Incomplete 91

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 91

Al día siguiente, tal y como habían planeado, Louise y Georg fueron al club a pasar el día como venían haciendo desde que había empezado el verano. Esa vez iban solos, echaban un poco de menos cuando el grupo era más numeroso aunque no siempre se llevaran bien entre todos, pero aun así recordaban con cierta nostalgia cómo al cruzar la puerta del club todos se giraban para saludarlos como si fueran de la realeza o los más populares del lugar.

Pero esa mañana solo estaban ellos dos y lo único que les apetecía era disfrutar de un día tranquilo bañándose en el lago, tomando el sol y charlando sin preocupación alguna.

Casi eran las diez cuando entraron por la puerta del club dispuestos a desayunar antes de sumergirse en su rutina veraniega. Eligieron una mesa junto a la ventana y en cuanto se sentaron Anouk se acercó a atenderlos con una sonrisa radiante.

—Buenos días —saludó—La especialidad de hoy son las tortitas con chocolate o caramelo.

—Por favor, suena delicioso pero yo no puedo con tanto dulce —comentó suspirando Louise—Prefiero una tostada de aguacate con un huevo poché, por favor.

—Proteína, grasas buenas y energía para toda la mañana—comentó Anouk mientras anotaba el pedido.

—Pues yo quiero un plato bien lleno de esas tortitas con chocolate —pidió Georg—Y un zumo de naranja.

—Que sean dos zumos —añadió Louise—Y luego avisa a la grúa para que me ayude a levantar a mi novio de la silla.

Anouk soltó una carcajada, contagiada por la risa de Louise.

—Reíos, reíos… pero yo luego quemo toda esa grasa en el gimnasio —se defendió Georg flexionando el brazo para presumir ante ellas.

—Georg, no seas vanidoso —pidió Louise sin dejar de reír.

—Voy a por vuestro pedido —dijo Anouk despidiéndose con una sonrisa.

Dio media vuelta y se dirigió a la barra para entregarle a Melissa el pedido de Louise y Georg.

—Avisa a mi madre de que las tortitas son para Georg —indicó con firmeza.

Melissa asintió. Conociendo la alergia de Georg, Rose se aseguraría de que tanto la mantequilla como la harina estuvieran libres de cacahuete y de trazas. Incluso usaría una sartén nueva por si la habitual había estado en contacto con algo que pudiera causarle una reacción.

Mientras esperaba Anouk echó un vistazo alrededor. El club estaba tranquilo por el momento, pero sabía que a la hora de comer todas las mesas se llenarían y no darían abasto.

—¡Anouk!

Se giró al escuchar la voz de David que acababa de entrar guardándose el móvil en el bolsillo.

—Acabo de hablar con el señor Kaulitz —explicó con una sonrisa—Le pasé los nombres que me diste ayer y gracias a ti ya tenemos tres nuevos camareros que empezarán mañana mismo. Estamos terminando el papeleo y vendrán hoy para ver cómo nos organizamos.

—Eso es genial, así podremos descansar un poco —dijo Anouk sintiéndose muy aliviada.

—De todos modos, a ti te necesito en la cocina con tu madre—le pidió David—Quiero buscarle un ayudante, y a no ser que conozcas a un gran chef que quiera cambiar de fogones…

—Me temo que no tengo contactos en esas esferas —dijo Anouk sonriendo.

—Por eso me gustaría que durante las comidas y las cenas seas tú la que ayude a tu madre—dijo David—Mientras tanto, Tom te sustituirá.

—¿Va a doblar turno otra vez? —no pudo evitar preguntar Anouk preocupada.

—Me temo que de momento tendremos que apañarnos así —murmuró David carraspeando—Ahora voy a pedírselo.

Anouk asintió, y David se dirigió al almacén, donde sabía que encontraría a Tom ayudando a reponer las bebidas de la barra.

Le encontró agachado colocando botellas en la parte baja del frigorífico del almacén, Se le acercó sintiendo que le había escuchado al verle ponerse en pie mientras se limpiaba las manos en el delantal.

—Tom —lo llamó David con ese tono que usaba cuando venía algo que no le iba a gustar del todo.

Tom ya intuía por dónde iban los tiros, ya había doblado turno el día anterior y aunque no podía quejarse sabiendo las circunstancia de ser él siempre el elegido, el cansancio empezaba a notarse en su cuerpo y en su cabeza.

—Dime —respondió intentando sonar neutral.

David se acercó un poco más como si quisiera suavizar el golpe con cercanía.

—Necesito que cubras a Anouk durante las comidas y las cenas —explicó—Ella estará en la cocina ayudando a su madre hasta que le encontremos un ayudante. De momento ya hemos contratado otro camarero que sustituirá a Paul y dos más para las horas puntas, pero en cocina se necesita otra persona y Anouk es la única con nociones de cocina.

Tom asintió en silencio, no era una sorpresa pero aun así sintió ese pequeño hundimiento en el estómago que aparecía cuando sabía que no le quedaba otra que aceptar sin rechistar.

—Entiendo que estés cansado y lo último que te apetece es doblar turno otra vez—empezó a decir David consciente de que le estaba pidiendo demasiado—En cuanto estén formados los nuevos camarero te prometo que te daré unos días libres para que puedas descansar un poco más.

Tom bajó la mirada un instante. No quería parecer desagradecido, sabía que David confiaba en él y contaba con él porque era responsable, constante y alguien en quien podía apoyarse. Pero también sabía que su cuerpo empezaba a pasar factura.

—Está bien—cedió en un susurro—No hay problema, lo haré.

—Te lo agradezco de verdad—dijo David mirándole con una mezcla de alivio y culpa—Y si en algún momento necesitas tomarte más de un descanso, tómatelo. No quiero quemarte.

—Estoy bien—murmuró Tom esbozando una sonrisa cansada pero sincera— Solo… es mucho trabajo, pero puedo con ello.

David asintió, dándole una palmada en el hombro antes de marcharse.

Una vez a solas Tom apoyó las manos en el borde del frigorífico y respiró profundamente. No era solo el cansancio físico, era todo lo demás. El cruce de miradas con Andreas la tarde anterior, la sensación de que había cosas que no terminaban de resolverse, el peso de querer estar bien para todos y no fallar a nadie…

Se pasó una mano por el pelo, intentando despejarse.

—Venga, Tom —se dijo a sí mismo—Aguanta un día más.

Y volvió a agacharse para seguir reponiendo botellas sin poder evitar que su mente volara muy lejos del almacén.

Dejando a Tom sumido en sus pensamientos, David se dirigió hacia su despacho con paso firme repasando mentalmente la lista de tareas que aún tenía pendientes. Al entrar en el se encontró a Bill sentado frente al ordenador concentrado en unos albaranes. El chico levantó la vista en cuanto lo vio entrar.

—Perfecto, justo quería hablar contigo —dijo David tomando asiento ante él.

—¿Ha pasado algo?—preguntó preocupado Bill.

—Buenas noticias, en realidad —contestó David sonriendo—Ya tenemos tres nuevos camareros contratados, tu padre les ha dado el visto bueno y empezarán mañana mismo.

—¿En serio? —dijo Bill sintiéndose aliviado—Eso nos va a salvar la vida.

—Sí, y ahora necesito que encargues las placas con sus nombres cuanto antes —añadió David—Se llaman Alison, Nicole y Steve.

—Perfecto, las pido ahora mismo—murmuró Bill apuntando sus nombres al momento.

David asintió pero su expresión cambió ligeramente, como si estuviera a punto de abordar un tema menos agradable.

—Empezarán mañana mismo, si no surge ningún contratiempo más—empezó a decir—Pero aún necesitamos a alguien que ayude a Rose en la cocina durante las comidas y las cenas, de momento será Anouk quien se encargue pero no puedo permitirme perder a un camarero en sala así que Tom la sustituirá.

Bill se le quedó mirando fijamente, sabía lo que eso significaba. Una vez más a Tom le tocaba doblar turno, no se verían hasta la noche y para entonces estaría rendido yéndose directo a la cama sin fuerzas para hacer nada más.

Apenas tenían tiempo para ellos y le echaba mucho de menos, pero también sabía que no podía exigirle nada al verle cansado tras una dura jornada de trabajo.

—Tom está agotado, David—dijo sin poderse contener—Nunca va a decir nada pero se le nota.

—Lo sé —admitió David pasándose una mano por la frente—Créeme, si hubiera otra forma no recurriría a él pero hoy necesito que aguante un poco más.

Bill asintió suspirando, consciente de que en cuanto los camareros nuevos cogieran práctica Tom podría estar algo más libre.

—Aprovecha la tarde libre —añadió David mirándolo con cierta complicidad—Ve con tus amigos y desconecta un poco, hace mucho que no pasas tiempo con ellos.

—Ayer estuve toda la tarde con Louise y Georg mientras esperábamos a que Tom terminara —apuntó Bill sin poder evitarlo.

—Y seguro que os lo pasasteis muy bien —murmuró David mientras se ponía en pie—Ahora encarga las placas y termina de revisar el pedido. Yo voy a la cabaña a comprobar los alquileres de las lanchas, ayer estuvo Patrick por la tarde y creo que se ha montado un pequeño lío con las reservas.

Salió del despacho antes de darle oportunidad de replicar. Atravesó el almacén y salió por la puerta trasera que comunicaba con el parking.

Una vez fuera pudo respirar profundamente Había escapado antes de que Bill notara lo incómodo que se sentía mintiéndole a la cara.

No quería que descubriera que solo estaba obedeciendo la orden dada por su padre, quien le había pedido expresamente que hiciera todo lo posible para que su hijo y Tom pasaran juntos el menor tiempo posible.

&

Alexander se había levantado con el tiempo justo de ducharse y bajar a desayunar como hacía siempre antes de acudir al despacho de su padre para su sesión de terapia.

Recorrió el silencioso pasillo con las manos metidas en los bolsillos mientras pensaba qué hacer esa mañana, no sabía si su padre le dejaría volver a salir o se iba a tener que quedar encerrado de nuevo en casa.

Llegó al despacho y comprobó que la puerta estaba abierta, su padre ya lo esperaba sentado en el sillón de siempre con una libreta abierta sobre las rodillas que parecía revisar.

Pero en cuanto sintió su presencia levantó la mirada de sus notas y le invitó a pasar. Así lo hizo Alexander cerrando tras él la puerta y tomando asiento en el incómodo diván.

—¿Qué tal has dormido? —preguntó Gordon, observándolo con una atención que resultaba intimidante.

—De maravilla —respondió Alexander con una sonrisa automática.

Gordon inclinó ligeramente la cabeza y sin decir nada más anotó la respuesta en su libreta. El sonido de la pluma sobre el papel hizo que Alexander tensara los hombros., no podía evitar preguntarse si su padre pensaba registrar cada palabra que saliera de su boca como si él fuera un experimento que hubiera que documentar al detalle.

— ¿Y qué tal te lo pasaste ayer? —preguntó de nuevo Gordon en un tono que pretendía ser casual, aunque nunca lo conseguía del todo—¿Fue bien?

Alexander se le quedó mirando atentamente poniéndose en alerta sin poderse contener.

—¿John te ha dicho algo? —preguntó con demasiado rapidez..

Gordon ladeó la cabeza observándolo con esa mezcla de paciencia y escrutinio que siempre lo ponía nervioso.

—¿Debería haberme dicho algo? —preguntó con una calma que solo hacía más evidente la presión.

Alexander se quedó en silencio sin saber qué contestarle. Sintió cómo el aire se volvía más denso, como si cada segundo que pasaba sin responder lo incriminara un poco más. Evitó la mirada de su padre, clavando los ojos en un punto indefinido del suelo.

Gordon no insistió de inmediato. Se le quedó observando con atención, como si intentara descifrarlo pieza por pieza.

—Alexander —dijo finalmente con un tono suave pero firme—Cuando te quedas callado así me hace pensar que sí pasó algo.

Alexander tragó saliva. Sus dedos se entrelazaron con fuerza sobre su regazo, un gesto que no lograba controlar.

—No… no es eso —murmuró, aunque ni él mismo estaba seguro de lo que quería decir.

Sentía un nudo en la garganta. No sabía si mentir, decir la verdad o simplemente quedarse callado hasta que la sesión terminara. Pero cualquiera de las opciones parecía peligrosa.

— ¿Hay algo que tú tendrías que contarme?—preguntó con firmeza Gordon.

Alexander empezó a ponerse muy nervioso, sus dedos jugaban con la costura del pantalón en un gesto automático que delataba su inquietud.

—Alexander—llamó de nuevo Gordon usando ese tono que mezclaba autoridad y afecto—Si pasó algo, prefiero escucharlo de ti.

Alexander respiró profundamente pero el aire se le quedó atrapado en el pecho.

Había demasiadas cosas que no podía contar.

—Tal vez debería llamar a John y preguntarle a él —murmuró Gordon sin apartar la mirada de su hijo.

—No hace falta —respondió Alexander con rapidez—No hay nada que contar. Ayer estuve en el club con Gustav y Natalie, nadamos un poco y luego tomamos el sol. Nada más.

Gordon alzó una ceja haciendo que Alexander sintiera cómo el suelo bajo sus pies se volvía inestable. Su padre no era de los que levantaban la voz, no lo necesitaba. Ese silencio medido, esa forma de observarlo como si pudiera leerle la mente, era mucho peor.

—¿Nada más? —repitió Gordon lentamente.

Alexander asintió, aunque la tensión en su cuello lo delataba.

—Nada más —insistió intentando sonar convincente.

Gordon entrelazó las manos sobre la libreta, apoyando los codos en los reposabrazos del sillón.

—¿Estás bien? —preguntó estudiando cada gesto de su hijo.

—Creo que sigo cansado por la salida de ayer —mintió Alexander—Nadamos mucho y después de tantos días encerrado en casa quizás me excedí.

Gordon asintió lentamente pero no parecía del todo convencido. Sus ojos se mantuvieron fijos en Alexander como si intentara leer entre líneas, como si buscara algo más allá de las palabras.

—Entiendo —dijo finalmente—Aunque me sorprende que estés tan agotado, normalmente tienes más resistencia.

Alexander sintió un pinchazo de nerviosismo.

Su padre nunca dejaba pasar nada.

Nunca.

—Supongo que estoy un poco desentrenado —murmuró intentando sonar casual.

Gordon arrugó la frente al tiempo que le miraba fijamente, un gesto que Alexander conocía demasiado bien. Significaba que la conversación estaba a punto de volverse más seria.

—Quizá entonces deberías quedarte hoy en casa—murmuró sin apartar de él la mirada.

—¿No vas a dejarme volver a salir? —preguntó Alexander con un hilo de incredulidad.

—Mírate, estás muy cansado—señaló Gordon.

—Pero me hizo bien salir de casa y ver a mis amigos fuera de estas paredes —insistió Alexander—Disfruté mucho con ellos, y hoy me he levantado más animado pensando que podría salir de nuevo.

Gordon frunció ligeramente el ceño sin dureza, pero con esa preocupación que siempre lo envolvía todo.

—No lo sé, Alexander—dijo suspirando—No quisiera que empeoraras.

—No lo haré —aseguró Alexander inclinándose un poco hacia adelante—Podemos ir a otro sitio más tranquilo, o simplemente tomaré el sol en el lago. Descansaré, lo prometo… pero por favor, no me encierres de nuevo.

Gordon se le quedó observando en silencio unos segundos, como si intentara medir la sinceridad de cada palabra, cada gesto y cada respiración suya.

—Lo pensaré —dijo al fin.

Alexander asintió, pero la tensión en sus hombros no disminuyó.

Sabía que ese «lo pensaré» no significaba sí.

Pero tampoco significaba no.

Significaba que su padre estaba dudando… y cuando dudaba, casi siempre ganaba el miedo.

Gordon cogió de muevo su pluma y anotó algo en la libreta sin añadir nada más. Alexander siguió su gesto con la mirada sintiendo cómo el estómago se le encogía.

—Solo quiero volver a la normalidad —suplicó sin poderse contener.

—Y yo solo quiero que estés bien—dijo Gordon alzando la mirada.

Alexander apretó los labios.

Al parecer, ambas cosas parecían incompatibles.

Gordon dejó de escribir en su libreta y la cerró dejándola sobre la mesa que tenía al lado junto con su pluma con un gesto lento casi calculado. Alexander reconoció ese movimiento al instante, significaba que su padre estaba a punto de cambiar de estrategia.

Y nunca era para bien.

—Alexander—empezó a decir Gordon con un tono demasiado suave para ser tranquilizador—Si salir te hace sentir mejor, no quiero impedirlo, pero quizá deberíamos hacerlo de otra manera.

Alexander sintió cómo se le tensaba la espalda.

—¿Qué… manera? —preguntó aunque ya intuía la respuesta.

—Podrías salir pero no con tus amigos—contestó Gordon mirándole con firmeza—Al menos no todavía, podríamos empezar con algo más controlado como un paseo corto conmigo.

Alexander parpadeó, incrédulo.

—¿Un paseo contigo? —repitió intentando que su voz no sonara tan cargada como se sentía.

—O con John —añadió Gordon como si eso lo hiciera más aceptable—Solo hasta que estés más estable, no quiero que te satures.

Alexander apretó los puños sobre las rodillas. Era exactamente lo que temía, una libertad recortada, vigilada y disfrazada de preocupación.

—Pero eso no es salir —dijo con un hilo de frustración—Eso es seguir encerrado, solo que al aire libre.

—No, Alexander—murmuró Gordon negando con la cabeza—Es una transición, un paso intermedio. No quiero que te precipites.

—No me estoy precipitando —replicó Alexander más tenso—Solo quiero pasar el tiempo con mis amigos como hacía antes, sentirme normal.

—Y lo harás, pero no hoy—dijo Gordon mirándole con una mezcla de paciencia y firmeza—Si quieres salir lo harás conmigo o con John. Es lo más seguro.

Alexander sintió un nudo en la garganta.

No era rabia.

Era miedo.

Miedo a volver atrás.

A perder lo poco que había recuperado.

—Papá… —murmuró bajando la mirada—No quiero eso.

—Lo sé, pero es lo que necesitas—dijo Gordon negándose a ceder.

Alexander cerró los ojos por un instante. Sabía que discutir solo empeoraría las cosas., que su padre ya había decidido.

Y la sensación de estar de nuevo atrapado volvió a apretarle el pecho, lenta y silenciosa, como una mano invisible.

&

Tras el desayuno, Louise y Georg fueron a buscar un par de tumbonas donde pasarían casi toda la mañana tomando el sol y dándose refrescantes baños en el lago. Cuando encontraron dos libres Louise se quitó el vestido veraniego que llevaba quedándose en un bikini rojo brillante que combinaba a la perfección con el bañador de Georg.

—¿Me echas crema en la espalda, por favor? —pidió tendiéndole el tubo.

Georg lo tomó al momento y lo abrió mientras Louise se sentaba dándole la espalda. Se echó en las manos la cantidad adecuada y se puso a extenderla por su espalda mientras que Louise echaba un vistazo alrededor. Varias tumbonas ya estaban ocupadas y el resto no tardarían en llenarse en cuanto los más rezagados terminaran de desayunar en el club.

Cerró los ojos y se dejó llevar por las caricias de Georg mientras extendía la crema por su espalda. Sentía las yemas de sus dedos recorrer su piel desnuda, provocándole un leve estremecimiento.

—Vaya… tenemos compañía —murmuró Georg de repente.

Louise abrió los ojos de golpe y vio a Gustav y Natalie caminando hacia ellos. Por suerte, venían solos y esa vez Alexander no los acompañaba.

Se quedó observando como avanzaban por la arena con paso tranquilo, pero enseguida notó que había algo diferente en ellos aunque no lograba saber el qué.

No tuvo tiempo en penar en ellos, nada más verlos Gustav levantó la mano a modo de saludo breve mientras que Natalie sonreía levemente.

—Buenos días —saludó Gustav cuando estuvieron lo bastante cerca.

—Buenos días —respondió Louise intentando sonar natural.

Georg terminó de extenderle la crema y se levantó para saludarlos tras limpiarse las mano en una toalla aunque su postura se tensó de forma casi imperceptible. No era que se llevaran mal, pero había una incomodidad latente que ninguno terminaba de saber manejar.

—¿Venís a pasar el día aquí? —preguntó Georg más por educación que por interés real.

—Solo la mañana—respondió Natalie, acomodándose un mechón detrás de la oreja—Quizás nos quedemos a comer pero luego nos iremos que ya tenemos planes para esta tarde, y hasta entonces vamos a disfrutar tranquilamente del buen tiempo que hace.

Louise asintió, aunque por dentro pensaba que precisamente tranquilidad era lo que menos reinaba en esos momentos. La presencia de Natalie siempre la ponía un poco alerta por la forma en que parecía analizarlo todo como si siempre estuviera evaluando algo que los demás no podían ver.

—¿Os importa si nos ponemos por aquí?—preguntó Gustav tras echar un vistazo a su alrededor buscando tumbonas libres.

Louise abrió la boca para responder, pero Georg se adelantó.

—No, claro que no —dijo con una sonrisa educada aunque demasiado tensa para ser natural.

Natalie lo notó.

Lo notaron todos.

Hubo un silencio breve, incómodo, como si el aire se hubiera espesado de repente. Louise se pasó una mano por el muslo inquieta, sin saber muy bien qué decir para romper la tensión.

—¿Qué tal está Alexander? —preguntó al fin intentando sonar casual.

La reacción fue inmediata.

Gustav desvió la mirada hacia el lago mientras que Natalie apretaba los labios antes de responder.

—Bien—dijo simplemente.

No explicó nada más, no hacía falta. El nombre de Alexander siempre dejaba un eco extraño entre ellos, como si todos compartieran un recuerdo incómodo que preferían no tocar.

Louise intercambió una mirada rápida con Georg. Él le devolvió una expresión que decía claramente mejor no sigas por ahí.

—Bueno —dijo Louise forzando una sonrisa amable—Tomad asientos, no os quedéis de pie.

—Gracias, eso haremos—respondió Natalie devolviendo la sonrisa aunque igual de forzada.

Se apartaron unos pasos para dejar sus cosas en las tumbonas más cercanas y una vez hecho Natalie se quitó la ropa que llevaba igual que había hecho Louise quedándose con uno de sus habituales y diminutos bikinis.

—¿Nos damos un baño? —preguntó dirigiéndose a Gustav.

Él asintió sin pensárselo dos veces y, sin molestarse en preguntar a Louise y Georg si querían acompañarlos, ambos se encaminaron hacia el lago.

Cuando estuvieron lo bastante lejos, Louise soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.

—Madre mía… —murmuró.

—Ya los conoces—replicó Georg en voz baja inclinándose hacia ella—Siempre que aparecen, el ambiente se puede cortar con un cuchillo.

Louise asintió, mirando de reojo a la pareja mientras se alejaba.

—Y eso que hoy no está Alexander —susurró.

—Precisamente por eso —replicó Georg—Cuando él no está, parece que los otros dos no saben dónde meterse.

Louise se recostó en la tumbona intentando relajarse, aunque sabía que la mañana ya no sería tan tranquila como había imaginado.

Porque, aunque nadie lo dijera en voz alta, todos sabían que aquel encuentro no era casual.

Y que, tarde o temprano, algo iba a estallar.

Mientras tanto Gustav y Natalie continuaban caminando hacia el lago en silencio con el sonido del agua rompiendo suavemente contra la orilla acompañando sus pasos. Cuando estuvieron lo bastante lejos de y de Louise y Georg, Natalie se detuvo de golpe.

Gustav dio un par de pasos más antes de darse cuenta y volverse hacia ella.

—¿Ya no te apetece bañarte? —preguntó aunque ya intuía la respuesta.

Natalie se cruzó de brazos, clavándole una mirada cargada de fastidio y decepción.

—¿De verdad tenemos que pasar la mañana con esos muermos? —soltó sin poder contenerse.

—Son nuestros amigos —respondió Gustav esforzándose por mantener la calma.

—Amigos con los que llevamos días casi sin hablarnos ni vernos —le recordó Natalie—Y todo porque decidimos ponernos del lado de Alexander, al que claramente no soportan.

—Nosotros no soportamos a Bill —apuntó Gustav con una sonrisa—Estamos en paz.

—¿Y entonces cómo se te ocurre invitarlos ayer a venir con nosotros para ver a Alexander? —continuó Natalie con sus reproches— ¿En qué estabas pensando?

Gustav apretó la mandíbula. Sabía que eso llegaría tarde o temprano.

—Solo intentaba ser educado —respondió en voz baja—Sabía que se iban a negar y no quería que pareciera que los estábamos evitando.

—¿Evitando? —repitió Natalie soltando una risa incrédula—Gustav, por favor, sabes perfectamente que cuando estamos los tres solos… las cosas fluyen mejor. Alexander se relaja y tú y yo también sin tener que estar fingiendo que todo está bien delante de gente que no entiende nada.

Gustav bajó la mirada hacia el agua, incómodo.

—No quería que pensaran que somos raros —murmuró.

—¿Y qué más da lo que piensen? —replicó Natalie frustrada—Louise siempre está observando y juzgando, y Georg tratando de poner paz. Lo sabes, ayer pudo ser un desastre porque tú decidiste incluirlos en algo que no les correspondía.

—Al final no fue un desastre—le recordó Gustav mirándola fijamente.

—Claro que no lo fue, porque por suerte no quisieron venir—insistió Natalie— Alexander se habría puesto tenso en cuanto los hubiera visto, todos estaríamos incómodos y tendríamos que aguantar la situación como pudiéramos. ¿De verdad tenemos que repetir eso hoy?

Gustav no respondió porque en el fondo sabía que tenía razón. Pero también sabía que no podía seguir viviendo como si el mundo se redujera a ellos tres.

—Gustav… cuando estamos los tres solos, todo es más fácil, más divertido y más natural—dijo Natalie en voz baja dando un paso en su dirección—No entiendo por qué te empeñas en complicarlo.

Él tragó saliva, sintiendo esa presión familiar en el pecho.

—Porque no podemos vivir aislados —dijo al fin—Porque tarde o temprano tendremos que… no sé, mezclarnos con los demás. Hacer vida normal.

Natalie lo miró como si acabara de decir la mayor estupidez del mundo.

—¿Vida normal? —repitió casi con lástima—Gustav, tú sabes mejor que nadie que lo nuestro no tiene nada de normal, que lo de Alexander no es normal y que cuando estamos los tres juntos funciona y no necesitamos a nadie más.

Gustav sintió un escalofrío. No por el agua, sino por la certeza con la que ella hablaba.

—No debería ser así —susurró.

—No, pero si así estamos bien ¿para qué cambiar?—dijo suspirando Natalie—Debes dejar de fingir que no te gusta cómo son las cosas cuando estamos solos porque todos sabemos que te gusta demasiado, ¿o acaso no estuvo bien lo de ayer?

Gustav cerró los ojos y al momento su cabeza se llenó de imágenes de lo que había ocurrido la tarde anterior junto a la piscina de Alexander. El y Natalie habían hecho todo lo que Alexander les había pedido, primero complaciéndole hasta que se corrió en sus bocas y luego teniendo relaciones sexuales él y Natalie ante la lasciva mirada de Alexander.

¿Había disfrutado?

Si, no podía negarlo.

¿Le había parecido correcto?

No, no podía dejar de pensar que eso se les estaba yendo de las manos. Fue abrir la relación para que él pudiera seguir acostándose con Alexander sin problema alguno y las cosas se descontrolaron.

Abrió los ojos cuando sintió las manos de Natalie puestas sobre sus brazos acariciándole suavemente. Dio un paso atrás incómodo, como si el aire se hubiera vuelto demasiado denso.

—Natalie… basta—pidió en un susurro.

Natalie se le quedó observando con una mezcla de desafío y tristeza.

—Solo recuerda lo que pasó ayer—repitió de nuevo—Y piensa si quieres repetirlo.

Sin esperar respuesta se metió en el agua dejando a Gustav de pie en la orilla con el corazón latiéndole demasiado rápido y la sensación de que algo dentro de él estaba empezando a resquebrajarse.

&

La sesión terminó a su hora en punto. Gordon se levantó lentamente cogiendo la libreta para guardarla en su primer cajón bajo llave.

—Recuerda mis palabras —dijo con ese tono neutro que pretendía sonar flexible, aunque Alexander sabía perfectamente que no lo era—Si te apetece salir a dar un paseo conmigo, solo tienes que decirlo.

Alexander asintió, pero no respondió. No era la primera vez que escuchaba algo así de su padre, promesas que luego se deshacían en cuanto surgía un imprevisto.

Y, en cierto modo, eso jugaba a su favor.

Reuniones, llamadas, informes, pacientes, compromisos…

La agenda de su padre era un muro infranqueable, y Alexander lo sabía mejor que nadie.

—¿Podré seguir recibiendo en casa las visitas de Gustav y Natalie? —preguntó incapaz de ocultar la desesperación en su voz—Porque ya hemos hecho planes para esta tarde.

—Por supuesto —respondió Gordon sin dudar—Este es un entorno más controlado que el club y el lago.

Alexander bajó la mirada, aliviado… pero solo a medias.

Las visitas eran algo, sí.

Pero no eran libertad.

—Gracias —murmuró aunque la palabra le supo amarga.

Gordon dio por terminada la sesión y Alexander se levantó caminando lentamente hacia la puerta mientras pensaba en lo que le había dicho su padre.

Necesitaba estar en un entorno más controlado.

Solo daría paseos supervisados.

Y todo dependía del tiempo libre que dispusiera su padre…

Nada de eso era lo que él quería.

Mientras salía del despacho, una idea cruzó por su mente con la rapidez de un destello. La única manera de recuperar un pedazo de su vida aunque fuera pequeño y frágil era consiguiendo que su padre no tuviera tiempo para él.

Si estaba demasiado ocupado, si su agenda estaba llena como siempre, entonces no le quedaría más remedio que delegar en John.

Alexander sintió un cosquilleo de anticipación en el pecho.

Después de lo del día anterior podía manejar a John a su antojo. Sabía exactamente qué decir y qué hacer para que él bajara la guardia y se sintiera incómodo.

Y entonces se libaría de él para poder dar ese paseo él solo sintiéndose libre aunque fuera por unos minutos.

No era un plan perfecto, ni siquiera era un plan seguro pero era un plan.

Y, sobre todo, era suyo.

Echó a andar por el pasillo, sintiendo cómo la idea se asentaba sólida y peligrosamente en el fondo de su mente.

Pero no podía evitar sentirse muy nervioso, como si la conversación con su padre le hubiera dejado una corriente eléctrica bajo la piel. La idea de pasar todo el día encerrado en esa casa le oprimía el pecho. No era miedo exactamente, era una mezcla de inquietud y claustrofobia.

Se dirigió a su habitación y tras cerrar la puerta apoyó la espalda contra ella respirando hondo. No podía quedarse en su habitación esperando a que el tiempo pasara. Necesitaba algo que lo distrajera y le recordara que aún tenía una vida fuera de esas paredes.

Sacó el móvil del bolsillo con manos temblorosas y le escribió un mensaje a Natalie.

«Recordad lo de esta tarde, no quiero estar solo»

Se quedó mirando el mensaje antes de enviarlo, sonaba desesperado pero eso era justo como se sentía.

Lo envió sin esperar una respuesta inmediata. Sabía que quizá Natalie estaría con Gustav en el club como solían hacer en los viejos tiempos.

Se pasaban el día entero allí metidos tomando el sol en la playa sin nada más que hacer que no fuera ir a refrescarse al lago hasta que Natalie abría la boca y soltaba uno de sus comentarios incendiarios que hacía que todo saltara por los aires.

Alexander sonrió al recordarlo, le encantaba cuando Natalie se ponía de esa manera tan afilada, tan impredecible y tan ella.

Siempre se habían llevado mal desde que él le quitara a Bill, pero con el tiempo ambos habían descubierto que en realidad eran el uno para el otro, polos opuestos que por más que lo quisieran negar no podían evitar sentirse atraídos el uno por el otro.

Continúa… 

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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