Incomplete 83

Fic TOLL de lyra

Capítulo 83

Natalie lo miraba fijamente con esa mezcla de picardía y desafío que lo desarmaba. Su voz era un susurro que parecía colarse en su conciencia.

—Vamos, Alexander… no te lo pienses demasiado—susurró poniendo una mano suavemente sobre su sexo haciéndole sobresaltarse—Lo estás deseando.

Alexander cerró los ojos un instante, atrapado entre el deseo y la culpa. Sabía que cualquier decisión lo marcaría, que no habría vuelta atrás.

Pero Natalie sabía cómo convencer a cualquiera que se lo propusiera. Su voz, su mirada y la seguridad con la que se movía eran armas que utilizaba con precisión. No necesitaba alzar la voz ni forzar las palabras, bastaba con una sonrisa calculada o un gesto insinuante para que la resistencia de los demás empezara a tambalearse.

Alexander lo sabía.

Podía sentir como si hubiera una fuerza invisible que lo arrastrara, como si cada palabra de Natalie fuera una invitación imposible de ignorar.

—De acuerdo—aceptó Alexander en un susurro haciendo a Natalie en la mujer más feliz del planeta—Pero aquí no, vayamos a mi habitación.

— ¿Por qué?—preguntó Natalie negando con la cabeza—¿No están tus padres trabajando?

Natalie tenía razón.

Su madre seguiría trabajando en la galería hasta la hora de la cena y su padre debía atender a un paciente en el consultorio que tenía en Potsdam. Pocos eran los pacientes que recibía en casa, así que Alexander se encontraba solo acompañado únicamente por el servicio que en esos momentos estaba ocupado en sus tareas.

Su padre confiaba en él. Lo había comprobado en cada sesión cuando Alexander se había tenido que mostrar arrepentido de sus errores y con verdadero deseo de cambiar.

Dejarlo solo en casa era una muestra de esa confianza, sabía que no cometería ninguna imprudencia y además estaba John para asegurarse de que no saliera a ningún lado. Solo podía recibir la visita de sus amigos, y en esos momentos Natalie estaba allí ofreciéndole algo que nunca jamás se había podido imaginar viniendo de ella.

—Así que te gusta hacerlo en lugares públicos—murmuró Alexander llevando las manos a sus caderas.

—Pues como a ti—susurró Natalie empezando a moverse contra él— ¿O no son los baños del club el lugar favorito tuyo y de Gustav para echar un polvo?

Alexander sonrió como respuesta mientras subía las manos por el cuerpo de Natalie hasta llegar a sus pechos que acarició suavemente rozando sus pezones con sus pulgares.

— ¿Son las primeras tetas que tocas?—quiso saber Natalie quitándole todo el romanticismo al momento.

—No, ya había tocado unas antes—contestó Alexander— ¿Y si dejamos las preguntas para más tarde? Haces que me desconcentre, deja de convertir esto en un interrogatorio y vamos a follar.

—Es que soy muy curiosa—replicó Natalie entre risas—Pero bien dicho, follemos de una maldita vez.

Se inclinó sobre Alexander y se apoderó de sus labios sin darle tiempo a protestar. Sentía sus manos abandonar sus pechos y al segundo las sentía colarse por debajo de su bikini hasta llegar a su objetivo.

Alexander la penetró con dos dedos, sintiendo en ellos la humedad de Natalie. Estaba preparada para recibirlo, llevaría así desde que se le insinuara a Bill y en esos momentos Alexander podía comprobarlo en la yema de sus dedos.

— ¿Tienes condones?—preguntó Natalie contra sus labios.

Alexander asintió con la cabeza y llevó una de sus manos hacia la mesa cogiendo el neceser que había dejado sobre ella.

—Tengo condones y lubricantes—enumeró abriendo el neceser.

—Venías preparado—murmuró Natalie entre risas.

—Y ha sido en vano—comentó Alexander suspirando—Lo cogí por su lograba convencer a Bill de pasar un buen rato, pero me lo has espantado.

—Si lo llego a saber no hubiera venido—dijo Natalie cogiendo uno de los condones y dejando olvidado el lubricante a un lado—Esto no vamos a necesitarlo.

—Bill es…muy estrecho y necesita una pequeña ayuda para…—empezó a explicar Alexander.

—Ahórrame las explicaciones—cortó con rapidez Natalie—He venido a follar, no a que me hables de antiguos polvos desagradables.

Se levantó lo suficiente para que Alexander se bajara el bañador exhibiendo ante sus ojos la erección que portaba. Natalie sonrió al verla y tras abrir el envoltorio le puso ella misma el condón masajeándolo un poco hasta dejarlo en condiciones.

Entonces volvió a ponerse sobre él haciendo a un lado su bikini sintiéndole entrar suavemente en su cuerpo, se inclinó hasta apoyar las manos sobre su pecho y empezó a moverse llevando ella el ritmo.

Alexander se dejaba hacer, era una experiencia nueva para él aunque en su mente aún rondaba la idea de haber hecho eso mismo pero con Bill. Se le había presentado una buena oportunidad para reconquistarle y Natalie se la había echado a perder, habían estado hablando y sabía que con mostrarse vulnerable ante él podría romper ese muro que se había construido desde que Tom llegara a sus vidas.

— ¿Estás pensando en Bill mientras me follas?—preguntó de repente Natalie.

Alexander negó con la cabeza al tiempo que seguía entrando y saliendo de su cuerpo.

—Puedes hacerlo, no me importa—murmuró Natalie.

— ¿Tú estás pensando ahora mismo en él?—quiso saber Alexander penetrándola hasta lo más profundo de su ser.

Natalie asintió con la cabeza al tiempo que separaba los labios y dejaba escapar un pequeño jadeo. Cerró los ojos por unos segundos imaginándose que era Bill quien le había hecho sentirse de esa manera, que era él quien estaba debajo de su cuerpo haciéndole el amor como nunca nadie se lo había hecho.

—Cambiemos de postura—pidió Alexander moviéndose.

Salió del todo de su cuerpo y se incorporó en la tumbona. Natalie se le quitó de encima y se le quedó mirando como se bajaba más el bañador y cogía el lubricante que tenía en el neceser.

—No necesitamos de eso—repitió Natalie sintiéndose de lo más húmeda.

— ¿Has probado alguna vez el sexo anal?—preguntó Alexander esbozando una sonrisa traviesa.

—Pues no, y no me apetece probarlo nunca—contestó Natalie negándose en rotundo.

—Te prometo que iré con mucho cuidado—insistió Alexander—Te lubricaré bien y no notarás nada de dolor.

—He dicho que no—repitió Natalie.

—Eres la mujer más valiente que conozco Natalie—empezó a decir Alexander mirándola fijamente—Y pensaba que eras de las que les gusta experimentar cosas nuevas ya sea en su vida cotidiana como en el sexo. No te voy a obligar si no quieres, pero he pensado…que ya que yo acabo de perder mi virginidad contigo tú podrías perder la tuya conmigo…

Alexander tenía facilidad para halagar, sabía elegir las palabras justas para adularla y tratar de persuadirla de hacer algo sobre lo que ella no estaba del todo convencida. En ese momento, sin embargo, Natalie comenzaba a replantearse su respuesta.

—De acuerdo—cedió suspirando—Pero vayamos a tu habitación y si no me gusta lo dejas de inmediato.

— ¿Ahora te da vergüenza hacerlo al lado de la piscina?—quiso saber sonriendo Alexander.

—No me apetece que mi primera vez sea con público—contestó Natalie levantándose de la tumbona—No me fio que Nora o John no estén mirando por la ventana y me vean en una postura…nada digna de una dama.

Alexander soltó una carcajada y levantándose también se acomodó como pudo el bañador mientras que Natalie se ponía el vestido y echó a andar hacia la casa llevando su bolso colgado con naturalidad de la mano mientras que Alexander seguía de cerca cada uno de sus pasos.

&

Decidió dar un paseo hasta el camping. Se despidió de Arthur en el parking del club y echó a andar por el sendero que bordeaba la playa y se adentraba en el bosque con la conversación mantenida con Louise resonando una y otra vez en su cabeza.

¿Por qué era así Natalie?

¿Qué delito había cometido para que se comportara de esa manera con él?

No tenía la culpa de no estar enamorado de ella ni tampoco de ser como era. Le gustaban los chicos, y por mucho que Natalie o su madre quisieran que cambiara jamás lo haría.

Al llegar al bungalow de Andreas respiró hondo tratando de calmarse y llamó con suavidad a la puerta. Nadie salió a abrir. Entonces se volvió y probó suerte en el bungalow de Melissa.

—¡Bill!

Al momento fue recibido por Melissa con un fuerte abrazo y una sonrisa radiante

—¿Estás fumada? —preguntó Bill incapaz de contenerse.

—Más bien bebida —respondió Melissa soltándolo—Me he tomado dos copas de vino y me temo que me han subido rápido.

Lo hizo entrar, y allí Bill descubrió la pequeña fiesta que habían organizado sin él. Además de Tom, estaban Víctor, Andreas y Anouk viendo una película entre palomitas y copas de vino.

Tom se levantó enseguida y lo saludó con un abrazo fuerte. En sus ojos pudo leer que algo había pasado que lo había afectado.

—¿Todo bien? —preguntó en voz baja.

—Sí, luego te cuento —contestó Bill en un susurro—Tranquilo, que no me ha pasado nada.

—Vamos, tortolitos, apartaos que no veo —intervino Melissa acomodándose de nuevo en el sofá.

Decidieron salir al porche para hablar y tomar aire.

—¿Qué tal te ha ido con Alexander? —preguntó Tom visiblemente preocupado.

—Bien, logré que dejara en paz a Víctor y a Anouk —contestó Bill sentándose en los escalones del porche—Me dio su palabra de que no los volvería a molestar aunque no sé si creerle.

—Lo sé, estaba con Anouk cuando llamó —explicó Tom sentándose a su lado—Ninguno de nosotros confiamos en Alexander.

Bill asintió en silencio inclinando la cabeza hasta recostarse contra el pecho de Tom suspirando.

—¿Ha pasado algo más con Alexander? —quiso saber Tom.

—No, ya te dije que con él todo fue bien —susurró Bill—. Pero… apareció Natalie. Y ya sabes cómo es, nada más llegar me hizo sentir incómodo y como ya había terminado de hablar con Alexander me marché de inmediato.

Tom resopló en silencio mientras le pasaba una mano por la espalda a modo de consuelo mientras trataba de imaginar qué le habría dicho Natalie para dejarlo en ese estado.

—Natalie llegó y se quitó la parte de arriba del bikini mientras me hacía preguntas de lo más íntimas —empezó a relatar Bill—Que si había visto antes a una chica desnuda, que si era virgen, o si quería tocarla… que ella me dejaba, y que tú no tenías por qué enterarte.

Tom se quedó en silencio unos segundos como si necesitara procesar lo que acababa de escuchar. Su mandíbula se tensó y apartó la mirada hacia el bosque intentando contener la rabia que le hervía por dentro.

—No puedo creer que Natalie haya querido llegar tan lejos—dijo al fin con voz grave—No tiene respeto por nadie, empezando por ella misma.

— Y lo peor es que parece no tener conciencia de ello—apuntó suspirando Bill—Siempre ha sido así, hace y dice lo primero que se le pasa por la cabeza sin tener en cuenta las consecuencias de sus actos o palabras y sin importarle hacer daño a los demás, y jamás se arrepiente de nada.

—Nunca va a cambiar —murmuró Tom con voz firme pero serena—Y lo único que podemos hacer es poner distancia, no merece la pena que sigas dándole vueltas a lo que ha pasado ni que cargues con lo que ella hace.

—No voy a permitir que me vuelva a poner en esa situación parecida—dijo Bill con determinación—Tanto ella como Gustav han decidido apoyar a Alexander en estos momentos y me parece bien, pero no quiero volver a tener ningún tipo de contacto con ellos, no me merezco sus desprecios y que luego me sienta tan abatido como estoy ahora mismo.

Tom pasó un brazo por sus hombros y le atrajo hacia él besándole en la frente a modo de consuelo

—Solo quiero olvidarlo —confesó Bill en voz baja hundiéndose un poco más en el abrazo.

—Y lo harás —aseguró Tom sin dejar de abrazarle—Estoy aquí, ¿vale? No estás solo en esto.

El silencio del bosque los envolvió, y por un momento Bill sintió que el peso de la humillación se aligeraba, sostenido por la calma y la firmeza de Tom.

&

Minutos después descansaba en la cama mientras recuperaba el aliento que el intenso orgasmo le había robado. A su lado Natalie se encontraba en su mismo estado, desnuda del todo y con el cuerpo temblando.

— ¿Estás bien?—preguntó Alexander con tono preocupado.

Natalie asintió con la cabeza que mantenía girada, no se atrevía a mirarle después de lo que acababan de hacer. Se sentía algo avergonzada aunque la experiencia había sido de lo más placentera, no podía negarlo.

Y Alexander había ido con todo el cuidado del mundo, preocupándose por ella en todo momento para que se relajara respirando hondo cada vez que la sentía ponerse tensa cuando sus dedos lubricaban su estrecha entrada. Estuvo preparándola bastante tiempo sin perder la calma en ningún momento y cuando le sintió entrar…fue una sensación extraña a la vez que algo dolorosa pero poco a poco logró disfrutar de ella llegando incluso al placer gracias a las hábiles manos de Alexander que llevó hasta su sexo para empezar a masturbarla introduciendo al mismo tiempo varios dedos con lo que hizo que un orgasmo recorriera su cuerpo haciéndola estremecer.

—No sé como os gusta que os follen por ahí—no pudo evitar comentar resoplando—Ha estado bien, pero ha sido un poco desagradable.

—La próxima vez no lo será—murmuró Alexander deshaciéndose del preservativo usado.

—No creo que haya una próxima vez—dejó Natalie bien claro.

— ¿Ni siquiera con Gustav?—quiso saber Alexander inclinándose sobre ella.

Natalie negó con la cabeza dejando que Alexander le retirada a un lado el pelo para poder verle mejor la cara, leyendo en sus ojos esa verdad que quería ocultar. Sabía que el día menos pensado se lo propondría a Gustav y este aceptaría encantado.

—Bueno, pues ya hemos dejado de ser los dos vírgenes—murmuró suspirando Alexander—Ahora solo queda montarnos un trío con Gustav.

—Eres…de lo más enfermo—dijo Natalie negándose de nuevo—Ya pronto dejo que vosotros dos me folléis a la vez, ¿qué quieres? ¿Reventarme?

Alexander rompió a reír al escucharla y se inclinó más sobre ella besándola suavemente.

—Voy a ducharme, huelo a sexo—murmuró antes de levantarse de la cama— ¿Quieres venir?

Natalie asintió suspirando y fue tras él caminando con cuidado sintiéndose aún algo dolorida por la nueva experiencia vivida. Entró en el baño y Alexander ya le esperaba dentro de la ducha bajo el agua, segundos después se ponía a su lado dejando que la estrechara entre sus brazos y de nuevo la besara.

—Gracias por todo—susurró Alexander contra sus labios—No por lo de ahora, sino por lo bien que te estás portando conmigo a pesar de que siempre nos hemos llevado mal.

—Creo que ya te he perdonado por haberme quitado a Bill —dijo Natalie sonriendo—Ahora lo único que importa es que salgas de esto cuanto antes y vuelvas a ser el que eras.

—Eso es imposible—murmuró Alexander suspirando—Ese Alexander ya no existe, tenía a su lado a un novio maravilloso al que he perdido. Ahora soy otra persona, y me siento muy solo.

—Nos tienes a Gustav y a mí —dijo Natalie con firmeza—Siempre estaremos contigo, ya sea como amigos o como amantes ocasionales. Lo que más necesites en cada momento.

Alexander sonrió al escuchar aquellas palabras. Se sentía afortunado de poder contar con amigos como Natalie y Gustav que a pesar de los errores que había cometido en el pasado le habían perdonado y querían continuar a su lado.

Esa certeza le devolvía un poco de paz, no estaba completamente solo y aunque el vacío de la pérdida de Bill seguía presente, la compañía y el apoyo de sus amigos le ofrecían ese respiro que necesitaba con urgencia.

&

Tras compartir unos minutos de intimidad en el porche, regresaron al bungalow para reunirse con sus amigos. La película ya había terminado y el grupo estaba ocupado decidiendo qué pizzas pedir para la cena.

—¿Os quedáis? —preguntó Andreas levantando la vista del móvil.

Tom le dirigió una mirada a Bill antes de contestar por los dos viéndole asentir sonriendo con la cabeza.

—Solo si no pides extra de piña —bromeó arrancando las carcajadas de Andreas.

—¡La pizza con piña es el mejor invento en años! —replicó Andreas entre risas alzando las manos como si defendiera una verdad absoluta.

—Eso es porque nunca has probado la de cuatro quesos con miel —intervino Víctor desde el sofá con una sonrisa burlona—Esa sí que es un invento divino.

—¡Qué asco! —replicó Melissa exagerando una mueca—Dulce con salado, no gracias.

—¿No te gustan esas mezclas? —preguntó Anouk mirando a su novia fijamente—Porque no hay nada mejor que cubrirte el cuerpo entero de miel y que te la quiten a lengüetazos.

—Vale, tiempo muerto —pidió Andreas algo incómodo—Os recuerdo que estamos decidiendo qué pizzas pedir, no abriendo un debate sobre sabores raros… ni sobre posturas sexuales.

—Lo dice él que no sabe más que el misionero —murmuró Víctor en voz baja provocando risas contenidas.

—Que yo recuerde, Andreas no es tan básico en la cama —añadió Tom con tono socarrón—Será que contigo no ha querido experimentar nada nuevo.

—¡Eh! —protestó Andreas fingiendo indignación—No voy a permitir que se me difame de esa manera.

—Claro, claro… —rio Víctor—Aquí está el rey del misionero defendiendo su honor.

El ambiente se llenó de risas y comentarios cruzados, cada uno defendiendo su pizza favorita como si se tratara de una batalla épica mientras que otros explicaban cual era su postura favorita en la cama.

Bill, que hasta hacía poco se sentía abrumado por lo ocurrido con Natalie, se sorprendió al descubrir que estaba sonriendo. La calidez del grupo, las bromas y la ligereza de la discusión le devolvían poco a poco la sensación de que ese si era el grupo de amigos al que quería pertenecer.

—Me alegra verte sonreír otra vez—susurró Tom en su oído.

Bill lo miró de reojo y asintió, agradecido. Por primera vez en todo el día, sentía que podía respirar con tranquilidad.

—Bueno, ¿y qué pasa con las pizzas? —preguntó Anouk levantando la voz para imponerse sobre el bullicio—Porque como sigamos así, nos vamos a quedar sin cenar y yo no tengo ganas de ponerme a cocinar para tantos.

—Yo voto por mitad barbacoa y mitad cuatro quesos —propuso Víctor.

—Y yo por la de piña, aunque me quede solo —añadió Andreas levantando la mano como si estuviera en clase.

—Pues yo quiero la de pepperoni —dijo Melissa con firmeza—Y si no, me hago un bocadillo.

—¡Eso sí que es un crimen! —exclamó Anouk, fingiendo horror— ¿Bocadillo en vez de pizza? ¡Sacrilegio!

El grupo volvió a reír y Bill, acomodándose contra Tom, sintió que poco a poco la tensión del día se disolvía en aquella maraña de bromas, complicidad y cariño compartido.

Decididas ya las pizzas Andreas se encargó de pedirlas y media hora después llegaron. Todos se reunieron alrededor de la mesa que habían sacado al porche y entre risas y comentarios sobre los sabores elegidos comenzaron a cenar mientras el aire fresco de la noche acariciaba sus rostros.

El cielo se había oscurecido por completo y sobre ellos las estrellas brillaban con más intensidad que nunca como si quisieran acompañar la velada. El murmullo del lago les llegaba desde la playa cercana, mezclándose con las voces del grupo y el crujido de las cajas de cartón al abrirse.

Bill, sentado junto a Tom, se permitió relajarse al fin. La calidez de sus amigos, la sencillez de la cena compartida y la belleza del cielo lleno de estrellas le hicieron sentir que, por un momento, todo estaba en su sitio.

Terminada la cena, todos colaboraron para recoger la mesa y dejar el porche impecable. La noche avanzaba y el aire fresco invitaba a quedarse un poco más. Tom, que no tenía ninguna gana de subirse a la moto y regresar a casa, se inclinó hacia Bill con una sonrisa traviesa.

—¿Nos quedamos a dormir? —preguntó mirándolo con complicidad—Te recuerdo que tenemos pendiente la inauguración oficial de mi sofá cama.

Bill se le quedó observando unos segundos divertido por el tono con el que lo decía.

—¿Inauguración oficial? —repitió alzando una ceja— ¿Piensas cortar una cinta y todo?

—Claro, con discurso incluido —bromeó Tom—Y si quieres, hasta te preparo un brindis con lo que quede de vino.

—Si os quedáis mañana prometo hacer mis famosas tortitas con caramelo y nata—intervino Anouk que había escuchado la conversación desde la puerta del bungalow.

—Eso suena muy tentador —admitió Bill con una sonrisa mientras sacaba el móvil—Avisaré a mi padre de que no iremos a dormir esta noche, ya nos hemos saltado la cena sin avisar.

—Y yo mientras tanto le informaré a Andreas de que esta noche recuperaré mi sofá… a menos que lo haya vendido —bromeó Tom entre risas.

Entró en el bungalow dejándolo en compañía de Anouk mientras escribía un mensaje rápido a su padre para que no se preocupara.

—Aún no te he agradecido que hayas logrado convencer a Alexander —dijo Anouk en cuanto lo vio guardar el móvil.

—No tienes por qué darme las gracias —respondió Bill con calma—Lo habíamos acordado por lo de Paul, y además no me parecía justo lo que Alexander y Gustav os estaban haciendo.

Anouk asintió con seriedad antes de añadir:

—Tom también me habló también de los planes de tu padre—explicó Anouk mirándole fijamente—En cuanto lo hizo me deshice de todos los porros que llevaba en la mochila. Y mañana, cuando Víctor y yo lleguemos a casa haremos limpieza. Ya le dije a Tom que quiero empezar una nueva vida y más sana. Nada de drogas, por muy estimulantes que sean.

—Me alegro muchísimo por ti, Anouk —dijo Bill con sinceridad—Tu vida es muy distinta a la mía, y entiendo que tanto tú como Víctor hayáis tenido que recurrir a eso para poder salir adelante. Pero habéis dado un gran paso los dos, y si hay algo más en lo que pueda ayudaros, no dudéis en decírmelo.

Anouk bajó la mirada como si las palabras de Bill le pesaran más de lo que esperaba. Se frotó las manos inquieta y al final dejó escapar un suspiro.

—No te puedes hacer una idea de lo mal que lo hemos pasado tanto Víctor como yo —murmuró—Durante mucho tiempo pensé que… bueno, que no había otra salida y tendríamos que dedicarnos a eso el resto de nuestra vida.

Bill sintió un nudo en la garganta, no era culpa, exactamente pero sí una especie de peso que no sabía cómo llevar.

—Anouk… —empezó a decir con cautela—No debería haber sido así para ninguno de los dos.

—Pero lo fue, y durante demasiado tiempo —murmuró Anouk encogiéndose de hombros—Había días en los que pensaba que si alguno de los dos paraba nos hundiríamos aún más, que no había vuelta atrás.

En ese momento apareció Víctor como si hubiera estado escuchando cada palabra que se habían dicho en la soledad del porche.

—Cuando estás en una situación como la nuestra te convences de que no mereces otra cosa—añadió en voz baja—Que eso es lo que te toca.

Bill se los quedó mirando a ambos, y por un instante no supo qué decir. Había tantas cosas que no entendía, tantas que no había visto… pero también algo que sí reconocía. La forma en que hablaban, como quien por fin respira después de estar mucho tiempo bajo el agua.

—Me alegra mucho de que hayáis salido —dijo con firmeza—De verdad, y sé que nunca se podrá borrar todo lo que habéis vivido, pero… ya ha terminado, y eso es lo único que importa.

Anouk le observaba en silencio, como si buscara algo en su rostro. No reproches, no explicaciones. Solo… sinceridad.

—Gracias por todo —repitió en un susurro—Por lo que has hecho y por confiar en nosotros.

Antes de que Bill pudiera reaccionar Anouk lo abrazó con fuerza y Víctor se le unió rápidamente igual de agradecido.

—¿Me he perdido algo?

La voz de Tom rompió el mágico momento haciendo que terminara el abrazo y que Anouk y Víctor se separaran sonriendo.

—¿Celoso? —preguntó Víctor guiñándole un ojo.

—Solo estaba comprobando que no estuvierais intentando robarme otro de mis novios —murmuró Tom fulminándolo en broma con la mirada.

—No es culpa mía que tengamos los mismos gustos —replicó Víctor—Porque he de admitir que Bill siempre me ha gustado, pero estaba con el cabrón de Alexander.

Bill parpadeó, sorprendido, como si no supiera si tomárselo en serio o no.

— ¿Perdón? —alcanzó a decir más rojo que indignado.

—Bill, Andreas…al final voy a tener que hacer un Excel para llevar la cuenta de tus enamoramientos, Víctor—intervino entre risas Anouk.

—Pon A Bill en la pestaña de «casos perdidos» —bromeó Víctor encogiéndose de hombros—Total, nunca me hizo caso.

—Porque estabas demasiado ocupado intentando ligarte a medio planeta—dijo Anouk divertida—Hasta me comentaste algo de que Tom te atraía.

—Pues como a ti—apuntó Víctor delatando a su hermana—Aunque recuerdo que mis palabras exactas fueron que me la ponía bien dura.

—Sois insoportables —murmuró Tom resoplando—Con vuestro permiso Bill y yo nos vamos a dormir, vosotros haced lo mismo y hacedme el favor de no soñar conmigo ninguno de los dos.

—No te prometo nada—dijo entra risas Víctor.

Tom negó con la cabeza aún sonriendo y tirando suavemente de la mano de Bill echaron a andar hacia el bungalow de Andreas mientras dejaban a los dos hermanos retomando una absurda discusión.

—Que conste que yo vi a Tom primero—dejó Víctor bien claro cruzándose de brazos.

—¿Y? —replicó sonriendo Anouk—Eso no lo convierte en una de tus posesiones, además que yo fui la que dijo que me gustaba antes. Tú solo dijiste que estaba muy bueno y me diste la razón.

— ¡Porque la tenías!—dijo Víctor entre risas—Pero es que tú te enamoras de cualquiera que respire.

—Pues como tú—murmuró riendo Anouk.

—¿Qué os pasa? —preguntó Melissa saliendo al porche—Se os oye discutir desde el bungalow.

—Nos estamos peleando por Tom —contestó Víctor.

—No nos ponemos de acuerdo sobre quién lo vio primero o quién dijo antes que estaba muy bueno —resumió Anouk.

—Es que Tom es guapísimo, si hasta a mi me gustaba—admitió Melissa—Bastante suerte tuve de llevármelo una vez a la cama.

Desde el bungalow de Andreas, Bill y Tom no podían evitar escuchar la conversación. Tom se sentía como un objeto de preciado valor, y no pudo evitar sonrojarse mientras que Bill se partía de risa a su lado.

—Son imposibles —murmuró resoplando.

—Lo sé —respondió Bill entre risas—Pero… se les coge mucho cariño. A todos.

Tom se le quedó mirando con una seriedad suave que contrastaba con el jaleo de fuera.

—A ti también te han cogido cariño —dijo mirándole fijamente—Ya no eres solo el hijo del jefe. Eres un compañero más, y te has convertido en uno de sus mejores amigos. Alguien en quien puede confiar ciegamente, alguien que haría lo que fuera si alguno de ellos tuviera un problema.

Bill bajó la mirada incómodo ante el elogio.

—Solo hice lo que debía —murmuró restándole importancia.

—Hiciste más que eso —lo interrumpió con firmeza Tom sin dejarle tiempo a replicar.

Se inclinó hacia él y se apoderó suavemente de sus labios besándole una y otra vez en ellos hasta quedar ambos sin aliento mientras que a lo lejos las voces de los hermanos seguían flotando en el aire cálidas, absurdas y extrañamente reconfortantes.

Continúa… 

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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