Incomplete 47

Incomplete 47

Fic TOLL de lyra

Capítulo 47

En el baño envueltos por el vapor y el murmullo constante del agua, Melissa y Tom se besaban con una intensidad tranquila como si el mundo exterior hubiera dejado de existir. El agua de la ducha caía sobre ellos acariciando sus cuerpos al mismo ritmo que sus propias manos lo hacían, deslizándose por la piel con familiaridad y deseo.

Sus movimientos eran lentos como si quisieran prolongar ese instante suspendido entre la noche que habían compartido y el día que los esperaba. No había palabras, solo el lenguaje de los gestos, de las miradas entrecerradas y de los suspiros que se perdían entre el vapor.

Ajeno a lo que ocurría fuera del baño Tom rodeó a Melissa por la cintura mientras ella apoyaba la frente contra la suya respirando al compás.

No era solo pasión.

Era una forma de afirmarse, de decir «aquí estoy» sin necesidad de hablar.

Y mientras el agua seguía cayendo ellos seguían allí compartiendo ese refugio íntimo que, por unos minutos más, les pertenecía solo a ellos.

— ¡Tom! ¡Melissa!

—¿Has oído eso? —preguntó Tom de repente deteniendo el movimiento de sus manos sobre el cuerpo de Melissa.

Ella abrió los ojos algo mareada por el beso compartido y el vapor que aún les rodeaba y se le quedó mirando en con curiosidad preguntándole en silencio a qué se estaba refiriendo.

Tom no dijo nada, ladeó ligeramente la cabeza agudizando el oído. El sonido del agua seguía cayendo pero había escuchado algo con claridad, la voz de alguien dentro del bungalow llamándolos.

—Creo que es Andreas —murmuró con el gesto tenso—Me ha parecido escucharle llamándonos.

Melissa frunció el ceño tratando de escuchar pero el ruido del agua amortiguaba cualquier sonido del exterior.

—¿Crees que sabe que estamos aquí?—quiso saber Tom.

—El bungalow no es precisamente un laberinto —comentó Melissa encogiéndose de hombros—Si no estamos en el salón ni en mi habitación, solo queda el baño. No hace falta ser un genio para deducirlo.

Tom soltó un suspiro y apoyó la frente contra la de ella, cerrando los ojos por un instante.

—Entonces supongo que deberíamos parar —murmuró sin convicción.

Melissa lo miró con una sonrisa ladeada mientras deslizaba una mano por su cintura.

—¿Parar? ¿Es que ya no te apetece?—preguntó con tono juguetón—Porque lo que estoy sintiendo aquí abajo me dice todo lo contrario.

Tom se sonrojó sin poder evitarlo al notar su mano acariciarle ahí abajo donde se estaba refiriendo.

Era cierto.

Las caricias, el calor del agua y el beso compartido había despertado una reacción en él que no podía negar ni ocultar.

—Andreas es mi amigo —empezó a decir Tom con firmeza—No quiero hacerle daño si hace unos días estaba contigo, y no quiero meterme en medio de nada.

Melissa se apartó ligeramente sin perder la calma.

—No lo haces porque entre él y yo no hay nada—dejó Melissa bien claro—No es la primera vez que nos acostamos juntos porque uno de los dos se sienta necesitado. Y que no se te olvide que además de ser tu amigo Andreas fue tu amante, y a ninguno de los dos nos molesta compartirte con tal de tener algo contigo aunque dure unos escasos minutos.

Tom se quedó inmóvil con el agua cayendo entre ambos como si intentara borrar el peso de las palabras que acababa de escuchar. No era solo lo que Melissa había dicho, sino cómo lo había dicho sin dramatismo y sin culpa, con una claridad que desarmaba cualquier intento de evasión.

Su mirada se clavó en la de Melissa buscando algo que le ayudara a entender si aquello era una provocación, una confesión o simplemente una verdad que llevaba demasiado tiempo sin ser dicha.

—¿Eso es lo que quieres? —preguntó al fin en voz baja—¿Apenas unos minutos conmigo?

—Quiero lo que tú estés dispuesto a dar—respondió con calma Melissa sin apartar la mirada de la suya—Pero no voy a fingir que no sé lo que significas para él o para mí.

Tom tragó saliva, sintiendo cómo el vapor se volvía más denso y más íntimo. No era celos lo que sentía, era vértigo de saber que por primera vez no era solo deseo lo que lo unía a alguien.

Era historia.

Un cruce de caminos.

Una elección.

—Entonces dime —susurró—Si no hay nada entre vosotros, ¿qué hay entre nosotros?

—Eso depende de ti—contestó Melissa llevando de nuevo su mano a su entre pierna.

Tom sintió la mano de Melissa deslizarse con decisión por su piel interrumpiendo el hilo de la conversación que apenas comenzaba a tomar forma. Su cuerpo reaccionó antes que su mente, pero aún así intentó resistirse aferrándose a la necesidad de entender y de poner palabras a lo que estaba ocurriendo entre ellos.

—Melissa… —llamó con la voz entrecortada por el conflicto interno.

Pero ella no estaba dispuesta a seguir hablando. Sus ojos lo decían todo, no quería explicaciones, ni definiciones. Quería continuar por donde lo habían dejado sin que el mundo, ni Andreas ni el pasado interfiriera.

Tom cerró los ojos por un instante sintiendo cómo el agua seguía cayendo sobre ellos, cómo el vapor los envolvía cada vez más y cómo el deseo volvía a instalarse entre sus cuerpos. Era difícil pensar cuando todo en ella lo invitaba a dejarse llevar.

Y sin embargo, algo en él seguía luchando por mantenerse en pie y por no perderse del todo en esa intensidad.

—Si seguimos—logró decir en un susurro abriendo los ojos para mirarla—Quiero que sea porque tú también estás aquí, no solo tu cuerpo.

—Estoy aquí —dijo Melissa mirándole con firmeza y sin apartar la mano de donde estaba—Y no pienso irme a ningún lado.

Y dicho eso bajó la cara y le besó en el pecho empezando a bajar por su cuerpo dejando tras ella un rastro de húmedos besos. Tom cerró los ojos sin poder evitar que se escapara un gemido de sus labios de manera involuntaria como si su cuerpo hablara por él antes que las palabras.

No pudo resistirse, dio un paso atrás en la ducha dejando la espalda apoyada contra los azulejos húmedos mientras que el agua seguía cayendo sobre su cuerpo sintiendo a Melissa toda decidida arrodillándose frente a él en el suelo y sustituyendo la mano por sus labios.

Ese gesto lo desarmó por completo. Dejó escapar otro gemido involuntario mientras sus manos recorrían la pared de la ducha buscando algo a lo que aferrarse.

No era solo deseo.

Era entrega.

Y aún con los ojos cerrados se dejó llevar sintiendo los labios de Melissa cerrados en torno a su miembro que fue engullido por completo por su boca. Podía sentir su lengua recorrerle de arriba abajo succionando con fuerza mientras que él no podía resistirse y movía sus caderas contra ella entrando y saliendo de su boca con un ritmo suave.

Entonces abrió los ojos aún con la respiración entrecortada y bajó la mirada. El cabello oscuro de Melissa estaba húmedo y pegado a su piel llegándole justo a los hombros. Ese detalle tan simple le golpeó con una fuerza inesperada.

Porque no era solo Melissa quien llevaba el pelo de esa manera.

El rostro de Bill se coló en su mente sin permiso, como una imagen que había estado esperando el momento exacto para irrumpir. Llevaba el mismo color de pelo, tenía la misma longitud y lo movía de la misma manera cuando caminaba o se giraba para observarlo.

Y con esa imagen llegaron otras como la forma en que Bill lo había mirado en el club, la tensión en su voz cuando le hablaba y el temblor en sus manos cuando presentía que él le miraba con firmeza.

Tom se quedó quieto con el agua cayendo sobre él sintiendo cómo el deseo se mezclaba con la culpa, cómo el presente se entrelazaba con lo que aún no había resuelto. Melissa seguía allí entregada ajena a lo que acababa de cruzarle por dentro.

Y él por un instante no supo a quién pertenecía ese gemido que se le había escapado.

Fue un gemido prolongado y más profundo que los anteriores que se le habían escapado, y sin dejar de pensar en Bill en ningún momento bajó las manos y las puso sobre el pelo de Melissa sin dejar de embestirla una y otra vez hasta que no se pudo contener y maldiciendo por lo bajo se dejó llevar derramándose en su boca con un gran grito de frustrada felicidad.

A Melissa pareció no importarle porque le permitió hacerlo y tragó su esencia con una amplia sonrisa de satisfacción iluminándole la cara. Y cuando le sintió terminar se incorporó pasándose la manos por los labios con total naturalidad.

Tom se la quedó mirando con la respiración entrecortada y los ojos aún nublados por el deseo y la confusión que lo atravesaban. Una vez más su mente le jugaba una mala pasada y ver a Melissa con su pelo negro húmedo por el agua mirarle con el rostro iluminado por una amplia sonrisa que hacía más brillantes sus castaños ojos, fue la cara de Bill la que se interpuso ante sus ojos.

Una vez más no se pudo contener y llevando una mano a su nuca la atrajo hacia él en un gesto cargado de urgencia. Sus labios se encontraron en un beso profundo casi feroz donde se mezclaban el calor del agua, el temblor de sus cuerpos y el sabor de lo que acababan de compartir.

En ese beso, Tom sintió algo más que deseo. Sintió su propia esencia en los labios de Melissa y la intensidad de un momento que parecía querer quedarse grabado en su piel para siempre.

Pero también dentro su mente seguía latiendo con fuerza la imagen de Bill como una sombra que parecía no querer disiparse nunca.

&

Bill y Alexander llegaron al club caminando cogidos de la mano y el silencio compartido como escudo. El sendero que los había traído desde el bungalow parecía más largo de lo habitual, como si cada paso los acercara no solo al lugar sino a todo lo que habían evitado enfrentar.

Llegaron a la playa y se quedaron de pie observando, era aún temprano y por suerte no había mucha gente. No querían encontrarse con nadie que preguntara por el accidente, solo deseaban poder marcharse a sus casas tras haber hablado con David.

Caminaron por la playa y subieron al embarcadero saludando con la cabeza a Víctor que preparaba las mesas en compañía de Paul. Entraron en el club y nada más traspasar la puerta les envolvió el delicioso aroma del café recién hecho y los famosos bollitos de canela que Rose estaría horneando en su cocina.

David los vio apenas entraron, estaba sentado a la barra hablando por su móvil con el ceño fruncido. No dijo nada al verlos ni interrumpió la llamada, solo se puso en pie y caminó hacia ellos con paso firme deteniéndose ante Bill y tendiéndole el móvil.

—Es tu padre —murmuró muy serio.

Bill se quedó paralizado un segundo mirando el móvil como si fuera un objeto extraño. Luego lo tomó con manos temblorosas llevándoselo al oído con una mezcla de culpa y nerviosismo.

—Papá… —saludó en un susurro—Estoy bien, si…Alexander también…Lo sé, lo siento mucho…

David y Alexander permanecieron en silencio escuchando parte de la conversación que mantenía con su padre. Bill se giró ligeramente de espaldas a ellos como si necesitara un poco de intimidad para sostener el peso de aquella llamada. Su voz era baja, temblorosa y cargada de culpa.

—Sí, lo sé… no debí desaparecer así… —murmuró—No, no fue culpa de Alexander fue decisión mía…necesitaba un tiempo para mi…

David se mantenía firme con los brazos cruzados sin intervenir. Su rostro era serio pero no había dureza en él. Solo una paciencia contenida, como si entendiera que ese momento no le pertenecía.

Alexander en cambio no podía evitar moverse con incomodidad. Se pasaba la mano por la nuca, miraba al suelo, luego a Bill y luego a David. Sabía que él también tendría que enfrentarse a sus padres, pero por suerte no en ese momento.

—Sí, te prometo que iré a casa en cuanto llegue Arthur—continuó Bill con la voz aún más baja—No, no he pasado la noche a solas. He estado con unos amigos que me han cuidado mucho y Alexander también.

Hubo una pausa larga. Bill cerró los ojos, apretando el móvil contra el oído como si quisiera que las palabras de su padre lo envolvieran por completo.

—Gracias por haber intervenido, no estoy en condiciones de enfrentarme a mamá—susurró Bill dando la conversación por finalizada.

Cuando colgó la llamada se quedó quieto unos segundos respirando profundamente. Luego se volvió hacia David y Alexander con los ojos ligeramente enrojecidos pero la expresión más serena.

—¿Estás bien? —preguntó en voz baja Alexander acariciándole el brazo con una mano.

—Sí —respondió Bill con un suspiro—Mi padre ha sido sorprendentemente comprensivo, incluso ha hablado con mi madre para que no me reciba con una de sus típicas reprimendas.

Alexander se le quedó mirando en silencio con una expresión suave casi protectora. Sabía lo que aquello significaba, era la primera vez que Bill se atrevía a desafiar abiertamente a su madre rompiendo el patrón de obediencia que siempre lo había mantenido en segundo plano. Y aunque el gesto era valiente, también sabía que traería consecuencias.

—Has sido valiente arriesgándote por mi—dijo mirándole fijamente—Pero debes estar preparado, tu madre no lo va a pasar por alto tan fácilmente.

Bill asintió en silencio, sabía que a pesar de la intervención de su padre su madre estaría en casa esperando para darle la bienvenida que se merecía.

—Lo sé —murmuró cogiendo aire profundamente—Pero por primera vez no me arrepiento. Y ahora debemos movernos, mi padre ha enviado a Arthur para llevarme a mi a casa y a ti al hospital.

—No pienso regresar al hospital—dijo Alexander con firmeza.

—Es solo para un chequeo—intervino David—Te has ido sin saber los resultados de las últimas pruebas y sin medicación. Solo quieren asegurarse que te encuentras bien y darte el alta como estaba planeado. Luego podrás irte a casa a descansar.

Alexander apretó la mandíbula pero no respondió de inmediato. Miró a Bill que lo observaba con una mezcla de preocupación y ternura, y luego a David que mantenía la calma pero no cedía terreno.

—No me gusta que decidan por mí —dijo al fin con voz firme—Estoy harto de que todo el mundo me diga lo que tengo que hacer.

—No es una orden—respondió David con suavidad—Es por tu salud. Lo que hiciste, aunque lo entiendo, fue peligroso. No saber si estás bien del todo, algo podía haber salido mal… eso ha sido correr un riesgo innecesario Alexander.

Bill se acercó un poco más acariciándole el brazo.

—Solo será un momento, te hacen el chequeo y luego te vas casa—dijo tratando de animarle—Pero yo no puedo quedarme contigo, le he prometido a mi padre irme directo a casa y no quisiera desobedecerle de nuevo.

Alexander bajó la mirada respirando hondo. El cansancio empezaba a pesarle más que la rebeldía.

—Vale —cedió al fin—Pero si intentan retenerme, me escapo otra vez.

—Entonces será mejor que se den prisa con el alta—murmuró sonriendo David—Mientras esperáis el coche Bill puede ir desayunando, tú me temo que tendrás que ir en ayunas por si tienen que hacerte alguna analítica.

—Pero fijo que si se lo pedimos a Rose te prepara una bolsa llena de sus bollos para después —apuntó Bill con una sonrisa cómplice intentando aliviar la tensión.

Alexander esbozó una mueca entre resignación y anhelo.

—Más vale—dijo Alexander también sonriendo—Si me van a pinchar de nuevo al menos que me compensen con algo decente.

—Si le decís a Rose que es para después del hospital, seguro que os prepara algo especial—intervino David relajando el fin el cuerpo— Tiene debilidad por los que se hacen los valientes.

—¿Puedo desayunar en la cocina? —preguntó Bill dirigiéndose a David—Así le damos las gracias y nos aseguramos de que no se olvida de los bollitos.

David asintió con la cabeza, como si pudiera negarle algo. Bill sonrió al ver su gesto y cogiéndose de la mano de Alexander fueron a la cocina a saludar a Rose.

David los siguió con la mirada mientras se alejaban hacia la cocina con sus pasos tranquilos y sus voces ya más ligeras. Y por primera vez en horas, sintió que el aire se había despejado y que la tensión comenzaba a disiparse.

Una calma discreta, pero real, se instaló por fin en el club.

&

Terminada la ducha Tom y Melissa se pusieron en marcha. Ya habían perdido mucho tiempo aunque había sido muy bien empleado. Melissa abrió un armario de su baño y le pasó a Tom una toalla limpia para que se secara mientras que ella cogía otra.

Tom salió el primero del baño aún con el cuerpo húmedo y la toalla ajustada a su cadera, fue a la habitación de Melissa y recogió su ropa del suelo donde había quedado la noche anterior.

—Si me esperas vamos juntos al club—dijo Melissa entrando tras él en su habitación.

—Voy a por ropa nueva y te espero fuera—explicó Tom asintiendo con la cabeza.

Melissa sonrió al escucharle, más al ver como se inclinaba sobre ella y le daba un breve beso en los labios de despedida. Solo entonces Tom salió de la habitación con la ropa cogida bajo el brazo dejando a Melissa secándose el pelo con rapidez tarareando por lo bajo.

Recorrió el pasillo sin importarle ir a su bungalow descalzo llevando solo una toalla en su cadera, solo iba a tardar unos segundos en llegar al suyo y no le preocupaba quién pudiera verlo.

Pero al salir al porche, se encontró con Andreas.

Estaba sentado en uno de los escalones con los codos apoyados en las rodillas y la mirada perdida en el suelo. Al levantar la mirada Tom lo vio claramente, tenía los ojos rojos y la piel húmeda en torno a ellos además del gesto contenido de quien ha estado llorado y no quería que nadie lo notase.

Por un instante se quedaron mirándose en silencio.

Tom se detuvo sintiendo que tenía que darle una buena explicación de lo ocurrido aunque seguramente que Andreas ya se había hecho una idea de lo que había pasado pues salía medio desnudo del bungalow de Melissa y con pintas de haberse duchado en compañía por la sonrisa de sus labios.

Andreas se incorporó lentamente sin apartar la mirada.

—No tienes que explicarme nada —dijo con voz baja apenas audible.

Tom tragó saliva, queriendo decir algo, cualquier cosa que no sonara a excusa.

—Andreas, yo…—empezó a decir.

—Solo quiero que seas feliz, aunque no sea conmigo—interrumpió Andreas negando con la cabeza.

—No lo he hecho para herirte o algo parecido, pero sé que duele igual—dijo Tom mirando fijamente a su amigo.

Andreas asintió, con una sonrisa rota.

—Sí, duele igual—dijo Andreas suspirando—Nos vemos en el club, David me envió para buscar a Bill y Alexander.

— ¿Continúan en el bungalow?—quiso saber Tom.

—No, ellos no han querido compartir una ducha—contestó Andreas sin poderse contener.

Tom se quedó en silencio notando el filo oculto en la respuesta de Andreas. No era solo una observación, era una herida mal cerrada y una punzada que se le escapaba sin querer o quizás queriendo demasiado.

Andreas bajó la mirada al suelo como si acabara de decir más de lo que pretendía, dejando claro que les había descubierto cuando entró en el bungalow a por ellos.

El silencio se volvió espeso, cargado de todo lo que no se estaban diciendo.

—Lo siento—dijo Tom en voz baja—No quería hacerte daño.

Andreas alzó la mirada con los ojos aún enrojecidos, pero la expresión más serena.

—No lo hiciste hoy —respondió encogiéndose de hombros—Lo hiciste hace tiempo, solo que yo he tardado en darme cuenta.

Andreas se volvió sin añadir nada más y empezó a caminar por el sendero. Esta vez, su paso no era firme. Era el de alguien que había soltado algo que llevaba demasiado tiempo sosteniendo.

Tom le vio marcharse en silencio sin intentar detenerlo. Andreas caminaba con los hombros tensos y la espalda recta, pero había algo en su paso que revelaba más de lo que quería mostrar.

No era solo distancia física.

Era una despedida que no se había pronunciado en voz alta.

La herida entre ellos que había empezado como una grieta silenciosa se había hecho más profunda. No por lo que acababa de pasar en la ducha con Melissa, sino por todo lo que nunca se dijeron. Por las veces que Tom eligió callar, por las veces que Andreas fingió no esperar nada y por ese momento exacto en el que ambos supieron que ya no había vuelta atrás.

&

Arthur llegó puntual como era habitual en él. Esperó en el parking hasta que minutos después Bill salió del club acompañado de Alexander, que llevaba una bolsa de papel entre las manos con el regalo que Rose le había preparado con todo cariño.

Subieron al coche sin decir nada envueltos en un silencio cómodo, y poco después Bill llegaba a la puerta de su casa.

Antes de bajar se volvió en su asiento hacia Alexander y lo besó con profundidad, como si ese gesto pudiera detener el tiempo.

—No sé cuándo podremos vernos otra vez o siquiera hablar —susurró Bill contra sus labios—Seguro que lo primero que harán es quitarnos el móvil y luego dejarnos sin salir.

—Pues nos escapamos—murmuró Alexander con una sonrisa traviesa—Se me da bastante bien.

Bill soltó una risa suave, aunque sus ojos seguían serios.

—Mejor no enfadar más a nuestros padres—dijo suspirando—Si ven que estamos arrepentidos, quizás nos levanten el castigo antes.

Alexander asintió, aunque en su mirada seguía brillando esa chispa de rebeldía que no se apagaba del todo.

Un leve carraspeo de Arthur les devolvió a la realidad, tenía órdenes que cumplir y se estaba retrasando. Bill lo sabía y se movió con rapidez abriendo la puerta con lentitud y saliendo del coche, pero antes de entrar en casa se volvió hacia Alexander una vez más.

—Gracias por estar a mi lado—murmuró mirándole fijamente a los ojos—No sé si habría tenido el valor de enfrentar todo esto solo.

—No estás solo y nunca vas a estarlo—dijo Alexander con firmeza—Aunque nos quiten el móvil y nos vigilen como si fuéramos delincuentes.

Bill soltó una risa breve, pero sincera. Luego se inclinó y le dio un beso rápido más suave que el anterior, como una promesa silenciosa.

—Nos veremos pronto —dijo al separarse—De una forma u otra.

Alexander lo siguió con la mirada mientras Bill cruzaba el jardín y desaparecía tras la puerta de su casa. Luego se recostó en el asiento, dejando que el silencio llenara el coche.

Arthur arrancó de nuevo sin decir palabra y mientras el coche se alejaba Alexander apoyó la frente contra la ventanilla observando las calles pasar. No le apetecía regresar al hospital pero algo en él sabía que necesitaba cerrar ese capítulo.

No por los médicos ni sus padres.

Por él mismo.

Mientras que él se alejaba rumbo al hospital, Bill cruzaba el umbral de su casa con pasos cautelosos como si el aire del vestíbulo pesara más de lo habitual. No había dado más de dos pasos cuando Alice apareció desde el pasillo, con su habitual discreción y gesto sereno.

—Tu padre quiere verte en su despacho —informó sin rodeos—Tiene que hablar contigo.

Bill se detuvo en seco al escucharla. El corazón le dio un vuelco, no por su padre sino por lo que podía venir después.

—¿Y mi madre? —preguntó con voz baja casi temiendo la respuesta.

—No está en casa—informó Alice para alivio suyo.

Sabía que no iba a recibir ninguna explicación más de dónde estaba su madre o qué estaba haciendo, si Alice lo supiera no le informaría a no ser que fuera necesario hacerlo. Se limitó a asentir en silencio y se puso en marcha dirigiéndose al despacho de su padre, extrañado de que estuviera a esas horas aún en casa.

—Gracias, Alice —murmuró por el camino.

Sentía que cada paso que daba lo acercaba no solo a su padre, sino a todo lo que había intentado evitar.

Llegó a la puerta del despacho con el corazón latiéndole más rápido de lo que le gustaría admitir. El largo pasillo estaba en silencio, pero al acercarse a la puerta había escuchado movimiento dentro como los pasos de su padre y el sonido metálico de algo abriéndose, seguramente la caja fuerte que tenía su padre en el despacho.

Llamó con los nudillos con apenas un golpe seco.

—Adelante —respondió la voz de Jörg al instante, firme pero sin dureza.

Bill giró el pomo y cogiendo aire entró.

Lo primero que vio fue a su padre de pie frente a la caja fuerte empotrada en la pared cerrándola con rapidez tras guardar unos papeles en ella antes de volverse hacia él con naturalidad como si no hubiera nada fuera de lo común en lo que acababa de hacer.

—Bill, toma asiento—pidió Jörg con suavidad.

Bill echó a andar asegurándose de cerrar tras él la puerta. Mientras se acercaba al escritorio de su padre no podía dejar de observar la caja fuerte perfectamente cerrada. No era la primera vez que la veía pero sí la primera en que su padre la abría o cerraba en su presencia. Y la rapidez con la que había guardado los papeles le dejó una sensación extraña, como si hubiera interrumpido algo que no debía ver.

—Alice me ha dicho que querías hablar conmigo—murmuró Bill tomando asiento.

Jörg asintió caminando hacia el escritorio con paso tranquilo. Tomó asiento con calma mientras entrelazaba los dedos sobre la superficie pulida y fijaba la mirada en Bill con una expresión que no era dura pero sí firme.

—Lo que has hecho no ha estado nada bien, Bill—empezó a decir sin levantar la voz—Desaparecer sin avisar a nadie dejándonos a tu madre y a mí en vilo no es algo que se pueda pasar por alto.

Bill bajó la mirada sintiendo cómo el peso de las palabras se le instalaba en los hombros.

—Tu madre ha insistido en que seas castigado de inmediato —continuó diciendo Jörg—Y aunque he intentado suavizar las cosas, en esto estoy de acuerdo con ella.

Extendió la mano con la palma abierta y Bill levantó la mirada al momentos.

—Dame el móvil—pidió Jörg.

Bill dudó un segundo antes de moverse y sacarlo del bolsillo para depositarlo en la mano de su padre sin decir nada.

—Hoy vas a quedarte todo el día en tu habitación —añadió Jörg—Nada de visitas y nada de llamadas, solo estudio. Quiero que repases todo lo que no has hecho ni ayer ni hoy. Y mañana hablaremos con más calma.

Bill asintió tragando saliva. No era el castigo lo que más le dolía sino la sensación de haber decepcionado a su padre en esos momentos que parecía que había dejado de ignorarle y trataba de ayudarle con su estricta madre.

—Entendido —murmuró sintiendo la garganta seca.

Jörg lo observó unos segundos más como si evaluara el peso de esa palabra en la voz de su hijo. Luego asintió con gravedad, sin añadir reproches.

—Puedes subir—dijo simplemente—Y recuerda que esto no es solo un castigo, es una oportunidad para pensar y entender lo que has hecho mal y por qué.

Bill asintió sin levantar la mirada y sabiendo que su padre no iba a decir nada más se puso en pie y salió del despacho sintiendo el aire más denso que cuando había entrado.

Mientras subía las escaleras hacia su habitación cada peldaño parecía resonar con más fuerza. No había habido gritos, portazos ni escenas. Pero la ausencia de su madre, el gesto de su padre y el silencio de la casa eran castigos en sí mismos.

Al llegar a su habitación cerró la puerta con cuidado. Se dejó caer sobre la cama con cuidado de no deshacerla y cerró los ojos. Solo entonces se permitió respirar hondo, sintiendo cómo su garganta continuaba seca y su corazón continuara agitado incapaz de encontrar sosiego y paz.

Los recuerdos del día anterior se agolpaban sin orden, como si el cuerpo aún no hubiera digerido del todo lo vivido.

Su comida con Tom.

La inesperada invitación a esa barbacoa improvisada.

Y lo mucho que había disfrutado pensando que era él quien le estaba haciendo tiernamente el amor acariciándole con ternura, como si el deseo pudiera transformarse en algo más profundo y más suyo.

Continúa… 

Gracias por la visita. Si te ha gustado, comenta y regresa, porque pronto tendremos más 😉

por lyra

Escritora del Fandom

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