Incomplete 4

Incomplete 4

Fic TOLL de lyra

Capítulo 4

Casi echó a correr hacia el embarcadero, necesitaba tomar algo de aire fresco que le despejara la mente.

Recorrió el club sin poder evitar echar un vistazo a la mesa donde estaban Bill y sus amigos. Sus risas resonaban como una burla en el ambiente, estridentes y despreocupadas. Todas menos la de Bill que tomaba su zumo silenciosamente con la mirada perdida. Tenía un gesto melancólico recorriéndole la cara y eso solo le hacía más atractivo si se podía.

Entonces, como si hubiera presentido que le observaban, alzó los ojos y por unos instantes sus miradas se encontraron.

No hubo ni una sonrisa ni un gesto de saludo.

Solo silencio.

Y eso bastó para que Tom sintiera que el su corazón se paraba.

Sacudió la cabeza y siguió con su camino. Salió al embarcadero y se apoyó en la barandilla de madera que lo rodeaba. Cerró los ojos y separando los labios soltó un prolongado suspiro mientras trataba de poner en orden sus pensamientos.

Estaba ahí con un único propósito.

Buscar a su hermano perdido, no importaba nada más.

Ni un atractivo chico que hacía se le nublara la mente por momentos.

— ¿Estás bien?

No pudo evitar pegar un bote al escuchar la voz de David a su espalda. Se volvió con rapidez mientras esbozaba un sonrisa.

—Si, yo…necesitaba tomar un poco de aire fresco—explicó en un susurro.

—Aún te quedan 10 minutos de descanso, ven y te enseño como va el embarcadero—dijo David.

Tom asintió con la cabeza y echó a andar tras él. Recorrieron el embarcadero y bajaron a la playa de arena que rodeaba el lago. Por el camino David le fue explicando el trabajo que se realizaba en el embarcadero.

—Hay 2 camareros encargados de las mesas del embarcadero y tumbonas de la playa—empezó a decir David—Y otra persona más que sólo se encarga del alquiler y mantenimiento de lanchas y motos acuáticas. ¿Sabes algo de su manejo?

—Tengo una moto, imagino que será algo parecido—contestó Tom.

—La edad mínima para manejar una moto acuática son 18 años, pero hay excepciones si tienen 16 años y te presentan la autorización de un tutor legal—siguió explicando David—Tenemos una caseta donde se lleva un control tanto de los alquileres como de las autorizaciones de los menores junto con el nombre y teléfono de sus padres. Es obligatorio que se pongan chaleco y por supuesto si notas que han bebido tienen prohibido el alquiler.

Tom asintió con la cabeza, ya se imaginaba tratar de negarle algo a uno de esos chicos mimados.

—Lo mismo pasa con las lanchas motoras—indicó David—Hay un listado de clientes habituales con sus autorizaciones en caso de ser menor de edad. Si es un cliente nuevo le abres una ficha y te tiene que traer una fotocopia de la licencia de navegación. Con ella pueden conducir las motos acuáticas y también las lanchas.

— ¿Y si no tienen licencia?—preguntó Tom, aunque sabía cuál iba a ser la respuesta.

—Solo podrán salir acompañado de un monitor que somos Andreas, Paul y yo—contestó David—Si pasas los días de prueba y quieres ser monitor yo mismo me encargaré de que te saques la licencia y hagas algunas prácticas.

—Me lo pensaré, no sé si tendré tiempo libre para eso—murmuró Tom.

Ser monitor sería un gran avance para su trabajo pero tenía cosas más importantes que hacer en el poco tiempo libre que sabía que iba a tener.

—Como quieras, si cambias de idea me lo dices—dijo David siguiendo con sus explicaciones—El horario de alquiler es desde las 10 de la mañana hasta las 7 de la tarde. A esa hora debes encargarte de dejar bien amarradas las lanchas y las motos igual pero fuera del agua. Debes revisar el motor, la batería y el depósito. Ah, y limpiarlas sobre todo si alguien se ha mareado y…bueno, ya sabes.

Tom asintió con la cabeza arrugando la frente, fijo que eso pasaría más de lo que se esperaba.

—Y eso es todo de momento, no quiero que te agobies con tantas explicaciones—dijo David dando su discurso por finalizado—Echa una mano a Paul con las mesas, yo estaré en la caseta controlando los alquileres.

Tom se imaginaba que además de eso le estaría controlando a él también, para comprobar que hiciera bien su trabajo. Aunque ya se lo había demostrado, tras la barra no había tenido ningún problema y David había quedado satisfecho con su trabajo.

Dio media vuelta dispuesto a volver a el cuando la voz de David le detuvo en seco.

—Ya veo que has conocido a Bill —comentó David sin poder contenerse.

—No nos han presentado oficialmente —respondió Tom—Pero sí, ya sé quien es

—Es el hijo del jefe —advirtió David con tono firme—Que no se te olvide nunca.

Tom asintió con la cabeza y dando media vuelta echó a andar de vuelta al embarcadero. Era la tercera persona que le advertía que tuviera cuidado con Bill, y por más que él prometiera tenerlo, algo en su interior le decía que no iba a ser así.

Apretó los puños mientras caminaba, como si intentara aferrarse a la idea de mantenerse al margen.

Pero sabía que, tarde o temprano, esa promesa iba a romperse.

Y cuando lo hiciera, no habría vuelta atrás.

&

Pasó casi toda la tarde en el embarcadero y tuvo que reconocer que era mucho mejor que estar tras la barra. No había tanto ruido como dentro del club y se podía respirar algo de aire fresco y disfrutar del paisaje.

Y debía de estar haciéndolo muy bien pues le habían dejado generosas propinas que entregó a Melissa para que las metiera en el bote común.

Y todo esto siendo bajo la constante vigilancia de David que desde la caseta no le habría quitado en ningún momento los ojos de encima. Era como si esperara que cometiera un solo error para tener una excusa y echarlo de allí sin vuelta atrás. Había algo en su silenciosa actitud que le indicaba que no confiaba del todo en él, como si se estuviera arrepintiendo de haberle contratado.

Y sin embargo, Tom no se iba a rendir.

No podía.

No esta vez.

— Tú, tráeme más agua.

Se volvió hacia la voz fría que había interrumpido sus pensamientos. Acababa de regresar al embarcadero tras devolver unos vasos usados y no se había percatado del grupo que tomaba el sol cómodamente recostados en varias tumbonas.

Bill y su pandilla.

Reconoció de inmediato a la chica que le había lanzado la orden con tanta delicadeza. Era Natalie, y lo estaba fulminando con la mirada como si su sola existencia le resultara ofensiva. Su ceño fruncido y la postura altiva dejaban claro que no estaba acostumbrada a esperar, y mucho menos a que alguien como él la ignorara aunque fuera por unos segundos.

¿Qué hacía Tom aún ahí plantado? ¿Por que no había corrido a obedecer la orden que le había dado?

— ¿Eres sordo o qué?—preguntó Natalie con tono frío—Quiero más agua, y que no se te olvide poner mucho hielo.

Tom se quedó quieto por un instante, no por rebeldía sino por ese impulso que a veces lo empujaba a medir a las personas antes de obedecerlas. Natalie era el tipo de persona que hablaba como si él formara parte del mobiliario del club, un objeto más que debía moverse cuando ella lo ordenara.

Respiró hondo, conteniéndose antes de soltar la respuesta que realmente quería darle a esa arpía y se obligó a esbozar su sonrisa más falsa. No por ella, sino por él mismo. Porque sabía que en ese lugar, una sonrisa falsa valía más que una réplica honesta.

—Por supuesto—contestó Tom sin dejar de sonreír— ¿Alguien quiere algo más?

—Yo un té helado, por favor—pidió Louise— ¿George?

—Yo nada, gracias—contestó Georg sonriendo con amabilidad.

Tom le devolvió la sonrisa y se quedó mirando a Gustav esperando que pidiera algo, pero el chico tomaba el sol en su tumbona con sus gafas oscuras puestas y Tom no sabía si estaba dormido o simplemente le ignoraba.

Centró la mirada en Alexander que tampoco parecía querer nada absorto como estaba mirando el móvil con una mano mientras que con la otra acariciaba distraídamente la desnuda espalda de Bill que acostado boca abajo en la tumbona de al lado tomaba el sol sin haberse percatado de su presencia.

Tom no pudo evitar fijarse en él, se había despojado de toda la ropa y vestía solo un bañador azul claro de flores blancas que le llegaba hasta las rodillas. Su piel parecía ser muy suave, al igual que su largo pelo que llevaba suelto cayéndole con suavidad sobre sus hombros.

Un carraspeo seco rompió el momento, obligando a Tom a reaccionar con un respingo. Al ver que nadie más pedía nada se apresuró a ir por las bebidas moviéndose con rapidez. No fuera que Natalie se muriera de sed en su ausencia.

Con la marcha de Tom el grupo volvió a sumergirse en ese silencio perezoso que los envolvía mientras tomaban el sol cada uno perdido en sus propios pensamientos. Pero Natalie se estaba empezando a aburrir, y cuando eso pasaba recurría a su habitual sarcasmo helado para animar el ambiente o al menos entretenerse a costa de los demás.

—Pues es muy guapo el camarero nuevo—comentó mientras le observaba alejarse sin querer apartar la mirada de él.

Sabía perfectamente que su comentario no era inocente. Bastaría esa chispa para encender una conversación trivial, justo el tipo de entretenimiento que necesitaba para combatir su aburrimiento.

—Parece un mendigo con esos pelos y esa barba—murmuró Gustav arrugando la nariz— ¿Habéis notado como olía?

—Ha estado trabajando toda la tarde bajo el sol —replicó Louise— ¿Cómo crees que olerías tú en su lugar?

—Existe algo llamado desodorante —respondió Gustav encogiéndose de hombros—Y perfume, aunque dudo que con su sueldo pueda permitirse siquiera uno decente.

—Huele a hombre—apuntó a su vez Natalie sonriendo ampliamente—Y con lo guapo que es, se le puede perdonar cualquier cosa.

— ¿De qué habláis?—intervino Alexander dejando a un lado el móvil con gesto distraído.

—Del camarero nuevo—contestó resoplando Gustav—Natalie dice que está buenísimo, y yo opino que un poco de higiene no le vendría mal.

—Se llama Tom, lo pone en su placa—señaló Louise con naturalidad.

—Gracias, sé leer—gruñó Gustav fulminándola con la mirada.

—No me he fijado—murmuró Alexander buscando al tal Tom con la mirada.

—Ahora cuando vuelva con las bebidas puedes echarle un buen repaso—dijo Natalie con una sonrisa traviesa—Pero no te emociones demasiado, yo lo vi primero.

—No sería el primero que te roba Alex—soltó Gustav sin poderse contener.

Se echó a reír sin inmutarse ante la fría mirada que Natalie le dirigía. Era un secreto a voces que desde siempre le había gustado Bill pero se había tenido que conformar con tenerle de amigo cuando éste les había confesado un par de años atrás que era gay. Fue toda una decepción para Natalie y aún no lo había logrado superar.

Fingía indiferencia y que ese tema ya no le afectaba en absoluto, pero en el fondo aún no lo había superado. Seguía aferrada a una versión de él que ya no existía, como si la verdad fuera solo una fase que podía ignorar.

Antes de que pudieran seguir hablando llegó Tom con el agua y el té helado que dejó sobre la mesita baja que había entre las tumbonas. Solo Louise le dio las gracias, Natalie estaba aún rabiosa por el comentario de Gustav y ni siquiera hizo caso del vaso de agua con hielo que le había traído Tom. Se quedó cruzada de brazos con una expresión furiosa en la cara.

Tom notó la tensión que flotaba en el ambiente y dio media vuelta para volver a su trabajo, pero de nuevo fue detenido con un nuevo pedido.

—Me apetece algo dulce—dijo de repente Alexander mirándole fijamente— ¿Qué me recomiendas?

—Un San Francisco—contestó con rapidez Tom—Es un cóctel que lleva zumo de naranja, piña, melocotón y granadina.

—Suena muy dulce—susurró Alexander pasándose la lengua por los labios—Está bien, tráeme un San Francisco.

Tom asintió con la cabeza y al ver que nadie pedía nada más fue a por la bebida.

—Oye Bill, que Alexander está coqueteando con otro—llamó Gustav entre risas.

Bill se volvió y se le quedó mirando desconcertado. Había estado tan absorto en sus pensamientos tumbado al sol que no se había dado cuenta de lo que ocurría a su alrededor hasta que las palabras de Gustav lo sacaron de golpe de sus pensamientos.

—Estábamos hablando del nuevo camarero que ha contratado David —explicó Natalie con una sonrisa maliciosa—Solo dije que está buenísimo, y Gustav y Alexander se pusieron celosos.

— ¿Celoso yo de un harapiento?—murmuró Gustav resoplando con desdén—Por favor…

—Hace mucho calor —intervino Louise poniéndose en pie con elegancia—¿Alguien se anima a darse un baño?

No soportaba a Gustav cuando se ponía en modo engreído menospreciando a los demás solo porque no pertenecían a su misma clase social. Tom era un camarero, alguien que trabajaba para ganarse la vida, sudando bajo el sol mientras los demás se tumbaban y se divertían sin más preocupaciones. Y Gustav, en su arrogancia, dejaba ver lo que realmente era, un niñato malcriado que creía tener derecho a criticar a cualquiera solo por haber nacido en una buena familia. Daba por hecho que todos debían hacerle una reverencia a su paso, como si fuera de la realeza.

Louise lo miró con desprecio, preguntándose cómo alguien podía ser tan ciego ante su propia mediocridad.

—Yo te acompaño—dijo Georg levantándose con decisión.

Tendió una mano y Louise se aferró a ella con una amplia sonrisa. Echaron a caminar hacia la orilla del lago dejando que los demás siguieran en sus tumbonas.

—Yo me voy a dar un paseo—anunció Gustav levantándose también como si necesitara alejarse de todos.

Echó a andar en dirección opuesta al club, sin ver que Tom regresaba llevando en una bandeja el cóctel de Alexander.

—Ahí viene—susurró emocionada Natalie tras divisar a Tom.

Bill no pudo evitar fijarse, se incorporó ligeramente en la tumbona mientras se quitaba las gafas de sol y se las ponía a modo de diadema mientras observaba acercarse a Tom con una mezcla de curiosidad y algo más difícil de comprender, como si hubiera algo en Tom que le despertara una inquietud que no sabía cómo llamar.

Tenía que admitirlo, Natalie tenía razón. Tom era realmente atractivo y y por más que Bill intentara disimularlo, no podía apartar la mirada, Había algo en él que lo atrapaba sin remedio obligándolo a observarlo con más atención de la que Alexander y Natalie jamás habrían esperado.

—Aquí tienes tu bebida—dijo Tom dejando el cóctel ante Alexander—Espero que te guste.

Alexander tomó la copa entre sus dedos, la observó un instante y luego bebió un sorbo lento con la mirada fija en Tom.

—Muy dulce —murmuró sin dejar de mirar a Tom, como si pudiera saborear algo más que el cóctel—Aunque creo que el zumo de naranja le da un ligero toque amargo.

— ¿Quieres que te traiga otra cosa?—preguntó Tom procurando no perder la paciencia.

—Lo que sea que no lleve zumo de naranja tan amargo—contestó Alexander dejando sobre la mesa la copa.

—Algunos prefieren lo amargo —dijo Tom con una sonrisa leve, sin apartar la mirada—Tiene más carácter.

Se quedaron en silencio sin decir nada, Tom esperando que le hiciera un nuevo pedido sin dejarse intimidar por él y Alexander estudiándole de arriba abajo buscando qué decir o hacer para no dejarse ganar en su propio juego.

Bill se removió incómodo en la tumbona. Conocía perfectamente a Alexander y sabía que estaba a punto de hacer alguna idiotez si él no intervenía.

—Alexander, ya está bien —dijo con voz suave, procurando sonar indiferente—Pídete otro maldito cóctel y deja que Tom siga con su trabajo.

Tom no pudo evitar mirarle fijamente mientras esbozaba una débil sonrisa, lo que provocó que las mejillas de Bill se ruborizaran levemente.

Y la sonrisa de Tom no pasó desapercibida por Alexander, ni el rubor de su novio ni como su respiración se volvía más agitada.

—No sé que me apetece, y lo que Tom me ha sugerido ha sido una mierda—soltó Alexander sin poderse contener.

—No hace falta ser tan ofensivo—saltó Bill a su vez—Solo está haciendo su trabajo y tú le estás molestando.

— ¿Te estoy molestando?—inquirió Alexander dirigiéndose a Tom—Porque si es así, te pido perdón ahora mismo.

—No es ninguna molestia, si quieres te traigo otro cóctel o un refresco—dijo Tom deseando poder marcharse de allí de una vez.

—Lo que quiero es que dejes de coquetear con mi novio delante de mí—estalló Alexander poniéndose en pie.

Se quedaron mirando fijamente como si esperaran a que uno de los dos diera el siguiente paso. Por la cabeza de Tom solo pasaban 2 opciones, partirle la cara y perder así su trabajo, o dar media vuelta e ignorarle.

Por suerte, fue Natalie quien decidió intervenir tratando de calmar los ánimos.

O quizás no…

—Bueno, esto se está poniendo más amargo que el zumo de naranja —soltó Natalie resoplando— ¿Alguien se va a pedir otro cóctel o nos vamos a pasar toda la tarde ligando con el camarero?

Alexander la fulminó con la mirada, había sido culpa de ella que se hubiera querido fijar en el nuevo camarero y cuando quiso jugar un poco con él le dejaba en evidencia sin importancia alguna.

—Yo quiero un refresco, por favor—pidió Bill, rezando para darle a Tom la oportunidad de poder escabullirse de una vez.

—Y yo otro—se apuntó Natalie—Y tráele algo fuerte a Alexander, creo que lo necesita.

—Un whisky doble—pidió Alexander mirando a Tom fijamente.

—Eres menor de edad, sabes que no puedo ni pienso traerte eso—dijo Tom muy serio.

—Eres el puto camarero y traerás lo que se te pida—gritó Alexander ya cansado de la situación.

— ¿Hay algún problema?—intervino David.

Había estado vigilando desde lejos, en cuanto Tom se acercó a la pandilla se puso tenso sin poder evitarlo y al ver cómo Alexander se ponía en pie ya sabía que iba a haber algún problema.

—No pasa nada David, ha sido un malentendido—se apresuró a decir Bill poniéndose en pie.

—Tu nuevo camarero no sabe hacer su trabajo—inquirió Alexander—Es un completo inútil.

—Tom, regresa al club y echa una mano a Andreas con lo que sea—pidió David.

—Eso, coge tu mierda de cóctel sin alcohol y vete por donde has venido—dijo Alexander cogiendo la copa de la mesa.

No pudo contenerse y le lanzó la bebida a Tom a la cara, quien tampoco pudo contenerse y al momento le había soltado un puñetazo impactando en su mejilla.

Alexander no se lo esperaba y si no llega a ser porque David logró sujetarle por la cintura hubiera terminado tirado en la arena. Se llevó la mano a la cara gimiendo de dolor mientras por dentro sentía la sangre hervir y al momento se volvió dispuesto a devolver el golpe.

Pero David no se lo permitió, le sujetó con más firmeza y sin importarle que el resto de los clientes les estuviera mirando en esos momentos descargó sobre Tom todo su enfado.

—Recoge tus cosas, estás despedido—soltó sin poderse contener.

Tom no dijo nada, de sobra sabía que sería despedido tras haberle partido la cara al imbécil de Alexander pero no había podido seguir conteniéndose por más tiempo.

Soltó un bufido como única respuesta y dio media vuelta dispuesto a regresar al club a por su móvil, no si antes fijarse en la triste mirada que le dirigía Bill.

—Vamos a poner un poco de hielo—dijo David sin atreverse a soltar a Alexander.

No quería que se desatara una pelea en el club, conocía el carácter de Alexander y si no fuera porque le tenía bien sujeto se hubiera lanzado a por Tom.

Bill se quedó observando con la respiración agitada como Tom se marchaba por un lado y David se llevaba a Alexander por otro. No terminaba de comprender lo que había pasado, y sentía mucho que Tom hubiera sido despedido por una estúpida broma de Alexander que se le había ido de las manos.

Y todo por su maldito ego, por querer demostrar siempre que era mejor que nadie.

—Vaya, vaya…—dijo Natalie suspirando mientras se acomodaba en su tumbona como si nada hubiera pasado—Y todo por un estúpido zumo de naranja amarga.

— ¿No se te ocurre otra cosa mejor que decir?—estalló Bill enfrentándose a Natalie—Esto ha ido muy lejos, han despedido a una persona por vuestra broma.

—Vamos Bill, no seas melodramático. Y te recuerdo que tú también has participado—apuntó Natalie mirándole fijamente—Si no sabes perder, no entres al juego.

— ¿Llamas juego a humillar a una persona solo por diversión?—preguntó Bill devolviéndole la mirada.

—Podías haber parado el juego, pero te recuerdo que te has quedado a un lado viendo como Alexander jugaba con Tom—estalló cansada Natalie—Si tanto te preocupa Tom ve a hablar con David, para eres el hijo del jefe. O quizás deberías ir a ver qué tal está Alexander, que es tu novio al que le han partido la cara. Parece que te preocupa más el bienestar de un completo desconocido que el de tu novio.

—No es un desconocido —dijo Bill con firmeza—Es una persona que no merecía lo que le hemos hecho.

—¿Y Alexander? ¿No te importa lo que le ha pasado?—inquirió Natalie mirándole con incredulidad.

—El se lo ha buscado—murmuró Bill.

Se inclinó y recogió de la tumbona su camiseta que se puso mientras echaba a andar siguiendo los pasos de David. No pensaba quedarse de brazos cruzados viendo con una persona inocente cargaba con las culpas de una broma que se les había ido de las manos.

Iba a hacer lo que le había sugerido Natalie, hablar con David y suplicarle que no despidiera a Tom.

Sabía que eso no le iba a sentar nada bien a Alexander, y no tendría más remedio que hacer todo lo que estuviera en sus manos para que olvidara lo sucedido y no tomara represalias contra Tom.

Una vez más, dejaría que Alexander creyera que era él quien mandaba en su vida y podía controlarle como él quisiera.

Y todo por un completo desconocido que había tenido la mala suerte de cruzarse en su camino.

Continúa… 

Gracias por la visita. Si te ha gustado, comenta y regresa, porque pronto tendremos más 😉

por lyra

Escritora del Fandom

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