Incomplete 77

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 77

La barbacoa fue apagándose poco a poco. Las risas se hicieron más tenues, las conversaciones se diluyeron en murmullos cansados y el fuego terminó convertido en brasas que chisporroteaban suavemente. El ambiente festivo se fue desmoronando como si la noche hubiera decidido bajar el telón sin previo aviso.

Sentados sobre el tronco caído de un árbol, aún con el sabor de la carne asada que habían disfrutado en la barbacoa, Bill y Tom conversaban en voz baja sin poder evitarlo. Bill no podía dejar de darle vueltas a lo que había descubierto con la mirada fija en Paul que se mantenía ajeno a todo.

—No sé cómo hará David para despedirlo sin levantar sospechas —susurró mordiéndose el labio.

—Seguro que se le ocurre algo —comentó Tom con calma—No deberías darle más vueltas.

—Lo sé, pero no puedo evitarlo—dijo Bill suspirando—Esto es muy grave, que el nombre de mi padre se vea relacionado con un tema de drogas es algo que jamás me perdonaré.

Tom lo escuchaba en silencio, consciente de lo nervioso que estaba y el trabajo que le estaba costando mantener la calma.

—Lo mejor es que pasemos la noche en casa —dijo de repente.

Bill bajó la mirada asintiendo con la cabeza..

—Lo siento—se disculpó con tono triste—Sé que esta noche querías disfrutar más de la compañía de Andreas y tus amigos, y no ha salido como planeamos.

—Lo dejamos para otra ocasión —dijo Tom con serenidad—Ahora es mejor que no vayamos al bungalow. Andreas podría sospechar algo y no quiero que te pida explicaciones, todavía no estamos en condiciones de darlas.

—He quedado con Víctor en que no diga nada a nadie, salvo a Anouk—explicó Bill en voz baja—Que se mantengan al margen hasta que yo haya hablado con David.

Tom asintió y al ver que el grupo empezaba a levantarse ellos también lo hicieron esbozando una sonrisa con dificultad.

—Lo hemos pasado genial, ¿verdad? —preguntó Louise acercándose a ellos con una amplia sonrisa—Una lástima que ya se haya terminado.

—Mañana muchos tenemos que trabajar—explicó Bill con calma

—Claro, ya se ha hecho un poco tarde —dijo Louise con una sonrisa cansada.

—Deberíamos venir aquí más a menudo —apuntó Georg echando un vistazo alrededor—Esta parte del lago es mucho más tranquila.

—Y más íntima —añadió Peter—Es raro que el club no la utilice.

—Es el lugar al que venimos los camareros a bañarnos sin molestar a los clientes —explicó Tom con una leve sonrisa—Digamos que es nuestra parte del lago.

—Por supuesto, no quería insinuar que el club no fuera sitio para vosotros —se apresuró a añadir Peter—Podemos compartir el lago sin problema alguno.

—No todos son tan comprensivos como tú —murmuró Tom con una leve sonrisa—Seguiremos usando esta parte del lago pero siempre seréis bienvenidos.

El silencio que siguió estuvo cargado de complicidad. El reflejo del agua bajo la luz tenue de la noche parecía sellar aquellas palabras, como si ese rincón del lago se hubiera convertido en un espacio compartido, reservado para ellos.

Dieron por finalizada la velada y tras despedirse del grupo procurando que nadie notara el peso que llevaban dentro Bill le pidió a Georg que los llevara de vuelta a casa en su coche mientras que Tom se acercaba a Andreas para explicarle el cambio de planes.

—Bill no se encuentra bien, le duele mucho la cabeza —dijo Tom odiando tener que mentirle a su amigo.

—No te preocupes, ya nos veremos mañana en el club —respondió Andreas con un tono cansado.

Tom se le quedó observó con atención, había sentido algo extraño en su tono de voz y en su mirada.

—¿Estás bien? —preguntó preocupado.

—Sí… es que, bueno, Víctor y yo tenemos que hablar seriamente de algo —contestó Andreas evitando entrar en detalles.

No podía contarle a Tom todo lo que había descubierto sobre el pasado de Víctor, pero sentía que debía enfrentarse a él. Llevaba días notando su comportamiento extraño, como si hubiera perdido esa alegría que siempre irradiaba. Quería hacerle entender que lo que hubiera hecho en el pasado allí se quedaba, que seguramente había tenido sus motivos y que podía contar con él para lo que fuera.

No estaba enfadado ni se sentía traicionado.

Solo quería que supiera que siempre estaría a su lado.

—Aprovechad esta noche para hablar, os dejamos el bungalow para los dos —dijo Tom sacando a su amigo de sus pensamientos.

Andreas asintió y tras despedirse de él lo dejó regresar al lado de Bill.

—Louise y Georg nos llevan a casa —explicó Bill en voz baja— ¿Qué tal se lo ha tomado Andreas?

—Bien, es mejor que esta noche no la pasemos en el bungalow— contestó Tom en un susurro— Por lo visto tiene que hablar con Víctor de algo serio y es mejor dejarles a solas.

Se pusieron en marcha hacia el aparcamiento del club junto al resto del grupo, mientras Andreas y los demás camareros que vivían en el camping se retiraban a sus bungalows. El bullicio de la velada se fue apagando poco a poco, sustituido por el murmullo de pasos cansados y despedidas rápidas.

Bill y Tom caminaron juntos en silencio cada uno atrapado en sus pensamientos pero unidos por la certeza de que esa noche necesitaban estar cerca.

Siguieron a Georg y Louise hacia el coche y antes de subir Bill levantó la vista hacia el lago, en esos momentos oscuro y tranquilo, como si guardara en sus profundidades todo los secretos de esa jornada. Sintió un escalofrío de repente, sabía que lo que había descubierto cambiaría su vida una vez más y no podía evitar sentirse muy nervioso.

Tom le rozó el brazo con discreción, un gesto mínimo pero suficiente para recordarle que no estaba solo. Bill respiró hondo, entró al coche y mientras las luces del club quedaban atrás comprendió que la verdadera batalla apenas había empezado.

&

El trayecto de vuelta a casa transcurrió en un silencio casi incómodo. Louise y Georg podían sentir la tensión que flotaba en el ambiente, como si algo no dicho pesara sobre todos. Al llegar a la casa de Bill, no dudaron en romper ese silencio.

—¿Ocurre algo? —preguntó Georg volviéndose en su asiento para mirarlos fijamente.

Tom bajó la mirada, sabía que no le correspondía a él responder esa pregunta. Era Bill quien tenía que contarles lo que había descubierto o soltar alguna evasiva. Tras unos segundos de duda, Bill respiró hondo y tomó la decisión de contarles todo lo ocurrido. Eran sus mejores amigos, confiaba ciegamente en ellos y sabía que podía contarles todo lo que había descubierto sin miedo a ser juzgado.

—Esta noche he descubierto que alguien está pasando droga en el club —soltó Bill sin aliento.

Tal como imaginaba, las caras de Georg y Louise cambiaron por completo.

—¿Sabes quién es? —preguntó Georg con voz grave mirándolo muy serio.

—Paul, uno de los camareros —contestó Bill sin dudar un instante.

—No puede ser… si estaba en la barbacoa, hemos bailado juntos —murmuró Louise sin podérselo creer.

—¿Qué vas a hacer? ¿Se lo contarás a tu padre? —quiso saber Georg.

—Debo hacerlo, pero creo que primero debería hablar con David —explicó Bill—Que él se encargue de despedir a Paul con discreción, inventando otra causa que no esté relacionada con las drogas. No quiero que el club coja mala fama, mi padre tendría que cerrarlo.

—Cuenta con nosotros para lo que necesites —dijo Georg con firmeza.

—Gracias… sé que puedo confiar en vosotros y en vuestra discreción —murmuró Bill.

—Por supuesto, no se lo diremos a nadie —prometió Louise al instante.

Dieron la conversación por finalizada y bajaron del coche para despedirse. Louise abrazó a Bill con fuerza transmitiéndole todo su apoyo mientras que Georg le tendía la mano a Tom. Al estrecharla, Tom frunció el ceño al notar la tarjeta que Georg le pasaba con disimulo.

—Llámame —le pidió en voz baja.

Tom asintió en silencio y guardó la tarjeta en el bolsillo trasero de su pantalón procurando que Bill no lo notara. Se despidió también de Louise y al verlos subir de nuevo al coche entró junto a Bill en la silenciosa casa, donde la calma aparente escondía la tormenta que aún estaba por venir.

Se fueron directamente cada uno a su habitación, despidiéndose en silencio en el pasillo con un profundo beso que parecía contener más promesas que palabras.

Bill cerró la puerta tras de sí y se dirigió al baño. Se lavó los dientes y la cara con movimientos mecánicos como si la rutina pudiera devolverle algo de calma. Después se puso el pijama y se metió en la cama tratando de descansar.

Pero era imposible.

El silencio de la habitación se volvía demasiado pesado.

Cada vez que cerraba los ojos las imágenes de la noche regresaban. Podía ver claramente a Paul disfrutando de la la barbacoa ajeno a todo lo que habían descubierto de él y eso era lo que le impedía conciliar el sueño.

Luego regresaba a la conversación que había mantenido con Tom, a la tensión que flotaba en el coche de vuelta a casa y a la mirada de comprensión de Louise y Georg.

Todo se mezclaba en su mente como un torbellino imposible de detener.

Se dio la vuelta en la cama intentando encontrar una postura cómoda pero el peso de la revelación lo mantenía despierto. Sabía que debía actuar cuanto antes, que no podía dejar pasar lo que había descubierto. Y sin embargo, el miedo a las consecuencias lo atenazaba.

Suspiró hundiendo la cara en la almohada. El sabor del beso de Tom aún permanecía fresco en sus labios, como un recuerdo que le ofrecía consuelo. Pero ni siquiera esa certeza bastaba para acallar la tormenta que seguía latiendo en su interior.

La noche avanzaba con una lentitud insoportable, y Bill comprendió que el descanso no llegaría hasta que encontrara el valor de enfrentarse a lo que había descubierto. Pero sabía que no podía hacerlo solo.

Se levantó de la cama con cautela y salió de la habitación procurando no hacer ruido. Caminó descalzo por el pasillo hasta la habitación de Tom que tenía la puerta cerrada también. La abrió con sigilo sin molestarse en llamar. La tenue luz que se filtraba por las cortinas dejaba ver la silueta de Tom acostado dándole espaldas. No sabía si dormía, aunque intuía que como le había pasado a él estaría despierto incapaz de conciliar el sueño tras lo ocurrido.

Sin pensarlo demasiado entró del todo en la habitación y cerró la puerta tras él. Se acercó con pasos silenciosos hasta la cama, levantó las sábanas y se deslizó bajo ellas conteniendo el aliento.

Al momento Tom se volvió y se le quedó mirando en silencio.

—No podía dormir —murmuró Bill sintiendo cómo se sonrojaba.

Tom sonrió suavemente al escucharlo y sin decir nada más lo estrechó entre sus brazos, ofreciéndole el refugio que ambos necesitaban.

—¿Mejor así? —preguntó Tom en voz baja.

Bill asintió con la cabeza acomodándose contra su desnudo pecho. Podía escuchar el latido firme de su corazón retumbando hipnóticamente en sus oídos. Cerró los ojos intentando concentrarse en ese sonido, pero ni siquiera así lograba conciliar el sueño. Habían pasado todo el día pensando en esa noche, en que iban a compartir algo más que una cama o el sofá del bungalow. Sin embargo, estando en la casa de sus padres no se le ocurría dar un paso más con Tom aunque bien era cierto que las pocas veces que Alexander se había quedado a dormir en esa misma habitación se colaba en su cama sin pedir permiso ni remordimiento alguno, y él por miedo lo permitía.

Bill abrió los ojos resoplando, no quería pensar nunca más en Alexander, ni mucho menos en la sensación de acostarse con él sintiéndose obligado.

Tom pudo sentir como se ponía tenso entre sus brazos y se le quedó mirando preocupado.

—¿Estás bien? —preguntó con suavidad estrechándolo un poco más.

Bill asintió con la cabeza dejándose envolver por su firme abrazo. No podía contarle que en esos momentos su mente le habían jugado una mala pasada al traerle el recuerdo de Alexander. No quería que Tom se pudiera sentir ofendido o herido.

—Estás bajo mucho estrés, intenta relajarte —susurró Tom mientras se movía.

Al momento metió las manos bajo la camiseta de Bill y empezó a recorrer su espalda con caricias pausadas y constantes. Bill cerró los ojos dejándose llevar por aquella calma que poco a poco le fue envolviendo. Separó los labios y dejó escapar un gemido al sentir cómo esas caricias iban disipando poco a poco la tensión que le afligía, como si cada roce le ayudara a soltar el peso acumulado durante ese día.

El cansancio se mezclaba con la serenidad, y Bill se abandonó a esa sensación permitiendo que el contacto de Tom lo guiara hacia el descanso que tanto necesitaba.

—Ya está surtiendo efecto —susurró Tom sin apartar las mano de su espalda—Puedo sentir cómo cada uno de tus músculos se va relajando.

Bill solo dejó escapar un suspiro como respuesta y Tom sonrió al escucharlo mientras sus manos se movían por su espalda yendo más abajo. Llegó hasta el borde de su pijama pero no se atrevió a continuar, no quería hacer nada que Bill no deseara en esos momentos o fuera inapropiado en esa casa.

Bill abrió los ojos al notar que las caricias cesaban, sabiendo que le estaba pidiendo permiso en silencio para ir más lejos o retirar las manos y dejarle descansar. Alzó la cara buscando sus labios y se apoderó de ellos como única respuesta a su silenciosa pregunta.

El beso llegó con naturalidad como una respuesta inevitable al peso de la noche y a la necesidad de sentirse cerca. En ese instante el mundo exterior dejó de existir, solo quedaban ellos dos sostenidos en la fuerza de ese beso y en la certeza de que al menos por una noche podían dejar atrás los problemas.

Hicieron más profundo el beso mientras que sus cuerpos se buscaban hambrientos pero también con ternura, mirándose fijamente a los ojos mientras se besaban y también sonreían. Y cuando se separaron apenas unos segundos para tomar aire, sus ojos siguieron enlazados incapaces de apartarse el uno del otro.

—No hace falta que hagamos nada—insistió Tom con suavidad.

Había percibido cierta incomodidad en la mirada de Bill, quizá debido por el lugar en el que estaban o por lo que había descubierto aquella noche. Ambos lo deseaban, lo sabían, pero también entendían que no eran las condiciones adecuadas.

Pero Bill lo necesitaba, quería dejarse llevar sin pensar en nada más. Dejar todos los problemas a un lado y centrarse solo en él por una vez en su vida.

Se movió en la cama y colocándose a horcajadas sobre Tom se incorporó quitándose la camiseta que tiró a un lado de la cama. Se inclinó de nuevo y Tom ya le esperaba sonriendo. Sus labios se fundieron en otro profundo beso mientras que las manos de Tom se posaron en sus caderas justo en el borde de su pijama y esa vez si cruzó la frontera.

Las deslizó con suavidad bajo la prenda traspasando también su ropa interior y las dejó sobre sus nalgas que acarició lentamente mientras le besaba apasionadamente.

Bill se dejo hacer sintiendo que le faltaba el aire. Separó sus labios de los suyos y se quedó a muy corta distancia gimiendo, rozando sus labios con su cálido aliento cada vez que sentía como sus manos le acariciaban y cómo uno de sus dedos entraba con delicadeza en su cuerpo.

Cerró los ojos entre jadeos, nunca antes se había sentido tan amado por otra persona que solo se preocupaba de que fuera él quien disfrutara.

Tom sonreía al verlo en ese estado, con las mejillas brillantes y sonrojadas. Y podía sentirle duro contra su propio miembro que luchaba por ser liberado.

Se movió con rapidez, sacó las manos de su ropa y rodó por la cama. Cuando Bill quiso darse cuenta se hallaba bajo él con los pantalones del pijama ya por las rodillas. Sonrió y levantando las piernas le ayudó a que se los quitara arrastrando con ellos su ropa interior también.

Tom así lo hizo y luego se deshizo de los bóxers que usaba siempre a modo de pijama. Se acomodó con suavidad sobre él y mirándole fijamente a los ojos fue entrando poco a poco en su cuerpo.

Le sintió ponerse tenso y paró sus movimientos dándole tiempo a que se adaptara a su cuerpo mientras bajaba la cara y enterrándola en la curva de su cuello susurraba en su oído palabras de consuelo mientras lamia su suave piel.

De esta manera Bill se fue relajando dejando a un lado toda la tensión y le dejó seguir con lo que estaba sin sentir ningún rastro de dolor. Fue entonces cuando se movió con más rapidez empezando a embestirle primero con suavidad hasta que le sintió estremecerse entre sus brazos gimiendo y jadeando.

Y no paró de embestirle llevando una mano abajo y cogiendo su sexo entre los dedos le estuvo acariciando hasta sentirle explotar de placer. Y él también lo hizo, se derramó con dos fuertes embestidas y cerrando los ojos se dejó llevar por el orgasmo procurando no gritar mientras jadeaba una y otra vez sin poderlo evitar.

Una vez saciado salió de su cuerpo y se quedaron mirando a los ojos sonriendo.

—¿Estás bien? —preguntó Tom en voz baja.

Bill asintió sin dudarlo, dejando que la calma del momento vivido los envolviera. Eso era justo lo que necesitaba en ese momento y Tom se lo había dado poniendo todo su cuerpo y alma.

Tom se movió quitándose de encima y acomodándose a su lado le atrajo de nuevo a sus brazos donde Bill buscó refugio suspirando. Cerraron los ojos y se dispusieron a descansar con la certeza de que al menos esa noche no tenían que cargar a solas con el peso de sus pensamientos.

&

El amanecer llegó demasiado pronto. La luz que se filtraba por las cortinas obligó a Bill a abrir los ojos aún con la sensación de no haber descansado lo suficiente. A su lado Tom despertó también y tras estirarse en la cama se le quedó mirando con una sonrisa amplia.

—¿Qué tal has dormido? —preguntó en voz baja.

—Muy bien, gracias a ti —respondió Bill aunque sabía que la inquietud seguía presente.

No tuvieron tiempo para prolongar la conversación. La alarma del móvil les recordó que debían entrar a trabajar a las ocho, y la rutina los envolvió. Se levantaron con rapidez dejando la cama con cierto pesar.

Mientras que Bill recogía sus ropas del suelo y se las volvía a poner, Tom caminaba desnudo por la habitación con naturalidad como si el tiempo no apremiara.

—¿Te duchas conmigo? —preguntó desde la puerta del baño con una sonrisa traviesa.

—Mejor no… o llegaremos tarde al club —respondió Bill negando con un suspiro.

Tom bufó con resignación y entró en el baño dispuesto a darse una ducha rápida que lo despejara. Bill, en cambio, salió con sigilo de la habitación y corrió hacia la suya para ducharse él también.

El día apenas comenzaba, y ambos sabían que no podían perder tiempo. A las ocho tenían que estar ambos en el club, y antes de que la rutina los atrapara Bill debía hablar con David sobre lo que había descubierto la noche anterior.

Una vez duchado y vestido, Tom salió de su habitación y se dirigió a la de Bill llamando suavemente la puerta.

—Entra —respondió Bill desde dentro.

Tom abrió y se apoyó en el marco observándolo mientras se terminaba de arreglar frente al espejo. Bill se ajustaba la camiseta con gesto concentrado como si cada detalle de su apariencia fuera una forma de ganar seguridad antes de enfrentar el día.

Tom lo miraba en silencio con una mezcla de ternura y complicidad consciente de que ambos llevaban en la mente la misma preocupación.

La conversación pendiente con David.

Bill se dio un último vistazo en el espejo y fue entonces cuando notó que Tom le miraba apoyado en el marco de la puerta.

—¿Listo? —preguntó Tom con una media sonrisa cruzando los brazos.

—Casi —respondió Bill pasándose las manos por el pelo con gesto nervioso—No quiero llegar tarde justo hoy, necesito hablar con David nada más llegar antes de que surja cualquier problema en el club

Tom se acercó despacio y le abrazó desde atrás apoyando la cabeza en su hombro.

—Tranquilo, llegarás a tiempo—dijo Tom con firmeza besándole en el cuello.

Bill sonrió dejándose besar mientras lo miraba a través del espejo, agradecido por esa calma que siempre parecía transmitirle.

—No sé cómo lo va a solucionar—susurró echándose a temblar sin poderlo evitar.

El miedo se le escapaba en cada palabra como si al pronunciarlas se hiciera más real la incertidumbre que lo atenazaba. Sus manos buscaron refugio en el abrazo de Tom, intentando contener la angustia que lo desbordaba.

Tom lo estrechó con más fuerza dejando que el calor de su abrazo hablara por sí mismo. Su respiración tranquila y el roce constante de sus manos sobre sus brazos eran un refugio silencioso, una manera de recordarle que no estaba solo.

—David siempre encuentra la solución perfecta—dijo Tom con firmeza.

La seguridad en su voz contrastaba con la inquietud que aún se reflejaba en el rostro de Bill. Por un instante, aquel convencimiento le dio un respiro. Si Tom confiaba tanto en David, quizá todo podría resolverse sin que el club ni su padre quedaran expuestos.

Bill asintió despacio, dejando que esas palabras se asentaran en su interior como un ancla.

Una vez más tranquilo Bill cogió profundamente aire y se sintió con las fuerzas necesarias para enfrentarse al día. Tom lo notó y cogiéndole de la mano salieron de la habitación.

Decidieron no perder más tiempo y desayunar en el club. Salieron de la casa con paso rápido todavía con el eco de la conversación en sus mentes. El aire fresco de la mañana los despejó pero también intensificó la sensación de urgencia. Bill caminaba en silencio, repasando una y otra vez lo que debía decirle a David centrándose en cómo empezar, qué palabras usar, y cómo evitar ante todo que el club quedara marcado por el escándalo.

Tom a su lado mantenía un ritmo firme y seguro. De vez en cuando le lanzaba una mirada que bastaba para recordarle que no estaba solo. Ese apoyo silencioso era lo único que lograba contener el temblor que amenazaba con apoderarse de Bill.

El trayecto se les hizo más corto de lo esperado. Cuando llegaron al club el bullicio de la rutina empezaba a despertar el lugar, había camareros entrando, luces encendiéndose y el murmullo de la preparación para la jornada. Bill tragó saliva, consciente de que no podían perder tiempo.

—Es la hora —murmuró, con un hilo de voz.

— ¿Quieres que hablemos los dos con él?—preguntó Tom mirándole fijamente.

—Creo que es mejor que lo haga yo solo—contestó Bill cogiendo aire como si necesitara coger fuerza.

Tom asintió en silencio y tras darle suerte con un profundo beso le dejó marchar hacia el despacho de David mientras que él entraba en el vestuario para cambiarse.

Llegó a la puerta del despacho y aunque estaba abierta llamó con suavidad antes de poderse arrepentir. David estaba sentado ante la mesa revisando unos papeles y levantó la cabeza al escucharle llamar.

—David, necesito hablar contigo —soltó Bill casi sin aliento—Es importante.

David asintió con la cabeza y Bill entró del todo en el despacho cerrando tras de sí la puerta. Se sentó en la silla que había ante su escritorio mientras que David lo observaba fijamente en silencio esperando que hablara.

Bill respiró hondo, intentando ordenar sus pensamientos.

—Anoche descubrí algo muy grave que afecta directamente al club —empezó a decir con voz firme aunque temblorosa—Uno de los camareros está pasando cocaína entre los clientes.

David se quedó inmóvil por unos segundos como si las palabras acabaran de golpearlo con fuerza. Sus ojos se abrieron con sorpresa y frunció el ceño inclinándose hacia adelante sobre el escritorio.

—¿Estás seguro de lo que dices? —preguntó con voz grave intentando mantener la calma

Bill asintió con la cabeza sintiendo cómo la tensión volvía a apretar su pecho mientras que David le miraba fijamente buscando cualquier señal de duda en su rostro.

—Necesito que me cuentes todo lo que sabes con la mayor claridad posible—pidió David poniéndose más serio aún— ¿Cómo te has enterado?

—Eso no importa, lo único que debes saber es que es cierto —respondió Bill con firmeza negándose a delatar a Víctor.

David lo observó en silencio intentando descifrar si había algo que no quería decir. El aire en el despacho se volvió más pesado y Bill sintió cómo cada segundo de aquel silencio lo presionaba aún más.

Bill tomó aire, consciente de que debía empezar a hablar con claridad.

—Lo descubrí anoche —empezó a relatar—Tom y yo fuimos a una barbacoa con unos amigos en la orilla opuesta del lago.

—¿Quiénes asistieron? —lo interrumpió David de inmediato— ¿Clientes del club? ¿Qué camareros aparte de Tom?

— ¿Vas a interrogar a todos los que asistieron?— no pudo evitar preguntar Bill poniéndose a la defensiva— Los clientes del club tienen padres que no querrán que los vincules con un asunto de drogas. Y en cuanto a los camareros, a ellos podrás interrogarlos sin problemas porque no proceden de familias poderosas.

David frunció el ceño y golpeó suavemente la mesa con los dedos, midiendo cada palabra.

—De acuerdo, no necesito saber exactamente quiénes asistieron pero necesito el nombre de la persona que está pasando cocaína en el club —dijo con firmeza—Y también quien te lo haya contado porque seguro que sabe más de lo que piensas.

Bill lo miró fijamente negándose a ceder.

—Solo te diré el nombre del camello —contestó con firmeza—Pero no pienso delatar a quien me lo dijo.

—Esto es muy serio, Bill—dijo David muy seriamente—Necesito saberlo todo. Y además necesito pruebas, no simples sospechas de que se están pasando drogas en el club.

Bill asintió lentamente, consciente de que cada palabra que añadiera podía cambiar el rumbo de lo que vendría.

—¿Quién está pasando drogas en el club de tu padre? —preguntó David mirándolo fijamente.

—Paul —contestó Bill en voz baja.

David se quedó helado por un instante, luego se recostó en la silla con el ceño fruncido.

—Paul… —repitió, como si necesitara convencerse—Debí suponerlo.

—¿Sospechabas que pudiera hacer algo así?—quiso saber Bill.

—No, pero hay algo en él que no termina de gustarme —respondió David con dureza—Vale, ahora dime quién te lo dijo.

—No puedo delatarle—se negó Bill suplicándole con la mirada—Te he dado el nombre del camello, y eso debería bastar.

—No, no basta—replicó David, alzando la voz—Esto es demasiado serio, Bill. Si no me das tu fuente, no puedo moverme con seguridad.

—Ha confiado en mí y se está jugando mucho—explicó Bill por encima mirándole fijamente— Debes creerme cuando te digo que no puedo delatarle.

—De acuerdo—murmuró David cediendo por el momento-—Hablaré con Paul y lo despediré hoy mismo.

—No puedes hacerlo —saltó Bill sorprendiéndose a sí mismo—Quiero decir que no puedes despedirlo por un asunto de drogas, intervendrá la policía y el club sería noticia de primera página en la prensa. Debes despedirlo por otro motivo.

—Si digo que ha estado robando dinero de la caja, la policía intervendría igualmente—murmuró David pensativo— Y además no tenemos pruebas, tiene que haber algún otro motivo que no levante sospechas.

—Vamos a pensarlo con calma —dijo Bill poniéndose en pie—Volvamos al trabajo y al final del día ya se nos habrá ocurrido algo.

David asintió con la cabeza, aún procesando toda la información recibida.

—¿Se lo vas a decir a mi padre? —preguntó Bill antes de marcharse.

—Hoy tiene un juicio muy importante y no debe ser molestado —contestó David con firmeza—Hablaré con él esta noche, cuando tengamos claro cómo despedir a Paul sin que el club se vea salpicado.

Bill salió del despacho con el corazón acelerado. Cerró la puerta tras él y se dirigió al vestuario a cambiarse de ropa lo más rápido posible mientras no dejaba de darle vueltas al mismo tema.

¿Cómo despedir a Paul sin que nadie sospechase? ¿Qué motivo sería lo bastante convincente para apartarlo sin que la policía ni la prensa se involucrasen?

Sabía que no podía fallar. El futuro del club, la reputación de su padre y la confianza de quienes lo rodeaban dependían de encontrar la salida adecuada.

Entró en el vestuario y allí se encontró con Tom que todavía estaba cambiándose de ropa.

—¿Cómo se lo ha tomado David? —preguntó Tom casi sin aliento.

—Quiere despedir a Paul de inmediato —explicó Bill con rapidez—Me ha exigido que le revelara el nombre de la persona que me lo contó, pero me he negado en rotundo. Creo que he logrado convencerle de que no insista más. Lo importante ahora es apartar a Paul del club cuanto antes, aunque aún no sepamos cómo hacerlo.

Tom se le quedó mirando en silencio, parecía derrotado y no encontrando palabras que pudieran consolarlo lo único que se le ocurrió fue estrecharlo con fuerza entre sus brazos, susurrándole al oído que todo iba a salir bien. Sintió cómo Bill se estremecía contra su pecho y permanecieron así unos segundos hasta que notó que poco a poco recuperaba el ánimo.

—Se ha hecho tarde —murmuró Bill separándose lentamente— Vayamos a trabajar mientras pensamos en cómo solucionar este problema.

Empezó a cambiarse de ropa y mientras lo hacía se prometió que al final del día tendría una respuesta. No podía permitir que la sombra de Paul siguiera creciendo dentro del club. Con esa determinación aunque aún cargado de dudas se incorporó a su trabajo perdido entre el bullicio de la rutina, llevando consigo el peso de un secreto que debía resolverse en silencio.

Continúa… 

Gracias por la visita. Si te ha gustado, comenta y regresa, porque pronto tendremos más 😉

por lyra

Escritora del Fandom

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