Incomplete 125

Incomplete 125

Fic TOLL de lyra

Capítulo 125

Después de la conversación mantenida con Louise y Tom donde ambos le habían mostrado una vez más su incondicional apoyo, Bill sentía que algo en su interior se había aflojado como si una pieza que llevaba demasiado tiempo fuera de lugar por fin encajara en su sitio. No era una transformación milagrosa ni un borrón y cuenta nueva, pero sí un pequeño giro lo bastante firme como para cambiarle el rumbo a ese día que prometía ser de lo más especial.

Había tomado la firme decisión de dejar atrás aunque fuera solo por unas horas todo eso que le desgastaba y que le hacía sentir pequeño, roto e insuficiente. Quería permitirse respirar sin miedo, mirar alrededor sin sentir ese nudo en el estómago y sobre todo disfrutar de ese día que tanto había esperado.

Por primera vez en mucho tiempo, Bill no quería sobrevivir la jornada.

Quería vivirla.

Se recostó en su tumbona y cogiendo aire profundamente dejó que el aire tibio del verano le llenara por dentro. El sol acariciaba su piel y por primera vez en mucho tiempo no sentía ese peso insoportable oprimiéndole el corazón. Tenía a Louise tumbada a su derecha con sus gafas de sol cubriéndole los ojos y a su izquierda tenía a Tom recostado también en su tumbona disfrutando de la paz que se respiraba en esa mañana.

Cerró los ojos disfrutando del murmullo del agua contra la orilla, de las voces lejanas que llegaban a sus oídos y del canto de los pájaros que hacían que su cuerpo se fuera poco a poco relajando.

—¡Son Anouk y Melissa!

La entusiasmada voz de Louise le hizo abrir los ojos e incorporarse, descubriendo dos siluetas familiares caminando tranquilamente por la orilla del lago cogidas con firmeza de la mano. A su lado Tom se puso en pie y nada más ver a las chicas les hizo una señal con la mano para que se reunieran con ellos.

Asi lo hicieron Anouk y Melissa tras intercambiar una silenciosa mirada, cambiaron el rumbo de sus pasos y se dirigieron a la zona de las tumbonas donde los demás llevaban toda la mañana descansando mientras que ellas no habían parado de trabajar duramente en el club.

—¿David ya os ha dejado libre? —preguntó Tom cuando llegaron a su lado.

—Sí, por fin podemos disfrutar del día —contestó Melissa suspirando—Íbamos a darnos un baño, ¿alguien se apunta?

Louise no tardó ni dos segundos en levantarse, dejando sobre la tumbona sus gafas de sol.

—Me apetece bañarme, voy con vosotras —dijo mientras se recogía el pelo—Georg se fue al club a pedir más comida y no creo que regrese en un buen rato.

—Yo también voy—se apuntó también Helen—Tenemos que admitir que hemos sido abandonadas nuestros hambrientos novios…

Melissa y Anouk se echaron a reír y al ver que nadie más se animaba echaron a andar hacia el lago seguidas de Helen y Louise.

—¿No te apetece ir con ellas? —preguntó Tom con la mirada fija en la lejanía.

—Prefiero quedarme aquí contigo —contestó Bill arrugando la frente.

No podía pasar por alto el serio gesto que Tom lucía, siguió su mirada hasta descubrir eso qué había captado su atención.

Andreas.

Venía caminando por la arena con paso relajado y también sin el uniforme del club. Eso solo podía significar que David también le había dado el resto del día libre a él también y había salido en busca de Tom.

—¿Quieres que os deje a solas? —preguntó levantándose de la tumbona.

—¿No te importa?—murmuró Tom tragando con esfuerzo.

Bill negó con la cabeza antes de despedirse de él con un beso breve y cálido, casi tranquilizador.

—Nos vemos luego—susurró contra sus labios.

Tom asintió con la cabeza y volvió a apoderarse de sus labios dejando en ellos un beso más largo. Cuando se separaron se quedaron mirándose a los ojos, diciéndose en silencio todo eso que no hacía falta expresar con palabras.

Solo entonces Bill se alejó hacia el lago donde las chicas ya disfrutaban de un agradable baño entre risas y bromas. Tom le siguió con la mirada hasta que se unió al grupo y solo entonces se puso en marcha para ir al encuentro de Andreas calzándose sus zapatillas y recogiéndose por el camino su largo pelo en un moño improvisado intentando aparentar calma mientras caminaba hacia él.

Andreas sonrió apenas al verlo acercarse, como si hubiera estado esperando exactamente ese momento.

—Hola —saludó cuando le tuvo a su lado— ¿Damos un paseo?

Tom asintió en silencio y ambos comenzaron a caminar lentamente por la playa, dejando que la brisa acariciara sus caras mientras avanzaban en silencio.

Bill los observó alejarse desde le lago sin poder evitar que un pequeño nudo de inquietud se le formara en el estómago. Sabía que aún quedaban demasiadas cosas sin resolver entre ellos, habían estado hablando apenas unos minutos y lo que Andreas llevaba dentro no era algo que pudiera resolverse con una conversación rápida.

Era grande y muy profundo, necesitaría mucho tiempo para poder ordenarlo, entenderlo y aceptarlo.

Y no era la única persona que los observaba alejarse, a su lado Melissa no podía apartar la mirada de Andreas rezando para que pudiera por fin pasar página.

—Andreas no lo está llevando bien —comentó con un tono suave casi triste.

—Tom tampoco—dijo Bill suspirando—No es su intención hacerle daño, pero no puede evitarlo.

—Porque no puede darle eso que Andreas tanto quiere —susurró Melissa arrugando la frente.

Bill sintió un nudo en la garganta al escuchar en voz alta eso que tanto le afligía, le dolía ver a Andreas tan perdido aferrado a algo que ya no existía. Pero Tom ya había tomado su decisión hacía tiempo, en cuanto se dio cuenta de que lo suyo no tenía futuro y prolongarlo solo los hería a ambos.

—Tom está conmigo ahora —dijo en voz baja, más para sí mismo que para Melissa—Y Andreas tiene que aceptarlo para poder seguir adelante, ya sea con Víctor o sin él.

—Ojalá lo entienda pronto —murmuró Melissa mirándole con una mezcla de comprensión y tristeza—Porque ninguno de ellos merece seguir sufriendo.

Bill continuaba con la mirada fija en la orilla por donde Tom y Andreas caminaban lentamente en silencio, y desde allí casi podía sentir la tensión que flotaba entre ellos mientras se preguntaba qué estaría pasando por sus cabezas en ese preciso momento.

&

Cansado de pasarse toda la mañana encerrado en el bungalow de Melissa, Víctor se incorporó del sofá con la firme decisión de aprovechar su día libre como el resto de sus compañeros. No podía seguir viviendo atrapado en el mismo pensamiento, dándole vueltas una y otra vez a lo mismo.

Andreas… y esa atracción inevitable que sentía por Tom.

Ya lo habían hablado dejándolo bien claro, nada iba a cambiar y por mucho que le doliera tenía que aprender a seguir adelante aunque en el fondo del alma sintiera cómo algo se desgarraba.

Fue al baño y se lavó la cara, observándose en el espejo mientras se secaba con la toalla. Su aspecto era un desastre, pero eso era lo de menos. Cogió aire profundamente tratando de recomponerse y salió del baño recogiendo el móvil que había dejado sobre la mesita del salón, viendo por encima un mensaje de su madre preguntándole si ya estaba mejor y otro de Anouk del mismo estilo.

Nada más.

Ni una llamada de Andreas, ni un mensaje suyo…ni una mínima señal de preocupación.

Eso era lo que realmente le dolía, ese vacío en el que Andreas le había arrojado.

Sacudió la cabeza y guardándose el móvil en el bolsillo trasero de sus vaqueros salió del bungalow. Decidió caminar hasta el club siguiendo el sendero que bordeaba el lago, esperando que el aire fresco le despejara un poco.

No podía negar que estaba disfrutando del paisaje y el sonido de los pájaros le hacía sentirse mejor de lo que se imaginaba, pero cuando estaba llegando al lago se paró del golpe al reconocer dos siluetas en la lejanía.

Tom y Andreas, paseando juntos.

Sintió como el estómago se le encogía de golpe al tiempo que la rabia le subía como un latigazo inesperado y ardiente, imposible de contener. Por mucho que intentara convencerse de que debía pasar página, la realidad seguía golpeándole donde más dolía.

Y allí estaba la prueba, caminando delante de él.

Decidió cambiar el rumbo de sus pasos y aunque aquel otro sendero daba un rodeo considerable, lo tomó sin pensárselo dos veces con tal de no cruzarse con ellos. No tenía más fuerzas para fingir que verlos juntos ya no le afectaba.

Cuando llegó al club fue directo a la cocina, quería que su madre y Anouk vieran con sus propios ojos que estaba más o menos bien y que no había nada de qué preocuparse.

Entró por la puerta que comunicaba con el parking y arrugó la frente al no ver a su hermana como esperaba, en su lugar estaban Alison y Steve ayudando a su madre, quien al verlo soltó un pequeño grito de sorpresa.

—¡Víctor! —exclamó Rose secándose las manos en el delantal.

Corrió hacia él y lo envolvió en un abrazo cálido y firme, de esos que siempre lograban desarmarlo. Víctor cerró los ojos un instante dejándose sostener por su madre.

—¿Te encuentras mejor? —preguntó Rose con esa preocupación que nunca sabía disimular— ¿Quieres comer algo?

No le dio tiempo a responder, en cuanto lo soltó lo tomó del brazo y lo acompañó hasta la mesa que había bajo la ventana obligándolo a sentarse pidiéndole a Alison que vigilara el horno mientras ella le preparaba algo ligero.

—Seguro que estás hambriento —murmuró Rose mientras abría la nevera.

Víctor apoyó los codos en la mesa y dejó caer la mirada suspirando, no sabía si tenía hambre pero agradecía ese gesto. Agradecía que al menos hubiera alguien que se preocupara por él.

Rose dejó sobre la mesa el paquete de mantequilla y cogiendo pan empezó a untarlo con movimientos rápidos y precisos, como si preparar un simple sándwich fuera una forma de cuidar a su hijo sin tener que decir demasiado.

—David está dejando libres a los del turno de la mañana y Anouk ha sido una de los afortunados—comentó mientras colocaba unas lonchas de pavo y queso—Seguramente estará en el lago divirtiéndose con Melissa.

Víctor asintió sin levantar la mirada frotándose las manos con inquietud, como si necesitara algo que hacer para no pensar.

—Mejor para ellas —murmuró.

Rose se le quedó observando de reojo, conocía demasiado bien ese tono. Dejó el cuchillo a un lado y se acercó a él, apoyando una mano en su hombro.

—Cariño… —dijo con voz era suave—Sabes que no tienes que fingir conmigo.

Víctor tragó con esfuerzo, no quería hablar otra vez del tema, no quería abrir esa herida que apenas había logrado cerrar un poco. Pero el simple gesto de su madre, esa calidez tan familiar, le aflojó la coraza.

—Estoy bien —mintió sin demasiada convicción.

Rose no insistió, sabía cuándo empujar y cuándo no. Volvió a la encimera, terminó de montar el sándwich y lo colocó frente a él con un vaso de limonada.

—Come algo, te hará bien—pidió en voz baja.

Víctor tomó el sándwich entre las manos y aunque no estaba seguro de tener hambre le dio un mordisco para satisfacción de su madre. El simple acto de masticar le dio una sensación extraña de normalidad, como si por un momento pudiera olvidar lo que había visto en el camino.

Tom y Andreas.

La imagen volvió a su mente como un golpe seco, sintió un nudo en el estómago pero lo disimuló bajando la mirada hacia el plato.

—Está muy rico, mamá —comentó con dificultad.

Rose sonrió acariciándole el pelo como cuando era niño, sintiéndose algo mejor de verle comer con cierto apetito.

Víctor siguió comiendo concentrado en el murmullo de la cocina, el olor del horno, la luz cálida entrando por la ventana… todo eso que contrastaba con el torbellino que llevaba dentro. Pero al menos allí, en ese pequeño rincón del club, sentía que podía respirar.

Aunque fuera solo un poco.

Intentó concentrarse en el sándwich, pero sentía la mirada de su madre como un peso suave pero insistente.

— ¿Has podido descansar algo?—preguntó Rose, con esa mezcla de intuición y ternura que siempre lo desarmaba.

—He dormido un poco—contestó Víctor apretando los labios.

—Mmm… —murmuró Rose ladeando la cabeza, claramente sin creérselo— ¿Y has vuelto a hablar con Andreas?

El nombre cayó como una piedra en el estómago de Víctor, tragó con esfuerzo dejando el sándwich sobre el plato.

—Mamá, no quiero hablar de él—dijo con firmeza Víctor.

—Solo me preocupa que estés bien —insistió Ros dando un paso más cerca—Sabes que no tienes que cargar con todo tú solo, que Anouk y yo estamos a tu lado y…

—Estoy bien —repitió Víctor, esta vez con un tono más brusco de lo que pretendía.

Rose abrió la boca para decir algo más, pero Víctor ya se había levantado. El aire en la cocina se le hacía demasiado denso, demasiado lleno de preguntas que no quería responder.

—Voy a… a dar una vuelta —murmuró evitando la mirada de su madre.

—Víctor…—llamó Rose muy preocupada.

—Luego hablamos, ¿vale?—dijo Víctor con cierta brusquedad.

Salió de la cocina casi a la carrera, buscando desesperadamente un poco de espacio para respirar. Utilizó esa vez la puerta que comunicaba con el club y al girar por el pasillo casi chocó con alguien por huir desesperadamente de su madre.

—Ey, tranquilo —dijo una voz familiar.

Era Lukas.

El chico le miraba con una sonrisa relajada y ese aire despreocupado que siempre parecía arrastrar consigo. Víctor sintió cómo la tensión en su pecho aflojaba apenas un poco.

—Perdona —se disculpó pasándose una mano por el pelo.

—No pasa nada, iba a preguntar a tu madre por ti—dijo Lukas cruzándose de brazos—No te he visto en toda la mañana y me tenías algo preocupado.

—Yo…no me sentía bien y estaba descansando—explicó por encima Víctor.

—Vaya, ¿y ya te encuentras mejor?—preguntó preocupado Lukas.

—Si, gracias—contestó carraspeando Víctor.

—Estupendo—dijo Lukas sonriendo—Porque David me ha dejado libre al fin y pensaba ir al lago a nadar un rato.

—¿Ahora?—preguntó Víctor parpadeando, aturdido aún por lo oportuno del encuentro.

—Sí, ¿te vienes conmigo?—invitó Lukas

La invitación fue tan natural y tan sencilla, que Víctor no tuvo que pensarlo más tiempo. Después de la mañana que llevaba y de lo que había visto en el camino… necesitaba aire, agua y movimiento. Necesitaba no pensar.

—Sí —respondió sin dudar—Me voy contigo.

—Pues ve a ponerte el bañador, te espero fuera—dijo Lukas sin dejar de sonreír en ningún momento.

Víctor asintió con la cabeza y se dirigió a los vestuarios sintiendo que por primera vez en todo el día que quizás gracias a al compañía de Lukas podía escapar de ese dolor que lo perseguía.

Aunque fuera por un momento.

&

Sus pasos les habían llevado hasta el final del la playa y ante ellos se abría el sendero que conducía al camping. Apenas habían intercambiado palabra cada uno sumido en sus propios pensamientos, conscientes de que aquella conversación pendiente aún no había terminado.

—Hablé con David —dijo Tom deteniendo sus pasos y rompiendo al fin el tenso silencio—Le pedí que hablara de mí a su amigo para trabajar en su club…

—No quiero volver a perderte —lo interrumpió Andreas incapaz de contenerse—Quiero decir… como amigo. No quiero que te vayas por mi culpa, este club es tan tuyo como mío.

—No, no lo es —dijo Tom con firmeza—Es verdad que me siento muy a gusto trabajando aquí, me encanta el ambiente y los compañeros pero tú estabas primero. No puedo quedarme sabiendo el daño que te hago, a ti y a Víctor.

Andreas escuchaba en silencio sintiendo cómo le faltaba el aire, no podía imaginar que sus caminos volvieran a separarse después de haber pasado más de un año viviendo lejos el uno del otro porque él no podía dejar de pensar en Tom de esa manera tan intensa.

—Además, no me iré muy lejos —continuó diciendo Tom—Vamos a vernos muy a menudo, y quiero que veas el apartamento que el padre de Bill me ha cedido. Está en Potsdam, es enorme y tiene unas vistas espectaculares.

—¡Me da igual el maldito apartamento! —estalló Andreas sin poder contenerse—No quiero que te vayas por mi culpa, yo…prometo cambiar.

—Andreas, no puede ser —repitió Tom con firmeza.

—Prometo olvidarme de ti, pero… no te vayas, por favor —suplicó Andreas al borde del llanto.

Sentía los ojos llenos de lágrimas y una impotencia creciente, sin saber qué más decir para convencerle de que se quedase.

—No quiero que llores por mí —pidió Tom con suavidad—Ni que estés así por mi culpa, solo quiero que retomes tu vida como era antes de que yo volviera trabajando en el club, divirtiéndote con tus amigos… Y a mí me tendrás cerca.

—No tanto como yo quisiera —confesó Andreas sin poder contenerse.

Tom resopló al escucharle, sentía que nada de lo que decía lograba llegar a Andreas, empeñado en aferrarse a él a pesar de todo.

—Lo siento—se disculpó Andreas cogiendo aire—Siento mucho decirte estas cosas y que pienses que jamás lograré olvidarte, pero te juro que me estoy esforzando. Aunque me lleve tiempo sé que algún día lo conseguiré.

—¿Y qué va a pasar con Víctor? —quiso saber Tom—No puedes seguir con él si aún sientes algo por mí, ni pedirle que te espere hasta que logres olvidarme. No sería justo para él.

—No sé qué hacer con él —admitió Andreas sintiéndose derrotado—Me gusta mucho, pero no tanto como tú. Y es una buena persona, está a mi lado aun sabiendo lo mal que lo estoy pasando, sabiendo que no puedo dejar de pensar en ti. Se preocupa mucho por mí, intenta ayudarme a superarte… No me lo merezco, lleva toda la mañana descansando porque se sentía mal y no he pensado en él ni un segundo. Ni siquiera le he llamado o enviado un mensaje para saber cómo está…

—Pues ve a por él —dijo Tom con suavidad—Ve a su lado y dile lo mucho que lo sientes, y que agradeces todo lo que está haciendo por ti.

Andreas bajó la mirada, sintiendo cómo el peso de las palabras de Tom se le clavaba en el pecho.

—Él ya lo sabe… —murmuró suspirando.

—¿Pero se lo has dicho alguna vez? —insistió Tom.

Andreas volvió a negar con la cabeza, esta vez más despacio como si el gesto le doliera.

—Debes decírselo —insistió Tom, con una calma que contrastaba con el temblor que veía en Andreas—Dile que jamás podrás agradecerle lo suficiente todo lo que está haciendo por ti.

Andreas tragó con esfuerzo clavando la mirada en el sendero que se abría ante de ellos, estrecho y silencioso, como si estuviera cometiendo la respiración esperando su respuesta.

—No sé si puedo —admitió al fin—No sé si tengo fuerzas para mirarle a los ojos y decirle que… que sigo roto por dentro.

Tom suspiró, no con impaciencia sino con una tristeza suave y resignada.

—Precisamente por eso debes hacerlo —murmuró—Porque él merece saber todo lo que te pasa y tú mereces dejar de castigarte por sentir lo que sientes.

Andreas se frotó la cara con ambas manos, intentando contener las lágrimas que amenazaban con desbordarse otra vez.

—Es que… no quiero perderle a él tampoco—confesó sintiendo que se le quebraba la voz—No quiero perder a nadie.

Tom dio un paso en su dirección sin llegar a tocarle, pero lo bastante para que Andreas sintiera su presencia como un ancla.

—No vas a perder a nadie —dijo con firmeza—Solo tienes que dejar de luchar contra ti mismo, y dejar de luchar contra mí.

—Ojalá fuera tan fácil—susurró Andreas mirándole con los ojos brillantes y vulnerables.

—Nunca lo ha sido entre nosotros—murmuró Tom sonriendo con tristeza.

El silencio volvió a caer entre ambos, pero esta vez no era tenso, sino lleno de algo más profundo. Había aceptación, dolor, cariño… y un adiós que aún no se habían atrevido a pronunciar.

—¿Entonces… qué vas a hacer? —preguntó Tom en voz baja tras unos segundos.

—Voy a verle —contestó Andreas con una firmeza que sorprendió incluso a él mismo—Está en el bungalow de Melissa, no pienso volver al club si no es con él cogido firmemente de mi mano.

Tom sonrió al escucharle sintiendo mucho alivio al ver que había logrado hacer que recapacitara, y aunque se moría por abrazarlo para transmitirle un poco de fuerza tuvo que contenerse. Temía que cualquier gesto pudiera confundirse, que Andreas interpretara cariño donde él solo quería ofrecer apoyo.

—Eso está muy bien —dijo con suavidad sin moverse de donde estaba—Y es lo correcto.

Andreas asintió con la cabeza aunque sus ojos seguían brillando con esa mezcla de miedo y determinación.

—Gracias… —dijo de repente en un susurro—Por no rendirte conmigo y por seguir a mi lado incluso cuando te lo pongo tan difícil.

—No tienes que agradecerme nada—murmuró Tom mirándole con una expresión que mezclaba ternura y cansancio—Solo quiero que estés bien y que dejes de castigarte por sentir lo que sientes.

Andreas cogió aire profundamente como si esas palabras le dieran un poco de aire.

—Voy a intentarlo —susurró suspirando—Y esta vez de verdad, con todas mis fuerzas.

—Lo sé —dijo Tom asintiendo con la cabeza—Y Víctor también lo sabe, tienes que darle la oportunidad de estar a tu lado como tú necesitas.

El viento movió las hojas de los árboles sobre sus cabezas, y por un momento el sendero pareció más luminoso y menos pesado. Andreas se volvió hacia el sabiendo que le llevaría hasta el camping y echó a andar con paso decidido.

Tom lo observó alejarse unos pasos, con el corazón apretado pero tranquilo sabiendo que era lo mejor para ambos.

—Andreas —lo llamó antes de que se alejara demasiado viéndole volverse—Estoy muy orgulloso de ti.

Andreas cerró los ojos un instante, como si esas palabras le dolieran y lo sanaran al mismo tiempo. Luego asintió en silencio sin poder articular palabra y siguió caminando hacia el bungalow donde Víctor lo estaba esperando sin saber que iba a reunirse con él con su decisión firmemente ya tomada.

&

Se sentía cómodo en el lago en compañía de las chicas y aunque reía con ellas y seguía sus bromas mientras sentía el sol acariciando su piel, pero aun así sentía algo dentro de él no lograba relajarse del todo.

Por más que intentara distraerse su mente volvía siempre al mismo punto.

Tom y Andreas.

Se dejó caer hacia atrás en el agua suspirando y se quedó flotando unos segundos con los ojos cerrados, el agua estaba fría pero no lo suficiente como para apagar el calor que llevaba dentro desde que Tom se había marchado con Andreas.

No sabía por qué le afectaba tanto, sabía con certeza que Tom solo iba a dejarle las cosas claras a Andreas. Pero no podía evitar sentirse algo celosos porque su novio estuviera en compañía de su ex novio paseando por el lago.

Los había perdido de vista, el camino escogido llevaba además hasta las dunas donde ellos habían compartido un maravilloso momento a primera hora de la mañana y no podía evitar pensar que estando tan lejos y en un sitio tan íntimo quizás…

Sacudió la cabeza riñéndose a si mismo, Tom jamás le haría eso.

Abrió los ojos de golpe y se incorporó en el agua dejando de flotar sintiendo a Louise a su lado.

—Estás muy serio—comentó Louise salpicándole con una sonrisa traviesa.

—Solo disfruto del agua—murmuró Bill esbozando una sonrisa con esfuerzo.

—¿O disfrutas pensando en alguien? —preguntó Louise en voz baja sin poderse contener.

Bill sintió que se sonrojaba, Louise había acertado en parte. No podía dejar de pensar en Tom pero no en el sentido que ella se figuraba, y no podía dejar de sentirse incómodo por como le estaba observando en silencio como si pudiera leerle la mente.

Y no quería que lo hiciera porque su mente se hallaba en esos momentos muy lejos pensando en qué estaría pasando realmente entre Tom y Andreas.

Quizás estaba viendo cosas donde no las había, quizás estaban hablando tal y como Tom le había dicho que harían. Pero no podía dejar de presentir que había algo más, lo supo en cuanto vio a Tom alejarse sin volver la vista atrás.

Sentía que le costaba respirar, y como se le había formado un nudo en el estómago.

—¿Estás bien?—preguntó Louise preocupada.

—Sí—contestó Bill tragando con esfuerzo—Solo… estoy algo cansado.

Pero no era verdad, lo que sentía era una inquietud y una sensación absurda de que Tom no debería estar a solas con Andreas, de que algo en esa combinación no encajaba. O quizá era él quien no encajaba en la idea de verlos tan juntos cuando sabía que uno de los dos tenían aún esos sentimientos tan fuertes imposibles de ignorar.

Louise dio un paso en su dirección y puso las manos sobre sus hombros para tratar así de tranquilizarle. Porque sabía exactamente por lo que estaba pasando, no le gustaba la idea de que Tom y Andreas se hubieran ido a dar un paseo juntos.

—Tienes que relajarte, Bill—pidió en un susurro— No va a pasar nada entre ellos.

—Lo sé—murmuró suspirando Bill—Pero es que no puedo evitarlo, cada vez que cierro los ojos veo a Tom alejándose con Andreas entre los árboles. Y ya no sé si lo que siento es preocupación… o celos.

—Tom está locamente enamorado de ti—dijo con firmeza Louise—No hay más que veros juntos, no puede dejar de mirarte con esos ojos tan brillantes…recuerdo la primera vez que le vimos en el club, detrás de la barra parecía que iba a desnudarte con la mirada.

Bill sonrió al escuchar sus palabras, y esa vez su sonrisa fue mucho más sincera que la de antes.

—Andreas lo está pasando muy mal, ya lo sabes—siguió diciendo Louise en voz baja—Y Tom es solo un buen amigo que está tratando de ayudarle, y que jamás haría nada que a ti te pudiera molestar. Debes confiar en él.

Bill asintió con la cabeza, claro que confiaba ciegamente en Tom. No tenía ningún motivo real para sentir ese nudo en el pecho y esos celos absurdos solo porque se habían ido juntos, como si realmente pudiera pasar algo entre él y Andreas.

Aun así, la inquietud seguía ahí clavada como una espina.

—¡Víctor!

La voz de Anouk lo hizo sobresaltarse rompiendo de golpe el hilo de sus pensamientos, el agua se agitó a su alrededor cuando vio a Anouk echar a nadar hacia la orilla. Entonces vio a Víctor entrando en el agua en compañía de Lukas, hasta que Anouk llegó a su altura y se fundió en un fuerte abrazo con su hermano.

Intentó recomponerse antes de que ellos se acercaran, no quería que nadie y mucho menos Víctor notara lo alterado que se sentía por dentro.

—No le des más vueltas—susurró Louise—Disfruta del día tal y como habíamos planeado.

Bill asintió con la cabeza pero su mirada volvió inevitablemente hacia el lugar por donde Tom había desaparecido minutos antes en compañía de Anderas.

Y por un instante, deseó que fuera él quien estuviera en esos momentos entrando en el lago y no Víctor.

—¡Por fin apareces! —exclamó Anouk sin soltar a su hermano— ¿Qué tal estas? Me tenías muerta de preocupación.

Víctor soltó un suspiro cansado mientras trataba de no perder el equilibrio debido a la fuerza de ese abrazo.

—Estoy bien, Anouk—contestó rodeando a su hermana con un brazo—Solo necesitaba despejarme un poco.

Anouk se separó lo justo para observarle con mucha atención, notando que tenía los ojos enrojecidos como si hubiera dormido mal… o hubiera estado llorando.

—¿Ha podido hablar con Andreas otra vez? —preguntó en voz baja.

Víctor apretó la mandíbula al escuchar otra vez la misma pregunta que su madre le había hecho en la cocina, sintiendo fija en él la mirada de Lukas que se había quedado unos pasos atrás para darles cierta privacidad.

—No quiero hablar de eso ahora —murmuró resoplando.

Anouk lo sabía, pero no había podido evitar preguntarle porque estaba cansada de ver como Andreas llevaba días tratándolo de esa manera tan fría incapaz de ocultar que Tom ocupaba demasiado espacio en su cabeza. Y su hermano estaba pagando el precio, le dolía mucho verle en ese estado incapaz de hacer nada por ayudarle.

Desde donde estaba Bill no había escuchado nada de la conversación mantenida pero viendo la cara de Víctor estaba totalmente seguro de quien era el culpable de su estado. y una vez más sintió un vuelco extraño en el pecho.

Otra vez Tom.

Siempre era Tom.

Melissa se acercó también a saludar a Víctor tratando de actuar con normalidad ante Louise, Helen y Lukas que no estaban tan enterados de lo que le pasaba a Víctor.

—Víctor, vamos a nadar un rato—dijo con una sonrisa suave—Hace mucho calor y te vendrá bien.

—Venga, echemos una carrera—propuso Anouk.

—No tengo muchas ganas—murmuró Víctor arrugando la frente.

—Pues las haces—replicó con firmeza Anouk tirando de su brazo—No pienso dejar que Andreas te arruine el día.

Víctor se dejó llevar y Lukas fue también tras ellos.

— ¡Vamos!—dijo Melissa tratando de animarles—El agua está buenísima.

Tanto ella como Lukas empezaron a nadar con fuerza seguidos de Helen quien se animó también a participar en esa carrera improvisada mientras que Anouk seguía tirando del brazo de su hermano, pero al llegar a la altura donde Louise y Bill se encontraban Víctor no pudo evitar que sus miradas se encontraran.

Se quedaron observando en silencio sintiendo la tensión que flotaba en el ambiente en esos momentos y sintiendo también el nombre de Tom flotar entre líneas incluso cuando nadie lo pronunciaba en voz alta.

Y por un instante, ambos sintieron que todo estaba conectado de una forma que ninguno de ellos quería admitir.

—Nos están ganando —comentó Anouk rompiendo el tenso silencio que se había instalado entre ellos.

Víctor asintió con la cabeza, no tenía muchas ganas de participar en aquella carrera pero aun así empezó a nadar con fuerza deseando alejarse de la mirada de Bill y de todo lo que llevaba encima. Anouk fue tras él al momento decidida a no dejarle solo ni un segundo mientras que Bill y Louise se quedaron quietos donde estaban observando cómo se alejaban entre salpicaduras.

—¿Te apetece nadar un poco? —preguntó Louise en voz baja como si temiera romper algo más que el silencio.

Bill negó con la cabeza sin dudarlo, no tenía más energía para fingir entusiasmo. Louise le entendió al momento y sin decir nada más ambos comenzaron a salir del agua caminando lentamente hacia la orilla sintiendo como el sol les calentaba la piel húmeda pero ni siquiera eso lograba aliviar la sensación pesada que Bill sentía en el pecho.

Regresaron a las tumbonas dejando atrás el bullicio del lago, Louise se acomodó con elegancia en la suya estirando las piernas mientras que Bill ocupaba otra suspirando mientras intentaba no mirar hacia el lugar por donde Tom había desaparecido minutos antes.

—Sigues preocupado por él, ¿verdad?—preguntó Louise sin poderse contener.

Bill apretó los labios sin querer responder, no hacía falta.

—A veces, lo que más intentamos ignorar es justo lo que más ruido hace—murmuró Louise acomodándose en la tumbona y cerrando los ojos.

Bill tragó con esfuerzo sintiendo que a pesar de la distancia, Tom seguía haciendo mucho ruido.

Entonces lo vio.

Venía caminando por la playa con el sol detrás de él y levantando arena con cada uno de sus pasos Bill sintió cómo algo dentro de su pecho se aflojaba de golpe como si hubiera estado conteniendo la respiración sin darse cuenta y no se lo pensó, se levantó de la tumbona y echó a correr hacia él.

Fue a su encuentro lo más rápido que pudo recorriendo los metros que los separaban viendo como Tom abría los brazos para recibirlo. Bill se fundió contra su pecho en un abrazo que le salió demasiado rápido, fuerte y sincero como para disimularlo.

Tom le estrechó con fuerza entre sus brazos sintiéndole acurrucarse contra él y como sus manos se aferraban desesperadas a su espalda.

—¿Tanto me has echado de menos? —preguntó contra su pelo—Si solo han pasado unos minutos.

Bill cerró los ojos mientras trataba de recuperar el aliento, para él habían sido horas el tiempo que habían permanecido separados mientras que por su cabeza pasaban imágenes de él y Andreas caminando juntos cogidos de la mano e incluso besándose apasionadamente mientras se revolcaban en la arena.

— ¿Bill?—llamó Tom preocupado al ver que no contestaba y le sentía temblar entre sus brazos.

—No vuelvas a alejarte de mi—contestó Bill en un susurro—Te he echado mucho de menos y he creído ver lo que no era…

Tom lo estrechó un poco más tratando de consolarle.

—Ya estoy aquí —susurró Tom muy cerca de su oído— ¿Ha pasado algo en mi ausencia?

Bill negó con la cabeza, lo único que había pasado era que se había sentido muy solo y había dejado que su imaginación le jugara una mala pasada.

Desde su tumbona Louise observaba la escena con una amplia sonrisa en los labios como si hubiera estado esperando exactamente ese momento mientras que desde el lago Víctor era testigo de ese abrazo y tras unos segundos observando tuvo que desviar la mirada al sentirse incómodo.

Pero Bill no fue consciente de nada de eso, solo sentía el fuerte latido de Tom contra su pecho y por primera vez en esos minutos que tan angustiado se había sentido el nudo que había sentido en su estómago empezó a deshacerse lentamente.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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