Incomplete 71

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 71

Víctor permaneció unos segundos inmóvil, mirando el espacio vacío que había dejado el coche de Gustav al desaparecer entre el chirrido de los neumáticos. Sentía un nudo en el estómago, una mezcla de rabia, vergüenza y miedo.

Las palabras de Gustav seguían resonando en su cabeza como un eco cruel.

«Puedo destrozarte la vida en un pestañeo».

Inspiró hondo tratando de recuperar la compostura. Se pasó una mano por la cara como si pudiera borrar el peso de la conversación, y se volvió con lentitud. No podía quedarse allí de pie en mitad del parking, tenía que volver al club fingiendo normalidad y actuar como si nada hubiera pasado.

Sobre todo con Andreas, que no sospechara jamás todo lo que había estado haciendo a espaldas del club para poder tener un dinero extra con el que ayudar en casa y darse algún que otro capricho.

Pero justo cuando estaba llegando al club una persona emergió desde detrás de la furgoneta aparcada a pocos metros.

Alexander.

—Vaya, vaya… —dijo con una sonrisa ladeada, cruzándose de brazos—Qué escena tan conmovedora.

Víctor se detuvo en seco sorprendido de verle allí. No lo había visto llegar, ni siquiera lo había escuchado preocupado como estaba tratando de consolar a Gustav. Su expresión se endureció al instante.

—¿Cuánto tiempo llevas ahí?—preguntó procurando mantener la calma.

—El suficiente —respondió Alexander con tono burlón— Lo justo para enterarme de que no eras tan tonto como pensaba. Así que tú también te estabas enrollando con Gustav y a saber con cuántos más a cambio de un módico precio… qué interesante.

—No tienes ni idea de lo que estás diciendo —espetó Víctor intentando mantener la calma.

—Oh, creo que tengo una idea bastante clara —replicó Alexander dando un paso en su dirección—Y créeme, no pienso desaprovechar esta información.

Víctor se lo quedó mirando con frialdad pero sintiendo por dentro cómo el suelo temblaba bajo sus pies. Sabía que Alexander no era de los que se quedaban callados cuando tenía una información realmente jugosa entre sus manos, que le gustaba jugar con los demás como si fueran ratones y él el gato.

— ¿Qué quieres?—preguntó en un susurro.

—Tranquilo, que no pienso pedirte que me la chupes gratis—soltó Alexander entre risas—Veamos, lo que ahora mismo necesito y no puedo conseguir porque mis padres me han bloqueado las tarjetas es algo de coca. Habla con Anouk, me da igual que se haya retirado quiero que me la consiga siempre que lo necesite y me la guarde, en casa no puedo.

—Eso cuesta mucho y no andamos bien de dinero—suplicó Víctor sin poderlo evitar.

—Con todo lo que le has sacado a Gustav imagino que que te alcanza para varias dosis—dijo Alexander sin importarle Víctor lo más mínimo —Y si te quedas sin dinero no no es asunto mío. Has dicho que lo has dejado por amor a Andreas, pues vuelve a tu trabajo y asunto resuelto.

—No puedo hacerle eso a Andreas —susurró Víctor negando con la cabeza, como si intentara convencerse a sí mismo.

Alexander se inclinó ligeramente hacia él con una sonrisa venenosa en los labios.

—Pues atente a las consecuencias —siseó con frialdad—Estaré en las tumbonas, disfrutando del resto de la tarde. Dile a Anouk que se dé prisa y de paso me traiga una limonada bien fría por cortesía del club, este calor me ha dejado realmente sediento. A partir de ahora, tengo barra libre en el club gracias a vosotros.

Dio media vuelta con aire triunfal dejando a Víctor en mitad del parking paralizado, sintiendo cómo el peso de la amenaza se le clavaba en el pecho. Sabía que Alexander no estaba bromeando.

Y que su mundo, cuidadosamente construido, podía desmoronarse en cualquier momento.

Regresó al club con el rostro tenso y la mirada perdida. Cada paso que daba se sentía más pesado que el anterior, como si el suelo le recordara todo lo que acababa de escuchar y todo lo que estaba en juego.

Tanto Gustav como Alexander lo habían acorralado, y le exigían algo más que su silencio.

Su obediencia.

Entró en el club esquivando las miradas de los clientes y sobre todo la de Andreas, no tenía tiempo para dar explicaciones ni para fingir que estaba bien. Buscó con la mirada entre las mesas, hasta que vio a Anouk entrando en el club por la puerta que daba al embarcadero con una bandeja en sus manos llena de vasos usados.

Se acercó con rapidez a echarla una mano pero sin levantar sospechas.

— ¿Podemos hablar un momento?—pidió en un susurro.

—Ahora no puedo, el embarcadero está hasta arriba— contestó Anouk resoplando.

—Es muy importante, dile a Andreas que te tomas un pequeño descanso para ir al baño—dijo Víctor mirándola fijamente.

Anouk lo observó con preocupación al notar el nerviosismo en su voz. Asintió en silencio, comprendiendo que algo no iba bien y mientras Víctor se dirigía al pasillo que conectaba con los baños, ella se acercó a Andreas y le pidió que preparara la siguiente consumición mientras que aprovechaba para ir al baño. Andreas no puso pega alguna y Anouk corrió a reunirse con Víctor.

— ¿Qué ha pasado?—preguntó casi sin aliento.

—Alexander está en las tumbonas, quiere que le lleves una limonada bien fría por cortesía del club —contestó Víctor en voz baja.

— ¿Y esto es lo que me tienes que decir aquí, en privado?—estallo Anouk sin poderse contener.

—Ha dicho que quiere barra libre con nosotros…en todos los sentidos—murmuró Víctor.

Anouk frunció el ceño cuando comprendió al fin a qué se estaba refiriendo.

—Me ha escuchado hablar con Gustav en el parking—empezó a explicar por encima Víctor—Gustav era uno de mis mejores clientes como ya sabes, y quiere usar esa información para chantajearnos a los dos. Quiere que le consigamos coca gratis, y ya está esperando una dosis en las tumbonas.

—Pero…no llevo nada encima—dijo Anouk resoplando—Ya sabe que lo he dejado.

—Quiere que lo retomes solo para él—susurró Víctor—Y a mi me ha dicho que si no tenemos con qué pagarlo retome también mi trabajo, y no puedo hacerle eso a Andreas. Pero…si no cumplimos sus exigencias ha amenazado con denunciarte y no podemos hacerle eso a mamá.

— ¡Es un maldito cabronazo!—estalló Anouk sin poderse contener—Le da igual ya todo, como que nosotros podamos delatarle a la policía a él y a Gustav. Ellos tienen dinero y se librarían de pisar la cárcel pero nosotros iremos directos a ella.

—Por eso tenemos que hacer todo lo que nos pida—dijo Víctor mirando con tristeza a su hermana—Suerte he tenido de que no quiera nada conmigo.

—Yo no creo que me libre, ya se me insinuó esta mañana y podría intentarlo de nuevo y esa vez no podría negarme—murmuró Anouk.

Se quedaron en silencio sin saber qué hacer, Alexander era una persona de lo más cruel y cumpliría sus amenazas sin remordimiento alguno.

Sabían que esto era solo el principio. Alexander no se conformaría con un par de rayas y bebidas gratis en el club. Con el tiempo las exigencias irían subiendo de nivel y cada vez que cedieran sería como una pesada cadena atada a sus cuellos.

&

La merienda transcurría con tranquilidad, entre charlas distendidas y el aroma suave del café. En medio de la conversación y sabiendo del buen ojo que tenía Louise para la moda, Bill mencionó que Tom necesitaba renovar algunas prendas y al momento su amiga no tardó en sacar el móvil con entusiasmo.

—Solo necesito saber tu talla y tus preferencias —murmuró mientras navegaba por la web de Chanel.

Tom se inclinó ligeramente para ver la pantalla y al reconocer la marca frunció el ceño. Sabía que era una de las más exclusivas y caras.

—Busca algo más económico —pidió con suavidad.

—No te preocupes por el dinero —intervino Bill—Mi padre dijo que compraras lo que necesitaras.

—Hay tiendas mucho más asequibles, y además con ropa más de mi estilo —insistió Tom.

Louise se le quedó observando de arriba abajo recordando cómo lo había visto vestido estando fuera del trabajo. Entonces lo tuvo claro. Cerró la página de Chanel y segundos después estaba explorando la nueva colección de Dsquared2. Al mostrarle algunos modelos notó cómo la expresión de Tom cambiaba llegando incluso a sonreír, ese estilo encajaba mucho más con él.

Aun así los precios seguían siendo elevados para su gusto. Estuvo a punto de negarse otra vez, pero pensó en la situación en la que se encontraba. Oficialmente estaba saliendo con Bill y su padre seguramente querría que se viera a la altura vistiendo marcas reconocidas. No quería rechazar su ofrecimiento, que no solo incluía alojamiento sino también todo aquello que le había faltado por sus circunstancias.

Así que no tuvo más remedio que aceptar con cierta resignación.

Louise no perdió tiempo y le escogió varias prendas que serían enviadas al día siguiente por la mañana, aunque fuera domingo las tiendas permanecían abiertas a cualquier hora y cualquier día de la semana para gente como ellos.

—Louise podría dedicarse perfectamente a ser personal shopper—comentó Georg al notar que Tom no había podido puesto pega alguna a las prendas que le habían seleccionado—Le apasiona la moda y disfruta comprando para los demás como si fuera un arte.

—Te he seleccionado varias tallas para que puedas probarte y quedarte con la que mejor te siente —explicó Louise con tono profesional—Lo que no te guste o no te sirva, se devuelve sin problema.

—¿Hacéis esto a menudo? —preguntó Tom intrigado— ¿Las tiendas de lujo os envían ropa sin pagarla antes?

—Tenemos muchos privilegios gracias al nombre de nuestros padres—respondió Georg—Son clientes habituales, y las tiendas confían en que la ropa será devuelta o pagada sin problema.

Tom sabía que de intentar hacerlo él en persona no encontraría tantas facilidades, ni siquiera le dejarían cruzar la puerta de esas tiendas donde le echarían un buen repaso de arriba abajo negándole de inmediato el paso.

—Aunque no siempre compramos online —añadió Louise—Me encanta ir en persona aunque me pase el día entero en el centro comercial. Siempre hay alguna fiesta o evento al que acudir y hay que vestir acorde. Y si es posible, estrenar algo nuevo. Luego siempre hay alguna reseña en la prensa y es en lo que más se fijan y critican si la ropa ya había sido usada antes en otro evento o es de la temporada pasada.

—Cuando te sientas con ánimos, vamos juntos a ver si encuentras algo más que te guste —propuso Bill, mirándolo fijamente—O quizá te apetezca pasar por un salón de belleza.

Tom alzó una ceja, divertido. ¿Le estaba sugiriendo con disimulo un corte de pelo?

—Pueden retocarte las puntas y quizás la barba —añadió Bill como si le hubiera leído el pensamiento.

—Quizá necesite recortarla un poco —admitió Tom pasándose la mano por la barbilla—Es la única condición que me puso David cuando empecé a trabajar en el club, no tendría que cortarme el pelo ni afeitarme siempre que lo llevara arreglado.

—Pues decidido —dijo Louise satisfecha, guardando el móvil tras consultar la hora—Un día de esta semana nos vamos de compras y luego comemos juntos.

Decidieron dar la visita por finalizada y se despidieron con un abrazo cálido, conscientes de que habían removido demasiadas emociones en poco tiempo. No querían agobiar más a Bill y Tom con toda la información que les habían dado así que optaron por marcharse dejándoles algo de espacio para que pudieran digerirlo todo.

—Hablamos mañana—dijo Louise con una sonrisa suave—Ahora procurad descansar, ¿vale?

—Gracias por venir —respondió Bill con sinceridad—Y por contárnoslo todo.

—Recuerda que nosotros te apoyamos—dijo Georg estrechando con firmeza la mano de Tom—Y no somos los únicos, aunque no lo creas hay mucha gente que nunca ha dudado de tu inocencia.

—Gracias—murmuró Tom.

Les vieron recorrer el jardín saliendo de el usando la puerta que comunicaba directamente con la calle. Una vez a solas Tom se quedó en silencio aún procesando la avalancha de información recibida. Bill se sentó a su lado cogiendo de nuevo su mano.

—No puedo creer que Alexander te hiciera eso—dijo Tom al cabo de unos minutos—Con Gustav, que parece de lo más hetero.

—Las apariencias engañan—murmuró Bill con la mirada perdida.

—¿Y cómo descubriste que era Gustav?—preguntó Tom mirándole fijamente.

—No fue una gran revelación —respondió Bill, encogiéndose de hombros—Fueron pequeño detalles como miradas, silencios incómodos y excusas que no cuadraban. Y cuando no tuve duda alguna se lo eché en cara y corté con él.

—Y aún sospechando que te estaba engañando, ¿por qué seguías con él?—quiso saber Tom.

—Porque le quería —admitió Bill bajando la voz—Y porque me aferraba a la idea de que quizás estaba equivocado, que todo era producto de mis muchas inseguridades. Pero al final la verdad siempre encuentra la forma de salir.

Tom asintió, comprendiendo más de lo que decía.

—Te mereces algo mejor, Bill—dijo con firmeza—Alguien que no te haga dudar de ti mismo.

—Y tú mereces que te vean por quien eres, no por lo que pasó—susurró Bill sonriéndole tenuemente—Estamos los dos un poco rotos, ¿no?

—Quizá —dijo Tom, devolviéndole la sonrisa—Pero al menos no estamos solos.

Se quedaron en silencio mirándose a los ojos, dejando que la calma se instalara entre ellos. No hacían falta palabras; la complicidad que compartían hablaba por sí sola.

—Se está haciendo tarde —dijo Bill, carraspeando suavemente—Vamos a recoger tus cosas al bungalow, y luego podremos descansar tranquilamente.

Tom asintió con una sonrisa leve, agradeciendo el gesto. Se levantaron sin prisas y Tom no pudo reprimir el gesto de recoger las tazas dispuesto a llevarlas a la cocina, pero una mirada de Bill le hizo dejarlas de nuevo en su sitio. No se acostumbraba a tener servicio, pero sabía que estando en esa casa debía acatar cada una de sus normas.

Pasaron por la caseta del jardín y recogieron sus ropas para luego dirigirse cada uno a su habitación para vestirse y peinarse. Se reunieron de nuevo en el pasillo.

—Le pediré a Arthur que nos lleve en el coche —empezó a decir Bill—Así podrá echarnos una mano con tus cosas.

—No hace falta —respondió Tom con una sonrisa tranquila—Todo lo que tengo cabe en una vieja mochila. Demos un paseo hasta el bungalow, y luego regresamos en mi moto. Es lo único que realmente me importa.

Bill asintió, aceptando el plan sin objeciones. Se acercó a Tom y entrelazó sus dedos con los suyos. Salieron juntos, dejando atrás el silencio de la casa, caminando bajo el cielo que comenzaba a oscurecerse. El aire fresco les envolvía mientras avanzaban por el sendero, y aunque el día había estado cargado de emociones, en ese momento solo importaba la compañía.

&

Anouk caminaba por la playa con paso firme llevando en la bandeja la limonada que Alexander había exigido. Lo localizó enseguida tomando cómodamente el sol en una de las tumbonas, y se acercó para dejar la bebida sobre la mesita baja junto a él.

—¿Eso es todo? —preguntó Alexander clavando la mirada en ella.

—Ahora mismo no llevo nada encima —respondió Anouk en un susurro.

—¿Y a qué esperas? Llama a tu proveedor y que venga de inmediato—ordenó con tono cortante.

—Las cosas no funcionan así —intentó explicarle Anouk—Mi proveedor no viene a estos sitios como el club.

—Pues que haga una excepción —insistió Alexander—O llama a algún camello que conozcas, tú misma pasabas antes aquí así que que él no tendrá problema en venir. Tienes veinte minutos.

Anouk sabía que no tenía escapatoria. Bastante suerte había tenido con que Alexander no se le hubiera insinuado de nuevo, obligándola a terminar cediendo para acostarse con él comprando así su silencio.

Regresó al club y aprovechó los pocos minutos que tenía para escabullirse al vestuario donde sacó el móvil y realizó una llamada desesperada. Acordaron verse en diez minutos en el parking. Al salir esquivó a Melissa y se dirigió directamente al encuentro.

No tuvo que esperar mucho. En cuestión de minutos ya tenía la cocaína en sus manos.

—Te pago luego —prometió Anouk sabiendo que podían confiar en ella.

—Pensé que lo habías dejado y que ya no trabajabas en el club —comentó Paul mirándola con recelo.

—He tenido que volver… pero será solo para un cliente —aseguró Anouk.

—Eso espero —dijo Paul con firmeza—Ya sabes que el club es territorio mío. Y que David no vuelva a sospechar nada, o tendrás que marcharte otra vez.

Anouk asintió en silencio y regresó a la playa entregando con discreción la mercancía a Alexander.

—Buena chica —murmuró é tomándola con rapidez—Voy al baño. Cuando vuelva, quiero otra limonada… y échale algo fuerte. Quiero disfrutar del atardecer sumergido en mi burbuja de felicidad.

Se alejó hacia el club, dejando a Anouk plantada en mitad de la playa sabiendo que no tenía más opción que obedecer cada una de sus exigencias.

Horas después vio con alivio que su turno terminaba y se reunió en la cocina con Andreas y Melissa para recoger la comida que Rose había preparado con esmero para la cena de bienvenida de Tom en el bungalow. Había bandejas con brochetas de pollo marinado con especias suaves, ensaladas frescas con frutas de temporada y queso de cabra, pan recién horneado y una tarta de frutas que desprendía un aroma irresistible.

Melissa reía mientras intentaba equilibrar dos fuentes en los brazos, y Andreas bromeaba sobre quién sería el primero en dejar caer una al suelo. El ambiente era casi festivo, como si todos quisieran que esa noche fuera especial.

Pero entre las risas y los comentarios alegres, había dos figuras que no compartían el entusiasmo general. Víctor y Anouk se movían por la cocina en silencio, recogiendo platos y envolviendo recipientes sin apenas cruzar palabra. Sus gestos eran mecánicos y sus miradas esquivas. La tensión entre ellos era palpable, como si ambos cargaran con un peso invisible que les impedía disfrutar del momento.

Andreas lo notó, aunque no dijo nada. Sabía que algo pasaba pero prefirió no presionar. Ya habría tiempo para hablar más tarde en intimidad.

—¿Está todo listo? —preguntó finalmente mirando a Rose que terminaba de envolver la última bandeja.

—Todo en orden —respondió Rose con una sonrisa—Espero que Tom disfrute de la cena y la compañía, dile que es nuestra forma de decirle que aquí tiene un hogar.

Andreas asintió en silencio, mientras que Anouk cogía la última bandeja y Víctor se limitaba coger la nevera portátil con las bebidas frías. Ambos sabían que esa noche no iba a ser fácil para ninguno de los dos.

No con Alexander tras ellos exigiendo lo que quisiera en cualquier momento.

No con los secretos que aún pesaban sobre ellos.

&

El cielo comenzaba a teñirse de tonos dorados cuando Bill y Tom llegaron al bungalow. El aire fresco de la tarde acariciaba sus rostros mientras caminaban por el sendero rodeado de vegetación hasta que llegaron al bungalow donde Tom tenía su preciada moto aparcada justo al lado de la entrada.

Al abrir la puerta, se toparon con una escena cálida y acogedora. Las luces suaves iluminaban el interior envolviendo el espacio en una atmósfera tranquila. Sobre la barra americana que separaba el salón de la cocina se alineaban varias bandejas con apetitosos platos y en el centro destacaba una tarta de frutas que desprendía un aroma dulce y tentador, llenando el ambiente con una sensación de hogar.

Era una bienvenida pensada con mucho cariño.

Y allí, esperándole con sonrisas sinceras y los brazos abiertos estaban sus amigos. Apenas cruzó el umbral, Tom fue recibido con un fuerte abrazo colectivo, cálido y reconfortante, como si quisieran recordarle que pese a todo lo vivido aún tenía un lugar entre ellos. Fue un gesto sencillo, pero cargado de significado. Una bienvenida que hablaba de afecto, de apoyo y de nuevos comienzos.

Poco después llegaron Andreas, Melissa, Víctor y Anouk, cargando con las últimas bandejas y bebidas. Melissa entró con una sonrisa radiante, seguida por Andreas que traía una botella de vino en cada mano.

—¡Bienvenido oficialmente a la libertad! —exclamó Melissa con entusiasmo mientras descorchaba una botella de vino—Rose se ha encargado de todo y te manda un abrazo enorme.

—Gracias —respondió Tom algo abrumado pero agradecido—No esperaba un recibimiento así.

—Era lo menos que podíamos hacer —añadió Andreas con una sonrisa—Darte la bienvenida… y también despedirnos de ti.

—Tampoco es que se mude a otro país —murmuró Melissa divertida.

—Lo sé —dijo Andreas suspirando—Pero va a ser raro no verlo cada mañana al despertar o compartir las tardes en el porche.

—Podéis venir a visitarlo cuando queráis a casa—intervino Bill enseguida.

—¿Y tus padres no te dirán nada? —preguntó Melissa en voz baja—No queremos incomodar a nadie.

—Para nada sois una molestia—aseguró Bill con firmeza—Sé que mi padre no tendrá problema, y mi madre… bueno, tendrá que acostumbrarse a que a partir de ahora tomaré mis propias decisiones. Si quiero invitar a mis amigos a casa, lo haré y tendrá que asumirlo.

—Me encanta este nuevo Bill —dijo Melissa con una sonrisa amplia—¡Brindemos también por él!

Todos rompieron a reír mientras Melissa terminaba de servir el vino en los vasos y brindaron con el.

Tom se sentía extrañamente en paz. Por primera vez en mucho tiempo, estaba rodeado de personas que querían que se sintiera bienvenido. Y aunque las sombras del pasado aún se cernían sobre algunos rincones, esa noche parecía ofrecer un respiro.

Se apresuró a recoger sus pertenencias con la ayuda de todos. En poco tiempo su mochila estuvo lista y se sentaron a disfrutar de la cena entre risas y más brindis. Más tarde se trasladaron al porche para disfrutar del postre disfrutando de la despejada noche con sus estrellas brillando sobre ellos como testigos silenciosos de aquel nuevo comienzo.

—Estás muy callada esta noche —murmuró Melissa, girándose hacia Anouk.

A su lado, Anouk fumaba distraídamente, con la mirada perdida en el cielo. Apenas había pronunciado palabra desde que llegaron, y su expresión dejaba claro que no estaba de ánimo para celebraciones. Víctor tampoco lo estaba. Sentado junto a Andreas, fingía disfrutar de la velada, pero por dentro no dejaba de darle vueltas al mismo pensamiento.

Sabía que tenía que hablar con Andreas, contarle todo. Confiaba en que él lo entendería, que no lo juzgaría por el tipo de vida que había llevado. También debía hablarle del chantaje al que Alexander lo estaba sometiendo, y del riesgo de que Gustav decidiera hablar o, peor aún, divertirse a su costa. Cada minuto que pasaba sin decir nada era una carga más sobre sus hombros.

La noche había avanzado y poco a poco la celebración fue llegando a su fin. Las risas se apagaban entre abrazos y despedidas.

—¿Nos vemos mañana en el club? —preguntó Andreas abrazando a Tom con fuerza.

—No lo sé —respondió Tom negando con la cabeza—Creo que me tomaré unos días antes de volver al trabajo, necesito recuperarme… y que se apaguen los rumores. Louise y Georg pasaron esta tarde a vernos y ya nos pusieron al tanto de la situación.

—Así es el club —murmuró Andreas con un suspiro—Siempre hay alguien de quien hablar o a quien despellejar. Con el tiempo nadie se acordará del tema o surgirá otro del que hablar.

Tom asintió. Empezaba a entender cómo funcionaban las cosas en el club.

Se reunieron con Bill y los demás. Tras asegurar la mochila en la moto, Bill y Tom se subieron y partieron rumbo a casa dejando atrás a sus amigos bajo el cielo estrellado.

—Voy a recoger un poco —murmuró Andreas entrando de nuevo al bungalow.

—Te echo una mano —ofreció Melissa, y luego se volvió hacia Anouk— ¿Te quedas a dormir esta noche?

Anouk asintió en silencio. Cuando se quedaron a solas, le hizo una señal a Víctor para que la acompañara. Se alejaron unos pasos del bungalow buscando algo de intimidad.

—Creo que se lo voy a contar todo a Andreas —confesó Víctor en voz baja—No lo del chantaje de Alexander, pero sí a lo que me dedicaba antes. No quiero que se entere por otros, Gustav también me ha amenazado con contárselo.

—Lo mío es diferente —respondió Anouk cruzándose de brazos—No puedo decir nada, bastante suerte he tenido de que Paul me consiguiera la cocaína sin aprovecharse de la situación subiéndome el precio. Pero no podemos seguir así, pagando de nuestro bolsillo los caprichos de Alexander ahora que solo dependemos del sueldo del club. A no ser que yo vuelva a pasar…

—Tiene que haber otra solución —negó Víctor tajantemente.

—¿Cuál? ¿Matar a Alexander? —soltó con ironía Anouk alzando una ceja.

—Algo parecido —susurró él sin atreverse a mirarla.

—No lo decía en serio —replicó Anouk con firmeza.

—Quizá… una dosis alterada—murmuró Víctor casi para él mismo—Algo que le dé un buen susto, nada más.

—Eso lo mandaría directo al hospital —advirtió Anouk—Y sus padres no pararían hasta dar conmigo. No podemos hacerle nada a Alexander, Víctor. Así que sácate esa absurda idea de la cabeza. Ya se nos ocurrirá algo que no nos destruya a nosotros por el camino.

Se quedaron en silencio, mirando hacia la oscuridad que los rodeaba.

Sabían que el tiempo jugaba en su contra, y que Alexander no tardaría en exigir más.

Pero por el momento, solo podían resistir si se mantenían unidos.

Continúa… 

Gracias por la visita. Si te ha gustado, comenta y regresa, porque pronto tendremos más 😉

por lyra

Escritora del Fandom

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