Incomplete 81

Fic TOLL de lyra

Capítulo 81

Después de compartir una tarde agradable llegó la hora de prepararse para la cena. Al entrar en la casa cada uno se dirigió a su habitación para ducharse y vestirse con más formalidad.

Tom entró en el baño, abrió el grifo de la ducha y se quitó el bañador dejándolo en el cesto de la ropa sucia. Se acercó al espejo y tras mirarse en el recorrió con la mirada la pequeña alacena llena de productos de higiene entre los que se encontraba uno de los frascos de perfume que Louise había comprado sin consultarle el día que eligieron su ropa nueva.

Frunció el ceño.

Tenía la sensación de que alguien había estado allí.

Su cepillo de dientes estaba colocado en otra posición.

Sacudió la cabeza quitándole importancia, seguramente él mismo lo había dejado así. Sin darle más vueltas, entró en la ducha para no perder más tiempo.

A las ocho en punto se encontraba sentado en su sitio en el comedor al lado de Bill. La mesa estaba preparada esa vez para cuatro, lo que significaba que aquella noche se cenaría en familia y que por primera vez Simone Kaulitz se había dignado a compartir mesa con su invitado forzoso.

Simone entró acompañada de su marido con sus tacones resonando sobre el suelo. Ambos ocuparon sus asientos y en cuanto ella colocó con delicadeza la servilleta sobre su regazo Greta apareció empujando el carrito con los platos ya servidos sobre el.

La cena consistía en carne estofada con verduras. Tom escuchó a su lado un leve quejido de Bill, sabía que no soportaba las verduras. En su primera comida en aquella casa había logrado librarse de ellas porque su madre no estaba presente pero esa vez no tendría escapatoria. Tendría que comerlas en silencio, temiendo que Simone lo reprendiera delante de él con alguno de sus incómodos comentarios.

—He estado hablando con la madre de Georg —empezó a decir Simone dirigiéndose con frialdad a su marido—Está muy disgustada por lo que le ha pasado a su hijo, espero que esta vez David haya tomado las medidas adecuadas.

—El camarero que cometió el error ha sido despedido de inmediato—informó Jörg sin dirigir la mirada a su mujer.

—¿Y va a darle una segunda oportunidad, como hizo con Tom? —preguntó Simone con dureza.

—Es distinto—contestó Jörg con firmeza—Tom reaccionó a una provocación sin pensar. Paul, en cambio, puso en peligro la vida de uno de nuestros mejores clientes. No será readmitido bajo ninguna circunstancia.

—Pero según los rumores, vas a darle la parte correspondiente a su paga extra—apuntó Simone dispuesta a no dejar el tema—Es como si le recompensaras por sus servicios cuando no se lo merece.

—Paul es un buen camarero que ha cometido un error imperdonable —explicó Jörg esforzándose por mantener la calma—Es justo que reciba lo que le corresponde por el trabajo realizado.

No podía decirle a su esposa que aquel dinero era, en realidad, una compensación para evitar un escándalo. Lo último que quería era una investigación por despido improcedente que destapara el tráfico de drogas en su club.

Mientras sus padres discutían, Bill cenaba en silencio al igual que Tom. Ambos deseaban que la cena terminara cuanto antes para escapar de aquel ambiente cargado de tensión.

—Habrá que tener un detalle con Georg y su familia —continuó diciendo Simone.

—Lo hablé con su padre en el hospital —respondió Jörg—Tanto Georg como Louise estarán siempre invitados a todo lo que deseen, es lo mínimo que podemos hacer por ellos.

—Y habrá que poner más atención la próxima vez —añadió Simone—Supongo que has hablado con todos los implicados, Rose también debería haber recibido un toque de atención por no cumplir bien su trabajo.

—Rose no tenía idea de que el plato que estaba preparando era para Georg—intervino Tom sin poderse contener—De haberlo sabido, jamás habría puesto frutos secos en la salsa que llevaba.

Simone le dirigió una mirada fría, había osado intervenir en una conversación privada entre ella y su marido.

—Eso no la exime de la culpa —murmuró sin apartar los ojos de él.

—Cocineras como Rose no se encuentran fácilmente —intervino Jörg procurando mantener la calma—Está muy afectada por lo ocurrido y, como bien ha dicho Tom no sabía para quién estaba preparando el plato. Conoce perfectamente las alergias de nuestros clientes y nunca antes había sucedido algo así. Ha sido un error imposible de prever, y lo mejor que podemos hacer es tratar de olvidarlo.

El silencio tras las palabras de Jörg se prolongó unos segundos haciendo que se sintiera pesado e incómodo. Bill bajó la mirada hacia su plato intentando pasar desapercibido, mientras que Tom se mantenía rígido a su lado.

Simone, sin embargo, no dejó escapar la oportunidad. Con gesto calculado tomó su copa de vino y la alzó con delicadeza antes de hablar.

—Claro, lo mejor es olvidar… —murmuró con una sonrisa fría—Aunque algunos parecen tener más facilidad que otros para olvidar sus promesas y responsabilidades.

La frase quedó flotando en el aire como un dardo envenenado. No mencionaba nombres, pero todos sabían a quién iba dirigida. Jörg apretó los labios conteniendo la respuesta, y Bill sintió cómo el ambiente se volvía aún más sofocante.

No podía dejar de mirar a su padre quien a su vez miraba con severidad a su madre consciente de sus intenciones, pero prefirió no entrar en una nueva discusión.

Simone volvió a dejar la copa sobre la mesa con un gesto elegante, satisfecha de haber dejado su crítica velada. El silencio que siguió fue más incómodo que nunca, como si cada palabra no dicha pesara sobre los hombros de todos.

La cena transcurrió en un silencio denso, casi sofocante. Nadie parecía tener verdadero apetito, pero aun así todos permanecieron en sus asientos obligándose a terminar lo que había en sus platos. Cada bocado era más una obligación que un disfrute, un gesto mecánico para cumplir con la rutina.

El sonido de los cubiertos contra la porcelana fue lo único que rompió la calma resonando como un eco incómodo en el comedor. Nadie se atrevía a iniciar otra conversación y las miradas se evitaban con cuidado, como si cualquier palabra pudiera encender de nuevo la tensión latente.

Finalmente cuando los platos quedaron vacíos cada uno se levantó con discreción agradeciendo en silencio que la velada hubiera al fin terminado. Se retiraron a sus habitaciones a descansar deseando poder escapar de aquel ambiente cargado que había convertido la cena en un trámite más que en un encuentro familiar.

En su habitación, Simone se acomodó frente al espejo retirándose con calma las joyas que había llevado a la cena. Una sonrisa triunfal se dibujó en sus labios, había dicho todo lo que pasaba por su cabeza como siempre hacia sin que nadie hubiera tenido el valor necesario para impedírselo, lanzando sus críticas veladas sin que nadie pudiera rebatirla. Para ella aquella cena había sido una victoria silenciosa, un recordatorio de que aún mantenía el control de la casa.

Mientras tanto, en su despacho Jörg había ocupado su sitio ante la mesa con el ceño fruncido y la mente agitada. Abrió lentamente un cajón y sacó dos pequeñas bolsas de plástico precintadas. Dentro de cada una reposaba un cepillo de dientes, uno con el nombre de su hijo y otro con el de Tom. Había aprovechado esa tarde mientras ellos se relajaban en la piscina para entrar con discreción en sus habitaciones y tomar las pruebas que necesitaba sin que se dieran cuenta. Aquellas muestras de ADN eran su única opción para descubrir la verdad, aunque el peso de lo que estaba a punto de confirmar lo oprimía más que nunca.

En contraste con la tensión que dominaba a los adultos, Bill y Tom se refugiaban en una de las habitaciones. La cena había sido incómoda como siempre, cargada de silencios y miradas frías. Pero en esos momentos se hallaban a salvo lejos de todo y podían respirar. Tom se acercó a Bill y lo rodeó con sus brazos tratando de aliviar la tensión que aún se reflejaba en su rostro. Bill apoyó la cabeza en su hombro cerrando los ojos y dejó escapar un suspiro.

—Siempre pasa algo así cuando mi madre está presente —murmuró Bill sintiendo cómo sus ojos se llenaban de lágrimas—Me pregunto si alguna vez mi padre y ella estuvieron tan enamorados como lo estamos tú y yo… ¿por qué se casaron entonces, si parece que no pueden soportarse?

Tom lo escuchaba en silencio. No tenía respuesta para esa pregunta, apenas conocía nada de los padres de Bill pero por lo poco que había visto estaba claro que no estaban hechos el uno para el otro.

Sentía cómo las palabras de Bill se quebraban en medio de la tristeza y como temblaba entre sus brazos sin poderse contener. Lo abrazó con más fuerza mientras pasaba las manos por su espalda tratando de consolarlo.

—No pienses en eso ahora… —susurró con calma besándole en la frente—Lo único que importa es que estoy a tu lado y lo estaré siempre.

Bill sonrió con esfuerzo al escuchar sus palabras dejando que las lágrimas se deslizaran por sus mejillas El calor del abrazo lo envolvía, y poco a poco la angustia se transformaba en una sensación de alivio. Tom lo sostuvo con firmeza como si quisiera protegerlo de todo lo que le dolía, y en ese silencio compartido le transmitía más consuelo que cualquier palabra.

Bill cerró los ojos, dejándose llevar por la seguridad que le ofrecía Tom y en ese instante el mundo exterior desapareció.

No había reproches, ni tensiones familiares, solo la certeza de que en los brazos de Tom podía encontrar esa calma que tanto necesitaba.

&

Al día siguiente fueron a trabajar al club ambos algo más animados. Nada más despertarse Bill se encontró con un mensaje de Louise en su móvil donde le explicaba que Georg estaba completamente recuperado y recibiría el alta esa misma mañana.

No tardó en compartir la noticia con David quien al leer el mensaje pudo respirar sintiéndose más aliviado.

—Ahora solo queda intentar olvidar lo ocurrido y procurar que no vuelva a repetirse —dijo con cierta pesadumbre—Me temo que hasta que encontremos a alguien que sustituya a Paul muchos tendrán que hacer horas extra o doblar turnos. Hablé con tu padre hace unos minutos, quiere revisar a fondo cada candidato antes de contratarlo para asegurarse de que no tenga antecedentes ni asuntos turbios. No quiere que nada semejante vuelva a suceder en su club.

Bill escuchaba en silencio, todo aquello se debía a Paul también podía aplicarse a Tom. Conociendo ya toda su historia sabía que no había tenido un camino fácil y que su pasado no era del todo limpio. Sin embargo, bastaba observarlo para comprender que era una persona trabajadora y digna de confianza.

—Aparte de eso, ha insistido en realizar análisis a todos los camareros sin excepción alguna —continuó diciendo David—No quiere a nadie trabajando en el club que tenga relación con las drogas, y si aparece algo en los resultados será despedido de inmediato.

—Pero, David, entiende que son jóvenes, y más de uno habrá fumado un porro en su tiempo libre —intervino Bill en su defensa—No pueden ser despedidos por intentar divertirse a su manera cuando no están trabajando.

—Lo sé, y he tratado de hacérselo comprender a tu padre—dijo David suspirando—Está buscando la forma legal de imponer análisis sorpresa, pero dudo que exista. Como mucho podría hacerlo en las revisiones médicas reglamentarias pero fuera de eso no habría justificación alguna que no hiciera salir a la luz lo que realmente ocurrió con el despido de Paul.

Bill asintió en silencio sintiéndose algo más aliviado, su padre no podría llevar a cabo lo que pretendía amparándose en la ley. Salió del despacho, dejando a David atrapado en sus pensamientos, y se dirigió al vestuario para cambiarse de ropa. Allí ya no había nadie, los demás camareros ya estaban en sus puestos de trabajo incluido Tom.

Sabía que tenía hablar con todos ellos para advertirles, especialmente con Anouk. Tanto en la hoguera que hicieron en el camping como en la barbacoa había sido ella la primera en fumarse un porro y después fue invitando a los demás. Tenía que pedirle que se mantuviera limpia si no quería arriesgarse a ser despida.

Una vez puesto el uniforme salió del vestuario y se sumergió en su trabajo. La mañana transcurrió como de costumbre, pasó gran parte del tiempo en el despacho de David trabajando después de visitar la cocina para hablar con Rose sobre lo que debía comprarse para abastecer la despensa.

Al llegar la hora de la comida pudo relajarse al lado de Tom. Esa vez decidieron preparar un pequeño picnic y almorzar a orillas del lago, el mismo lugar donde habían celebrado la barbacoa.

Sentados sobre la arena, disfrutaron de los manjares preparados por Rose, siempre pensando en todo y para ese caluroso día de verano les había preparado una ensalada de sandía, queso feta y hojas de menta para acompañar a su delicioso pollo marinado en limón y romero, asado lentamente y cortado en finas lonchas que incluso se podía comer con las manos.

Empezaron a comer dejándose llevar por la calma del entorno. El murmullo del agua y la brisa cálida acompañaban cada bocado haciéndoles pensar que aunque Rose no estaba allí, parecía presente en cada detalle que había tenido desde la disposición de los platos hasta la elección de los sabores, todo transmitía su cuidado y cariño.

—Rose siempre sabe cómo hacer que un día se sienta especial —comentó sonriendo Bill al probar la ensalada de sandía.

—Es como si ya supiera de antemano lo que necesitamos antes de que lo pidamos—murmuró Tom dándole la razón.

El picnic se convirtió en un pequeño refugio, un instante de paz después de tantas tensiones vividas.

Por eso Bill se sintió mal por romper ese momento, pero necesitaba hablar con Tom sobre los planes de su padre.

—David me ha dicho que mi padre está buscando un sustituto para Paul —empezó a decir Bill—Pero esta vez quiere asegurarse de que sea alguien de confianza, con un historial limpio y sin antecedentes.

Tom escuchaba en silencio. Pensaba que había tenido mucha suerte al ser contratado por Jörg Kaulitz, aunque para ello había tenido que mentir y ocultar su pasado delictivo. Ahora le parecía una torpeza por su parte, Jörg era demasiado perspicaz en su trabajo y tenía los contactos necesarios para investigar a quien quisiera descubriendo todo lo que él había tratado de esconder. Suerte tenía de no haber sido despedido de inmediato pues todo su pasado había resultado ser falso, y en parte se debía a que estaba saliendo con Bill y eso era lo que lo protegía de un despido fulminante.

—Quiere hacer análisis a todos los camareros para asegurarse de que nadie está consumiendo drogas —continuó diciendo Bill—Por eso tenemos que hablar con Anouk, pedirle que se mantenga limpia y deje los porros por un tiempo. Es muy trabajadora y no merece ser despedida, aunque haya tenido relación con el tráfico de drogas pero gracias a ella conseguimos frenarlo.

—Yo hablaré con ella —dijo Tom—Le explicaré la situación y estoy seguro de que después de lo ocurrido con Paul aceptará las nuevas normas. Te lo debe, y si quiere conservar su puesto tendrá que comportarse porque puede que no tenga otra oportunidad.

—David es muy generoso, pero si alguien le falla una y otra vez no moverá un dedo por esa persona —comentó Bill—No es solo por él, mi padre está detrás de todo y confía ciegamente en sus decisiones. No quisiera que un problema como el de Paul les pasara factura, y estoy seguro de que David ya ha recibido algún toque de atención por no haber estado más atento a lo que ocurría en el club, aunque en el fondo no haya tenido la culpa.

—No es justo que David cargue con culpas que no le corresponden—murmuró Tom suspirando—No puede estar en todas partes y hemos descubierto lo de las drogas por casualidad y quizás demasiado tarde, a saber cuanto tiempo llevaba Paul traficando sin que David lo supiera.

—Y aun así, mi padre lo sigue viendo como si fuera su responsabilidad —susurró Bill con voz apagada—Para él, David debería haberlo previsto aunque nadie más lo hubiera sospechado. Solo espero que este problema no termine afectando a su relación.

—Ya verás que no —dijo Tom tratando de animarlo—Tu padre está bajo mucha presión ahora mismo, y si le dijo algo a David que no debiera sabrá reconocerlo y pedirle perdón. David también entenderá que todo ha sido como consecuencia de la tensión del momento y que no lo decía en serio. Solo necesitan tiempo para que las cosas se calmen y todo vuelva a ser como antes.

Bill asintió suspirando . Lo último que deseaba era que su padre acabara discutiendo con David hasta el punto de poner fin a lo que tenían.

No se lo merecían.

No después de tantos años llevando su amor en secreto por miedo al qué dirán, lo último que quería era verlos romper por un error que nadie había sabido ver hasta que no fue demasiado tarde.

&

Terminado el picnic cada uno regresó a sus tareas. Tom se despidió con un beso breve antes de dirigirse a la playa donde pasaría el resto del turno atendiendo las tumbonas mientras que Bill se dirigía a la cocina para devolverle a Rose la cesta con los utensilios, que él mismo se encargó de dejar ordenados para ser lavados.

De vuelta al trabajo no le apetecía encerrarse otra vez en el despacho de David asi que cogió la tablet y con ella en la mano se instaló en una de las mesas del embarcadero. Allí se puso a trabajar mientras dejaba que la brisa y el paisaje lo acompañaran.

Casi una hora después apareció Natalie sentándose con naturalidad a su lado.

—¿Interrumpo? —preguntó esbozando una amplia sonrisa.

Bill negó con la cabeza y tras terminar de redactar un correo lo envió antes de dar por terminada su jornada de trabajo.

—No, ya he terminado —explicó apagando la tablet.

—Perfecto, porque quería hablar contigo —empezó a decir Natalie—Aunque me muero de sed. ¿Me invitas a algo?

Bill asintió con un suspiro y cuando Christine pasó cerca le pidió un té helado para Natalie y una limonada para él, indicando además que lo anotara en su cuenta.

—Privilegios de ser amiga del jefe —murmuró Natalie con una sonrisa cómplice.

Bill se la quedó observando con cierta cautela mientras que Christine iba a por sus bebidas.

— ¿Qué te trae por aquí, Natalie?—quiso saber.

Ella se inclinó hacia delante, apoyando los codos en la mesa con gesto confiado.

—Gustav tenía asuntos que atender y no quería quedarme sola en casa —respondió Natalie, mirándolo fijamente—Así que pensé en venir al club, tomar un poco de sol y de paso hacerte una visita.

Bill se la quedó observando en silencio analizando cada una de sus palabras. Después de la última conversación que habían tenido, en la que habían dejado las cosas bastante claras, no entendía el motivo de aquella visita inesperada.

¿Y Gustav? ¿Qué asuntos tenía que resolver él solo?

Porque lo único que se le venía a Bill a la mente era que en ese mismo momento Gustav estaría con Alexander. Y Natalie o bien lo ignoraba o lo sabía y simplemente ya no le importaba.

—No es lo que estás pensando —murmuró Natalie como si hubiera leído su mente—Gustav tenía que llevar el coche al taller y estará allí toda el día. No creas que cada vez que nos veas por separados es porque el otro se lo está montando con Alexander

—¿Tú también con Alexander? —no pudo evitar preguntar Bill alzando una ceja— ¡Si no os soportáis!

—Eso era antes, pero después de haberlo hablado los tres Gustav y yo decidimos abrir la relación —explicó Natalie, para sorpresa suya—Así Gustav tiene mi aprobación para estar con quien quiera… y yo también. De hecho, el otro día Alexander y yo estuvimos intimando, y debo admitir que no estuvo nada mal.

—Ahórrame los detalles —pidió Bill, frunciendo el ceño—Si has venido a restregarme con quién te estás acostando no quiero escucharlo. Tengo trabajo pendiente.

—Acabas de decirme que ya habías terminado —le recordó Natalie con una sonrisa—Y no he venido a hablarte de mis aventuras amorosas, sino de cómo está Alexander.

El rostro de Bill se endureció de inmediato, no le apetecía hablar de Alexander y mucho menos con ella.

—No quiero saber nada de él —murmuró con frialdad desviando la mirada hacia el embarcadero—Ese capítulo está cerrado para mí.

Natalie no se dejó intimidar, su sonrisa se tornó más seria casi desafiante.

—Lo está pasando realmente mal —empezó a explicar—Está luchando con todas sus fuerzas por dejar la coca, y su padre lo tiene encerrado en casa como parte de la terapia. ¿Puedes hacerte una idea de lo mal que lo está pasando? Sin poder salir, obligado a hablar de todos sus problemas con su propio padre y sin nadie que se preocupe por él aparte de Gustav y yo, que somos los únicos amigos que le quedan.

—No me pidas que sienta lástima por Alexander —murmuró Bill con frialdad—Ya he visto demasiadas veces de lo que es capaz, y no pienso volver a involucrarme en sus problemas.

—No se trata de sentir lástima, Bill—dijo Natalie mirándole fijamente— Se trata de entender que, si logra salir de esto, necesitará todo el apoyo posible. Y tú, aunque no lo quieras admitir, fuiste y siempre serás alguien muy importante para él.

—Importante o no, no voy a cargar otra vez con sus problemas— insistió Bill sin querer ceder—Siento mucho que lo esté pasando así pero él se lo ha buscado, yo siempre he intentado ayudarle y solo ha servido para que me hiciera cada vez más daño.

—No te estoy pidiendo que lo salves, solo que no lo ignores— pidió Natalie suavizando el tono— Porque si se queda completamente solo, no sé si tendrá fuerzas para seguir adelante.

El silencio se instaló entre ambos con pesadez mientras la brisa les acariciaba suavemente el rostro. Bill intuía que Natalie había ido con un propósito claro en mente y no se marcharía hasta haberlo logrado hacer realidad.

Pero también sabía que abrir de nuevo aquella puerta significaba caer de nuevo en las manipulaciones de Alexander y en un pasado que tanto le había costado dejar atrás.

Natalie percibió la sombra de duda en sus ojos y comprendió con certeza que había logrado ablandarlo. Esperó con calma mientras Christine les servía las bebidas y tras tomar un sorbo de su té helado retomó su plan.

—Ayer fuimos a verle, queríamos informarle del accidente de Georg —empezó a relatar—Se mostró muy preocupado por él y estoy convencida de que le gustaría enviarle un mensaje, pero no sabe cómo sería recibido. Reconoce que la última vez que se vieron estaba completamente fuera de sí por la coca y se arrepiente de cualquier cosa que pudiera haber dicho o hecho para molestarles.

—Alexander nunca se arrepiente de nada —murmuró Bill con un deje de amargura en la voz.

—Te aseguro que esta vez es distinto —insistió Natalie inclinándose hacia él—Ha cambiado, y si fueras a verlo lo podrías comprobar con tus propios ojos.

—No quiero volver a caer en lo mismo… —susurró Bill negando lentamente con la cabeza como si quisiera convencerse a sí mismo.

Pero su tono de voz carecía de esa firmeza que había mostrado minutos antes, y Natalie lo había percibido.

—No te pido que lo perdones, ni que olvides lo que hizo—dijo en voz baja—Solo que le des la oportunidad de demostrarte que esta vez todo es distinto.

Bill apretó la mandíbula luchando contra la duda que empezaba a asomar en su interior. La brisa del embarcadero le traía recuerdos que había jurado enterrar, y por un instante se permitió imaginar a Alexander en ese encierro, luchando con todas sus fuerzas intentando salir de la oscuridad que lo rodeaba.

—No sé… —susurró suspirando—No sé si quiero volver verlo, o si podría soportarlo.

Natalie sonrió apenas, consciente de que había logrado abrir una rendija en su resistencia.

—No tienes que decidirlo ahora, solo piénsalo—dijo con tono suave.

Bill asintió con gesto cansado sin comprometerse, pero tampoco cerrando la puerta del todo.

—Su padre le ha pedido, como parte de la terapia, que se deshaga de todo lo que pueda recordarle a ti como los regalos que os habéis hecho—explicó Natalie—Y creo que tú deberías hacer lo mismo. Si de verdad has pasado página, deja atrás cualquier cosa que te ate a él y empieza con Tom desde cero.

Bill bajó la mirada hacia su vaso, removiendo la limonada con gesto distraído.

—No sé si sería capaz… —murmuró, casi para sí mismo.

Natalie apoyó una mano sobre la mesa, sin llegar a tocarle, pero acercándose lo suficiente para que su voz sonara más íntima.

—No tienes que decidir ahora, ni tampoco hacer nada que no quieras. Solo piensa en lo que significaría soltar esos recuerdos, dejar que se marchen. No como una obligación, sino como un paso hacia adelante, hacia lo que ya estás construyendo con Tom.

Bill suspiró, sintiendo cómo las palabras de Natalie se filtraban poco a poco en su resistencia.

—Es más fácil decirlo que hacerlo—susurró suspirando.

—Lo sé —dijo Natalie con suavidad—Pero no se trata de borrar lo que viviste, sino de darle su lugar. Alexander fue parte de tu pasado, y eso nadie lo puede cambiar. Lo que sí puedes elegir es cómo quieres que ese pasado te acompañe de ahora en adelante.

Bill levantó la vista, encontrándose con la expresión serena de Natalie. Había en sus ojos una mezcla de comprensión y paciencia que no había visto en ella nunca y eso le desarmaba.

—¿Y si no estoy preparado? —preguntó en voz baja.

—Entonces espera—contestó Natalie sonriendo con calidez—Nadie te está apurando, solo quería que supieras que tienes esa opción y que no estás solo en decidirlo.

Bill asintió lentamente, sintiendo que, aunque no había dado una respuesta definitiva, la conversación había abierto un espacio nuevo dentro de él.

&

Tras la marcha de Natalie, Bill permaneció un rato más en el embarcadero a solas con sus pensamientos. Sentía la suave brisa acariciar su cuerpo pero en su interior todo era un torbellino. Las palabras de Natalie resonaban en su cabeza una y otra vez.

«Está cambiando… si lo vieras lo comprobarías con tus propios ojos.»

Se preguntaba si realmente Alexander podía haber cambiado, si merecía otra oportunidad o si todo era una ilusión que acabaría arrastrándolo de nuevo a sus manipulaciones y juegos.

Cerró los ojos intentando ordenar lo que estaba sintiendo, pero lo único que consiguió fue que la duda se hiciera más grande.

El sonido de pasos sobre la madera le hizo abrir los ojos sacándolo de sus pensamientos. Tom se acercaba, con gesto cansado tras terminar su turno de trabajo.

—¿Todo bien? —preguntó Tom, sentándose a su lado.

Bill asintió en silencio, aún atrapado en sus pensamientos.

—Te vi con Natalie —dijo Tom incapaz de contenerse— ¿Te dijo algo que te molestara?

—Vino para hablarme de Alexander —respondió Bill con voz grave—Está intentando dejar las drogas y lo está pasando muy mal. Sé que he dicho que no quiero volver a saber nada de él, pero no puedo darle la espalda estando tan mal. Quiero ir a verle, yo solo.

Tom arqueó una ceja sorprendido por sus palabras pero no quiso quitarle esa idea de la cabeza.

—Si eso es lo que quieres, yo te llevo en moto—respondió con calma—Mientras estás con él aprovechó para ver a Andreas y hablar con Anouk.

Bill se le quedó mirando con gratitud, sorprendido por la naturalidad con la que aceptaba su decisión.

—¿No te molesta? —preguntó con cierta cautela.

—No me entusiasma la idea de que estés a solas con Alexander —admitió Tom con sinceridad—Pero confío en ti, sé que ahora eres mucho más fuerte que antes y que no dejarás que vuelva a manipularte. Entiendo que para ti es importante verle, y por eso no me molesta.

—Aprovecharé la visita para hablar con él y pedirle que deje de amenazar a Anouk y a Víctor—apuntó Bill—Es momento de zanjar ese tema que quedaba pendiente.

Tom asintió en silencio al tiempo que le cogía con firmeza de la mano para transmitirle toda su confianza. Ambos sabían que el encuentro con Alexander no sería solo una conversación, sería un ajuste de cuentas con el pasado.

Continúa… 

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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