Incomplete 21

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 21

Tom se despertó al sentir la luz filtrándose entre las cortinas del bungalow. Era la primera noche que pasaba en el y tenía que reconocer que Andreas tenía mucha razón, el sofá era de lo más incómodo pero no pensaba aceptar su invitación de compartir la cama con él cada noche.

Se aguantaría con lo que le había tocado, mejor eso que abrir viejas heridas que aún no habían cicatrizado.

Sentía que el cuerpo le pesaba, como si la noche anterior se hubiera quedado adherida a su piel. Se incorporó lentamente sin mirar la hora en su móvil, ya sabía que era muy temprano y no entraba a trabajar hasta las 3 de la tarde. Tenía toda la mañana libre para descansar y pensar.

Y también para recordar inevitablemente en todo lo sucedido la noche anterior.

La fiesta había sido un torbellino de risas, buena música, miradas cruzadas y secretos a voces. Pero en algún momento, todo se volvió demasiado.

Demasiado ruido, demasiada gente y demasiadas emociones que no sabía cómo ordenar.

Entonces no pudo seguir aguantando más y decidió retirarse ayudado por Víctor y Andreas quien una vez a solas en el bungalow había estado insistiendo en saber qué le pasaba, pero Tom solo había negado con la cabeza negándose a hablar del tema.

No quería hablar.

No podía.

Ni siquiera esa mañana, sabía que en cuanto Andreas despertara iría corriendo a ver si estaba bien y quería hablar entonces. Y aún no quería hacerlo así que decidió que lo mejor sería poner tierra por medio y alejarse del bungalow antes de que Andreas se diera cuenta de que ya estaba despierto.

Daría un paseo por la zona, quizás incluso fuera al lago a desayunar en el club y darse un baño antes de regresar al bungalow para ducharse y empezar su turno de trabajo.

Y con esa idea en mente se levantó del todo y adecentó el sofá cama como bien pudo sin molestarse en vestirse. Echó una rápida y silenciosa carrera a la habitación de su amigo quien parecía dormir profundamente y abrió su armario para sacar su ropa de ella acordándose también de coger uno de los bañadores de Andreas ya que él no tenía y sabía que no le importaba.

Se cambió en el baño y tras lavarse los dientes salió del bungalow llevando una toalla al hombro y sus móvil de la mano y gafas de sol que se puso de inmediato cuando la luz del sol le hirió en los ojos.

Bajó los escalones del porche y sus ojos se dirigieron al bungalow de Melissa, quien ya llevaría un par de horas trabajando en el club sin descanso. Tenía que hablar con ella, se merecía una buena disculpa por haberla usado. Ni fue su intención hacerlo, pero al bailar con ella entre sus brazos y sentirse como nunca antes lo había hecho, se dejó llevar apoderándose de sus labios desesperado.

Hasta que alzó la mirada y descubrió a Bill bailando con Alexander a escasos pasos, y como se besaban también y hacían algo más ante sus ojos. No pudo apartar la mirada de la cara de Bill, estudiando cada gesto suyo hasta que supo que había tenido un profundo orgasmo al ver sus ojos mas brillantes que nunca y sus labios separados dejando escapar de ellos gemidos descontrolados.

Era una imagen que no podría borrar nunca de su memoria.

Cogió aire profundamente y lo soltó en un profundo suspiro mientras se ponía en marcha. Siguió el mismo camino de tierra que la tarde anterior cuando se dirigió al club por primera vez pero en esa ocasión quiso disfrutar del paseo deteniéndose a observar el paisaje que le rodeaba.

Llegó al club y entró en el quitándose las gafas de sol aspirando profundamente el delicioso aroma a café recién hecho. Solo eran las 9:30 de la mañana y ya empezaba a llenarse de vida. El murmullo de las conversaciones y el sonido de los cubiertos chocando suavemente parecía más amable que el ajetreo de la tarde anterior.

Tras la barra estaba Melissa concentrada en su trabajo y echándole una mano localizó a David, quien parecía dedicar las 24 horas del día al club.

Como si supiera que estaba pensando en él le vio saludarle tras la barra con una sonrisa amplia. Tom le devolvió el saludo y se acercó a la barra tomando asiento en uno de los taburetes.

—Qué sorpresa verte por aquí tan temprano, ¿has desayunado ya?—quiso saber David.

Tom negó con la cabeza, y David, sin perder su entusiasmo matutino le hizo un gesto para que lo siguiera.

—Ven, ayer no me dio tiempo a enseñarte la cocina y tienes que conocer a Rose—dijo David sin perder la sonrisa en ningún momento—Es la mejor cocinera que hemos tenido, toda una artista. Y la madre de Víctor.

Tom se levantó al momento y fue tras David mientras pensaba que estaba mucho más amable que cuando le había conocido la tarde anterior y despedido. Quizás se había dado cuenta de que le había juzgado mal, que él no había tenido la culpa de lo ocurrido y solo de explotar como lo había hecho, cosa que esperaba no tener que volver a repetir pero con Alexander nunca se sabía lo que podría pasar de improvisto.

Recorrieron el pasillo que daba al almacén pero esa vez tomaron la dirección contraria y David abrió una amplia puerta de metal que conducía a la cocina. Entraron en ella y al momento fueron recibidos por el el calor que emanaba del horno, el aroma a pan recién horneado y especias dulces.

Y allí ante los fogones estaba Rose, una mujer de mediana edad con el cabello recogido en un perfecto moño moviéndose entre ollas y bandejas con una elegancia natural. Se volvió y les vio entrar en su territorio ofreciéndoles al momento una sincera sonrisa. Tom pudo observar que tanto Víctor como Anouk tenían muchos rasgos de su madre, y esa cálida sonrisa de bienvenida era uno de ellos.

—Rose, te presento a Tom—dijo David echándose a un lado para que le pudiera ver mejor.

—Nuestro camarero problemático—bromeó Rose sin perder la sonrisa en ningún momento— ¿Te apetece comer algo?

Tom sintió con la cabeza en silencio sorprendido por la calidez con la que Rose lo había recibido. No había juicio en su tono, solo una chispa de humor que lo desarmó por completo.

—Hoy he hecho bollos de canela y pan de centeno con semillas. Nada complicado, pero suficiente para empezar el día con buen pie—explicó Rose levantando el paño de lino que cubría una de las bandejas.

Tom no pudo evitar respirar profundamente , sintiendo cómo el aroma dulce y cálido le devolvía algo de paz. David le dio una palmada en el hombro antes de volver a la barra.

—Te dejo en buenas manos. Si sobrevives a Rose, entonces ya si que eres parte del equipo.

Y salió de la cocina dejando que Rose le invitara a sentarse en la mesa de madera que había en un rincón mientras le servía un bollo en un plato pequeño acompañado con una taza de café recién hecho.

Tom tomó asiento sin pensárselo dos veces viendo como Rose se sentaba frente a él con una taza de café entre las manos, observándolo con esa mirada serena que parecía ver más allá de las palabras.

—¿Y tú de dónde eres, Tom? —preguntó con naturalidad.

Tom bajó la vista al bollo de canela, como si necesitara concentrarse en cada detalle del glaseado para no mirarla a los ojos.

—De muchos sitios —respondió tras una pausa—He ido cambiando bastante dando tumbos. No sabría decirte uno solo.

Rose no quiso insistir, Tom parecía haber levantado un muro ante él y no dejaba que nadie lo derribara. Solo asintió con una leve sonrisa como si entendiera que había cosas que no se decían porque aún dolían, o porque no se habían terminado de entender.

—Eso suele pasar —dijo con suavidad—A veces no es el lugar, sino lo que dejamos en él.

Tom levantó la mirada por un instante sorprendido por la precisión de sus palabras. Luego volvió a centrarse en el café, agradeciendo que no hubiera más preguntas.

—Te va a gustar mucho trabajar aquí, ya lo verás—empezó a decir Rose sonriendo de nuevo—Somos como una gran familia, los chicos bromean diciendo que yo soy la madre y David el padre. Estamos siempre a vuestra disposición para ayudaros en lo que necesitéis, pero sabemos ser muy estrictos cuando vemos que no estáis haciendo las cosas bien.

Tom sonrió con discreción agradeciendo el tono cálido de Rose, aunque aún se seguía sintiendo algo fuera de lugar. Había algo reconfortante en esa cocina, en el olor a pan recién hecho y en la forma en que Rose hablaba, como si realmente creyera en lo que decía.

—Eso suena bien —dijo finalmente, sin comprometerse del todo—Solo espero no meterme en más líos.

Rose asintió con la cabeza, estaba claro que estaba al tanto de lo sucedido la tarde anterior pero no le estaba juzgando para nada, solo comprendiendo la situación.

—Todos nos metemos en líos alguna vez—comentó Rose—Lo importante es cómo salimos de ellos. Aquí no se trata de ser perfectos, sino de aprender. Y de cuidar unos de otros.

Tom asintió bajando la mirada den nuevo a su taza de café. No estaba acostumbrado a ese tipo de ambiente. En otros trabajos todo era distancia, normas y horarios. Allí parecía haber algo más.

Algo que no sabía si estaba preparado para recibir.

Y Rose lo sabía, podía percibirlo en su silenciosa mirada.

—No tienes que hablar si no quieres —dijo Rose terminándose su café—Pero si algún día te apetece, aquí siempre hay café y tiempo. Aunque sea de cosas que no tienen que ver con el trabajo, puedes venir aquí. A veces, la cocina es el mejor lugar para soltar lo que uno lleva dentro.

Tom la miró agradecido. No por la comida, sino por la comprensión silenciosa que parecía envolverlo como el aroma del pan recién horneado.

Sentía que en su interior algo se había aflojado.

No era confianza aún, pero sí el primer paso hacia ella.

—Tengo que regresar al trabajo antes de que se me queme el pan—dijo Rose poniéndose en pie con agilidad—Si quieres quedarte hay mucho que hacer, puedes lavar platos o a pelar patatas.

Tom se levantó también con una sonrisa ligera en los labios. Cogió el resto del bollo de canela dispuesto a comérselo por el camino.

—Es una oferta tentadora, pero creo que aprovecharé la mañana libre para dar un paseo por el lago y nadar un poco —respondió con tono amable.

Rose se detuvo un instante, como si pensara en algo antes de hablar.

—Te recomiendo que vayas más abajo, cerca de las dunas —murmuró—Es la zona más alejada del club, pero también la más tranquila. Allí nadie te molestará.

Tom entendió al momento lo que le quería decir. Rose sabía lo que significaba moverse entre los clientes habituales del club, los hijos de familias adineradas que lo miraban con superioridad como si el lago les perteneciera por derecho. En ese rincón apartado, podría ser simplemente él mismo.

Asintió con gratitud y salió de la cocina con paso ligero, sintiéndose mucho mejor que cuando había entrado. El aroma que flotaba en la cocina, la calidez de Rose y la promesa de un lugar donde nadie lo juzgara le habían devuelto algo que creía perdido: la posibilidad de respirar con tranquilidad.

&

Salió del club con la cabeza erguida, como si el aire fresco le hubiera devuelto parte de sí mismo. Siguió el consejo de Rose y emprendió un paseo largo bordeando el lago, alejándose poco a poco del bullicio del club. El sendero lo llevó hasta las dunas donde el paisaje se volvía más salvaje y más íntimo. Allí extendió la toalla sobre la arena clara, dejó la camiseta y las gafas cuidadosamente a un lado, y se descalzó. Con un gesto rápido se soltó el pelo sintiendo el viento jugar con él y se lanzó al agua sin pensarlo dos veces.

El lago lo recibió con una frescura revitalizante. Tom empezó a nadar con fuerza decidido a quemar la adrenalina que aún le recorría el cuerpo, como si cada brazada pudiera borrar lo que no quería recordar.

Cada brazada que daba parecía arrancarle un poco del peso que llevaba encima, como si pudiera dejar atrás lo que no sabía cómo nombrar. Nadaba con fuerza, con ritmo y con rabia contenida. Pero por más que se sumergiera y por más que se impulsara hacia adelante, no podía dejar de pensar en Bill en ningún momento.

Bill en la pista de baile.

Bill entre los brazos de Alexander.

Bill con los ojos cerrados y los labios separados perdido en algo que Tom no podría jamás compartir con él.

Esa imagen se había quedado grabada en su mente como una quemadura. Y en esos momentos en medio del lago volvía una y otra vez, como si el agua no pudiera apagarla.

Intentaba concentrarse en cada movimiento, en su respiración y en el sonido amortiguado del mundo bajo la superficie. Pero Bill estaba allí en cada brazada y en cada latido de su agitado corazón.

No como un reproche, sino como una herida abierta que aún no sabía cómo cerrar.

Tom se detuvo un momento flotando boca arriba cuando sintió que los pulmones le iban a estallar. Dejó que el sol le acariciara la cara y cerró los ojos suspirando.

No quería pensar ni sentir.

Pero Bill estaba en todas partes, en cada rincón de su atormentada mente.

Estaba en el reflejo del sol sobre el agua, en el ritmo de su respiración, en el silencio que lo envolvía mientras flotaba. No importaba cuánto se esforzara por dejarlo atrás, Bill volvía como una marea persistente, arrastrando consigo todo lo que Tom no quería sentir.

Y entonces, como un golpe seco en el pecho, recordó a su hermano gemelo.

La culpa le atravesó de repente, como si el agua se hubiera vuelto hielo. Llevaba horas sin pensar en él, desde que decidiera salir de fiesta con sus amigos que solo habían tratado de animarle.

Horas en las que se había perdido en sus propios fantasmas y en sus propios deseos, en su propia confusión. Pero su hermano seguía en algún lugar esperando a ser encontrado. Y él había prometido hacerlo.

Se incorporó en el agua con el corazón latiendo con más fuerza. No podía seguir nadando como toda la tranquilidad del mundo, como si estuviera de vacaciones cuando así no era.

No podía seguir huyendo de todo.

Había preguntas que necesitaban respuestas.

Y personas que necesitaban ser encontradas.

Salió del lago con pasos lentos, sintiendo el peso de la realidad volver a posarse sobre sus hombros. Se secó con la toalla sin prisa, recogió sus cosas y se quedó un momento mirando el horizonte.

El día seguía siendo hermoso, pero él ya no podía permitirse el lujo de ignorarlo.

Era hora de volver.

Y de empezar a buscar.

Emprendió el camino de regreso al club con paso tranquilo, aunque su estómago empezaba a reclamar atención con insistencia. El bollo de canela que había comido apenas había sido un consuelo, y después del esfuerzo realizado sentía que el hambre le mordía por dentro. Cada paso que daba entre los árboles le recordaba que no había desayunado en condiciones, y que necesitaba algo más que un simple café para seguir adelante.

Al llegar al club el bullicio había aumentado. Las mesas exteriores estaban casi llenas y el aroma a pan tostado, fruta fresca y café recién hecho flotaba en el aire como una invitación irresistible. Tom se dirigió de nuevo a la barra donde Melissa seguía trabajando con eficiencia moviéndose entre clientes con una sonrisa profesional que no dejaba entrever nada de lo ocurrido la noche anterior.

Aún no la había saludado y ese era el momento adecuado.

Ocupó de nuevo un taburete ante la barra y se quedó esperando a ser atendido por ella sin molestarse en recogerse el pelo aún húmedo tras el baño.

— ¿Has disfrutado del lago?—preguntó Melissa con un tono amable pero neutral.

Tom asintió con la cabeza como respuesta, había disfrutado mucho hasta que recibió un golpe de realidad bien merecido.

—Seguro que estarás hambriento, ¿qué te apetecer tomar?—preguntó Melissa de nuevo.

—Lo que sea que no lleve canela—bromeó Tom intentando aligerar el ambiente.

Notaba a Melissa algo distante y se imaginaba que también dolida tras haberla rechazado en el parking del Sisyphos. Tenía que hablar con ella, pero ese no era el momento y Melissa también lo sabía.

La vio volverse para irle a buscar algo qué comer. Mientras esperaba Tom se apoyó en la barra observando el movimiento del club. Todo parecía seguir su curso, como si el mundo no se hubiera detenido por lo que él sentía. Pero dentro de él algo había cambiado. La imagen de Bill seguía presente, pero mezclada con la urgencia de encontrar a su hermano, con la necesidad de empezar a hacer algo por encontrarlo.

Aunque no sabía por donde empezar, y Berlín era muy grande para hacerlo él solo.

Melissa regresó con un ligero almuerzo que consistió en una tostada con aguacate, huevo poché y un zumo de naranja. Tom lo recibió con gratitud viendo como Melissa regresaba con rapidez al trabajo pues al momento la barra se llenó de nuevos clientes que no querían esperar a ser atendidos.

Empezó a comer mientras pensaba en lo que tenía que hacer a continuación.

No podía quedarse quieto esperando a que las respuestas llegaran por sí solas.

Era hora de empezar a buscarlas.

&

Tom seguía concentrado en su tostada, cortando pequeños trozos con calma como si el simple acto de comer pudiera ordenar sus pensamientos. El murmullo del club lo envolvía, pero no prestaba atención a las conversaciones ni a las risas que se mezclaban con el tintinear de las tazas.

Alzó la vista y dejó que su mirada se perdiera en el ventanal que daba al lago. El golpeteo suave del agua contra el embarcadero llegaba hasta él, hipnótico, como un latido pausado. Tan abstraído estaba que no advirtió la entrada de una pareja que se detuvo a escasos pasos de su espalda.

Melissa en cambio sí los había visto y con su sonrisa más natural los saludó desde la barra.

—Louise, Bill.

El sonido de esos nombres fue como un chasquido seco en el aire. Tom y Bill reaccionaron al unísono dando un leve respingo que delató más de lo que cualquiera de los dos habría querido.

Tom se giró con lentitud como si cada segundo le diera tiempo a prepararse pero era así. Sus ojos se encontraron con la mirada luminosa de Louise que le sonreía ampliamente. Bill en cambio mantenía la cabeza baja y los hombros tensos, como si deseara que el suelo se abriera bajo sus pies para poder desaparecer.

Louise avanzó hacia la barra, sintiendo que Bill la seguía con paso reticente.

—¿Qué os apetece tomar? —preguntó Melissa con cortesía.

—Pues… no sé —respondió Louise echando un vistazo a la tostada de Tom—Creo que voy a pedir lo mismo. Tiene una pinta deliciosa.

Tom sintió que el comentario inocente en apariencia llevaba una carga invisible. Bill a su lado no levantó la mirada ni una sola vez, pero Tom podía sentir su presencia como una corriente eléctrica detrás de él. El aire entre ambos estaba denso, cargado de todo lo que no se decía.

—Perfecto, ¿y tú, Bill?—preguntó Melissa de nuevo.

Bill levantó la vista apenas un instante, lo suficiente para que sus ojos se cruzaran con los de Tom. Fue un contacto fugaz, pero cargado de todo lo que ninguno de los dos se atrevía a decir.

—Un zumo de naranja —murmuró con la voz más baja de lo habitual, como si temiera que cualquier palabra pudiera romper el frágil equilibrio que se había instalado en el aire.

—Ponle también una tostada con aguacate—pidió Louise por su amigo.

Melissa asintió y se giró hacia la ventanita que daba a la cocina, pero no sin antes lanzar una mirada rápida a Tom que seguía inmóvil, con el tenedor suspendido a medio camino entre el plato y la boca.

Louise se movió primero, arrastrando con suavidad uno de los taburetes y se sentó con naturalidad dejando otro vacío entre ella y Tom. Ese hueco, más que un gesto casual, se convirtió en una invitación silenciosa que Bill no pudo rechazar. Con paso lento y a regañadientes ocupó el asiento haciendo que el espacio entre él y Tom pareciera cargado de electricidad estática.

Tom sintió el leve roce del codo de Bill al acomodarse y un escalofrío le recorrió la espalda. No por frío sino por su proximidad y de todo lo que no se habían dicho. Bill, rígido, mantenía la mirada fija en algún punto indeterminado de la barra, como si mirar a cualquier otro lado pudiera salvarlo.

—Hace un día precioso, ¿verdad? —comentó Louise dirigiéndose a Tom.

Tom levantó la mirada hacia ella pero en el rabillo del ojo captó el perfil de Bill, con su mandíbula apretada y los dedos entrelazados con fuerza sobre la barra. El comentario de Louise flotaba en el aire, ligero en apariencia, pero con un peso invisible que ninguno de los dos quería sostener.

— ¿Has estado nadando en el lago?—preguntó Louise de nuevo deseosa de entablar una conversación.

Tom carraspeó antes de contestar, no podía ignorarla por segunda vez y quedar como un maleducado.

—El agua estaba fría, pero revitalizante—comentó Tom.

En ese momento llegó Melissa con ambos zumos de naranja y tostadas con aguacate mas un huevo poché. Lo dejó todo ante ellos y regresó al trabajo sin decir nada.

—Gracias Melissa—dijo Louise con educación.

Louise tomó su zumo y bebió un sorbo pausado antes de retomar una conversación que Tom parecía empeñado en esquivar.

— ¿Y ya te encuentras mejor?—preguntó con aparente ligereza.

Tom sintió cómo sus músculos se tensaban. No estaba seguro de si Bill sabía que él había estado en el Keller con Louise, Georg y los demás… pero cuando lo vio alzar por primera vez la mirada y fijarla en él con una preocupación silenciosa, tuvo la respuesta.

Lo sabía.

Y por la forma en que lo miraba no parecía importarle. Solo quería asegurarse de que estaba bien tras aquella «indisposición» fingida.

Podía ver en sus ojos que además que simple curiosidad y preocupación por su estado había también un peso silencioso, como si Bill estuviera evaluando cada palabra que pudiera decir.

—Mucho mejor, gracias —respondió Tom, consciente de que debía añadir algo más para zanjar el tema—Ayer fue un día muy movido, me había pasado parte de la noche viajando y apenas descansé. Me pasó factura.

Bill no apartó la vista de él hasta que terminó la frase. Entonces con un leve movimiento bajó la mirada hacia su zumo, pero sus dedos tensos sobre el vaso lo delataron.

— ¿De viaje?—insistió Louise.

—Desde Leipzig —aclaró Tom antes de que pudiera seguir interrogándole—Vine en busca de trabajo y Andreas me consiguió uno aquí, en Brandemburgo.

—¿Hace mucho que os conocéis? —preguntó Louise de nuevo con esa curiosidad que no parecía tener freno—Me ha dado la sensación de que sí.

—Crecimos juntos en el mismo hogar de acogida—explicó Tom con naturalidad.

Bill parpadeó sorprendido y Louise se puso tensa en su asiento. Era una respuesta que ninguno de los dos jamás se hubiera imaginado que les daría.

—Lo siento mucho… no quería remover nada—murmuró Louise bajando un poco la voz.

Se sentía como una idiota, solo quería saber algo más de su vida pero sus preguntas solo habían incomodado a Tom abriendo una herida del pasado, no había más que ver el gesto de tristeza que le recorría la cara.

Bill se movió en su asiento, como si por fin decidiera romper el muro de silencio que había mantenido hasta entonces.

— ¿No tienes familia?—preguntó con una suavidad que contrastaba con la rigidez de su postura.

Tom negó con la cabeza sosteniéndole la mirada. En los ojos de Bill encontró una calidez inesperada, tan genuina que le hizo bajar la guardia más de lo que habría querido.

—Tengo un hermano gemelo—confesó de repente sin poder contenerse—Pero no sé nada de él.

—¿Cómo que no sabes nada de él? —intervino Louise, retomando su interrogatorio con renovada curiosidad.

—Lo descubrí hace poco —continuó Tom, con un tono más grave—Y ese es uno de los motivos por los que vine a trabajar aquí. Sé que vive en Berlín… pero no tengo ni idea de por dónde empezar a buscarlo.

—Nosotros te ayudaremos en todo lo que podamos —dijo Louise sin titubear, con una determinación que parecía querer cerrar cualquier duda.

Bill asintió en silencio respaldando sus palabras con un gesto breve pero sincero. Tom sintió que algo en su pecho se aflojaba y sin poder evitarlo esbozó una sonrisa agradecida que decía más que cualquier respuesta.

El murmullo del club seguía a su alrededor, pero en su cabeza solo resonaban las palabras de Louise y el gesto silencioso de Bill.

Nunca antes nadie le había ofrecido su ayuda sin esperar nada a cambio. Nada promesas, condiciones o deudas ocultas. Solo un «te ayudaremos» dicho con la naturalidad de quien lo siente de verdad.

Sintió un calor extraño en el pecho, una mezcla de gratitud y desconcierto. No sabía si podía confiar del todo en esos amigos nuevos que había hecho, pero por primera vez en mucho tiempo quiso intentarlo.

Se llevó el último bocado de tostada a la boca saboreándolo con lentitud como si así pudiera retener ese momento un poco más.

Fuera el lago brillaba bajo la luz de la mañana y Tom tuvo la certeza de que quizás no estaba tan solo como pensaba.

Continúa… 

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por lyra

Escritora del Fandom

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