Incomplete 19

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 19

Una vez más Bill cambiaba de postura por enésima vez en la cama arrugando las sábanas con cada movimiento. El silencio de la casa era absoluto, pero su mente no encontraba reposo.

¿Por qué no podía dejar de pensar en Tom?

Cerró los ojos con fuerza, como si eso pudiera borrar la imagen de su rostro que flotaba ante sus ojos. Esa mirada tranquila casi desafiante que parecía atravesarlo sin esfuerzo. No era como Alexander que siempre estaba rodeado de ruido, de gente y de promesas vacías.

Tom era distinto.

No necesitaba hablar mucho para hacerse notar.

Su mera presencia bastaba.

Se incorporó en la cama apoyando la espalda contra el cabecero y miró hacia la ventana donde la luna se colaba tímida entre las cortinas. ¿Cómo sería su vida si estuviera con alguien como Tom?

¿Más libre?

¿Más real?

Imaginó una mañana sin horarios como el desayuno obligatorio a las ocho en punto, sin tener que fingir que todo estaba bien cuando era todo lo contrario.

Imaginó a Tom sentado en silencio a su lado compartiendo un café con él sin prisas mientras hacían planes para el resto del día. Tal vez incluso riendo por alguna tontería, sin miedo a ser juzgado.

¿Sería eso posible?

Suspiró sintiendo un nudo en el pecho. No sabía si era deseo, tristeza o simplemente la necesidad de algo distinto. Algo que no fuera esta rutina dorada que lo asfixiaba.

Tom no era parte de sus planes.

Y mientras se acurrucaba de nuevo bajo las sábanas no pudo evitar pensar en que quizás Tom era justo lo que necesitaba para empezar a escribir una historia diferente.

Aunque sus padres jamás lo aprobarían, estaba seguro.

No hacía falta imaginar la escena. Su madre con esa expresión de decepción silenciosa, su padre sin decir una palabra solo retirando el periódico con un gesto que lo decía todo.

No.

Tom no encajaba en ese mundo de normas y apariencias.

Pero entonces, ¿qué hacía ese nombre repitiéndose en su cabeza como un eco?

¿Por qué en lugar de pensar en cómo agradar a sus padres, no podía dejar de imaginarse cómo sería despertar sintiendo a Tom al lado en su cama?

Sin miedo ni máscaras.

Mostrando su verdadera personalidad que tenía que enterrar bajo capas de mentiras y sonrisas falsas.

Se giró de lado suspirando mientras abrazaba la almohada como si pudiera protegerse de sus propios pensamientos. Sentía que algo dentro de él se estaba rompiendo, o quizás reconstruyendo.

¿Y si el amor no era lo que le habían enseñado? ¿Y si no se trataba de cumplir expectativas, sino de encontrar a alguien que lo hiciera sentir libre?

Tom no era perfecto, pero tampoco lo era él. Y tal vez en esa imperfección compartida había algo más verdadero que todo lo que había vivido hasta ese momento.

Cerró los ojos con cansancio y sin dejar de estrechar con fuerza la almohada que tenía entre sus brazos procuró dormir sin pensar en nada más. Pero su cuerpo traicionero no le dejaba descansar en paz, con el nombre de Tom resonando en su cabeza como un lejano eco no pudo evitar que una de sus manos soltara la almohada y se perdiera bajo las sabanas llegando al borde del pantalón de su pijama.

Negó con la cabeza como si así pudiera detener cualquier tipo de movimiento que sabía que iba a tener lugar a continuación, pero su mano parecía tener vida propia y segundos después ya se había colado bajo su ropa interior y alcanzado su objetivo.

No era solo deseo lo que lo movía, era algo más profundo y más confuso. Era la necesidad de sentir algo que fuera solo suyo, que no estuviera dictado por reglas y horarios, o por las expectativas ajenas.

¿Qué tenía Tom que lo desarmaba de esa manera?

Su respiración se volvió más lenta y pesada. No quería pensar ni sentir pero su cuerpo no obedecía.

—No debería… —susurró al aire.

No sabía si hablaba de Tom, de sus padres o de todo lo que estaba empezando a cambiar dentro de él.

Suspiro resignado con los ojos cerrados mientras empezaba a tocarse con suavidad de arriba abajo, al tiempo que se volvía en la cama quedándose de espaldas colocando la almohada entre sus piernas separadas.

Se mordió los labios al sentir un gemido que quería escapar de ellos, y así con la imagen de Tom tan vívida en su cerebro no dejó de masturbarse alzando las caderas contra la almohada hasta que alcanzó su tercer orgasmo de esa noche.

El más profundo de todos que le dejó completamente exhausto logrando al fin cerrar los ojos y que el sueño no tardase en llegar.

Se quedó dormido al fin atrapado entre el deseo y la culpa de lo que había hecho, entre lo que quería y lo que creía que debía querer.

&

Mientras que Alexander y Gustav se perdían en su propio universo, fuera la fiesta seguía su curso ajena a lo que se cocía entre las sombras.

Georg seguía bailando con Louise, Natalie esperaba aburrida cruzada de brazos a que Gustav regresara del baño, Andreas y Víctor conversaban entre ellos y Tom a su lado trataba de seguir la conversación sin poder evitar sentirse muy inquieto tras la conversación que había mantenido con Louise y Georg sobre Bill y porque sentía que había algo que no encajaba en esos amigos nuevos que había hecho.

Había una energía extraña, como si todos jugaran a un juego cuyas reglas él aún no entendía. Observaba sus gestos, sus miradas fugaces, sus silencios incómodos entre risas forzadas. Y cuanto más miraba, más claro lo tenía que algo se estaba gestando, algo que no tenía nombre todavía pero que muy pronto iba a estallar.

Distraído como estaba no se dio cuenta del grupo de chicos que pasaron corriendo a pedir a la barra empujándole sin querer. La copa que tenía en las manos cayó sobre su camiseta haciéndole pegar un bote al sentir la frialdad traspasar la tela y acariciar su piel.

—¡Joder! —murmuró mirando la mancha que se extendía por su pecho.

Uno de los chicos se giró brevemente levantando la mano en señal de disculpa, pero ya estaba demasiado metido en su propio frenesí como para detenerse. Tom se quedó allí, con la camiseta mojada y las miradas y sonrisas de Víctor y Andreas sintiéndose aún más fuera de lugar. Como si el universo le estuviera dando señales de que no pertenecía a ese sitio, a ese grupo ni a esa noche.

—Voy al baño —murmuró sin dirigirse a nadie en particular.

Se abrió paso entre la gente con paso firme recorriendo con rapidez el pasillo como si al final de el no solo estuviera el baño, sino también las respuestas que llevaba toda la noche buscando.

Empujó la puerta con el hombro aún con la camiseta empapada y la cabeza llena de preguntas. El lugar estaba vacío salvo por el zumbido lejano de la música que se filtraba desde el Keller. Se acercó al lavabo, abrió el grifo y dejó que el agua fría le corriera por las manos, como si pudiera lavarse también la inquietud que le recorría el cuerpo.

Mientras se lavaba concentrado las manos escuchó algo.

Un murmullo.

Provenía de la cabina del fondo, la única puerta que estaba cerrada. Al principio pensó que era alguien hablando por el móvil , pero entonces distinguió claramente dos voces. Apagó el grifo con cuidado, sin dejar de mirar su reflejo en el espejo empañado.

— ¿Esto es solo por diversión?—dijo una voz rasposa que Tom no reconoció.

—No lo sé…pero ahora mismo no quiero pensar.

¿Ese no era Alexander?

Tom había reconocido perfectamente su odiosa voz pero del otro chico con quien hablaba no tenía ni la menor idea de quién era.

El corazón de Tom dio un vuelco.

Se inclinó ligeramente hacia el espejo como si eso le ayudara a escuchar mejor. Las palabras que siguieron fueron dichas en un tono más bajo, pero inequívoco.

No era una conversación casual.

Era algo íntimo.

Algo que no debía estar ocurriendo allí y mucho menos de esa manera.

Podía oír su propia respiración y el eco de la de ellos.

—Dime que has traído condones—escuchó suplicar al desconocido.

— ¿Tienes miedo de que te deje embarazado?—preguntó Alexander soltando una risa seca.

—Es la única condición que me ha puesto Natalie—contestó el otro chico.

Tom se apartó del lavabo con el pulso acelerado.

¿A quién podía Natalie poner una condición así?

Solo se le ocurría una sola persona que había desaparecido de la fiesta en compañía de Alexander y no era otra que Gustav.

¿Alexander le era infiel a Bill con Gustav?

¿Natalie lo sabía y permitía?

Estaba más confuso cada vez. No sabía si debía salir, quedarse o interrumpirles. Pero lo que estaba claro es que había cruzado una línea invisible.

Ya no era solo sospecha.

Era certeza.

Y con esa certeza, salió del baño sin hacer ruido, con la camiseta aún húmeda y la mente en llamas.

Se sentiría atrapado en una mezcla de emociones difíciles de procesar. Lo que acaba de escuchar en el baño lo colocaba en una posición incómoda dentro del grupo de nuevos amigos, si es que se les podía llamar así.

¿Y qué se suponía que tenía que hacer? ¿Debería contarle a algo lo que había escuchado en los baños? ¿Debería guardar silencio? ¿O hablar con alguno de los implicados para pedir algún tipo de explicación que sabía que no le pensaban dar?

¿Y que pasaba con Bill? ¿Sabía algo de la doble vida que llevaba su novio? ¿Lo sabía y le daba igual? ¿Lo sabía y prefería callar, aferrándose a una ilusión que le protegía del vacío y la soledad?

¿O acaso era el único que aún creía en la versión más limpia del amor, ajeno a los juegos oscuros que Alexander urdía a sus espaldas?

— ¡Tom

Alzó la mirada y vio a Andreas acercándose con paso rápido y la preocupación dibujada en su rostro.

—¿Estás bien?—preguntó deteniéndose frente a él.

Tom no respondió. Solo asintió con un leve movimiento de cabeza. Las palabras se le habían quedado atrapadas en la garganta, ahogadas por el torbellino de pensamientos que lo envolvía.

¿Dónde se había metido?

¿Qué acababa de presenciar?

—Estás pálido como un fantasma —murmuró Andreas, tomándole suavemente del brazo— ¿Quieres que nos vayamos?

Tom volvió a asentir esta vez con más lentitud como si hacerlo le costara un gran esfuerzo. No opuso resistencia cuando Andreas lo guio hacia la salida seguido de Víctor. Se dejó llevar como si sus pies ya no le pertenecieran, como si todo lo que quedaba de él fuera una sombra que necesitaba escapar.

— ¿Le ha pasado algo?—quiso saber Georg acercándose al momento.

—No se siente bien, nos lo llevamos a casa—explicó Víctor.

—Os llevo—se ofreció Georg al momento.

—No te preocupes, gracias—contestó Víctor negando con la cabeza—No os queremos cortar la fiesta, pillamos un taxi.

No le dio tiempo a replicar, siguió con su camino y Andreas y él salieron del Keller llevándose a Tom con ellos.

Mientras se alejaban del ruido de la fiesta Tom sentía que cada paso lo alejaba no solo del Keller sino también de una versión de sí mismo que ya no reconocía. El aire nocturno le golpeó el rostro como una bofetada suave y por primera vez en horas pudo respirar sin sentir que se ahogaba.

Andreas caminaba a su lado en silencio respetando el torbellino que Tom llevaba dentro mientras que Víctor iba unos pasos por delante buscando un taxi con la mirada. Nadie hablaba pero todos sabían que algo había pasado.

Cuando por fin pasó un taxi ante ellos Víctor lo paró y se subieron al coche. Tom se dejó caer en el asiento trasero apoyando la frente contra el cristal.

—¿Lo hablamos más tarde? —preguntó Andreas con voz baja.

Era quien mejor lo conocía y sabía que se había puesto así no porque se hubiera pasado con la bebida sino porque había algo que lo atormentaba. Al final, salir esa noche de fiesta no había resultado ser una gran idea.

Tom solo negó con la cabeza como respuesta y Andreas suspiró asintiendo con la suya, sabía que había cosas que necesitaban tiempo para ser digeridas. Víctor le dio una palmada suave en la rodilla antes de volverse hacia el conductor para indicarle la dirección.

Tom cerró los ojos. No podía dejar de pensar en Bill y en lo que Louise y Georg le habían contado.

En lo que había escuchado e imaginado que pasaba en el baño.

En todo lo que se estaba desmoronando sin que nadie lo dijera en voz alta.

Y en medio de ese caos había una única cosa que tenía bien claro. Tenía que hablar con Bill para saber si él también sentía que había algo que no encajaba y que tenía que cambiar.

La noche seguía su curso, pero Tom presentía que ya no volvería a ser el mismo de antes.

&

Natalie seguía esperando que Gustav regresara del baño cómodamente sentada en un taburete que había pillado libre. Se había sentado en el con la elegancia de quien domina el terreno y desde allí había estado observando con atención cómo Tom abandonaba el club pálido y desorientado escoltado por Andreas y Víctor. No se le escapó tampoco el gesto preocupado de Georg ni su intento de ofrecerse como chófer improvisado. Por suerte Víctor lo rechazó con firmeza y Georg regresó junto a Louise con el ceño fruncido y los labios apretados.

Se deslizó del taburete y fue con ellos con paso decidido, no podía callarse todo eso que sentía pasarle por la cabeza.

—Tom no sabe beber —comentó en voz alta con ese tono despreocupado que usaba para disfrazar el veneno.

Georg la miró de reojo, sin responder. Sabía que Natalie no decía nada sin intención.

—No conoces a Tom ni sabes lo que le ha pasado, no deberías opinar—apuntó Louise con firmeza.

— ¿Y tú si que le conoces bien, querida Louise?—quiso saber Natalie mirando fijamente a su amiga.

—Le conozco lo suficiente para saber que es una persona muy sensible—contestó Louise sin dejarse amedrentar por Natalie.

Antes de que Natalie pudiera soltar una de sus frases venenosas Gustav y Alexander hicieron acto de presencia ambos con una amplia sonrisa en los labios y las mejillas encendidas como si hubieran corrido una maratón. Natalie los observó con una ceja levantada, pero no dijo nada. Solo les ofreció su mejor sonrisa a modo de saludo.

—¿Ha pasado algo en nuestra ausencia?—preguntó Alexander acomodándose el cuello de la camisa con un gesto casual.

—Nada digno que mencionar—respondió Natalie mirándole fijamente—Aunque parece que Tom no aguantó la noche.

—Y ni siquiera se ha despedido—murmuró Alexander chasqueando la lengua.

—No se sentía bien —aclaró Louise con suavidad—Volvió del baño con el rostro completamente descompuesto, como si hubiera visto un fantasma.

Alexander se quedó inmóvil con la mirada clavada en Louise como si esperara que en cualquier momento ella soltara una carcajada y dijera que todo era una broma.

Pero Louise no era como Natalie.

Ella no adornaba la verdad ni la disfrazaba con humor.

Cuando hablaba lo hacía con la certeza de quien ha visto o escuchado demasiado.

A su lado podía sentir la tensión que recorría a Gustav por dentro y cómo su respiración se volvía más rápida como si el aire le pesara en los pulmones. Quería volverse y fulminarle con la mirada, el muy idiota se iba de nuevo a delatar él solito. Si seguía así Natalie terminaría atando cabos porque era mucho más inteligente que Gustav y no había nada que se le pudiera escapar.

— ¿Cuánto tiempo estuvo allí? —preguntó en un susurro Gustav.

Su mente repasaba cada palabra, cada gesto y cada sonido que se pudo haber escapado de aquella cabina del baño. El sudor comenzaba a acumularse en la base de su cuello, justo donde sentía que la camisa parecía querer asfixiarle.

—Poco tiempo, no sé—contestó Louise para su alivio.

Pero Alexander no podía sentirse aliviado, sabía que Tom no era tonto y había estado en el el tiempo suficiente para haber escuchado todo lo que necesitaba para saber exactamente lo que estaba pasando dentro de ese baño.

Saber que Tom había estado tan cerca de ellos mientras daban rienda suelta su pasión descontrolada en el fondo lo inquietaba más de lo que quería admitir.

No era solo el riesgo de que se hubiera enterado de uno de sus secretos.

Era lo que Tom podía hacer con esa información.

Lo que podía significar para Bill.

—¿Vamos a pasarnos lo que queda de noche lamentándonos por la partida Tom? —intervino Natalie con un suspiro de hastío—Vamos a tomar una copa como Dios manda, regresemos al Sisyphos y a nuestro reservado con ese sofá tan cómodo que parece abrazarte. El Keller es un antro, tengo los pies destrozados.

—Louise y yo también nos retiramos ya—anunció Georg tras consultarlo con Louise con la mirada.

—¿También tenéis un horario militar que cumplir? —se burló Natalie, soltando una risa seca.

Louise la fulminó con la mirada, había estado escuchando mientras que ella y Georg charlaban con Tom explicándole por encima la delicada situación de Bill con sus padres. Y se estaba riendo de su sufrimiento, como siempre hacía.

—Nosotros hemos pasado una agradable velada tanto aquí como en el Sisyphos—replicó Georg con tono firme—Pero es llegar vosotros y aguarnos la fiesta.

—Entonces, ¿para qué nos invitáis?—preguntó Natalie alzando una ceja—La próxima vez recordarlo y ahorraros el mensaje.

—Se llama cortesía—respondió Louise sin pestañear—Algo que tú no sabes ni deletrear.

El silencio que siguió fue denso, como si el aire se hubiera cargado de electricidad. Las dos se miraron fijamente como si estuvieran a punto de lanzarse una contra la otra sin previo aviso. Alexander, que no perdía detalle, se inclinó hacia ellas con una amplia sonrisa.

—¿Queréis que os traiga unos bikinis y os prepare una piscina de barro?—preguntó con sorna.

Louise ni siquiera se dignó a responderle. Ya conocía el patrón, cada vez que salían de fiesta llegaba ese punto en que Alexander se volvía insoportable como si el alcohol le hiciera perder el filtro. Y justo entonces como si lo tuvieran ensayado ella y Georg decidían retirarse.

No hizo falta decir nada, una simple mirada fue suficiente para que Georg se acercara, tomara su mano con naturalidad y ambos se marcharan en silencio dejando atrás el ruido, las luces y ese grupo que parecía más interesado en jugar a fingir que en compartir algo real.

La fiesta podía continuar sin ellos o terminarse allí mismo.

Ya no les importaba.

Louise caminaba junto a Georg sin mirar atrás con la certeza de que había cosas que no merecían ni una réplica. Y ese juego absurdo que Alexander insistía en provocar era una de ellas.

Natalie en cambio se volvió mirando a Alexander con una expresión de fastidio elegante, como si acabara de escuchar el chiste más viejo del siglo.

—Bikinis y piscina de barro—repitió suspirando—Qué poco original eres, Alexander.

— ¿Y tú si eres original, Natalie?—preguntó Alexander mirándola fijamente.

—Yo soy yo, Alexander —contestó Natalie con firmeza sin elevar la voz—Y con eso me basta. No tengo que inventarme juegos para distraerme cuando me siento aburrida y vacía, tú en cambio pareces necesitar siempre necesitarlos. Qué agotador debe ser vivir así.

La frase cayó como un disparo contenido. Alexander se quedó quieto, con la mandíbula tensa y los ojos fijos en ella, como si estuviera a punto de responder con algo que no se podía deshacer.

Pero antes de que la tensión estallara Gustav se adelantó con un gesto brusco interrumpiendo el momento. Sabía que Alexander estaba a punto de explotar en cualquier momento y podría decir algo que de lo que luego no se pudiera arrepentir.

—Nosotros también nos vamos —dijo con firmeza.

Era más una maniobra de contención que una decisión espontánea. Lo dijo por él, por Alexander y por todos. Porque sabía que si Natalie seguía hablando, no habría vuelta atrás.

—Qué grupo más aburrido estáis hechos —soltó con desdén—En cuanto alguien deja de seguir el guion, os vais corriendo como si os hubieran apagado la música.

—Gustav y yo vamos a seguir la fiesta en otro sitio—dijo Natalie con una sonrisa gélida—Uno al que tú no estás invitado. Ni por cortesía, ni por lástima.

Natalie echó a caminar hacia la salida del Keller con firmeza como si cada paso suyo fuera una declaración de guerra. A su espalda Gustav se quedó un instante quieto intercambiando una mirada silenciosa con Alexander.

No había reproche en sus ojos, pero sí una advertencia muda.

La de que dejara de provocar a Natalie.

Finalmente Gustav giró sobre sus talones y siguió los pasos de su novia dejándolo atrás.

Alexander los observó marcharse sin perder la sonrisa en ningún momento, esa sonrisa que usaba siempre como escudo cuando todo a su alrededor empezaba a tambalearse. No dijo nada ni intentó detenerle.

Solo se quedó allí inmóvil como si el ruido del club se hubiera convertido en un eco lejano hasta que los perdió de vista para luego dirigirse a la barra con paso lento y se apoyó en ella como si necesitara que algo lo sostuviera.

—Lo más fuerte que tengas—pidió al camarero con firmeza.

Lo necesitaba.

No por el alcohol.

Por el silencio y la paz que vendría después.

Continúa… 

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por lyra

Escritora del Fandom

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