Incomplete 16

Incomplete 16

Fic TOLL de lyra

Capítulo 16

Mientras en la planta de abajo la fiesta estaba en pleno apogeo.

Georg bailaba con Louise con movimientos sincronizados como si compartieran un lenguaje secreto que solo conocían ellos. Louise reía con la cabeza echada hacia atrás, y Georg la sostenía por la cintura con sus manos haciendo que moviera sus caderas al compás de la música.

A unos pasos de ellos, Víctor y Andreas conversaban cerca de la barra cada uno con una copa en la mano. Andreas tenía su camisa medio desabrochada y hablaba con entusiasmo mientras Víctor asentía más relajado, pero con esa chispa en los ojos que indicaba que ya tenía algo en mente.

—¿Y si nos largamos a otro sitio? —sugirió Víctor alzando una ceja con esa chispa que siempre anunciaba alguna travesura de las suyas—Este lugar ya está saturado, vamos al Keller.

El Keller era otro club en auge, más íntimo que el Sisyphos, pero con una atmósfera más auténtica. Nada de clientes vips ni poses forzadas, solo buena música, luces tenues y gente que sabía perderse en la noche. Allí podrían respirar con más tranquilidad.

—No tenemos coche —le recordó Andreas con un suspiro—¿Vamos a pillar un taxi para ir al Keller y luego otro para volver a casa? ¿Sabes por dónde nos va a salir eso?

—Relájate, el dinero no es problema —dijo Víctor con una amplia sonrisa.

Sabía que Gustav era básicamente un cajero automático con piernas que pagaría lo que fuera para que él mantuviera la boca cerrada. Si les acompañara con el resto del grupo, fijo que podría llevarle a un rincón aparte y pedirle un sutil adelanto por todos los futuros servicios que sabía que le iba a pedir.

Porque llevaba escrito en la cara con letras grandes lo necesitado que estaba.

—O mejor aún—murmuró Víctor echando un vistazo a su alrededor—Vamos a ir gratis. Ven, sígueme.

Echó a andar seguido de Andreas quien no tenía ni la menor idea de lo que se traía entre manos. Cruzaron la pista de baile esquivando cuerpos sudorosos y llegaron donde Georg y Louise seguían bailando fuertemente abrazados como si el mundo se fuera terminar esa noche.

—Nos vamos al Keller, ¿os apuntáis?—invitó Víctor interrumpiendo su baile.

—¿Al club Keller?—repitió Georg sin soltarse de Louise— ¿Ese con la pista subterránea, luces rojas y donde cada noche toca un DJ que parece salido de una fiesta clandestina en Berlín Este?

—Ese mismo —confirmó Víctor con una sonrisa—Y hoy toca uno que mezcla techno con jazz. Suena raro, pero te juro que funciona.

Georg giró hacia Louise, buscando su reacción.

—¿Te apetece? —preguntó dejando la decisión en sus manos.

—Dependerá de lo que digan los demás —respondió ella en voz baja sin querer comprometerse del todo.

—¿Siempre tenéis que ir en grupo a todos lados como si fuerais una excursión escolar?—no pudo evitar preguntar Víctor—Además, desde que os dejaron solos os lo habéis pasado mil veces mejor que allá arriba sentados toda la noche en el reservado rodeados de copas de champán y silencios incómodos.

Georg tuvo que darle la razón. Desde que él y Louise se quedaron a solas bailando en la pista de abajo la noche había cambiado de color. Mucho mejor que soportar las pullas entre Alexander y Natalie, mientras el resto se limitaba a observar en sepulcral silencio como si estuvieran viendo una obra de teatro que no entendían.

—¿No queda muy poco lejos de aquí, verdad? —preguntó Georg dirigiéndose a Víctor.

No pensaba molestarse en consultar con los demás. El ya había tomado una decisión.

—Está a un paso —respondió Víctor con una sonrisa cómplice—Diez minutos en coche, como mucho.

—Perfecto, vámonos—dijo Georg con determinación—Les mandamos un mensaje con la dirección y que vengan si quieren. No pienso pasarme la noche viendo cómo discuten entre ellos.

Louise asintió en silencio. Siempre era igual, ella y Georg salían de fiesta con ellos con la esperanza de divertirse pero acababan atrapados en las tensiones ajenas. A veces sentía que ni siquiera los veían, como si fueran meros acompañantes en un drama que no les pertenecía. No entendía por qué seguían quedando con unos amigos que no se respetaba ni entre ellos.

Aunque había una excepción.

Una persona que Louise no quería dejar atrás.

— ¿Y Bill?—preguntó en voz baja preocupada.

—¿No habíamos acordado dejar que Bill tomara sus propias decisiones?—le recordó Georg—Quiere estar con Alexander, y por mucho que nosotros digamos o hagamos no vamos a lograr que cambie de opinión.

Louise bajó la mirada sabiendo que tenía razón. Pero aún así, algo dentro de ella se resistía a dejarle solo. Bill era más frágil de lo que aparentaba, y Alexander… sabía cómo romper a alguien sin siquiera tocarlo.

—Decidido, nos vamos al Keller con vosotros—dijo Georg con firmeza mirando a sus nuevos amigos.

Víctor sonrió satisfecho con su decisión y todos se pusieron en marcha. Atravesaron la pista de baile y salieron del Sisyphos sin perder más tiempo. Caminaron por el aparcamiento, esquivando a las personas allí reunidas, algunos habían salido a fumar, otros a tomar algo de aire fresco y otros tal y como había dicho Melissa estaban sólo ahí para ver el ambiente y disfrutar de la música que resonaba en el aire.

—¡Qué idiota soy! —exclamó Víctor de pronto, golpeándose la frente con teatralidad— Se me olvidaba que Melissa se llevó el coche cuando se largó con Tom.

—No hay problema, os llevo en el mío—ofreció Georg sin pensarlo dos veces

—Es muy generoso de tu parte—dijo Víctor con una sonrisa que no terminaba de ser sincera—Si tuviéramos que ir andando se nos haría eterno y no estoy para peregrinajes.

Siguieron caminando hasta donde Georg tenía aparcado su Porsche blanco, reluciente bajo la luz tenue de las farolas. Mientras avanzaban Víctor le guiñó un ojo a Andreas muy satisfecho.

Todo estaba saliendo tal y como había planeado.

&

Natalie avanzaba con paso firme por el reservado como si supiera exactamente lo que iba a decir y no pensara suavizarlo. Se detuvo frente al rincón donde Alexander y Bill parecían tener su fiesta particular, sumidos en su propio universo ajenos a todo lo que les rodeaba. Cruzó los brazos con gesto cortante, la mirada fija y el tono helado.

—Perdón por interrumpir de nuevo—dijo Natalie aunque su voz no contenía ni una pizca de disculpa—Pero si ya habéis terminado con vuestra función es hora de irnos.

Bill se apartó ligeramente de Alexander incómodo por la interrupción mientras se pasaba una mano por el pelo intentando recomponerse.

Alexander alzó la mirada con una mezcla de irritación y sorpresa, como si le molestara que alguien rompiera el hechizo.

—¿Tan pronto? —inquirió Alexander.

—Tan tarde —corrigió Natalie—Esta fiesta ya dio todo lo que tenía que dar, y algunos ya han dado más de lo que deberían.

La frase quedó flotando en el aire, cargada de intención. Alexander le sostuvo la mirada, como si intentara descifrar si sabía algo más de lo que aparentaba.

—¿Y los demás? —preguntó en voz baja.

—Georg y Louise seguirán abajo bailando, ellos si que saben como divertirse—respondió Natalie resoplando—Gustav ha regresado del baño un tanto descompuesto y solo faltabais vosotros.

Alexander frunció el ceño, percibiendo que la respuesta de Natalie escondía algo más del estado de su novio que una simple borrachera que era lo que había dado a entender. Bill a su lado se limitó a mirar al suelo como hacía siempre cuando la tensión le incomodaba más de lo que quería admitir.

—¿Qué ha hecho ahora? —insistió Alexander con tono más serio.

Natalie se encogió de hombros fingiendo indiferencia pero sus ojos la traicionaban. Alexander podía ver en ellos que ella sabía algo que no pensaba revelar tan fácilmente.

—Nada que no haya hecho antes —respondió secamente—Solo que esta vez se ha excedido y créeme, no es el alcohol lo que lo ha dejado en ese estado.

Natalie dio media vuelta sin esperar respuesta y echó a andar sin molestarse en ver si la seguían o no. Alexander se volvió e interrogó con la mirad a Bill, quien asintió en silencio con la cabeza. Entonces le cogió de la mano y se pusieron en marcha siguiendo los pasos de Natalie.

Se dirigieron al sofá donde Gustav permanecía recostado en el con la camisa desabrochada y el rostro pálido. Levantó la mirada al verlos acercarse y se incorporó al instante intentando recomponerse.

—Nos vamos —dijo Natalie sin rodeos—Bajamos, recogemos a Georg y a Louise y nos vamos a casita a dormir como niños buenos.

Gustav asintió sin preguntar. No tenía fuerzas para seguir discutiendo con ella y algo en su interior le decía que era mejor estar en movimiento que quedarse a solas con sus atormentados pensamientos.

Una vez más Natalie se puso en cabeza abriendo camino, sintiendo que su móvil vibraba. Lo sacó de su bolso y vio un mensaje de Louise en la pantalla.

«Nos vamos al Keller con Andreas y Víctor»

—Cambio de planes —anunció Natalie enseñando su móvil a los demás, en particular a Alexander—Por primera vez Georg y Louise han sabido tomar una decisión por ellos mismos, y muy buena he de admitir. La noche sigue, y yo no pienso quedarme atrapada en los dramas de siempre.

Alexander leyó el mensaje en la pantalla del móvil y alzó la vista hacia Natalie, que lo observaba con esa mezcla de desafío y certeza que siempre lo descolocaba.

—Así que ahora resulta que Georg y Louise son los más sabios del grupo —dijo con su habitual sarcasmo—Me alegra saber que al menos alguien ha aprendido a escapar antes de que todo se venga abajo.

Natalie no respondió. Solo lo miró con una media sonrisa, como si supiera que pese a sus palabras Alexander no estaba tan indiferente como quería aparentar.

—No es sabiduría—añadió finalmente en voz baja—Es instinto de supervivencia. Algo que tú aún confundes con orgullo.

—Bill y yo no vamos —anunció Alexander con firmeza—Ya hemos tenido suficiente fiesta por esta noche. Además le prometí a su padre que Bill no lo volvería tarde, tengo que llevarle ya a casa.

Natalie soltó una carcajada seca mientras se cruzaba de brazos.

—¿Es que ahora su padre te paga por ser su niñera? —se burló con una amplia sonrisa— ¿Vas a arroparlo también y leerle un cuento antes de dormir?

Alexander no respondió enseguida, se limitó a mirarla con los labios apretados y los ojos cargados de una mezcla de cansancio y contención. Estaba muy cansado de las puñaladas que lanzaba Natalie disfrazadas de crueles bromas y esa vez no tenía ganas de devolvérsela.

No con todo lo que ya había pasado esa noche.

No con Bill en silencio a su lado tragándose la incomodidad como siempre.

Pero quedarse callado era concederle la victoria a Natalie y Alexander no estaba dispuesto a regalarle nunca un momento así.

—No, Natalie —dijo al fin con una calma que rozaba el desprecio —Nadie me paga por cuidar de Bill. Todo lo que ocurre entre nosotros es voluntario y totalmente gratis, incluido cuando me acuesto con él. Y si después de eso quiere que lo arrope, pues lo hago encantado y le dejo cómodamente metido en su cama con una amplia sonrisa en los labios.

Por primera vez en toda la noche Natalie se había quedado sin palabras, no tenía una réplica afilada ni una carcajada sarcástica a mano. La frase de Alexander había caído como un golpe seco e inesperado que hizo que su sonrisa se fuera borrando lentamente y sus ojos siempre seguros parpadearan con una sombra de desconcierto.

Ahí estaba de nuevo Alexander echándole en cara lo que ella jamás podría obtener y tanto deseaba.

Tener a Bill metido en su cama.

—Y hablando de cosas que no son gratis—añadió Alexander con una sonrisa seca—Deberías preocuparte más por Gustav y en quien se gasta su dinero cuando tú no estás mirando.

Porque Alexander no era idiota. Sabía perfectamente lo que ocurría cuando Gustav se sentía ignorado, a qué lugares iba y con quién se perdía. Qué buscaba en otros cuando Natalie o él lo dejaba fuera de sus propios mundos.

No quiso insistir más porque ya no hacía falta. Había dejado la semilla plantada, y sabía que germinaría en la cabeza de Natalie mucho después de que él se marchara. La dejó pensando en sus palabras sin borrar la orgullosa sonrisa de sus labios.

Había ganado una vez más.

Se volvió hacia Bill que lo había estado observando todo en su habitual silencio con una mezcla de incomodidad y algo que se parecía mucho a la admiración.

Nunca le había gustado que Alexander hablara de sus intimidades delante de sus amigos y menos aún con ese tono provocador, pero no podía negar que le había encantado verlo poner a Natalie en su sitio al ver que se burlaba de nuevo de él y nombrando esa vez su familia como si fueran un chiste de sobremesa.

Alexander había salido en su defensa sin pedir permiso ni suavizar cada uno de sus golpes, y los había dirigido justo donde más dolía.

Por una vez Bill se sintió protegido.

Y no podía evitar sentirse muy orgulloso de él.

—¿Nos vamos ya? —preguntó Alexander mirándolo con firmeza pero con una suavidad que pocas veces Bill le había visto.

Bill asintió en silencio, sentía la mano de Alexander aferrando la suya con firmeza y sin soltarse de ella echó a andar a su lado sin mirar atrás alejándose del murmullo de la música, de las luces que ya no brillaban igual y de una noche que había revelado mucho más de lo que todos estaban dispuestos a admitir.

&

Llegaron al coche de Georg y antes de que hubiera sacado la llave Louise se volvió para observar con más detenimiento la silueta familiar que había bajo la luz intermitente de una farola.

— ¿Ese de ahí no es Tom?—dijo de repente señalando con discreción.

Todos se volvieron a mirar de inmediato donde señalaba Louise. Bajo una farola estaba Tom sentado en el bordillo con la mirada perdida. En una de sus manos tenía lata de cerveza vacía y en la otra un cigarro que estaba ya en las últimas . Parecía desorientado, como si no supiera muy bien dónde estaba o cómo había llegado allí.

Fueron en su búsqueda sin dudarlo un segundo, siendo Andreas el más rápido en ir a ver si estaba bien su amigo.

—¿Tom? —llamó avanzando unos pasos con cautela.

Tom levantó la mirada al oír su voz y al verle llegar corriendo su gesto cambió de inmediato, como si estuviera aliviado de encontrar una cara conocida entre tantas personas que no había visto en su vida.

—¿Estás bien? —preguntó Andreas muy preocupado.

Tom asintió con la cabeza al tiempo que se incorporaba lentamente.

—Pensábamos que te habías ido con Melissa —apuntó Georg acercándose también.

—Lo hice… pero cambié de idea y ella se fue a descansar—explicó Tom por encima—No me apetecía volver al club y dudo que el portero me dejara entrar de nuevo, así que he pillado una cerveza de un grupo de chicos muy amables y estaba aquí tomándomela con tranquilidad y fumando un cigarro.

Andreas se le quedó mirando fijamente, como si pudiera descubrir en sus ojos qué le pasaba realmente a su amigo.

—Estoy bien Andreas, solo necesitaba un respiro—murmuró Tom resoplando—Todo se estaba volviendo demasiado… ruidoso.

—Nosotros nos vamos al Keller—intervino Víctor—Seguro que a Georg no le importa llevar una persona más en su coche.

Tom no sabía que hacer, no le apetecía mucho irse de fiesta pero por otro lado tampoco podía pasarse toda la noche en el parking del Sisyphos él solo ni sabía como regresar al bungalow caminando ya que no tenía dinero para pillar un taxi.

—No hay problema—dijo Georg al momento tratando así de convencerle— ¿Qué decides Tom? ¿Te apuntas?

Tom esbozó una sonrisa como respuesta, llena de gratitud y resignación.

—Me apunto—dijo para alegría de todos—No me apetece quedarme aquí solo como un alma en pena.

Echaron a andar de nuevo hacia el coche de Georg y subieron en el, ocupando Víctor, Tom y Andreas el asiento trasero.

Georg se acomodó al volante al tiempo que ajustaba el retrovisor y encendía el motor con la seguridad de quien conoce bien su coche.

A su lado Louise se ajustó el cinturón de seguridad mientras sacaba su móvil del bolso de Dolce & Gabbana que Georg le había regalado por su cumpleaños. Tecleó con rapidez y envió un mensaje al grupo de WhatsApp donde estaban todos sus amigos perdidos en esos momentos por el Sisyphos.

«Nos vamos al Keller con Andreas y Víctor»

Guardó el móvil sin añadir nada más, como si no hiciera falta. Luego se recostó en el asiento, cruzó las piernas y dejó que la música suave del coche la envolviera. Pero no podía evitar que su mente se desviara hacia Bill.

Apenas lo había visto en toda la noche.

¿Estaría bien?

¿Alexander lo estaría tratando con respeto?

¿Y Natalie?

¿No estaría siendo cruel con él, como solía hacer cuando se aburría?

Louise cerró los ojos un instante, deseando que Bill no se sintiera tan solo como ella lo había sentido tantas veces entre ese grupo de amigos que a veces parecía más una jaula que una familia.

Y desde su asiento, Tom intentaba no pensar en Bill distrayéndose mirando por la ventanilla, dejando que las luces de la ciudad se deslizaran como reflejos borrosos sobre el cristal. La música suave que envolvía el coche parecía amortiguar sus pensamientos, como si cada nota le ayudara a mantener a raya lo que realmente sentía.

No quería admitirlo pero algo en su pecho se tensaba cada vez que pensaba en Bill con Alexander. No era celos exactamente. Era esa sensación de que había algo no encajaba, de que Bill merecía algo más que palabras bonitas y gestos calculados.

En el coche todo parecía en calma. Louise había vuelto a coger el móvil y lo revisaba en silencio. Andreas y Víctor conversaban en voz baja, y Georg conducía con la seguridad de quien conoce cada rincón de la ciudad.

Por un instante Tom se permitió pensar que todo estaba bien.

Que esa noche aún podía ofrecerles algo más que discusiones y silencios incómodos.

La noche aún no había terminado. Y en el Keller seguro que algo los esperaba. Algo que podría cambiar el rumbo de todo… o simplemente confirmar lo que ya sabían.

&

Tras la marcha de Bill y Alexander, una silenciosa Natalie bajaba por la escalera del club con firmeza haciendo resonar sus tacones en cada escalón mientras que Gustav la seguía unos pasos detrás, como si no supiera si quería alcanzarla o dejarla marchar.

Salieron del club y Natalie echó a andar con pasos rápidos y furiosos hacia el coche. El aire de la madrugada le golpeaba el rostro pero no lograba enfriar el fuego que ardía en su interior. Al llegar al vehículo se detuvo notando que Gustav se peleaba por sacar la llave del coche del bolsillo de su pantalón.

Soltó un bufido y cruzándose de brazos esperó a que Gustav abriera el coche y entonces ocupó su asiento en silencio cerrando la puerta con un sonoro portazo sin cortarse un pelo. Sabía que Gustav mimaba ese coche más que a ella y el portazo le habría llegado al alma.

Al rato le tenía sentado a su lado y entonces se volvió para poder hablarle mirándole directamente a la cara. Su mirada era afilada y su voz aunque baja cortaba como vidrio.

—¿Sabes qué es lo peor de todo esto? —estalló sin rodeos—Que ni siquiera te molestas en disimular. ¿Te crees que yo tampoco sé en qué te estás gastando el dinero últimamente?

Gustav frunció el ceño sorprendido por sus palabras. No respondió, pero sus ojos se endurecieron.

Natalie lo miró con rabia contenida, los labios temblando por la furia que ya no podía disimular.

— ¡Putas!—gritó sin poder contener—Sé de sobra que te vas de putas y me da exactamente igual, solo espero que tengas la decencia de usar condones porque si algún día me pegas algo ya puedes echar a correr que no habrá lugar del planeta donde mi padre no te encuentre y te corte los cojones.

Dicho eso se giró con brusquedad de nuevo como si se estuviera conteniendo de decir algo más.

—Vamos—dijo con tono cortante, clavándole la mirada—Nos están esperando en el Keller.

—Pues que esperen—soltó Gustav para sorpresa de Natalie.

Parecía que había resucitado, había pasado de caminar en silencio siguiendo a su novia como si fuera un zombi y fulminarla con la mirada por haber tenido que soportar que le soltara la verdad en la cara.

O parte de ella, ya que lo que no se imaginaba Natalie era que él no estaba pagando a ninguna puta sino solo a Víctor para que se la chupara.

Pero se había cansado de escucharla, no estaba dispuesto a permitir que ella o Alexander le volvieran a hablar de esa manera. No esa noche. No después de todo lo que había visto y callado.

Su paciencia, como la fiesta, ya se había agotado.

Natalie se quedó callada como si las palabras de Gustav le hubieran golpeado más fuerte de lo que esperaba. Lo miró con incredulidad con los ojos entrecerrados tratando de descifrar si hablaba en serio o si solo quería provocarla.

— ¿Ahora resulta que tú decides cuándo y cómo se van a hacer las cosas?—soltó alzando una ceja.

Gustav se encogió de hombros con una calma que solo servía para encender más la rabia de Natalie.

—Estoy harto de seguirte como un perro cada vez que te da por cambiar de humor—soltó al fin Gustav—Ya no me apetece correr detrás de nadie. Ni de ti, ni de tus planes improvisados.

—¿Improvisados? —Natalie soltó una risa amarga—¿Y lo tuyo qué demonios es? ¿Irte con cualquiera que te mire dos veces y pagarle para que te la chupe durante horas?

—Al menos yo pago por lo que quiero—murmuró Gustav con el rostro tenso—Tú lo haces gratis y encima te crees superior.

—Lo mío solo ha sido un beso—dejó Natalie bien claro—Lo tuyo…prefiero ni imaginármelo.

Gustav apretó el volante con fuerza hasta que se le pusieron los nudillos blancos, como si las palabras de Natalie le hubieran arañado por dentro.

—¿Y eso lo hace mejor?—respondió con voz baja pero cargada de veneno—¿Un beso robado en medio de una fiesta sin importar a quién se lo das?

Natalie giró la cara hacia él desafiante.

—No fue robado, fue mío—confesó en un suspiro—Y no tengo que justificarlo contigo.

—Claro que no —replicó Gustav, soltando una risa amarga—Tú nunca justificas nada. Solo haces lo que te da la gana y luego esperas que todos te aplaudan por tu «libertad».

—¿Y tú qué esperas? —disparó ella—¿Qué te compadezca por pagarle a alguien para que te mire como si le importaras?

El silencio que siguió fue espeso, casi insoportable. El coche continuaba parado en el parking y a su alrededor la gente pasaba ignorando la tormenta que había estallado en su interior.

—No lo hago por compasión —dijo Gustav al fin con la mirada fija en el parking—Lo hago porque al menos con…con ellas sé lo que obtengo. No tengo que adivinar si me van a besar o a humillar delante de todos.

—¿Yo te humillo? —preguntó Natalie con tono cortante—¿Y tú a mí no? Porque bien que dejas que Alexander se entere de todo y lo use para insultarme, para rebajarme como si yo fuera su entretenimiento.

Gustav apretó los labios sintiendo cómo la rabia se mezclaba con la culpa.

—Yo no le he dicho nada —respondió con voz tensa—Alexander se habrá enterado por casualidad como tú. No he sabido ser discreto, eso es todo.

Natalie lo observó en silencio con una expresión dura recorriéndole el rostro pero no indiferente.

—¿Y eso te parece una excusa válida?—preguntó con frialdad—Porque al final da igual cómo se entere, lo importante es que lo usa para humillarme y tú se lo sirves en bandeja.

—Esa no fue nunca mi intención—murmuró Gustav.

—Pero lo haces igual —replicó ella sin levantar la voz—Y lo peor es que ni siquiera te das cuenta. O no te importa.

—Sin tan gilipollas te parezco, ¿qué demonios haces aún conmigo?—soltó Gustav harto ya de esa conversación absurda—Ahí tienes la puerta, ábrela y sal de una puta vez de mi vida.

Natalie se quedó quieta, con la mano temblando sobre el tirador. Estaba a un segundo de bajarse del coche y mandarlo todo a la mierda sin mirar atrás, cerrando ese capítulo de una vez por todas.

Pero no podía.

Porque hacerlo sería admitir que se había equivocado al elegirlo. Que había apostado por alguien que no había sabido estar a su altura. Y ya se imaginaba a Alexander enterándose de que habían roto, lanzándole una sonrisa cruel y soltando algún comentario venenoso que la haría arder por dentro. Sería el chisme perfecto en cada reunión, la anécdota que todos repetirían con sorna. Y eso… eso no lo iba a permitir.

Así que se quedó en el coche.

No por Gustav.

Sino por orgullo.

Continúa… 

canción que escucha Tom cuando va en el coche de Georg al Keller: (Lily Head «Doesn’t matter»)

por lyra

Escritora del Fandom

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