Incomplete 44

Incomplete 44

Fic TOLL de lyra

Capítulo 44

Alexander caminaba por el sendero de arena con paso rápido casi impaciente. El aire del atardecer le golpeaba la cara pero él no se detenía. Cada zancada lo acercaba cada vez más al bungalow de Tom y con cada metro que recorría el nudo que sentía en su estómago se apretaba un poco más.

Cuando al fin llegó a su destino subió los escalones del porche dispuesto a abrir puerta sin llamar primero. Ya tenía la mano levantada lista para ponerla sobre el manillar pero no hizo falta, la puerta se abrió de golpe y Tom apareció en el umbral quedándose congelado al verlo con una expresión de asombro pintada en la cara como si no pudiera creer lo que tenía delante.

—Alexander… —murmuró sin moverse.

Alexander lo miró fijamente sin decir nada. El silencio entre ellos era denso, cargado de todo lo que no se había dicho en los últimos días.

—¿Está Bill? —preguntó con la voz tensa pero controlada.

—Sí, está dentro—contestó Tom tragando saliva sin apartarse de la puerta.

Alexander dio un paso adelante sin esperar invitación alguna y Tom se apartó con lentitud, como si cada gesto tuviera que ser medido. Al cruzar el umbral el calor del bungalow lo envolvió con su olor a madera a bollitos de canela olvidados sobre la encimera.

Y a una siesta compartida, aunque eso Alexander no lo podía oler ni imaginar.

Y allí, en mitad del bungalow estaba Bill mirándole fijamente sin saber qué decirle. Tras Alexander Tom cerró la puerta con cuidado, como si el sonido pudiera romper algo frágil.

—Te estaba buscando—dijo Alexander rompiendo el tenso silencio.

— ¿Te has escapado del hospital?—preguntó Bill en un susurro.

Alexander no respondió de inmediato., se quedó con los ojos clavados en Bill como si intentara leerle más allá de las palabras.

—¿Pretendías que me quedara allí yo solo?—respondió al fin sin levantar la voz.

—Mi madre me echó—le recordó Bill en un susurro sin atreverse a mirarle.

—Y no eres capaz de desobedecer una de sus malditas órdenes, ¿verdad? —dijo Alexander elevando el tono—En cambio ahora sí te has atrevido para venir aquí al camping a quedarte a solas con Tom, sin batería en el móvil y sin saber nada de tu madre…

Tom, que se había quedado cerca de la puerta, decidió intervenir. No podía dejar que Bill se sintiera culpable por algo que no había hecho como si quiera dañar a Alexander. Las cosas habían surgido inesperadamente, como un inocente paseo hasta su bungalow.

—Eso no ha ocurrido así, Alexander —dijo Tom tratando de calmarle.

Pero Alexander no parecía dispuesto a escuchar. Había llegado exhausto, sentía el cuerpo cansado pero la mente encendida por todo lo que había imaginado en el camino.

Y entonces, como si el universo decidiera darles un respiro Melissa apareció por la puerta del bungalow aún con el uniforme del club y unas pinzas de cocina en la mano.

—Cariño, ¿me echas una mano con la barbacoa?—preguntó dirigiéndose a Tom con naturalidad—Se me da fatal encenderla y hay mucha carne que asar.

Se acercó a él y lo besó en los labios como si fuera lo más normal del mundo. Luego se volvió hacia Alexander con una sonrisa amplia.

—Bienvenido al mundo de los vivos—saludó sin perder su sonrisa— ¿Te quedas a cenar con nosotros? Estamos preparando una barbacoa.

Alexander asintió automáticamente con la cabeza sin saber qué decir o pensar mientras que Tom se movía con rapidez y le pasaba un brazo por los hombros a Melissa.

—Vamos a ver qué le pasa a esa barbacoa antes de que prendas fuego a todo el camping—bromeó Tom.

—Sí, además la parejita parece necesitar hablar a solas—añadió Melissa guiñándole un ojo a Alexander antes de llevarse a Tom hacia su propio bungalow.

Mientras se alejaban Tom sentía cómo el aire volvía a circular en sus pulmones. La tensión que había flotado en el ambiente como una nube espesa parecía disiparse poco a poco y todo gracias a la actuación de Melissa.

—Gracias —susurró por el camino aún con el pulso acelerado—Has estado increíble.

—Lo sé —respondió ella con una sonrisa traviesa—Me tendrían que dar un Óscar.

Tom soltó una risa breve, más por alivio que por diversión. La forma en que Melissa había irrumpido en la escena con esa naturalidad, ese beso calculado y esa sonrisa que desarmaba a cualquiera, había cambiado el curso de lo que podría haber sido un desastre emocional.

Había contenido a Alexander que parecía a punto de explotar y Bill no había tenido que intervenir tratado de evitar uno de los habituales estallidos de Alexander.

—No sé cómo lo has logrado—añadió Tom mientras llegaban al porche del bungalow de Melissa—Pero has aparecido justo a tiempo, cuando todo está a punto de explotar.

Melissa se encogió de hombros abriendo la puerta con las pinzas aún en la mano.

—Dale las gracias a Andreas—dijo Melissa quitándose el mérito—Si no fuera porque él me lo pidió en estos momentos no quiero ni pensar lo que podría estar pasando.

Tom asintió con la cabeza dándole la razón mientras la siguió al interior de su bungalow.

—¿Crees que van a estar bien? —preguntó, sin mirar atrás.

—No lo sé—contestó con sinceridad Melissa—Pero al menos ahora tienen una oportunidad de hablar. Y eso ya es mucho.

Tom soltó un profundo suspiro y le echó una mano a Melissa para preparar esa barbacoa improvisada, descubriendo que tenía la nevera llena de carne.

—Lo de la barbacoa es verdad—dijo Melissa—Habíamos quedado Víctor, Andreas y yo en hacerla hoy pero se han rajado y ya pensaba que me tocaba a mi comerme toda la carne.

—Y al final la usaremos para celebrar que no ha pasado nada—murmuró Tom sonriendo.

Melissa asintió con la cabeza y empezó a sacar la carne de la nevera mientras que Tom no pudo evitar dirigir una mirada a su bungalow desde la ventana deseando saber qué estaba pasando allí dentro.

&

Una vez a solas, Alexander se volvió hacia Bill como si lo que hubiera visto fuera un espejismo fruto de la medicación que le había administrado en el hospital.

—¿Están juntos? —preguntó sin poderse contener.

—Hacen buena pareja, ¿no crees?—contestó Bill asintiendo con la cabeza.

Bill optó por seguir el juego de Tom y Melissa consciente de que era la única forma de evitar que Alexander estallara. En su estado, cualquier arrebato emocional podía volverse peligroso y lo último que quería era provocar una reacción que lo desestabilizara aún más. Así que aunque no era para nada cierto lo que Alexander creía que había visto decidió hacerle creer que así era por su bien.

Alexander sentía que las piernas le flojeaban, se había dado toda la prisa que había podido para llegar al bungalow imaginándose que los iba a pillar juntos en la cama y se había equivocado por completo.

Dio dos pasos y se acercó al sofá para dejarse caer en el suspirando, necesitaba tiempo para digerir todo lo que acababa de suceder.

—¿Y tú? —preguntó entonces— ¿Qué pintas en medio de todo esto?

—Nada, Alexander—contestó Bill mirándole con preocupación—Tom y Melissa han sido muy amables en invitarme a pasar la tarde con ellos, y vi que era mejor opción que quedarme a solas en casa subiéndome por las paredes sin poder hablar con nadie.

Alexander lo observó en silencio. El bungalow parecía más pequeño de repente, como si las paredes se hubieran acercado. Fuera el sonido de la barbacoa empezaba a llegar con voces lejanas y risas compartidas.

—Podrías haberme dicho algo—murmuró Alexander—Antes de que metiera la pata.

— ¿Me ibas a creer o escuchar?—inquirió Bill—Apareces por la puerta de repente y al vernos juntos lo primero que se te pasa por la cabeza es que hay algo entre Tom y yo. Sueltas toda la rabia que llevas dentro como siempre y te niegas a escuchar la verdad.

Alexander se quedó en silencio como si las palabras de Bill le hubieran golpeado más que cualquier escena que hubiera imaginado en el camino.

—¿Y qué esperabas? —dijo procurando no levantar la voz— ¿Qué entrara sonriendo? ¿Qué me sentara a vuestro lado como si nada?

—Esperaba que confiaras en mí y me dieras el beneficio de la duda—contestó Bill con firmeza—Que no me juzgaras por estar en el mismo lugar que Tom. Porque eso es lo que haces siempre, reaccionas antes de preguntar.

—No sé cómo hacerlo—admitió Alexander bajando la mirada—No sé cómo no pensar lo peor cuando todo parece apuntar a ello.

—Yo no te he dado ningún motivo para que pienses lo peor—apuntó Bill sentándose a su lado—Siempre crees que cualquiera que se me queda mirando quiere algo conmigo, te pones celoso y estallas sin que puedas controlarte sacando todo lo que llevas dentro.

Alexander sabía que llevaba toda la razón, no podía evitar sentirse tal y como le había descrito cada vez que sentía que alguien podía arrebatarle lo que mas deseaba en el mundo.

—Necesito que me digas qué es lo que necesitas porque si no puedes confiar en mí, no sé qué más puedo darte—dijo Bill con firmeza.

Alexander alzó la mirada y la fijó en sus ojos.

—Solo quiero saber que no me estás dejando atrás—pidió en un susurro.

Bill se acercó todo lo que pudo a él en el sofá y le cogió una de sus manos entre las suyas apretándosela con cariño.

—Nunca lo he hecho—dijo sin apartar la mirada de sus ojos—Pero si sigues empujándome fuera cada vez que algo te duele, algún día no voy a poder volver.

Alexander se quedó en silencio pensando que poder decir para no perderle, aunque tuviera que recurrir a mentiras como hacía siempre, quedando él de víctima.

—Sabes que estoy pasando una mala época—empezó a decir—Y que he usado la coca como salida para no pensar en todos mis problemas. Y tú siempre a mi lado apoyándome y en vez de agradecértelo te hago daño sin importarme tu sufrimiento. Quiero cambiar, pero no sé como empezar a hacerlo.

Bill lo miró en silencio sin querer interrumpirle. No había juicio en sus ojos, solo una tristeza profunda, la misma que se siente cuando alguien que quieres por fin se atreve a decir lo que lleva tiempo escondiendo.

—Eso ya es empezar—dijo al fin con voz baja pero firme—Decirlo en voz alta y reconocerlo es un gran paso. Tienes que dejar de esconderte detrás de la rabia y de las excusas.

Alexander bajó de nuevo la mirada como si las palabras de Bill le pesaran más que el cansancio físico.

—Tengo miedo—admitió en voz baja—De no saber quién soy sin todo eso. De que cuando lo deje atrás, no quede nada.

—Queda todo lo que eres cuando no estás huyendo—dijo Bill sin solarle la mano—Queda lo que yo veo cuando te quedas en silencio y no estás intentando demostrar nada.

Alexander tragó saliva con los ojos brillantes sin llegar a romperse.

—¿Y tú?—quiso saber— ¿Vas a seguir a mi lado cuando logre superarlo?

—Si tú me dejas, por supuesto que si—respondió Bill con firmeza—Pero no puedo ser tu escudo contra ti mismo. Tienes que querer salir pero no por mí. Por ti.

Alexander asintió levemente con la cabeza.

—Entonces ayúdame a empezar—suplicó mirándole a los ojos—Pero no con promesas. Con algo más real.

Bill se le quedó mirando sin saber exactamente a qué se refería.

—Yo voy a cambiar pero tú también tienes que empezar a hacerlo—dijo con firmeza Alexander—No debes seguir permitiendo que tu madre haga contigo lo que quiera, o que tu padre te siga ignorando. Demuéstrales que existes y que eres capaz de tomar tus propias decisiones

Bill se quedó en silencio, como si las palabras de Alexander le hubieran atravesado más de lo que esperaba. No era la primera vez que alguien le decía algo parecido, pero esta vez venía de él.

De alguien que conocía su dolor desde dentro.

—No es tan fácil—murmuró Bill, bajando la mirada—Ya sabes cómo es mi madre y lo que espera de mí y exige. Y mi padre… ha cambiado, sé que le importo y se preocupa por mi.

—Y solo ha necesitado 17 años para abrir los ojos—soltó Alexander sin poderse contener—Es un comienzo, pero no es gran cosa. Y si sigues esperando que sean ellos los que cambien, vas a quedarte toda la vida esperando. Tienes que moverte tú, hacer ruido. Que te vean y escuchen aunque eso les moleste.

Bill levantó la mirada con los ojos brillantes pero no por rabia, sino por algo más profundo. Una mezcla de miedo y deseo de romper el ciclo.

—¿Y si no me quieren escuchar?—preguntó en un susurro— ¿Y si me rompo en el intento?

Alexander lo miró con una intensidad serena.

—Entonces yo estaré a tu lado para recogerte—contestó con firmeza Alexander—Pero al menos sabrás que lo intentaste. Que no seguiste siendo el hijo obediente que desaparece solo para no incomodar.

Bill tragó saliva, como si las palabras se le quedaran atascadas en la garganta.

—¿Y tú?—quiso saber— ¿Vas a dejar de huir cada vez que te algo te haga daño?

—Si tú te quedas, yo me quedo—prometió Alexander—Si tú luchas, yo lucho contigo.

—Entonces si tú lo intentas, yo también lo haré—prometió Bill a su vez con una determinación que no había mostrado nunca antes.

Sus miradas se sostuvieron en silencio cargadas de todo eso que no habían sabido decir hasta ese momento. Poco a poco, como si el gesto naciera de una necesidad compartida más que de una decisión consciente, se fueron acercando en el sofá deshaciendo el espacio que había entre ellos y cuando sus rostros quedaron a escasos centímetros, no hizo falta decir ninguna palabra más.

El beso que compartieron fue profundo y lleno de promesa.

No era solo una muestra de afecto, sino un pacto silencioso.

El comienzo de algo nuevo, más honesto y más valiente.

Un intento compartido de reconstruirse, esa vez juntos.

&

Dieron por finalizada la conversación con una calma que no habían sentido en días. No todo estaba resuelto, pero algo había cambiado: la voluntad de reconstruirse, juntos. Alexander se incorporó lentamente del sofá, aún con el cuerpo algo débil, y Bill le ofreció una mano firme para ayudarle.

—¿Seguro que estás en condiciones? —preguntó Bill, con el ceño fruncido mientras lo sostenía por el brazo—Quizás deberías regresar al hospital.

—Estoy cansado por el largo paseo desde el club pero te aseguro que estoy bien—contestó Alexander negando con la cabeza—Si regresara al hospital fijo que me pondría peor.

Bill se le quedó observando en silencio antes de asentir con suavidad con la cabeza.

—De acuerdo, pero si te mareas o te duele la cabeza me lo dices de inmediato—apuntó Bill con firmeza—No pienso volver a ver que te desmayas y quedarme paralizado sin saber qué hacer.

—Te lo prometo—dijo Alexander

Y por primera vez en mucho tiempo su voz sonó sincera.

Salieron del bungalow juntos caminando despacio por el sendero que llevaba al porche de Melissa. El olor a carne asada ya flotaba en el aire, mezclado con risas y el chisporroteo de la barbacoa.

Melissa los vio acercarse desde la barbacoa y levantó una mano en señal de bienvenida.

—¡Ya era hora!—exclamó—Si llegáis cinco minutos más tarde, Tom se lo come todo él solo.

—Y eso lo dice quien ya se ha comido medio plato de patatas asada—exageró Tom con una sonrisa amplia.

Melissa se limitó a sacarle la lengua como respuesta y siguió con su trabajo. Habían decidido sacar la barbacoa al porche junto con la mesa y las sillas que permanecían aún plegadas y mientras que Tom se encargaba de asar la carne y las patatas Melissa preparaba una ensalada.

—¿Venís a trabajar o solo a comer?—quiso saber Melissa al ver a los recién llegados quietos donde estaban.

—A trabajar, desde luego—contestó Alexander.

—Pero tú no te excedas—pidió Bill—Échale una mano a Melissa con la ensalada mientras yo voy colocando las sillas.

Alexander asintió con la cabeza y se colocó al lado de Melissa que le pasó un cuchillo para que fuera pelando y cortando tomates mientras que Bill le acercaba una silla para que se sentara en ella.

— ¿David te ha dado la tarde libre?—quiso saber Alexander dirigiéndose a Melissa.

Melissa asintió con la cabeza mientras pensaba una coartada. Seguía con el uniforme del club aún puesto y sabía que ese detalle era imposible de pasarlo por alto. Se inclinó sobre la mesa para coger un paño y secarse con el las manos ganando unos segundos de margen.

—Sí, bueno… —empezó a decir con tono casual—Me sentí un poco mareada y David me dijo que me fuera a casa. No quería que me desmayara entre las mesas.

Alexander la observó con atención como si calibrara cada palabra. Melissa mantuvo la sonrisa sin dejar de preparar la ensalada.

—Y como ya teníamos la carne comprada para la barbacoa, pensé que era el momento perfecto para aprovecharla. Andreas y Víctor se han rajado, así que Tom y yo nos hemos quedado solos con todo esto —añadió señalando la mesa llena de platos y ensaladas.

Tom intervino desde el otro lado del porche reforzando la escena.

—Y menos mal que has venido tú —dijo a Alexander—No sé cómo Melissa pensaba comerse tres kilos de carne ella sola.

Alexander esbozó una sonrisa leve aún desconfiado pero menos tenso. Bill que había entrado un momento al bungalow regresó con una botella de agua y se la ofreció a Alexander.

—Por si tienes sed—dijo esbozando una sonrisa.

—Preferiría una cerveza, la verdad—murmuró Alexander cogiendo el agua con resignación.

—De eso nada—negó Bill con firmeza—En el hospital te han puesto hasta arriba de medicación, así que solo podrás tomar agua. Y nosotros también, no queremos tentarte.

Melissa agradeció ese cambio de tema y siguió con su papel de anfitriona.

—Bill, en el armario de la cocina bajo el micro ondas hay servilletas de papel—explicó—Y en el congelador hay hielo por si alguien quiere. Y aparte de agua hay refrescos en la nevera, trae de todo por si acaso.

Bill asintió con la cabeza y entró de nuevo en el bungalow a hacer lo que le habían pedido.

—¿Alguien que me pueda acercar un plato?—pidió Tom—Porque yo no pienso moverme de esta barbacoa hasta que esté todo dorado.

Alexander vio los platos sobre la mesa y se levantó para llevárselo sin poder evitar respirar profundamente ante la barbacoa.

—Esto huele mejor que la comida del hospital, ¿verdad?—dijo Tom con una sonrisa cómplice.

—Solo por esto ha merecido la pena escaparme—murmuró Alexander con los ojos cerrados mientras disfrutaba del maravilloso aroma.

—Y por fin ya llevas ropa interior—apuntó entre risas Tom.

—Uy, esa historia me interesa saberla—intervino Melissa al momento— ¿Cuándo y dónde has visto a Alexander sin ropa interior? ¿Debería Bill ponerse celoso?

Alexander se echó a reír, era una broma que solo entendían él, Tom y Bill y dejó que Melissa sacara sus propias conclusiones.

Siguieron con la barbacoa entre bromas y risas. La carne se iba asando lentamente llenando el aire del porche con su aroma. Melissa se movía con soltura entre la mesa y la parrilla, mientras Tom le pasaba platos llenos de carne asada como si fueran parte de una coreografía ensayada. El ambiente por fin se había relajado.

Alexander y Bill se encargaron de terminar de preparar la ensalada y poner la mesa dedicándose entre ellos miradas cómplices, risas y algún que otro beso que Tom observaba en silencio.

—Creo que ya está toda la carne asada—dijo Tom carraspeando poniendo sobre la mesa el último plato—Tenemos también una buena cantidad de patatas asadas.

—Hay bebidas en la nevera y de postre hay helado en el congelador—apuntó Melissa—Pero ya aviso que aunque lleve el uniforme aún puesto no pienso hacer de camarera toda la tarde.

Tom soltó una carcajada mientras se sentaba a la mesa y cogía una lata de coca cola.

—Entonces será mejor que nos sirvamos antes de que te declares oficialmente en huelga—bromeó pasándole la bebida a Alexander.

—Y ya digo que yo no pienso recoger y limpiar sola todo esto—apuntó Melissa muy seria mientras sonreía.

—Yo me ofrezco para lavar los platos—intervino Alexander levantando una mano—Pero no prometo hacerlo bien.

—Aceptado—dijo Melissa—Aunque si rompes alguno, te toca pagarlo.

La atmósfera se había vuelto ligera, casi festiva. El crepúsculo envolvía el camping en tonos dorados, y por primera vez en días los cuatro compartían una velada sin tensión ni reproches. Solo el humo de la barbacoa, las risas suaves y el sonido de tenedores.

Sentado junto a Melissa Tom comía mirándola con una amplia sonrisa.

— ¿Sabéis qué?—intervino de repente Alexander—Jamás se me había pasado por la cabeza terminar así este día, no estaba entre mis planes pero me alegro de que haya salido así.

Bill asintió en silencio mirándole de reojo.

—A veces lo que no se planea es lo que más se necesita—dijo Tom de acuerdo con sus palabras.

Se movió en su asiento haciendo que Melisa alzara la mirada viéndole inclinarse sobre ella con esa expresión que mezclaba alivio y cariño. El beso en sus labios fue breve y cálido cargado de significado.

No era una muestra para que lo vieran los demás.

Era una forma de agradecerle por haber sostenido el equilibrio cuando todo parecía a punto de romperse.

Alexander desvió la vista con una sonrisa leve como si ese gesto le confirmara que por fin las cosas estaban donde debían estar.

A su lado Bill no pudo desviar la mirada de ese beso sintiendo algo removerse en su interior, pero se permitió relajar los hombros sintiendo que el ambiente ya no pesaba tanto como cuando Alexander apareció de repente por la puerta del bungalow.

—Vale—dijo Melissa rompiendo el momento con su tono habitual—Pero que conste que este beso no te libra de ayudar a Alexander con los platos, que no quiero quedarme sin media vajilla.

—Prometido, nada de fugas estratégicas cuando llegue la hora de limpiar—prometió Tom con una amplia sonrisa—Aunque si Alexander rompe algo, yo no me hago responsable.

—Siempre puedo extenderte un cheque por cada plato que rompa—intervino Alexander continuando con las risas—Ya sabes que el dinero no es problema para mí.

—Si lo llego a saber antes hubiera usado mis platos más caros—dijo Melissa soltando una carcajada mientras cogía con el tenedor un poco de ensalada—Así me hubieras financiado mis vacaciones a la playa.

—Mejor a París —añadió Tom guiñándole un ojo a Melissa—Con lo que le dan de paga a Alexander nos da por lo menos para un fin de semana con hotel, desayuno y vistas a la Torre Eiffel.

—Pues que rompa todos los platos que quiera, así me financia el viaje y además me libro de fregar—murmuró Melissa entre risas.

Alexander alzó su vaso con una sonrisa burlona.

—Si eso me garantiza que no tengo que lavar nada esta noche, te doy el cheque ahora mismo—dijo Alexander alzando su vaso con una sonrisa burlona—Y Bill y yo nos apuntamos también a ese viaje, pero quiero mi habitación con bañera y desayuno continental.

—Y que nos dejen dormir hasta tarde —añadió Bill acomodándose a su lado—Y por supuesto nada de madrugar para ver museos. Solo croissants, café y paseos sin rumbo.

—Esto empieza a sonar como el plan perfecto—murmuró Tom soltando un suspiro— ¿Quién diría que una tarde tensa acabaría en una escapada imaginaria a París?

—Brindemos por eso—dijo Melissa alzando su vaso—Por los días que no salen como esperábamos, pero terminan siendo justo lo que necesitábamos.

Los cuatro chocaron sus vasos y por un momento el camping entero pareció detenerse para dejarles disfrutar de esa tregua inesperada.

Y así, entre bromas, tareas compartidas y el crepúsculo que les envolvía en tonos suaves todos respiraron aliviado porque al fin todas la piezas del puzle encajaban en su sitio.

No era del todo perfecto, pero era suficiente.

Y a veces, eso bastaba para empezar de nuevo.

Continúa… 

Gracias por la visita. Si te ha gustado, comenta y regresa, porque pronto tendremos más 😉

por lyra

Escritora del Fandom

Un comentario en «Incomplete 44»
  1. La historia es muy buena, pero siento que no avanza lo suficiente, está estancada, como que no avanza en nada importante, espero haber leído que era una Historia «Toll» porque la verdad no he visto ninguna intención ni interacción concreta de los personajes principales.

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