Incomplete 2

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 2

Una vez a solas en el bungalow lo primero que hizo fue abrir el sofá cama y poner las sábanas. Se preparó la cama donde trataría de dormir un par de horas antes de presentarse a su nuevo trabajo y luego fue a la habitación de su amigo a guardar la poca ropa que tenía. La dejó bien colgada en el armario y entonces entró en el baño para darse una ducha rápida que sabía que le iba a despejar el cuerpo, pero no la mente.

Cuando terminó se quedó en ropa interior y se tumbó en el sofá cama. Se acostó de espaldas con la mirada fija en el techo de madera del bungalow intentando poner en orden el caos que llevaba dentro.

Su madre había muerto cuando él apenas tenía seis años. De su padre no sabía nada ya que jamás le había conocido y su madre nunca le había hablado de él, y tras ver su estilo de vida Tom dudaba que con todos los hombres con los que su madre había estado pudiera saber realmente quien había era su verdadero padre.

No sabía si estaba vivo o muerto, y de estar vivo seguramente no querría saber nada de él ya porque fuera un drogadicto como su madre, se pensara que Tom había seguido los pasos de su madre o porque llevara una nueva vida donde él no encajara.

Fue una sobredosis de cocaína la que le arrebató a la única persona que pese a todo se había preocupado mínimamente por él. Y eso fue lo que llevó a tener que vivir en una casa de acogida de frías paredes donde había conocido a su primer y único amigo.

Andreas.

Cuidaron de él hasta que cumplió los 18. Entonces ya no pudo seguir viviendo allí y tuvo que abandonar el único hogar que había conocido y buscarse la vida como buenamente podía. Lo que se traducía a cruzar límites que nunca pensó en tener que hacer.

No había tenido más remedio que cometer algún que otro pequeño robo para poder sobrevivir. Había sido detenido en más de una ocasión, y fue en su último arresto donde lo había descubierto todo.

Le habían tomado las huellas como siempre pero esa vez hubo algo diferente. Le relacionaron con su fallecida madre cuyo historial ocupaba más de una carpeta, y ahí fue cuando Tom descubrió que todo lo que su madre le había contado sobre su infancia era una mentira cuidadosamente tejida. Hasta su partida de nacimiento era falsa, lo único cierto de ella era el nombre de su madre y que no se sabía quien era su padre.

Había mucha más información que su madre le había ocultado pero que constaban en su historial al que Tom había tenido acceso tras su detención por ser mayor de edad. Fue entonces cuando descubrió con el corazón encogido que el día que nació su madre había dado a luz gemelos, pero en el hospital nadie sabía qué había pasado con el otro niño. Quizás alguien se lo había llevado tratando de darle así una vida mejor viendo el estado de la madre, o quizás había muerto.

Nadie lo sabía, ni nadie se había molestado en buscarlo.

Su hermano parecía haberse desvanecido en el aire, como si nunca hubiera existido.

Tom jamás se hubiera podido imaginar algo así. Su madre jamás le había hablado de un hermano perdido o que hubiera muerto en el parto, y tras su muerte no había nadie a quien preguntar.

Incluso había ido al hospital donde había nacido, exigiendo respuestas pero al parecer los archivos del año de su nacimiento misteriosamente habían desaparecido y nadie pudo darle las respuestas que buscaba.

Era como si parte de su pasado se hubiera borrado a propósito, como si alguien hubiera decidido que esa verdad no debía salir a la luz jamás.

Entonces una enfermera se apiadó de él y tras días de investigación buscando en archivos perdidos y olvidados pudo darle algunos datos más. No era mucho, pero era suficiente para cambiarlo todo.

Su hermano gemelo estaba vivo.

Había nacido apenas 10 minutos después que él pero estaba muy débil y tenía problemas respiratorios. Fue ingresado de inmediato en la UCI de neonatos y allí fue donde desapareció. Alguien había tomado la decisión que marcaría dos destinos para siempre, la de hacerle creer a su madre que el otro bebé había muerto porque la veían incapaz de sacar adelante a 2 hijos ya que carecía de los medios necesarios. Suerte tenía de que al menos le hubiera permitido quedarse con uno de sus hijos.

Su hermano fue adoptado por una buena familia que le pudo ofrecer todo lo que su madre no podía. alejándole para siempre de su hermano mayor al que jamás conocería.

Así fue como su hermano se alejó para siempre de su lado, yendo a parar a una acomodada familia que vivía en Berlín mientras que él crecía junto a su madre ajeno a todo lo que había pasado.

Descubierta ya toda la verdad Tom no dudó ni un instante. Recogió sus escasas pertenencias y llamó a su mejor amigo de la infancia que se había ido a vivir precisamente a Berlín para ganarse la vida. Le explicó un poco por encima lo sucedido, pero Andreas no necesitaba escuchar mucho más. Enseguida le ofreció un techo donde vivir mientras buscaba a su hermano y también le consiguió trabajo en el club.

Prometió ayudarle a buscar a ese hermano al que a pesar de no haberle conocido nunca, Tom presentía que le estaba echando de menos tanto como él lo estaba haciendo…

&

El sonido estridente de la alarma lo arrancó de su sueño inquieto. Tom se incorporó de golpe, con el corazón acelerado y la respiración entrecortada mientras echaba un vistazo a su alrededor tratando de recordar donde se hallaba.

Poco a poco lo fue recordando todo.

Estaba en Brandemburgo, en el bungalow donde vivía su amigo Andreas y era su primer día de trabajo. Tenía el tiempo justo de asearse, comer algo y empezar a arreglarse.

Se levantó del sofá cama y tras dejarlo más o menos bien arreglado se dirigió a la cocina para lavarse la cara en el fregadero y prepararse algo para comer. Tenía media hora antes de acudir en el club donde Andreas le estaría esperando para presentarle en persona a David.

Ya habían hablado por teléfono, y mucho tenía que confiar David en Andreas ya que le había contratado sin haberle visto siquiera. Estaría a prueba los primeros días y si David estaba satisfecho con su trabajo firmaría su primer contrato.

Por suerte no era la primera vez que Tom se ponía detrás de una barra, y eso jugaba a su favor. Sabía cómo moverse, cómo tratar a los clientes y cómo mantener la calma en medio del caos. Haría todo lo que estuviera en su mano para conservar ese empleo.

Necesitaba dinero para poder quedarse a vivir lo más cerca posible de Berlín mientras buscaba a su hermano. Con su primer sueldo ayudaría a Andreas con el alquiler del bungalow y la comida, no podía dejar que encargara él de todo. Era lo mínimo que podía hacer por alguien que le había tendido la mano cuando más lo necesitaba.

Terminó de comer y fue al baño a lavarse los dientes mientras se miraba en el espejo estudiando su reflejo. Su cara mostraba el desgaste de los últimos días, pero también una determinación nueva

Se recogió su largo pelo en un moño bajo intentando dar un aspecto más decente. Esperaba que David no pusiera ninguna pega a su aspecto, quizás le mandara cortar el pelo o quitarse la barba para no parecer tan desaliñado, y a Tom no le quedaría más remedio que hacerlo para conservar su empleo.

Salió del baño y fue a la habitación de Andreas, en el armario y bien colgado estaba el uniforme que debía llevar. Consistía en pantalones negros y camisa de manga corta del mismo color con el logotipo del club bordado en el pecho además de una chapita dorada con su nombre impreso en ella.

Se vistió con rapidez y con el móvil en el bolsillo y las gafas de sol en la mano salió del bungalow. El club no quedaba lejos y tardó solo unos minutos en llegar siguiendo uno de los muchos caminos de tierra que se perdían por el camping.

El club era mucho más grande de lo que Tom había imaginado, se alzaba a orillas del lago Krossinsee donde en esos momentos y al ser verano estaba repleto de gente bañándose o tomando el sol. Tom se detuvo unos segundos observando el panorama, eran casi todos chicos jóvenes y saltaba a la vista que manejaban mucho dinero, no había más que fijarse en la marca de las ropas que llevaban, los lujosos relojes que adornaban sus muñecas o los móviles de última generación con los que hablaban.

A su derecha había una pasarela de madera que se extendía desde la terraza del club hasta el embarcadero donde habían ancladas algunas lanchas motoras o motos de agua. Todo diseñado para el disfrute y ostentación de una juventud que no conocía límites.

— ¡Tom!

Una vez más la voz de su amigo le pilló desprevenido. Se volvió y le vio caminar hacia una de las mesas del embarcadero con una bandeja en las manos cargada de bebidas para sus jóvenes clientes que las esperaban ajenos al ritmo frenético del servicio

Esperó en silencio mientras que Andreas terminaba de repartir las consumiciones con una amplia sonrisa y tras intercambiar algunas palabras dio media vuelta y se le acercó con cara de cansancio.

—Llegas en el momento justo, estamos hasta arriba de trabajo—dijo resoplando—Vamos, David te está esperando en su despacho. Te llevo con él y vuelvo a la batalla.

Sin perder tiempo, Andreas echó a andar hacia el interior del club y Tom lo siguió.

Al cruzar la puerta, se encontró con un ambiente aún más bullicioso que en la terraza. Música alta, conversaciones cruzadas y camareros moviéndose con precisión entre las mesas. El lugar rebosaba vida y Tom sintió cómo la adrenalina empezaba a recorrerle el cuerpo.

Tuvo apenas unos segundos para dar un rápido vistazo, comprobando que era más grande de lo que se esperaba para ser un simple club a orillas de un lago. Justo en el centro había una larga barra donde dos camareras se movían con destreza tras ella sirviendo bebidas a los clientes que charlaban animadamente sentados en sus taburetes.

Alrededor de la barra había varias mesas colocadas que otros tres camareros recogían con rapidez despejando los restos del turno de comida que ya había terminado. El ritmo era frenético, pero perfectamente coordinado, casi como si estuviera ensayado.

Al fondo, una gran puerta acristalada daba paso a la terraza también con mesas ocupadas esperando a ser atendidas. El murmullo del agua del lago llegaba suavemente, mezclándose con la música del local y el tintinear de los vasos. Todo parecía diseñado para impresionar, para envolver al visitante en una atmósfera de lujo y desenfado.

Tom respiró hondo. Aquel lugar no era solo un club, era un escenario y él estaba a punto de formar parte de la función.

—Andreas, lleva lo de la mesa 5 cuando puedas—resonó una voz firme imponiéndose sobre el bullicio del local.

Tom giró la cabeza y la reconoció al instante. Era Melissa, su vecina de bungalow y la misma con la que Andreas había pasado la noche. Llevaba el cabello recogido en una coleta alta y el ceño fruncido, claramente agobiada por el ritmo frenético del servicio.

—Dame un respiro cariño—dijo Andreas sonriendo—Ha venido Tom, tengo que llevarle con David y enseguida vuelvo.

Melissa le lanzó una mirada rápida a Tom sin decir nada. Luego volvió a centrarse en la barra donde un grupo de chicos esperaba impacientes sus bebidas.

—Pero no te entretengas por el camino, estamos hasta arriba—intervino la otra camarera mientras llenaba dos vasos de cerveza con movimientos precisos—Y cuando vuelvas te traes un bidón de cerveza, este ya se está terminando.

—Dalo por hecho, cariño—contestó Andreas resoplando.

La chica le lanzó una mirada como si pudiera fulminarlo en ese mismo instante, pero Andreas ni se inmutó. Ya estaba acostumbrado a ese tipo de miradas asesinas por su parte.

Tom observó la escena con curiosidad. Sus ojos se detuvieron en la plaquita dorada que la chica llevaba prendida en el pecho. Ponía que se llamaba Christine y ese gesto no fue pasado por alto por ella, no tardando en reaccionar sin importarle ser vista u oída por los clientes que les rodeaba.

— ¿Ves algo que te guste?—preguntó Christine sin perder el tono cortante.

— ¿Cómo debo llamarte, Christine o Chris?—preguntó a su vez Tom sonriendo.

Christine terminó de servir las cervezas mientras pensaba en qué tipo de respuesta se merecía el recién llegado, cuyo nombre era Tom tal y como pudo leer en su placa. Iba a ser su nuevo compañero de trabajo y tuvo que reconocer que era muy atractivo y tenía su encanto. Y aunque no era de esas chicas que se dejaban impresionar con facilidad, tuvo que admitir que Tom no pasaba desapercibido.

—Depende—dijo mientras colocaba las bebidas sobre la barra— ¿Vas a ser uno de esos que se creen graciosos o uno de los que trabajan en serio?

Tom se encogió de hombros, aún con la sonrisa en los labios.

—Supongo que eso tendrás que averiguarlo—murmuró suspirando.

— ¿Seguimos con el trabajo, o hacemos todos una pausa mientras vemos cómo termina esto?—intervino Melissa con la voz cargada de sarcasmo y una mirada que cortaba como cuchilla.

Tom se cortó al momento, Melissa tenía algo que le intimidaba. No estaba acostumbrado a que lo pusieran en su sitio tan rápido.

Christine sin embargo no apartó de él la mirada como si el comentario no fuera con ella en absoluto y tras unos segundos volvió a su trabajo sin decir nada más. Pero Tom notó que, por primera vez, la dureza en su expresión se había suavizado un poco.

—Vamos, que David te espera—murmuró carraspeando Andreas.

Había permanecido en silencio disfrutando del espectáculo con una sonrisa amplia y cómplice. Ver a su amigo lidiar con la arpía de Christine había sido casi como presenciar una pelea de gatos, poco había faltado para que Christine saltara por encima de la barra y usar sus uñas afiladas para dejarle claro a Tom quién era quien allí mandaba.

Rodearon la barra sin decir palabra, dejando atrás el bullicio del club. El sonido de los vasos, la música y las risas se fue apagando a medida que se adentraban en el largo pasillo que conducía a los baños y al almacén donde David tenía además su despacho.

Al final del pasillo había una puerta metálica con un cartel de «prohibido el paso» colgado en ella. Andreas la abrió y entraron al almacén repleto de cajas apiladas, barriles de cerveza, estanterías con botellas y productos de limpieza.

— ¿David?—llamó Andreas en voz alta para ser escuchado por por encima del zumbido lejano de la música

Segundos después una figura emergió entre las filas de cajas. David apareció cargando una de cervezas que Andreas le cogió de las manos mientras le presentaba a su amigo.

—Es Tom—dijo haciéndose a un lado para que David le viera.

David se le quedó mirando echándole un buen repaso de arriba abajo, estudiando al milímetro su aspecto y sobre todo la expresión de su cara. Tom se sintió algo molesto pero comprendía que solo quería asegurarse de que era el candidato adecuado para ocupar el puesto de trabajo.

—Hablemos en el despacho—murmuró David girándose.

Tom asintió en silencio y fue tras él mientras que Anderas regresaba en silencio a su trabajo.

&

El despacho era una habitación pequeña al fondo del almacén con la capacidad suficiente para un escritorio, un par de sillas y una estantería repleta de carpetas.

—Siéntate—invitó David acomodándose tras su escritorio con gesto firme.

Tom obedeció sin vacilar y ocupó la silla que había frente a él, acordándose de repente que tenía las gafas de sol aún puestas. Se las quitó de inmediato dejando que David estudiara a fondo su cara, como si buscara algo en ella que no fuera de su agrado.

— ¿Cuántos años tienes?—preguntó David sin rodeos.

—21 —contestó Tom con voz ronca.

—Pareces más joven—comentó David cruzándose de brazos.

—Vaya, lo tomaré como un cumplido—murmuró Tom sonriendo.

—No lo era—dijo muy serio David, haciendo que borrara la sonrisa de inmediato—Ya le comenté a Andreas que necesito un camarero extra con urgencia, el último resultó que le gustaba más beberse mi almacén que colocarlo. Espero que tú seas más formal.

—Lo soy…señor—se apresuró a decir Tom.

David lo observó un instante antes de esbozar una leve sonrisa, la primera desde que comenzaron a hablar.

—Puedes llamarme David, como los demás—dijo relajando apenas la tensión del ambiente—Andreas ya me ha comentado que no es tu primer trabajo como camarero y eso lo podré comprobar esta tarde. No te voy a quitar los ojos de encima.

Tom asintió con la cabeza.

—Nuestra clientela como podrás haber comprobado son en su mayoría adolescente provenientes de buenas familias—empezó a decir David recuperando su tono serio—Muchos de ellos son aún menores de edad, debes exigirles que te enseñen la documentación cuando te pidan alcohol y negárselo si no tienen los 18. Tratarán de engañarte o discutir contigo, deberás tener mucha paciencia con ellos.

Tom volvió a asentir con la cabeza.

—Trabajarás 8 horas diarias tanto en barra como en el embarcadero ya sea de camarero o limpiando las lanchas—explicó David mirándole fijamente—Puedes descansar 15 minutos cada 2 horas siempre que se pueda, hay veces que es imposible. Algunos días quizás te toque doblar turno como hoy Andreas para suplir una baja, entonces tienes media hora para comer aquí mismo. También te puede tocar trabajar de noche los fines de semana que abrimos hasta las 3 de la madrugada. Tienes 1 día de descanso a la semana y 2 cuando te toque trabajar los fines de semana.

Tom escuchaba en silencio, la verdad es que era un trabajo muy duro y más en época de verano. Se imaginaba que luego sería más tranquilo.

— ¿Alguna pregunta?—preguntó David con firmeza.

—Ninguna—contestó Tom de la misma manera.

—Pues entonces en marcha, tu turno empezó hace 15 minutos—dijo David poniéndose en pie y dando la conversación por terminada—En tu taquilla hay dos uniformes de repuesto, si te manchas quiero que te cambies de inmediato. Debes lucir siempre buen aspecto.

— ¿Tengo que cortarle el pelo o afeitarme la barba?—quiso saber Tom levantándose también.

—No soy tan estricto. No te diré nada siempre y cuando lleves el pelo limpio y recogido y la barba arreglada—dijo David saliendo del despacho.

Tom se apresuró en ir tras él, recorrieron de nuevo el almacén y David le llevó ante una puerta gris donde llamó antes de abrirla y entrar.

—Chicos, os presento a Tom—dijo David dejándole entrar primero—Ellos son, Víctor y Patrick, ya conocerás al resto del equipo con el tiempo.

Tom saludó a sus compañeros con una inclinación de la cabeza.

—Ahí tienes una taquilla para poder dejar tus cosas, el móvil sobre todo—dijo con firmeza David—Puedes cogerlo en tu tiempo de descanso pero mientras se trabaja nada de móviles o llamadas personales.

Tom asintió y se dirigió a la taquilla asignada para dejar en ella su móvil y las gafas de sol, observando que habían dos uniformes de repuesto y espacio para nada más. Dejo cerrada la taquilla de nuevo y se guardó la llave en el bolsillo trasero del pantalón.

—Sigamos—dijo David saliendo de la habitación que hacía las veces de sala de descanso y vestuario.

Tom se apresuró tras él, viendo que se paraba y le señalaba otra puerta gris que había a su izquierda.

—Esa puerta conduce al vestuario de las camareras—explicó con firmeza David— No creo que haga falta que te explique que tienes prohibido entrar en allí, al igual que las chicas no pueden entrar en vuestro vestuario. Me da igual lo que hagáis en vuestro tiempo libre pero mientras se trabaja están prohibidas las relaciones.

Y tras dejar las cosas bien claras David le llevó de vuelta al club. Le hizo entrar tras la barra y le dio un delantal también negro que Tom se apresuró a ponerse.

—Tom, ellas son Christine y Melissa—presentó David sin levantar la voz—Siempre tienen que haber 3 camareros en la barra, pégate a ellas y que te lo vayan enseñando donde está todo. Yo estaré por aquí observando, y sobre todo sé muy educado con los clientes. Siempre.

Tom asintió con la cabeza y una vez se hubo ido David pudo respirar aliviado. Aunque no tuvo mucho tiempo para tratar de relajarse antes de trabajar, al momento un grupo de chicos entraron por la puerta y fueron a la barra a pedir.

—Tom, ven conmigo—llamó Melissa al momento.

Tom se apresuró a obedecer y minutos después ya estaba a su lado siguiendo todas sus órdenes. Melissa parecía haber olvidado su pequeño encontronazo con Christine, su actitud era directa y muy profesional. Se dedicó a explicarle donde guardaban las bebidas, los vasos y demás utensilios. Tom aprendía con mucha rapidez y al poco ya estaba sumergido en su trabajo sin tener que molestar a Melissa con ninguna duda o pregunta tonta.

Desde la distancia, David lo observaba con atención. Le gustaba como se movía tras la barra, cómo atendía con los clientes desenvolviéndose con naturalidad una vez perdida la timidez inicial. Era como si ya los conociera de toda la vida, y ellos a él al ver como un grupo de chicos y chicas le relataban lo bien que se lo habían pasado ese día.

No podía estar más satisfecho de encontrar un camarero como él, aunque a primera vista le hubiera echado hacia atrás su semblante serio y mirada fría. Todo en él gritaba que estaba a la defensiva, como si estuviera peleado con todo el mundo.

Pero había visto algo en sus ojos que le había hecho cambiar de opinión.

Vio tristeza en ellos.

Era como si supiera que Tom no lo había tenido fácil en la vida y algo se removió en su interior. Era joven, con toda la vida por delante y tiempo para poder cambiar esa frialdad que emanaba.

Continúa… 

Gracias por la visita. Si te ha gustado, comenta y regresa, porque pronto tendremos más 😉

por lyra

Escritora del Fandom

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