Incomplete 52

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 52

No se atrevió a regresar a por sus gafas.

Después de lo que había escuchado tras la puerta entreabierta del despacho, cruzar de nuevo ese umbral le parecía imposible. Así que giró sobre sus pasos y caminó de nuevo hacia el vestíbulo esforzándose por aparentar normalidad, aunque sentía que el corazón le golpeaba el pecho con cada paso.

—Bill, cariño.

La voz de Eleonore Vandael lo sobresaltó. Se volvió de inmediato, forzando una sonrisa que apenas logró sostener.

—¿Ya has terminado la sesión? —preguntó ella con tono amable.

Bill asintió en silencio.

—Tienes mala cara —comentó Eleonore observándolo con preocupación—Se nota que no has descansado bien.

—¿Está Alexander?—preguntó Bill, sin poder contenerse—Me gustaría subir a verlo un momento, si no está descansando. No sé nada de él desde el hospital, y estoy sin móvil.

—Alexander está bien—respondió Eleonore suspirando—Y debería estar descansando, pero ya sabes cómo es. Se fue temprano.

—¿Solo?—quiso saber Bill.

—No lo sé —contestó Eleonore encogiéndose de hombros—Quizá quedó con Gustav, ayer vino a verlo.

—¿Gustav estuvo aquí? —preguntó Bill sintiendo cómo el aire se le volvía más denso.

La idea de que Gustav hubiera estado con Alexander le encendió una alarma interna. No podía evitar sentir de nuevo esa punzada absurda de celos y de sospecha que volvía a instalarse en su pecho.

—Sí, vino a visitarlo —confirmó Eleonore ajena a su incomodidad—Tal vez hicieron planes para hoy. Puede que estén en el club con los demás, pero tú estás castigado Bill, y tu madre quiere que regreses a casa de inmediato. Así que sube al coche, no hagas esperar más a Arthur.

Bill bajó la mirada, tragando el nudo que se le había formado en la garganta. No dijo nada. Solo caminó hacia la puerta, sintiendo que el día se le cerraba encima antes de haber empezado.

Regresó a casa y entró en ella cerrando la puerta con cuidado, como si el simple sonido pudiera alterar el frágil equilibrio de la casa. Apenas había dado dos pasos cuando escuchó la voz de su madre llamarle desde el salón, clara y firme, como si hubiera estado esperando justo ese momento.

—Bill, ven aquí un momento.

La reconoció al instante, esa entonación que no admitía evasivas aunque estuviera disfrazada de calma. Se obligó a respirar hondo antes de entrar. Su madre estaba sentada en su butaca habitual con una taza de té entre las manos y las piernas cruzadas con elegancia. Parecía tranquila, pero Bill sabía que esa serenidad era solo superficie.

—¿Cómo ha ido la sesión con el doctor Vandael? —preguntó sin levantar la vista de la taza.

Bill suspiró antes de contestar, se había dado cuenta de un detalle que no dejaba de inquietarle. Su madre solo se refería a Gordon por su nombre de pila cuando hablaba de él como amigo íntimo de la familia, alguien cercano. Pero en cuanto lo mencionaba en su papel de psiquiatra y el profesional encargado de tratar a su hijo, el tono cambiaba. Entonces lo llamaba «el doctor Vandael», como si al usar el apellido le otorgara una autoridad incuestionable y una distancia que reforzaba su poder sobre él. Como si así pudiera justificar que lo enviara allí una y otra vez para que alguien más le dijera cómo debía sentirse.

— ¿Y bien?—insistió Simone procurando no perder la paciencia ante su silencio.

—Ha sido intensa—se apresuró a contestar Bill.

—¿Intensa en qué sentido? —preguntó Simone mirándole fijamente.

—Hablamos de lo de siempre—respondió Bill evitando entrar en detalles.

—Espero que le hayas contado lo que te preocupa de verdad—dijo con firmeza Simone—No sirve de nada si solo le das vueltas a lo mismo, así solo le haces perder su valioso tiempo.

Bill apretó los labios, quería decirle que así lo había hecho. Que había hablado de ella, de Alexander y de todo lo que le hacía daño.

Pero no lo hizo porque no quería abrir esa puerta.

No de nuevo ni en ese momento.

—¿Puedo subir a mi habitación a descansar?—preguntó deseando escapar de la mirada de su madre.

Simone lo observó unos segundos más, luego asintió.

—Recuerda que debes estudiar—dijo Simone dándole permiso para irse—Descansa un poco y luego estudia hasta la hora de comer.

Bill asintió en silencio y dio la vuelta sintiendo que cada paso hacia las escaleras era una tregua momentánea con su madre. Pero lo que había escuchado en la puerta del despacho de Gordon seguía ahí, latiendo como una verdad que aún no sabía cómo enfrentar.

Entró en su habitación y se dejó caer de espaldas sobre la cama, como si el peso de la mañana le hubiera vencido por completo. La cabeza le palpitaba cargada de emociones, recuerdos y esa sensación asfixiante de volver a estar encerrado. Cerró los ojos uno segundos deseando que el silencio lo envolviera.

Unos golpes suaves en la puerta lo obligaron a incorporarse con lentitud. Pensó que sería Alice con su habitual taza de té y quizás algún analgésico para aliviarle el dolor de cabeza. Pero no fue ella quien entró.

Fue su padre.

—¿Cómo ha ido la sesión con Gordon? —preguntó Jörg, cerrando la puerta tras de sí con gesto contenido.

Bill se puso tenso al instante. Sabía que Gordon lo había llamado en cuanto él salió del despacho, la conversación entre él y su padre aún resonaba en su cabeza como una sombra que no podía deshacerse de ella.

—He decidido devolverte el móvil —continuó diciendo Jörg sacándolo del bolsillo de su chaqueta y tendiéndoselo—Y también levantarte un poco el castigo, ya lo he hablado con tu madre. Puedes salir de la habitación y recibir visitas… llama a Louise, seguro que te hará bien hablar con ella.

Bill cogió el móvil sin decir nada sintiendo que ese gesto, aunque pequeño, le devolvía una parte de sí mismo. Pero la tensión no se disipó del todo, porque sabía que detrás de cada concesión había una expectativa.

Y él ya no estaba seguro de poder cumplirla.

—Te dejo que sigas descansando. Queda con Louise, a ver si puede venir a verte después de comer—dijo Jörg desde la puerta con tono conciliador mientras se ajustaba el reloj—Yo tengo una comida importante, imposible de cancelar. No volveré hasta la cena.

Bill asintió sin decir nada, aún sentado en el borde de la cama con el móvil entre las manos como si pesara más de lo normal.

—Y no te preocupes por tu madre —añadió Jörg antes de cerrar la puerta—Ya le he quitado de la cabeza la idea del ingreso. Seguirás con tus sesiones con Gordon, como siempre. Una vez por semana, nada más.

La puerta se cerró con un clic suave, pero el eco de sus palabras quedó flotando en la habitación. Bill se recostó de nuevo esta vez con el apagado móvil apoyado sobre el pecho. No sabía si ponerlo a cargar y llamar a Louise, o mejor echarse a dormir un poco o si llorar otra vez. Solo sabía que por el momento nadie iba a encerrarlo en ningún psiquiátrico.

Y eso, aunque no resolvía nada, le daba un respiro.

&

Tom y Andreas terminaron de trabajar tras haber servido a los últimos clientes rezagados antes de que fueran sustituidos por los compañeros del turno de la tarde que se encargarían de recoger la mesas y dejarlo todo preparado para la cena.

El turno había sido largo, pero el ritmo constante les había mantenido enfocados. Cuando por fin se quitaron el uniforme en el vestuario el sol ya estaba alto y el aire comenzaba a oler a descanso.

—¿Vamos al lago? —preguntó Tom, estirándose con alivio—Melissa y Anouk ya deben estar tostándose al sol.

—Pasaremos por la cocina a recoger la comida que Rose nos ha preparado y rumbo al lago—respondió Andreas, guardando el móvil en el bolsillo—Nos lo hemos ganado.

Salieron del vestuario y fueron derechos a la cocina donde Rose terminaba de limpiar. Les había dejado sobre la mesa una canasta con el almuerzo que le habían encargado, omitiendo el detalle de que Anouk estaba con ellos. Al menos de momento, primero querían tratar de convencerla de que regresara a casa sin que su madre supiera que se había ido tras haber discutido con Víctor.

Salieron de la cocina tras darle efusivamente las gracias y echaron a andar por el sendero que bordeaba el embarcadero, cruzando el pequeño puente de madera que separaba el club de la zona más tranquila. Al llegar vieron a Melissa tumbada boca arriba con los ojos cerrados y el cuerpo aún húmedo. Anouk estaba sentada a su lado también con los ojos cerrados, el cabello suelto y su bikini amarillo brillando bajo el sol.

—¿Interrumpimos?—bromeó Tom al acercarse.

—Solo si traéis algo frío —respondió Anouk abriendo los ojos y sonriendo con calma—El sol está en modo castigo.

Melissa se incorporó recogiendo el pelo en una coleta improvisada.

—¿Ya habéis terminado? —preguntó, mirando a Andreas.

—Por fin —dijo él dejándose caer sobre la toalla que había traído—Y ahora queremos saber qué tal la mañana. ¿Ha pasado algo que debamos saber?

Anouk y Melissa se miraron un segundo, compartiendo una complicidad silenciosa que no pasó desapercibida.

—Nada que sea de tu incumbencia—respondió Melissa con una sonrisa que no explicaba nada, pero lo decía todo.

—Entonces ha sido un buen día—murmuró Tom tumbándose sobre su toalla.

Andreas observó a las chicas notando el cambio sutil en la energía entre ellas. Algo había pasado en el agua que no necesitaba palabras para sentirse.

— ¿Comemos?—preguntó Melissa cambiando de tema—Me muero de hambre.

Tom se incorporó de inmediato sacudiéndose la arena de las manos.

—Por fin alguien lo dice —respondió con entusiasmo—Llevo media turno pensando en la comida que Rose nos estaba preparando.

Andreas se levantó también cogiendo la cesta que Rose les había preparado con tanto cariño y esmero.

—Tenemos ensalada de pasta con mozzarella y tomate cherry—empezó a enumerar sacando tuppers—Mini burritos de carne picada, queso, pan recién hecho que huele deliciosamente bien, fruta y galletas caseras.

— ¡Menudo banquete!—exclamó Melissa sonriendo ampliamente.

—Y para beber hay agua y cerveza fría—terminó de decir Andreas.

Se pusieron en movimiento y desplegaron toda la comida sobre una de las toallas, formando un pequeño picnic improvisado. Se acomodaron alrededor preparando la improvisada mesa con esmero incluyendo los cuchillos y tenedores que Rose había tenido el detalle de meter en la cesta también junto con platos de cartón que hacían todo más sencillo. El almuerzo tenía ese sabor especial que solo aparecía cuando el hambre apretaba y el paisaje acompañaba.

—¿Me pasas más ensalada? —preguntó Melissa al cabo de unos minutos mirando a Anouk con una amplia sonrisa.

Anouk asintió y le sirvió con cuidado, dejando que el silencio entre ellas siguiera siendo cómodo.

—¿No te animas con un burrito? —preguntó Anouk ofreciéndole uno.

—No debería —respondió Melissa entre risas—Tu madre cocina tan bien que cada día me siento dos kilos más cerca del colapso.

—¡Anda ya! Si estás estupenda —replicó Anouk con convicción—Ni rastro de celulitis. En cambio yo, mira estos brazos, parecen de gelatina.

Melissa se echó a reír, negando con la cabeza.

—Es porque dedico mis tardes libres a hacer algo de ejercicio—explicó—Vente un día, podemos correr juntas o nadar en el lago. Te va a encantar.

Anouk la miró con una mezcla de curiosidad y afecto, como si esa invitación fuera algo más que una propuesta casual.

Mientras las chicas hablaban, Tom y Andreas se mantenían en silencio compartiendo el almuerzo y dejando que la conversación fluyera sin intervenir demasiado. Pero no les pasó desapercibido el modo en que Melissa y Anouk se miraban, cómo sus gestos se sincronizaban sin esfuerzo, como si aún estuvieran flotando juntas en el lago envueltas en algo que no se había aún disuelto bajo el sol.

No dijeron nada.

Solo intercambiaron una mirada breve y cómplice, como quien reconoce que algo ha cambiado sin necesidad de tener que dar explicaciones. Andreas alzó una ceja con una sonrisa apenas dibujada y Tom respondió con un leve asentimiento, como si ambos entendieran que lo que había entre ellas ya no era solo amistad.

El ambiente seguía siendo ligero, pero había una nueva capa bajo la superficie. Una intimidad que no se anunciaba, pero que se sentía. Y aunque ninguno de los dos lo mencionó, sabían que ese día en el lago no se les olvidaría fácilmente.

&

Pasó el resto de la mañana refugiado en su habitación, evitando cualquier encuentro con su madre. No tenía fuerzas para enfrentarse a ella, no después de lo vivido en la consulta. Cuando por fin bajó a comer lo hizo con cautela y sintió un alivio inmediato al ver que el comedor estaba vacío. Greta le informó que su madre había salido a almorzar con unas amigas y no volvería hasta media tarde.

La comida fue silenciosa, casi terapéutica. Sin preguntas ni miradas inquisitivas. Cuando terminó se dirigió al jardín buscando algo de paz bajo los árboles. Se acomodó en una de las tumbonas con el móvil ya cargado en la mano. Ignoró los mensajes acumulados durante su castigo y le envió uno a Louise quedando en verse en su casa en una hora.

El aire era cálido, el murmullo de las hojas lo arrullaba y sin darse cuenta se quedó profundamente dormido.

Louise llegó puntual. Cruzó el jardín con paso firme y al encontrarlo allí se inclinó sin decir palabra. Bill abrió los ojos justo a tiempo para recibirla en un abrazo largo y fuerte, como si todo lo que no había podido decir en días se dijera en ese gesto.

—Nos tenías muy preocupados a Georg y a mi—dijo Louise sentándose en una de las tumbonas—No podíamos comunicarnos contigo y no nos atrevíamos a llamar a tus padres.

—Lo sé —respondió Bill acomodándose en su tumbona junto a ella—Me quitaron el móvil y no me dejaban salir de casa. Era como volver a tener doce años.

Louise lo miró con ternura, pero también con una pizca de indignación.

—Tu madre se ha pasado—comentó sin poder evitarlo—Georg estaba dispuesto a venir a verte, decía que nos podíamos colar por el jardín con facilidad pero yo le dije que eso solo podía empeorar las cosas. No sabíamos si te tenían vigilado o si estabas… mal.

Bill bajó la mirada jugando con el borde de su camiseta.

—Estaba destrozado—confesó en un susurro—Pero no como mis padres creen, no hasta el punto de necesitar ser ingresado en un psiquiátrico. Solo necesito que me escuchen sin juzgarme.

— ¿Tu madre ha hablado de ingresarte?—repitió Louise escandalizada.

—Lo ha intentado con todas sus fuerzas para que así yo dejara de comportarme como lo estaba haciendo, pero por suerte mi padre ha intervenido y le ha quitado esa idea de la cabeza—explicó Bill sin aliento—Me aterraba la idea de ser ingresado de inmediato sin poder avisaros a nadie o poder pedir ayuda.

Louise se inclinó hacia él, apoyando una mano sobre la suya.

—¿Y Alexander?—quiso saber— ¿Has hablado ya con él?

—No desde que regresó al hospital—contestó Bill negando con la cabeza—Pero esta mañana tuve terapia en su casa y su madre me dijo que salió pero no sabía con certeza con quién. Quizás con Gustav, que estuvo ayer por la tarde a verle.

Louise frunció el ceño al escucharlo y ese gesto no pasó desapercibido para Bill. Lo conocía perfectamente, era el tipo de expresión que ella solo mostraba cuando algo le preocupaba de verdad.

—¿Qué opinas de Gustav? —preguntó Bill, sintiendo cómo el nudo en su pecho se apretaba un poco más.

Louise se tomó un momento antes de responder. Miró hacia el jardín como si necesitara encontrar las palabras en el movimiento de las hojas.

—No quiero juzgarle —dijo al fin con voz pausada—Pero cada vez que aparece, Alexander se desestabiliza. Es como si Gustav supiera exactamente qué botones tocar para que él se descontrole. No le calma ni le frena… le amplifica.

—¿Crees que lo hace a propósito?—preguntó Bill bajando la mirada y mordiéndose el labio.

—No lo sé, a veces pienso que Gustav no entiende el daño que causa—contestó Louise suspirando— O que lo entiende demasiado bien. Pero lo cierto es que Alexander cambia cuando está con él y no siempre para bien.

Bill se quedó en silencio procesando sus palabras. Esa intuición que había tenido, esa incomodidad que no lograba explicar, empezaba a tomar forma.

Y no era solo celos.

Era miedo.

Miedo de perder a Alexander en una espiral que no sabía cómo detener.

—He llegado a pensar que hay algo entre ellos—confesó Bill en un susurro.

Louise se quedó en silencio mirándole con gesto serio, con los ojos fijos en Bill como si intentara medir el peso exacto de esa confesión.

—¿Lo dices por la forma en la que a veces se miran? —preguntó al cabo de unos segundos con curiosidad.

—No solo eso—contestó Bill en un susurro—En cómo actúa Alexander cuando Gustav está cerca, como si no pudiera controlar lo que siente y se convirtiera en una persona a la que no reconozco.

Louise se acomodó en la tumbona, cruzando los brazos.

—Alexander tiene una historia con Gustav que nunca ha contado del todo—comentó Louise cruzándose de brazos—Lo sé porque una vez, hace tiempo, me lo dijo. Dijo que Gustav era «su punto ciego». Que cuando está con él, no piensa con claridad.

Bill tragó saliva, sintiendo que esa frase le calaba hondo.

—¿Crees que están juntos?—preguntó con voz temblorosa.

—No lo sé—contestó Louise con firmeza—Pero creo que Gustav sabe que tiene poder sobre él. Y Alexander… a veces parece que no sabe cómo ponerle límites.

Bill se quedó en silencio sintiendo que algo dentro de él se deslizaba entre la tristeza y la rabia.

—Ahora mismo seguro que está con él, y yo aquí, esperando a que me escriba o me llame—dijo Bill suspirando—Como si no supiera si soy parte de su vida o solo una pausa entre sus tormentas.

—Tú no eres una pausa, Bill—dijo Louise inclinándose hacia él para cogerle con firmeza una de sus manos—Eres el lugar al que vuelve cuando necesita respirar, no lo olvides.

Bill no sabía qué pensar.

La mañana lo había dejado desbordado entre la conversación que había mantenido Gordon con su padre, las dudas sobre Alexander y ese temor persistente de estar perdiendo el control sobre su propia vida. Todo se mezclaba en su cabeza como una tormenta silenciosa.

—Voy a serte sincera —dijo Louise con tono firme pero cuidadoso—No creo que haya nada entre Gustav y Alexander. Gustav está metido en una relación muy tóxica con Natalie, sí, pero también están muy enganchados el uno al otro. No le veo capaz de traicionarla y tampoco a Alexander.

Bill se le quedó mirándola buscando alguna grieta en sus palabras.

—Últimamente se nota que te trata mejor —añadió Louise—Está más presente y más atento. No como antes, cuando parecía que todo era una lucha. Yo creo que está intentando cambiar por ti.

Bill asintió con lentitud, sin saber si creerlo del todo. Pero las palabras de Louise le ofrecían algo parecido a un refugio.

Y en ese momento, lo necesitaba más que nunca.

—Espero haberte ayudado un poco —dijo Louise con una sonrisa suave.

—Más de lo que imaginas —respondió Bill bajando la voz—Pero necesito pedirte otro favor. Quiero que me ayudes a entrar en el despacho de mi padre, solo necesito que vigiles mientras busco alguna pista.

—¿Una pista de qué?—preguntó Louise frunciendo el ceño sin entender ese favor que le estaba pidiendo.

Bill dudó un segundo antes de hablar, como si al decirlo en voz alta lo hiciera más real.

—Hace unos días escuché a mi madre hablar con él sobre un pacto que tenían entre ellos—empezó a relatar— Ella le recordaba que se encargaría sola de mi educación, y que a cambio no se metería en sus asuntos. Y hoy Gordon le ha dicho por teléfono que tiene que contarme algo y que no puede seguir posponiéndolo por más tiempo. Ayer lo vi guardar unos documentos en la caja fuerte con mucha prisa, como si lo hubiera pillado en mitad de algo. No sé… algo me dice que ahí están las respuestas que estoy buscando.

Louise lo miró con mezcla de inquietud y curiosidad.

—¿Y cómo piensas abrirla?—inquirió alzando una ceja—¿Con explosivos?

Bill esbozó una sonrisa tensa, al menos no se había negado y le estaba ofreciendo su ayuda sin hacer demasiadas incómodas preguntas.

—Creo que sé la combinación—contestó Bill en voz baja—Mi fecha de nacimiento, la usa como contraseña para desbloquear el móvil y estoy casi seguro de que la usa en más sitios. Es una fecha importante para él y quiero probarla. Solo necesito saber si allí encuentro eso que me están ocultando o alguna pista.

Louise se quedó unos segundos en silencio observándole con atención. Luego se levantó despacio, como si el simple gesto marcara el inicio de algo importante.

—De acuerdo —dijo al fin con voz firme—Pero tenemos que ir con mucho cuidado. No sabemos qué hay ahí dentro ni qué consecuencias puede tener si nos pillan.

Bill asintió agradecido por su apoyo. Se sentía menos solo con ella a su lado, como si el peso de lo que había escuchado y sospechado se repartiera entre dos.

—Y si algo sale mal ya nos inventaremos lo que sea—añadió Louise, cruzándose de brazos— Pero prométeme que no vas a hacer ninguna locura. Nada de enfrentamientos ni de abrir heridas que no puedas volver a cerrar.

—Lo prometo—respondió Bill, aunque en su interior sabía que algunas heridas ya estaban abiertas.

Louise lo miró con una mezcla de ternura y determinación.

—Entonces en marcha—dijo con firmeza—Yo me encargo de vigilar que nadie se acerque mientras tú buscas lo que sea que te están ocultando.

Bill respiró hondo sintiendo que por primera vez en horas tenía un plan perfecto que podía llevarlo, por fin, a entender qué estaba pasando y qué le estaban ocultando.

&

Terminada la comida Melissa se levantó con energía renovada, sacudiéndose la arena de las piernas y estirando los brazos al sol.

—Voy a caminar un poco—anunció con decisión—Si me quedo tumbada, me quedaré dormida y luego no hay quien me levante.

Andreas se incorporó al momento recogiendo su camiseta del suelo.

—Te acompaño —respondió con naturalidad—Me vendrá bien moverme.

—Yo me quedamos aquí, en modo lagarto—murmuró Tom tumbándose en su toalla boca arriba con los brazos cruzados bajo la cabeza.

Anouk sonrió acomodándose a su lado.

—Sé que he prometido hacer ejercicio, pero hoy me es imposible—murmuró entre risas—Cuidado con el paseo, que esto parece idílico pero tiene rincones traicioneros.

Melissa y Andreas se pusieron en marcha alejándose por el sendero que bordeaba el lago, dejando atrás la zona de sombra. El aire era cálido y el silencio entre ellos era cómodo, como si ambos entendieran que no hacía falta hablar todo el tiempo.

—¿Todo bien con Anouk? —preguntó Andreas al cabo de unos minutos, sin mirar directamente a Melissa.

Ella tardó un segundo en responder, como si estuviera eligiendo las palabras con cuidado.

—Sí, ha sido un día algo raro pero todo ha ido bien—contestó suspirando—Creo que Anouk lo necesitaba.

—Y tú también—murmuró Andreas—Estáis las dos muy cambiadas.

—Sí—dijo con firmeza Melissa, agradecida por su discreción—A veces no hace falta entenderlo todo. Solo estar.

Caminaron en silencio unos metros más, mientras el sol filtraba sombras entre los árboles y el lago brillaba a lo lejos, como si guardara secretos que solo ellas dos conocían.

Mientras tanto, sobre sus toallas extendidas al sol Tom y Anouk descansaban en silencio con los ojos cerrados dejando que el calor les envolviera como una tregua. El murmullo del lago y el canto lejano de los pájaros hacían que todo pareciera suspendido en una calma perfecta.

Tom abrió los ojos primero y volvió la cabeza hacia Anouk que descansaba con los ojos cerrados y el rostro sereno, como si por fin hubiera encontrado un rincón donde no pensar. Le dolió tener que romper ese momento, pero sabía que no podía evitarlo.

—Víctor está muy preocupado—dijo en voz baja, casi como si pidiera permiso para hablar.

Anouk abrió los ojos lentamente sin sobresaltarse, pero su expresión cambió. No se incorporó, solo volvió el rostro hacia él.

—Lo sé —respondió tras unos segundos—Pero necesitaba alejarme. No podía respirar en casa.

—No te culpo—murmuró Tom sin juicio en sus palabras y en su mirada—Solo quería que supieras que él no está enfadado. Está asustado y cree que te ha hecho daño.

Anouk se incorporó lentamente quedándose sentada en la toalla recogiendo las piernas y abrazándolas con los brazos.

—No me hizo daño—comentó en voz baja—Solo me recordó cosas que dolían y no se dio cuenta.

—Él cree que te echó de casa—explicó Tom incorporándose también, apoyando los codos sobre las rodillas—Que sus palabras te empujaron a irte.

—No me echó —dijo Anouk con firmeza—Pero tampoco me retuvo. Y a veces eso duele más.

El silencio volvió a instalarse entre ellos, pero esta vez no era cómodo. Era necesario.

—¿Vas a volver esta noche? —preguntó Tom con cautela.

Anouk miró hacia el lago donde Melissa y Andreas caminaban por la orilla ajenos a la conversación.

—No lo sé—contestó suspirando—Quiero hacerlo pero no quiero regresar como si nada hubiera pasado.

Tom la observó con respeto, entendiendo que no era una decisión fácil.

—Entonces vuelve cuando estés lista—dijo Tom entendiendo que no era una decisión fácil—Pero hazle saber que no te ha perdido porque eso es lo que más teme.

Anouk asintió, con los ojos brillantes pero sin lágrimas.

—Gracias por todo Tom—susurró mirándole fijamente—Por no presionarme y por entender.

—Para eso estamos los amigos—dijo Tom sonriendo—Para sostenernos cuando el agua se agita.

Anouk suspiró al escucharle. Aunque apenas lo conocía desde hacía unos días Tom se había convertido en alguien tan cercano como lo eran Andreas o Melissa. Sabía que lo que compartiera con él quedaría entre los dos, que no lo repetiría ni lo usaría en su contra. Y eso le daba una seguridad que no encontraba fácilmente.

Había algo en su interior que necesitaba decirlo en voz alta con alguien que no la analizara ni la corrigiera, sino que simplemente la escuchara. Y Tom, en ese momento, era justo eso. Un refugio silencioso, dispuesto a entenderla sin condiciones.

—Supongo que Andreas ya te habrá contado algo—empezó a decir en voz baja—Y ya sabrás que en mi casa no todo es tan sencillo como parece, y que he tenido que hacer ciertas cosas para que no nos falte lo básico, para que el dinero no sea otro problema más.

Tom asintió sin decir nada, consciente de que Anouk necesitaba soltar aquello que llevaba dentro. Permanecía a su lado, presente y atento sin emitir juicio alguno, ofreciéndole el tipo de escucha que no exige explicaciones ni soluciones. Solo espacio.

—Y no soy la única —continuó Anouk, bajando la voz—Víctor también se las arregla como puede para traer algo de dinero extra a casa, siempre a espaldas de mi madre. Pero si lo mío roza lo ilegal y a veces se siente moralmente dudoso, lo de él lo sobrepasa ese límite sin duda alguna.

Tom empezaba a captar el trasfondo de lo que Anouk estaba revelando, y una tensión sutil se instaló en su cuerpo. No dijo nada, pero el gesto de sus hombros y la forma en que apretó la mandíbula dejaban claro que lo que escuchaba no le dejaba indiferente.

—Yo trafico con cocaína en el Sisyphos —dijo Anouk, sin rodeos, pero con la voz más baja—. Y Víctor… él se gana el dinero con su cuerpo.

Tom no dijo nada, pero su expresión cambió por completo sintiendo mucha lástima porque hubieran tenido que recurrir a ello.

—Eso fue lo que nos enfrentó la otra noche—siguió diciendo Anouk como si ya no pudiera guardárselo por más tiempo—Él quiere que lo deje, que no me arriesgue más. Y a veces pienso en hacerlo, de verdad. Pero si lo dejo, ¿cómo puedo ayudar en casa? No hay muchas opciones.

Se quedó en silencio un momento, como si le costara decir lo siguiente.

—Lo que hace Víctor también lo pensé al principio—explicó en un susurro—Pero él se negó rotundamente. Me dijo que no lo permitiría, que yo no podría con eso. Que él sí, porque es más fuerte y que al final no es tan malo como parece.

Tom escuchaba en silencio sin intervenir pero tampoco sin juzgarle tanto a ella como a Víctor.

—Y tiene toda la razón del mundo—murmuró Anouk suspirando con los dedos entrelazados sobre las rodillas—Sé que no podría soportarlo, que me rompería por dentro.

—Ambos sois muy valientes —dijo Tom con firmeza sin apartar la mirada de Anouk—No por lo que hacéis, sino por seguir adelante cuando todo parece cuesta arriba. Por sostener lo que otros no ven.

Anouk bajó la mirada tocada por sus palabras. No estaba acostumbrada a que alguien reconociera su esfuerzo sin añadir juicio o consejos. Solo reconocimiento.

—A veces no se trata de elegir lo correcto —murmuró ella—Se trata de elegir lo que te permite seguir respirando.

Tom asintió lentamente respetando el peso de esa frase.

—Y eso también es sobrevivir —añadió—No siempre es bonito, pero sí valiente.

El silencio que siguió no fue incómodo. Fue el tipo de silencio que se instala cuando algo importante ya había sido dicho y ya no hacía falta repetirlo. Lo esencial había sido compartido, y volver a hablar de ello solo lo desgastaría.

Anouk sabía que no volverían a mencionarlo, no porque fuera un tema cerrado sino porque la confianza ya estaba tejida. Y si alguna vez volvía a necesitar hablar de ello sabía que Tom estaría a su lado sin hacer preguntas ni emitir juicios, solo dispuesto a escucharla.

Continúa… 

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por lyra

Escritora del Fandom

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