Incomplete 55

Incomplete 55

Fic TOLL de lyra

Capítulo 55

Después del momento compartido cargado de ternura y desahogo se acomodaron en la cama con lentitud como si el tiempo hubiera dejado de existir para ellos. Cubrieron su desnudez con la sábana no por pudor sino por la necesidad de proteger esa intimidad recién descubierta.

Se acostaron muy cerca el uno del otro los rostros a escasos centímetros, respirando el mismo aire y compartiendo el mismo silencio. En voz baja empezaron a hablar de lo que estaban sintiendo en esos momentos. Del miedo, de la soledad y de la necesidad de ser vistos sin máscaras. Cada palabra era una confesión y cada mirada un refugio.

Y al mismo tiempo que hablaban compartían suaves besos como si se dijeran con los labios lo que aún no sabían cómo expresar con palabras.

Allí en esa cama no había traición ni pasado.

Solo dos almas intentando sostenerse mutuamente en medio del derrumbe.

Poco a poco, el cansancio fue venciendo la intensidad del momento. Tom estrechó a Bill entre sus brazos con delicadeza, acomodando su cuerpo hasta que su cabeza reposó en la curva de su cuello. Cerró los ojos con una sensación de paz que no había sentido en mucho tiempo, satisfecho al notar cómo Bill dormía plácidamente como si por fin hubiera encontrado un respiro tras todo lo vivido y descubierto.

Permanecieron envueltos en la quietud de la noche hasta que Andreas y Melissa regresaron del cine, cargando dos cajas de pizza entre risas y comentarios sobre la película.

—Tom, te traemos la cena —anunció Andreas al entrar al bungalow.

Al ver el sofá vacío, frunció el ceño. Supuso que Tom estaría en el baño, así que se dirigió hacia allí mientras Melissa dejaba la caja sobre la encimera y comenzaba a preparar los platos.

—¿Tom? —llamó Andreas al pasar por el pasillo.

Pero al cruzar frente a su habitación se detuvo en seco. La puerta estaba entreabierta y lo que vio lo dejó sin palabras. Tom dormía plácidamente en su cama y no estaba solo. Bill descansaba entre sus brazos con una expresión serena y una leve sonrisa dibujada en el rostro.

Andreas se quedó en el umbral sin saber si qué hacer o decir. En ese momento Tom abrió los ojos como si hubiera sentido su presencia y sus miradas se cruzaron en silencio.

—Disculpa —murmuró Andreas apartándose con discreción.

Regresó al salón dejando que Tom siguiera descansando y se reunió con Melissa que lo observaba con una expresión inquisitiva.

—¿Qué pasa? —preguntó preocupada por su gesto.

—Tom y Bill —respondió Andreas soltando un suspiro—Eso es lo que pasa.

Melissa se quedó quieta, procesando sus palabras.

—¿Están… ahí? —preguntó en voz baja.

—Ahí están —respondió Andreas con un tono que mezclaba sorpresa y resignación.

Melissa parpadeó, intentando procesar lo que acababa de oír.

—¿Pero… juntos? —insistió bajando la voz como si temiera que alguien pudiera escucharla.

—Metidos en mi cama y desnudos—explicó Andreas soltando un suspiro largo.

Melissa se quedó inmóvil con la expresión en su rostro oscilando entre incredulidad y una curiosa ternura.

—¿Y estaban… bien? —preguntó con suavidad.

—Dormidos, pegados el uno al otro como si el mundo fuera a romperse si se soltaban —dijo Andreas bajando la mirada.

No podía dejar de pensar en la pacifica expresión que Bill lucia en su cara mientras dormía plácidamente, era como si por fin hubiera encontrado eso que tanto buscaba y necesitaba.

Melissa asintió lentamente, luego se acercó a la encimera y abrió la caja de pizza.

—Entonces dejémoslos que descansen, ya habrá tiempo para hacer preguntas—murmuró Melissa comiéndose un trozo de pizza como si nada—Ahora mismo, creo que lo que más necesitan es paz.

Andreas la observó comer con total naturalidad como si lo que acababa de descubrir en su habitación no tuviera mayor importancia.

—¿Cómo puedes comer tan tranquila después de lo que ha pasado? —preguntó aún desconcertado.

—Porque tengo hambre —respondió Melissa sin dejar de masticar, como si fuera la cosa más obvia del mundo.

Andreas frunció el ceño incapaz de contener lo que llevaba pensando desde hacía rato.

—Creía que entre tú y Tom había algo—murmuró cruzándose brazos—Y ahora estás aquí tan campante sabiendo que acaba de acostarse con Bill.

Melissa se limpió la comisura de los labios con calma antes de responder.

—Tom y yo nunca hemos tenido nada serio, igual que tú y yo—empezó a decir muy seria— Solo somos amigos que de vez en cuando se acuestan juntos. Pero después de esta noche, me parece que la única persona con la que se va a querer acostar es con Bill.

—Eso lo puedes jurar —interrumpió Tom, apareciendo de repente en el salón.

Melissa se volvió al escuchar la voz de Tom sorprendida por su aparición repentina. Andreas se quedó quieto como si no supiera si debía disculparse o fingir que no había dicho nada. Tom avanzó unos pasos con el rostro sereno pero firme llevando puesto únicamente un pantalón de chándal y el pelo aún algo revuelto por la pequeña siesta compartida con Bill.

—No hace falta que susurréis —dijo con calma—Estoy despierto y no me siento avergonzado ni arrepentido por lo ocurrido.

Melissa lo estudió con atención buscando en su expresión alguna señal de duda. Y no encontró ninguna.

—¿Estás bien? —preguntó dejando a un lado la pizza.

Tom asintió.

—Estoy mejor que nunca—contestó Tom asintiendo con la cabeza— No sé qué significa todo esto aún, pero sé que Bill necesitaba a alguien en estos momentos y solo me tenía a mi.

Andreas seguía cruzado de brazos aún procesando lo que había ocurrido.

—¿Y ahora qué va a pasar?—quiso saber— ¿Estáis juntos?

—No lo sé—contestó Tom suspirando—No quiero ponerle nombre a algo que apenas ha empezado pero lo que ha pasado hoy no ha sido solo físico, ha sido muy real y eso ya es suficiente para mí.

Melissa sonrió con suavidad como si algo en sus palabras le hubiera tranquilizado.

—Entonces come algo con nosotros y deja que Bill duerma—invitó señalando la caja de pizza—Ya habrá tiempo para pensar.

Tom se acercó a la encimera, tomó una porción de pizza y se sentó al lado de Melissa sin sentir que debiera justificar ante nadie lo que acababa de vivir con tantas ganas.

—¿Qué tal la película? —preguntó Tom con naturalidad, como si nada hubiera alterado el curso de la noche.

—Bastante entretenida —respondió Andreas sentándose también junto a Melissa.

—Fue un tostón —añadió ella con una mueca—No vuelvo a dejarte elegir nada, Andreas.

Tom sonrió levemente y se sirvió otro trozo de pizza.

—¿Y Anouk? —preguntó, sin levantar la vista.

—Después del cine recibió una llamada de Víctor —explicó Andreas mientras servía las bebidas—Y decidió volver a casa.

—Eso suena a que las cosas entre ellos están empezando a mejorar—comentó Tom muy aliviado.

Melissa lo observó mientras devoraba el siguiente trozo.

—Estás muerto de hambre —comentó, divertida—Pareces que has gastado mucha energía.

Tom se detuvo a pensar un segundo mientras masticaba con calma, y luego levantó la vista con una expresión entre divertida y cómplice.

—Digamos que ha sido una tarde… emocionalmente exigente—murmuró sonriendo ampliamente.

—Eso es una forma elegante de decir que te has acostado con alguien en mi cama—dijo Anderas soltando una risa seca.

Tom se encogió de hombros sin perder la calma mientras que a su lado Melissa se reía a carcajadas.

—No lo planeamos, pero tampoco lo lamento—dijo con firmeza Tom.

—¿Y cómo te sientes ahora? —preguntó Melissa poniéndose seria.

—Como si algo se hubiera recolocado dentro de mí—contestó Tom sin tener que pensar mucho la respuesta—No sé si es amor o el principio de algo pero sé que los dos necesitábamos este momento.

Siguieron comiendo en silencio cada uno sumido en sus propios pensamientos hasta que Andreas frunció el ceño al caer en un detalle que se les había escapado por completo.

—¿Y cómo es que Bill ha acabado en nuestro bungalow? —preguntó dejando un trozo de pizza a medio camino—Tenía entendido que lo habían castigado, que estaba sin móvil y sin poder salir de casa.

Tom se tomó un momento antes de responder bajando la mirada hacia su plato.

—Ha pasado algo muy grave en su casa pero es Bill quien tiene que contároslo cuando esté preparado —dijo con tono firme pero empático—No puedo hablar por él ni adelantar nada que aún no ha podido procesar, lo único que puedo decir es que cuando lo vi sentado en el sofá estaba destrozado y necesitaba desesperadamente a alguien que lo escuchara.

Se instaló un breve silencio. Melissa y Andreas se miraron entendiendo sin necesidad de palabras que no era el momento de hacer preguntas. Forzar a Tom o a Bill a hablar solo serviría para hurgar más en la herida. Tendrían que esperar a que alguno de los dos decidiera compartir lo ocurrido, si es que alguna vez lo hacían.

Y si no… bueno, como tantas otras veces cuando algo sucedía relacionado con el club terminaban enterándose por los susurros que corrían de boca en boca afilados como cuchillas que dejaban tras ellos rastros de verdad y distorsión a partes iguales.

Terminaron de cenar y acordándose de Bill Tom le apartó dos trozos de pizza colocándolos con cuidado en un plato para llevárselos a la cama. Sabía que después de todo lo vivido un gesto sencillo podía significar mucho.

Andreas se levantó de la mesa, estirándose con desgana.

—Esta noche me quedo en el bungalow de Melissa—anunció con naturalidad—Os dejo este para que podáis descansar tranquilos y sin interrupciones.

Tom le agradeció con una mirada silenciosa, reconociendo el gesto sin necesidad de palabras. El ambiente se había suavizado, como si todos entendieran que algo había cambiado y que lo mejor era dar espacio para que se asentara.

&

Tras despedirse de Melissa y Andreas con un gesto tranquilo, Tom tomó el plato con los dos trozos de pizza que había reservado para Bill junto con un vaso de agua y regresó en silencio a la habitación. La luz era tenue y el ambiente aún conservaba el calor de lo compartido.

Colocó el plato y el vaso sobre la mesilla con cuidado procurando no hacer ruido. Luego, se despojó del pantalón con movimientos lentos y se deslizó bajo las sábanas buscando el cuerpo de Bill con naturalidad.

Bill, aún dormido, se dejó atraer instintivamente acomodándose contra él como si ese espacio le perteneciera. No hubo palabras, solo el roce de piel contra piel y el suspiro compartido de dos cuerpos que, por fin, encontraban descanso.

Bill se movió ligeramente bajo las sábanas como si el calor del cuerpo junto al suyo lo llamara de vuelta al mundo consciente. Abrió los ojos lentamente aún envuelto en esa bruma suave que sigue al sueño profundo. Lo primero que sintió fue el peso cálido del brazo de Tom rodeándolo y el olor familiar de la habitación.

Alzó levemente la cabeza y lo vio a su lado despierto observándolo con una expresión tranquila. Más allá de en la mesilla descansaba el plato con los dos trozos de pizza y el vaso de agua como una ofrenda silenciosa.

—¿Has estado viéndome dormir? —preguntó Bill en voz baja, su tono cargado de una mezcla de sorpresa y gratitud.

—No pensaba irme a ningún lado, solo a la cocina porque pensé que podrías tener hambre cuando despertaras—explicó Tom sin apartar de él la mirada.

Bill desvió la mirada al plato por unos segundos y luego volvió a mirarle. Su expresión se suavizó y una sonrisa apenas perceptible se dibujó en sus labios.

—Gracias —susurró—Por quedarte conmigo, por escucharme y por todo.

Tom se acercó un poco más, rozando su frente con la de Bill.

—No tienes que agradecerme nada, solo quiero que estés bien—dijo con firmeza.

Bill cerró los ojos un instante, como si ese gesto lo envolviera por completo. Luego se incorporó lentamente en la cama dejando que la sábana se deslizara suavemente por su cuerpo y tomó un trozo de pizza mordiéndolo con calma, mientras Tom lo observaba en silencio sin prisa y sin exigencias.

—¿Tú no quieres? —ofreció Bill mirándolo de reojo.

—No, ya he comido bastante pizza con Andreas y Melissa en la cocina —respondió Tom con una sonrisa tranquila.

—¿Estaban aquí?—preguntó Bill tragando con esfuerzo.

—Sí, pero ya se han ido—respondió Tom por encima.

Bill se detuvo un momento, bajando el trozo de pizza.

—¿Saben que estoy aquí?—quiso saber.

—Andreas vino a buscarme y nos vio—explicó Tom—Pero no pasa nada, se ha ido a pasar la noche al bungalow de Melissa para que estemos más cómodos.

Bill bajó la mirada, como si procesar esa información le costara más de lo que esperaba.

—No puedo ni imaginarme lo que haya podido pensar al verme en la cama contigo—murmuró suspirando.

—Eso no importa—dijo Tom acercándose un poco más con voz suave pero firme—Lo que piense Andreas o el resto del mundo no debería afectarte. Lo único que importa ahora es cómo te sientes tú y que sepas que no estás solo.

Bill se le quedó mirando en silencio con los ojos brillantes por algo que no era tristeza sino una mezcla de alivio y miedo. Como si por primera vez en mucho tiempo, alguien le estuviera diciendo que tenía derecho a sentirse a salvo.

—Entonces… dan por hecho que me voy a quedar aquí esta noche —dijo Bill con un suspiro dejando caer la cabeza ligeramente hacia atrás.

—Si es lo que quieres, eres más que bienvenido —murmuró Tom acomodándose a su lado con naturalidad.

Bill guardó silencio unos segundos antes de hablar, como si las palabras le pesaran.

—Todavía no puedo volver a casa.—confesó Bill en un susurro—No estoy preparado para enfrentarme a ellos… a esas personas que dicen ser mis padres.

—Siguen siendo tus padres, Bill—dijo Tom mirándole fijamente a los ojos—Han cuidado de ti desde que eras un bebé, y aunque ahora estés dolido por lo que has descubierto en el fondo sabes que no puedes verlos como dos completos desconocidos. Son los únicos padres que has tenido.

Bill asintió en silencio, eso mismo era lo que había estado pensando. Por más que le doliera no podía borrar nada de lo que había vivido a su lado ni fingir que no sentía nada por ellos. Aunque las estrictas normas de su madre lo asfixiaran y la indiferencia de su padre le hiciera mucho daño, seguían siendo parte de él y siempre lo serían.

—Y por eso deberías avisarles que no vas a volver esta noche a casa —añadió Tom con calma—No tienes que decirles dónde estás si no quieres, pero al menos tranquilízalos. Que no pasen la noche en vela preocupados por ti.

Bill bajó la mirada, pensativo.

—Avisaré a Louise—murmuró Bill bajando la mirada—Prefiero hablar con ella antes que con mis padres.

Tom asintió en silencio respetando su decisión. No podía forzarlo a hablar con sus padres si aún no se sentía preparado, pero sí podía intentar que al menos los avisara. No por ellos, sino por él mismo. Para evitar que la preocupación se convirtiera en otra carga más que llevar.

—¿Dónde tienes el móvil? —preguntó Tom con suavidad.

—En el bolsillo trasero de mis pantalones… que no sé dónde están —respondió Bill sintiendo cómo el calor le subía al rostro.

Recordaba habérselos quitado a toda prisa lanzándolos al aire sin pensar, seguramente estarían en algún rincón del suelo. Tom sonrió con una mezcla de ternura y diversión, y se levantó de la cama para buscarlos. No se dio cuenta que Bill se le quedaba mirando fijamente ya más despierto y consciente de la situación en la que se encontraban. Se quedó observándolo en silencio recorriendo con calma la silueta de su desnudo cuerpo y la forma en que se movía con naturalidad sin intención de insinuarse ni nada parecido.

Tom localizó sus pantalones al lado de la mesilla y se agachó a por ellos sacando él mismo el móvil del bolsillo. Al volverse encontró a Bill aún mirándolo, fijamente con una expresión que no era deseo ni vergüenza, sino algo más profundo.

Una mezcla de asombro y reconocimiento.

—Aquí está —dijo Tom tendiéndole el móvil sin hacer ningún comentario sobre su mirada.

Bill lo cogió con cuidado bajando la mirada a la pantalla. Dudó un momento antes de desbloquearlo, como si el simple gesto de hacer una llamada fuera más difícil de lo que esperaba.

—¿Quieres que te ayude a pensar en lo que le quieres decir? —preguntó Tom sentándose de nuevo a su lado.

Bill negó con la cabeza, pero agradeció el ofrecimiento con una leve sonrisa.

—Solo necesito encontrar las palabras justas—dijo suspirando—Que no parezca una huida pero tampoco una confesión.

Tom asintió, respetando el equilibrio que Bill intentaba mantener.

—Louise es quien mejor te conoce y lo entenderá—empezó a decir Tom—Os he estado observando cuando habéis ido al club y sé que tanto ella como Georg son los únicos en los que se pueden confiar. Solo tienes que ser tú mismo, no tienes que justificarte.

Bill se quedó mirando el móvil en silencio como si el simple acto de desbloquearlo lo enfrentara a todo lo que aún no sabía cómo explicar. La pantalla apagada parecía demasiado brillante para lo que sentía por dentro.

—Si no tienes fuerzas para hablar con ella, puedes enviarle un mensaje —sugirió Tom con delicadeza sin presionar.

—Prefiero llamarla aunque la voz me tiemble—murmuró Bill con firmeza—Tú lo has dicho, Louise me conoce muy bien y en mi voz podrá escuchar todo lo que aún no sé cómo decir con palabras.

Tom asintió suspirando. No era solo una llamada, era el primer paso hacia algo más honesto y más real.

Bill desbloqueó el móvil, buscó el contacto de Louise y se quedó un momento con el pulgar sobre el botón de llamada. Respiró hondo, como si necesitara llenar los pulmones de valor, y pulsó el botón antes de poder arrepentirse.

El tono comenzó a sonar. Uno, dos, tres…

— ¡Bill!

La voz de Louise llegó desde el otro lado, cálida y alerta, como si hubiera estado esperando esa llamada con la respiración contenida.

—Lou… estoy bien—susurró Bill sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas— Solo quería que supieras que estoy a salvo y que siento mucho haberme ido sin decirte nada a ti o a Rose.

—Eso ahora no importa, solo que tú estés bien—dijo Louise respirando más aliviada— ¿Dónde estás?

Bill tragó saliva, sentía a Tom a su lado en la cama acariciándole su desnuda espalda con la yema de los dedos, un gesto silencioso de apoyo.

—Ahora no puedo contártelo todo —dijo Bill con voz baja evitando entrar en detalles—Solo quería que supieras que estoy bien… y que no estoy solo. Tengo alguien a mi lado que me está cuidando.

Louise guardó silencio un segundo, pero no pudo contener la pregunta que le rondaba desde que escuchara su temblorosa voz.

—¿Estás con Tom, verdad?

Bill no respondió pero su silencio fue más elocuente que cualquier respuesta que le quisiera dar. Al otro lado Louise esbozó una sonrisa amplia que le iluminó el rostro.

No necesitaba confirmación alguna.

Lo intuía, y eso bastaba.

—Gracias por llamarme, estaba muy preocupada —dijo con ternura sin añadir más.

—¿Puedes avisar a mis padres de que estoy bien? Pero no les digas dónde estoy —pidió Bill con un tono casi suplicante.

—Claro que sí, sabes que siempre puedes confiar en mí —respondió Louise con firmeza—Ni siquiera se lo diré a Georg. Eso ya lo harás tú cuando quieras y estés listo.

Bill cerró los ojos un instante, aliviado por su comprensión.

—Gracias por entenderme —susurró como despedida, dejando que esa última frase se quedara flotando entre ellos como un puente silencioso.

—Mucha suerte, Bill. Te la has ganado —dijo Louise con cariño antes de despedirse, dejando en su voz una mezcla de alivio y confianza.

Bill mantuvo el móvil junto a su oído unos segundos más incluso después de que la llamada hubiera terminado, como si necesitara absorber del todo la calidez de esas últimas palabras.

Tom lo observaba en silencio sin interrumpir, respetando ese momento íntimo que no necesitaba testigos ni explicaciones.

Bill bajó lentamente el teléfono, lo dejó sobre la mesilla de su lado y se recostó de nuevo junto a Tom. Su expresión era distinta en esos momentos, más serena y menos cargada. Como si esa breve conversación con Louise hubiera aflojado un nudo que llevaba demasiado tiempo apretado.

—Me ha hecho muy bien escuchar su voz —murmuró con la mirada fija en el techo—. No me ha juzgado ni interrogado, solo ha estado ahí.

Tom se acomodó en su lado apoyando la cabeza bien cerca de la suya.

—Eso es lo que hacen las personas que te quieren—murmuró suspirando—No necesitan entenderlo todo para estar contigo.

Bill lo miró y por primera vez en horas sonrió con algo más que gratitud, con algo parecido a esperanza.

—Gracias por no soltarme —dijo en voz baja.

Tom rozó suavemente su mejilla con la yema de los dedos, apenas unos segundos.

—No pienso hacerlo nunca—prometió con firmeza.

La noche se volvió más silenciosa aún, pero no era el silencio de la incomodidad. Era el silencio que llegaba cuando dos personas se habían dicho justo lo que necesitaba escuchar, y lo demás podía quedarse en el aire flotando entre ellos.

Bill cerró los ojos con lentitud dejando que el peso del día se disolviera en el calor de ese cuerpo que sentía junto al suyo. Se acomodó contra Tom apoyando la cabeza en su pecho como si ese espacio fuera el único lugar donde podía respirar sin sentir miedo alguno. No hizo falta que dijera nada, su gesto ya lo decía todo. Quería pasar esa noche allí, al lado de quien había estado a su lado cuando más lo necesitaba.

Tom lo rodeó con los brazos estrechándolo con firmeza pero sin apretar como si temiera romper algo frágil. Su sonrisa fue silenciosa y amplia, nacida no del orgullo sino de la profunda satisfacción de haber sido refugio. No sabía con certeza lo que les depararía el futuro pero en ese momento lo único que le importaba era que Bill se sintiera a salvo a su lado.

La habitación quedó envuelta en una quietud íntima, como si el mundo exterior hubiera quedado suspendido.

Dos cuerpos.

Dos respiraciones.

Y una noche que por fin no dolía.

&

Mientras tanto, en el bungalow de la lado la luz era más tenue y el ambiente más relajado. Melissa se había quitado los zapatos y estaba sentada en el sofá observando cómo Andreas se acomodaba a su lado con una almohada y una manta dispuesto a dormir allí esa noche.

—¿De verdad vas a dormir aquí? —preguntó Melisa con una ceja arqueada—Vas a destrozarte la espalda por idiota.

Andreas se volvió hacia ella con una expresión entre resignada y desafiante.

—Quedamos en que yo dormiría en el sofá—le recordó.

—Hemos compartido mi cama más veces de las que puedo contar—replicó Melissa, señalando su habitación con la mano—No tiene sentido que te martirices por algo que no puedes ya impedir.

Andreas se quedó en silencio unos segundos,, sabía que se estaba refiriendo a Bill y a Tom. El ya había aceptado que había perdido a Tom hacía ya tiempo, que nunca había sido suyo pero no podía negar que le doliera verle con otra persona ya fuera con Bill o Melissa.

Se levantó del sofá suspirando dejando sobre el la manta y la almohada y echó a andar hacia la habitación de Melissa seguida por ella.

—Vale, pero no vamos a hacer nada—advirtió Andreas con tono firme—Solo vamos a dormir.

—Perfecto, solo dormiremos—dejó Melissa bien claro— Como tantas otras veces.

Entraron en la habitación y Melissa empezó a desnudarse ante Andreas como había hecho muchas veces. Se puso una camiseta vieja que usaba para dormir y se metió en la cama mientras que Andreas también se desnudaba quedándose en ropa interior.

Le sintió acomodarse a su lado con cierta rigidez, como si necesitara dejar claro que no había segundas intenciones. Pero una vez tumbado Melissa sintió como su cuerpo se relajaba poco a poco, vencido por el cansancio y por la familiaridad del espacio compartido.

—¿Sabes? —murmuró Melissa arropándose con la sábana—A veces, compartir la cama sin hacer nada es lo más íntimo que se puede hacer.

Andreas no respondió, pero se volvió ligeramente hacia ella dejando que el silencio hiciera el resto.

La habitación estaba en penumbra iluminada solo por la luz suave que se filtraba a través de la ventana. Melissa y Andreas yacían en la cama sin tocarse pero sin necesidad de marcar distancia. El silencio entre ellos no era incómodo, solo denso. Lleno de cosas que aún no se habían dicho.

—No pensaba que te lo tomarías tan bien —murmuró Melissa rompiendo la quietud.

—¿Lo de Bill y Tom?—quiso saber Andreas alzando una ceja— ¿O que se hayan acostado en mi propia cama?

—Las dos cosas, ya que lo mencionas—dijo sonriendo Melissa.

—Bueno, no es la primera vez que Tom se mete en mi cama… aunque no en esa precisamente —empezó a decir Andreas con su tono habitual de sarcasmo—Y tampoco es la primera vez que tú lo haces, así que no voy a fingir que me sorprende o que me ofende. Pero a este ritmo voy a tener que empezar a cobrar un alquiler por mi cama.

Melissa se echó a reír, sabía que se refería también a la noche en que Bill y Alexander pasaron en su cama cuando ella y Tom compartieron esa misma donde estaban. Andreas reía con ella, sintiéndose algo más relajado.

—O que mínimo que exigirle a Tom que me deje una nota cuando use mi cama como zona de aterrizaje emocional—siguió Andreas con la broma.

—¿Y qué pondría esa nota? «Gracias por el colchón, prometo lavar después las sábanas» —bromeó.

—Exacto, sería todo un detalle—dijo Andreas estirándose con teatralidad—Y que me deje una porción de pizza como compensación. Porque si va a convertir mi cama en centro de acogida emocional, al menos que venga con servicio de catering.

—Pero esta vez ha sido distinto—susurró Melissa poniéndose seria—Lo viste, ¿no? No se trataba solo de sexo.

Anderas se la quedó mirando con una expresión serena en su cara.

—Lo sé, y por eso no he dicho nada—dijo suspirando—Porque lo que vi en su cara… en la de Bill… era otra cosa. Algo que no tiene que ver contigo, conmigo y con nuestra relación con Tom.

Melissa bajó la mirada, como si le costara admitir lo que sentía.

—A veces pienso que todos estamos jugando a no sentir demasiado y a no implicarnos—siguió diciendo Andreas— Tú, yo, Tom… y luego llega alguien como Bill y lo desarma todo.

—¿Y tú? ¿Qué estás sintiendo ahora mismo?—quiso saber Melissa.

—Que estoy cansado de fingir que no me importa—contestó Andreas con sinceridad—Que me da igual con quién te acuestes tú o con quién se acuesta Tom. Pero en el fondo no me da igual. No del todo.

Melissa lo observó con una mezcla de ternura y tristeza.

—Yo tampoco soy de piedra, Andreas—murmuró suspirando—Pero tú y yo nunca hemos querido lo mismo. Solo nos hemos acompañado en los momentos que más lo necesitábamos.

Andreas asintió, como si esa frase le doliera pero también le aliviara.

—Y ahora en estos momentos Bill necesita que Tom esté a su lado—susurró.

—Sí —dijo Melissa con suavidad—Y eso no tiene por qué ser malo.

Se quedaron en silencio, esta vez más liviano. Como si al expresar en voz alta aquello que tanto les dolía se sintieran mucho más aliviados.

—¿Te importa si te abrazo esta noche? —preguntó Andreas sin ironía.

Melissa se acercó despacio, apoyando la cabeza en su pecho.

—Solo si no fingimos que significa otra cosa—pidió en voz baja.

—Prometido —susurró él.

Se recostaron el uno junto al otro, compartiendo el calor de las sábanas y cerrando los ojos con la intención de dormir o al menos intentarlo.

—¿Qué crees que estará pasando en el bungalow de al lado?—preguntó Andreas, incapaz de contener la curiosidad.

—No lo sé —respondió Melissa con una sonrisa apenas contenida—Pero si te asomas por la ventana, puedes comprobarlo tú mismo.

Lo dijo con tono ligero, pero en su mente se cruzó el recuerdo de aquella noche en que ella y Tom se acostaron en esa misma cama. Desde la ventana había visto a Bill observándolos antes de seguramente acostarse él también con Alexander. No se sintió invadida ni molesta, sabía que Bill no lo había hecho con mala intención.

—Prefiero no ver nada de lo que luego me tenga que arrepentir—murmuró Andreas sin intención de moverse.

—¿Desde cuándo te arrepientes de mirar?—preguntó Melissa en voz baja.

—Desde que mirar me hace sentir cosas que no sé luego cómo gestionar —contestó suspirando Andreas.

Volvieron a quedarse en silencio y esa vez se dispusieron a dormir plácidamente compartiendo cama.

No como amantes.

Ni como amigos rotos.

Sino como dos personas que por fin se permitían decirse la verdad el uno al otro.

Continúa… 

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por lyra

Escritora del Fandom

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