Incomplete 69

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 69

La hora de la comida en el club estaba llegando a su fin. Solo quedaban algunos clientes rezagados que prolongaban la sobremesa entre cafés y charlas tranquilas. Mientras tanto, los camareros aprovechaban para recoger las mesas, prepararlas para la cena y disfrutar de su merecida media hora de descanso para comer.

En la cocina Andreas y Anouk compartían ese momento saboreando su comida mientras comentaban las últimas novedades sobre Tom cuando Melissa se les unió y tomó asiento suspirando a su lado.

—A ver si lo he entendido bien —murmuró Anouk limpiándose los labios con la servilleta— ¿Tom es menor de edad y el padre de Bill lo ha acogido en su casa?

Andreas asintió con una sonrisa amplia, visiblemente feliz por la libertad de su amigo.

—¿Y qué ha dicho la madre? —preguntó Anouk arqueando una ceja.

—Seguro que está echando humo por tener que ver a Tom bajo su mismo techo —respondió Andreas con tono irónico—Se lo tiene bien merecido, por bruja.

—Bill no tiene la culpa de tener una madre así —intervino Melissa con firmeza.

—Claro que no —concedió Andreas—A él no le estoy culpando de nada, pero reconozco que me alegra imaginar a su madre perdiendo el control por la situación.

—No sé si Tom se sentirá cómodo en esa casa —reflexionó Anouk—Sabiendo que ella lo quiere bien lejos de su hijo es capaz de acusarlo de cualquier cosa que se le ocurra como de robarles.

—No lo creo —dijo con firmeza Andreas—El padre de Bill ha tomado cartas en el asunto. Seguro que ha hablado con ella y le ha dejado las cosas claras.

—Tengo unas ganas enormes de ver a Tom y darle un abrazo —suspiró Melissa.

—Me dijo que esta tarde pasaría por el bungalow a recoger sus cosas —explicó Andreas—Podríamos organizarle una pequeña fiesta para celebrar su puesta en libertad.

La idea les pareció perfecta. Tras consultarlo con Rose, ella se ofreció encantada a preparar una merienda especial para darle la bienvenida.

—¿Creéis que tardará en volver al trabajo? —preguntó Melissa de repente.

—Quizá David quiera esperar a que se calmen las aguas —opinó Andreas—Todo el club habla de su detención. Hemos intentado ser discretos, pero seguro que los padres de los chicos ya se han enterado y les han informado, y basta con que uno de ellos corra la voz para que los rumores vuelen por todo el club.

—O ha sido Alexander —añadió Anouk con desdén—Me lo crucé esta mañana y el muy idiota se me insinuó, diciendo que como ya es un hombre libre podíamos pasar un buen rato cuando quisiera.

—Le habrás mandado a la mierda, ¿no? —saltó Melissa indignada.

—Por supuesto —afirmó Anouk con firmeza—A él y a Gustav, después de decirle que soy lesbiana. Aunque no le he contado que tengo una novia preciosa y que él jamás estarán a su altura.

Melissa sonrió al escucharla y dejó que le tomara la mano y la llevase a sus labios en un gesto suave lleno de cariño. Era la primera muestra pública de afecto entre ellas, en la intimidad de la cocina del club y ante Andreas, que las observaba con una sonrisa cómplice.

—¿Queréis que os deje a solas? —bromeó Andreas.

—Eres un envidioso —respondió Melissa divertida.

—Como si tú y mi hermano os estuvierais reservando—añadió Anouk con picardía—Te recuerdo que el otro día en el lago os vimos desde la orilla. Estuvisteis más de media hora abrazados y quién sabe qué más estabais haciendo. Salisteis con una expresión de lo más relajada y una sonrisa boba en los labios.

—¿Ahora es a ti a quien le da envidia? —replicó Andreas entre risas.

La alegría era palpable.

Andreas estaba con Víctor, Melissa con Anouk, y Tom por fin había logrado estar con Bill.

Todo parecía encajar perfectamente, como si nada pudiera romper esa burbuja de felicidad en la que se encontraban.

&

Recostado en una de las tumbonas junto a la piscina Tom descansaba con los ojos cerrados dejando que el sol acariciara su rostro. Se sentía bien, realmente bien. La comida había sido excelente, y por primera vez en días podía permitirse el lujo de no pensar en nada, de tener una tarde libre sin obligaciones ni presiones.

Aunque sabía que no duraría mucho. Su intención era retomar su vida cuanto antes, como si nada hubiera pasado.

Quería volver al club, si David y el padre de Bill se lo permitían. Le gustaba ese trabajo a pesar de que a veces lo dejaba agotado. Pero estaba acostumbrado a ese ritmo y mantenerse ocupado le ayudaba a no darle más vueltas a eso que tanto le atormentaba.

Su hermano gemelo.

Jörg le había prometido ayudarle en la búsqueda, y confiaba en que sus contactos le darían más resultados que los escasos intentos que él había hecho por su cuenta. Aun así, Tom quería estar al tanto de todo. No deseaba que lo mantuvieran al margen ni que le ocultaran información. En el fondo mucho se temía que no terminaba de confiar en él y sabía que debía mantenerse alerta por si acaso.

—¿Por qué frunces el ceño?

La voz de Bill lo sacó de sus pensamientos. Tom abrió los ojos, sorprendido de que su rostro lo hubiera delatado.

—¿Hay algo que te preocupa? —insistió Bill, incorporándose ligeramente en su tumbona.

Tom lo imitó, sentándose y esbozando una sonrisa amplia intentando restarle importancia.

—Solo pensaba —respondió carraspeando—En lo bien que me siento aquí contigo, sin preocupaciones. Pero esta tarde cuando vayamos al bungalow a por mis cosas quiero hablar con David. Me gustaría volver al trabajo cuanto antes… si es que aún lo conservo.

—Claro que sí, pero tómate tu tiempo —pidió Bill con suavidad—Has pasado por algo muy duro, es normal que necesites espacio para recuperarte.

—No llevo ni una semana en el club y ya he faltado la mitad—resopló Tom—El primer día me despidieron y luego me readmitieron. El segundo, Alexander quiso jugar a los camareros y me sustituyó, al otro tuvo el accidente y me quedé en shock. Y ahora esto…

Bill lo escuchaba en silencio. En cualquier otro sitio Tom ya estaría despedido. Pero David no era como otros jefes. Era comprensivo, sabía cuándo ofrecer una segunda oportunidad y cuándo ser paciente con las circunstancias personales de sus empleados.

Lo sabía por los rumores que circulaban. Como el caso de aquella camarera que se había quedado embarazada y David la apoyó en todo lo que pudo. Aunque al final ella decidió no regresar porque el club le traía recuerdos difíciles.

Fue entonces cuando Anouk volvió a trabajar allí, ocupando el puesto que había quedado libre. Y en esos momentos era ella quien estaba cubriendo el turno de Tom hasta que él se sintiera listo para regresar.

—Ahora eres tú quien frunce el ceño —señaló Tom con una sonrisa.

Bill sacudió la cabeza, devolviéndole la sonrisa.

—Solo pensaba en lo mucho que ha cambiado todo en tan poco tiempo —dijo suspirando.

Tom le dio la razón, él también había tenido grandes cambios en su vida. Había dejado a Alexander y en esos momentos le tenía a él a su lado.

—¿Te apetece darte un baño? —sugirió Bill con una sonrisa relajada.

Tom asintió al momento. Le encantaba la idea de tener una tarde libre sin obligaciones ni prisas, con total libertad para hacer lo que quisiera.

—Hay bañadores limpios en la caseta de la piscina —añadió Bill señalando una pequeña construcción de madera junto al borde.

Se levantó y Tom lo siguió. La caseta era similar a los vestidores del lago y ofrecía un espacio discreto para poder cambiarse. Bill entró primero y al cabo de unos minutos salió con un bañador azul hasta media pierna decorado con flores blancas.

—Te he dejado uno preparado —le explicó—Puede que no sea tu estilo, pero es lo que hay.

—Estará bien —respondió Tom quitándole importancia.

Entró en la caseta y encontró el bañador que Bill había elegido para él notando que era el mismo diseño que el suyo pero en rojo. Se lo puso rápidamente pensando que si fuera por él no le importaría bañarse en ropa interior o incluso sin ella. Pero sabía que mientras viviera en esa casa debía respetar ciertas normas, y nadar desnudo en la piscina estaría totalmente prohibido.

Al salir vio que Bill ya estaba en la piscina nadando tranquilamente. Se lanzó de cabeza con precisión sumergiéndose en el agua siendo observado por Bill cuya expresión no podía ocultar lo mucho que había disfrutado viéndole saltar.

Tom buceó hasta llegar a su lado y siguiendo un impulso lo tomó por la cintura y lo arrastró suavemente hacia el fondo. Allí rodados por el silencio líquido sus labios se encontraron en un beso profundo cargado de todo lo que llevaban tiempo conteniendo.

Porque en la ducha no lo habían dado todo y lo estaban deseando. Salieron a la superficie sin romper el contacto, deslizándose juntos por el agua hasta llegar al borde. Tom dejó a Bill apoyado de espaldas contra la pared de la piscina mientras sus labios permanecían unidos y sus cuerpos se buscaban con naturalidad tras dejar a un lado toda esa tensión contenida después de tanto tiempo. El agua los envolvía como un velo cálido, amortiguando el mundo exterior, dejando solo el sonido de sus respiraciones entrecortadas y el roce de sus cuerpos.

Sintiendo como Tom entraba con fiereza en su boca Bill se dejó llevar y separando las piernas le rodeó con ellas dejando que sus sexos conectaran a través de la tela que les separaba empezando a frotarse con insistencia contra él moviendo desesperado sus caderas.

Tom sonrió contra sus labios y llevando una mano abajo la deslizó por dentro del bañador de Bill. Le sintió ponerse tenso bajo su contacto pero gracias a la habilidad de sus dedos logró que se relajara y siguió con lo que estaba acariciándole de arriba abajo mientras sus labios se fusionaban en un beso apasionado.

Bill empezaba a sentirse mareado no solo por la falta de aire sino por la intensidad de lo que estaba viviendo. Sin poder evitarlo, su mente volvió a aquella última vez que estuvo en la piscina con Alexander cuando quiso entregarse del mismo modo que lo estaba haciendo con Tom. Pero él se negó con todas su fuerzas dominado por el miedo a que su madre los descubriera.

Y en esos momentos todo eso quedaba atrás. Después de todo lo que había ocurrido la opinión de su madre había dejado de importarle y solo quería dejarse llevar rendido al momento y disfrutar junto a esa persona que le estaba haciendo tocar el cielo con cada caricia que le daba.

Hasta que no pudo resistirse más y sin dejar de a mover las caderas contra la mano de Tom cerró los ojos y separó los labios dejando escapar un profundo gemido al tiempo que se derramaba con fuerza entre sus dedos.

Tom sonrió al sentirle estremecerse envuelto en una oleada de puro placer, logrando eso que pretendía.

Que Bill disfrutara del sexo por una vez en su vida.

Que se permitiera disfrutar plenamente y sin reservas.

Porque sospechaba que estando con Alexander nunca había experimentado algo así, nunca se había sentido verdaderamente libre para poder entregarse al momento sin pensar en nada más que en todo lo que él estaba sintiendo.

Al igual que él, que se dejó llevar por sus sentimientos derramándose sin poder contenerse con solo ver la expresión de relajada felicidad que lucía Bill en su cara y sentir esa calidez resbalar por sus temblorosos dedos.

Segundos después cuando sus respiraciones se normalizaron Bill abrió los ojos y sus miradas conectaron. Tom se apartó apenas unos centímetros, lo justo para mirarle fijamente a los ojos viendo que en ellos no había duda ninguna, solo deseo y una confianza que no necesitaba palabras.

—¿Estás bien? —susurró Tom con voz baja entre jadeos.

Bill asintió sin dejar de mirarlo.

—Estoy mejor que nunca —respondió, y su sonrisa fue la confirmación de que, por fin, se permitía sentir sin miedo.

Permanecieron así unos segundos más apoyados en el borde de la piscina con el sol reflejándose en el agua y sus manos entrelazadas bajo la superficie. Por primera vez podían disfrutar del momento sin necesidad de pensar en esconderse o en lo que dirían los demás.

Tom acarició suavemente el rostro de Bill y luego lo atrajo de nuevo hacia él, esa vez con más calma. El beso que siguió fue distinto a los que se habían dado, nada impulsivo ni urgente, sino profundo y lleno de significado.

Y mientras la tarde avanzaba, el mundo parecía haberse detenido solo para ellos.

&

Simone Kaulitz permanecía de pie frente a la ventana de su habitación, incapaz de apartar la mirada de lo que ocurría en el jardín. No se había asomado con intención de espiar, simplemente necesitaba caminar para liberar la rabia que le quemaba el pecho por dentro como un fuego contenido.

Estaba muy furiosa con su marido. Todo lo que había hecho, había sido a su espalda rompiendo el acuerdo que habían establecido. Habían acordado que cuando llegara el momento de dar su matrimonio por finalizado hablarían y lo decidirían todo juntos.

Pero Jörg la había traicionado de la peor manera, trayendo a su propia casa a esa persona que a sus ojos era una mala influencia para su hijo.

No había más que verlo en esos momentos, allí en la piscina acercándose todo lo que podía a su hijo besándolo y tocándolo. Y Bill se dejaba hacer sin hacer nada por impedirlo.

No hacía falta imaginar nada, sus cuerpos hablaban solos moviéndose muy juntos.

Demasiado cerca para su gusto.

Demasiado íntimos.

Simone jamás pensó que llegaría a presenciar algo así. Siempre que veía a Bill con Alexander evitaba mirar demasiado. Pero en más de una ocasión había sido testigo de algún beso fugaz que le revolvía el estómago.

Pero esa vez era distinto, era peor.

Bill se dejaba tocar por un completo desconocido que había tenido la desgracia de cruzarse en su camino.

El sonido del móvil la sacó de sus pensamientos. Lo mantenía apretado con fuerza en su mano derecha y lo alzó frunciendo el ceño al mirar la pantalla, pero su expresión cambió al momento al ver quien la llamaba.

—Eleonore, cariño —se apresuró a contestar— ¿Cómo estás?

—Lo estoy pasando muy mal, Simone —respondió Eleonore al otro lado—Alexander se fue esta mañana de casa muy enfadado. No quiere entender que todo lo que hacemos su padre y yo es por su bien, incluso nos ha vuelto a acusar de habernos arrepentido de su adopción.

—¿Y no es así?—preguntó con frialdad Simone.

Eleonore se quedó en silencio al escucharla. ¿Cómo podía su amiga decirle algo así?

—No te entiendo —murmuró desconcertada.

—Voy a serte sincera, querida —dijo Simone con tono firme—Nunca debimos adoptar a esos niños. Mira cómo han salido. Alexander, un promiscuo que ha caído en las drogas. Y Bill completamente manipulado por él y convertido en el fiel reflejo de su padre.

Eleonore escuchaba sin dar crédito. Era la primera vez que Simone reconocía en voz alta el secreto que solo ella y su marido conocían: que Jörg era gay, y que su matrimonio no era más que una fachada.

—No puedo creer lo que estás diciendo —murmuró con voz temblorosa— ¿De verdad piensas que nunca debiste adoptar a Bill?

—No es cuestión de arrepentimiento —respondió Simone con frialdad—Es cuestión de reconocer que nos equivocamos. No eran lo que esperábamos y ahora lo estamos pagando.

—Son nuestros hijos, Simone —replicó Eleonore con un tono más firme—No se trata de que salieran como queríamos, se trata de quererlos como son aunque se equivoquen y nos duela.

Simone no respondió de inmediato. Al otro lado, Eleonore respiró hondo, intentando contener la mezcla de tristeza y rabia que le subía por el pecho.

—Y lo de Jörg… —añadió en voz baja—No sé por qué piensas que tiene la culpa de que Bill haya salido así. Nadie tiene la culpa de nada, tanto Bill como Alexander solo han querido mostrarse al mundo tal y como son sin necesidad de tener de esconderse.

—Solo quiero que entiendas por qué estoy tan cansada —dijo Simone con un suspiro negándose a seguir escuchándola—No puedo seguir fingiendo que todo está bien cuando no lo está.

—Deberías hablar con Bill—respondió Eleonore con suavidad—Pero no lo juzgues como si fuera un error, porque no lo es.

—Yo nunca quise adoptarlo, ni a él ni a nadie—confesó Simone a su amiga con voz firme—Fue Jörg quien insistió convencido de que criar al hijo de otra mujer me ayudaría a sanar después de saber que no podía tener hijos. Como si esa noticia me hubiera destrozado, cuando la realidad era todo lo contrario. No tengo instinto maternal, Eleonore. Nunca lo he tenido y tengo que aceptar que no he sabido educar a Bill y asi ha salido.

Eleonore se quedó en silencio, procesando cada palabra. Le dolía escuchar a su amiga hablar así de alguien que, aunque no fuera su hijo biológico, había crecido bajo su techo buscando afecto, dirección y un lugar seguro.

—Simone—dijo al fin, con tono pausado—. Bill no ha salido «así» por falta de educación. Ha salido como cualquier joven que está intentando entender quién es en medio de todo lo que le rodea. Y si tú no has sabido acompañarlo, eso no lo convierte en un error. Solo en alguien que necesita más apoyo.

Simone apretó los labios, sin responder. Por primera vez, parecía más cansada que enfadada.

—Tal vez no tengas instinto maternal —continuó Eleonore—Pero eso no significa que no puedas aprender a estar ahí. A veces, solo hace falta escuchar y dejar de juzgar.

Simone se quedó en silencio unos segundos, como si estuviera ordenando cada uno de sus pensamientos.

—Tal vez… tal vez deberíamos haber intercambiado los hijos desde el principio—murmuró con voz serena.

—¿Qué estás diciendo?—preguntó Eleonore sin entender.

—Alexander siempre necesitó mano dura, alguien que no se dejara manipular con tanta facilidad y desde luego yo no me dejo—explicó Simone—En cambio tú siempre has tenido un cariño especial por Bill, lo veo cada vez que hablas y le nombras. Ese afecto que tú sientes por él es justo lo que yo jamás he sido capaz de sentir.

Eleonore se quedó sin palabras. No sabía si lo que acababa de escuchar era una confesión honesta o una forma cruel de rendirse. Pero lo que sí sabía era que por primera vez Simone había admitido algo que llevaba años negando, que nunca había logrado conectar con Bill y que en el fondo nunca quiso hacerlo.

—No sé qué decirte—susurró Eleonore.

—No hace falta que digas nada —respondió Simone con un tono seco—Solo necesitaba decirlo en voz alta.

Dio por terminada la llamada sin despedirse siquiera de su amiga ya en esos momentos no la veía a Eleonore de esa forma.

La conversación que habían mantenido había dejando a ambas mujeres con un peso distinto sobre los hombros.

Una con la culpa de haber callado demasiado tiempo.

La otra con el dolor de haber escuchado algo que nunca quiso oír.

&

Mientras tanto, en el baño del club, Alexander esperaba con impaciencia la llegada de Gustav. No tardó ni un minuto en aparecer y apenas cruzó la puerta le tendió una mano temblorosa.

—Necesito otra raya —suplicó en voz baja.

—Ya has tenido suficiente por hoy —respondió Gustav negándose con firmeza.

—No eres mi padre, y no tienes ni puta idea de lo mal que lo estoy pasando —estalló Alexander con los ojos encendidos—Me cuesta mantener esta fachada de que todo me la suda, pero por dentro estoy hecho polvo. Solo necesito algo que me levante el ánimo y me de las fuerzas necesarias para no venirme abajo delante de todos quedando como un patético desgraciado.

Se quedó si aire tras soltar todo lo que llevaba dentro, mirando fijamente a Gustav con una suplicante mirada de que ya no podía soportarlo más y era la única persona que le entendía y le podía ayudar.

Pero Gustav no se dejó convencer por esa mirada, sabía que lo estaba pasando fatal pero recurrir a la cocaína no era la solución. Tenía que enfrentarse a sus problemas de otra manera y él estaría a su lado sin dudarlo.

—Casi no me queda—insistió manteniéndose firme—Si quieres más, cómprala tú

—Sabes que no puedo meter nada de drogas en casa, mi madre me registra la habitación cuando le da la gana y me han bloqueado las tarjetas —dijo Alexander desesperado—No puedo pagar nada.

—Pues entonces no te vas a meter nada —zanjó Gustav sin ceder en su decisión.

Alexander lo miró fijamente, con la respiración agitada y los ojos llenos de rabia contenida.

—¿Es así como te gusta verme? —soltó Alexander con la voz quebrada— ¿Derrotado y al borde del colapso?

Gustav lo miró con seriedad, sin apartar la vista de sus ojos agitados.

—No, claro que no —respondió con firmeza—Pero lo que necesitas no es otra raya, necesitas ayuda de verdad. Yo no puedo seguir tu ritmo, Alexander. Y si acabo cediendo, lo único que conseguiré es hacerte caer más bajo.

Alexander apretó los labios, como si quisiera responder pero no encontrara las palabras.

—Déjame ayudarte —casi suplicó Gustav—Te llevaré a casa y hablaremos con tus padres. Ellos pueden buscarte la mejor clínica donde puedas desintoxicarte y recuperar el equilibrio en tu vida. Ya verás, con el tiempo volverás a ser el de antes.

Alexander soltó una risa amarga.

—¿El de antes? —repitió con sarcasmo—Ese Alexander ya no existe. Bill me ha dejado, y no hay forma de recuperarlo. Y todo por tu culpa. Por meterte en medio de nuestra relación, por no parar de insistir hasta que acabamos follando juntos.

—Eso no es justo —respondió Gustav dolido—Fue una decisión de los dos. No puedes cargarme con toda la culpa de lo que estás viviendo.

—Eres un cobarde, Gustav —espetó Alexander, con los ojos encendidos—Nunca vas a tener los cojones de contarle la verdad a Natalie. Prefieres mantener esa imagen de chico perfecto, cuando en realidad no eres más que una decepción para todos.

Gustav se quedó en silencio, sin hallar las palabras necesarias para poder contestarle. El golpe había sido directo, y no sabía cómo responder.

—Quédate con tu maldita droga —añadió Alexander con voz cortante—Y no vuelvas a dirigirme la palabra nunca más, lo nuestro se ha terminado para siempre.

Salió del baño sin mirar atrás, sintiendo que el aire le faltaba. Caminó por el club como si estuviera a punto de derrumbarse hasta que vio a Natalie sentada sola en la barra. Se acercó sin saber muy bien por qué lo hacía ni qué le iba a decir.

—Vaya cara, Alexander. ¿Estás bien? —preguntó Natalie dejando a un lado su habitual tono irónico.

Alexander negó con la cabeza sin poder decir aún nada.

—Vamos a dar un paseo, te vendrá bien despejarte —sugirió Natalie.

Alexander se dejó llevar sin poner resistencia. Salieron del club y caminaron por el embarcadero, bordeando el lago hasta llegar a una zona más tranquila donde la orilla estaba desierta. Se sentaron en la arena quedándose en silencio mientras contemplaban el lago y el club a lo lejos, ajeno al profundo dolor que Alexander estaba sintiendo en esos momentos.

—Mira, Alexander —dijo Natalie de pronto—Tú y yo nunca hemos sido amigos, y en el fondo debería alegrarme por lo que te ha hecho Bill. Pero no puedo porque sé lo que duele. Yo he pasado por eso y no se lo deseo a nadie. Tienes que ser fuerte, tienes que encontrar la forma de seguir adelante… y dejarle marchar. Debes olvidar a Bill aunque te cueste.

Alexander la escuchaba mirándola sorprendido. Por primera vez sus palabras no sonaban cargadas de sarcasmo sino de una sinceridad inesperada. Eran palabras dichas desde ese corazón que él había roto al arrebatarle a Bill a propósito sabiendo lo mucho que le gustaba.

Y por primera vez vio a Natalie con otros ojos, viendo en ella a una buena amiga que le estaba diciendo justo lo que necesitaba escuchar en esos momentos.

Sin pensarlo demasiado se inclinó sobre ella y la besó. Natalie abrió los ojos desconcertada al principio, pero segundos después respondió al gesto con una entrega inesperada. Nunca habría imaginado que Alexander pudiera besar con tanta intensidad.

Se recostaron sobre la arena rodando incluso sobre ella mientras se besaban una y otra vez hasta que el aliento les faltó y separaron los labios se quedaron mirando a los ojos en silencio. No hacia falta decir nada que estropeara ese momentos, Natalie esbozo una sonrisa y posando los labios en el cuello de Alexander empezó a bajar por su cuerpo dejando un rastro de besos y caricias húmedas hasta llegar al borde de su bañador.

No se detuvo y bajándole lo necesario sacó su miembro al exterior y hábilmente se lo introdujo en la boca empezando a succionar con fuerza.

Alexander dio un respingo sin poderse contener nada mas sentir sus labios cerrarse en torno a él. Cerró los ojos y se dejó llevar, separando los labios por los que escapaban profundos gemidos y jadeos cada vez que sentía la lengua de Natalie recorrerle de arriba abajo poniéndole cada vez más duro sin esfuerzo.

Se iba a correr de un momento a otro y Natalie parecía saberlo, le liberó y siguió con una de sus manos mientras que con la otra se desabrochaba la parte de arriba del bikini y la dejaba caer sobre la arena con una amplia sonrisa.

—Quiero que te corras en mis tetas—dijo Natalie sin apartar de sus ojos la mirada.

Alexander asintió con la cabeza y dejó que las hábiles manos de Natalie terminaran su trabajo viendo como segundos después salía disparada su esencia yendo a parar a los desnudos pechos de Natalie.

Cuando terminó quedando saciado del todo se incorporó en la arena y abrazó a Natalie con fuerza enterrando la cara entre sus pechos para lamerlos con avidez limpiando su esencia de ellos.

Natalie se dejaba hacer con una amplia sonrisa en los labios, gimiendo al notar la lengua de Alexander lamer sus pezones y succionar con algo de fuerza, normal al no estar habituado a estar con mujeres pues sabía que esa era su primera vez y eso le estaba poniendo de lo más caliente. Podía sentir como se iba humedeciendo su entrepierna mojando la braguita de su bikini, la única prenda que llevaba puesta en esos momentos.

— ¿Te encuentras mucho mejor?—preguntó en voz baja entre jadeos.

Alexander asintió en silencio y alzando la cabeza dejó de lamer sus pechos.

—¿Has visto lo bien que se me da chuparla? —dijo Natalie con una sonrisa afilada, recuperando su tono frío y mordaz—Seguro que eso es lo que le fallaba Bill. Quizá debería darle unas clases, a ver si aprende algo.

—Y también a Gustav—soltó Alexander incapaz de contenerse.

Natalie se le quedó mirando con los ojos muy abiertos, incrédula ante lo que acababa de escuchar.

—No deberías sugerir algo así ni en broma —murmuró con la voz entrecortada.

—Me temo que no es ninguna broma—dijo Alexander sin dejar de mirarla fijamente—Ya es hora de que abras los ojos de una vez, a tu novio lo que realmente le van son las pollas. De hecho llevamos tiempo follando sobre todo en los baños del club, y le encanta también chupármela de arriba abajo tal y como tú acabas de hacer.

No quiso seguir escuchando más, podía sentir que el estómago se le revolvía y poniendo las manos en el pecho de Alexander le empujó con fuerza para que la soltara y se puso en pie con dificultad recogiendo con rabia el bikini que se había quitado minutos antes mientras rompía a llorar desconsolada.

Echó a correr hacia el club mientras se vestía por el camino dejando a Alexander recostado sobre la arena con una sonrisa triunfal en los labios.

Continúa… 

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por lyra

Escritora del Fandom

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