Incomplete 37

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 37

Gracias al chaleco salvavidas Alexander no se hundió. Flotaba boca abajo inmóvil con el cuerpo inerte y el rostro oculto bajo el agua. El impacto había sido seco, brutal, y el silencio que siguió fue más aterrador que cualquier grito.

Tom no lo dudó más y se lanzó al agua nadando con fuerza con la mirada fija en la silueta inmóvil de Alexander flotando boca abajo. Desde la otra lancha Georg se tiró también al agua dispuesto a echar una mano.

Tom llegó primero. Lo giró con cuidado sintiendo el peso inerte del cuerpo y comprobando que no respondía. El chaleco salvavidas lo mantenía a flote, pero el rostro de Alexander estaba pálido, los labios entreabiertos y el cuello parecía frágil, como si cualquier movimiento pudiera empeorar las cosas. Georg llegó justo a tiempo para ayudarle a arrastrarlo hacia la lancha.

James y Peter se inclinaron desde la borda extendiendo los brazos y coordinando cada gesto para subir a Alexander con mucho cuidado. Lo tumbaron sobre la cubierta con delicadeza cuidando de no mover demasiado su cabeza. El grupo se replegó alrededor de él conteniendo el aliento, mientras Tom y Georg subían también empapados y temblando con el rostro desencajado.

Gustav permanecía inmóvil en su sitio con los ojos muy abiertos, como si aún no pudiera procesar lo que acababa de ocurrir. El silencio era denso, interrumpido solo por el sonido del agua contra el casco y el jadeo de los que habían saltado.

Tom se arrodilló en la lancha y comenzó a practicarle el boca a boca a Alexander mientras Helen marcaba en su móvil el número de emergencias con dedos temblorosos.

— ¡Diles que estamos cerca del embarcadero! —gritó James, tomando los mandos de la lancha con manos firmes y girando de vuelta a la playa a toda velocidad.

La otra embarcación pilotada por Michael observaba el caos desatado y dio media vuelta también en dirección a la playa con sus integrantes asomados buscando a Alexander con la mirada.

Bill había tomado asiento con los ojos clavados en el cuerpo de Alexander viendo como Tom lograba que volviera a respirar débilmente. Pero Alexander no se movía ni hablaba. El rostro lo tenía muy pálido y los labios entreabiertos como si el aire no le llegara del todo.

Estaba en estado de shock, atrapado en la imagen de lo que había hecho y de lo que había sentido al hacerlo. James lo miraba de reojo mientras conducía, con el viento golpeándole la cara y el rugido del motor llenando el silencio.

—No te preocupes —dijo sin apartar la vista del agua—Diré que era yo quien conducía. Que fue todo un accidente y que Alexander también se puso donde no debía.

Bill no respondió, no podía hacerlo. Solo asintió muy levemente con la cabeza como si ese gesto fuera lo único que le quedaba. La lancha avanzaba veloz hacia la orilla, mientras detrás de ellos el grupo entero empezaba a entender que la tarde había cambiado para siempre.

David los vio llegar desde lejos, la velocidad de la lancha y los gestos agitados del grupo bastaron para que comprendiera que algo había ocurrido. Corrió hacia el embarcadero con el corazón en la garganta esquivando a Andreas y a Víctor que también habían visto como se acercaba la lancha y echaron a correr también.

Cuando la lancha tocó tierra James saltó primero pidiéndole a Tom que no moviera a Alexander que seguía inconsciente tumbado sobre el suelo con el chaleco empapado pegado al cuerpo. Tom estaba calado hasta los huesos sin su propio chaleco con la cara desencajada y las manos temblorosas.

David se detuvo en seco al verlos. Su mirada recorrió la escena con rapidez viendo a Alexander inmóvil, Tom jadeando, Bill pálido como el mármol y Helen arrodillada junto al cuerpo sujetando el móvil aún encendido.

—La ambulancia ya está de camino —informó sin levantar la mirada con la voz firme pero quebrada por la tensión.

David subió a la lancha de un salto y se agachó junto a Alexander tocándole la frente con cuidado, como si temiera romper algo más. Luego miró a James, que le miraba jadeando como si hubiera hecho todo el trayecto corriendo.

—¿Qué ha pasado? —preguntó aunque ya intuía que la respuesta no sería sencilla.

James abrió la boca pero antes de que pudiera hablar Michael llegó con la otra lancha y saltó de ella seguido de Louise y los demás, rodeando la escena con rostros de incredulidad y miedo.

La tarde, que había empezado como una fiesta se había convertido en un punto de quiebre. Y David, que siempre había mantenido el control, sintió por primera vez que algo se le escapaba entre los dedos.

&

La ambulancia llegó con sirenas apagadas pero urgencia en cada movimiento. Los paramédicos descendieron con rapidez, tomaron el control de la situación y se acercaron a Alexander que seguía inconsciente sobre el suelo de la lancha. Tom se apartó aún empapado mientras Helen les explicaba lo que había ocurrido con la voz entrecortada pero precisa.

La policía apareció poco después, dos agentes uniformados que se acercaron con gesto serio observando el grupo con atención. David, que había estado supervisando todo desde el momento en que la lancha tocó tierra, se adelantó para hablar con ellos. Su rostro estaba tenso, la mandíbula apretada y los ojos no dejaban de buscar a Bill entre la multitud.

—James—dijo llamándolo aparte—Quiero que hables con ellos. Cuéntales exactamente lo que pasó. Todo.

James asintió sin discutir. Sabía que era el único que podía hacerlo con calma y que su versión sería la más creíble. Se acercó a los agentes y comenzó a relatar los hechos, desde el paseo en lancha hasta el giro brusco y la caída de Alexander. Mantuvo la voz firme, sin omitir detalles pero cuidando cada palabra para no delatar a Bill.

David mientras tanto se volvió hacia Bill. Estaba sentado en el borde del embarcadero con los brazos caídos a los lados y la mirada fija en el agua. No lloraba ni hablaba. No reaccionaba. Era como si todo lo que había ocurrido lo hubiera dejado suspendido en un lugar donde el tiempo no avanzaba.

David se acercó con cautela y se agachó junto a él.

—Bill —llamó en voz baja—¿Me escuchas?

Bill no respondió. Ni siquiera parpadeó.

David le puso una mano en el hombro con suavidad, como si temiera romper algo más.

—No estás solo—dijo con firmeza—Vamos a resolver esto pero necesito que estés aquí con nosotros.

A unos metros los paramédicos ya habían estabilizado a Alexander y lo subían a la camilla. El grupo miraba en silencio y la policía tomaba nota de cada testimonio. Pero en ese momento, lo que más preocupaba a David no era el informe ni las consecuencias.

Era Bill.

Ese silencio suyo que no era calma, sino colapso.

—Voy a llamar a tu padre para que mande a Arthur a recogerte —dijo David con tono preocupado, como quien intenta tomar el control de una situación que se le escapa fuera de control.

Esas palabras llegaron a Bill como si hubieran atravesado la niebla que le envolvía haciéndole reaccionar. Negó con la cabeza de forma brusca como si el solo pensamiento de marcharse lo revolviera por dentro. Luego se puso en pie con movimientos torpes pero decididos.

—No —dijo, con la voz quebrada pero clara—Quiero ir con Alexander, me necesita a su lado.

David lo miró en silencio. Por primera vez desde que había llegado Bill parecía presente. No entero ni estable pero sí aferrado a algo que le daba sentido. Y aunque David sabía que la ambulancia no era lugar para emociones desbordadas, también entendía que a veces el vínculo entre dos personas no se podía medir en protocolos.

Los paramédicos, que ya estaban asegurando a Alexander en la camilla se detuvieron al ver la escena. Uno de ellos se acercó a David.

—¿Es familia?—preguntó señalando a Bill.

—No. Pero… es importante para él—contestó David negando con la cabeza.

El paramédico asintió, comprendiendo más de lo que las palabras decían.

—Puede subir, pero que no interfiera—dijo con firmeza.

Bill no esperó confirmación. Se subió a la ambulancia y se sentó junto a la camilla tomando la mano de Alexander con cuidado como si temiera romperlo. No dijo nada, solo se quedó ahí con los ojos fijos en su rostro pálido, como si su presencia pudiera sostenerlo.

Y mientras la ambulancia arrancaba, David se quedó en el embarcadero viendo cómo se alejaban. Con el grupo aún en silencio, con la policía tomando notas y con la certeza de que nada volvería a ser como antes.

&

La ambulancia llegó al hospital con rapidez y en cuanto cruzaron las puertas del área de urgencias el equipo médico se hizo cargo de Alexander. Lo trasladaron a una sala de evaluación sin permitir que Bill lo acompañara. Un enfermero le pidió que esperara en la zona de admisión con tono amable pero firme.

Bill se quedó de pie sin saber muy bien qué hacer con las manos con la mirada clavada en la puerta que acababa de cerrarse tras la camilla. El silencio del hospital era distinto al del embarcadero, más frío y más clínico. Y en ese entorno blanco y brillante, su estado de shock se volvió más evidente.

Una enfermera se le acercó tras unos minutos observando su palidez, el temblor en sus dedos y la forma en que parecía no respirar del todo bien.

—¿Estuviste en el accidente?—preguntó con suavidad.

Bill asintió levemente con la cabeza.

—Ven conmigo —pidió ella guiándolo hacia una sala contigua—Vamos a revisarte, solo por precaución.

Bill se dejó llevar y que le sentaran en una camilla donde le tomaron la presión, le revisaron los reflejos, le preguntaron si había tomado algo o si se sentía mareado. Bill respondía con monosílabos sin apartar la vista del pasillo por donde había desaparecido Alexander.

—Estás en estado de shock —le dijo el médico tras revisar los signos vitales—No tienes lesiones físicas, pero vamos a mantenerte en observación un rato. ¿Hay alguien a quien podamos llamar? ¿Tus padres?

Bill negó con la cabeza con un movimiento lento pero firme. No necesitaba pensarlo. Sabía que si llamaban a sus padres el escándalo sería inmediato. Ya podía imaginar a su madre entrando al hospital con ese gesto contenido, midiendo cada palabra y cada mirada, cada implicación social como si fueran piezas de ajedrez. No preguntaría por Alexander primero y ni siquiera por él. Preguntaría por los testigos, por los informes y por quién había visto qué.

—No —dijo al fin con la voz apenas audible—No quiero que les llamen.

El médico lo observó unos segundos más como si intentara calibrar el peso de esa negativa. Luego asintió respetando el silencio que Bill parecía necesitar más que cualquier intervención.

—Está bien. Pero si en algún momento cambias de idea, solo dínoslo.

Bill no respondió. Se quedó sentado en la camilla abrigándose más con la manta que le habían echado sobre los hombros y los ojos fijos en el pasillo. Cada vez que alguien pasaba con una carpeta o una camilla su cuerpo se tensaba.

Esperaba noticias.

Esperaba que alguien le dijera que Alexander había despertado.

Que todo esto no había sido el principio de una caída.

En ese momento, más que miedo lo que sentía era una especie de vértigo moral. Sabía lo que había hecho y lo que había sentido al hacerlo. Y en esos momentos, en ese hospital blanco y silencioso, no podía esconderse detrás de nadie.

Mientras tanto en la sala de al lado el equipo médico se movía con precisión y urgencia alrededor del cuerpo de Alexander. Le retiraron el chaleco empapado, colocaron electrodos por su pecho, revisaron sus constantes y comenzaron a evaluar el impacto del golpe. Había signos vitales, pero la inconsciencia persistía. Lo intubaron con cuidado, le realizaron una tomografía urgente y los murmullos entre los médicos hablaban de contusión craneal, de posible edema y de esperar evolución.

Cada gesto era técnico, pero no frío. Había preocupación en los ojos del personal, en la forma en que uno de ellos se detuvo a alisarle el pelo antes de colocarle el collar cervical.

Bill seguía en la sala contigua, sentado en la camilla con la manta sobre los hombros y los ojos fijos en el pasillo. No sabía qué hora era, ni cuánto tiempo había pasado. Solo sentía que cada minuto se estiraba como una cuerda tensa, que cada paso de enfermero podía traer una noticia que no quería escuchar.

El hospital, con su luz blanca y su olor a desinfectante, se había convertido en un limbo. Y Bill, atrapado entre la culpa y el miedo, solo podía esperar.

Esperar que Alexander despertara.

Esperar que alguien le dijera que aún tenía un oportunidad para reparar lo que había hecho.

&

La ambulancia partió como un rayo camino del hospital llevándose a Alexander y también a Bill. Tom los vio marcharse y sintiendo que le temblaban las piernas se dejó caer sobre la arena quedándose sentada en ella con las manos entrelazadas sobre las rodillas. No podía hablar ni moverse, solo miraba el agua, como si esperara que algo emergiera de ella y le diera sentido a lo que acababa de vivir.

David lo observaba desde unos metros mientras hablaba con los agentes, supervisando los últimos detalles antes de que todos se dispersara. Pero su mirada volvía una y otra vez a Tom, a ese temblor sutil en sus hombros y a la forma en que parecía contener algo que no sabía cómo soltar.

Se acercó con paso firme, pero sin brusquedad. Andreas estaba a su lado esperando instrucciones atento a cualquier gesto.

—Tráele unas toallas—ordenó David.

Andreas asintió con la cabeza y corrió a obedecer. David se quedó a solas con Tom y se inclinó para quedar a su altura.

—Tom—llamó con voz baja pero clara—No puedes quedarte aquí, estás empapado y esto no ha terminado. Quiero que Andreas te lleve a casa para que te des una ducha caliente, te cambies y descanses. ¿De acuerdo?

Tom asintió sin levantar la mirada. No discutió ni preguntó nada. Solo quería obedecer porque no tenía energías para hacer otra cosa.

David se quedó un segundo más en silencio observando a Andreas que regresaba y soltó la pregunta que le había estado rondando desde que vio llegar la lancha.

—¿Conducía Bill?—preguntó en un susurro.

Tom levantó la mirada por primera vez. Sus ojos estaban rojos no por el agua sino por todo lo que había estado conteniendo. Dudó. No por no saber la respuesta, sino por lo que implicaba decirla. Pero también sabía que David defendería a Bill son su propia vida si era necesario, por el bien del club sobre todo pero también porque le apreciaba.

—Sí —contestó al fin con la voz áspera—Pero James dijo que se haría cargo, que diría que fue él quien conducía.

David asintió lentamente como si esa confirmación no le sorprendiera pero sí le pesara. Miró a Andreas que ya había llegado y echado una toalla sobre los hombros de Tom antes de ayudarle a levantarse.

—Llévatelo a casa—pidió David—Y quédate con él pero no le hagas hablar, hoy no está para recordar lo sucedido. Que se dé una ducha caliente y descanse.

Andreas asintió de nuevo con la cabeza y cogió a Tom con firmeza del brazo, quien se dejó guiar con pasos lento, mientras David se quedaba en el embarcadero, viendo cómo el día se deshacía en fragmentos.

Sabía que lo que acababa de escuchar cambiaría muchas cosas.

Pero en esos momentos, lo más importante era que Tom no se rompiera.

Dio media vuelta con la expresión endurecida por todo lo que había presenciado. Se despidió de los agentes con un apretón de manos rápido agradeciendo su intervención con la cortesía justa. Luego se dirigió a los clientes del club que aún permanecían en la playa y la terraza del embarcadero, algunos en silencio y otros intentando retomar la normalidad con conversaciones forzadas.

—Por favor, seguid disfrutando de la tarde—pidió con tono firme pero amable—No hay nada más que ver aquí.

A su lado estaban Víctor y Paul, David les hizo un gesto para que volvieran a su trabajo y así lo hicieron tratando de devolver a la playa una apariencia de calma que ya no era del todo real.

David cruzó la playa sin detenerse, subió las escaleras del embarcadero con paso rápido y entró en el club donde Melissa continuaba tras la barra mirándole con una expresión preocupada en la cara.

—Todo está en orden—dijo David tratando de tranquilizarla—Vuelve a tu trabajo por favor, y que Christine te eche una mano. Víctor se quedará en la playa sustituyendo a Andreas que se ha llevado a Tom a casa.

Melissa asintió con la cabeza y David siguió su camino entrando en su despacho y cerrando la puerta tras de sí con un clic seco. El silencio del lugar contrastaba con el bullicio contenido del exterior. Se acercó al escritorio y se sentó tras el, cogió su móvil y marcó un número que conocía de memoria.

La llamada que iba a hacer era muy importante y no debía ser escuchada por nadie más que luego sacara conclusiones fuera de contexto. Tampoco era para compartir detalles sino para contenerlos.

Para anticiparse.

Para proteger lo que aún podía proteger.

Se acomodó en su asiento con la mirada fija en la ventana que daba al lago, y esperó a que respondieran al otro lado de la línea.

&

Escuchó unos pasos apresurados y voces conocidas acercándose por el pasillo. Levantó la mirada justo cuando Louise entraba en la sala con el rostro desencajado por la preocupación.

Sin decir nada se acercó a él y lo abrazó con fuerza. No fue un gesto suave ni contenido, fue un abrazo de alguien que había recorrido todo el camino con el corazón en la garganta. Bill se quedó rígido al principio, pero luego sus brazos se aflojaron y se permitió hundirse un poco en ese gesto. No lloró ni habló. Pero por primera vez desde el accidente, dejó que alguien lo sostuviera.

Detrás de Louise llegaron los demás. Georg se acercó con cautela como si temiera romper el silencio que aún envolvía a Bill. Gustav y Natalie se quedaron en el pasillo con miedo de entrar y hacer o decir lago que le desestabilizara. También habían ido Peter con Helen, su hermano James y Michael.

De Tom no había rastro, Bill se imaginaba que se había quedado en el club o nadie había tenido el detalle de llevarle al hospital con ellos porque no pertenecía a su mundo.

—No estás solo—dijo Louise en voz baja, como si repitiera lo que David había dicho antes—Estamos aquí.

Bill asintió sin levantar la mirada. El pasillo seguía siendo su centro de gravedad. Pero en esos momentos con sus amigos alrededor, el peso era distinto. No menos doloroso, pero sí más compartido.

—Tom no ha podido venir —siguió diciendo Louise mientras se acomodaba mejor junto a Bill—Estaba empapado y conmocionado. Andreas se lo ha llevado a casa para que se diera una ducha caliente. No paraba de temblar.

Bill asintió de nuevo en silencio. La imagen de Tom lanzándose al agua y llevando a Alexander hasta la lancha seguía grabada en su mente como una escena que no podía borrar. Le dolía pensar que él, que había actuado por impulso, había dejado a otros recoger las consecuencias.

Louise le tomó la mano con suavidad sin decir nada más por un momento. No hacía falta. Su presencia era suficiente para que Bill sintiera que no estaba completamente solo en ese limbo blanco y silencioso.

—¿Han dicho algo de Alexander? —preguntó ella al fin en voz baja.

—Nada aún, sigue dentro—contestó Bill tragando con esfuerzo.

Louise apretó su mano con más fuerza. Helen se acercó también dejando una botella de agua sobre la mesita junto a la camilla, mientras James hablaba con una enfermera al fondo intentando obtener alguna información.

La espera se hacía interminable. Pero en eso momentos, con sus amigos alrededor, el silencio tenía otra textura. No era alivio, pero sí compañía.

Entonces la puerta del pasillo se abrió y el médico salió con gesto sereno aunque cansado. Todos se volvieron de golpe como si el aire se hubiera detenido en la sala. Bill se incorporó con rapidez aún con la manta sobre los hombros y dio un paso al frente.

—¿Alexander? —preguntó sin poder contenerse.

El médico asintió con suavidad.

—Sigue inconsciente, pero las pruebas han dado buenos resultados —informó—No hay hemorragias internas ni daño neurológico aparente. La tomografía muestra una contusión leve, pero no hay signos de edema cerebral. Lo hemos estabilizado y ahora está en observación.

Un suspiro colectivo recorrió el grupo. Louise se llevó la mano al pecho, Helen cerró los ojos por un segundo y Bill sintió que las piernas le temblaban, como si el cuerpo empezara a procesar lo que la mente aún no podía.

—¿Cuándo despertará? —preguntó Georg desde el fondo.

—Es difícil saberlo —respondió el médico—Puede ser en unas horas o puede tardar más. Cada cuerpo responde a su ritmo. Pero por ahora, está fuera de peligro.

Bill bajó la mirada sintiendo cómo las lágrimas que no habían salido antes empezaban a acumularse en sus ojos. Pero no lloró.

Y por primera vez desde el accidente, sintió que podía respirar.

—¿Puedo verlo?—preguntó en voz baja.

El médico dudó un instante, luego asintió.

—Unos minutos. Pero solo tú.

Bill asintió, sin mirar a nadie más y siguió al médico por el pasillo con pasos lentos pero decididos. Detrás sus amigos lo observaban en silencio, sabiendo que ese momento no era para ellos.

&

El bungalow estaba en silencio con las cortinas corridas y el aire cargado de humedad cuando Andreas entró en el llevando a Tom casi a rastras.

—Vamos, una ducha caliente te sentará muy bien—murmuró Andreas echando a andar hacia el baño—Y mientras te duchas te preparo algo caliente, una sopa por ejemplo.

Tom se dejaba llevar en silencio moviéndose con torpeza intentando mantener el equilibrio. No había hablado nada desde que dejaron la playa, sentía que todo el cuerpo le temblaba por los nervios y su mente aún procesaba todo lo que había ocurrido.

Y Andreas podía notar su nerviosismo, como su cuerpo temblaba entre sus brazos mientras le cogía con fuerza para evitar que se cayera.

—Quizás debería llevarte al hospital—comentó en la puerta del baño.

—Estoy bien—contestó Tom en un susurro.

—Estás en shock—apuntó Andreas—Apenas puedes mantenerte en pie y no sé si…

Dejó de hablar al ver como Tom se deshacía de su agarre y trataba de entrar solo en el baño, sabía que era muy cabezota y como dijera que no quería ir al hospital nada ni nadie le haría cambiar de opinión

—Al menos déjame ayudarte —dijo Andreas dándose por vencido.

No esperó una respuesta suya, entró también en el baño y se encargó de abrir el grifo para que el agua alcanzara una temperatura adecuada. Luego se volvió hacia Tom ayudándole a quitarse la toalla que aún llevaba sobre los hombros puesta.

Cuando sus dedos rozaron su piel, Andreas sintió algo que no esperaba.

No era deseo.

Tampoco nostalgia.

Era un recuerdo lejano, como si el cuerpo que tenía delante le recordara todo lo que habían sido y todo lo que no habían sabido manejar. El cuerpo medio desnudo de Tom marcado por el agotamiento le devolvía imágenes que creía enterradas en lo más profundo de su memoria. Risas, miradas, discusiones en voz baja y noches compartidas sin saber si eran amor o solo deseo.

Sacudió la cabeza suspirando y le ayudó a quitarse el bañador con cuidado evitando mirar más de lo necesario pero sin poder evitar que algo se removiera dentro. No por lo que veía sino por lo que recordaba.

Por lo que había perdido.

Tom se apoyó en él para entrar en la ducha, y Andreas se quedó cerca sin invadir pero tampoco alejarse. El sonido del agua cayendo sobre el cuerpo de Tom era casi hipnótico, y Andreas cerró los ojos un momento intentando contener la oleada de emociones que lo atravesaban.

Esperó en silencio mientras se duchaba escuchándole gemir bajo el agua caliente, imaginándole con los ojos cerrados mientras sentía que se aliviaba cada musculo de su tenso cuerpo.

Abrió los ojos cuando escuchó que cerraba el grifo y le ayudó a salir sintiendo que de nuevo temblaba. Le envolvió en la toalla con delicadeza como si cada gesto fuera una forma de pedir perdón por todo lo que no había dicho antes.

Le ayudó a salir del baño y le llevó a su habitación haciéndole sentarse en su cama. Estaban en penumbra con la luz del baño aún encendida detrás de ellos proyectando sombras suaves sobre las paredes. El cuerpo de Tom envuelto en la toalla parecía más frágil que nunca y Andreas sintió una punzada de algo que no era solo preocupación.

—Te quedarás aquí esta noche —dijo en voz baja—Mi cama es más cómoda que el sofá y necesitas descansar. Yo dormiré en el.

Tom no respondió, solo se le quedó mirando con los ojos entrecerrados, agotado sin fuerzas para discutir pero tampoco para asentir con la cabeza. Andreas le acomodó la almohada detrás de la espalda, le acercó una manta y se quedó un momento en silencio observando cómo se acomodaba lentamente sobre el colchón.

No había nada íntimo en el gesto pero tampoco era neutro. Había una ternura contenida, una especie de cuidado que no pedía permiso ni explicaciones. Andreas sabía que verlo así, tan cercano y vulnerable, removía cosas que había intentado enterrar.

Todo lo que habían sido antes de que las cosas se torcieran.

—Si necesitas algo, estaré en el salón—añadió sin moverse aún—Te voy a preparar una sopa, tú descansas mientras.

Tom cerró los ojos sin decir nada y Andreas entendió que no era rechazo. Era agotamiento y rendición.

Dio la vuelta despacio, salió de su habitación y se dejó caer en el sofá suspirando. Ni siquiera se molestó en dar la luz o poner algo de música que lo distrajera. Solo se quedó escuchando el silencio del bungalow, sintiendo que esa noche no iba a ser solo una pausa.

Era un punto de inflexión.

Continúa… 

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por lyra

Escritora del Fandom

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