
Fic TOLL de lyra
Capítulo 124
Después de la tensa conversación mantenida con Natalie, David regresó al despacho sabiendo que tenía una llamada importante pendiente. Era cierto lo que le había dicho, cualquier decisión suya contaba con el respaldo de Jörg pero también sabía que debía informarle cuanto antes de lo ocurrido sabiendo que podía llegar a sus oídos una versión distorsionada de los hechos por parte de los padres de Natalie.
Se sentó frente a la mesa, cogió aire profundamente y marcó de memoria aquel número que conocía demasiado bien.
—¿Me echas de menos?
David no pudo evitar sonreír al escuchar el saludo de Jörg, desde que había hecho oficial su petición de divorcio ante Simone parecía otra persona. Se le veía más seguro, más relajado y con él se mostraba como nunca antes lo había hecho.
—Mucho —contestó David sonriendo.
—Yo a ti también —confesó Jörg suspirando—Y más ahora, estoy en el despacho de la otra casa y tengo mucho trabajo por delante. Si no recuerdo mal… dijiste que eras muy bueno ordenando documentos.
—Y por eso me quieres tanto, ¿no? —murmuró David entre risas—Vaya, y yo que pensaba que era por lo bien que lo pasamos en la cama…
—Por supuesto, jamás he puesto ninguna queja sobre eso —replicó Jörg al instante—Todo lo contrario, siempre dejo buenas valoraciones en forma de húmedos besos que recorren tu desnudo cuerpo…
David no pudo evitar cerrar los ojos gimiendo al escucharle sabiendo que si seguían en ese tono iban a terminar manteniendo sexo telefónico una vez más, lo que había sido de gran ayuda en esa época donde pasaban separados demasiado tiempo echándose de menos y teniendo que recurrir a otras formas para quedar ambos saciados.
Pero el motivo de la llamada era serio y no podía seguir posponiéndolo.
—Me he visto obligado a echar a Natalie Franz del club —soltó sin aliento abriendo de golpe los ojos
Jörg también se puso serio al instante al otro lado del teléfono. El nombre de Natalie aparecía en casi todos los informes que David le enviaba sobre el club relacionado con quejas de clientes, comentarios de camareros sobre su trato e incidentes menores que siempre tenían el mismo origen.
—¿Qué ha hecho esta vez? —preguntó Jörg resoplando.
—Entrar en el club como un tornado, arrasando con todo lo que se interponía en su camino —contestó David frunciendo el ceño al recordarlo—Empujó a una de las camareras nuevas y tiró al suelo la bandeja que llevaba molestando a todos los clientes, así que me la llevé a la cocina para poder hablar con ella a solas.
—Has hecho muy bien en echarla —dijo Jörg con firmeza—Tarde o temprano tenía que pasar.
—Me ha amenazado diciendo que sus padres hablarían contigo para despedirme antes de que terminara el día —continuó diciendo David.
—Apenas conozco a sus padres, solo de vista —murmuró Jörg tratando de hacer memoria—No debes preocuparte por eso, si me piden explicaciones por tus actos estaré encantado de dárselas.
—Lo sé —admitió David—Estaba tranquilo por ese lado, pero… me ha dado algo de lástima, Jörg. Natalie estaba saliendo con Gustav Schäfer, y por lo visto lo han dejado. Entiendo que esté pasando por un mal momento, pero eso no justifica sus actos. Aun así… la veo muy sola, sin nadie a su lado apoyándola cuando más lo necesita.
Jörg escuchaba en silencio, sabía que Natalie y Gustav formaban parte del grupo de amigos de Bill pero nunca había oído nada bueno sobre ellos. Siempre actuaban como si el hecho de tener dinero les diera derecho a que todos se rindieran a sus pies, igual que Alexander. Desde el principio le habían parecido de las peores compañías para su hijo, y tras lo ocurrido el grupo se había deshecho. Solo habían quedado a su lado aquellos que siempre le habían mostrado un apoyo incondicional.
—Entiendo que sientas lástima por ella, pero si está sola es por méritos propios —murmuró con cierta dureza.
—Lo sé, pero verla en ese estado hace que uno se remueva por dentro—dijo David suspirando.
—¿Qué tal está Bill? —preguntó Jörg cambiando drásticamente de tema— ¿Has podido verle?
David asintió antes de responder, recordando la imagen de Bill y Tom en mitad del lago abrazándose y besándose. Se les veía tranquilos, recuperados y disfrutando de la mutua compañía como si por fin pudieran respirar.
—Está en buenas manos —contestó sin entrar en detalles.
—¿Y ha tenido algún contacto con Natalie? —quiso saber Jörg preocupado.
Era bien sabido que Jörg estaba al tanto de todo lo que ocurría en su club y también fuera de él. Sabía que, al principio de su relación con Alexander, Natalie había estado muy enamorada de su hijo hasta el punto de tener la osadía de meterse desnuda en su piscina para intentar conquistarle. Pero Bill le dio una rotunda negativa que hizo que Natalie se sintiera más humillada que nunca, y aunque después empezó a salir con Gustav nunca perdió la oportunidad de molestar a Bill siempre que podía para poder así apagar su sed de venganza.
—No, por suerte Bill no sabe nada de lo que ha pasado con Natalie —contestó David—Pero ya sabes que en el club las noticias vuelan, y pronto llegará a sus oídos que ha estado aquí y el revuelo que ha provocado.
—Eso no me importa —replicó Jörg con firmeza—Lo único que me preocupa es que no se haya cruzado en su camino y que Natalie no haya vuelto a molestarlo.
—Puedes estar tranquilo, no lo ha hecho —aseguró David—Por lo que sé Bill ha pasado toda la mañana con Louise, Georg y el grupo de su primo Peter en la cancha de voleibol viendo cómo jugaban. También ha disfrutado nadando en el lago y ahora estará tomando el sol plácidamente en su tumbona en compañía de Tom.
Jörg escuchaba en silencio pensando que su hijo al fin estaba retomando su vida como si nada hubiera pasado. Y eso era justo lo que él deseaba, sabiendo que habría momentos de incertidumbre cuando algún recuerdo doloroso regresara sin avisar. Pero también sabía que su hijo siempre lograba salir adelante con fuerzas renovadas.
Y todo gracias a Tom, quien había prometido no separarse de su lado y era lo que estaba haciendo.
—Eso es justo lo que quería escuchar —murmuró Jörg suspirando— ¿Y que hay de lo de esta tarde? ¿Está todo preparado en el club?
—Sí, ya han traído la leña del camping y están preparando las hogueras —empezó a relatar David—El turno de comida está a punto de comenzar y voy a empezar a dejar libre a los camareros que llevan desde primera hora y que así disfruten de su tiempo libre. La barbacoa también está lista y la carne llegó ayer por la tarde como estaba previsto.
—Lo tienes todo controlado —comentó Jörg sonriendo—Como siempre, tan atento a los detalles…estoy deseando que llegue la noche para compartir nuestra hoguera.
David sintió un escalofrío al escucharle, Jörg volvía a ponerse en ese tono que tanto le gustaba y echaba de menos. Se acomodo en su asiento y cerró los ojos para disfrutar de cada una de sus palabras.
—Recuerda que llevaré tu vino preferido—dijo Jörg en un susurro.
—Un Chardonnay joven—apuntó sonriendo David—Fresco, ligero y muy afrutado.
—Y mientras lo tomamos, podemos seguir la conversación por donde la habíamos dejado—murmuró Jörg—Creo recordar que hablábamos de besos húmedos recorriendo tu desnudo cuerpo…
Un gemido escapó por los labios entre abiertos de David seguido de un profundo jadeo, empezaba a sentir un gran calor recorriendo su cuerpo de arriba abajo.
—Eso era justo lo que necesitaba escuchar—dijo Jörg sonriendo—Concéntrate en esa imagen, porque esta noche la haremos realidad.
Y colgó la llamada sin darle oportunidad a David de despedirse, dejándole sumido en ese maravilloso recuerdo que tal y como le había dicho, iban a hacer realidad esa noche bajo el cielo estrellado.
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No podía evitar sentirse muy nerviosa después de la conversación que había mantenido con Bill, no dejaba de mirar hacia el lugar por donde se había marchado deseando verle regresar cuanto antes. Sentía que habían tocado algunos recuerdos muy íntimos como aquella noche que compartió con Alexander y al ver a Tom junto a Melissa comprendió que estaba perdidamente enamorado de él.
Quizás no debería haberle dejado irse solo, se le veía muy afectado y aunque Bill le había dicho que necesitaba estar a solas, Louise no podía evitar pensar que tendría que haber insistido un poco más.
—¿Quieres?
Negó con la cabeza sin siquiera mirar lo que Georg le estaba ofreciendo, sentía el estómago cerrado y sabía que no podría probar bocado hasta ver con sus propios ojos que Bill estaba bien.
—¿Habéis discutido tú y Bill? —quiso saber Georg sin poderse contener.
—¡Claro que no! —contestó con firmeza Louise—Solo hemos estado hablando, aunque quizá tocamos algún tema que no deberíamos.
—¿Y Bill se ha molestado por eso? —preguntó Georg preocupado.
—No, pero conociéndole estará aún dándole vueltas en su cabeza —murmuró Louise suspirando—Dijo que necesitaba tomar un poco de aire y estar a solas, pero algo me dice que no debí dejarle marcharse… quizás debería ir a buscarle.
—Deberías respetar su decisión—dijo Georg con firmeza—Si necesita estar solo, dale el espacio que necesita.
—Lo sé, pero es que…no puedo evitar preocuparme en exceso por él—confesó Louise arrugando la frente—Desde siempre, y más desde lo que le hizo Alexander.
—Pues deja de preocuparte—murmuró Georg para alivio de ambos—Porque ahí viene y no lo hace solo.
Louise se volvió con rapidez hacia donde Georg miraba y sonrió al ver a Bill acercarse en compañía de Tom. Paseaban por la orilla del lago cogidos con firmeza de la mano conversando entre ellos y sonriendo.
—Se les ve muy felices —comentó Georg observando cómo caminaban sin prisa alguna, completamente ajenos al mundo que les rodeaba.
Louise asintió sonriendo sintiendo cómo la tensión que sentía en el pecho empezaba por fin a aflojarse.
—Sí… —susurró con alivio—Y me alegro mucho, después de todo lo que han pasado verles así de juntos y tranquilos es bonito.
—Bonito y necesario —añadió Georg asintiendo con la cabeza—Tom le hace bien y Bill también le hace bien a Tom, juntos se equilibran.
—Eso es verdad—dijo Louise soltando una pequeña risa—A veces pienso que son como dos piezas que encajan sin esfuerzo.
Georg se la quedó mirando sintiéndose más aliviado de verla ya más relajada.
— ¿Ya te encuentras mejor?—quiso saber—Porque hace un momento estabas a punto de salir corriendo detrás de él.
—No me lo recuerdes —contestó Louise sacudiendo la cabeza—Es que no puedo evitar preocuparme demasiado por Bill, pero ahora que lo veo llegar junto a Tom sé que está mucho mejor de lo que pensaba.
—Se le ve mejor que nunca—apuntó con firmeza Georg.
Dejaron de hablar al verlos llegar hasta las tumbonas donde estaban ellos aún cogidos de la mano. Tom fue el primero en hablar tras echar un vistazo a la comida que aún quedaba sobre las mesas.
—Pensé que ya no quedaría nada—comentó sonriendo ampliamente.
—Es raro, pero Georg os ha dejado algo—dijo Louise entre risas.
Bill y Tom se echaron a reír mientras tomaban asiento en una tumbona.
—Todavía quedan varias tostadas de salmón y queso fresco—informó Georg señalando la bandeja—Pero las de aguacate con lima y pimienta son las que más han gustado.
—Es que estaban buenísimas—intervino Peter tomando también asiento— ¿Pedimos más de esas?
—Vamos a comer en menos de una hora—recordó Helen cerrando el libro que había estado leyendo— ¿Serás capaz de aguantar ese tiempo sin comer?
—No prometo nada—murmuró Peter cogiendo una tostada de la mesa.
Helen sacudió la cabeza resignada y se recostó en su tumbona dispuesta a seguir tomando el sol.
—Peter y Georg son iguales cuando se trata de comida —explicó Louise dirigiéndose a Tom—Parece que nunca quedan saciados del todo.
—De pequeños, cuando Georg se quedaba en casa a dormir nos escondíamos en la despensa por la noche y la dejábamos vacía —comentó Peter entre risas.
—¿Te acuerdas de la indigestión que nos dio por comernos aquella tarta gigante de manzana? —añadió Georg mirando fijamente a su primo.
—No me lo recuerdes… desde entonces odio la tarta de manzana —murmuró Peter resoplando.
—Menuda bronca nos echó tu madre —recordó Georg sin dejar de reír—Amenazó con poner un candado gigante a la despensa si no nos sabíamos controlar.
—Por suerte no lo hizo, si no hubiera muerto de inanición—dijo Peter sonriendo.
Tom les escuchaba sin poder dejar de reír, era el tipo de anécdota que le gustaba escuchar.
—Cada vez que habláis de vuestra infancia descubro un desastre nuevo—comentó Louise acomodándose en su tumbona—Podríais escribir un libro con todas ellas.
— ¿Uno solo?—inquirió Georg alzando una ceja—Una enciclopedia diría yo.
—Con títulos como «Cómo evitar que Georg te meta en un lío» y «Cómo impedir que Peter diga que sí a ideas estúpidas»—intervino Helen sonriendo.
—Oye, que no todas las ideas de Georg son estúpidas—dijo Peter saliendo en defensa de su primo—Fue él quien me animó a pedirte a salir, imagínate lo que hubiera pasado si no le llego a hacer caso.
—Exacto, gracias a mí tienes al mejor novio del mundo a tu lado—sentenció Georg mirando fijamente a Helen.
—De acuerdo, admito que al menos ha tenido una idea de la que jamás voy a poder arrepentirme—murmuró Helen suspirando.
Intercambió una mirada con Louise y ambas estallaron en risas sin poder evitarlo mientras pensaban en lo infantiles que podían ser sus novios a veces.
Desde su tumbona, Bill tampoco pudo contener la risa. Por un momento dejó a un lado lo mal que se había sentido después de ver a Natalie sintiendo que gracias a sus amigos lograba olvidarse de todo aquello que lo hacía sentir tan mal y encontrar la fuerzas necesarias para seguir adelante.
—Pues yo sigo con hambre —dijo Peter poniéndose en pie— ¿Alguien me acompaña a la barra a pedir más tostadas de aguacate con lima?
No hizo falta que repitiera la pregunta, Georg se levantó al instante dispuesto a seguir sus pasos.
—Pero…comeremos en un rato —protestó Helen resoplando.
—Y tenéis que dejar hueco para la barbacoa de más tarde —apuntó Louise.
Pero nada de lo que dijeran iba a hacerles cambiar de opinión, se pusieron en marcha rumbo al club dejando a sus novias en las tumbonas resignadas ante lo inevitable. Helen retomó su lectura con la frente arrugada y Louise no pudo evitar que su mirada se centrara en Bill y Tom que sentados en la misma tumbona permanecían aún cogidos de la mano.
—¿Ocurre algo? —preguntó Bill sin poderse contener al sentirse espiado.
—Nada—contestó Louise carraspeando—Es que…Georg y yo estuvimos comentando que tenéis buena cara, y que nos alegramos muchos de veros así.
Tom apretó suavemente la mano de Bill, como si confirmara algo sin necesidad de palabras.
—Nos hacía falta un paseo —apuntó sonriendo.
Bill asintió con la cabeza mirando a Louise con una expresión tranquila, mucho más serena que la de minutos antes.
—Y aire fresco —añadió suspirando—Lo necesitaba, cada vez que Natalie aparece el ambiente se vuelve irrespirable.
—¿Natalie? —repitió Louise alarmada.
—Nos la encontramos en el parking —explicó Tom—Ya os vi hablando aquí en las tumbonas, aunque seguro que estabais discutiendo, y no podía dejarla marchar sin decirle un par de cosas. Fui al club y vi el desastre que había dejado a su paso, había empujado a Nicole y le tirado la bandeja al suelo repleta de bebidas.
—¿Está bien Nicole? —preguntó Louise aún más preocupada.
—Sí, solo fue un susto —contestó Tom para su tranquilidad—David se llevó a Natalie a la cocina para hablar con ella y yo fui a esperarla al parking.
—Y yo llegué justo cuando estaba diciendo cosas horribles sobre mí, como siempre —murmuró Bill terminando el relato.
—Lo siento muchísimo, no quería que volvieras del lago y te la encontraras y al final así ha sido—dijo Louise con voz temblorosa—No quería que hoy nada arruinara tu día.
—Natalie es experta en estropearlo todo con su mera presencia—dijo Bill suspirando con cansancio.
—Es la segunda vez que se lo digo, y espero que esta vez haya entendido el mensaje —añadió Louise con firmeza—Ni Georg ni yo queremos saber nada de ella si sigue con esa actitud, y como sabemos que nunca va a cambiar lo mejor es no volver a verla.
—Opino igual —murmuró Bill—Después de lo que me ha pasado no quiero que nada ni nadie me lo recuerde… y mucho menos que se me juzgue como si yo tuviera parte de culpa o hubiera hecho algo para merecerlo.
—No pienses eso, porque no es así —dijo Tom con determinación —Lo que tenemos que hacer es dejar de hablar de Natalie y no volver a darle espacio en nuestra cabeza.
—Es que no puedo evitar pensar que lo estoy superando y entonces aparece algo… un comentario, una mirada, un maldito recuerdo… —confesó Bill en voz baja sin poder contenerse.
Louise y Tom intercambiaron una mirada llena de angustia, como si ambos sintieran el golpe de esas palabras. Un segundo después, casi al mismo tiempo, se inclinaron sobre él rodeándolo con una calidez que Bill necesitaba desesperadamente.
—No te dejes influenciar por nada de eso—dijo Tom apretando su mano con suavidad—Eres más fuerte de lo que piensas.
Louise se levantó de su tumbona y se arrodilló frente a él, obligándolo a mirarla.
—No tienes que demostrarle nada a nadie—susurró con firmeza—Lo que viviste fue injusto, cruel, y desde luego no fue culpa tuya.
Bill tragó con esfuerzo sintiendo cómo la presión en su pecho se aflojaba apenas un poco, sus ojos se humedecieron pero no apartó la mirada. Por primera vez en mucho tiempo no sentía vergüenza por mostrarse vulnerable ante las personas que más le querían y comprendían.
—A veces siento que si hablo de ello o si lo admito en voz alta, es como si volviera a pasar—explicó en voz baja—Como si lo trajera de vuelta.
—No, hablar de lo ocurrido no lo trae de vuelta—dijo Tom con una calma que contrastaba con la tensión que sentía recorrer su cuerpo—Lo que lo trae de vuelta es guardártelo, dejar que te carcoma por dentro. No tienes que hacer eso, debes sacar fuera todo eso que tanto daño te hace y dejar que nosotros te ayudemos a superarlo.
—Si no quieres hablar, tampoco tienes que hacerlo —añadió Louise acariciando con suavidad su mejilla—Solo queremos que sepas que no estás solo y que jamás lo estarás.
Bill cerró los ojos por unos segundos dejando que ese apoyo lo envolviera, cuando volvió a abrirlos cogió aire profundamente sintiéndose un poco más libre.
—Gracias por no dejarme solo cuando más lo necesito—susurró suspirando.
—Jamás voy a dejarte solo—prometió con firmeza Tom.
—Ni Georg ni yo—añadió Louise—No vamos a dejar que nada ni nadie te haga sentir menos de lo que eres.
Bill asintió con la cabeza esbozando una débil sonrisa tras sus palabras, se sentía muy seguro en su compañía y por primera vez empezó a sentir que podía empezar a sanar.
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Una vez terminada la conversación con Jörg y sintiendo que podía ponerse en pie sin que las piernas le temblasen, David lo hizo con una amplia sonrisa en los labios. Guardó el móvil en el bolsillo del pantalón y solo entonces salió del despacho dirigiéndose de nuevo a la cocina.
Allí se encontró solo a Rose trabajando sin descanso como siempre, y segundos después Anouk entró por la puerta trasera con una expresión muy seria en el rostro. David se quedó observándola mientras se lavaba las manos con el ceño fruncido, y sabiendo que Natalie probablemente seguía en el parking ya podía imaginarse el motivo de aquella expresión.
—¿Ha pasado algo? —preguntó visiblemente preocupado.
—Lo de siempre, no te preocupes —contestó Anouk, encogiéndose de hombros.
—Quizá debería hablar yo con ella —murmuró Rose.
—No lograrás nada, solo que te hable de malas maneras y te haga sentir humillada —soltó Anouk con rabia—Esa chica jamás cambiará, se tiene bien merecido todo lo que le pasa.
—Está pasando por una mala época—insistió Rose—Es normal que…
—No, no lo es —cortó Anouk mirando fijamente a su madre—Entiendo que te dé pena, pero a mí no me la da. He intentado hablar con ella y me ha atacado con su frialdad de siempre. Incluso se me ha insinuado diciendo que como ahora no está con Gustav podíamos continuar desde donde lo dejamos y…
Dejó de hablar de golpe al darse cuenta de que, cegada por la rabia que le recorría por dentro, había dicho cosas que quizá no debería haber mencionado delante de David quien la observaba con una expresión de asombro dibujada en el rostro.
Terminó de secarse las manos y cogiendo un cuchillo con rabia se dispuso a seguir trabajando pero la voz de su madre la detuvo.
—Deja, ya sigo yo con las patatas —murmuró Rose intentando calmarla—Tú remueve la pasta, que no se pegue.
David comprendió que en ese estado Anouk podía cortarse y al ver lo agobiada que estaba decidió intervenir.
—El turno de comidas está a punto de empezar —dijo consultando la hora en el reloj que había en la pared—Tenemos manos de sobra y voy a empezar a dejar libres a los camareros que lleváis aquí desde primera hora. Anouk, puedes salir de la cocina y disfrutar del tiempo libre.
—Pero… soy la que mejor se maneja aquí —murmuró Anouk negando con la cabeza.
—Y Alison y Steve también tienen experiencia—apuntó David—Acaban de llegar, les pediré que echen una mano a tu madre mientras tú y Melissa quedáis libres.
—Melissa no querrá dejar la barra —apuntó Anouk resoplando.
—Christine ocupará su lugar—insistió David—Ahora sal de la cocina y ve a por Melissa, no os quiero ver por el club si no es para pedir algo o comer.
Anouk asintió mientras resoplaba, sabía que era inútil intentar hacer que David cambiara de opinión. Se quitó el delantal, lo dejó colgado del gancho que había en la pared y salió de la cocina con paso firme suspirando.
Cuando por fin se quedaron a solas, David no pudo evitar mirar a Rose intrigado por lo que había alcanzado a escuchar sin querer.
—¿Natalie y Anouk…? —preguntó sin poderse contener.
—Anouk me dijo que no fue nada importante —contestó Rose en voz baja—Que Natalie la utilizó, que jugó con sus sentimientos para luego reírse de ella.
David escuchaba en silencio comprendiendo por qué Anouk estaba tan dolida. Era lógico que le hubiera molestado que Natalie insinuara retomar «lo suyo» solo porque Gustav la había dejado sin detenerse a pensar que ella tenía una relación estable… y que, después de lo que le había hecho, lo último que querría era volver a saber nada de Natalie.
—No puedo evitar sentir pena por Natalie —murmuró Rose—Pero también una enorme rabia por cómo ha tratado a mi hija. Ojalá algún día sea capaz de ver todo el daño que hace a quienes la rodean y tenga el valor de pedir perdón.
David bajó la mirada pensativo, sabía que Rose no era una persona rencorosa y si hablaba así era porque el dolor que Anouk había sentido era profundo.
—Anouk no se merecía que Natalie la tratara de esa manera —dijo con firmeza—Y aún así ha hecho todo lo posible por tratar de ayudarla incluso sabiendo que podía salir de nuevo herida.
—Lo sé, y por eso me preocupa—murmuró Rose suspirando—Natalie parece derrotada cuando está rota y necesita a alguien que la sostenga, busca ayuda desesperada pero nunca piensa en lo que deja atrás ni en como trata a quien la intenta ayudar.
—Solo espero que al igual que Gustav se tome un tiempo y se aleje para pensar las cosas con claridad—dijo David arrugando la frente—Porque cuando Natalie se da cuenta de que ya no tiene el control… suele intentar recuperarlo como sea, y solo espero que no arrase como hace siempre llevándose en su camino a quien se ponga delante.
Rose asintió con la cabeza completamente de acuerdo con cada una de sus palabras, ambos conocían demasiado bien a Natalie y sabían de lo que era capaz. En el fondo temían que si no lograba cambiar su actitud iba a terminar muy mal.
Fuera de la cocina, Anouk fue en busca de Melissa a quien encontró tras la barra muy atareada. Esperó en silencio a unos pasos de distancia hasta que quedó libre y solo entonces se acercó para hablar con ella.
—¿Y esa cara? —preguntó Melissa preocupada al verla.
—Luego te cuento —contestó Anouk suspirando—David dice que podemos dejar ya de trabajar. Christine ocupará tu lugar y Alison y Steve echarán una mano a mi madre en la cocina.
—Pues vamos a ponernos los bikinis y a darnos un baño en el lago —dijo Melissa al momento quitándose el delantal—Antes de que vengan más clientes sedientos.
Salió tras la barra y se dirigió al vestuario seguida de una silenciosa Anouk, por el camino se cruzaron con Christine con su habitual semblante serio dirigiéndose a la barra para empezar su turno de trabajo.
Una vez en el vestuario y viendo que estaban solas, abrieron sus taquillas y empezaron a quitarse el uniforme para ponerse allí mismo los bikinis.
—¿Me vas a contar ya qué te pasa? —preguntó Melissa.
—Es… Natalie —contestó Anouk resoplando—Ya has visto la que ha liado en el club, y luego David se la ha llevado a la cocina para intentar hablar con ella pero ha sido inútil. Al final ha terminado echándola por la puerta de atrás y no creo que la deje volver al club si no cambia su manera de ser.
—Me parece lógico —murmuró Melissa recogiéndose el pelo en un moño alto—Y como ambas sabemos Natalie jamás va a cambiar, así que no creo que volvamos a verla por el club. ¡Menudo alivio!
—Pues a mi madre le ha dado mucha pena —comentó Anouk sacudiendo la cabeza—Pero es normal, ella jamás la ha tenido que aguantar sus maneras de hablarnos y tratarnos con frialdad y superioridad. Intenté hacer que se pusiera en mi lugar y viendo que era imposible, decidí salir a tomar un poco de aire al parking para calmarme… y allí estaba aún Natalie…
Melissa esperó en silencio a que se tomara su tiempo para continuar hablando, sabía lo que casi había habido entre ellas y conociendo a Natalie estaba segura de que no habría perdido la ocasión de enfrentarse a Anouk descargando en ella toda la rabia que sentía por haber sido expulsada del club. O quizá habría intentado dar lástima, arrastrándose ante ella.
—Dijo… que como ya no está con Gustav, podíamos retomar por donde lo habíamos dejado —explicó Anouk con rabia sintiendo que la voz le temblaba—Y sé que no lo decía en serio, solo lo dijo porque se ha visto sola y necesita a alguien a su lado. Le ha dado igual mis sentimientos y que esté contigo, para ella todo es un juego y sin Gustav se aburre hasta el punto de que no le importaría experimentar conmigo hasta que se cansase.
Dejó de hablar sintiendo que le faltaba el aire, no quería que Melissa pensara que aún sentía algo por Natalie ni que pudiera sentirse halagada porque ella mostrara interés cuando era justo lo contrario. Ya no sentía nada por Natalie, jamás podría tener nada con alguien como ella.
—No debes seguir pensando en Natalie porque solo te hace sentir mal —susurró Melissa abrazándola por la espalda—Solo piensa que tenemos el resto del día libre y que nos lo vamos a pasar como nunca.
Anouk se dejó caer lentamente contra ella como si por fin pudiera soltar todo el peso que llevaba encima, el abrazo de Melissa era cálido y firme, casi envolvente, y poco a poco su respiración empezó a acompasarse con la de ella. Sentía el corazón de Melissa latiendo con fuerza contra su espalda constante y seguro, como un recordatorio silencioso de que entre sus brazos podría sentirse siempre a salvo.
Melissa deslizó una mano por su brazo, en un gesto suave que no buscaba otra cosa que calmarla.
—Ya está… —susurró cerca de su oído, con una voz que parecía hecha para deshacer nudos—No debes darle más vueltas, Natalie no forma parte de tu vida y no le debes nada.
Anouk cerró los ojos sumergiéndose en sus caricias, sintiendo como ese simple contacto la relajaba más de lo que habría querido admitir. Melissa siempre sabía exactamente dónde tocar, cómo sostenerla y qué palabras decir para hacer que todo eso que la atormentaba quedase atrás.
—Es que… me ha removido por dentro—confesó Anouk en voz baja, dejando que su cabeza descansara sobre el hombro de Melissa—Me ha hecho sentir como si volviera a ser la chica tonta de antes que la veía pasar por su lado y sentía como su corazón latía a un ritmo acelerado.
—No eres tonta—dijo Melissa con firmeza estrechándola entre sus brazos—Y no voy a permitir que nadie te haga sentir así, y mucho menos Natalie.
El tono protector usado por Melissa hizo que Anouk dejara escapar un profundo suspiro que llevaba tiempo reteniendo. Sentía su cuerpo tensos desde hacía minutos y esos momentos empezaba a poder relajarse, con Melissa sosteniéndola con fuerza mientras la acunaba ligeramente tratando de que dejara atrás todo eso que la atormentaba.
—Melissa —llamó Anouk en un susurro sintiendo cómo el nudo en el pecho empezaba a deshacerse—No sé que haría sin ti…
—Siempre estaré a tu lado —susurró Melissa suspirando—Para cuidarte y que te olvides de quien no merece darte tantos quebraderos de cabeza.
Mientras hablaba sus manos recorrían el cuerpo de Anouk llegando hasta su cadera, y Anouk se dejó llevar por esa sensación de seguridad que solo Melissa conseguía darle sintiendo que el silencio que reinaba en el vestuario apenas era perturbado por el sonido suave de sus respiraciones.
—Te voy a decir lo que vamos a hacer—continuó diciendo Melissa haciéndola girar con suavidad entre sus brazos—Ahora cuando salgamos por la puerta, nada de pensar en Natalie ni un segundo más. Hoy es un día especial y te prometo que voy a conseguir que te rías, que te relajes y que te olvides de todo lo demás.
—Me parece un buen plan—susurró Anouk sintiéndose cada vez más ligera—Contigo a mi lado, todo lo que hacemos siempre me parece bien.
Melissa inclinó la cabeza y buscó sus labios, dejando sobre ellos un breve beso cargado de sentimiento mientras la estrechaba de nuevo entre sus brazos como si no quisiera soltarla nunca.
—Me gusta mucho verte más animada—confesó contra sus labios.
Anouk le dedicó una sonrisa suave, de esas que parecían iluminarlo todo incluso ese vestuario tan apagado.
—Y si ya te encuentras mejor, sigamos con lo planeado—dijo Melissa devolviéndole la sonrisa mientras acariciaba un mechón suelto de su suave pelo—Vayamos al lago a darnos un refrescante baño.
Anouk asintió lentamente con la cabeza todavía sentía un leve nudo en el pecho, pero ya no era esa presión asfixiante de minutos antes. Melissa tenía ese efecto en ella, la hacía sentirse siempre mejor como si todo volviera a estar en su sitio.
Se separaron con pesar y terminaron de cambiarse de ropa, y una vez con sus bikinis puestos Melissa entrelazó sus dedos con los de Anouk y tiró de ella con un gesto ligero casi juguetón.
Anouk dejó escapar una risa pequeña, la primera desde hacía tiempo y sintió que sonrojaba al ver como Melissa se la quedaba observando como si fuera un regalo dándole un suave apretón en la mano antes de encaminarse hacia la puerta.
Mientras salían del vestuario Anouk podía sentir cómo la tensión se iba quedando atrás, como cada paso que daba la alejara un poco más de Natalie y de todo lo que había removido. Fuera le esperaba el sol, el lago y sobre todo Melissa, que siempre sabía cómo sostenerla sin pedir nada a cambio.
Continúa…
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