Incomplete 64

Incomplete 64

Fic TOLL de lyra

Capítulo 64

Tal como había prometido, Tom llamó a la puerta del bungalow de Melissa justo veinte minutos después. Bill se levantó de inmediato del sofá y nada más abrir la puerta sus labios se fundieron en un profundo beso como si el tiempo pasado entre ellos hubiera sido toda una eternidad.

—Gracias por venir —susurró Bill contra sus labios.

Tom respondió con una sonrisa suave sin separarse del todo, y entró del todo en el bungalow. Se acomodaron juntos en el sofá listos para una conversación que Bill tanto necesitaba tener.

—La cena era una trampa —comenzó Bill con tono sereno pero dolido—Mi madre la había organizado para que volviera con Alexander. Le había invitado a él y a sus padres sin decirme nada a mi o a mi padre. Y Alexander jura que no sabía lo que ella planeaba, pero aun así… no podía quedarme allí. Me marché en cuanto lo vi.

Tom lo escuchaba en silencio sin interrumpir con los ojos fijos en los suyos, como si cada palabra que saliera de su boca mereciera ser sostenida en el aire un poco más. Cuando Bill terminó de contar lo ocurrido en la cena, Tom se inclinó hacia él sin juicio alguno, solo con su presencia firme y cálida.

—Lo hiciste bien —dijo en voz baja—No por marcharte, sino por no traicionarte a ti mismo.

Bill bajó la mirada, como si esas palabras le hubieran tocado algo profundo. Sentía una mezcla de alivio y tristeza. Alivio por haber escapado de la trampa, tristeza por saber que su madre seguía sin entenderle y jamás lo haría.

—Me sentía como si estuviera en una obra de teatro —murmuró—Y yo era el único que no tenía guion.

Tom sonrió con ternura y le tomó la mano.

—Eso es porque tú no actúas—murmuró con firmeza—Tú eres real. Y eso, Bill, es lo que más les incomoda.

Bill soltó una risa breve, más por nervios que por humor. Luego se dejó caer hacia atrás en el sofá con la cabeza apoyada en el hombro de Tom.

—No sabía cuánto necesitaba esto —susurró—Estar así contigo, sin tener que explicar nada. Simplemente… estar.

—No tienes que explicarte conmigo—dijo Tom acariciando su brazo con suavidad—Solo tienes que ser tú mismo y si alguna vez te sientes perdido, aquí estaré. No para decirte qué hacer, sino para recordarte quién eres.

Bill cerró los ojos sintiendo que por fin podía respirar.

No había exigencias, ni expectativas o ni estrategias.

Solo ese momento.

Solo estaba Tom.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Tom tras unos minutos de silencio compartido, su voz suave pero cargada de intención—¿Quieres que te lleve a casa en la moto?

Bill lo miró fijamente con una mezcla de cansancio y claridad en los ojos.

—Melissa dijo que podíamos quedarnos aquí a pasar la noche —respondió con firmeza—Y eso es justo lo que quiero. No tengo fuerzas ni ganas de volver a esa casa que ya no siento como mía.

Tom asintió con lentitud sin decir nada, solo se acercó un poco más como si su presencia pudiera reforzar esa decisión. No era solo pasar la noche en un bungalow de su amiga, era un acto de autonomía. De elegir dónde estar, con quién, y por qué.

—Entonces nos quedamos —dijo finalmente, con una sonrisa tranquila—Y esta noche será solo nuestra. Sin juicios ni presiones. Solo tú y yo.

Bill asintió con la cabeza sintiendo algo en su interior que no había sentido nunca. La sensación de haber elegido por primera vez en su vida alfo que le hacía sentirse muy bien consigo mismo sin tener que pensar luego en las consecuencias.

Tom se puso en pie y le tendió una mano que Bill cogió con firmeza. Caminaron por el pasillo hasta la habitación de Melissa y una vez en ella sus labios se fundieron de nuevo en un beso mientras caminaban por la estancia desnudándose el uno al otro con caricias hambrientas hasta que solo quedaron piel con piel y el deseo flotando entre ellos.

No era solo pasión.

Era el encuentro de dos personas que después de todo lo que habían vivido elegían estar una al lado de la otra sin miedo alguno.

Siguieron caminando juntos hasta que llegaron a la cama. Entonces Tom apartó las sábanas con una mano y con un movimiento rápido giró llevando a Bill entre sus brazos haciéndole recostarse con delicadeza, como si ese gesto fuera una forma de protegerlo y de confirmarle que estaba a salvo entre sus brazos.

Se acomodó sobre él con suavidad y sin prisas, dejando que el silencio y el calor que sus cuerpos desprendía hablaran por ellos mientras sus labios se besaban una y otra vez como si no hubiera un mañana.

Hasta que sintieron que les faltaba el aliento, Tom separó los labios apartándose con suavidad y empezó a descender lentamente por su cuello lamiendo y besando cada centímetro de la piel de Bill que se encontraba a su paso. Le podía sentir retorcerse de placer bajo su cuerpo con cada caricia húmeda de su lengua sobre su suave piel con los labios entreabiertos dejando escapar gemidos que hablaban de entrega y deseo.

Sus manos no estaban tampoco quietas, recorrían su cuerpo con una mezcla de ternura y deseo deteniéndose en su cadera antes de deslizarse hacia abajo, donde se quedaron quietas como si el momento exigiera una pausa. Tom alzó la cabeza interrumpiendo sus caricias con delicadeza como si necesitara asegurarse de algo antes de poder seguir.

—Melissa tiene condones en el cajón de la mesilla —explicó en un susurro.

La habitación se mantuvo en silencio unos segundos, cargada de intimidad y respeto. No era solo una pausa física, sino emocional. Un momento para confirmar que ambos estaban en sintonía, que lo que compartían era elegido y no impulsado.

Bill negó suavemente con la cabeza con su mirada firme y serena. No quería que hubiera barreras entre ellos, ni dudas ni pausas que los alejaran. Tom entendió el gesto al instante y una sonrisa cálida se dibujó en su rostro.

Sin romper el silencio siguió con lo que estaba llevando una de sus manos hacia su entrada para acariciarla mientras que con la otra junto ambos sexos y empezó a acariciarlo con una mezcla de ternura y urgencia.

Bill se estremeció bajo su contacto entregado por completo, como si cada roce o caricia fuera una promesa de algo más profundo que el placer. La certeza de que estaban eligiéndose sin miedo y sin reservas.

No podía dejar de retorcerse en la cama bajo su cuerpo mientras alzaba las caderas contra su mano para que esas caricias no cesaran nunca.

Entonces Tom obtuvo lo que andaba buscando, pronto sintió como sus dedos quedaban húmedos de líquido preseminal de ambos y usándolos como lubricantes soltó sus miembros para llevar esas mano a la entrada de Bill introduciendo lentamente dos dedos dentro.

Quería ir preparándole poco a poco, tomarse el tiempo necesario para que nada de lo que le hiciera le incomodara y para que todo fuera suave, elegido y seguro. Podía ver con claridad la expresión de su rostro, como sus ojos brillaban sorprendidos por la intensidad de su gesto para luego relajarse bajo sus caricias confiando plenamente en él y permitiéndole continuar preparándole al tiempo que añadía un dedo más sin que sintiera molestia alguna.

Hasta que le sintió preparado del todo, entonces sustituyó los dedos por su miembro y entró en su cuerpo con toda la suavidad que pudo. Sentía las manos de Bill puestas sobre su pecho como frenándole primero para luego animarle a seguir entrando en su cuerpo hasta que se adaptó del todo y entonces pudieron empezar a disfrutar.

Tom empezó a embestirle una y otra vez cada vez con más rapidez sintiendo a Bill moverse al compás del ritmo que le marcaba, alzando las caderas contra su pelvis y acariciando su espalda con las manos mientras le aprisionaba entre sus muslos.

Sus labios se buscaron hambrientos y después de varias y profundas embestidas Tom se derramaba el primero dentro de su cuerpo haciendo que Bill le imitara a los pocos segundos.

Se miraron en silencio con los cuerpos aún entrelazados, mientras recuperaban poco a poco el aliento con profundos jadeos. Las sonrisas que se dibujaban en sus rostros crecían con cada segundo, como si en ese intercambio de miradas se dijeran todo lo que las palabras no alcanzaban.

Se amaban.

Y en ese instante supieron con certeza que nada ni nadie en el mundo podía quebrar lo que habían construido entre ellos.

Porque ya no era solo deseo o rebeldía.

Era elección.

Era verdad.

&

Ignorando deliberadamente a Simone, cuya expresión crispada revelaba que tomaba su indiferencia como una afrenta personal. Alexander cenaba en silencio como si lo que pasaba a su alrededor no fuera con él.

Sus padres y los de Bill mantenían una conversación en la mesa sobre temas triviales, evitando cuidadosamente cualquier mención a sus hijos. Cuando llegó la hora del café Jörg y Gordon se levantaron para tomarlo en el embarcadero acompañados de un puro y una copa de coñac. Querían aire fresco y hablar entre ellos de otros temas que no atañían a sus mujeres e hijos.

Fue entonces cuando Simone acompañada por Eleonore se volvió hacia Alexander quien aún seguía bajo el efecto de la droga consumida y el alcohol flotando en una calma artificial.

—¿Vas a quedarte ahí sentado mientras te arrebatan a mi hijo delante de tus narices? —estalló Simone harta de su pasividad.

—Bill ya ha decidido—murmuró Alexander mirándola con los ojos vidriosos y arrastrando las palabras—Nada de lo que yo diga o haga le va hacer a cambiar su decisión.

No estaba para reproches en eso momentos, lo único que deseaba era volver al baño con Gustav y hacer allí mismo lo que habían planeado dejar para el día siguiente. Y Simone y su madre solo le recordaban lo que había perdido.

—Eres un cobarde—soltó Simone con desprecio— ¿Y este es el chico del que mi hijo se había enamorado? Normal que te haya dejado, al igual que yo pensaría que eras todo un hombre y le has demostrado que no lo eres.

Eleonore a su lado asentía en silencio respaldando cada palabra.

—Si tuvieras carácter, lucharías por él —insistió Simone—No dejarías que un camarero cualquiera te lo arrebatase. Aún estás a tiempo, Alexander. ¡Reacciona!

Alexander se puso tenso sin poder evitarlo. La rabia, el dolor y la humillación se mezclaban en su interior.

—Ya es tarde —dijo con voz quebrada—Tom no es un capricho de Bill como crees Simone, ya se han acostado juntos y por lo visto ha sido cojonudo.

Simone se quedó sin palabras al escucharle. Por su cabeza flotaba la imagen de su hijo, tan joven y vulnerable, yaciendo en brazos de alguien que no se lo merecía. Alguien que saltaba a la vista era mayor que su hijo y más experimentado en ese tema.

Su mente empezó a construir una narrativa que justificara su indignación.

Tom rondaba los 20 años.

Bill apenas 17.

Y en su cabeza, eso solo podía significar una única cosa.

Habían abusado de su único hijo.

—Me voy a mear—murmuró Alexander dejando atrás toda la educación que sus padres le habían inculcado.

Se levantó y se alejó, dejando a Simone y a su madre procesando lo que acababan de escuchar.

—¿Lo has oído? —preguntó Simone, temblando.

Eleonore asintió, tomándole la mano con suavidad.

—Es normal que Bill experimente ya con el sexo, está en la edad—dijo en voz baja.

—Pero con alguien tan mayor, con un completo desconocido…con un simple camarero—murmuró Simone con rabia—Y si había habido sexo entre ellos desde luego no había sido consentido. Bill se ha dejado influenciar por alguien como Tom que se había aprovechado de su inocencia jugando con el interés que ha despertado en él.

Eleonore escuchaba a su amiga sin poder creer que lo que estuviera diciendo fuera cierto, se negaba a creer que alguien pudiera hacerle algo así a Bill a quien conocía desde que era un bebé.

—Tengo que denunciarle —dijo Simone con voz firme mientras cogía su móvil con decisión.

Eleonore se la quedó mirando con cautela sabiendo que cuando tomaba una decisión era imposible hacerla pensar de otra manera.

—¿Y si Alexander se lo ha inventado? —murmuró—Está dolido, Simone. Bill le ha dejado y puede que esté viendo cosas donde no las hay. Quizás se ha imaginado que se han acostado juntos, y no ha ocurrido así. No puedes denunciar a alguien sin pruebas claras. Y seamos sinceras… mi hijo no es precisamente una fuente fiable en este momento.

Simone se quedó en silencio unos segundos con el móvil aún en su mano pero sin usarlo. Su rostro mostraba una mezcla de rabia, miedo y orgullo herido. No quería dudar de Alexander pero tampoco podía ignorar la posibilidad de que todo fuera una exageración nacida del despecho.

—No puedo quedarme de brazos cruzados —susurró Simone, con la mirada clavada en Eleonore y una expresión que mezclaba dolor con determinación—Si lo que dijo Alexander es cierto y Tom se ha aprovechado de mi hijo, entonces debe pagar las consecuencias.

Eleonore se mantuvo firme, aunque su tono era más templado.

—Antes de hacer nada, debemos asegurarnos de que sea verdad —respondió con calma—Podemos hablar con Louise. Es su mejor amiga, y si algo así hubiera pasado Bill se lo habría contado de inmediato buscando consuelo. Y si no lo ha hecho, quizás es porque no ocurrió como Alexander lo imagina.

Simone respiró hondo, conteniendo la rabia que le hervía por dentro. Asintió lentamente, aceptando que precipitarse podría empeorar las cosas.

—Está bien —dijo al fin—Esperaré hasta mañana. Pero si se confirma, no pienso mirar hacia otro lado.

Eleonore le sostuvo la mirada, sabiendo que lo que estaba en juego no era solo la reputación de Tom, sino la verdad emocional de Bill. Y eso requería cuidado, no impulsos.

Dieron la cena por terminada y se reunieron con sus maridos que disfrutaban en la terraza del embarcadero de su segundo puro bajo el cielo nocturno. Simone con el rostro aún tenso por la información dada por Alexander alegó una repentina jaqueca y pidió retirarse a descansar. Gordon aceptó sin cuestionar y solo tuvieron que esperar a que Jörg llamara a Arthur para que los recogiera.

Durante el trayecto de regreso, Simone no pudo contenerse por más tiempo.

—No quiero que Bill vuelva a trabajar en el club —dijo sin mirar a su marido con voz cortante.

Jörg la observó de reojo, sorprendido por la firmeza de su declaración.

—¿Por qué?—quiso saber—Pensé que querías que se ganara la vida por sí mismo. Además, David me ha dicho que está haciendo un buen trabajo.

—Está rodeado de personas que no le convienen—replicó Simone—Prefiero que si lo que quiere es trabajar lo haga en tu despacho. Envíale tareas administrativas, lo que sea pero desde mañana no quiero que vuelva a poner un pie en ese lugar.

—Déjame hablar con él —murmuró Jörg intentando calmarla.

Al llegar a casa cada uno se retiró a su habitación sin más palabras.

A la mañana siguiente y como era habitual, Simone se levantó a las 7 en punto. Tras una ducha rápida se sentó ante el tocador y comenzó a arreglarse. Alice llamó suavemente a la puerta lista para recibir instrucciones y encargarse de la habitación mientras desayunaba.

—Adelante —dijo con tono serio.

Alice entró con agilidad y comenzó a cumplir sus tareas mientras Simone dictaba órdenes con precisión.

—Llama a la tintorería a primera hora, que vengan a recoger la ropa que ya está preparada. Diles que tengan especial cuidado con el vestido rojo de seda, y recuérdales que no toleraré que me lo devuelvan arrugado otra vez—dijo mientras se aplicaba crema en el rostro—Y hoy limpia los candelabros de plata de la biblioteca. Aunque no se use mucho, se nota que están sucios. Quiero que queden impecables.

—Sí, señora Kaulitz —respondió Alice comenzando a hacer la cama.

—¿Bill ya está desayunando? —preguntó Simone sin apartar la mirada del su reflejo en el espejo.

Sabía que debía estar en el club a las ocho, y quería que Jörg hablara con él antes de que saliera para informarle de cuál iba a ser su nuevo trabajo.

—No ha pasado la noche en casa —informó Alice con cautela.

Simone se volvió bruscamente fulminándola con la mirada.

—¿Cómo que no ha dormido en casa?—repitió con voz helada—¿Y has esperado hasta ahora para informarme?

—Pensé que usted lo sabía—se defendió Alice echándose a temblar—Que le había dado permiso para pasar la noche fuera tras la cena.

El ceño de Simone se frunció aún más. Sabía perfectamente dónde había pasado la noche su hijo y en compañía de quién.

— ¡Fuera!—echó con frialdad a Alice—Necesito hacer una llamada.

Alice salió de inmediato de la habitación y solo entonces Simone cogió el móvil con manos firmes marcando un número sin vacilar.

Ya había tomado la decisión sin necesidad de esperar más tiempo para poder confirmarla.

Alguien debía pagar por esa ofensa. Simone lo sentía como una humillación personal, una afrenta directa a su autoridad y al control que creía tener aún sobre su hijo.

Su rostro no mostraba dudas, solo determinación.

—Buenos días—dijo en cuanto respondieron al otro lado—Necesito hablar con alguien del departamento de menores. Es muy urgente.

Simone no pestañeaba mientras esperaba ser atendida por la persona adecuada. En su mente, no estaba actuando por despecho, sino por justicia.

Por proteger a su hijo.

Aunque él no lo hubiera pedido.

&

La luz suave del amanecer se filtraba por las cortinas del bungalow tiñendo la habitación de tonos cálidos. Bill y Tom se habían despertado apenas hacia unos minutos, el uno en los brazos del otro y así seguían bajo las sábanas compartiendo caricias lentas, sin prisa alguna como si el tiempo se hubiera detenido solo para ellos.

Bill tenía la cabeza apoyada en el pecho de Tom y sus dedos dibujaban círculos distraídos sobre su desnuda piel. No hablaban mucho, pero lo que decían lo hacían con el cuerpo, con sus miradas y gestos, y con silencios que sabían a paz.

—Me gustaría quedarme a vivir aquí contigo —confesó Bill en un suspiro con la mirada perdida en el techo—En una casita de madera, rodeados de árboles, despertando cada mañana con el canto de los pájaros en lugar de tener que escuchar las frases hirientes de mi madre desde bien temprano.

—Fijo que tu habitación es igual de grande que todo este bungalow —comentó Tom con una sonrisa perezosa, acariciando el pelo de Bill.

Bill soltó una risa suave acomodándose contra su cuerpo y cerrando los ojos.

—Lo es —admitió—Pero también muy fría y nada confortable. Todo está perfectamente colocado en su sitio, todo es perfecto… pero no hay nada que me haga sentir que es mío. Ni siquiera la cama.

Tom lo miró en silencio, con esa expresión que mezcla ternura y comprensión.

—¿Y si tuvieras un lugar como este? —preguntó en voz baja—Un sitio pequeño, pero tuyo. Nuestro. Donde nadie te diga cómo debes vivir.

Bill abrió los ojos lentamente como si esa idea le hubiera despertado más que la luz del día.

—No paro de imaginármelo todo el tiempo —confesó en voz baja—Vivir en un bungalow como este contigo. Cocinar juntos, leer en el sofá y dormir sin miedo a que alguien nos quiera separar. No tener que justificarme nunca más, solo vivir.

Tom se inclinó y le besó la frente.

—Entonces empecemos a imaginarlo en serio—murmuró Tom inclinándose sobre él para besarle en la frente—No como un escape, sino como un plan. Nuestro futuro.

Bill sonrió, y por primera vez en mucho tiempo, esa sonrisa no tenía rastro de miedo.

Se acomodaron mejor entre las sábanas, envueltos en la calidez que sus cuerpos emanaban. Tom no tenía que entrar a trabajar hasta las doce, y Bill debido a que su trabajo consistía en tareas administrativas tenía libre los fines de semana. y en ese momento sus únicos planes consistían en acurrucarse el uno contra el otro, cerrar los ojos y dejarse llevar por el sueño.

Pero unos golpes secos y contundentes rompieron la calma obligándolos a incorporarse de inmediato. Se miraron a los ojos con el miedo brillando en ellos, los golpes venían del bungalow de al lado y pudieron oír claramente cómo Andreas abría la puerta con voz temblorosa.

—¿Ha ocurrido algo, agentes? —preguntó al ver los dos coches patrulla frente a la puerta.

—¿Vive aquí Tom Trümper? —inquirió uno de los agentes.

—Sí, pero ahora mismo no está —respondió Andreas nervioso.

—Si sabes dónde está debes decirlo—exigió el agente—No te veas envuelto en sus problemas.

Andreas dudó unos segundos pero finalmente cedió sabiendo que era imposible tratar de engañarles.

—Está en el bungalow de enfrente —murmuró con desgana.

Tom y Bill habían escuchado cada palabra. Sabían que la siguiente puerta en recibir golpes sería la suya y salieron de la cama apresuradamente comenzando a vestirse.

—¿Qué hacemos, Tom? —preguntó Bill con los ojos llenos de lágrimas.

—No podemos hacer nada —respondió Tom con voz tensa—No sé por qué vienen, pero te juro que soy inocente. ¿Me crees?

Bill asintió sin dudar, justo cuando los golpes llegaron a su puerta.

—Siempre voy a creer en tu inocencia —dijo con firmeza antes de besarle en los labios.

Tom le sostuvo la mirada agradecido y se dirigió a abrir la puerta, preparado para lo que viniera.

—¿Tom Trümper? —preguntó el agente viéndole asentir con la cabeza—Queda arrestado por presunta violación a un menor. Tiene derecho a permanecer en silencio…

Mientras le leía sus derechos, otro agente de policía le hizo girar con brusquedad contra la pared para ponerle las esposas. Bill lo observaba todo inmóvil donde estaba con la mirada vidriosa, incapaz de comprender lo que estaba ocurriendo.

—¿Eres Bill Kaulitz? —le preguntó otro agente.

Bill asintió en silencio sin poder hablar en esos momentos.

—Debes acompañarnos, tu madre está muy preocupada por ti—le explicó.

—¿Esto lo ha hecho mi madre? —preguntó Bill sintiendo cómo la rabia le subía por la garganta.

—Vamos, tenemos que llevarte a casa de inmediato —dijo el agente tomándolo del brazo.

Lo sacaron del bungalow casi a rastras mientras que Tom era introducido en uno de los coches patrulla. Andreas y Melissa observaban desde la distancia sin saber cómo reaccionar.

—¡Es una equivocación! —gritaba Bill entre lágrimas—Tom no me ha obligado a nada…no me ha hecho nada que yo no quisiera…

—Eso ya se lo contarás al juez—murmuró el agente—Por ahora y al ser menor de edad debemos llevarte a casa.

—¡Tom! —llamó Bill desesperado—¡Lo siento mucho!

Pero Tom no le pudo contestar, estaba ya dentro del coche patrulla con las manos esposadas a la espalda y la mirada fija en Bill a través del cristal. El motor rugió suavemente y el vehículo arrancó alejándose poco a poco mientras la figura de Bill se hacía más pequeña en el retrovisor.

Bill permaneció de pie inmóvil con los labios entreabiertos y el corazón golpeándole con fuerza en el pecho. Quería correr tras él, gritar desesperado y poder detenerlo todo.

Pero no podía moverse de donde estaba ni hacer nada.

Solo podía mirar cómo se lo llevaban, como si ese instante marcara una línea invisible entre el antes y el después.

Y en ese silencio roto por el llanto, Bill supo que ya nada volvería a ser igual.

&

El coche patrulla se detuvo frente a la casa de Bill, quien bajó de el con los ojos aún húmedos, el corazón encogido y la rabia palpitando bajo la piel. El agente lo acompañó hasta la puerta principal llamando con firmeza sin soltarle del brazo como si temiera que pudiera salir huyendo en cualquier momento.

Arthur abrió la puerta tras unos minutos y se quedó paralizado al ver al agente de policía sujetando a Bill de ese modo. La sorpresa se reflejó en su rostro, aunque intentó mantener la compostura.

—Necesito hablar con Jörg Kaulitz —dijo el agente con tono firme.

—Por supuesto, pasen —respondió Arthur apartándose para dejarles entrar.

No fue necesario ir a buscar a Jörg. Apenas unos segundos después apareció en el vestíbulo impecablemente vestido con su maletín en la mano preparado para salir a trabajar como hacía todas las mañanas. Su expresión era serena, completamente ajena al torbellino que su esposa había desatado.

En cuanto vio a Bill sujetado por el agente, su expresión cambió de inmediato. Sus facciones se endurecieron dejando atrás cualquier rastro de calma.

—¿Qué está ocurriendo? —preguntó con voz firme avanzando hacia ellos.

—Tenemos órdenes de traer a su hijo de vuelta a casa —informó el agente soltando finalmente el brazo de Bill.

—¿Ordenes de quién? —insistió Jörg sin ocultar su desconcierto.

—De su esposa —explicó el agente—Llamó esta mañana para denunciar la desaparición de su hijo. Tenía sospechas de que había pasado la noche fuera, acompañado por un adulto que, según ella, podría estar abusando de él.

—¡Tom es inocente! —gritó Bill sin poder contenerse.

Jörg se quedó en silencio por un instante, procesando lo que acababa de escuchar. Poco a poco, la realidad se fue abriendo paso. Su mujer había actuado por su cuenta como solía hacer sin haberlo consultado con él antes y sin pensar en las consecuencias. Como tantas veces antes había tomado su propia decisión convencida de que su versión era la única válida.

Y en esos momentos por culpa de esa impulsividad, Tom estaba detenido y su hijo destrozado.

—¿Dónde han llevado al detenido? —preguntó con el rostro tenso y la voz firme, como si cada palabra pesara más de lo habitual.

—A la comisaría central —respondió el agente—Será interrogado y permanecerá bajo custodia hasta que se determine si procede su traslado ante el juez.

Jörg asintió lentamente procesando la información. No dijo nada más, pero su mandíbula se tensó. Bill, a su lado, lo observaba con mezcla de esperanza y miedo. Sabía que si alguien podía poner orden en medio de aquel caos, era su padre.

—Gracias por todo, agente —dijo Jörg con tono cortés despidiéndole.

El agente asintió con la cabeza y salió de la casa sin añadir nada más.

Bill se volvió hacia su padre, con los ojos empañados y la voz quebrada.

—Tienes que ayudarle… Tom no me ha hecho nada que yo no quisiera —suplicó sintiendo que estaba a punto de romperse.

Pero antes de que Jörg pudiera responder, la voz helada de Simone resonó en el vestíbulo.

—Ese camarero va a obtener lo que se merece por lo que te ha hecho.

Bill dio un respingo al escucharla, como si sus palabras fueran un golpe físico.

—¿Cómo has podido hacer algo así sin consultarme primero? —exigió saber Jörg avanzando hacia ella con el rostro endurecido.

—¿Querías que me quedara de brazos cruzados sabiendo que estaban abusando de nuestro hijo? —murmuró Simone sin apartar la mirada.

—Has actuado sin pensar en las consecuencias que puede traer una acusación falsa —replicó Jörg con la voz cargada de indignación.

Simone se volvió hacia Bill con los ojos encendidos.

—¿Acaso no es verdad que habéis pasado la noche juntos? —preguntó con dureza—Y por lo que tengo entendido, no ha sido la primera vez. ¿Cómo has podido entregar tu virtud a alguien como él?

Bill la miró con incredulidad sintiendo cómo la rabia le subía por la garganta.

—¿Es mi virginidad lo único que te importa? —respondió con voz firme—Pues para tu información, fue Alexander quien se la llevó meses atrás.

El silencio que siguió fue absoluto. Simone se quedó sin palabras, y Jörg cerró los ojos un instante, como si necesitara recomponerse.

—Parece que se le olvidó mencionarte ese detalle cuando te habló de lo que había entre Tom y yo, ¿verdad? —continuó Bill, con la voz cargada de dolor—Porque Alexander es la única persona que lo sabe y también la única que lo usaría para destrozarme.

Simone permanecía en silencio, mirándole con su habitual frialdad pero eso a Bill ya no le afectaba, y en vez de guardar silencio como su madre pretendía lo único que hizo fue encenderle más de lo que ya lo estaba soltando por fin todo eso que llevaba tiempo guardándose bien adentro.

—Llevo meses acostándome con él —dijo con firmeza—Pensando que era lo que debía hacer alguien de mi edad que creía estar enamorado de una buena persona. Pero Alexander me ha demostrado que no lo es. Es manipulador, celoso y vengativo. ¿Y tú aún quieres que vuelva con él? ¿Después de todo lo que ha hecho?

Su mirada se clavó en la de su madre sin miedo alguno.

—Con eso solo me demuestras que no te importo en absoluto—susurró sin apartar de ella la mirada—Que prefieres mantener las apariencias antes que escucharme. Antes que protegerme de verdad.

Simone permanecía en silencio mirando fijamente a su hijo, como si por primera vez sus palabras le hicieran dudar de su propia versión de los hechos. No estaba acostumbrada a que le hablara en ese tono y le dijera las verdades a la cara.

Por su parte, Jörg había permanecido en silencio observando a su hijo con una mezcla de asombro y respeto. Le sorprendía la forma en que por fin se había alzado con voz propia, enfrentándose a su madre sin titubeos y dejando salir todo aquello que había guardado durante tanto tiempo. Era como si de pronto algo dentro de él hubiera despertado, y Jörg no podía evitar sentirse orgulloso de esa valentía.

—Voy a ir a la comisaría de inmediato —intervino con tono firme sin dejar lugar a réplica—Hablaré con quien sea necesario para que Tom sea puesto en libertad.

—Voy contigo —dijo Bill sin dudarlo un segundo dando un paso al frente.

—Estás muy alterado, lo que necesitas es tomarte tu medicación y descansar… —empezó a decir Simone, con esa voz que disfrazaba control de preocupación.

—Lo que necesito es alejarme de ti cuanto antes—interrumpió Bill, con la voz quebrada por la rabia.

Simone se quedó helada al escucharle, pero Bill no se detuvo.

—Si de verdad me quieres y te preocupas por mí, entonces deja de interferir en mi vida, en mis amigos y en mi pareja—dijo con firmeza mirando fijamente a su madre—Porque Tom es mi novio te guste o no. Y si no puedes aceptarlo a él, entonces a mi tampoco.

El silencio que siguió fue denso, como si las paredes mismas contuvieran la respiración. Jörg miró a su hijo con una mezcla de orgullo y tristeza, sabiendo que esas palabras no solo eran una declaración.

Eran una ruptura.

Continúa… 

Gracias por la visita. Si te ha gustado, comenta 😉

por lyra

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!