Incomplete 46

Incomplete 46

Fic TOLL de lyra

Capítulo 46

Llegó al camping con paso firme sin detenerse ni a respirar el aire tranquilo de la mañana. Sabía que no había tiempo para rodeos y lo primero que hizo fue dirigirse a su bungalow donde Bill y Alexander habían pasado la noche.

Subió los escalones con cautela, pero sin dudar. Al llegar a la puerta entró sin hacer ruido y se dirigió directamente a la habitación. Sabía lo que podía encontrar allí y aun así no vaciló al girar el pomo.

Al abrir la puerta la escena frente a él no le sorprendió lo más mínimo. Bill y Alexander dormían profundamente enredados entre las sábanas revueltas. No hacía falta ser muy perspicaz para entender lo que había ocurrido entre esas paredes, sus cuerpos desnudos y entrelazados apenas cubiertos hablaban por sí solos.

Se quedó en el umbral unos segundos, sin decir nada. No por pudor, sino por respeto. Luego carraspeó suavemente lo justo para que empezaran a despertarse sin sobresalto.

—Buenos días—dijo con tono firme—El so ya ha salido y hace un precioso día de verano.

Alexander fue el primero en abrir los ojos sintiéndose desorientado mientras parpadeaba una y otra vez como si el mundo tardara en volver a encajar en su sitio. A su lado Bill se volvió en la cama lentamente aún atrapado entre el sueño y la incomodidad de haber sido descubierto.

— ¿Qué hora es?—murmuró desde la cama Alexander

—La hora de levantarse y regresar a vuestras vidas—contestó Andreas con ironía— Vuestros padres están preocupados y David quiere veros en el club de inmediato.

—¿Nos va a recibir con un desayuno especial? —preguntó Alexander aún medio enterrado en las sábanas con una sonrisa perezosa.

Andreas se apoyó en el marco de la puerta, cruzando los brazos.

—Lo dudo —respondió con tono seco—Pero si os dais prisa, quizá lleguéis antes de que se le agote la paciencia.

—Lo que faltaba, tener que aguantar también la charla de David —gruñó Alexander volviéndose en la cama y enterrando la cabeza bajo la almohada con gesto de fastidio.

—No tendría que hacerlo si no tuviera su móvil petado de llamadas y mensajes de vuestros padres—estalló Andreas sin poder contenerse— ¿Tan difícil era avisar que estabais bien? Y tú Alexander, te escapas del hospital y dejas a tu madre al borde del colapso. ¿Qué te costaba mandarle un maldito mensaje?

Alexander se puso tenso al escucharlo. No era el momento ni tenía la energía necesaria para aguantar sermones y menos viniendo de alguien como Andreas.

A su lado Bill ya se había despertado del todo dándose cuenta de que no llevaba nada puesto y se apresuró a cubrirse con la sábana hasta el cuello sintiendo cómo el rubor le subía a las mejillas.

Andreas los había visto, y sabía perfectamente lo que había ocurrido esa noche entre esas paredes y en su propia cama.

—Sentimos mucho las molestias, no pensamos en las consecuencias de nuestros actos —se disculpó tratando de suavizar el ambiente—Ahora nos levantamos y te dejamos la habitación recogida.

—No hace falta —murmuró Andreas, resoplando—De todas formas tendré que cambiar las sábanas. Daos prisa os espero fuera.

Y sin más cerró la puerta de la habitación tras de sí dejándoles el espacio y la intimidad necesaria para recomponerse mientras su mente ya se desplazaba hacia otra incógnita.

¿Dónde estaba Tom?

Sabía que en el bungalow de Melissa, eso no era un misterio. Pero lo que no podía asegurar era si había dormido en el sofá como hacía en su propio bungalow o para seguir con la coartada que se habían inventado había compartido finalmente la cama con ella.

Bajó los escalones del porche con el ceño levemente fruncido. Conociendo a Tom, todo era posible. Y conociendo a Melissa, aún más. Lo que antes era una estrategia para proteger a Alexander, ahora parecía haber mutado en algo más íntimo y más real.

No era su asunto, se repetía.

Pero no podía evitar preguntarse qué encontraría cuando llamara al otro bungalow.

&

En el bungalow de al lado sus ocupantes continuaban dormidos y compartiendo cama. El silencio les rodeaba al igual que la luz de la mañana que tímidamente se colaba por las cortinas medio echadas dibujando líneas doradas sobre la piel desnuda y las sábanas.

Tom fue el primero en despertar. Abrió los ojos con lentitud mientras trataba de reconocer donde se encontraba, hasta que el recuerdo de la tarde anterior le golpeó con fuerza haciéndole gemir con la frente arrugada. Sentía que el cuerpo aún le pesaba por lo ocurrido la noche anterior pero la conciencia del deber lo empujó a incorporarse.

Tenía que ir al club.

El trabajo no esperaba.

Se levantó con cuidado sin hacer ruido, y caminó desnudo hacia el baño. Al rodear la cama su mirada se detuvo un instante en Melissa que aún dormía profundamente con el rostro relajado y el cuerpo apenas cubierto por la sábana que se había deslizado durante la noche. La escena era íntima y Tom se quedó quieto un segundo más como si quisiera grabar ese momento antes de que la realidad lo reclamara.

Luego siguió su camino hacia el baño dejando atrás el calor de la cama y el refugio que había sido suyo por unas horas.

Entró en la ducha y abrió el grifo sin pensarlo demasiado dejando que el agua caliente comenzara a correr. Se metió bajo el chorro con los ojos cerrados soltando un leve gemido al sentir cómo la temperatura le envolvía el cuerpo relajando los músculos tensos por la noche anterior.

El agua caía sobre su cabello, resbalando por su nuca y espalda desnuda trazando caminos sobre su piel. En ese instante mientras el vapor llenaba el pequeño baño su mente se desvió inevitablemente hacia Bill.

No podía evitarlo.

Se preguntaba cómo habría sido su noche con Alexander. Si habría encontrado consuelo, si se habría sentido querido y si habría dormido en paz.

Y, sobre todo, si en esos momentos estaría bien.

Apoyó las manos en la pared de la ducha dejando que el agua siguiera cayendo. No era celos lo que sentía, ni siquiera arrepentimiento. Era una mezcla de preocupación y algo más difícil de nombrar. Algo que se le quedaba atascado en el pecho cada vez que pensaba en Bill y en lo que no habían dicho.

La noche había sido intensa, sí. Pero no solo por lo que había compartido con Melissa.

También por lo que había dejado sin resolver.

Mientras en la habitación Melissa despertaba lentamente envuelta en el calor de las sábanas y en la quietud de la estancia. Al abrir los ojos se encontró sola en la cama donde había caído rendida tras dar rienda a esa pasión desatada compartida con Tom.

Se quedó mirando el techo unos segundos dejando que los recuerdos se deslizaran por su mente como el agua que escuchaba correr en el baño. La intensidad de lo vivido la noche anterior seguía presente en su piel, en la forma en que sus músculos se relajaban yen la memoria de cada caricia.

Sus manos recorrieron su cuerpo con lentitud como si quisieran confirmar que todo había sido real. Al llegar a sus pechos cerró los ojos un instante recordando cómo Tom la había mirado, tocado y deseado.

No había sido solo físico.

Había algo más, algo que aún no sabía nombrar.

El sonido de la ducha la sacó de sus pensamientos. Sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo tras esa puerta entreabierta. y sin pensarlo por más tiempo se levantó dejando que la sábana resbalara por su cuerpo y cayera al suelo. Caminó desnuda hacia el baño con paso tranquilo pero decidido, como quien sabe que el día puede esperar un poco más.

&

Tras la marcha de Andreas, tanto Bill como Alexander continuaban aún en la cama despertándose del todo entre las revueltas sábanas.

Bill tenía la sensación de haber dormido en una burbuja fuera del tiempo. A su lado, Alexander parecía haberse quedado de nuevo dormido con la cabeza bajo la almohada y su respiración suave.

Durante unos segundos Bill se quedó quieto escuchando el silencio del bungalow. Luego, con suavidad, se giró hacia él.

—¿Estás dormido? —preguntó en un susurro.

Alexander murmuró algo ininteligible antes de abrir de nuevo los ojos lentamente.

—No—respondió con voz ronca— ¿Qué hora es?

—No lo sé—contestó Bill encogiéndose de hombros—Andreas estaba muy enfadado, ha tenido que venir a buscarnos y debemos decirles a nuestros padres que estamos bien.

Alexander se volvió lentamente aún con la cara medio enterrada en la almohada y soltó un suspiro largo antes de incorporarse.

—Genial —murmuró con sarcasmo—Justo lo que necesitaba hoy a estas horas tan tempranas. Sermones, caras largas y el desfile de culpa.

Bill se sentó en el borde de la cama buscando su ropa interior por el suelo de la habitación sin llegar a encontrarla.

—No podemos evitarlo —dijo con voz suave—Desaparecimos sin decir nada. Andreas tiene razón, nuestros padres están preocupados. Y David… bueno, David seguro que tiene todo un discurso preparado.

— ¿Crees que nos van a castigar?—preguntó Alexander pasándose una mano por el rostro tratando de despejarse.

—No lo sé —respondió Bill—Pero creo que lo que más les importa ahora es saber que estamos bien. Lo demás vendrá después.

Ya se lo podía imaginar, había desobedecido a su madre y les había puesto en una situación intolerable, sabía que el castigo sería épico.

Alexander se le quedó mirando en silencio unos segundos como si pudiera leerle el pensamiento, sabía que el castigo de sus padres no sería nada comparado con lo que le esperaba a Bill.

Soltó un suspiro prolongado y se sentó junto a él en la cama dejando que sus desnudos hombros se rozaran.

—¿Tú estás bien? —preguntó en voz baja.

Bill dudó un instante antes de responder.

—Estoy algo confuso, me he despertado con una sensación rara como si algo estuviera a punto de cambiar o ya lo hubiera hecho—contestó Bill mirándole a los ojos—Pero sí, estoy bien. Contigo a mi lado, estoy bien.

Alexander sonrió apenas, una sonrisa pequeña pero sincera.

—Entonces vamos a enfrentarnos juntos a lo que venga—dijo con firmeza.

Bill asintió con la cabeza y se levantó con lentitud viendo como Alexander le pasaba sus bóxer con una sonrisa amplia en la cara mientras recordaba lo bien que lo habían pasado esa noche. Bill cogió la prenda y se la puso suspirando, él no guardaba un recuerdo grato sintiéndose algo culpable por haber llegado al orgasmo después de ver como Tom y Melissa llegaban al suyo.

Se vistieron con rapidez en silencio, como si el gesto de vestirse fuera también una forma de prepararse para lo que venía.

—¿Estás listo? —preguntó Bill una vez hubo terminado.

—No del todo—contestó Alexander mirándole con una mezcla de cansancio y determinación— Pero eso nunca ha sido excusa para no enfrentar lo que toca.

Se miraron un segundo más compartiendo esa complicidad silenciosa que se había fortalecido durante la noche. Luego salieron de la habitación, dejando atrás las sábanas revueltas y el refugio que había sido suyo por unas horas.

El día los esperaba.

Y con el las preguntas y los reproches.

Y quizás, alguna respuesta.

&

Entró en el baño con paso lento sin hacer ruido y la escena que encontró fue exactamente la que había imaginado. Tom se estaba dando una apetecible ducha caliente pasándose las manos por el pelo mientras lo lavaba con los ojos cerrados. El vapor envolvía su cuerpo desnudo y cada movimiento parecía cargado de una sensualidad de lo más llamativa.

Se quedó unos segundos observándolo desde la puerta sin querer interrumpirlo. El agua resbalaba por su espalda marcando cada línea de sus músculos, y el gesto con el que se masajeaba la cabeza tenía algo hipnótico e íntimo.

No era solo deseo lo que sentía al mirarlo.

Era una mezcla de ternura, atracción y algo más profundo que no se atrevía a nombrar.

Se acercó despacio dejando que el sonido de sus pasos sobre el suelo húmedo anunciara su presencia. Tom abrió los ojos al sentirla cerca, y la miró sin sorpresa, como si supiera que ella vendría.

—¿Me haces sitio? —preguntó con una sonrisa suave.

Tom se apartó ligeramente tendiendo una mano hacia ella sin decir nada. Melissa entró bajo el agua dejando que el calor la envolviera y se acercó todo lo que pudo a él pegando su cuerpo al suyo con total naturalidad.

No hacía falta hablar.

La ducha se convirtió en un nuevo refugio donde el mundo quedaba fuera y dentro solo estaban ellos dos compartiendo el silencio, el agua, y lo que había nacido bajo las sábanas la noche anterior.

—¿Me enjabonas la espalda? —preguntó Melissa con voz suave girándose lentamente bajo el agua.

Tom la miró en silencio por un segundo como si necesitara confirmar que aquello no era un sueño. Luego sonrió acercándose con naturalidad y tomando un poco de jabón en la mano frotó con la otra hasta que se formó espuma.

—Claro —respondió apoyando suavemente las manos sobre su espalda.

Melissa cerró los ojos mientras sentía cómo las manos de Tom recorrían su piel con movimientos lentos y cuidadosos. El agua caliente seguía cayendo sobre ambos, envolviéndolos en una burbuja de vapor y silencio compartido.

No había prisa.

No había máscaras.

Solo el contacto, el cuidado y esa intimidad que ya no necesitaba justificación alguna.

Tom bajó las manos por su espalda siguiendo el contorno de sus músculos hasta llegar a su cintura, deteniéndose justo antes de que el gesto se volviera deseo.

Era una caricia que hablaba de algo más que pasión.

Era presencia.

— ¿Estás bien? —preguntó en voz baja sin dejar de acariciarla.

—Estoy mejor que nunca—contestó Melissa sin abrir los ojos.

Tom siguió lavando su espalda con movimientos lentos mientras el vapor envolvía sus cuerpos. Escuchó a Melissa gemir por lo bajo, un sonido suave e involuntario que se escapó de sus labios como reflejo del contacto y del calor.

Fue entonces cuando se detuvo.

Sus manos quedaron quietas sobre su piel y el agua siguió cayendo rompiendo el silencio que se había instalado entre ellos. No era que no quisiera seguir. Era que sabía que si lo hacía, no habría vuelta atrás. Y no estaba seguro de si ese era el momento o de si Melissa lo deseaba por las razones correctas.

Bajó las manos con cuidado como si no quisiera romper la intimidad que habían construido pero sí marcar un límite.

—Creo que deberíamos salir ya —dijo en voz baja con una calma que solo buscaba protegerlos a ambos.

Melissa abrió los ojos y se volvió con lentitud mirándolo fijamente a los ojos dispuesta a compartir unos minutos más esa ducha tan deseada. Tom se la quedó mirando en silencio con el agua cayendo entre ambos como una cortina cálida que parecía suspender el tiempo. Los ojos de Melissa estaban fijos en los suyos sin rastro de duda, solo esa mezcla de deseo y complicidad que se había encendido la noche anterior y que en esos momentos volvía a surgir suavemente con firmeza.

—Podemos repetir aquí mimo lo de anoche—dijo Melissa en un susurro—Aún tenemos tiempo antes de ir a trabajar.

Tom tragó saliva sintiendo cómo el calor del agua se mezclaba con el de su cuerpo y cómo la propuesta de Melissa no era solo física. Era una invitación a quedarse un poco más en ese espacio donde todo parecía más fácil y más claro.

Pero también sabía que el día ya había empezado, que Andreas estaría ya en el club esperándolos y que Bill y Alexander probablemente ya se habían despertado y se estarían vistiendo, y que lo que había pasado entre ellos no podía seguir siendo un paréntesis sin consecuencias.

Levantó una mano y la apoyó en la mejilla de Melissa, sin apartar la mirada.

—Podemos —dijo con suavidad—Pero si lo hacemos no será solo repetir lo de anoche. Será continuar por donde lo dejamos.

—Creo recordar que yo estaba encima de ti—murmuró Melissa con una amplia sonrisa.

Tom sonrió al escucharla con una sonrisa lenta, cargada de memoria y deseo. El vapor de la ducha seguía envolviendo sus cuerpos, y el sonido del agua parecía amortiguar el mundo exterior como si les concediera unos minutos más de intimidad antes de que todo volviera a exigirles respuestas.

—Sí —respondió él acercándose un poco más—Y creo recordar que no querías parar.

Melissa se mordió el labio con sus ojos fijos en los de Tom, sin rastro de duda. Se acercó hasta que sus cuerpos volvieron a rozarse bajo el agua y deslizó las manos por su pecho, como si quisiera confirmar que seguía siendo suyo al menos por ese momento.

—No, no quería —susurró—Y sigo sin querer.

Tom la rodeó con los brazos, apoyando la frente contra la suya. No había prisa pero tampoco tiempo que perder.

Lo que había entre ellos ya no era solo una estrategia, ni una coartada.

Era algo que había cruzado la línea, y ambos lo sabían.

—Entonces quedémonos—susurró Tom—Unos minutos más.

Y Melissa se quedó.

Porque a veces, unos minutos más podían cambiarlo todo.

&

Andreas llegó al bungalow de Melissa con el ceño fruncido y el paso firme. Había dejado a Bill y Alexander vistiéndose y ya solo quedaba confirmar lo que ya sospechaba. Se detuvo frente a la puerta y llamó dos veces con los nudillos.

Esperó en silencio y no ocurrió nada.

Volvió a llamar, esa vez con más fuerza.

Silencio.

Suspiró echando una mirada rápida a su alrededor y finalmente giró el pomo. La puerta no estaba cerrada con llave y entró lentamente con la cautela de quien sabe que está invadiendo un espacio íntimo pero también con la urgencia de quien no puede permitirse esperar más.

El interior estaba en penumbra aún cargado del calor de la noche. Andreas avanzó unos pasos y se detuvo frente al sofá observándolo con atención. Los cojines estaban perfectamente colocados y la manta doblada en el respaldo sin una sola arruga.

No había señales de que alguien hubiera dormido allí.

No hacía falta ser muy perspicaz.

Se quedó quieto unos segundos procesando lo evidente. Tom no había dormido en el sofá, y si no lo había hecho solo quedaba una única opción.

Se volvió hacia el pasillo que llevaba al baño y a la habitación, pero quiso avanzar. No era su casa, no podía caminar por ella como si nada.

— ¡Tom! ¡Melissa! —llamó en voz alta sin elevar demasiado el tono.

Pero el silencio del bungalow le hizo pensar que no había nadie. Andreas se atrevió a dar dos pasos más y se asomó a la habitación de Melissa cuya puerta estaba entreabierta. La cama estaba deshecha, las sábanas revueltas y en el suelo había ropa tirada reconociendo la de Tom y también la ropa interior de Melissa.

Pero no había rastro de nadie.

Fue entonces cuando el sonido del agua cayendo en la ducha le llegó con claridad. Se detuvo en seco y al escuchar los gemidos que se mezclaban con el murmullo del agua soltó una maldición por lo bajo.

No necesitaba ver más para entender lo que estaba ocurriendo tras esa puerta cerrada.

Se pasó una mano por el rostro conteniendo la mezcla de incomodidad y resignación que se le había instalado en el pecho.

—Os espero fuera —murmuró más para sí mismo que para quienes estaban dentro.

Y salió del bungalow dejando la puerta entreabierta como quien sabe que lo que estaba sucediendo dentro ya no podía ser detenido.

Se quedó en el porche con los brazos cruzados y la mirada fija en el horizonte. El sonido del agua seguía cayendo dentro del bungalow acompañado de murmullos y gemidos que prefería no escuchar.

No era su lugar, y lo sabía.

Pero tampoco podía fingir que no entendía lo que estaba ocurriendo.

Suspiró apoyándose en la barandilla de madera y fue entonces cuando los vio.

A lo lejos Bill y Alexander se habían ido sin él caminando por el sendero que bordeaba los bungalows y conducía al club tomados de la mano ajenos a todo lo demás. Sus pasos eran tranquilos y sincronizados, como si el mundo se hubiera reducido a ese gesto compartido. No se volvieron para mirar atrás, estaban concentrados solos en ellos dos y por primera vez en mucho tiempo parecían muy tranquilos sin preocupación alguna.

La imagen era serena y por un instante a Andreas le pareció que el mundo se había vuelto más claro.

Bill y Alexander ya no huían.

Habían elegido caminar juntos, sin esconderse.

Pero dentro del bungalow el agua de la ducha seguía cayendo y aunque intentaba no escuchar nada era capaz de sentir cada gemido amortiguado y cada silencio cargado que le recordaba lo que estaba ocurriendo tras la puerta del baño.

No necesitaba verlo.

Sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo.

Lo había sabido desde el momento en que Tom apareció de nuevo en su vida, iba a pasar algo que le haría abrir al fin los ojos y había tenido que suceder con Melissa a la que consideraba su mejor amiga. Pero no podía enfadarse con ella ni sentir celos porque le había arrebatado eso que más deseaba.

Lo que estaba sintiendo en esos momentos era una profunda tristeza porque al fin podía reconocer lo que llevaba años tratando de ignorar. Algo que nunca había sido del todo suyo y que se le escapaba entre los dedos sin poder hacer ya nada por evitarlo.

Tom no era suyo.

Tal vez nunca lo había sido.

Bajó la cabeza y sin poder evitarlo las lágrimas comenzaron a caer. No eran escandalosas ni dramáticas, eran silenciosas como todo lo que había callado durante meses. Como cada mirada que había evitado y cada palabra que no se había atrevido a decir.

Estaba llorando por lo que no había sido y por lo que no se había dicho. Por lo que se había compartido a medias y por lo que en esos momentos y tras esa puerta se estaba entregando por completo a otra persona sin importarle sus sentimientos.

El sol seguía brillando con fuerza en el cielo ajeno a su dolor.

Y Andreas a solas en aquel porche se permitió por fin sentirlo todo.

Continúa… 

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por lyra

Escritora del Fandom

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