Incomplete 82

Fic TOLL de lyra

Capítulo 82

Se dieron prisa en regresar a casa, una vez allí tal y como Tom le había prometido le llevó a la casa de Alexander.

Bill se bajó de la moto y tras despedirse de Tom con un breve beso echó a andar con pasos decididos hacia la puerta. El crujido del camino de grava bajo sus pies acompañaba cada paso como si marcara el ritmo de su determinación, aunque por dentro sentía un nudo en el estómago. Sabía que enfrentarse a Alexander no era sencillo, cada palabra podía convertirse en un arma y cada gesto en una trampa.

Al llegar a la puerta llamó al timbre y aguardó unos segundos hasta que el mayordomo de los Vandael abrió.

—Buenas tardes, John —saludó Bill cogiendo aire antes de continuar—Lamento presentarme sin avisar, ¿podría ver a Alexander? No sé si está en condiciones de recibir visitas o si mi presencia le resultaría incómoda.

El mayordomo inclinó ligeramente la cabeza con gesto sereno.

—El doctor Vandael me indicó que el señorito Alexander puede recibir la visita de sus amigos, y que su visita sería la más bienvenida —respondió con calma.

Bill agradeció con una leve sonrisa y se adentró en el vestíbulo. Tras cerrar la puerta con discreción, John le señaló el camino con un gesto medido.

—El señorito Alexander se encuentra descansando en el salón —explicó—Pediré que les preparen algo para merendar.

Bill asintió en silencio, sintiendo cómo cada detalle de la casa parecía anticipar el encuentro que estaba a punto de tener. Se dirigió al salón y allí se encontró a Alexander recostado sobre uno de los sofás mirando al techo absorto en sus pensamientos.

Desvió la mirada al notar su presencia y esbozó una sonrisa que no transmitía cordialidad, sino un desafío silencioso.

—¡Bill! Qué sorpresa —exclamó levantándose del sofá— ¿Qué te trae por aquí?

Bill respiró hondo antes de contestar.

—Quería ver cómo estabas —murmuró procurando sonar natural.

Sabía que no podía explicarle que además de interesarse por su estado el motivo real de su visita era el bienestar de sus amigos a los que él estaba chantajeando. No quería parecer desesperado ante sus ojos, y además Alexander podría ofenderse si no mostraba interés por su estado primero.

—Bueno… depende del momento —contestó Alexander suspirando—A ratos me siento bien, y de repente me invade una agitación nerviosa. Es como vivir en una montaña rusa de emociones.

Bill comprendía perfectamente a qué se refería. Él mismo había atravesado esa sensación de hundimiento, agravada por las críticas constantes de su madre que nunca habían servido de ayuda. Al contrario, lo habían empujado más hondo en un pozo del que creyó que jamás saldría.

—Y estar todos los días encerrado en casa no ayuda en nada —continuó Alexander con amargura—Mi padre insiste en que aún no estoy preparado para enfrentarme al mundo, que no estoy lo bastante fuerte y por eso me mantiene aquí aislado.

—Pronto volverás a encontrarte bien, y serás el de antes —dijo Bill intentando animarlo.

—Eso espero —murmuró Alexander soltando otro suspiro—Pero vayamos fuera a hablar, aquí dentro siento que me ahogo.

Bill asintió y juntos atravesaron uno de los grandes ventanales del salón hacia el jardín. Caminaron por el sendero que conducía a la piscina y se acomodaron cada uno en una de las tumbonas. Permanecieron en silencio hasta que la cocinera apareció con una bandeja y dejó su contenido sobre la mesa situada entre ellos.

—Gracias, Nora—dijo Bill con una sonrisa amable.

Alexander, en cambio, no pronunció palabra porque nunca agradecía al servicio su trabajo. Guardó silencio hasta que Nora regresó a la casa, momento en el que su mirada se volvió hacia Bill consciente de que aquella visita no era solo por cortesía ni por interés en su bienestar.

—¿Querías algo de mí en particular? —preguntó Alexander yendo directo al grano.

—He venido a pedirte algo —dijo Bill carraspeando antes de continuar—Quiero que dejes en paz a Víctor y a Anouk, no se merecen que los chantajees ni que los manipules con tus juegos.

Alexander se recostó en la tumbona con una sonrisa ladeada. Entrelazó las manos tras la nuca y se le quedó observando con detenimiento como si quisiera descifrar cada matiz de su expresión.

—¿Y por qué debería hacerlo? —replicó con calma—Se han aprovechado de mí y también de Gustav, sobre todo Víctor. ¿Sabías que vendía su cuerpo a cambio de dinero?

Bill asintió en silencio. Ya conocía la historia, Víctor se la había contado en un momento de desesperación.

—Pues cuando descubrió lo que había entre Gustav y yo, decidió subirle el precio —explicó Alexander fijando su mirada en él—Dime, ¿por qué debería ser clemente con alguien que nunca ha mostrado arrepentimiento?

—Debes serlo por mí —respondió Bill con firmeza—Si tienes un problema conmigo, enfréntate sólo a mi pero no los arrastres a ellos solo por diversión.

El silencio se instaló entre ambos, pesado y expectante. Alexander inclinó la cabeza hacia atrás y dejó escapar una leve risa.

—Tienes valor Bill, lo reconozco—murmuró suspirando—Aunque nunca antes lo haya visto. Pero el valor no siempre basta para cambiar las reglas del juego.

—Entonces cámbialas, haz lo correcto por una vez—suplicó desesperado Bill—No por mí sino por ellos, no merecen nada de lo que les estás haciendo. Saben que se equivocaron y han dejado atrás esa vida que llevaron por necesidad. Solo quieren vivir en paz, sin que su pasado salga a la luz. Por el bien de su madre, que no merece enterarse por vuestras bocas de todo lo que sus hijos han hecho para intentar ayudar en casa.

Alexander se le quedó observando en silencio mientras en su mente seguía dando vueltas a aquel plan del que no pensaba desistir jamás. Quería vengarse de Bill a toda costa, aunque antes prefería jugar un poco más con él como siempre había disfrutado hacer. Pero para lograrlo debía fingir arrepentimiento primero, mostrarse convincente y hacer lo necesario para que Bill creyera en su aparente cambio.

Con gesto calculado sacó el móvil del bolsillo del pantalón y marcó un número guardado en su agenda ante los ojos atentos de Bill activando el manos libres.

—Anouk, soy Alex—dijo en cuanto ella respondió—Estoy aquí con Bill y quiero que sepas que de ahora en adelante tanto tú como Víctor podéis respirar tranquilos. Ni Gustav ni yo volveremos a molestaros.

—¿Hablas en serio, Alexander? —preguntó Anouk con cautela.

—Totalmente en serio —dijo Alexander con firmeza—Tengo el manos libres puesto y Bill está a mi lado, él puede corroborarlo.

—¿Cómo podemos estar seguros de que no os echareis atrás?—intervino Bill en voz alta para que Anouk lo escuchara.

—Tenéis mi palabra—contestó Alexander mirándolo fijamente —Sé que no soy alguien en quien podáis confiar plenamente pero cuando tuve el accidente ya te protegí. No dije que la coca que me había tomado se la habías suministrado a Gustav, desvié las sospechas hacia el Keller. Mis padres hicieron que la policía lo registrara de arriba abajo y aunque no encontraron nada concluyente sigue bajo vigilancia y tendrá que enfrentarse a una multa por otras irregularidades que descubrieron.

—¿Y Gustav? —preguntó Anouk con cierta inquietud— ¿Dejará en paz a mi hermano?

—Gustav solo hace lo que yo le ordeno, nunca se le ha dado bien pensar por él mismo—respondió Alexander con una sonrisa tranquila—Hablaré con él, dile a Víctor que no se preocupe.

—De acuerdo… gracias, Alexander —dijo Anouk dejando escapar un suspiro de alivio.

Alexander colgó la llamada y se le quedó mirando a Bill sin perder la sonrisa.

—¿Lo ves? He cambiado, aunque te cueste creerlo —dijo Alexander, mirándolo fijamente—Estoy intentando dejar atrás toda esta mierda con todas mis fuerzas. Quiero pasar página, seguir con mi vida y olvidar el pasado… y eso te incluye a ti.

Bill se le quedó observando en silencio sin saber si debía creerle, no sería la primera vez que Alexander prometía algo que luego no cumplía.

—Mi padre insiste en que olvidarte es lo mejor para mí ahora mismo —continuó diciendo Alexander—Deshacerme de todo lo que me recuerde a ti, y eso es lo que voy a hacer. Voy a devolverte todos los regalos que me hiciste, será lo mejor para los dos. Así tú podrás empezar de cero con Tom, y yo con quien sea capaz de aguantarme.

—¿Gustav y Natalie? —preguntó Bill, sin poder contenerse.

—¿Y por qué no? —replicó Alexander con naturalidad—Ellos han abierto su relación, y yo puedo estar con Gustav cuando quiera sin que Natalie se enfade. Y si alguna vez quiero compartir un momento íntimo con ella también puedo hacerlo sin problema. Tú y Tom deberíais plantearos lo mismo, ser fiel a una sola persona ya no se lleva, no funciona y solo trae problemas.

—Es una manera de verlo… pero yo solo quiero estar con Tom, y él conmigo —murmuró Bill.

—Ahora lo ves así porque estáis empezando —insistió Alexander—Pero ya verás cómo más adelante quizá cambiáis de opinión.

—No lo creo —respondió Bill con firmeza—Estamos muy enamorados.

—Apenas lo conoces para decir eso —soltó Alexander incapaz de contenerse—Pero bueno, tendré que aceptarlo. Tú y yo tampoco éramos tan amigos cuando empezamos a salir, y aunque te cueste creerlo yo me enamoré locamente de ti. ¿Recuerdas cómo empezó todo? Tú estabas perdido, yo vi tu tristeza… empecé a hablar contigo cuando acudías a terapia con mi padre y salías destrozado. Poco a poco nos hicimos amigos, y después novios.

Bill no pudo evitar sonreír al recordarlo aunque aquella etapa estaba algo borrosa en su memora.

Acudía a terapia obligado por su madre convencida de que así lograría cambiarlo. Él estaba desesperado por demostrarle que no podía cambiar su forma de ser, que no era malo ser gay y quizás por eso empezó a salir con Alexander. Era el hijo de los mejores amigos de sus padres, el novio ideal que ellos aceptarían sin problema. Aunque al principio todo fue demasiado rápido para su gusto, con el tiempo descubrió momentos en los que Alexander se comportaba como debía ser y entre ellos surgió algo parecido a ese amor que que tan desesperado buscaba.

Alexander no apartaba la mirada de su sonrisa.

Sabía que había logrado despertar en él recuerdos de los buenos tiempos, y eso ya era un gran paso.

—Voy al baño, no tardo —murmuró, levantándose de la tumbona.

Se alejó dejando a Bill sumido en sus recuerdos hasta que una fría voz lo sacó de ellos.

—Vaya, vaya… no imaginaba que fueras a venir tan rápido.

Bill alzó la mirada y allí estaba Natalie de pie frente a él observándolo con una amplia sonrisa dibujada en los labios.

Sintió cómo se encogía en su asiento sin poder evitarlo, Natalie siempre lograba intimidarlo con su presencia y le había sorprendido en un momento de debilidad atrapado en los recuerdos compartidos con Alexander.

Lo último que deseaba era que Natalie lo descubriera y, fiel a su costumbre, se burlara de él sin tener piedad alguna.

&

Tras dejar a Bill frente a la casa de Alexander, Tom puso rumbo al camping. Aparcó la moto junto al porche del bungalow de Andreas, pero en lugar de entrar allí se dirigió al de Melissa y llamó a la puerta.

—¡Tom! Qué sorpresa —lo saludó Melissa con un fuerte abrazo— ¿Y Bill?

—Tenía cosas que hacer y pensé en pasar a veros —explicó Tom con naturalidad—Espero no interrumpir, quizá tú y Anouk teníais planes.

—Íbamos a ver una película y comer palomitas —respondió Melissa con una sonrisa—Pasa, voy a ver si Andreas quiere unirse.

—¿Te importa dejarme un momento a solas con Anouk? —pidió Tom en voz baja.

Melissa asintió sin añadir nada más y salió del bungalow. Tom cerró la puerta tras ella y se quedó esperando. Poco después, Anouk apareció en el salón recogiendo su cabello en un moño.

—Tom, qué susto me has dado —dijo con una sonrisa.

—Perdona, no era mi intención asustarte —se disculpó él— ¿Podemos hablar?

Anouk asintió y ambos se sentaron en el sofá.

—¿Bill no ha venido contigo? —preguntó algo extrañada.

—Ahora mismo está hablando con Alexander—contestó Tom sin rodeos—Quiere pedirle que él y Gustav os dejen tranquilos a ti y a Víctor. Era parte del trato, vosotros le contasteis lo de Paul y él se comprometió a hacer todo lo posible para acabar con las amenazas y los chantajes.

—No sé si podrá lograrlo —murmuró Anouk suspirando—Alexander es la persona más cruel que he conocido, disfruta haciendo sufrir a los demás.

Antes de que pudieran continuar, el sonido de su móvil los interrumpió. Lo tomó con gesto sorprendido al ver en la pantalla el nombre del que llamaba.

Alexander.

Intercambió una mirada silenciosa con Tom, mostrándole el teléfono, y segundos después atendió la llamada.

—Anouk, soy Alex—dijo al momento Alexander—Estoy aquí con Bill y quiero que sepas que de ahora en adelante tanto tú como Víctor podéis respirar tranquilos. Ni Gustav ni yo volveremos a molestaros.

—¿Hablas en serio, Alexander? —preguntó Anouk con cautela.

—Totalmente en serio —dijo Alexander con firmeza—Tengo el manos libres puesto y Bill está a mi lado, él puede corroborarlo.

—¿Cómo podemos estar seguros de que no os echareis atrás?—escuchó entonces la voz de Bill.

—Tenéis mi palabra—contestó Alexander mirándolo fijamente —Sé que no soy alguien en quien podáis confiar plenamente pero cuando tuve el accidente ya te protegí. No dije que la coca que me había tomado se la habías suministrado a Gustav, desvié las sospechas hacia el Keller. Mis padres hicieron que la policía lo registrara de arriba abajo y aunque no encontraron nada concluyente sigue bajo vigilancia y tendrá que enfrentarse a una multa por otras irregularidades que descubrieron.

—¿Y Gustav? —preguntó Anouk con cierta inquietud— ¿Dejará en paz a mi hermano?

—Gustav solo hace lo que yo le ordeno, nunca se le ha dado bien pensar por él mismo—respondió Alexander con una sonrisa tranquila—Hablaré con él, dile a Víctor que no se preocupe.

—De acuerdo… gracias, Alexander —dijo Anouk dejando escapar un suspiro de alivio.

Sintió cómo Alexander colgaba y dejó el móvil sobre la mesa, soltando un largo suspiro de alivio.

—Dice que tanto él como Gustav nos dejarán en paz —explicó en voz baja.

—¿Ves? Bill ha conseguido convencerlo —dijo Tom sonriendo ampliamente.

—No me fío de sus promesas ni de las de Gustav —insistió Anouk.

—Yo tampoco, habrá que estar preparados por si acaso —murmuró Tom dándole la razón.

—Hablaré con Víctor, que se ande con ojo —añadió Anouk recostándose en el sofá.

Sentía que la cabeza iba a estallarle en cualquier momento, necesitaba relajarse a su manera. Miró alrededor, localizó su mochila y se levantó para cogerla. De ella sacó su cajita plateada donde tenía varios porros ya preparados pero antes de que pudiera encender uno Tom la detuvo con sus palabras.

—He venido a hablar contigo de eso —dijo señalando el porro que ella había llevado a los labios—Tienes que dejarlos. El padre de Bill quiere hacer análisis sorpresas a todos los camareros y al que le encuentre el menor rastro de droga lo despedirá de inmediato. No quiere que ninguno de sus trabajadores tenga relación con nada de eso después de lo de Paul.

Anouk se quedó mirando el porro con tristeza antes de devolverlo a la cajita y cerrarla con firmeza.

—Gracias por avisarme —murmuró cruzándose de brazos.

Sentía las manos temblorosas, los nervios a flor de piel y no tenía nada a mano que pudiera calmarla salvo sus preciados porros.

A su lado Tom percibió su estado y al momento sacó su paquete de tabaco y le tendió un cigarro.

—No es lo mismo, pero puede ayudarte un poco —comentó con una sonrisa.

Anouk le devolvió la sonrisa y aceptó el cigarro encendiéndolo.

—A partir de ahora quiero empezar una nueva vida —murmuró tras dar una calada—Nada de drogas, ni para traficar ni para consumo propio. Solo tabaco… y mucho café, para relajarme cuando lo necesite.

—Se te ha olvidado el sexo —apuntó Tom riendo.

Anouk estalló en carcajadas, dándole la razón.

Lo suyo con Melissa iba cada vez más en serio, y ambas disfrutaban mucho juntas en la cama.

Se aferraría al sexo con todas sus fuerzas para no volver a caer en la tentación de los porros. Se lo debía a Bill, por todo lo que había hecho por ella y por su hermano.

&

Se quedaron mirando en un silencio tenso, hasta que Natalie, impaciente, decidió romperlo y fue la primera en hablar.

— ¿Dónde está Alexander?—preguntó dejando la bolsa que llevaba colgada al hombro sobre otra de las tumbonas.

—Ha ido al baño, volverá enseguida —contestó Bill en voz baja.

Natalie asintió con un gesto breve, mientras dibujaba una de sus frías sonrisas.

—Qué calor hace hoy —comentó con fingido fastidio.

Llevó las manos al borde del vestido de finos tirantes que llevaba y con un gesto rápido se lo sacó por la cabeza dejándolo caer sobre la tumbona quedándose únicamente con uno de sus diminutos bikinis que solía usar y antes de que Bill pudiera reaccionar se deshizo con naturalidad de la parte superior.

—¿Qué haces, Natalie? —preguntó Bill sintiéndose muy incómodo.

—Con este calor hasta la mínima prenda me sobra —murmuró ella con picardía mirándolo fijamente—Estamos entre amigos… además, ya me has visto así antes.

Bill lo recordaba perfectamente, aquella lejana vez en que estando desesperada se había metido desnuda en su piscina intentando conquistarlo.

—Quería hablar con Alexander y ya lo he hecho —dijo Bill poniéndose en pie—Si has venido tú también a verle, te dejo a solas. Yo tengo cosas que hacer.

—¿Te he molestado? —preguntó Natalie cubriéndose los pechos con las manos— ¿O acaso estás así porque soy la única mujer a la que verás desnuda en tu vida?

Bill sabía que debía marcharse inmediatamente pero era como si una fuerza invisible le retuviera haciéndole permanecer quieto en su sitio.

—¿Has estado alguna vez con una chica, Bill? —preguntó Natalie mirándolo fijamente mientras movía las manos sobre sus pechos acariciándose— ¿La has tocado aquí mismo donde tanto nos gusta?

Quitó las manos por completo y se quedó al descubierto esperando que Bill se acercara y quisiera tocarla mientras llevó una de sus manos más abajo y coló por dentro de la braguita de su bikini empezando a tocarse ella misma sin apartar de él su mirada.

—Vamos… puedes tocarme si quieres —murmuró con voz insinuante—Tom no tiene por qué enterarse nunca.

Bill negó con la cabeza con firmeza y dando media vuelta se alejó con paso rápido dejando a Natalie riendo tras él. Minutos después Alexander regresó y se la quedó mirando con una ceja alzada.

—¿Qué ha pasado? —preguntó con curiosidad.

—Creo que he asustado al pequeño Billie—respondió Natalie con un suspiro.

Se recostó en la tumbona que Bill había dejado libre y clavó la mirada en Alexander.

—¿A ti también te incomoda verme así?—preguntó señalando sus desnudos pechos con los dedos.

Alexander negó con la cabeza encogiéndose de hombros y se acomodó en su propia tumbona. Se había cambiado de ropa, llevaba uno de sus bañadores y de la mano un neceser que dejó sobre la mesa donde estaba la merienda que él y Bill apenas habían tocado.

—Menuda cara tenía cuando lo vi marcharse —comentó entre risas— A saber qué le has hecho o dicho.

—Solo le he preguntado si había estado con una chica antes—explicó Natalie con naturalidad—No me ha querido contestar, pero no ha hecho falta para saber la respuesta. Se nota a simple vista que es virgen.

Alexander rompió a reír al escucharla, él sabía de sobra que Bill jamás había estado con nadie antes que con él y mucho menos con una chica.

— ¿Y tú?—preguntó Natalie alzando una ceja— ¿También lo eres?

—Se podría decir que sí—contestó Alexander sin sentirse molesto por la pregunta—Solo he estado con chicos, las chicas nunca me han llamado la atención.

Natalie se incorporó en la tumbona y se inclinó hacia él sin apartar de sus ojos los suyos.

—Es porque nunca has estado con ninguna como yo—susurro sonriéndole de una manera enigmática.

Alexander se la quedó observando en silencio. Estaba tan cerca que podía apreciar con nitidez la armonía de su figura, en particular de sus pechos. Siempre le había llamado la atención el esmero con el que Natalie cuidaba su cuerpo llevando una alimentación sana y haciendo ejercicio con regularidad como parte de su rutina. Y el resultado era evidente, lucía un físico perfecto y atractivo, con curvas en el lugar justo y sin un exceso de más.

Gustav había sabido elegir muy bien.

—¿Te estás ofreciendo? —inquirió Alexander alzando una ceja.

—¿Hay algo de malo en ello? —replicó Natalie con calma.

Mientras hablaba se había sentado sobre su regazo dejando sus pechos a la altura de sus labios.

—¿Y qué hay de Gustav?—insistió Alexander sin poder apartar la mirada de su cuerpo.

—Hemos abierto la relación, ¿no?—contestó Natalie inclinándose más hacia él—Quedamos en que podíamos estar con otras personas y ahora mismo quiero estar contigo.

Alexander bajó la mirada indeciso.

—No sé si eso le gustaría a Gustav —murmuró negando con la cabeza.

Le había demostrado ser el único amigo en quien podía confiar, el que había estado a su lado en sus peor momento. No podía traicionarlo de esa manera, no después del daño que ya le había causado al revelar su secreto.

—No tenemos por qué contárselo —dijo Natalie esbozando una sonrisa—Vamos Alexander, ya hemos compartido un momento de intimidad. ¿O ya se te ha olvidado que te la estuve chupado hasta que te corriste en mis tetas? Vamos, continuemos donde lo dejamos y vayamos hasta el final.

Era una propuesta de lo más tentadora y Alexander no era de piedra. Podía sentir a su cuerpo responder al ofrecimiento de Natalie sin que él pudiera hacer nada por impedirlo.

Pero estaba aún indeciso.

Por un instante, la sonrisa de Natalie y la seguridad con la que se ofrecía parecían derribar todas sus defensas. El deseo lo empujaba hacia ella, pero la lealtad hacia Gustav lo retenía como un peso invisible en el pecho.

A pesar de todo el daño que le había hecho, Gustav había seguido confiando en él.

¿Podía traicionarlo de nuevo?

¿Podía permitirse herirlo otra vez?

&

Salió de la casa de Alexander procurando no dar un portazo. Una vez fuera cogió el móvil y llamó a Arthur para que viniera a recogerlo. Paseó sin rumbo mientras esperaba, hasta que diez minutos después apareció el coche conducido por Arthur y se subió soltando un suspiro.

—Al club, por favor —pidió cuando Arthur arrancó de nuevo.

El coche se puso en marcha y durante el trayecto Bill sacó de nuevo el móvil. Necesitaba hablar con alguien, con la única persona en la que podía apoyarse en esos momentos que tan agitado se encontraba.

—¡Louise! —saludó en cuanto su amigo respondió—Espero no molestarte.

—En absoluto —contestó Louise—Estoy con Georg, que ya está en casa. Merendamos juntos pero ahora duerme, todavía necesita descansar para recuperarse.

—Me alegra mucho escucharlo —murmuró Bill con la mirada fija en la carretera.

No sabía cómo empezar, cómo poner en palabras lo incómodo que se había sentido cuando Natalie se le había quedado medio desnuda ofreciéndole su cuerpo mientras le lanzaba aquellas preguntas tan hirientes.

—¿Estás bien, Bill? —preguntó Louise.

Podía percibir su ansiedad a través del teléfono, como si le tuviera a su lado pálido y respirando agitadamente.

—Estaba visitando a Alexander… —empezó Bill.

—¿Has ido a verle? —repitió Louise frunciendo el ceño— ¿Te ha hecho algo?

—No, tranquila, no es eso —se apresuró a aclarar Bill—Esta tarde Natalie pasó por el club antes de que terminara mi turno. Se sentó a mi lado y me habló de lo mal que lo está pasando Alexander. Al parecer su padre consiguió que aceptara su ayuda para desintoxicarse y ahora lo está tratando en casa. Va a terapia y no puede salir hasta que su padre vea señales de mejoría.

—Vaya… pues me alegro mucho de que al fin haya aceptado que necesitaba ayuda —dijo Louise con firmeza.

—Por eso fui a verle —continuó Bill—Parte de esa terapia consiste en dejar atrás el pasado, y eso me incluye a mí. Su padre le ha sugerido que devolvernos los regalos que nos hicimos cuando éramos novios nos ayudará a ambos. Eso fue lo que Natalie vino a decirme, además de reprocharme que ni siquiera me hubiera interesado por su estado. Pero la verdad es que no tenía fuerzas ni para mandarle un mensaje.

—Es normal, después de todo lo que te hizo—apuntó Louise.

—Pero ya me conoces, en cuanto supe que Alexander lo estaba pasando tan mal, no pude dejar de pensar en él y al final terminé yendo a verle esta tarde —dijo Bill con un suspiro—. Estuvimos hablando y todo iba bien… hasta que apareció Natalie.

—¿Natalie? ¿Y qué hacía allí? —preguntó Louise sin poder contenerse—Después de lo que le hizo Gustav y de enterarse por boca de Alexander no pensé que tuviera ganas de volver a verle.

—Por lo visto, Gustav y ella han decidido abrir la pareja —explicó Bill resoplando—Así Gustav puede seguir viendo a Alexander sin problemas y, al parecer, también Natalie.

Louise escuchaba en silencio sintiéndose un tanto incómoda por lo que oía. No le sorprendía viniendo de Natalie, que parecía disfrutar hablando de sexo con total libertad lanzando preguntas demasiado indiscretas a la vez que personales siempre que tenía ocasión.

—¿Natalie dijo algo que te incomodara? —preguntó conteniendo el aliento.

—Más bien lo hizo —contestó Bill mordiéndose el labio al recordarlo—Alexander había ido al baño en ese momento y nada más llegar Natalie se quitó la parte de arriba del bikini mientras me hacía preguntas sobre si había estado con alguna chica o si al menos la había tocado… ahí.

Louise ya podía imaginar la escena, el pobre Bill sin saber dónde meterse mientras Natalie se le insinuaba tan descaradamente.

—No pude aguantarlo más y me marché de inmediato —concluyó Bill terminando su relato—No sé qué estarán haciendo ahora mismo ella y Alexander, pero no quiero ni imaginármelo. Solo quiero alejarme de ellos y, si es posible, no volver a verlos.

—¿Quieres venir? Podemos hablar en persona mientras Georg descansa —sugirió Louise.

—Gracias, pero estoy llegando al club —respondió Bill—Tom me dejó en casa de Alexander y se fue, yo quería hablar con él a solas y Tom aprovechó para pasar un rato con Andreas.

Louise asintió en silencio. Con Tom a su lado, Bill estaba en buenas manos. El sabría mejor que nadie cómo consolarlo y tratar de animarlo.

Se despidió de Louise enviándole recuerdos para Georg y guardó el móvil justo cuando Arthur aparcaba en el club.

Arthur había sido testigo mudo de toda la conversación, pero Bill sabía que jamás le haría comentario alguno. Quizás sí a su padre acerca de lo que había escuchado sobre de Alexander y Natalie.

Era parte de su trabajo, igual que el de David de mantener informado a su padre de cualquier detalle que pudiera afectarle, incluso de aquello que Bill nunca se atrevería a contar por sí mismo.

En ese momento, la vergüenza de lo ocurrido con Natalie lo consumía.

Se había sentido profundamente humillado, y lo único que deseaba era correr a los brazos de Tom para tratar de olvidarlo.

Continúa… 

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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