una fina sonrisa, la misma que siempre usaba cuando quería demostrar que no le afectaba nada.

—Por favor Louise, no exageres—murmuró suspirando mientras esbozaba una fría sonrisa— Solo he dicho la verdad.

—No —dijo Louise sin subir la voz—Has hecho lo que siempre haces, decir algo que sabes que puede molestar y hacer mucho daño, y lo has hecho porque piensas que nadie te iba te va a parar o replicar. Pero yo ya me he cansado de aguantar tus palabras cargadas de maldad, me he cansado de mantenerme callada pensando que alguna vez te darás cuenta de todo el daño que estás haciendo y cambiarás.

La sonrisa de Natalie tembló por un segundo mientras parpadeaba una par de veces como si las palabras de Louise hubieran sido un golpe suave pero certero. No esperaba resistencia, y mucho menos de ella.

Era la primera vez que le decía a la cara lo que pensaba de ella con tanta claridad, que no la soportaba. Y aunque eso nunca le había importado lo más mínimo porque contaba con el apoyo de Gustav, en esos momentos que parecía que él también se había cansado de tener que soportar su forma de ser y Natalie no podía evitar sentirse sola y desvalida sin nadie a su lado para defenderla de los ataques de Louise.

Porque tanto Peter como Georg asentían con la cabeza apoyando cada una de las palabras dichas por Louise.

—Si quieres que hablemos, hablamos—siguió diciendo Louise con una fría calma—Pero si empiezas la conversación usando a Bill como blanco de tu rabia te vas a quedar muy sola en esta vida porque ninguno de nosotros estamos dispuestos a seguir aguantando tu forma de ser.

—No dramatices, Louise—soltó Natalie intentando recuperar el control de la situación—Solo he dicho lo que todos piensan y se callan.

—No nos metas a todos en tu discurso —intervino Georg con firmeza—Habla por ti misma.

A su lado Peter, Helen y James permanecían en silencio, pero su presencia era suficiente para intimidar a Natalie con su forma de mirarla tan firmemente y casi desafiante, lo que hizo que Natalie se encogiera en su sitio evitando sus miradas.

—Nadie piensa eso de Bill, solo tú—dijo con firmeza Louise—Y lo has dicho pensando que nos íbamos a quedar callados sin responderte, pero eso se ha terminado porque estamos cansado de tu actitud y no pensamos callar ni un minuto más.

Natalie apretó los labios sintiendo que por un instante su máscara se resquebrajaba. No era culpa lo que asomaba a sus ojos ni arrepentimiento, era algo más pequeño y más humano llamado inseguridad.

La sensación de haber perdido por primera vez en su vida el control de la situación.

—Bill… —empezó a decir como si buscara una excusa—Bill siempre se está haciendo la víctima.

—Bill no está aquí para defenderse, deberías dejar de atacarle y hablar mal de él —intervino Peter mirándola fijamente.

Natalie tragó saliva con esfuerzo, por primera vez parecía darse cuenta de que había ido demasiado lejos… y que esta vez nadie estaba a su lado para suavizar la caída.

—Y cuando vuelva del lago, no quiero que te vea aquí —advirtió con calma Louise—Asi que haz el favor de levantarte y marcharte, sal de nuestras vidas y no vuelvas nunca más.

Natalie separó los labios dispuesta a replicar, pero no encontró nada que no la hundiera más de lo que ya lo estaba. Así que simplemente se puso en pie fingiendo indignación, recogió su bolso y echó a andar por la playa con pasos rápidos sin saber dónde dirigirse.

—Espero que Bill no se entere… —murmuró Peter suspirando al verla marcharse.

—No se tiene por qué enterar —dijo con firmeza Louise—Nadie le tiene que contar lo que ha pasado.

—Natalie no se va a marchar tan fácilmente—apuntó Georg—Hay que estar prevenidos y si vemos que tiene intención de acercarse a Bill, debemos pararla de inmediato.

Peter asintió con firmeza aunque su mandíbula seguía tensa, mientras que Louise no pudo evitar dirigir una mirada al lago donde Bill y Tom permanecían abrazados sin imaginar la tormenta que se acababa de desatar.

&

No recordaba lo eternas que podían hacerse las mañanas encerrado en su despacho, y menos aún después de haberse pasado dos días fuera del club disfrutando de la agradable compañía de Jörg.

Sentado ante su ordenador, David intentaba adelantar trabajo pero su mente volvía una y otra vez a la hoguera que compartirían esa noche. Tras una hora de fallidos intentos, terminó aceptando que necesitaba salir a tomar aire fresco.

Apagó el ordenador suspirando, prácticamente no había avanzado nada. Por suerte durante su ausencia Melissa se había encargado de organizar los pedidos de la próxima semana, Andreas había vigilado el club y Rose se había encargado de la cocina.

Sabía que podía ausentarse con total tranquilidad, dejaba el club en buenas manos. y eso merecía una recompensa, tal como había dejado reflejado en el informe que había redactado para Jörg de cara a la reunión de esa tarde señalando quiénes eran los candidatos ideales para asumir responsabilidades en su ausencia y quiénes merecían un aumento por todo lo que estaban haciendo sin quejarse ni pedir nada a cambio.

Confiaba plenamente en que Jörg tendría en cuenta sus consejos y decisiones, no necesitaba verificar que todo lo que había redactado era cierto. Por eso salió del despacho con la sensación de que todos los cambios propuestos serían aceptados sin problema alguno.

Atravesó el almacén y entró en el club quedándose parado observando el ambiente, lleno como era habitual a esas horas. Tras la barra Melissa, Andreas y Marie trabajaban sin descanso y se acercó a ellos dispuesto a echar una mano con el pedido que Melissa preparaba para Patrick quien, al ver lo voluminoso que era, había tenido que pedir ayuda a Nicole.

—¿Para quién es todo esto? —preguntó David sorprendido.

—Para Georg —respondió Melissa con un suspiro.

—Y sus amigos —añadió Patrick al ver la expresión de David—Aunque casi todo lo de mi bandeja es para Georg…

—Han jugado un partido de voleibol y ahora tienen que reponer fuerzas —comentó Melissa sonriendo.

David sonrió al escucharla, conociendo a Georg tan bien como lo conocía podía comerse todo lo que le sirvieran y quedarse aún con hambre.

—¿Están donde la cancha de voleibol? —preguntó David fingiendo normalidad.

Melissa asintió con la cabeza y dejándoles seguir preparando el pedido, David salió del club. Recorrió el embarcadero y al llegar a la barandilla se apoyó en ella, desde allí tenía una amplia vista de la playa y sus ojos se dirigieron a la cancha donde en esos momentos se jugaba otro partido. Sin embargo, no localizó entre los jugadores a Georg ni a sus amigos.

Entonces lo vio en unas tumbonas cercanas, de pie con los brazos cruzados mientras parecía escuchar la conversación mantenida entre Louise y otra persona a la que David no reconoció al principio. Pero cuando vio cómo se echaba el pelo a un lado con un gesto soberbio, no pudo evitar fruncir el ceño.

Natalie Franz.

La novia de Gustav… o exnovia según los rumores que le habían llegado sobre una discusión ocurrida la tarde anterior, cuando Gustav la había dejado allí mismo en el embarcadero delante de todos los clientes.

Nunca le había caído bien Natalie, todo lo que había escuchado de ella eran las quejas de sus camareros por su comportamiento y la fría manera en que les hablaba.

Y no era solo eso.

También había oído que tanto ella como Gustav habían apoyado incondicionalmente a Alexander cuando Bill decidió romper con él, permaneciendo a su lado a pesar de todo lo que le había hecho.

No pudo evitar que sus ojos buscaran a Bill en ese momento, preocupado de que se encontrara con Natalie y ella le dijera algo que lo incomodara.

Lo localizó en el lago disfrutando de la agradable compañía de Tom, estaban abrazados y se besaban apasionadamente ajenos a la presencia de Natalie, y David solo rezó en silencio para que nada ni nadie reventara esa burbuja de felicidad en la que parecían sumergidos.

Dejó de observarlos sintiéndose algo incómodo por la sensación que tenía de estar espiándolos y volvió la mirada hacia Natalie viendo que en ese momento se ponía en pie cogiendo su bolso con firmeza para alejarse de sus amigos con paso rápido.

Desde donde estaba podía ver lo furiosa que estaba caminando por la playa rumbo al embarcadero, no se lo pensó dos veces y dio media vuelta buscando refugio en el club. Algo en su interior le gritaba que lo más sensato era apartarse del camino de Natalie cuando estaba en ese estado y así lo hizo con toda la rapidez que pudo.

Su primera intención fue esconderse en el despacho pero cuando estaba a puntos de abrir la puerta del almacen lo pensó mejor y no lo hizo, no podía dejar a sus camareros a merced de la rabia de Natalie sabiendo de lo que era capaz.

Decidió quedarse por el club, atento a cualquier movimiento suyo. No tuvo que esperar demasiado, apenas unos segundos después Natalie irrumpía en el club como un huracán arrasando con todo lo que encontraba a su paso como a Nicole, quien no tuvo tiempo de reaccionar concentrada como estaba en su trabajo caminando entre las mesas con una bandeja llena de bebidas recién preparadas.

No la vio hasta que fue demasiado tarde y Natalie no se molestó en aminorar el paso haciendo que su hombro chocara con el de Nicole con una brusquedad innecesaria lo que le hizo perder el equilibrio y que su bandeja se tambaleara. Varios vasos tintinearon peligrosamente entre ellos antes de caer al suelo generando un fuerte estruendo.

—¡Cuidado! —exclamó Nicole sobresaltada.

David reaccionó al instante acercándose a Nicole para echarle una mano mientras se disculpaba ante los clientes que se habían llevado un buen susto.

—¿Estás bien? —le preguntó a Nicole revisando que no se hubiera cortado.

Pero antes de que Nicole pudiera contestar Natalie ya estaba interviniendo, con ese tono frío y afilado que tantos conocían.

— ¿Has visto lo que has hecho?—gritó sin poderse contener como si toda la culpa fuera de Nicole—Me has manchado el vestido, ayer mismo lo compré y hoy está para tirarlo.

—Ha sido un accidente—intervino David tratando de mantener la calma—El vestido tiene arreglo, y quizás deberías ser tú quien mirara por dónde va ya que siempre que andas cerca pasa algo.

Natalie se le quedó mirando como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar, sus ojos se abrieron con indignación como si las palabras de David la hubieran ofendido profundamente, cuando había sido ella quien casi había terminado en el suelo junto con los vasos.

— ¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera?—preguntó sintiendo cómo la mandíbula se le tensaba.

David no se inmutó ante sus palabras, terminó de recoger los cristales y los dejó sobre la bandeja que colocó con cuidado en las manos temblorosas de una silenciosa Nicole a la que pidió que regresara a la barra para reponer las bebidas, y tras dedicarle una mirada tranquilizadora se volvió hacia Natalie que permanecía allí plantada con el ceño fruncido y la respiración alterada, como si estuviera conteniendo algo más que simple irritación mientras retorcía entre sus manos la tela de ese vestido que acababa de estrenar.

Separó los labios dispuesto a decirle todo eso que siempre se había callado, pero tuvo que contenerse sintiendo fijas en ellos las miradas del resto de los clientes que no parecían dispuestos a perder ningún detalle de la escena que estaba montando Natalie. Ya estaban más que acostumbrados a su carácter explosivo, pero jamás le habían visto a él hablarle así a nadie y por eso decidió que lo mejor era continuar la conversación en un lugar más privado.

—Vayamos a la cocina—pidió con voz baja pero firme—Allí Rose tendrá algo para limpiarte el vestido.

La sujetó suavemente por el brazo y echó a andar, Natalie no opuso resistencia alguna y le siguió hasta la cocina donde David la dejó entrar primero antes de cerras la puerta tras ellos.

El ruido del club quedó amortiguado siendo sustituido por el zumbido de los refrigeradores y el golpeteo del cuchillo que estaba usando Anouk sobre la tabla mientras cortaba una patata en finas tiras.

Ante el horno se encontraba Rose metiendo una bandeja, y una vez hecho se incorporó mirando a los recién llegados.

—Rose, trae el quitamanchas por favor—pidió David antes de enfrentarse a Natalie.

Rose asintió con la cabeza y tras dirigirle a Anouk una mirada para que siguiera trabajando como si allí no pasara nada abrió uno de los armarios en busca del quitamanchas.

—Natalie —empezó a decir David dando un paso hacia ella—Te pediría que a partir de ahora tratases con más educación a mis empleados, solo están haciendo su trabajo y tus modales no hacen más que incordiarles.

Natalie separó los labios dispuesta a replicar, pero David no se dejó intimidar por su altiva actitud.

—Parte de mi trabajo es asegurarme de que el ambiente no se vea alterado por ningún cliente que no sepa comportarse y solo dé problemas —continuó diciendo David mirándola fijamente—Si no cambias tu actitud, me temo que tendré que pedirte que no vuelvas a este club.

Natalie alzó la barbilla como si quisiera recuperar el control de la situación, pero su voz salió más tensa de lo que pretendía.

— ¿Sabes quienes son mis padres?—preguntó sin desviar su mirada de él—Hablarán con los de Bill para que sepan lo mal que me has tratado, estarás despedido antes de que termine el día.

—Dudo que Jörg hiciera algo asi—murmuró David con una sonrisa tranquila—Confía plenamente en mi y sabe que todas las decisiones que tomo relacionadas con el club están más que justificadas, y también está al corriente de todas las quejas recibidas tanto por parte de los empleados del club como de muchos clientes sobre tu comportamiento.

Natalie escuchaba en silencio, en el fondo dudaba de que sus padres pudieran hacer algo ya que apenas tenían relación con los de Bill, y su amenaza no había sido más que un farol que se había marcado para intentar intimidar a David y obligarlo a bajar el tono con el que le estaba hablando.

Pero había conseguido justo lo contrario, nada de lo que dijera haría que David se arrepintiera de haberse enfrentado a ella.

Solo le quedaba otra opción, mostrarse débil y vulnerable para justificar así su estallido de rabia. Cerró los ojos por unos segundos, y cuando los abrió de nuevo su expresión había cambiado. Se mostraba compungida e incluso tenía los ojos llenos de lágrimas.

—He discutido con Gustav y estoy pasando por un mal momento—confesó en un susurro.

—No es excusa para tratar mal a nadie —dijo David sin intimidarse por sus lágrimas, que sabía perfectamente que eran falsas.

Natalie frunció el ceño, David no parecía tener compasión por alguien en su estado. Se tragó las lágrimas y su expresión cambió a una mezcla de indignación y desafío.

—¿Ahora me vas a dar lecciones de moral? —espetó cruzándose de brazos.

—No, solo te estoy diciendo que aquí trabajamos personas no sacos de boxeo —replicó David manteniendo la calma—Has empujado a Nicole sin importarte que se pudiera caer al suelo junto con los vasos y se cortara.

—¡Ha sido un maldito accidente! —replicó Natalie, aunque ni siquiera ella parecía convencida de sus propias palabras.

—No, Natalie—insistió David negando con la cabeza—Una vez más ha sido tu actitud y eso sí puedes controlarlo, y espero que sepas hacerlo si quieres volver a poner un pie en el club.

—No lo estás diciendo en serio… —murmuró Natalie sin poder creerse sus palabras.

—Jamás he hablado más en serio en mi vida —dijo David mirándola fijamente—Cuando Rose te ayude a limpiarte el vestido puedes salir por la puerta de atrás, creo que ya has montado suficientes escenas por hoy.

Natalie se quedó quieta donde estaba como si no hubiera escuchado bien lo que David le estaba diciendo, aunque en el fondo sí lo había entendido. Y eso le hizo mucho daño, más de lo que habría admitido jamás.

—¿Me estás echando? —preguntó en susurro.

—Te estoy dando una salida digna —contestó David sin apartar de ella la mirada— Si sales por la puerta de atrás, esto queda entre nosotros. Si por el contrario quieres que todo el club vea como te tengo que echar por la puerta principal…

No hizo falta que terminara la frase, Natalie sabía perfectamente las consecuencias que eso traería. Podía imaginárselo todo con una claridad dolorosa, los clientes riéndose de ella murmurando y grabando con sus teléfonos mientras era expulsada de un simple club a orillas de un lago.

Una humillación pública.

Una marca que jamás podría borrar.

Y eso… eso era algo que no podía permitirse.

Sintió un nudo en la garganta, uno que no tenía nada que ver con la rabia que estaba sintiendo. Era orgullo, miedo y la certeza de que por primera vez había ido demasiado lejos incluso para sus propios estándares.

Apretó los labios tragándose cualquier réplica impulsiva que normalmente habría soltado sin pensar, esa vez no podía permitirse ese lujo.

—De acuerdo… —susurró asintiendo con la cabeza.

David asintió satisfecho y solo entonces Rose se acercó con el quitamanchas dispuesta a ayudarla a limpiarse, pero Natalie negó con la cabeza y dio media vuelta en silencio tomando la primera decisión correcta en ese día.

David se la quedó observando abrir la puerta trasera con movimientos contenidos casi rígidos y cerrarla con cuidado sin soltar ese portazo que sabía que estaba deseando dar, pero que también sabía que solo se volvería en su contra.

El golpe seco que no dio quedó suspendido en el aire, como un grito ahogado.

Cuando la puerta quedó de nuevo cerrada el silencio que reinó en la cocina se volvió extraño y pesado, David soltó un suspiro que no sabía que estaba conteniendo y se pasó una mano por el rostro sintiendo el cansancio caerle encima de golpe.

No había disfrutado nada de aquello, no era el tipo de autoridad que le gustaba ejercer pero que a veces era necesario.

Se puso recto, respiró profundamente y tras dirigir una silenciosa mirada a Rose regresó al club para seguir trabajando, había clientes que atender y había que recomponer el ambiente después del caos provocado por Natalie.

Pero mientras caminaba no pudo evitar pensar que aunque Natalie se hubiera marchado, había dejado tras ella algo difícil de olvidar.

La sensación de que todo eso no había hecho más que empezar.

&

De pie en mitad del lago, Tom disfrutaba de la agradable sensación de tener a Bill entre sus brazos. Tras el profundo beso que habían compartido, se habían quedado un rato más abrazados sin decir una sola palabra.

No hacía falta.

Pero entonces la vio, era imposible no hacerlo.

Allá donde fuera, Natalie se convertía en el centro de todas las miradas y Tom pudo sentir desde donde estaba cómo el ambiente se volvía tenso de repente.

La observó caminar por la playa hasta llegar a las tumbonas donde estaban Louise y Georg, sentándose en una de ellas sin pedir permiso a nadie. Casi podía imaginar la escena completa, una vez más iniciaría una conversación que terminaría en una absurda discusión arrastrando en ella a todos los que la rodeaban sin que pudieran hacer nada por evitarlo.

Y parecía estar en lo cierto, vio cómo Peter y Georg se acercaban a Louise como intentando respaldar sus palabras, y no pudo evitar fruncir el ceño.

—¿Salimos ya?

La voz de Bill lo sacó de sus pensamientos. Tom inclinó la cabeza y se le quedó mirando fijamente mientras buscaba alguna excusa para retenerlo allí un poco más. No quería que regresara a las tumbonas justo en ese momento y se encontrara con Natalie, que no dudaría en incomodarlo con su presencia y sus palabras.

—¿Por qué tanta prisa? —preguntó Tom en un susurro.

Se inclinó más sobre él y se apoderó de nuevo de sus labios empezando a besarle con suavidad, sintiendo como Bill sonreía levemente respondiendo con toda su alma a su beso.

Tom cerró los ojos odiándose a sí mismo por tenerle que utilizar de esa manera por su propio bienestar, hizo más profundo el beso al tiempo que le estrechaba con firmeza entre sus brazos y no dejó de besarle hasta que sintió que le faltaba el aliento y tuvo que separar sus labios de los de Bill, que temblaban tras ese maravilloso beso.

Le sintió estremecerse entre sus brazos y vio como sus ojos brillaban más que nunca.

— ¿Estas bien?—preguntó acariciando con suavidad su mejilla.

Bill asintió con la cabeza suspirando, se sentía mejor que nunca.

Tom sonrió sin poderlo evitar mientras que no dejaba de mirar lo que sucedía en la playa, Natalie continuaba cómodamente sentada en su tumbona y no parecía dispuesta a marcharse.

Sintió a Bill moverse, había recuperado el aliento y parecía seguir con la idea de regresar a las tumbonas una vez hubo finalizado el beso.

No podía permitirlo aún.

—Espera—pidió estrechándole entre sus brazos de nuevo—Yo…creo que necesito unos minutos más…

No pudo evitar sonrojarse nada más decirlo, viendo como Bill sonreía ampliamente mientras se quedaba quieto entre sus brazos.

—Lo siento—se disculpó Tom en un susurro.

—Son cosas que pasan—dijo Bill quitándole importancia.

—Ha sido por tu culpa—apuntó Tom sonriendo.

— ¿Por mi culpa?—repitió Bill alzando una ceja.

—Porque siempre que te beso, mi cuerpo reacciona sin que yo pueda controlarlo—murmuró Tom inclinándose hacia él.

—Pues deja de besarme o no se te pasará nunca—susurró Bill sonriendo viendo como miraba fijamente sus labios.

—Puedo hacer más cosas aparte de besarte—replicó Tom sin dejar de mirarle.

Bajó una de sus manos y antes de que Bill pudiera hacer nada por impedirlo la colocó sobre su sexo empezando a frotarse suavemente contra él. Los labios de Bill se separaron dejando escapar un jadeo incontrolado mientras que movía las caderas contra su mano sin poderse contener.

—Ahora estamos los dos en la misma situación—murmuró Tom sonriendo.

Pero mientras lo decía sus ojos se desviaron de los labios de Bill hacia la playa descubriendo a Natalie poniéndose en pie y echando a andar alejándose de las tumbonas. La vio dirigirse al club, ya tenían vía libre para salir del lago pero lo que más deseaba era ir tras ella para dejar claras ciertas cosas.

Volvió la mirada a Bill quien tenía los ojos velados por sus caricias y aunque sabía que lo iba a hacer no estaba nada bien, era lo único que se le ocurría para tener ventaja en eso que estaba planeando hacer.

—Te echo una carrera hasta las tumbonas—dijo cesando con brusquedad las caricias.

Dio media vuelta y echó a correr hacia la orilla del lago dejando a Bill allí plantado sin poderse mover, pues gracias a sus caricias su cuerpo había reaccionado como se imaginaba que lo haría obligándole a permanecer donde estaba.

Y así lo hizo Bill, de pie en mitad del lago observándole salir corriendo pero sin dirigirse a las tumbonas como le había dicho. No le dio importancia, solo se concentró en respirar profundamente para calmar así su agitado corazón y poder salir del lago como si allí nada hubiera pasado.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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