Incomplete 50

Incomplete 50

Fic TOLL de lyra

Capítulo 50

Siguieron bebiendo de la petaca y cuando la terminaron se levantaron y caminaron en silencio hasta el bungalow con el aire nocturno envolviéndolos en una calma tensa.

Al llegar la puerta estaba entreabierta y el olor a comida recién hecha flotaba en el ambiente. Dentro estaba Andreas en la pequeña cocina removiendo algo en una sartén con gesto concentrado. Llevaba una expresión más serena que la última vez que Tom lo había visto.

—¿Interrumpimos? —preguntó Tom, asomándose con cautela.

Andreas se volvió sorprendido y al ver que no venía solo le dedicó una media sonrisa.

—No, solo estoy preparando algo rápido—murmuró volviendo a su tarea—Hoy no me apetecía cenar en el club.

Anouk entró sin pedir permiso, dejó su mochila en el suelo y se sentó en el sofá como si fuera su casa. Tom se quedó de pie observando los pequeños cambios en el espacio. Al fondo la puerta de la habitación de Andreas estaba abierta y podía ver la cama perfectamente hecha y en el ambiente flotaba un aroma a limpio. Todo indicaba que había hecho limpieza a fondo.

—¿Has limpiado? —preguntó sin pensar.

Andreas asintió, sin dejar de remover la sartén.

—Sí, hacía falta—contestó Andreas sin dejar de remover la sartén—Después de lo que pasó aquí en mi propia cama entre Bill y Alexander…

Tom y Anouk intercambiaron una mirada rápida. Andreas no lo decía con reproche, pero tampoco con indiferencia.

—¿Te molestó? —preguntó Tom con cuidado.

—No, solo fue raro—murmuró Andreas encogiéndose de hombros— No me esperaba encontrármelos esta mañana desnudos en mi cama, pensé que se iban a dedicar a dormir pero bueno, es lo habitual entre novios o amantes que solo echan polvos esporádicos.

Tom arrugó la frente al escuchar la última frase totalmente dirigida a él mientras que Anouk se levantaba y se acercaba a la cocina apoyándose en la encimera.

—¿Y qué hiciste con las sábanas?—quiso saber Anouk.

—No las iba a guardar como recuerdo—soltó Andreas con ironía—Las he cambiado y echado a lavar.

—Anouk necesita un sitio donde dormir esta noche—dijo Tom de repente—Espero que no te importe.

— ¿Has vuelto a discutir con Víctor?—preguntó Andreas preocupado.

—Ya le conoces cuando se pone así de intenso—murmuró Anouk no queriendo entrar en detalles.

—Es que aún no entiendo el motivo de vuestra discusión—insistió Andreas con suavidad.

—Otro día te lo cuento, ¿vale?—dijo Anouk deseando cambiar de tema—Voy un momento al baño, necesito darme una ducha.

—Claro, tienes toallas limpias en el armario—explicó Andreas.

Anouk asintió con la cabeza y salió de la cocina dejándoles a solas. Fue entonces cuando Tom aprovechó para hablar con Andreas ya que le había estado esquivando todo el día.

—¿Qué tal estás? —preguntó Tom, con una mezcla de respeto y afecto que no intentaba forzar nada.

—No del todo bien —admitió con un suspiro—Pero voy mejorando poco a poco. Aunque prefiero no hablar de mí ahora, estoy muy preocupado por Anouk.

—¿Por qué?—preguntó Tom frunció el ceño sorprendido— ¿Ha pasado algo?

Andreas asintió, mirando hacia el sofá donde Anouk había dejado su mochila.

—Ayer ya había amenazado con irse de casa después de discutir con Víctor—empezó a explicar Andreas—Y veo que ha cumplido su amenaza.

—Dice que solo será por esta noche—comentó Tom.

—Pero yo la conozco mejor que tú—dijo con firmeza Andreas—Y no es la primera vez que pasa algo en casa que hace que se quiera ir de ella, y cuando lo hace no siempre sabe cómo volver.

Tom se quedó en silencio procesando la información mientras que Andreas continuaba hablando.

—Y está metida en cosas que no le gusta mucho a Víctor y que por supuesto no sabe Rose—explicó bajando la voz—En su casa las cosas no van bien como ya habrás escuchado, y Anouk no tuvo más remedio que recurrir al camino fácil. Pasa pequeñas cantidades de coca en el Sisyphos y antes lo hacía en el club hasta que David empezó a sospechar y fue entonces cuando decidió irse a trabajar a otro club.

— ¿David sospechaba de ella?—preguntó Tom incapaz de imaginarse a Anouk haciendo algo así.

—No exactamente de ella, pero Anouk decidió irse antes por si acaso—contestó Andreas—Y lo del accidente de Alexander…minutos antes le había vendido coca a Gustav y él se la pasaría a Alexander. Sé que ninguno de los dos la va a delatar, pero Víctor cree si alguien ata cabos ella puede acabar pagando el precio. Y por eso estaba tan afectado la otra noche.

—¿Crees que está en peligro?—preguntó Tom muy preocupado.

—Creo que está sola—contestó suspirando Anderas—Y cuando Anouk se siente sola, hace cosas que no piensa. Como proteger a los demás en vez de protegerse a sí misma.

Tom bajó la mirada, sintiendo que todos estaban al borde de algo, como si cada uno estuviera librando su propia batalla sin saber si los demás iban a resistir.

—Entonces tenemos que permanecer cerca—dijo con firmeza—Aunque no sepamos cómo ayudar del todo.

—Sí, aunque solo sea para que no se olvide de que siempre estaremos a su lado—murmuró Andreas mirándole con una leve sonrisa triste.

Anouk salió del baño con el pelo recogido en una toalla y el rostro más relajado. Vestía solo una camiseta que le quedaba grande y que era de Andreas y se sentó junto a Tom en la pequeña barra del bungalow mientras que Andreas servía la cena con gesto concentrado. El ambiente era cálido, casi familiar como si por un momento todo lo que estaba fuera del bungalow como las discusiones y los silencios incómodos pudiera quedarse al margen.

Los tres comieron en silencio al principio compartiendo miradas cómplices y frases sueltas que no buscaban profundizar. Andreas había preparado algo sencillo pero reconfortante, y Tom agradecía esa normalidad improvisada.

Fue entonces cuando ya estaban terminando cuando alguien llamó suavemente a la puerta.

—¿Puedo pasar? —preguntó Melissa asomando la cabeza con cautela—No quisiera molestar.

Los tres se giraron, sorprendidos. Andreas fue el primero en reaccionar.

—Claro, pasa —dijo haciendo espacio en la barra— ¿Has cenado?

Melissa negó con la cabeza mientras entraba lentamente como si no estuviera segura de si debía estar allí.

—No tengo hambre— explicó en un susurro— Pero tampoco quiero estar sola.

Tom le ofreció una taburete a su lado sin decir nada, y Anouk le dedicó una sonrisa breve.

—Estamos improvisando una cena familiar esta noche —explicó dedicándole una sonrisa—Si te apetece, siéntate.

Melissa se acomodó junto a ellos con las manos entrelazadas sobre las rodillas. Su presencia añadía una nueva capa al momento, la de alguien que también estaba buscando refugio aunque no lo dijera en voz alta.

—¿Cómo estás?—preguntó Melissa dirigiéndose a Anouk.

—Algo confusa— contestó suspirando Anouk— Pero mejor aquí que en casa.

Se hizo un silencio cómodo.

Cuatro personas, cada una con sus heridas, compartiendo una cena que no estaba en ningún plan.

Y sin saberlo, empezaban a reconstruir algo que el día había roto.

&

La luz de la mañana se filtraba tímidamente por las cortinas y Bill se removió entre las sábanas aún atrapado en el peso de un sueño inquieto. Sabía que era parte del efecto de la pastilla que se había tomado, aunque hacía mucho que no se despertaba con esa sensación extraña tras tomarla.

Pensó que después de las emociones vividas el día anterior estaba más cansado de lo que se imaginaba y eso había acentuado el efecto del medicamento.

Encima no tenía móvil ni despertador para saber la hora que era, y por un instante pensó que podría quedarse allí todo el día, hundido en el colchón sin que nadie lo notara.

Pero entonces la puerta de su habitación se abrió con suavidad.

—Buenos días, Bill —saludó Alice con voz tranquila—Son las 7:30, hoy tienes cita con el doctor Vandael a las nueve en punto. Tienes tiempo para ducharte y vestirte adecuadamente para desayunar.

Bill se incorporó despacio en la cama frotándose los ojos. Alice se acercó con una taza de té entre las manos y la dejó sobre la mesilla.

—Tu padre me pidió que te la subiera, que te ayudaría a despejarte—explicó con una sonrisa Alice—Arthur te llevará en coche a la consulta del doctor Vandael y luego te recogerá para traerte de vuelta.

Bill asintió sin decir nada. No había forma de escapar, su madre lo había organizado todo. Incluso su silencio.

—¿Sabes algo de Alexander? —preguntó con la voz aún ronca—No sé nada de él desde que se fue al hospital para sus últimas pruebas.

Alice dudó un segundo antes de responder.

—Yo no sé nada, cielo—contestó mirándole con cariño—Tus padres no me han dicho nada, pero si hubiera pasado algo te hubieran informado.

Bill bajó la mirada, sintiendo que ese «te hubieran informado» era más una forma de consuelo que una certeza.

Siguió tomándose el delicioso té desde la cama y cuando lo terminó se levantó con lentitud como si cada movimiento le costara más que el anterior.

Sabía que el día iba a ser largo.

Que el doctor Vandael iba a mirarlo como si fuera un expediente.

Que su madre iba a esperar resultados inmediatos.

Y que Alexander, en algún lugar, estaría intentando encontrar una forma de llegar hasta él.

Pero por en esos momentos solo tenía por delante un tedioso desayuno con sus padres, la cita médica y el coche de Arthur esperando en la entrada.

Se dio prisa en ducharse y vestirse con el cuerpo aún pesado por el efecto de la pastilla pero la mente alerta ante lo que le esperaba. Bajó a desayunar con sus padres más por obligación que por necesidad, pero al llegar al comedor se encontró con la sorpresa de que solo su padre estaba allí sentado con el periódico doblado a un lado y una taza de café entre las manos.

—Buenos días—saludó Bill con voz cautelosa.

—Buenos días Bill, siéntate—pidió Jörg levantó la mirada y le dedicándole una sonrisa suave casi ensayada.

Bill así lo hizo esperando ver aparecer a su madre en cualquier momento. Pero Jörg se le adelantó al verla buscar con la mirada.

—Tu madre no se siente en condiciones de bajar a desayunar con nosotros —explicó—Como ya sabes hablé con ella anoche y está algo alterada. Prefiere quedarse descansando esta mañana.

Bill asintió en silencio sin saber si sentirse aliviado o inquieto. Que su madre estuviera ausente era una tregua, pero también una señal de que algo se estaba gestando en silencio. No tuvo tiempo de pensar más, Greta entró en ese momento y le sirvió el desayuno antes de volver a regresar a la cocina.

— ¿Qué tal has descansado?—preguntó Jörg sin tocar aún el periódico que descansaba a su lado.

—Bien, gracias— contestó Bill sirviéndose su segundo té de la mañana.

—Necesitabas descansar— comentó Jörg.

Bill asintió removiendo el té con lentitud, como si el gesto le ayudara a ordenar sus pensamientos.

—La pastilla ayudó —admitió en voz baja—Aunque me dejó algo aturdido.

Jörg lo observó con atención, sin intervenir. Había aprendido que a veces lo mejor era no llenar el silencio con consejos.

—Hoy es un día importante —dijo al fin—No por lo que diga Gordon sino por cómo te sientas tú. Lo que tú digas también cuenta.

Bill levantó la vista, sorprendido por el tono. No era habitual que su padre se posicionara así, con esa calma que parecía protegerle de algo.

—¿Hablaste de eso con mamá anoche?—quiso saber.

Jörg asintió, sin tocar aún el periódico.

—Si, aunque no lo parezca tu madre se preocupa mucho por ti, a su manera—murmuró Jörg—La discusión de ayer la alteró mucho y por eso no ha bajado, no quiere que la veas en ese estado..

Bill bajó la mirada, sintiendo que esa ausencia era más una estrategia que una fragilidad.

—¿Y tú qué piensas? —preguntó casi en un susurro.

Jörg se tomó unos segundos antes de responder.

—Pienso que necesitas espacio y tiempo para pensar—contestó Jörg tras pensarlo unos segundos—Han pasado muchas cosas y aún no has podido recuperarte, y creo que pasar un tiempo alejado de Alexander te hará bien.

Bill se quedó en silencio con la taza de té entre las manos, sintiendo cómo el calor se disipaba poco a poco.

No miró a su padre.

No podía hacerlo.

Las palabras de su padre aunque envueltas en preocupación, le dolían más de lo que esperaba.

—¿Eso piensas tú o lo piensa mamá? —preguntó al fin con la voz baja pero firme.

Jörg dudó antes de responder. No era una pregunta fácil, no cuando su mujer había dejado bien claro lo que quería.

—Soy yo quien lo piensa, aunque sé que tu madre también cree que es lo más sensato—contestó Jörg con honestidad—No como castigo, Bill. Sino porque a veces el amor, cuando está en medio de una tormenta, necesita distancia para no romperse.

Bill apretó los labios, conteniendo la respuesta que le ardía en la garganta. No quería discutir esa mañana, no antes de enfrentarse al doctor Vandael.

—Alexander no es la tormenta —apuntó con firmeza—Es lo único que me hace sentir que no estoy solo.

—Lo sé, y no te estamos diciendo que lo pierdas—dijo Jörg mirándole con una mezcla de tristeza y respeto—Solo que te des tiempo para saber qué necesitas tú. No él ni nosotros. Tú.

Bill asintió, sin convicción. Se levantó despacio, dejando la taza vacía sobre la mesa.

—Voy a prepararme, Arthur me espera—murmuró poniéndose en pie.

Y se fue, sin añadir nada más. Porque en ese momento, lo único que quería era que alguien le dijera que no tenía que alejarse de quien le hacía sentir vivo.

&

La luz de la mañana se colaba por las rendijas de las cortinas del bungalow de Melissa, cálida y suave como si supiera que allí dentro se necesitaba delicadeza. Anouk abrió los ojos lentamente aún envuelta en el calor de las sábanas y en la cercanía de Melissa, que dormía a su lado con el rostro tranquilo y el cuerpo relajado.

Tras la cena de la noche anterior al final se había quedado a dormir en su bungalow y Melissa viendo que necesitaba un hombro sobre el que llorar además de hablar le ofreció compartir cama con ella para estar más cómodas.

No por deseo, sino por necesidad.

Por ese tipo de intimidad que no exige explicaciones.

Anouk se dio la vuelta con cuidado de no despertarla y se quedó mirando el techo por unos segundos. Sentía que había podido dormir mejor que el día anterior, que por fin había soltado algo del peso que llevaba encima. Melissa, con su silencio y su presencia, le había dado justo lo que necesitaba. Espacio para dejar de fingir.

Y en el bungalow de al lado, mientras tanto, Tom se desperezaba en el sofá con el cuerpo algo entumecido. Andreas ya estaba en la cocina preparando café y tostadas como si fuera parte de un ritual. No habían hablado mucho después de que Anouk se fuera, pero el silencio entre ellos había sido cómodo. Casi reparador.

—¿Crees que está bien? —preguntó Tom desde el sofá refiriéndose a Anouk.

—Está con Melissa—contestó Andreas sin volverse—Si alguien puede sostenerla sin romperla, es ella.

—¿Y nosotros?—preguntó levantándose y estirándose— ¿Estamos bien, o necesitas que te dé más espacio?

Andreas se quedó quieto con las manos apoyadas en la encimera, como si la pregunta de Tom hubiera tocado algo que llevaba tiempo evitando. No respondió de inmediato. Miró el café que acababa de preparar, luego a Tom y finalmente al suelo, como si ahí pudiera encontrar la forma más honesta de contestar.

—No necesito más espacio —dijo al fin, con voz baja pero firme—Lo que necesito es claridad. Y eso no siempre viene con distancia.

Tom se acercó con lentitud sin invadir su espacio, pero sin retroceder.

—¿Te hice daño?—quiso saber.

—No, pero me confundiste—contestó con sinceridad Andreas—Y cuando uno está roto, la confusión se siente como una herida más.

—Yo también estoy roto—murmuró Tom bajando la mirada—Solo que a veces lo disimulo con más facilidad.

—Entonces estamos empatados—dijo Andreas soltando una risa breve.

Se hizo un silencio entre ellos, distinto al de la noche anterior. Más íntimo y más vulnerable.

—No quiero perder lo que tenemos —comentó Tom con firmeza—Aunque no sepamos bien qué es.

—Entonces no lo perdamos, pero tampoco lo forcemos—dijo Andreas mirándole por fin— Dejemos que respire. Como nosotros.

Tom asintió, y por primera vez en días sintió que algo dentro de él se aflojaba.

— ¿Desayunamos con las chicas?—preguntó Andreas cambiando de tema—Llevemos café y tostadas, y que ellas pongan las tortitas con natas. A Anouk se le dan muy bien, normal teniendo como madre a la mejor cocinera del mundo.

Tom sonrió, agradeciendo el cambio de tema. La idea de un desayuno compartido con café caliente y tortitas recién hechas le pareció casi milagrosa después de tantos días de tensión.

—Me parece perfecto —respondió, ya imaginando el olor a nata y mantequilla—Aunque no sé si Melissa tiene sirope. Y Anouk seguro que improvisa con algo raro, como mermelada de lavanda o limón con sal.

Andreas soltó una risa breve mientras preparaba una bandeja con las tostadas aún calientes y una cafetera de café recién hecho.

—Lo raro es lo suyo, pero siempre sabe bien—murmuró suspirando—Y si no, al menos nos reímos un rato.

Tom cogió un paquete de servilletas y unas tazas, mientras Andreas buscaba algo de fruta para completar el desayuno.

—¿Crees que están despiertas? —preguntó Tom mientras salían del bungalow.

—Si no lo están, el olor a café las va a despertar—contestó Andreas— Y si no, Anouk nos echará de la cocina por invadir su territorio.

Caminaron juntos hasta el bungalow de Melissa con la bandeja en equilibrio y el aire fresco de la mañana despejándoles las ideas. Andreas llamó suavemente a la puerta, sin querer romper la calma.

Esperaron unos segundos y al ver que no contestaba nadie decidieron entrar sin esperar a ser invitados. Fueron a la cocina y dejaron sobre la barra lo que llevaban en las manos.

—Chicas, traemos desayuno —anunció Andreas asomándose al pasillo con tono alegre—Café, tostadas y la promesa de tortitas si nos dejáis entrar.

Dentro de la habitación de Melissa se oyó un movimiento leve, seguido de la voz somnolienta de Anouk.

—Ahora vamos, pero solo si prometéis no juzgar nuestros pelos de recién despertadas—bromeó ahogando un bostezo.

A su lado Melissa abrió los ojos gruñendo, estaba plácidamente dormida pero al escuchar que traían café recién hecho eso la hizo espabilarse del todo.

—Buenos días—saludó mientras se estiraba en la cama con los ojos cerrados— ¿Estás mejor?

Anouk asintió volviéndose en la cama y quedándose acostado de lado mientras la veía estirarse haciendo que la camiseta que llevaba se pegara a su cuerpo marcando cada una de sus curvas.

No podía apartar de ellas la mirada y sin poder reprimirse se le acercó y le plantó un beso en los labios que pilló a Melissa desprevenida.

Melissa se quedó quieta sorprendida por el gesto. El beso había sido suave, casi tembloroso pero inesperado. Abrió los ojos de golpe encontrándose con los de Anouk que la miraban con una mezcla de vulnerabilidad y deseo contenido.

—Lo siento—se apresuró a decir Anouk apartándose un poco—No quería incomodarte. Es solo que me he sentido muy segura contigo y eso no me pasa mucho.

Melissa no respondió de inmediato. Se incorporó un poco, aún envuelta en la sábana y la observó con cuidado. No había enfado en su mirada, ni juicio. Solo una calma que parecía pensada para sostener a quien se había atrevido a cruzar una línea.

—No me incomodaste —dijo al fin, con voz baja—Solo me sorprendiste. Pero no estoy enfadada.

Anouk bajó la mirada, aliviada pero aún insegura.

—No sé qué me pasa últimamente—confesó en voz baja—Me siento rota y tú haces que todo parezca menos grave.

Melissa se acercó despacio, apoyando la frente contra la de ella.

—Entonces quédate cerca—pidió en un susurro—Pero no te escondas detrás de gestos que no sabes si quieres. Si necesitas hablar, hablemos. Si necesitas silencio, lo compartimos. Pero no te pierdas en lo que crees que deberías sentir.

Anouk asintió con los ojos cerrados, dejando que esa cercanía le devolviera algo de paz.

La mañana seguía avanzando y en ese rincón del bungalow, dos chicas compartían algo más que una cama,

Compartían la posibilidad de no estar solas.

—Será mejor que nos levantemos o esos dos se comen todo el desayuno—bromeó Melissa rompiendo el agradable silencio que las envolvía.

Anouk asintió con la cabeza y ambas salieron de la cama y se vistieron.

Melissa fue la primera en aparecer en la cocina con el pelo revuelto y al ver la bandeja repleta de tostadas se echó a reír.

—Sois los mejores, chicos—dijo suspirando—Aunque os ha faltado poner un mantel elegante y un jarrón con dos rosas.

—La próxima vez seremos más detallistas—prometió Andreas.

Anouk se asomó desde el pasillo recogiéndose el pelo por el camino y les lanzó una mirada cómplice.

—Yo me encargo de las tortitas—dijo con firmeza—Porque si lo dejamos en manos de Andreas las quema como la otra vez.

—Se podían comer —replicó Andreas fingiendo indignación—Estaban… crujientes. Con carácter.

Tom soltó una carcajada mientras colocaba las tazas y servía el café.

—Crujientes es decir mucho—intervino Melissa—Tenías que haberlas visto Tom, se te quitaban las ganas de comerlas nada más verlas.

Anouk ocupó su sitio en la cocina con el pelo recogido en un moño improvisado y se puso manos a la obra con una energía renovada. Melissa se colocó tras ella dispuesta a echarle una mano.

—Necesito un bol y una sartén—pidió Anouk.

Melissa abrió uno de los armarios y le pasó lo que había pedido mientras que Anouk abría la nevera y sacaba una botella de leche y dos huevos.

— ¿Algo más?—preguntó Melissa dejando la sartén sobre el hornillo.

—Harina, levadura y sal—enumeró de memoria Anouk—Y si tienes esencia de vainilla, mejor.

Melissa asintió con la cabeza, ella hacía a menudo tortitas y por suerte tenía todos los ingredientes.

—¿Y nosotros qué?—preguntó Tom —¿Nos quedamos mirando?

—Habéis hecho café y traído tostadas, ahora nos toca a nosotras cumplir nuestra parte—contestó Melissa.

—Y no queremos que Andreas nos deje sin tortitas—añadió Anouk—Así que tomad asientos y observar a la cocinera.

Tom y Andreas obedecieron entre risas viendo cocinar a las dos chicas.

Anouk le lanzó una mirada burlona mientras batía los ingredientes con destreza.

—Mi madre me enseñó a hacerlas cuando tenía ocho años—empezó a decir Anouk mientras batía los ingredientes en un bol con destreza.

Melissa a su lado observaba sus movimientos con una sonrisa tranquila. Había algo reconfortante en esa escena como el olor a café, el sonido de Anouk batiendo y las bromas que no dolían. Como si por unas horas, el mundo fuera solo eso. Una cocina compartida y gente que se cuidaba sin pedir permiso.

—¿Y después del desayuno qué? —preguntó Tom mirando a los demás.

—Algunos tendremos que ir a trabajar—contestó resoplando Andreas.

—Yo tengo el día libre, así que haré compañía a Anouk—se ofreció Melissa—Podíamos ir a nadar al lago y comer luego en el club.

—Eso suena demasiado buen para ser real—bromeó Tom resoplando—Me da envidia, poder disfrutar de los placeres del club dejando que te sirvan a ti por una vez.

—Ya estoy deseando zambullirme en el lago—dijo Anouk sonriendo—Necesito que el agua me saque de la cabeza todo lo que no puedo decir en voz alta.

Melissa le sonrió, cómplice.

—Y luego tomaremos el sol sin preocupación alguna—murmuró Melissa devolviéndole la sonrisa.

—Acordaos de coger crema solar—intervino Andreas—Y cuidado con los chicos del embarcadero, que últimamente están más pesados que de costumbre.

—¿Celoso? —preguntó Anouk arqueando una ceja.

—Protector —corrigió Andreas sin perder la sonrisa—Aunque si alguno se pasa, me llamáis y le hago entender que no se juega con vosotras.

—Entonces queda decidido—dijo Tom con firmeza—Andreas y yo pasaremos la mañana trabajando y luego comemos los cuatro juntos en el club.

—Y por la tarde cogemos una lancha o unas motos —apuntó Andreas, con una chispa de entusiasmo que no se le veía desde hacía días—Hace mucho que no nos damos un respiro de verdad.

—¿Comemos en la cala de los sauces? —propuso Melissa cogiendo un plato para que Anouk sirviera en ella las tortitas—Está más tranquila que el embarcadero y no suele haber gente.

—Perfecto —dijo Anouk retirando la sartén del fuego—Pero solo si prometéis no hablar de temas personales. Esta tarde solo vamos a disfrutar del agua, el sol y de lo que nos haga reír.

—Hecho, hoy solo seremos nosotros mismos—murmuró Tom levantando su taza de café como si brindara—Nada de hablar del club ni nada de dramas.

—Y si alguien rompe el pacto, le ahogamos en el lago—amenazó con firmeza Andreas.

—Eso es cruel, pero justo—dijo Melissa entre risas.

El plan estaba trazado.

Una mañana de trabajo para algunos, un desayuno tranquilo para otros, y una tarde en el agua para todos.

Como si por fin se permitieran vivir algo que no estuviera marcado por el peso de eso que cada uno de ellos había perdido.

Continúa… 

Gracias por la visita. Si te ha gustado, comenta y regresa, porque pronto tendremos más 😉

por lyra

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!