Incomplete 79

Notas del capitulo: ¿Cuál era ese plan urdido por Tom y Georg para despedir a Paul? Vamos a recordar todo lo que ha pasado desde el punto de vista de Tom, por eso os sonará muchas cosas, diálogos, escenas,..

Fic TOLL de lyra

Capítulo 79

-10 HORAS ANTES-

Cuando llegaron al club el bullicio de la rutina empezaba a despertar el lugar, había camareros entrando, luces encendiéndose y el murmullo de la preparación para la jornada. Bill tragó saliva, consciente de que no podían perder tiempo.

—Es la hora —murmuró, con un hilo de voz.

— ¿Quieres que hablemos los dos con él?—preguntó Tom mirándole fijamente.

—Creo que es mejor que lo haga yo solo—contestó Bill cogiendo aire como si necesitara coger fuerza.

Tom asintió en silencio y tras darle suerte con un profundo beso le dejó marchar hacia el despacho de David mientras que él entraba en el vestuario para cambiarse.

Cerró la puerta tras de sí con rapidez y, aprovechando que estaba a solas sacó el móvil junto con la tarjeta que Georg le había entregado la noche anterior con total discreción. Eran casi las ocho de la mañana, demasiado temprano, pero era el único momento del día en que podía hablar con él y el tiempo jugaba en su contra.

Marcó el número y Georg respondió al segundo tono.

—Perdón por la hora —se disculpó Tom con rapidez.

—Casi no he podido dormir desde que nos contasteis lo de las drogas —murmuró Georg restándole importancia—Llevo despierto desde las siete esperando tu llamada.

—¿Tienes algún plan? —preguntó Tom yendo directo al grano.

—Necesitamos un motivo de peso para que Paul sea despedido sin que sospeche que sabemos lo suyo —empezó a decir Georg pensativo—Algo lo bastante grave para que David no dude en echarlo de inmediato.

—Va a ser difícil encontrar un buen motivo—comentó Tom resoplando—Paul es un buen camarero, algo despistado e insolente, pero trabaja bien.

—Despistado… —repitió Georg con una sonrisa al otro lado—Eso puede servirnos.

—No sé cómo —murmuró Tom desconcertado.

—Soy alérgico a los cacahuetes —dijo Georg de repente—Todos los camareros del club lo saben, soy cliente habitual pero aún así siempre lo advierto cuando voy a comer ya sea allí o en otro sitio.

Tom se puso tenso sin poder evitarlo comprendiendo lo que estaba insinuando.

—No sé si me gusta lo que estoy escuchando—soltó sin poderse contener.

—Hoy iremos a comer como siempre, Louise y yo —continuó explicando Georg—Tú debes asegurarte de que nos sienten en una mesa atendida por Paul. Pediré algo que lleve cacahuete como en alguna salsa por ejemplo y si veo que no se da cuenta no le digo nada de mi alergia, pero si me lo advierte entonces tú tienes que hacer lo que sea para que en mi plato vaya algo que lleve cacahuete.

—No lo veo, Georg—interrumpió Tom negando con rotundidad—Es muy rebuscado además de peligroso. Fijo que Louise se encargaría de avisar a Paul de lo de tu alergia, y si luego la salsa llevara cacahuete podrían echarle la culpa a Rose.

Georg se quedó pensando unos segundos dándole vueltas a su plan.

—Necesitamos una distracción—dijo con firmeza— Ya sé, invitaré a Natalie y a Gustav. Ayer quedó claro que no somos tan amigos como antes, así que le diré a Louise que debemos hablar con ellos para arreglar las cosas. Seguro que Natalie dice algo que la incomoda y empezarán una discusión, eso la mantendrá ocupada mientras yo hablo con Paul.

Tom se quedó en silencio, valorando el plan. Era bueno, pero también arriesgado.

—¿Estás seguro de hacerlo?—preguntó antes de dar el visto bueno.

—Sí, es lo único que puede ayudar a Bill y al club —contestó Georg sin dudarlo un segundo.

—Pero te vas a poner muy mal—insistió Tom tratando de hacerle cambiar de opinión—Habrá que llamar una ambulancia enseguida antes de que empeores.

—Siempre llevo conmigo una inyección de epinefrina, Louise lleva otra en su bolso también y juraría que David se asegura de que en el botiquín del club haya unas cuantas más por si acaso—explicó Georg con calma—Solo pasaré un mal rato, me llevarán al hospital y allí me estabilizarán.

Tom lo escuchaba con admiración. Georg lo tenía todo previsto y estaba dispuesto a sacrificarse por ayudar a Bill en lo que hiciera falta.

—Necesito que en ese momento estés cerca —pidió Georg—Para tranquilizar a Louise si se pone nerviosa. Ni ella ni Bill deben saber nada, así su reacción será más natural. Al principio se asustarán mucho, pero luego lo entenderán aunque nos gritarán y se enfadarán con nosotros hasta que comprendan que era la única solución posible.

Tom asintió en silencio dándole la razón. Estaba seguro de que si le contaba el plan a Bill, este se negaría en rotundo. Era mejor hacerlo sin que lo supiera. Solo esperaba que, cuando conociera toda la verdad, no se enfadara demasiado.

Sintió pasos al otro lado de la puerta y se apresuró a despedirse de Georg. Guardó el móvil con rapidez y comenzó a cambiarse de ropa justo en el momento en que Bill entraba en el vestuario.

—¿Cómo se lo ha tomado David? —preguntó casi sin aliento.

—Quiere despedir a Paul de inmediato —explicó Bill con rapidez—Me exigió que le revelara el nombre de la persona que me lo ha contado pero me negué en rotundo. Creo que he logrado convencerle de que no insista más, lo importante ahora es apartar a Paul del club cuanto antes aunque aún no sepamos cómo hacerlo.

Tom se le quedó mirando en silencio, parecía derrotado y no encontrando palabras que pudieran consolarlo lo único que se le ocurrió fue estrecharlo con fuerza entre sus brazos, susurrándole al oído que todo iba a salir bien. Sintió cómo Bill se estremecía contra su pecho y permanecieron así unos segundos hasta que notó que poco a poco recuperaba el ánimo.

—Se ha hecho tarde —murmuró Bill separándose lentamente—. Vayamos a trabajar mientras pensamos en cómo solucionar este problema.

Tom asintió en silencio y terminó de ponerse el uniforme con rapidez. Salieron del vestuario cada uno sumido en sus propios pensamientos, mientras que Bill trataba de buscar una solución a ese problema que tenia entre manos Tom no dejaba de pensar en el plan propuesto por Georg.

Era la única salida, pero también la más arriesgada. No podían cometer ningún error, o sería Georg quien pagaría las consecuencias.

&

Pasó toda la mañana tras la barra, y en cierto modo lo agradeció. Desde allí podía observar cada rincón del club y mantener a Paul bajo vigilancia, siguiéndolo con la mirada mientras atendía las mesas del embarcadero. No le quitaba los ojos de encima, atento a cada uno de sus movimientos lo que terminó por distraerlo de su propio trabajo y provocó alguna que otra queja.

—Tom, te pedí una limonada no agua con limón —resopló Andreas con fastidio—Sé que es tu primer día de vuelta tras lo ocurrido, pero si no estás en condiciones díselo a David.

—Perdona, tengo la cabeza en otro sitio —se disculpó Tom apresurándose a preparar la bebida correcta.

—¿Estás bien? ¿Quieres que hablemos? —preguntó Andreas, preocupado.

—Hay demasiado trabajo y el turno de las comidas está a punto de empezar —respondió Tom negando con la cabeza—Más tarde, cuando termine hablamos.

Andreas aceptó la respuesta a regañadientes y con la bebida correcta en su bandeja se marchó a continuar con su trabajo dejando a Tom tras la barra con la mirada fija en el embarcadero y la mente atrapada en sus propios pensamientos.

Fue entonces cuando apareció Bill. Había pasado toda la mañana encerrado en el despacho de David, trabajando sin descanso hasta terminar con todo el trabajo pendientes. Solo entonces decidió tomarse un descanso y aprovechar para acercarse a Tom a quien apenas había visto en todo el día.

—Por fin he conseguido despejar la mesa de David de toda esa montaña de papeles —murmuró Bill suspirando—No he parado de clasificar albaranes y revisar facturas, ha sido una mañana de lo más entretenida.

—Mi mañana no ha sido tan entretenida como la tuya —comentó Tom con una sonrisa cansada—David me ha dejado tras la barra seguro que para evitar que la gente piense que me paseo alegremente por la playa presumiendo de mi puesta en libertad.

—Lo ha hecho para que no seas el centro de las miradas y las conversaciones —opinó Bill, aunque comprendía que mantenerlo encerrado en el club tampoco era la mejor solución.

—Lo que necesito es salir de aquí aunque sea a servir mesas, así puedo respirar un poco de aire fresco—añadió Tom resoplando—Aquí también soy el centro de las miradas y siento que me ahogo, luego le preguntaré si me deja escaparme aunque sea unas horas.

En el fondo no le molestaba en absoluto haberse quedado tras la barra, así podía vigilar a Paul y darle vueltas al plan de Georg tratando de encontrar otro que no fuera tan arriesgado. Y se imaginaba que Bill habría pasado la mañana tratando de buscar la manera de resolver el asunto de Paul sin que todo se viniera abajo.

—¡Bill!

La voz de Louise irrumpió como una brisa fresca en medio del bullicio. Se acercó de inmediato y Tom se quedó observando como saludaba a Bill con un fuerte abrazo.

—Venimos a comer —explicó con naturalidad.

Detrás de ella estaba Georg mirándole fijamente. Su saludo fue un gesto silencioso, más bien una manera de confirmar que el plan estaba en marcha y debían meterse de lleno cada uno en su papel. Tras eso saludó a Bill con una sonrisa como si nada raro pasara entre ellos.

—¿Qué tal la mañana? —preguntó carraspeando.

—Mucho trabajo —contestó Bill suspirando— ¿Mesa para dos?

—En realidad seremos cuatro —informó Georg—Hemos quedado con Gustav y Natalie.

Bill se quedó mirándolo sin comprender del todo. No sabía nada de ellos desde el día anterior y en el fondo no tenía fuerzas en esos momentos para enfrentarse a nadie y en especial a Natalie.

—En el embarcadero estaréis más cómodos —intervino Tom con firmeza, como si intentara suavizar la situación.

—¿Seguro? Hace mucho calor, prefiero el aire acondicionado del club —murmuró Louise con cierta duda.

—Vayamos fuera, seguro que a la sombra no hace tanto calor —dijo Georg tomando con firmeza a Louise del brazo.

—Bill, llévalos a la mesa siete —pidió Tom antes de que Louise pusiera otra objeción.

Bill asintió en silencio y los acompañó hasta la mesa con la mente todavía atrapada en la sorpresa de aquel encuentro inesperado.

Tom les vio salir del club desde la barra y solo entonces soltó en un profundo suspiro todo el aire retenido. Un poco más y Louise estropeaba el plan, Paul estaba trabajando en el embarcadero, si se hubieran quedado dentro sería Melissa quien los atendiera y ella no formaba parte del plan.

Desde la barra tenía una vista privilegiada de la mesa que les había asignado. Observaba con atención a Bill conversando con sus amigos, hasta que minutos después se despidió de ellos y regresó al interior del club dirigiéndose directamente hacia la barra.

—Dos tés helados para Louise y Georg —le pidió.

Tom asintió en silencio y comenzó a preparar las bebidas evitando no cruzar su mirada con la suya. En el fondo sabía que si lo hacía Bill podría descubrir que algo estaba ocurriendo y no quería que lo supiera.

Pero Bill lo notó, que eludiera mirarle a los ojos era muy extraño y en su mente empezó a formarse la idea de que había pasado algo que le había molestado.

—¿He dicho o hecho algo que te haya incomodado? —preguntó con cierta cautela.

—No, es que hay mucho trabajo —murmuró Tom dejando sobre la barra las bebidas que le había pedido.

En parte era verdad, a esas horas el club empezaba el turno de la comida y el club estaba ya casi lleno pero si no le miraba directamente a los ojos era porque pensaba que Bill vería en ellos que había algo que no quería que supiera, no es que le estuviera mintiendo pero lo mejor en esos momentos era que ni supiera lo que estaba ocurriendo a su alrededor.

Y para corroborar lo que acababa de decirle un grupo de clientes se acercó a pedir a la barra haciendo que Bill se moviera hacia el otro extremo para no molestar. Tom se encargó de atenderlo y tras prepararles las bebidas que le habían pedido alzó la cabeza buscando a Paul con la mirada. En cuanto le vio le hizo una señal con la mano para que se acercara.

—Esto es para la mesa siete —informó cuando lo tuvo delante.

—Estoy hasta arriba de trabajo, ¿no hay más camareros? —murmuró Paul resoplando con fastidio.

No, no podía delegar aquel encargo en ningún otro camarero. Era imprescindible que Paul atendiera esa mesa de principio a fin. Cogió aire profundamente para armarse de paciencia y se plantó frente a él, que parecía más interesado en escabullirse de sus responsabilidades que en cumplirlas.

—Esa mesa es una de las tuyas, deja de quejarte y atiéndelos con tu mejor sonrisa—ordenó con firmeza.

—Que te tires al hijo del jefe no te da derecho a darme ordenes—soltó Paul sin cortarse un pelo mirándole con descaro.

Tom apretó la mandíbula conteniendo la respuesta que amenazaba con escaparse. Sus ojos se clavaron en Paul con rabia consciente de que cualquier palabra de más podía desatar un conflicto en mitad del club y no era eso lo que buscaba, no ese día en que Paul estaba en el punto de mira de David quien como siempre pasaba estaba presente cuando presentía que había algún altercado la estabilidad de club.

Porque le había visto asomarse de repente a la puerta del almacén para observar desde allí lo que estaba pasando en el club como si presintiera que se iba a desatar alguna tormenta entre sus empleados. Había estado observando la escena en silencio, grabando cada detalle en su memoria y tomando nota mental de todo lo ocurrido y dicho por Paul que en esos momentos le miraba con un aire de superioridad y soberbia.

Y no había sido el único, a cierta distancia Bill había sido testigo de la conversación de ambos y los observaba aturdido. Las palabras insolentes de Paul lo había dejado sin aire y la tensión entre él y Paul parecía a punto de estallar. El murmullo del club seguía su curso, ajeno a la tormenta que se gestaba en la barra mientras que sentía a Bill debatiéndose entre intervenir o dejar que él manejara la situación por sí mismo.

De buena gana le había partido la cara por lo que había dicho pero debía ceñirse al plan, por eso se quedó en silencio sin responderle como debía observando cómo Paul colocaba las bebidas en la bandeja con gesto mecánico sin añadir una palabra más y dando media vuelta se marchaba como si nada hubiera pasado dejando tras de él un rastro de insolencia y desdén.

Solo entonces Tom se movió y se acercó hasta donde Bill se encontraba intentando tranquilizarlo.

—No le hagas caso, sus días aquí están contados —murmuró forzando una sonrisa que apenas logró suavizar la tensión.

—Aún no se nos ha ocurrido nada para poder despedirlo con discreción—confesó Bill en voz baja.

—No te preocupes, al final del turno todo habrá terminado —susurró Tom con calma.

—Eres demasiado optimista —murmuró Bill suspirando.

Tom le respondió con un guiño antes de volver a concentrarse en su trabajo mientras Bill regresaba al despacho de David para continuar con su trabajo. Desde donde estaba alcanzó a verlo intercambiar unas palabras con él y luego desaparecer en el interior del almacén bajo la mirada fija y atenta de David que no le quitaba los ojos de encima.

¿Sospechaba algo?

Tom no lo sabía, se dedicó a centrarse en su trabajo para no levantar sospechas innecesarias. Sabia que si le contaba el plan a David lo cancelaria de inmediato y no podía dejar que eso pasara.

&

Tal y como habían previsto, Paul fue el encargado de anotar la comida que la mesa de Georg le había pedido. Desde la barra Tom observaba con atención la llegada de Gustav y Natalie, y apenas se sentaron las chicas comenzaron a hablar o más bien a discutir. Sus gestos eran tan evidentes que resultaba imposible confundir aquella conversación con otra normal y corriente.

Georg y Gustav permanecieron en silencio sin atreverse a intervenir hasta que apareció Paul para tomar nota del pedido. Georg fue el primero en hablar aprovechando que Louise estaba distraída. Después pidió Gustav y finalmente avisó a las chicas a decidirse también.

Solo entonces Paul entró en el club para entregar la comanda.

—Dos filetes de pollo a la plancha con salsa satay, acompañados de una ensalada de rúcula, pepino, aguacate y melón —enumeró mientras leía las notas de su libreta—Y dos solomillos al horno con ensalada mediterránea y salsa de yogur con hierbas frescas.

Arrancó la hoja y se la pasó a Tom para que se hiciera cargo del pedido.

—¿Alguna cosa más? —preguntó Tom distraídamente mientras cogía la hoja.

—Nada más, de momento —contestó Paul resoplando—Odio a estos niños ricos que se aburren y solo saben hacerme perder el tiempo. Me han tenido esperando un buen rato mientras esas dos discutían sobre si seguían siendo amigas o no. Por favor, hay cosas más importantes de las que hablar.

—No está bien que escuches sus conversaciones—murmuró Tom esbozando una sonrisa que no pudo evitar.

El plan estaba funcionando.

Paul se había distraído con la discusión de Louise y Natalie y con toda seguridad no había prestado atención a lo que Georg le había dicho sobre su alergia.

—Pues que no hablen delante de mí —replicó Paul a la defensiva—Ya ves lo poco que me importan sus vidas, aunque reconozco que me divierte escuchar sus tonterías. A veces incluso oyes algo que puedes usar en tu propio beneficio.

—¿Y qué has escuchado, si se puede saber?—preguntó Tom con mucho interés.

—Nada que sea asunto tuyo—respondió Paul con desdén—Date prisa en preparar su comida, llevo rato aguantándome y necesito ir al baño cuanto antes.

Tom lo fulminó con la mirada antes de volverse hacia la ventanilla que separaba la barra de la cocina. Con voz calmada pidió a Rose que se encargara de la comida de la mesa siete.

—Claro que sí, cariño —respondió ella con una amplia sonrisa— ¿Alguna indicación en especial?

Tom la miró fijamente. Rose era excelente en su trabajo y siempre se aseguraba de preguntar lo necesario para evitar cualquier problema alimentario entre los clientes.

—No, Paul no me ha dicho nada —contestó Tom procurando sonar natural.

Tragó saliva con esfuerzo al ver cómo Rose asentía y se disponía a preparar el pedido. Sabía perfectamente que la salsa satay llevaba mantequilla de cacahuetes, que era justo lo que Georg había pedido y que en apenas unos minutos todo iba a saltar por los aires.

Dio media vuelta y consciente de que en breve debía estar presente en el embarcadero buscó con la mirada a algún compañero que pudiera sustituirlo en la barra. Localizó a Christine pero enseguida la descartó, jamás haría un favor que no estuviera dentro de sus obligaciones. Entonces vio a Melissa y se acercó a ella con una amplia sonrisa.

—¿Me cubres unos minutos en la barra? —casi le suplicó—Tengo que tomar un poco de aire, llevo toda la mañana aquí metido y necesito estirar las piernas.

—Vale, pero no tardes mucho —accedió Melissa.

—Te lo prometo —murmuró Tom.

Salió del club antes de que algo se lo impidiera, como por ejemplo que David volviera a presentir que iba a ocurrir algún problema y lo retuviera. Georg le había pedido que se mantuviera cerca y eso era exactamente lo que iba a hacer.

Dio un rodeo por el embarcadero y desde la distancia vio cómo Paul servía la comida en la mesa de Georg. Poco a poco se fue acercando con la mirada fija en él justo cuando empezaba a comer con aparente tranquilidad llevándose el tenedor a la boca mientras le buscaba con la mirada.

Entonces lo vio.

Asintió levemente con la cabeza y Georg, fingiendo indiferencia, tomó el primer bocado bajo su atenta mirada.

Tom observaba con la respiración entrecortada pero aún no ocurrió nada.

Y al segundo bocado…todo estalló.

Vio cómo dejaba caer el tenedor sobre el plato con estrépito provocando que los demás dejaran de comer y lo miraran alarmados. Vio a Louise inclinarse hacia él preguntándole con auténtica preocupación si le ocurría algo y también vio cómo Georg intentaba responder con dificultad.

En ese instante Louise reconoció los síntomas. Se puso en pie de inmediato pidiendo a gritos que llamaran una ambulancia mientras rebuscaba en su bolso con manos temblorosas.

Desde donde estaba Tom no podía apartar la mirada de la escena. Entonces echó a correr hacia ellos dispuesto a ayudar en todo lo posible y sobre todo para tranquilizar a Louise y que pudiera asistir a Georg con calma.

—¿Qué ocurre? —preguntó nada más llegar con la voz entrecortada.

—Es alérgico a los cacahuetes —explicó Louise visiblemente nerviosa—En el bolso siempre llevo una inyección extra de epinefrina por si acaso.

Mientras hablaba Georg luchaba por respirar tosiendo sin parar con el rostro cada vez más desencajado. Sus ojos se clavaron en Tom que solo pudo quedarse observando con impotencia sin saber cómo ayudarlo.

—La ambulancia está de camino —anunció David que había llegado también intentando mantener la calma en medio del caos.

A su alrededor los clientes observaban la escena paralizados por el miedo. Entre ellos estaba Bill que había salido corriendo al ver que David hacía lo mismo.

Louise reaccionó con rapidez. Con la inyección en una mano sujetó el muslo de Georg con la otra y presionó con firmeza durante diez segundos. Solo entonces la retiró viendo cómo él asentía con la cabeza mientras su respiración comenzaba a normalizarse poco a poco.

Pocos minutos después llegó la ambulancia. Georg fue trasladado al hospital junto a Louise mientras Gustav y Natalie decidieron acompañarlos también. Aunque ya no eran tan cercanos como antes, en una situación así lo correcto era estar a su lado.

—Por favor, sigan comiendo —pidió David a los demás clientes, tratando de mantener la calma—Todo ha sido un susto.

Los clientes regresaron a sus asientos aunque muchos apenas pudieron probar bocado tras lo ocurrido.

—Tom, ¿puedes ocuparte de las mesas? —pidió David mirándole fijamente.

Tom, que no se había separado de Georg en ningún momento, asintió y se puso de inmediato a trabajar despejando aquella mesa que ya nadie volvería a ocupar. David entró en el club seguido de Bill dejando que Tom con ayuda de Patrick dejara todo en orden.

Una vez despejada la mesa entró en el club para coger una bandeja y sustituir a Paul que en ese instante salía del baño sin tener la menor idea de lo que había sucedido.

—Paul, a mi despacho ahora mismo —ordenó David con voz seca.

Tom lo vio marchar tras él sin decir palabra y, solo entonces, pudo soltar un profundo suspiro de alivio.

El plan había funcionado.

Georg iba camino del hospital y Paul estaba a punto de ser despedido.

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-HORAS DESPUES EN EL HOSPITAL-

—¿Han despedido a Paul? —preguntó Louise sorprendida.

—Queríamos hacerlo desde el principio pero no encontrábamos un motivo que no levantara sospechas—murmuró Bill suspirando—Al final, todo ha sido obra del destino .

—Con una pequeña ayuda mía —intervino Georg desde la cama con voz débil pero cargada de intención.

Louise y Bill lo miraron sin comprender a qué se refería al tiempo que Tom esbozaba una amplia sonrisa y le guiñaba un ojo.

Todo había salido exactamente como ambos lo habían planeado.

El silencio se apoderó de la habitación. Louise frunció el ceño incapaz de entender lo que Georg acababa de insinuar mientras que Bill miraba a Tom fijamente a los ojos buscando en ellos una buena explicación a todo lo que había sucedido.

—¿Qué quieres decir con «una pequeña ayuda tuya»? —preguntó Louise mirando a Georg fijamente.

—Nada de lo que ocurrió fue casualidad —murmuró Georg esbozando una débil sonrisa—Paul no se fijó en mi alergia porque no le dimos oportunidad de hacerlo.

—Yo me encargué de sentaros en una de sus mesas —continuó Tom con las explicaciones, procurando que Georg no se agotara—Y de provocarle un poco, de paso. Por su parte, Georg había invitado a comer a Gustav y a Natalie con la intención de mantenerte distraída para que no insistiera en lo de su alergia. Paul parecía más pendiente de la discusión que mantenías con Natalie que de lo que Georg le estaba diciendo.

Bill dio un pequeño bote sin poder evitarlo, como si las palabras que acababa de escuchar le hubieran atravesado el pecho dejándole sin aliento.

—¿Estás diciendo que todo estaba planeado?—preguntó sintiendo que la voz le temblaba por la rabia que sentía en esos momentos.

Tom sostuvo su mirada sin apartarse con una calma que contrastaba con el torbellino que se había desatado en la habitación.

—Era la única manera de que David tuviera un motivo sólido para despedirlo—contestó sin perder la calma.

—¡Pero Georg podría haber muerto! —gritó Louise incapaz sin poderse contener.

—Estaba todo previsto —murmuró Georg con serenidad, aunque su voz seguía débil—Tanto tú como yo teníamos una inyección de epinefrina y la ambulancia no tardaría en llegar. Sabía lo que hacía y a lo que me exponía.

Bill dio un paso atrás, como si necesitara distancia para procesar lo que acababa de escuchar

—¿Cómo pudisteis ocultarnos algo así? —preguntó con un susurro que sonaba más a reproche que a pregunta.

—Vuestra reacción tenía que ser completamente natural, y si lo hubiéramos contado jamás lo habríais permitido —respondió Tom en voz baja, consciente del peso de sus decisiones—Y entonces no habríamos tenido ningún otro motivo válido para conseguir el despido de Paul.

—Hubiéramos encontrado otra manera, seguro—insistió Bill con firmeza—Una que no pusiera en riesgo la vida de nadie.

—Ya está hecho y no hay vuelta atrás —dijo Georg desde la cama con voz débil—Solo os pido perdón por haberos hecho pasar por todo esto.

—No creo que te pueda perdonarte tan fácilmente —murmuró Louise visiblemente enojada—Me has dado un buen susto.

Antes de que pudieran continuar la puerta se abrió y entró el médico de Georg acompañado por los padres y su padrastro. La tensión que flotaba en el ambiente era palpable, y aquello no era lo más recomendable para el paciente.

—Vamos a dejarle descansar un poco —pidió el médico con firmeza—Podéis volver más tarde.

Louise recogió su bolso y salió de la habitación sin despedirse siquiera de Georg seguida de Bill.

—Espero no haber provocado vuestra ruptura —comentó Tom en voz baja con cierta incomodidad.

—Se le pasará, no te preocupes —murmuró Georg quitándole importancia—Hablaré con ella y seguro que si le compro un bolso nuevo lograré que me perdone.

Tom esbozó una sonrisa y se despidió dejándolo descansar. En el pasillo se reunió con Bill, que trataba de consolar a Louise mientras la abrazaba con fuerza.

—No puedo creer que haya podio planear una cosa así —susurró Louise con la voz quebrada— ¿Y si algo hubiera salido mal? Que yo me pusiera muy nerviosa y no lograra ponerle la inyección o que la ambulancia se hubiera retrasado… Georg podría haber muerto delante de nosotros.

Bill la estrechó con más fuerza buscando que su contacto pudiera consolarla al igual que sus palabras.

—Lo sé, yo también estoy muy enfadado pero no debemos pensar en todo eso que podía haber pasado—murmuró sin dejar de abrazarla—Lo importante es que todo ha salido bien y Georg está estable.

Louise levantó la cara y se le quedó mirando con los ojos brillantes de rabia y miedo.

—¿Cómo se supone que voy a perdonarle como si nada hubiera pasado?—preguntó temblando de rabia—Me lo ocultó todo, me hizo sentir que estaba perdiéndolo y Tom fue cómplice.

Bill acarició suavemente su espalda tratando de calmar la tormenta que sentía en ella.

—No tienes que perdonarlo ahora mismo, necesitas tiempo—dijo esbozando una sonrisa cálida—Pero piensa que lo hicieron por un buen motivo y porque creían que era la única salida. No lo justifica pero quizá lo explica.

Louise asintió con la cabeza y se apartó lentamente recomponiéndose mientras respirando hondo.

—Me siento traicionada, Bill—murmuró sin poderse contener—No solo por Georg, también por Tom. Júrame que no sabías nada porque ya hasta dudo de ti.

—No tenía ni idea de lo que estaba pasando—dijo Bill con firmeza—Y si lo hubiera sabido habría hecho todo lo posible por detenerlos.

Louise creía sus palabras, Bill nunca jamás le había mentido y sabía que lo que le estaba diciendo era verdad. Se sentó en una de las sillas que había en el pasillo sintiéndose muy agotada después de todas las emociones vividas.

—Necesito tiempo —murmuró suspirando—No puedo mirarle ahora sin recordar lo que ha hecho.

Bill se sentó a su lado y le tomó la mano con suavidad. Comprendía lo que estaba sintiendo y sabía que le costaría mucho perdonar a Georg. Sin embargo, en el fondo estaba convencido de que lo haría, el amor que los unía era demasiado fuerte. Cuando llegara el momento de hablar con calma sobre lo ocurrido, Louise lograría dejar atrás el rencor y volver a confiar plenamente en su novio.

Alzó la mirada y la clavó en Tom, que hasta entonces se había mantenido en un silencio incómodo.

—Tú y yo ya hablaremos en casa —dijo con firmeza sin apartar los ojos de él.

Tom asintió despacio, consciente de que tarde o temprano tendría que dar muchas explicaciones y quizá incluso suplicar clemencia. Sabía que la conversación pendiente con Bill no sería fácil, y que el peso de sus decisiones aún estaba por caer sobre ellos.

Por el pasillo apareció Jörg Kaulitz, y Bill se puso en pie de inmediato.

—¿Cómo está Georg? —preguntó Jörg con el rostro visiblemente preocupado.

—Mucho mejor, ahora mismo el médico está con él y sus padres —explicó Bill.

Jörg asintió con gravedad. Como dueño del club era su deber presentarse en persona cuando uno de sus clientes sufría un percance y más aún tratándose del hijo de alguien cercano.

La puerta de la habitación se abrió de nuevo y el médico salió acompañado por los padres y el padrastro de Georg.

—Jörg, muchas gracias por venir —saludó el doctor Listing estrechando la mano que él le tendía.

—¿Hay algo más que pueda hacer? —preguntó Jörg con sincera disposición.

—No, con haber despedido al responsable es suficiente. Georg está bien, y eso es lo que importa —respondió el médico con firmeza.

—Chicos, entrad a despedidos de Georg mientras hablamos —pidió la madre de Georg—Louise, cariño Georg está preocupado por ti.

Louise se levantó al instante y fue la primera en entrar en la habitación seguida de Bill y Tom dejando que los mayores conversaran a solas. Cerraron la puerta tras ellos y desde allí observaron cómo Louise corría a abrazar a Georg rompiendo a llorar entre sus brazos mientras le reprochaba lo tonto que había sido por exponerse de esa manera.

Bill y Tom se miraron en silencio con una leve sonrisa. Apenas habían pasado unos minutos y Louise ya lo había perdonado pese a que había jurado que necesitaría mucho tiempo para ello.

Pero era lógico.

Estaban muy enamorados, y nada ni nadie podía separarlos.

Continúa… 

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por lyra

Escritora del Fandom

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