Incomplete 45

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 45

Cuando la barbacoa llegó a su fin y entre bromas terminaron de limpiar y recoger, la noche ya había caído sobre el camping. El aire era fresco y la luz cálida del porche contrastaba con la oscuridad que envolvía los árboles.

—¿Has sabido algo de tus padres? —preguntó Tom dirigiéndose a Alexander mientras se secaba las manos con un trapo.

Habían salido a disfrutar de la noche en el porche tras terminar de lavar los platos sin haber roto ninguno.

—He preferido apagar el móvil —respondió Alexander con tono sereno—Sé que estarán preocupados pero ahora mismo no necesito otro de sus sermones. Ya les pediré perdón cuando regrese.

—Y yo al final no puse a cargar el mío—intervino Bill suspirando—Seguro que me espera una buena también.

—Quizás David ya ha informado a tu padre—sugirió Alexander.

Se encontraba sentado en la hamaca que había en el porche y alzando la mirada se quedó observando el cielo estrellado.

—Dan ganas de quedarse aquí—dijo de pronto como si pensara en voz alta.

—Pues quedaos—propuso Tom sin dudar—Podéis usar la habitación de Andreas y que él duerma en mi sofá. Yo me encargo de avisarle.

—¿Y tú?—inquirió Alexander con una ceja alzada.

—Yo me quedo con Melissa, como ya lo llevo haciendo varias noches—mintió Tom sin vacilar manteniendo intacta la coartada que ambos habían construido.

Melissa estaba apoyada en el marco de la puerta y sonrió al escuchar sus palabras como si aquella mentira ya formara parte del mobiliario del camping.

Alexander intercambió una mirada con Bill preguntándole en silencio si se quedaban a dormir esa noche en el camping o no, viéndole asentir con la cabeza.

—Gracias por la invitación—dijo Alexander aceptándola—Y por toda esta noche, la necesitaba de verdad.

Bill se acercó a Alexander y le pasó un brazo por los hombros.

—Dejemos de pensar por hoy, mañana será otro día—intervino Bill poniendo una mano sobre el hombro de Alexander—Y si nos quedamos que sea para descansar, no para seguir pensando en el pasado.

Alexander asintió con la cabeza y se levantó de la hamaca con pereza con ayuda de Bill.

El grupo se dispersó poco a poco. Melissa y Tom entraron en su bungalow, manteniendo la coartada con gestos ensayados como pasando Tom un brazo por la cintura de Melissa quien apoyó la cabeza en su hombro suspirando. Bill y Alexander echaron a andar hacia el bungalow de Tom y Andreas, donde las luces estaban apagadas y el silencio era acogedor.

Antes de entrar, Bill se detuvo un momento en el porche, mirando el cielo estrellado.

—No sé si mañana será más fácil —dijo en voz baja.

—Pero al menos no estarás solo —respondió Alexander abriendo la puerta.

Entraron en el bungalow en silencio con el cansancio de la jornada pesando sobre sus cuerpos pero también con una calma nueva. La habitación de Andreas estaba en penumbra con la cama hecha y el aire ligeramente fresco por la ventana entreabierta.

Tras pasar por el baño y desnudarse se metieron en la cama quedándose en ropa interior, sin ceremonias ni palabras innecesarias. No era un gesto cargado de deseo, sino de la necesidad de estar cerca y de sentir que el otro seguía ahí.

Bill no lo pensó dos veces, se giró hacia Alexander y se acurrucó contra él buscando su calor como quien busca refugio. Alexander lo rodeó con los brazos estrechándolo con fuerza, como si quisiera asegurarse de que no se desvaneciera en mitad de la noche.

No dijeron nada.

No hacía falta.

El silencio entre ellos era cómodo, lleno de todo lo que ya se habían dicho y de lo que aún quedaba por decir. El ritmo de sus respiraciones se fue acompasando poco a poco, hasta que el sueño empezó a envolverlos.

Esa noche, por primera vez en mucho tiempo, ninguno de los dos se sintió solo.

&

Desde el bungalow de Melissa, Tom sacó el móvil y envió un mensaje rápido a Andreas pidiéndole que esa noche durmiera en su sofá y prometiéndole que al día siguiente le explicaría todo con calma.

La respuesta no tardó en llegar.

Andreas le informaba que había aceptado la invitación de Rose para quedarse en su casa esa noche. Seguía inquieto por Víctor, y sabiendo que Bill y Alexander estaban en su bungalow prefería no interferir ni escuchar algo que no le correspondía.

—Solucionado —murmuró Tom dejando el móvil sobre la mesa con un suspiro de alivio.

Melissa se estiró con lentitud ahogando un bostezo mientras recogía los últimos utensilios de la barbacoa que seguían por la encimera de su cocina.

—Entonces vayamos a dormir —dijo con voz cansada—Mañana tendré que hablar con David y explicarle la situación. Es muy comprensivo, pero no tonto. Seguro que ya ha atado cabos, fijo que sabe que Alexander apareció en el club antes de que yo me fuera de repente minutos después y lo habrá encontrado demasiado sospechoso.

— ¿Crees que se enfadará?—preguntó Tom preocupado.

—No lo creo —respondió Melissa caminando hacia la habitación—Es muy comprensivo pero seguro que me hará preguntas. Y lo peor es que siempre sabe más de lo que aparenta, tiene ese talento para enterarse de todo sin que nadie se lo diga.

—Entonces mejor que se entere de todo lo ocurrido por ti—dijo Tom sin moverse de su sitio—Será tu versión con tus propias palabras.

Melissa asintió abriendo la puerta del dormitorio.

—Le invito a un café y le digo que fue una emergencia emocional imposible de eludir—explicó Melissa—Y David lo sabrá entender, más sabiendo que todo ha sido por ayudar a Bill.

Tom asintió con la cabeza con la mirada fija en el sofá del bungalow de Melissa. El silencio entre ellos se volvió más denso, como si la noche esperara a que uno de los dos lo rompiera.

— ¿No vienes? —preguntó Melissa al notar su gesto apoyada en el marco de la puerta de la habitación.

Tom negó despacio, sin apartar la mirada.

—Lo de dormir contigo era una excusa para Alexander—admitió con voz baja—Ya estoy acostumbrado al sofá, estaré bien.

Melissa lo observó unos segundos sin moverse ni decir nada. Luego cruzó los brazos con esa firmeza tranquila que solo usaba cuando algo le importaba de verdad.

—No seas tonto—dijo al fin con firmeza—Ven a mi cama.

—Melissa, no es necesario que…—empezó a decir Tom mirándola fijamente.

—No es por la coartada—interrumpió Melissa sin dejarle terminar—Es porque no quiero que duermas solo otra vez pudiendo estar conmigo. No vamos a fingir ni hacer nada entre nosotros que no queramos hacer, ¿vale? Solo ven.

Tom dudó un instante más luego se movió sin decir palabra. La noche seguía en calma, pero algo en su gesto había cambiado.

Ya no era resignación, era decisión.

Melissa se apartó con naturalidad dejando espacio para que Tom cruzara el umbral. No hicieron falta palabras ni explicaciones. Lo que había sido coartada durante el día se desvanecía en esos momentos en algo más íntimo y más real.

En cuanto entraron en la habitación la penumbra los envolvió, iluminada apenas por la luz suave que se filtraba desde el porche. Se acercaron el uno al otro sin prisas y cuando sus labios se encontraron el beso fue profundo y cargado de todo lo que no habían dicho. Avanzaron por la estancia sin romper el contacto desnudándose mutuamente con gestos lentos, dejando caer la ropa por donde pasaban como si cada prenda fuera una capa de distancia que ya no necesitaban.

Al llegar a la cama ambos estaban ya en ropa interior. El beso había cesado, pero la intensidad seguía presente en sus miradas. Respiraban con dificultad no por agotamiento sino por la tensión contenida y por la certeza de que ninguno quería detener lo que habían empezado.

—¿Tienes condones? —preguntó Tom sin moverse aún, con voz baja pero firme.

Melissa asintió y rodeando la cama con paso seguro abrió el primer cajón de la mesilla y sacó una caja que guardaba allí. La abrió con calma y dejó un par sobre la mesilla para tenerlos al alcance de la mano. Algo en su intuición le decía que con Tom no era de los que se conformaba con solo una vez.

Y no le importaba.

No esa noche.

Ella fue quien dio el primer paso, sabía que Tom estaría pensando en Bill y en lo que estaría pasando en su bungalow, y necesitaba una señal para moverse y dejar de pensar. Y fue ella quien le dio esa señal llevando las manos a su sujetador y desabrochándolo dejándolo caer al suelo seguido segundos después de su tanga.

Se acostó en la cama con naturalidad totalmente desnuda acomodándose entre las sábanas mientras que Tom se quedaba de pie unos segundos observándola como si aún necesitara permiso para cruzar ese umbral invisible entre la coartada y la intimidad real.

—No tienes que pensarlo tanto—susurró Melissa sin querer meterle prisa.

Tom se acercó despacio y por el camino se quitó los bóxer con gesto tranquilo. No había urgencia, solo una necesidad de estar cerca y de compartir algo que no fuera fingido.

Melissa se volvió hacia él apoyando la cabeza en la almohada.

— ¿Estás bien?—preguntó en voz baja.

—Estoy mejor que nunca—contestó Tom tumbándose a su lado.

Durante unos segundos no se dijeron nada más. Se miraron en silencio, como si el día entero hubiera sido una larga conversación que culminaba en ese momento. Melissa deslizó una mano por el brazo de Tom y él respondió acercándose y apoyando la frente contra la suya.

El beso que siguió fue lento y sin prisas. No era el beso de una pareja que lleva tiempo junta, ni el de dos desconocidos. Era el de dos personas que habían sostenido el peso de otros y por fin se permitían sostenerse mutuamente.

Las caricias fueron suaves como para querer confirmar que estaban ahí y que no había máscaras ni mentiras entre ellos. Cuando sus desnudos cuerpos se encontraron lo hicieron con deseo contenido y con la certeza de que esa noche no era una huida, sino una elección.

Entonces se dejaron llevar, Tom rodó por la cama quedándose sobre Melissa quien se acomodó bajo su cuerpo con las piernas separadas mientras sus labios seguían fundidos en un profundo beso. Podía sentirle frotarse contra su sexo, lo que le arrancaba gemidos que soltaba en su boca desesperada.

Hasta que Tom se sintió ya preparado y listo para entrar en ella, y Melissa también lo pudo notar. Dejaron de besarse por unos segundos y entonces Melissa estiró una mano y cogió uno de los condones que ya había dejado preparado y se lo pasó con disimulo. Tom lo cogió y se lo puso con rapidez antes de volver a apoderarse de sus labios mientras movía sus caderas contra ella.

Entró en su cuerpo sin resistencia alguna, Melissa estaba más que preparada y era lo que llevaba tiempo deseando. Desde que le había visto por primera vez, desde el beso que habían compartido en el Sisyphos no había noche que no se fuera a la cama sin pensar en como sería hacer el amor con Tom.

Y estaba ocurriendo en esos momentos, le sentía entrar y salir con facilidad de su cuerpo y solo pudo cerrar los ojos y dejarse llevar sintiendo que le faltaba el aliento.

Y a Tom le pasaba igual, separaron sus labios y mientras la embestía una y otra vez bajó la cara y la enterró entre sus pechos, lamiendo sus pezones y succionándolos con fuerza mientras le sentía soltar un pequeño grito descontrolado.

La estaba volviendo loca, y entonces Melissa se movió para cambiar de posición. Aún sintiéndole dentro de ella rodó por la cama para quedar encima incorporándose en su regazo mientras movía sus caderas de atrás adelante llevando ella el ritmo de las embestidas.

Tom se dejaba hacer mientras ponía cada una de sus manos en sus pechos y acariciaba con suavidad rozando sus pezones con los pulgares, viendo que ese gesto la volvía loca al ver como llevaba las manos a su pelo y se lo sujetaba en alto mientras cerraba los ojos y se mordía los labios.

Entonces Tom no pudo resistirse más, se incorporó en la cama y se abrazó a Melissa embistiéndola profundamente mientras sentía como se derramaba dentro de ella.

Melissa no se quedó atrás, el orgasmo que sintió fue profundo y enterrando la cara en el cuello de Tom le lamio la piel y succionó con fuerza entre sus labios mientras sentía una corriente eléctrica recorrerla de arriba abajo.

Cuando ambos se sintieron saciados se miraron con una sonrisa cómplice y se dieron un último besos en los labios antes de dejarse de caer en la cama de nuevo.

Acostados entre las sábanas revueltas Melissa apoyó la cabeza en el desnudo pecho de Tom y se quedó escuchando su agitada respiración.

—No sé qué va a pasar mañana —murmuró sin aliento.

—Ni yo—respondió Tom acariciándole el pelo—Pero esta noche, estamos bien.

Se quedaron ambos en silencio mientras recuperaban el aliento con los ojos cerrados y poco a poco se fueron quedando dormidos.

No como pareja fingida.

No como amigos que se protegían.

Sino como dos personas que por fin se permitían dejar de fingir.

&

Dormía profundamente cuando un grito lo sacó abruptamente del sueño, obligándolo a incorporarse de golpe en la cama. Desorientado parpadeó varias veces sin saber cuánto tiempo había pasado desde que se había acostado. La habitación estaba en penumbra y le pareció extrañamente ajena por unos segundos.

—¿Estás bien? —preguntó Alexander con voz somnolienta, girándose hacia él.

Bill asintió en silencio y volvió a tumbarse, pero el sueño ya lo había abandonado. Sentía una inquietud que no lograba explicar, como si algo estuviera ocurriendo justo fuera de su alcance.

—¿Te has desvelado? —susurró Alexander rodeándolo con los brazos en un gesto automático y protector.

Bill no respondió con palabras, solo se dejó abrazar buscando en ese contacto algo de calma.

—Si quieres… puedo ayudarte a volver a dormir —murmuró Alexander.

Su voz era apenas un aliento entre las sábanas y Bill supo al momento lo que le estaba ofreciendo. Estuvo a punto de rechazarlo, de girarse y fingir que podía volver a dormir por sí solo. Pero entonces, sin quererlo, una imagen se formó con nitidez en su mente.

La de Tom y Melissa en el bungalow contiguo, entregados el uno al otro sin reservas.

Y en ese instante, la idea de quedarse quieto le pareció insoportable.

Se movió con decisión como si algo dentro de él hubiera hecho clic. Con un gesto silencioso, se deshizo de la última prenda que lo separaba de la piel de Alexander y se acomodó sobre él quedando a horcajadas sobre sus caderas. La penumbra de la habitación envolvía sus cuerpos, y el aire parecía cargado de algo más que calor.

Alexander lo miró sin decir nada con sus manos descansando sobre los muslos de Bill, como si esperara una señal para moverse. Pero no hacía falta. El gesto de Bill hablaba por sí solo, ya había decidido lo que quería y cuando lo quería.

Ese era el momento, y Alexander no pensaba negarse.

Se movió con suavidad deslizando por su cuerpo la ropa interior que él aún llevaba y se acomodó bajo Bill con sus cuerpos libres y sin ninguna barreras entre ellos. El contacto fue inmediato, sus caderas comenzaron a moverse en un ritmo compartido, lento al principio, como si ambos buscaran sincronizarse no solo físicamente, sino emocionalmente.

No había palabras, solo respiraciones entrecortadas y miradas que se encontraban en la penumbra. Lo que estaban compartiendo no era solo deseo, era una forma de consuelo y de afirmación mutua. Un recordatorio de que, en medio del caos, aún podían tocarse, sentirse y sostenerse.

No hizo falta esperar mucho tiempo, ambos estaban ya más que preparado y Bill entonces llevó una mano a sus labios y lamió con avidez antes de llevarla abajo para coger la erección de Alexander y lubricarla antes de alzar las caderas para hacerle entrar en su cuerpo. Cerró los ojos por un momento, sintiendo como avanzaba muy despacio para no dañarlo cosa que nunca antes había hecho. Casi siempre había ido directo al grano sin molestarse en prepararle pero esa noche todo era diferente.

La manera en la que le miraba, como entraba y salía de su cuerpo con suavidad haciéndole gemir con los ojos cerrados y disfrutar como nunca antes había hecho.

Entonces Bill abrió los ojos aún con el corazón acelerado por todo lo que estaba sintiendo y su mirada se dirigió instintivamente hacia la ventana entreabierta.

Y ahí lo vio.

La ventana del bungalow contiguo quedaba justo enfrente, sin cortinas que impidieran la vista. A través del cristal y con una claridad que le pareció casi cruel, pudo ver a Melissa en su misma situación sobre Tom, en una postura que no dejaba lugar a dudas.

Ya no era una coartada o una actuación.

Era intimidad real, compartida y deseada.

Se quedó inmóvil por un momento como si el aire se hubiera vuelto más denso. No era celos lo que sentía, ni siquiera sorpresa. Era una mezcla de reconocimiento y punzada. Porque en ese instante, supo que lo que había entre Tom y Melissa ya no era solo protección mutua.

Era algo más.

Alexander dejó de moverse también ajeno a lo que Bill estaba viendo y esperó pensando que quizás le había hecho daño.

—¿Estás bien? —preguntó en un susurro.

Bill no respondió, se limitó a asentir en silencio volviendo a concentrarse en lo que estaba haciendo segundos antes. Volvió a mover sus caderas de atrás adelante haciendo que Alexander entrara y saliera de su cuerpo sin poder apartar la mirada de lo que estaba sucediendo ante sus ojos, viendo como cada una de las manos de Tom cogía los desnudos pechos de Melissa y acariciaba con soltura haciendo que ella se recogiera el pelo con sus manos gimiendo con los ojos cerrados.

Gracias a la luz de la luna podía ver cada uno de los gestos de Melissa, como se mordía los labios para no gritar mientras Tom la embestía una y otra vez hasta ver como se incorporaba en la cama también y se abrazaba a Melissa con fuerza para terminar obteniendo un profundo orgasmo derramándose dentro de ella.

Y entonces no pudo contenerse, sin apartar la mirada de Tom y sintiendo a Alexander avanzar en su interior Bill cogió aire y lo soltó en un profundo jadeo mientras se dejaba llevar derramando su esencia sobre el agitado pecho de Alexander.

No le había esperado, pero eso no pareció molestarle. Alexander sonrió ampliamente y poniendo las manos en sus caderas aceleró el ritmo de las embestidas hasta alcanzar el también el clímax derramándose en su interior entre jadeos.

Bill se quedó quieto observando como Tom y Melissa se besaban dando fin a ese acto de amor y se volvían a acostar desapareciendo de su mirada. Solo entonces se movió haciendo salir a Alexander de su cuerpo y se dejó caer en la cama dándole la espalda con la respiración agitada mientras sentía su esencia deslizarse lentamente fuera de su cuerpo con los ojos llenos de lágrimas.

—Ha sido fantástico —susurró Alexander aún con la voz entrecortada por el esfuerzo mientras acariciaba con suavidad su desnuda espalda.

Bill no respondió. Se limitó a respirar hondo intentando que el temblor en su pecho no se convirtiera en sollozo. Las lágrimas se acumulaban tras sus párpados amenazando con deslizarse por sus mejillas, pero él se las tragó como tantas veces antes había hecho.

¿Por qué lloraba?

No había nada entre él y Tom.

Nunca lo hubo.

Solo miradas que duraban un segundo más de lo necesario, gestos que se quedaban flotando en el aire y esa forma en la que Tom lo defendía y lo cuidaba pero siempre desde fuera y sin cruzar la línea.

Entonces, ¿por qué dolía?

Quizá porque había imaginado algo distinto.

Porque en algún rincón de su mente había creído que si alguna vez Tom tomaba la iniciativa y se dejaba llevar, sería con él.

No con Melissa.

No en el bungalow contiguo donde en esos momentos ambos dormían entre sábanas revueltas y secretos compartidos.

Alexander lo abrazó con fuerza desde atrás sin saber lo que pasaba por su cabeza. Y Bill se dejó sostener, como si ese gesto pudiera contener lo que no se atrevía a decir.

No era celos.

No era rabia.

Era esa tristeza silenciosa que llega cuando uno se da cuenta de que lo que deseaba nunca estuvo realmente al alcance.

La noche seguía su curso, pero algo había cambiado.

Y Bill lo sabía.

&

A la mañana siguiente, el club comenzaba a despertar con la calma propia de los martes. El sol se filtraba por los ventanales, y el murmullo de los primeros clientes llenaba el ambiente con una energía suave pero creciente.

Andreas llegó acompañado por Rose, que caminaba a su lado con gesto tranquilo, y por Víctor que se mantenía en silencio con la mirada baja y los hombros tensos. Nadie había dicho casi nada durante todo el trayecto, era como si cada uno estuviera sumido en sus propios pensamientos.

Al cruzar la entrada del club David los vio desde la barra y levantó una mano para llamar a Andreas. Su expresión era seria, pero no severa. Andreas se acercó, dejando a Rose camino de su cocina y Víctor del almacén.

—¿Podemos hablar un momento?—preguntó David señalando con la cabeza la terraza.

Andreas asintió y lo siguió sin decir palabra. Una vez fuera buscaron una mesa lejana y David tomó asiento esperando a que Andreas le imitara. A su alrededor estaban Patrick y Christine preparando las mesas para el desayuno y al verlos sentados se imaginaban que necesitaban hablar y siguieron con su trabajo sin molestarles.

—Necesito saber con exactitud dónde están Bill y Alexander, y algo me dice que tú lo sabes—soltó David sin rodeos—Sus padres están muy preocupado, mi móvil no ha dejado de sonar desde que Alexander huyera del hospital y aunque sé que estuvo aquí por la tarde también sé que necesitaba tiempo para pensar y hablar con Bill, pero ambos han pasado la noche fuera y sus padres están muy preocupados pensando que les ha podido pasar algo.

Andreas se quedó en silencio unos segundos, midiendo sus palabras.

—Están bien—dijo al fin—Se quedaron a dormir en el camping. Tom les ofreció el bungalow y yo me fui a casa de Rose porque quería hablar con Víctor, y me quedé a dormir allí para no molestar a Bill y a Alexander.

— ¿Y por qué no avisaron?—quiso saber David mirándole fijamente— ¿Por qué apagar los móviles?

—Ya conoces a sus padres, David—contestó Andreas resoplando—Y tú mismo lo acabas de decir, Alexander necesitaba desconectar y Bill también. Fue una día difícil para todos pero están juntos seguro que ya han hablado y solucionado lo que tenían que solucionar.

—Yo entiendo que quieran espacio, pero sus padres no—murmuró David cruzándose de brazos— Y ahora mismo, lo único que quieren es saber que están bien.

Andreas asintió sacando el móvil del bolsillo.

—Escribiré a Tom de inmediato y le diré que hable con ellos—dijo Andreas sacando el móvil.

—Mejor ve en persona—negó David—No quiero más intermediarios ni mensajes que puedan malinterpretarse o no ser recibidos. Asegúrate de regresar con Bill y Alexander, y dile a Melissa que espero que ya se encuentre mejor.

Andreas guardó el móvil sin llegar a escribir nada. Sabía que David tenía razón. Después de todo lo que había pasado, lo último que necesitaban eran más silencios o excusas.

—Voy ahora mismo —dijo Andreas, poniéndose en pie con determinación—Les diré que deben volver de inmediato, que sus padres están muy preocupados y que ya es hora de que dejen de esconderse.

—Y asegúrate de que entienden que esto no es solo por ellos—explicó David muy serio—Hay gente que los quiere, que los espera y que necesita saber que están bien. No pueden seguir actuando como si el mundo se detuviera por lo que les pasó.

Andreas tragó saliva, sintiendo el peso de la responsabilidad sobre sus hombros. Sabía que no sería una conversación fácil, pero también sabía que era necesaria.

—Lo haré —prometió con firmeza.

Echó a andar por el embarcadero con paso firme sintiendo el sol de la mañana golpeándole el rostro. El día apenas comenzaba, pero ya estaba cargado de verdades que no podían seguir escondiéndose.

Continúa… 

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por lyra

Escritora del Fandom

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