Incomplete 84

Fic TOLL de lyra

Capítulo 84

La luz que entraba por la ventana del bungalow era tenue, filtrada por las cortinas claras. Bill fue el primero en moverse, incómodo por la postura y por el brazo de Tom, que seguía descansando sobre su pecho como si llevara ahí toda la vida.

Parpadeó un par de veces desorientado hasta que recordó dónde estaban y por qué habían acabado los dos en ese incómodo sofá cama. Tom respiraba profundamente con el pelo revuelto y la expresión relajada de alguien que por había dormido plácidamente.

Bill sonrió ampliamente preparándose para despertarle, no sabía la hora exacta pero la alarma estaría a punto de sonar a las siete en punto, tenían el tiempo justo de ducharse, vestirse y desayunar con las chicas antes ir a trabajar al club dando un paseo por el camping disfrutando de las vistas del lago y el silencio de la mañana.

—Tom… —susurró intentando moverse sin éxito.

Tom gruñó algo ininteligible y le abrazó con más fuerza como si su cuerpo decidiera por él.

—Cinco minutos más, por favor —murmuró con la voz ronca del sueño.

—Tom, estás aplastándome—dijo Bill en voz baja aunque sin verdadero reproche.

Tom abrió un ojo, apenas una rendija, y se le quedó mirando con una mezcla de sueño y descaro.

—Buenos días —saludó Bill en un susurro.

—¿Dormiste bien?—preguntó Tom ahogando un bostezo.

Se incorporó con lentitud estirándose como un gato y entonces el sofá cama crujió en protesta.

—Sorprendentemente, sí —tuvo que admitir Bill—Aunque creo que me he quedado sin cuello y tú sin costillas.

—Yo ya estoy acostumbrado —bromeó Tom inclinándose hacia él.

Enterró la cara en la curva de su cuello y empezó a llenarle de húmedos besos mientras volvía a acomodarse en el sofá como si quisiera retrasar el momento de levantarse.

—Tom… se nos va a hacer tarde —murmuró Bill, aunque sin hacer el menor intento por apartarse.

Tom sonrió contra su piel.

—Cinco minutos más —repitió en un susurro—Prometo que luego me porto bien.

—Nunca te portas bien—apuntó Bill entre risas.

—Y por eso me quieres —replicó Tom sin dejar de besarle en el cuello.

Bill suspiró resignado dejándose hacer, sintiendo su lengua lamer con avidez cada centímetro de su piel. Entonces le sintió moverse por su cuerpo, bajar hasta su desnudo pecho que fue lamiendo también haciéndole soltar un pequeño gemido al sentir la lengua sobre uno de sus pezones.

Eso fue lo que le hizo perder el juicio, dejó que Tom le hiciera todo aquello que se le antojara mientras él cerraba los ojos y disfrutaba de cada una de sus caricias con una amplia sonrisa en los labios.

Tom fue bajando por su cuerpo y al llegar al borde de sus bóxers se los bajó con ambas manos para apoderarse de su sexo con los labios.

Fue entonces cuando Bill abrió los ojos y llevó una mano abajo tratando de detener sus caricias.

—Tom…no podemos—suplicó entre jadeos.

—Tenemos tiempo de sobra—dijo Tom alzando la cara.

—No me refiero a eso…no podemos con Andreas y Víctor en la habitación de al lado—insistió Bill.

—Fijo que ellos están haciendo lo mismo—murmuró Tom retomando donde lo había dejado.

Separó los labios y le engulló de un bocado pasando la lengua por toda su longitud lo que hizo que Bill cesara en su empeño y se dejara hacer separando las piernas y alzando las caderas entrando y saliendo de su boca sin poderse contener.

No podía negar que Tom era todo un experto, podía sentir como lograba llevarle al borde del orgasmo usando solo la lengua y minutos después no pudo evitar derramarse en su boca dejando escapar un gemido de puro placer.

Tom sonrió al sentir esa calidez llenarle la boca y tragó sin importarle nada saboreándole en su garganta. Solo entonces se incorporó y se le quedó mirando como su rostro permanecía encendido y jadeaba con los labios separados, lo que hizo que se apoderada de ellos sin aliento.

Bill se dejó besar sin poder evitar sentir su propio sabor en los labios de Tom, no pareciéndole para nada desagradable. Lo que le hizo acordarse de cuando se lo hacía Alexander y a él le disgustaba, pero en cambio con Tom no era algo que le incomodara.

— ¿Estás bien?—preguntó Tom dejándole de besar.

Bill asintió en silencio, no había podido evitar ponerse tenso al recordar como era su vida con Alexander y Tom lo había notado al momento.

— ¿He hecho algo que te haya incomodado?—insistió Tom.

No quería contestarle, decirle que no había podido evitar acordarse de Alexander mientras que él le estaba besando después de haberle hecho llegar al orgasmo.

Entonces se movió, bajó una mano y la coló por dentro de su ropa interior al tiempo que se incorporaba en el sofá tratando de devolverle el favor pero eso pareció molestarle a Tom ya que se alejó de su contacto al tiempo que negaba con la cabeza.

—No tienes por qué hacérmelo si no tienes ganas—dijo Tom con firmeza.

—Las tengo—murmuró Bill sin atreverse a dirigirle la mirada.

—Puedo verlo en tus ojos—insistió Tom—Es como si quisieras complacerme para no tener que contestar a mi pregunta.

Bill no pudo evitar resoplar al escucharle y se incorporó quedándose sentado en el sofá sintiendo a Tom moverse a su lado.

—Sabes que entre nosotros no debe haber secretos y que podemos hablar de todo lo que necesites—empezó a decir Tom—Hay algo que te ha molestado y me gustaría saber qué ha sido para no volver a repetirlo.

—No has hecho nada que me haya incomodado—dijo con firmeza Bill—Al contrario, me ha gustado mucho y solo he pensado que debía…que me tocaba a mi hacerte lo mismo…

—No es necesario—murmuró Tom acariciándole la espalda—Lo he hecho porque me ha apetecido, no porque esperara que tú me hicieras lo mismo.

—Con Alexander no era así—confesó Bill en un susurro—Siempre esperaba que yo le hiciera lo mismo a pesar de que no supiera cómo y eso le decepcionara.

Tom arrugó la frente al escucharle, una vez más Bill le hablaba de cómo era su relación con Alexander donde siempre salía él mal parado.

— ¿Alexander te decía eso?—quiso saber.

—Me decía que era un inexperto, que al ser él primer chico con el que estaba no tenía tanta experiencia pero que con el tiempo debería coger práctica—contestó Bill en voz baja—Lo que pasa…es que era algo que a mi no me gustaba hacer, pero sentía que debía hacerlo para complacerlo al igual que él había hecho conmigo.

—Pues si no te gusta hacerlo, no lo hagas—dijo Tom con firmeza—No me voy a enfadar por eso ni a obligarte, debes hacer solo lo que te haga sentir cómodo y no lo que crees que esperan los demás.

—Lo intenté varias veces con Alexander—siguió diciendo Bill como si no le hubiera escuchado—Pero nunca lograba hacerle llegar al orgasmo y me sentía muy frustrado porque pensaba que jamás sabría cómo complacerle porque veía en sus ojos que de nuevo le había decepcionado.

Tom le escuchaba en silencio pensando en lo cabrón que era Alexander por tratar a Bill de esa manera, haciéndole pensar que no servía para nada en el sexo.

—Pues conmigo no tienes ese problema—murmuró sin dejar de acariciarle la espalda—Me complaces mucho y siempre me haces llegar al orgasmo.

Bill sonrió al escucharle, sus palabras le ayudaban mucho pero también le recordaban que aún tenía un tema pendiente, algo que llevaba tiempo sintiendo que quería hacer y que las dos veces que lo había intentado Tom se había negado.

—Y no pienses más en querer hacerme eso solo porque te sientas obligado—dijo Tom como si le hubiera leído el pensamiento—Pasará cuando tenga que ser, de forma natural y porque ambos lo estemos deseando. Y si no ocurriera nunca, no pasa nada.

—Solo espero hacerlo bien y no arruinar el momento—no pudo evitar decir Bill.

Tom se le acercó más en el sofá pasándole un brazo por los hombros haciéndole recostarse contra su pecho.

—No vas a arruinar nada—dijo con firmeza—No debes ir con esa idea, solo recordar que me vas a hacer disfrutar mucho y que yo te lo voy a agradecer después.

Bill tragó saliva sorprendido por lo fácil que Tom lo hacía todo… y por lo difícil que era para él mismo.

—Lo sé —respondió atreviéndose a levantar la mirada y fijarla en él—Y por eso quiero hacerlo bien.

Tom sonrió con esa sonrisa pequeña y honesta que siempre lo desarmaba.

—Lo vas a hacer muy bien —dijo Tom con firmeza—Pero me temo que ahora ya no puede ser.

Justo entonces sonó la alarma del móvil haciéndole vibrar contra la mesita con una insistencia casi cruel. Ambos se quedaron en silencio un segundo, como si el mundo les recordara que la calma tenía un límite.

Bill soltó un suspiro resignado mientras que Tom se incorporaba con lentitud al tiempo que se estiraba mientras apagaba la alarma.

—Toca enfrentarse al nuevo día—dijo Tom suspirando—Tenemos tiempo para compartir una ducha rápida y vestirnos. Piensa en el rico desayuno que nos habrá preparado Anouk, en sus tortitas con caramelo y nata.

Bill sonrió al escucharle y tomó la mano que le tendía ayudándole a levantarse. Había algo sencillo en ese gesto, algo que hacía que el día que empezaba pareciera un poco menos pesado.

Y aunque sintiera aún ese tema pendiente latiendo en el fondo, por primera vez podía enfrentarse a el sin miedo alguno gracias a la confianza que Tom le había demostrado.

&

Llevaba un buen rato despierto, pero permanecía inmóvil en la cama sin ganas de abrir los ojos sintiéndose muy perezoso. No había descansado bien, inquieto al saber que Tom estaba al otro lado de la pared pasando la noche con Bill en sus brazos.

No podía evitar ese leve pinchazo de celos, lo que sentía por Tom seguía siendo demasiado fuerte y no parecía que se le fuera a pasar nunca por mas que se dijera a si mismo y a los demás que ya lo había superado

Sintió a Víctor moverse a su lado cambiando de postura buscándolo. Notó cómo se acomodaba contra su espalda y le rodeaba la cintura con un brazo, soltando un suspiro adormilado.

—¿Ya es de día? —le escuchó preguntar entre bostezos.

No respondió.

Prefería que creyera que seguía dormido, aunque era imposible fingirlo, sobre todo después de llevar varios minutos escuchando voces al otro lado de la pared y justo en esos momentos lo que le llegó a sus oído fue un gemido.

—¿Has oído eso? —insistió Víctor incorporándose un poco—Creo que era Bill.

Solo entonces Andreas se volvió en la cama resoplando. No le apetecía en absoluto escuchar cómo Bill y Tom aprovechaban unos minutos de intimidad en el sofá cama de su bungalow.

—Vaya con Tom… un gemido así solo sale cuando la cosa se ha puesto muy caliente —comentó Víctor con una amplia sonrisa.

—No deberías espiarlos —murmuró Andreas.

—No los espío, estaba durmiendo tan tranquilo a tu lado y ellos me han despertado —se defendió Víctor— ¿Te pasa algo? Pareces enfadado.

Andreas no quiso contestarle. No quería admitir que lo que realmente le ocurría era que los celos lo estaban devorando por dentro, que le dolía que fuera Bill quien estaba en esos momentos con Tom y que él nunca lo estaría.

—¿Es por lo que dije anoche en la cena? —insistió Víctor—Cuando me burlé de ti con lo del sexo…

—Un poco sí, quizá —respondió en voz baja Andreas.

—Lo siento mucho, no debí decirlo. Estábamos todos bromeando y se me escapó —se disculpó al momento Víctor—Además, tú seguiste la broma y pensé que no te había molestado tanto.

Andreas solo suspiró como respuesta. La verdad era que no le había importado en absoluto ya que como bien decía Víctor todos estaban bromeando, pero era una excusa perfecta para justificar su malhumor de aquella mañana.

El silencio volvió a instalarse entre ellos hasta que escucharon la alarma del móvil en el salón y poco después unos pasos descalzos dirigiéndose al baño.

—Parece que van a continuar donde lo dejaron —comentó Víctor moviéndose en la cama—Y tú y yo podríamos hacer lo mismo.

Le sintió acomodarse sobre él o al menos intentarlo, Andreas no estaba de humor para nada esa mañana y mucho menos después de haberse despertado con gemidos procedentes de la habitación de al lado.

—¿Estás bien? —preguntó Víctor al ver cómo se apartaba de su contacto.

—Es que… no me apetece, lo siento —se disculpó Andreas, dándole la espalda.

—¿No te apetece, o no quieres porque Tom está con Bill en el baño? —insistió Víctor—Porque siempre que me he quedado a dormir nuestros buenos días han sido mágicos, pero hoy parece que no tienes ganas.

—Por favor, no quiero discutir —murmuró Andreas, suspirando.

—No estoy ciego, Andreas —insistió de nuevo Víctor—Sé que aún no has superado lo de Tom. Sabes que me gustas mucho y si tú no sientes lo mismo dímelo ahora mismo y deja de jugar conmigo.

Andreas se volvió en la cama con rapidez y se le quedó mirando fijamente a los ojos.

—Tú también me gustas mucho —empezó a decir con firmeza—Pero no he superado lo de Tom, y no creo que nunca lo haga. No cuando tengo que verlo todos los días, cuando sé que es feliz al lado de Bill y cuando sé que jamás voy a poder superarlo por mucho que me esfuerce en hacerlo. No estoy jugando contigo en absoluto, solo te estoy pidiendo tiempo y espacio para poder cerrar una antigua herida que todavía sigue supurando.

Víctor apretó los labios sintiéndose herido. No decía nada pero su silencio fue más elocuente que cualquier reproche. Se incorporó lentamente en la cama apartando las sábanas con un gesto brusco.

—Está bien —murmuró sin querer dirigirle la mirada—Si es espacio lo que necesitas, te lo doy.

Intentó levantarse de la cama pero Andreas reaccionó al instante. Le sujetó con firmeza del brazo haciéndole volver a sentarse en la cama.

—Víctor… espera—llamó en voz baja.

Víctor se quedó donde estaba dándole la espalda con la respiración agitada.

—No quise decirlo así —se disculpó Andreas en un susurro—Me siento mal y lo he pagado contigo cuando tú no tienes la culpa de nada.

Víctor cerró los ojos un segundo como si necesitara recomponerse antes de enfrentarlo.

—Solo intento entenderte —dijo al fin con la voz baja pero firme—Y cada vez que me acerco, siento que choco contra un muro que no sé si quieres derribar o no.

Andreas tragó saliva sintiendo el peso de sus propias palabras y de su propio miedo.

—No quiero que te alejes de mi—dijo acercándose un poco más—Estoy tratando de dejar atrás mi pasado y sin tu ayuda no puedo pero tampoco es justo que tú pagues por eso.

Víctor por fin se volvió y se le quedó mirando. En sus ojos había enfado, pero también una tristeza vulnerable que a Andreas le dolió más que cualquier reproche.

—Entonces dímelo bien claro —pidió Víctor mirándole fijamente a los ojos— ¿Quieres que me quede a tu lado o que me vaya ahora mismo?

Andreas cogió aire profundamente manteniendo su mano aún sobre su brazo, como si soltarlo significara perder algo que aún no sabía nombrar.

—Quiero que te quedes —admitió al fin con una sinceridad que le tembló en la voz—Pero también quiero hacerlo bien contigo. Y ahora mismo… siento que estoy roto y no sé cómo recomponerme.

Víctor se le quedó observando en silencio evaluando si esas palabras eran una excusa más o una verdad desnuda. Y, poco a poco, su expresión se fue suavizando.

—Entonces no me empujes lejos —dijo más cansado que enfadado—Solo déjame saber dónde estoy contigo.

Andreas asintió bajando la mirada un instante antes de volver a buscar la suya.

—Estás aquí, a mi lado —susurró con firmeza—Aunque a veces me cueste demostrártelo.

Víctor soltó un suspiro profundo como si por fin pudiera aflojar la tensión que sentía en sus hombros. No se acostó de nuevo en la cama a su lado de inmediato pero tampoco volvió a intentar levantarse.

Y ese pequeño gesto, para Andreas, fue un alivio inmenso.

&

Después de una ducha agradable en la que además del agua compartieron muchos besos y abrazos, Bill y Tom salieron para vestirse. Como Andreas y Víctor seguían aún en la habitación prefirieron marcharse sin molestarlos. Se dirigieron al bungalow de al lado y nada más abrir la puerta los envolvió el delicioso aroma de unas tortitas recién hechas.

El sonido de una espátula golpeando suavemente la sartén acompañaba el olor dulce que llenaba el bungalow. Anouk, con el pelo recogido en un moño improvisado y vistiendo solo una simple camiseta, levantó la vista en cuanto los vio entrar.

—Buenos días, dormilones —saludó con una sonrisa traviesa— ¿Y Víctor y Andreas? ¿No vienen con vosotros?

Tom se acercó a la encimera intentando robar un trocito de tortita recién hecha pero recibió un manotazo suave en los nudillos por parte de Anouk antes de que pudiera cogerlo.

—Aún estarán durmiendo —respondió Tom frotándose la mano herida—Y como no se den prisa, llegarán tarde al club… y encima se quedarán sin tortitas. Que, sinceramente, sería un castigo bien merecido.

—Pues que espabilen —intervino Melissa apareciendo en el salón recogiéndose el pelo—Hoy Anouk se ha levantado inspirada, esto huele a desayuno de lujo.

Bill sonrió y se acercó a la cocina para poder apreciar mejor el olor a las tortitas sintiendo aún el pelo mojado por la ducha compartida con Tom.

— ¿Me prestas el secador?—le pidió a Melissa.

—Está en el baño, coge lo que necesites—contestó Melissa con una amplia sonrisa.

Bill se la devolvió y fue al baño a peinarse mientras los demás terminaban de hacer el desayuno y poner la mesa.

—¿No debería alguien ir a despertar a los otros? —preguntó Melissa.

—Ni se te ocurra —contestó Anouk sin girarse, concentrada en darle la vuelta a otra tortita perfecta—Víctor siempre se anda quejando de que le trato como si aún fuera un bebé, llamándole a tiempo para ir a trabajar o molestándome en calentarle la comida para que no se la coma fría. Si se duerme y luego llega tarde a trabajar, ya espabilará.

—Está con Andreas—apuntó Tom en voz baja—Fijo que no están durmiendo sino disfrutando de la cama por unos minutos más. Además, así tenemos más tortitas para nosotros.

—Eres un egoísta —dijo Melissa entre risas—Les daremos diez minutos, si en ese tiempo no han venido iré yo misma a por ellos aunque tenga que sacarles de la cama por los pelos.

—Y con esta creo que es la última torita—anunció Anouk—Tocamos a dos cada uno.

—También hay café recién hecho y zumos por si alguien quiere—apuntó Melissa.

Tom se movió al momento y cogió la bandeja que Anouk le pasó con las tortitas recién hechas para dejarla sobre la mesa donde ya había de todo, incluido un cuenco de nata montada y un pequeño tarro con caramelo caliente.

Bill salió en esos momentos del baño con el pelo ya seco y se quedó observando la escena con esa sensación de hogar improvisado que tanto le gustaba siempre que se reunía con Tom y sus amigos. Desde donde estaba podía disfrutar del olor dulce de las tortitas, el vapor que salía de la sartén, las bromas cruzadas y la luz suave de la mañana entrando por la ventana.

Era fácil sentirse bien allí.

—Pues si ya estamos todos, empecemos a comer —dijo Anouk tomando asiento al lado de Melissa—Y si Víctor y Andreas no llegan… ya veremos si les guardamos algo.

Bill tomó asiento también al lado de Tom y empezaron a desayunar comentando el turno que se les presentaba.

—Hoy nos toca juntas en la barra —dijo Anouk sonriendo a Melissa dándole un pequeño empujón con el hombro.

—Perfecto —respondió Melissa mientras se servía una tortita—Así puedo vigilar que no te pases todo el turno coqueteando con los clientes guapos.

—¿Yo? —Anouk abrió los ojos con fingida indignación—Son ellos que no pueden apartar los ojos de mi y si alquilen tendría que estar celosa seria yo, que ya he visto las miradas que te dirigen varias chicas.

—Eso es verdad—aceptó entre risas Melissa—Desde que estamos juntas y digamos que salí del armario noto que soy el centro de atención de muchas chicas.

—Pues más vale que les dejes claro que estamos juntas—advirtió muy seria Anouk—Sobre todo a Christine, siempre te está mirando cuando le das la espalda.

—Pero eso es porque no nos llevamos bien y estará estudiando donde clavarme un cuchillo—dijo Melissa sin dejar de reír.

—No, en serio —insistió Anouk, aunque la comisura de sus labios ya traicionaba una sonrisa—Te mira demasiado y no con odio precisamente.

—¿Estás celosa, cariño?—preguntó Melissa mirándola con una mezcla de burla y ternura.

—No —respondió Anouk demasiado rápido.

—Eso ha sonado a «sí»—intervino Tom entre risas.

—¡No estoy para nada celosa! —repitió Anouk también riéndose—Solo digo que no me gusta cómo te mira, tiene esa cara de… «me gustan los retos».

—Pues que se busque otro reto —dijo Melissa inclinándose para darle un beso en la mejilla—Yo ya tengo suficiente con una novia dramática que se enfada si le quito un trocito de tortita.

—¡Porque es mía! —protestó Anouk agarrando su plato como si fuera un tesoro nacional.

—Dios, y luego dicen que los gays somos los teatrales—murmuró Tom resoplando.

—¿Tú, gay, Tom? —se burló Anouk clavándole una mirada afilada—Te recuerdo te has acostado con mi novia en esa misma cama, así que no te cuelgues ahora etiquetas que no te corresponden.

Bill se recostó en la silla disfrutando del caos matutino mientras pensaba sin poder evitarlo en los tediosos que habían sido siempre los desayunos en su casa cuando la única que podía pronunciar palabra era su madre y sólo para criticarle.

—En fin, si Christine intenta algo conmigo, tendré que decirle que no… aunque le rompa el corazón —dijo Melissa con un suspiro exagerado.

—Pues mejor que le rompas el corazón tú antes de que me toque a mí partirle la cara —soltó Anouk, frunciendo el ceño con ese tono que mezclaba celos, humor y una pizca de amenaza teatral.

—Chicas, haya paz —pidió Tom levantando las manos como si mediara en una pelea épica—O Bill va a pensar que os peleáis por cualquier tontería.

—¿Llamas al amor tontería? —lo interrogó Melissa arqueando una ceja con teatral indignación.

—Cuidado con lo que respondes, Tom—murmuró Anouk cruzándose de brazos—Esta es una pregunta trampa y no hay salida buena.

Tom abrió la boca dispuesto a responder pero la cerró de inmediato sin saber qué poder decir y salir vivo de esa situación. Se volvió hacia Bill en busca de ayuda pero le vio negar con la cabeza al tiempo que esbozaba una amplia sonrisa.

—Vamos Tom, ilumínanos—insistió Melissa mirándole fijamente— ¿El amor es una tontería?

—El amor no—contestó Tom sintiéndose derrotado—Pero vosotras dos cuando os ponéis dramáticas, un poquito sí.

Melissa soltó una carcajada y Anouk le dio un golpecito en el brazo.

—Vale, aceptaremos esa respuesta… de momento —dijo Melissa poniéndose en pie—Pero ve pensando una mejor, porque al final del día me la vas a tener que dar.

—La profe te ha mandado deberes —susurró Anouk entre risas.

—La profe va a sacar a la parejita de la cama por una oreja como no espabilen —replicó Melissa cogiendo una tortita para el camino—Terminad de desayunar que nos vamos en diez minutos.

Salió del bungalow dejando a los demás alrededor de la mesa.

—Se pone de lo más sexy cuando se dedica a dar órdenes—comentó Anouk con un suspiro soñador.

Bill y Tom se echaron a reír mientras terminaban de desayunar, imaginándose a Melissa entrando en el bungalow de al lado agarrando a Víctor de una oreja y a Andreas de la otra para sacarlos de la cama como si fueran dos gatos callejeros.

—Bueno, voy a vestirme, porque no creo que a David le guste lo que llevo puesto como uniforme nuevo—dijo Anouk poniéndose en pie.

Echó a andar hacia la habitación mientras se quitaba la camiseta por el camino, dejándola ver que debajo solo llevaba debajo un tanga finísimo y que mostraba con total naturalidad.

—Tom, se te enfría el café—soltó Bill carraspeando.

Tom parpadeó como si acabara de volver de un trance.

—Yo… sí… el café —murmuró, intentando mirar a cualquier sitio que no fuera el pasillo por donde Anouk había desaparecido.

—¿Debería sentirme yo celoso ahora?—preguntó Bill mirándole de brazos cruzados.

—¿Qué? ¡No!—gritó Tom sin querer—Solo… ha pasado por delante y… no sé, mis ojos han reaccionado antes que mi cerebro.

Bill se le quedó mirando unos segundos más en silencio hasta que finalmente sonrió.

—Tranquilo, cariño —dijo Bill inclinándose hacia él—Si Anouk quisiera ligar contigo, prefiero no imaginar cuál sería la reacción de Melissa.

—¿Colgar a Anouk del techo del club? —aventuró Tom, separando los labios con una media sonrisa.

Bill soltó una carcajada antes de inclinarse y apoderarse de sus labios con un suave beso, de esos que le dejaban sin aire por un segundo.

Tom apoyó la frente contra la suya.

—No tienes por qué preocuparte nunca —susurró—Solo tengo ojos para ti.

Volvió a besarlo, esa vez más lentamente sintiendo cómo Bill suspiraba temblando de emoción dejando que su cálido aliento entrara en su cuerpo y llegara hasta lo más hondo de su ser.

&

Melissa llegó al bungalow de Andreas y, como siempre hacían, entró sin llamar. Empujó la puerta con la cadera y se encontró a Víctor sentado en la cocina desayunando con el pelo revuelto y una expresión ausente en la cara.

—¿Se puede saber qué haces aquí? —preguntó, cruzándose de brazos—Habíamos quedado en desayunar todos juntos, Anouk ha hecho sus famosas tortitas y tú aquí con un triste café.

—No me acordaba, lo siento —murmuró resoplando Víctor.

—¿Y dónde está Andreas?—interrogó Melissa—Vais a llegar tarde al club.

—Se está duchando—contestó Víctor.

Melissa se le quedó mirándolo fijamente, no tenía su energía habitual sino todo lo contrario. Se le veía apagado y triste, como si hubiera dormido poco y pensado demasiado.

—¿Ha pasado algo entre vosotros? —preguntó muy preocupada.

Víctor resopló antes de contestarla como si llevara horas conteniéndolo. Era inútil intentar disimular, Melissa lo había notado a simple vista.

—Ha pasado lo de siempre —contestó suspirando.

—¿Y qué es «lo de siempre»? —insistió Melissa acercándose un poco más.

—Tom —contestó Víctor bajando la mirada—Parece que Andreas no consigue superarlo. Y que anoche Tom se quedara a dormir con Bill… esta mañana los hemos escuchado y yo… yo podía ver en sus ojos lo mucho que le dolía.

Melissa se quedó en silencio por unos segundos procesando lo que Víctor acababa de decir para luego soltar un profundo suspiro.

—Joder… —murmuró, llevándose una mano a la frente.

—Me lo ha confesado esta misma mañana—explicó Víctor—Nada más despertarnos, yo quería aprovechar los pocos minutos que nos quedaba para pasar un buen rato en la cama pero él no estaba con ánimos y ha terminado por contarme que cada vez que ve a Tom siente que se le rompe algo por dentro.

Melissa apoyó una mano en la encimera, inclinándose hacia él.

—¿Y tú cómo estás? —preguntó con suavidad.

—Yo… intento estar para él—contestó suspirando Víctor—Pero le veo así… y siento que no puedo hacer nada por él.

Melissa negó lentamente con la cabeza, con esa mezcla de ternura y determinación que solo ella sabía equilibrar.

—Claro que puedes—dijo con firmeza—Eres lo único que lo va a mantener en pie cuando se sienta hundido. Y él lo sabe, aunque no lo diga.

—A veces pienso que nunca voy a ser suficiente para que lo olvide—confesó Víctor visiblemente tocado.

—Víctor, escucha—empezó a decir Melissa—No tienes que competir con nadie. Ni con Tom, ni con su pasado, ni con sus fantasmas. Tú no estás aquí para borrar nada, estás para acompañarlo. Y eso… eso vale más que cualquier historia que él no haya cerrado del todo.

—¿Tú crees?—preguntó en un susurro Víctor sorprendido por la claridad de sus palabras.

—Lo sé —respondió Melissa sin duda alguna—Y si Andreas no lo ve todavía, ya lo verá con el tiempo. Pero no te me vengas abajo tú también, ¿eh? Bastante tengo con sacarle a rastras de la ducha.

—Gracias, Melissa—dijo Víctor esbozando una débil sonrisa.

—Para eso estoy—dijo Melissa apretándole el hombro con cariño—Ahora voy a sacar a Andreas de la ducha antes de que se nos haga tarde a todos.

Y echó a andar con decisión por el pasillo, lista para enfrentarse a un Andreas empapado y emocionalmente revuelto dejando a Víctor sumido en sus pensamientos.

Continúa… 

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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