
Administración: Estamos exactamente a 10 capítulos del final 😉 Disfruten la lectura.
Fic TOLL de lyra
Capítulo 123
Permaneció unos minutos más en el agua y cuando sintió que podía salir sin que nada delatara cómo su cuerpo había reaccionado a las caricias de Tom, echó a andar y salió del lago con una amplia sonrisa iluminando su cara.
Se dirigió a las tumbonas donde les esperaban los demás degustando los suculentos platos que se habían pedido y tomó asiento al lado de Louise cogiendo una toalla para secarse, negando con la cabeza cuando Georg le tendió una tostada de salmón y queso fresco.
—Están buenísimas—comentó Georg devorándola de un solo bocado sin darle tiempo a arrepentirse.
—¿Has probado las de aguacate con lima y pimienta? —preguntó Peter a su lado.
Georg se volvió al momento para probar esa tostada que su primo le indicaba. Ante ellos la mesa se quedaba pequeña con todo lo que habían pedido, repleta de pequeños cuencos de frutas recién cortadas, mermeladas artesanales, panes aún tibios y una jarra de zumo de naranja también recién exprimido. El tipo de almuerzo que con solo mirarlo uno ya quedaba lleno.
Y mientras ellos disfrutaban de ese almuerzo tan merecido, Louise dejó de tomar el sol para inclinarse hacia Bill y poder hablar con él en voz baja.
—¿Todo bien con Tom? —preguntó sin poderse contener por un minuto más.
Bill echó un vistazo a su alrededor antes de contestar, Georg y Peter parecían muy distraídos con la comida mientras que Helen permanecía muy concentrada leyendo el libro que tenía entre sus manos.
Podían hablar con total libertad de eso que tanto parecía haberle perturbado.
—Sí, me estuvo halando de lo que pasó entre él y Andreas —contestó recostándose en su tumbona—Pero no hacía falta que me diera ninguna explicación, el pasado es el pasado
—Pero Tom quería dártela igualmente—apuntó sonriendo Louise.
—Dijo que para él no significó nada… pero para Andreas sí —confesó Bill bajando aún más la voz—Estaba muy pillado por él y no puede evitar volver a estarlo, le está costando mucho tener que tratar de olvidarle otra vez.
—Y Víctor está en medio de todo—comentó Louise suspirando.
—Sí, y eso es lo que más le preocupa también a Tom—admitió Bill en voz baja—No quiere que Andreas se haga ilusiones con él… y tampoco quiere que acabe haciéndole daño a Víctor por su culpa.
—No pueden controlar lo que sienten—dijo Louise suspirando.
—Lo sé—murmuró Bill pasándose una mano por el pelo húmedo—Andreas está intentando con todas sus fuerzas pasar página, Tom tiene muy claro que no significó nada para él y así se lo ha dicho siempre, y mientras tanto Víctor está ahí atrapado en medio sin poder hacer nada más que esperar a que Andreas abra los ojos de una vez.
—Y tú también estás atrapado —apuntó Louise con firmeza.
—¿Yo?—inquirió Bill mirándola de reojo.
—Sí, tú—insistió Louise—Porque te importa más de lo que quieres admitir, y porque aunque digas que el pasado es el pasado… no te deja tan indiferente como dices.
—Es que no puedo evitar sentirme raro —confesó Bill suspirando—Cuando me encuentre con Andreas no sé cómo voy a poder mirarle a la cara ahora que sé lo que pasó entre ellos, ya me costó lo mío con Melissa y ahora…
—¿Tom también ha estado con Melissa? —interrumpió Louise sin aliento.
Bill se dio cuenta de inmediato de que había hablado de más, no es que fuera un secreto pero no le correspondía a él ir contando la vida íntima de nadie.
—Fue una sola vez —aclaró carraspeando.
—¿Y te ha contado lo suyo con Melissa, pero no lo de Andreas que por lo visto fue mucho más intenso? —preguntó Louise sin podérselo creer.
—No tuvo que contarme nada—admitió Bill en voz baja sintiendo que se sonrojaba—Yo los vi.
Louise se incorporó en la tumbona dispuesta a escuchar la explicación completa después de semejante revelación, no era que le encantaran los cotilleos pero esa información que acababan de revelarle sobre Tom le parecía difícil de creer.
—Fue cuando Alexander escapó del hospital —empezó a explicar Bill, no pudiendo evitar arrugar la frente al recordar esa lejana época—Yo había pasado la tarde con Tom y Alexander nos encontró juntos en su bungalow. Y, como te puedes imaginar, se pensó lo peor.
Louise asintió con la cabeza resoplando, conociendo a Alexander lo único que se le habría pasado por la cabeza era que su novio le estaba siendo infiel con otro chico mientras él seguía ingresado.
—Entonces, de la nada apareció Melissa haciéndose pasar por la novia de Tom para darnos una coartada —continuó relatando Bill—Dijo que estábamos los tres preparando una barbacoa y no dudó en invitar a Alexander. Esa noche Tom y Melissa la pasaron juntos, y nosotros nos quedamos en el bungalow de Tom y… desde allí lo vi todo.
Louise abrió los ojos, sorprendida, pero no dijo nada. Se limitó a asentir, esperando que Bill siguiera.
—No fue intencionado, Alexander y yo estábamos…y entonces levanté la mirada y los vi a través de la ventana—confesó Bill dejando escapar un suspiro—No podía aparatar los ojos de Tom, y creo que fue entonces cuando me di cuenta que lo que estaba sintiendo por él era más fuerte de lo que quería admitir.
Louise se le quedó mirando por unos segundos como si necesitara procesar no solo todo lo que le había dicho sino también lo que había callado.
—Fue como si de repente todo encajara—susurró Bill jugueteando con la toalla entre sus dedos—Como si lo que llevaba esos días sintiendo por Tom tuviera sentido de golpe. Y eso me da mucho miedo…
—¿Miedo de qué?—quiso saber Louise.
—De que él nunca lo vea como yo lo hago—admitió Bill sintiendo el peso de algo que llevaba demasiado tiempo guardando—De que para Tom lo nuestro empezara siendo solo un impulso, algo que pasó de casualidad cuando para mí nunca será «solo eso».
—Es normal que sientas miedo, es la primera vez que te enamoras de verdad—dijo Louise con una sonrisa triste—Lo tuyo con Alexander nunca significó nada, y estoy segura de que Tom lo siente de la misma manera que tú. Está muy enamorado de ti, no hay más que veros juntos.
—No puedo evitar sentir aún ese miedo—confesó Bill suspirando—Como si estuviera esperando que pase algo que pueda separarnos, hay días que hasta me cuesta respirar cuando pienso eso pero entonces recuerdo lo que sentí aquella noche cuando lo vi con Melissa, cuando entendí que no era solo atracción. Era como si me arrancaran el suelo, no podía apartar los ojos deseando estar yo en el lugar de ella y no podía dejar de pensar en lo perdido que estaba.
—No estabas perdido, solo te acababas de dar cuenta de lo enamorado que estabas de Tom—dijo sonriendo Louise—A veces nos asustamos cuando nos enamoramos, pero eso también nos hace más valientes.
Bill se la quedo mirando con los ojos brillantes, siempre conseguía animarle con sus palabras y darle los mejores consejos cuando los necesitaba.
—Y ahora que ve que está pasando lo mismo con Andreas, ha decidido que lo mejor es que se vaya del club —murmuró frunciendo la frente.
—¿Irse? ¿A dónde? —preguntó Louise visiblemente preocupada.
—A otro club en Potsdam—contestó Bill tranquilizándola—De un amigo de David, ya lo está preparando todo.
—¿Y ha tomado una decisión tan importante sin consultártelo? —inquirió Louise sin poder contenerse.
—Es su vida, y hay decisiones que debe que tomar sin hablarlo conmigo antes—contestó Bill defendiéndolo—Además, no se va muy lejos y después del verano no nos veremos tan a menudos por mis estudios. Como bien ha dicho Tom, el lugar donde trabaje no influye en nuestra relación. Lo hace por el bien de Andreas y Víctor. Sin él de por medio seguro que podrán arreglar lo suyo, y para Andreas será mucho más fácil.
—Tom es un buen amigo —admitió Louise—Aunque a veces actúa movido por impulsos, y eso me desconcierta. Pero lo importante es que, aunque no esté en el club, seguiréis juntos.
Bill asintió suspirando, y tras coger aire profundamente se puso en pie. Necesitaba dar un paseo que le despejara la cabeza después de aquella conversación tan intensa.
—Voy al club a por algo frío —murmuró como excusa.
—Te acompaño, así aprovecho y pido algo yo también—se ofreció Louise al momento.
—Prefiero ir solo—dijo Bill esbozando una débil sonrisa—Necesito dar un paseo, que me dé un poco el aire.
— ¿Estás bien?—preguntó preocupada Louise observándole con esa mezcla de ternura y preocupación que solo ella sabía utilizar.
—Estoy bien—contestó Bill suspirando—Solo necesito despejarme unos minutos.
Louise asintió con la cabeza entendiendo que no era un rechazo, sino un límite. Un pequeño espacio para ordenar lo que acababa de confesar, lo que llevaba tiempo guardando y lo que por fin había dicho en voz alta.
—De acuerdo—cedió Louise a regañadientes—Pero no tardes mucho, ¿vale?
Bill asintió y comenzó a caminar hacia el club sintiendo cómo cada paso le aflojaba un poco el nudo que sentía en el pecho. El murmullo del lago, el sol brillando con fuerza en el cielo, el sonido lejano de las risas del grupo… todo parecía amortiguado, como si el mundo se hubiera vuelto más lento después de sacar a la luz todo eso que lo atormentaba en silencio.
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No podía evitar sentir que había abandonado a Bill en mitad del lago de una forma un tanto ruin al recurrir a sus caricias para que no pudiera salir del agua y así ganar unos minutos para hablar con Natalie y dejarle un par de cosas bien claras.
Echó a correr hacia el club y al entrar no hizo falta preguntar si alguien la había visto, en el suelo había cristales rotos y restos de bebidas que Nicole se apresuraba a recoger ayudada por Steve que acababa de empezar su turno.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Tom alarmado.
—Esa tal Natalie casi me arrolla —contestó Nicole resoplando—Tenía la bandeja llena de bebidas y me las ha tirado todas al suelo. Menos mal que David estaba presente y lo ha visto todo, se la ha llevado a la cocina para que se limpiara el vestido. Espero que no tenga que pagárselo porque ya me ha dejado bien claro que es muy caro.
—No te preocupes por eso, David lo solucionará —dijo Tom con firmeza.
—Creo que le va a prohibir la entrada al club —intervino Steve—Entré un momento a la cocina a por la fregona y escuché parte de la conversación. David la invitaba a marcharse por la puerta de atrás de para ahorrar al resto de los clientes otra de sus bochornosas escenas.
Nada más oírlo Tom salió de nuevo del club y rodeó el embarcadero dirigiéndose al parking. Se quedó cerca de la puerta que comunicaba con la cocina y no tuvo que esperar por mucho tiempo, minutos después Natalie salía con una expresión de indignación recorriéndole la cara.
Se notaba que se moría por dar un portazo, pero tras su conversación con David tuvo que reprimir las ganas.
Entonces lo vio de pie en mitad del parking y no dudó en dirigir hacia él toda su rabia.
—¿Ya te has aburrido de Bill? —soltó sin poder contenerse— ¿Y ahora qué, te has enterado de que he dejado a Gustav y crees que tienes una oportunidad conmigo?
Tom se la quedó mirando con una mezcla de cansancio y paciencia como si no hubiera escuchado bien lo que le acababa de decir, pero viniendo de Natalie no se podía esperar otra cosa.
— ¿De verdad crees que todo gira en torno a ti, Natalie?—preguntó con voz baja pero firme
—Conmigo no te hagas el inocente, Tom— replicó Natalie cruzándose de brazos— ¿O te crees que no me he dado cuenta de como me miras cuando estoy cerca? Al acecho, esperando a tener una sola oportunidad de…
—De ti jamás he estado esperando nada—interrumpió Tom dando un paso en su dirección— Paso de ti, de tus dramas y de tus decisiones impulsivas. Y no pienses ni por un segundo que me pueda aburrir de Bill porque jamás va a suceder.
—Normal, te ha solucionado la vida de un día para otro—replicó Natalie soltando una carcajada seca cargada de veneno—Mira dónde has terminado viviendo, bajo su mismo techo y en su propia cama… tú que parecías un simple camarero que no iba buscando nada.
Tom sintió cómo algo dentro de él se tensaba, una mezcla amarga de decepción y cansancio. Respiró profundamente antes de responder, porque sabía que si hablaba desde el impulso aquello solo podía ir a peor.
—No tienes ni idea de lo que dices —replicó con calma pero con una firmeza que no dejaba espacio a dudas—Bill no me ha «solucionado la vida». No soy un proyecto de caridad ni un adorno para su casa, estoy con él porque lo amo y porque me hace bien. Porque lo elegí al igual que él me eligió a mí.
—Claro, claro… muy romántico todo—murmuró Natalie chasqueando la lengua como si no creyera una sola palabra.
—No es romanticismo barato, es respeto—dejó Tom bien claro—Algo que tú pareces haber olvidado hace tiempo. Tanto Bill como su padre me han abierto las puertas de su casa porque confían en mí y saben quién soy de verdad.
— ¿Y quién eres, si se puede saber?—inquirió Natalie mirándole fijamente como si buscara una grieta en su seguridad—Porque te recuerdo que te detuvieron por abusar de un menor de edad, y no sé que estrategias usó el padre de Bill para sacarte de la cárcel aludiendo que tú también eras menor de edad y no había delito alguno. Has aparecido de la nada y nadie sabe nada de ti ni quien eres, solo que te fijaste en el hijo del dueño del club y no has parado hasta lograr tenerle bajo esas sábanas tan caras.
Tom no pudo evitar dar otro paso más carente de agresividad, solo para que Natalie pudiera escuchar bien lo que le iba a decir.
—No vuelvas a insinuar que estoy con Bill por interés—susurró sin apartar de ella la mirada—Ni vuelvas a usar nuestra relación para justificar tus decisiones o tus enfados, no tienes ningún derecho a hacerlo. Bill no es un juguete que dejo cuando me aburro como tú haces con Gustav, es una persona que me importa mucho más de lo que tú pareces entender.
Natalie tragó con esfuerzo, sorprendida por esa firmeza que no esperaba encontrar en él.
—Y si te ha dejado a Gustav, eso no es asunto mío—siguió diciendo Tom—No me metas en tus líos para sentirte mejor porque yo no soy tu plan B, tu vía de escape ni tu excusa.
Natalie se le quedó mirando en silencio sintiendo que la sangre hervía en sus venas, una vez más le habían puesto en su sitio. Primero fue Louise y en esos momentos un simple camarero de club que había tenido la inmensa suerte de cruzarse en el camino de la persona más adecuada para que su vida cambiara de la noche a la mañana.
—Y si no quieres nada de mí, ¿por qué has venido a buscarme? —quiso saber Natalie alzando la barbilla con desafío.
—Porque te he visto hablando con Louise en la playa —contestó Tom sin apartar de ella la mirada—Porque estoy seguro de que habéis discutido y lo último que quería era que Bill tuviera que soportar tu presencia después de lo ocurrido.
— ¿Por qué me he puesto del lado de Alexander?—inquirió Natalie— ¿Por qué soy de las pocas personas que le ha mostrado todo su apoyo cuando más lo necesitaba?
—Estoy seguro de que estás enterada lo que le ha hecho a Bill —empezó a decir Tom tratando de mantener la calma—No entiendo cómo puedes apoyar a alguien que es capaz de hacer algo así, y por lo poco que te conozco estoy seguro de que has tenido algo que ver en todo esto.
—Eso que dices es muy serio —replicó Natalie poniéndose muy tensa—No puedes acusarme sin tener ninguna prueba.
—Tú y Alexander siempre estáis jugando el uno contra el otro, y a ninguno de los dos os gusta perder —insistió Tom—Sigues enfadada porque te quitó a Bill y estoy seguro de que lo has planeado todo para reírte de Alexander aunque no esperabas que llegara tan lejos.
Tom vio cómo Natalie negaba con la cabeza con la resignación de quien sabe que la han calado. Y por primera vez vio en sus ojos algo que jamás habría imaginado ver en ella.
Arrepentimiento.
Porque en el fondo lo estaba a pesar de la fachada que tanto le gustaba usar, de esa máscara que usaba de que nada la afectaba. Sabía que se había excedido pero su maldito orgullo no le permitiría admitirlo jamás ante nadie.
—Este juego vuestro ha ido demasiado lejos —dijo Tom frunciendo el ceño—Bill ha salido muy herido y va a necesitar mucho tiempo para poder superarlo.
—Yo diría que ya lo ha hecho… no había más que veros en mitad del lago compartiendo besos y abrazos—murmuró Natalie sin poder contenerse.
—Si estoy empezando a superarlo es gracias a la ayuda de Tom.
La voz temblorosa de Bill los interrumpió, ninguno de los dos se había dado cuenta de que estaba allí con ellos en el parking escuchando parte de la conversación. Tom se volvió de inmediato mientras que Natalie se quedaba paralizada donde estaba.
—Nos has visto juntos y ya piensas que ya estoy del todo bien cuando es todo lo contrario—siguió diciendo Bill mirando a Natalie fijamente—Voy a necesitar ir a terapia para aprender a superar una vez más todo el daño que me ha hecho Alexander y para comprender que no debo echarme a temblar de miedo cada vez que Tom se atreve a tocarme.
Sentía los ojos llenos de lágrimas, pero no se iba a permitir llorar delante de Natalie. Cogió aire con firmeza y se tragó las lágrimas junto a toda esa rabia que sentía agolparse en su garganta.
—¿Era eso lo que buscabas con tus juegos, Natalie? —exigió saber con una dureza que rara vez mostraba— ¿Hacerme vivir con miedo el resto de mi vida porque dije que no a cada una de tus insinuaciones?
—No… yo no quería… —balbuceó Natalie incapaz de sostenerle la mirada.
—Pues es lo que has conseguido —murmuró Bill dando media vuelta.
Tom echó a correr hacia él y le pasó un brazo por los hombros, sentía cómo su cuerpo temblaba de una rabia contenida durante demasiado tiempo.
—Estoy bien… —susurró Bill sin aliento.
—No, no lo estás—dijo Tom con firmeza, apretándolo un poco más contra su cuerpo—Pero pronto lo estarás, te lo prometo.
Y juntos se alejaron del parking dejando atrás a Natalie quien se mantenía aún inmóvil sintiendo cómo el peso de la derrota caía sobre sus hombros.
Lo había perdido todo.
A su novio.
A sus amigos…
Y también a esa persona que por más que intentara sacarse de la cabeza siempre volvería a aparecer en sus pensamientos para el resto de su vida.
&
Tras la marcha de David y Natalie, la cocina recuperó esa calma habitual que siempre reinaba en ella. Rose y Anouk permanecieron inmóviles mirándose en silencio, aún impactadas por la escena que acababan de presenciar sin haber podido intervenir en ningún momento.
—Esa chica va a acabar muy mal —comentó Rose suspirando colocándose de nuevo ante los fogones—Vamos, que tenemos aún mucho trabajo por delante.
—¿Sientes lástima por Natalie? —preguntó Anouk sin poderse contener.
—Me da mucha pena, sí —contestó Rose sin dudar.
—Pues no debería dártela—replicó Anouk con firmeza—Ella sola se busca todo lo que le pasa.
—Lo sé, pero aun así no puedo evitar sentir lástima por ella —insistió Rose—Ha roto con su novio, está pasando por un mal momento y no tiene a nadie a su lado que la esté apoyando.
—Ya has oído a David, eso no es excusa para comportarse como lo hace —le recordó Anouk—Tú no tienes que tratar tanto con ella como el resto de los camareros, no ves cómo nos habla con desprecio y se burla de nosotros. Es una maleducada que se cree que por tener más dinero que nosotros puede tratarnos de esa manera como si fuéramos basura. Y normal que no tenga amigos, nadie querría tener como amiga a alguien como ella.
Rose negó con la cabeza suspirando, estaba enterada de todo eso que Anouk le estaba contando por todas las quejas que había escuchado sobre su comportamiento pero como ya le había dicho a su hija, como madre no podía evitar ver en esos momentos con otros ojos a Natalie y sentir pena por ella.
—Lo sé, pero aun así no puedo alegrarme de verla en ese estado—insistió una vez más—Nadie merece hundirse de esa manera por muy mal que se haya portado.
—A veces pienso que ves lo mejor de la gente aunque no exista —murmuró Anouk frunciendo los labios.
—Y a veces tú solo ves lo peor—indicó Rose con una media sonrisa.
—Porque todo en Natalie es malo—murmuró Anouk—No sé que pude ver en ella…
Se quedó sin habla en cuanto las palabras salieron de sus labios, había hablado de más por la rabia que estaba sintiendo en esos momentos.
Rose se la quedó mirando con una mezcla de sorpresa y una comprensión que no necesitaba explicarse.
—¿Tú y Natalie…? —murmuró, dejando la pregunta suspendida en el aire.
Anouk desvió la mirada sintiendo que sus mejillas se encendieron, no de vergüenza, sino de rabia contenida.
—No fue nada —susurró carraspeando—Fue una tonta ilusión, nada importante.
—¿Y ella lo sabe?—quiso saber Rose.
— ¡Claro que lo sabe!—contestó Anouk soltando una risa amarga—Y lo usó para jugar conmigo, para hacerme sentir especial ese momento y basura al siguiente como hace con todo el mundo.
—Eso no está bien—murmuró suspirando Rose.
En esos momentos no podía evitar sentir lástima por su hija, sabiendo que una persona había sido capaz de jugar con sus sentimientos de esa forma.
—No, no lo está—replicó Anouk con un temblor en la voz que intentó disimular—Por eso me dio tanta rabia en ese momento, porque pensé que quizás había algo bueno en ella pero apenas duró unos segundos.
Rose la escuchaba en silencio, era la primera vez que su hija hablaba así de alguien por quien se sentía atraída y le había roto el corazón de una manera tan cruel.
—No sé cómo pasó, la vi tan vulnerable que me lancé a besarla —recordó Anouk suspirando—Natalie se quedó desconcertada al principio aunque luego admitió que le había gustado, pero segundos después volvió a ser la de siempre dejándome claro que entre nosotras jamás podría haber nada. Me sentí tan idiota por haber llegado a creer que no era tan mala persona como todos pensaban…
—Porque querías creerlo —murmuró Rose—Porque al igual que yo creíste ver en ella algo bueno, y quizás lo tenga pero su soberbia impide que los demás lo vean. Y no eres una idiota cariño, solo eres humana y cuando alguien te hace sentir de esa manera aunque sea solo por un segundo es fácil confundirlo con algo más.
—Pues ya no quiero sentir nada por ella —dijo con firmeza Anouk—Ni pena, ni rabia, ni… nada. Todo eso ya es agua pasada, logré olvidarla y ahora estoy con Melissa que es cien veces mejor que esa arpía.
Necesitaba tomar un poco de aire fresco, la conversación con su madre la había dejado abrumada. Echó un vistazo a su alrededor y al ver que hacía falta sacar la basura decidió usarla como excusa.
—Me tomo unos minutos de descanso —explicó en un susurro.
Rose asintió en silencio, consciente de que su hija necesitaba despejarse.
Anouk cogió la bolsa de basura, la ató con fuerza y salió por la puerta trasera que daba al parking. Caminó unos pasos y entonces la vio, sentada en el bordillo bajo la sombra de un árbol Natalie parecía llorar desconsoladamente con la cabeza inclinada.
Debió presentir que alguien la observaba porque levantó la cabeza de golpe secándose con ambas manos las lágrimas con rabia.
—Perdona, no sabía que estabas aquí —se disculpó Anouk carraspeando—Solo iba a tirar la basura.
—Pues hazlo—dijo Natalie poniéndose en pie— ¿O estás esperando a que te eche una mano?
—Yo de ti no me espero ya nada—murmuró con rabia Anouk sin poderse contener.
—¿A qué has salido? ¿A reírte de mí? —estalló Natalie—Ya puedes ir corriendo a contarles a tus amigos que me has visto llorar porque me siento sola y abandonada.
—Si estás sola es porque nadie te aguanta —replicó Anouk dispuesta a no dejarse intimidar—Quizás si cambiaras tu forma de ser no te sentirías así de sola y abandonada.
—No estoy sola y nadie me ha abandonado —dejó bien claro Natalie contradiciéndose a si misma—He sido yo quien ha decidido prescindir de esos amigos tan sosos y aburridos. Igual que Gustav, me cansé de estar con alguien como él que siempre se mantiene callado cuando me insultan en su presencia y que solo sirve para echar un buen polvo.
—Quizás Gustav se mantiene en silencio porque sabe que no puede defender lo indefendible —murmuró Anouk—Tu comportamiento siempre deja mucho que desear, y nadie puede salir en tu defensa porque todo lo que haces no tiene lógica.
—¡Qué sabrás tú! —siseó Natalie.
—Lo sé porque lo he visto —insistió Anouk—Y hablé con Gustav antes de que se fuera. Nunca me cayó especialmente bien, pero lo vi tan mal que no pude negarme a escucharlo. Ha tomado una sabia decisión al dejarte y marcharse bien lejos para poner en orden sus pensamientos, estoy segura de que cuando vuelva será otra persona.
—Gustav jamás va a cambiar —dijo Natalie con firmeza—Ya verás cómo vuelve a mí arrastrándose, pero no pienso darle ninguna oportunidad más.
—Quizás seas tú la que termine arrastrándose detrás de él, cansada de verte tan sola —apuntó Anouk.
—Jamás volveré con Gustav—insistió Natalie—Antes me vuelvo lesbiana y me enrollo contigo.
Aquella confesión dejó a Anouk sin habla, preguntándose si realmente había escuchado bien.
—Seguro que aún te piensas en el beso que nos dimos—empezó a decir Natalie sonriendo— ¿Te acuerdas? En los baños del Sisyphos, pude sentir lo mucho que te gustaba y estoy segura de que todas las noches recuerdas ese momento con todo lujo de detalle mientras te tocas en la cama sin poder dejar de pensar en mi.
Anouk vio como daba un paso hacia ella como si lo que acababa de soltar fuera lo más natural del mundo mientras que podía sentir como su estómago daba un vuelco no de emoción por todo eso que Natalie le había dicho sino de alarma.
— ¿Qué pretendes diciendo eso, Natalie?—preguntó en voz baja— ¿Qué buscas?
Por un segundo Natalie pareció perdida, como si ni ella misma supiera la respuesta. Luego apretó los labios y se la quedó mirando de manera desafiante.
—No busco nada, solo digo la verdad—contestó procurando que no le temblara la voz—Tú y yo tenemos algo pendiente, estoy libre y si quieres podemos…
—Podemos nada—cortó Anouk con firmeza—Entre tú y yo jamás habrá nada, no pienso entrar en ninguno de tus juegos solo porque te sientas sola. Yo estoy con Melissa que es mucho mejor persona que tú, y me arrepiento mucho de haber creído sentir algo por ti.
Las palabras cayeron como un golpe seco, Natalie se quedó inmóvil como si no hubiera entendido nada de lo que Anouk le había dicho pero lo había entendido demasiado bien. Su expresión se tensó, los ojos se le oscurecieron de rabia y humillación porque una vez más estaba siendo rechazada.
Y eso era algo que no le gustaba.
—Estoy harta de que todos penséis que podéis rechazarme como si fuera basura —soltó sin poderse contener—Primero Bill y ahora tú. ¿Quién os creéis que soy? Deberíais sentiros halagados de que quiera tener algo con vosotros, cuando no sois nadie. En cambio yo…
—No te creas tan especial, porque no lo eres—dijo con firmeza Anouk—Siento mucho que te hayas quedado sola, pero como no pongas nada de tu parte para remediarlo seguirás así el resto de tu vida. Yo tengo a Melissa y Bill a Tom, y nada de lo que tú hagas o digas podrá separarnos.
—Si me propongo separarte de Melissa, te juro que soy capaz de hacerlo—siseó Natalie sintiendo cómo la situación se le escapaba de las manos.
—No voy a seguir discutiendo contigo porque esto no tiene sentido —dijo Anouk cogiendo aire—Ni Bill ni yo queremos nada contigo, y no vamos a entrar en ninguno de tus sucios juegos.
El rostro de Natalie se contrajo, como si esas palabras le dolieran más que cualquier insulto.
—Deberías aprender a tratar bien a la gente —dijo Anouk sin apartar de ella la mirada—Porque nadie quiere estar cerca de alguien que solo sabe hacer daño.
Natalie apretó los puños, respirando entrecortadamente. Por un instante pareció que iba a derrumbarse pero, fiel a sí misma, se recompuso a la fuerza levantando la barbilla.
—Tira la basura de una maldita vez y regresa a tu trabajo—ordenó sin poder evitar que le temblara la voz.
Así lo hizo Anouk dando media vuelta, dejando a Natalie sola bajo la sombra del árbol temblando entre rabia, orgullo herido y un miedo que jamás admitiría.
Porque en el fondo sabía que tal y como había dicho Anouk, si no cambiaba su actitud iba a terminar sola.
Pero no sabía como hacerlo sin rebajarse a pedir ayuda, su orgullo jamás se lo permitiría.
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Dejaron el parking con paso firme dispuestos a volver a las tumbonas, pero entonces Bill se detuvo. Se quedó quieto respirando con dificultad aún con las palabras de Natalie retumbando en su cabeza.
—¿Estás bien? —preguntó Tom.
—Yo… no quiero regresar así al lado de Louise—murmuró Bill—Ni que David me vea en este estado, pensará que he tenido otra crisis y no dudará en decírselo a mi padre. Solo necesito unos minutos para tranquilizarme.
—Claro, vamos a sentarnos en una de las mesas del embarcadero —propuso Tom.
Bill asintió en silencio y se dejó guiar hasta la mesa más alejada del club. Tom hizo una seña a Nicole y pidió dos limonadas bien frías.
— ¿Algo para comer?—preguntó Nicole tras tomar nota de su pedido.
—Solo eso, gracias Nicole—murmuró Tom sonriendo.
Nicole le devolvió la sonrisa y se fue a por las bebidas dejándoles hablando a solas.
—Olvida todo lo que ha dicho Natalie —dijo Tom intentando calmar a Bill—Ya sabes cómo es, habla desde el rencor y jamás tiene una palabra amable para nadie.
—Lo sé, y debería estar acostumbrado pero…duele escucharla —confesó Bill en un susurro.
—Vive sumergida en su propio mundo —dijo Tom resoplando—No acepta la realidad y solo ve las cosas a su manera.
—Louise me lo ha dicho en más de una ocasión, que no entendía por qué seguíamos siendo amigos de ella y de Gustav si no lo soportábamos—comentó Bill arrugando la frente—Aunque creo que era por Alexander, le encantaba tratar así a Natalie solo para divertirse cuando estaba aburrido. Y a Gustav… bueno, ya sabemos lo que había entre ellos.
—Pero eso ya se terminó —dijo Tom con firmeza—Nadie te obliga a seguir viendo a alguien que te hace sentir de esta manera y estoy seguro de que Louise y Georg opinan igual.
Bill asintió en silencio, era momento de tomar la drástica decisión de no volver a ver a Natalie ni saber nada de ella. Era como un huracán arrasando por donde pasaba dejándolo todo destrozado tras ella.
—Aquí tenéis vuestras bebidas —anunció de repente Nicole.
Dejó las limonadas sobre la mesa con una amplia sonrisa y se alejó con la misma discreción con la que había llegado.
—Me siento muy cómodo con Peter y sus amigos —comentó Bill suspirando—Y también cuando pasamos tiempo con Andreas, Melissa y el resto de los camareros. Es un ambiente mucho más diferente y relajado sin discusiones ni conversaciones sacadas de contexto.
—Por las nuevas amistades —dijo Tom levantando su limonada.
Bill esbozó una sonrisa y levantando también su limonada brindó con él.
—Y ahora que ya estás de mejor humor, ¿qué te apetece hacer? —preguntó Tom contento de verle más animado.
Bill se le quedó mirando en silencio mientras pensaba en su respuesta, después de su encuentro con Natalie no tenía ánimo para mucho pero entonces recordó aquello que se había repetido a sí mismo desde lo ocurrido.
Retomar su vida justo donde la había dejado.
Y pensaba hacerlo.
Nadie iba a impedirle ser feliz ni a recordarle con crueldad todo lo que había sucedido
Por eso se acomodó mejor en su silla y apartando de su mente cualquier pensamiento que le recordara a Natalie, cambió por completo de actitud esbozando una leve sonrisa.
—No sé… quizá retomar lo que dejamos a medias en el lago… —susurró alzando una ceja.
—Debo pedirte perdón por eso —se disculpó Tom al momento—Había visto a Natalie en las tumbonas hablando con Louise y no quería que volvieras y te la encontraras.
—Y no se te ocurrió otra forma mejor de retenerme en el lago que excitarme con tus sutiles caricias —murmuró Bill mirándole de reojo con una mezcla de reproche y ternura
Tom apoyó un codo en la mesa y acercó un poco más su rostro al suyo, lo justo para que Bill sintiera el calor de su respiración.
—La verdad, no lo pensé demasiado—explicó sonriendo—Solo quería que te quedaras conmigo un poco más.
Bill no pudo evitar sentir un cosquilleo recorrerle la espalda de arriba abajo al recordar ese maravilloso momento, era como si aún pudiera sentir la mano de Tom colocada en esa parte tan íntima de su cuerpo que palpitaba con fuerza con cada caricia.
—Pues si era eso lo que querías… lo conseguiste sin esfuerzo alguno—confesó en un susurro.
Tom esbozó una sonrisa al escucharle, esa que siempre lograba desarmarlo y rozó con suavidad el dorso de su mano de Bill sobre la mesa como si hubiera sido un gesto accidental… aunque ninguno de los dos lo creía.
—Entonces…¿quieres que regresemos al lago a seguir por donde lo hemos dejado?—preguntó en un susurro.
Por muy tentador que fuera, Bill sabía que no era lo correcto. Además, Louise le estaba esperando en las tumbonas y estaría preocupada por su tardanza.
—Me temo que vamos a tener que dejarlo para cuando estemos en las Maldivas—murmuró suspirando.
—Me parece perfecto—dijo Tom sonriendo—Lo dejaremos para entonces, solo procura no olvidar donde tenía mi mano y cómo te estaba acariciando.
Bill se sonrojó al escucharle y cogiendo su vaso echó un trago largo de esa limonada tan fría que le ayudó a que su cuerpo se enfriara después de esos recuerdos que flotaban en su cabeza y que dudaba que pudieran ser fácilmente olvidados.
Continúa…
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