Incomplete 95

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 95

La clínica estaba más iluminado de lo que Bill recordaba, o quizás era él el que estaba demasiado oscuro por dentro. El olor a desinfectante le revolvía el estómago mientras esperaba que Louise terminara de hablar con la recepcionista que al parecer ya estaba informada, Georg había hablado con su padre antes de ir a ver a Tom y sabían que quizás tuvieran que acudir a visitar a Bill en su propia casa si Louise no lograba convencerle de que fueran.

Por suerte había sido así y una enfermera se les acercó para llevarles a una sala de reconocimiento. Bill se sentó en la camilla sin decir nada mientras esperaban ser atendidos, en la pared que tenía enfrente había un reloj y el sonido que emitía era insoportablemente fuerte. Cada tic-tac le recordaba que estaba ahí para hablar de algo que no quería recordar, que tendría que repetirlo escuchando el sonido de su propia voz.

Minutos después entró el doctor Listing, se le quedó mirando con la frente arrugada y tras intercambiar una silenciosa mirada con Louise Bill vio como su amiga salía de la habitación.

—Tómate tu tiempo, Bill —pidió el doctor Listing sentándose en un taburete frente a él.

— ¿Se lo ha dicho ya a mi padre?—quiso saber Bill en voz baja.

—Ahora me importa más comprobar que estás bien—contestó con firmeza el médico.

Bill asintió con la cabeza intentando ordenar las ideas en su cabeza, sabía que debía contar lo que le había pasado y debía hacerlo desde el principio pero las palabras no le salían. Permaneció en silencio sintiendo que el padre de Georg esperaba pacientemente a que pudiera hablar.

Eso era peor, porque el silencio le obligaba a escuchar sus propios pensamientos.

—No sé cómo… —empezó a decir en un susurro.

—No hace falta que me expliques lo ocurrido, o al menos no todo ahora —cortó el doctor Listing con suavidad—Solo dime cómo te sientes.

Cómo se sentía.

Una pregunta fácil imposible de responder.

—Me siento… como si fuera culpa mía—contestó Bill sin aliento.

—No lo es—dijo con firmeza el médico.

Y entonces, sin querer y sin haberlo planeado, las lágrimas empezaron a caer por las mejillas de Bill. No eran dramáticas ni ruidosas, eran silenciosas y casi tímidas como si también ellas sintieran vergüenza.

—Sé que en estos momentos te cuesta hablar y que no quieres recordar nada de lo que ha pasado—empezó a decir el doctor Listing—Pero debes hablarlo con la persona que tú quieras ya sea un amigo, tu pareja o un alguien especializado. No tienes que hacerlo ahora mismo ni yo te voy a obligar a hablar, yo estoy aquí para asegurarme de que físicamente estás bien. Quiero hacerte unos análisis de sangre y de orina para detectar posibles infecciones y luego examinarte.

Esas palabras le hicieron reaccionar, no quería que nadie le mirara o tocara allí. Sentía mucha vergüenza y miedo de que le hicieran alguna pregunta incómoda. Odiaba esa sensación que tenía de estar «expuesto» aunque realmente no lo estaba.

—Será un examen rutinario por encima para comprobar que no haya posibles golpes o lesiones externas—explicó al momento el médico al notar su agitado estado—Ver tu estado general sin tocar zonas íntimas si tú no quieres.

—No, no quiero—suplicó Bill en un susurro.

—Se hará todo como tú quieras—dijo el doctor Listing para su alivio—Pero debes responderme a ciertas preguntas…incómodas.

Bill asintió con la cabeza, lo que fuera para evitar sentirse invadido una vez más.

— ¿Te hizo daño?—preguntó el médico, viéndole de nuevo asentir con la cabeza—¿Sangraste?

Le vio agachar la cabeza y tomó ese gesto como una respuesta afirmativa aunque ya sabía de antemano la respuesta, su hijo le había puesto al tanto de todo lo ocurrido y lo que ellos habían visto como pequeñas gotas de sangre en la ropa y suelo de la habitación.

Pero aún así, debía confirmarlo todo para que constara en el informe que iba a redactar para mandárselo después al padre y a la policía si se decidía denunciar.

—Un poco solo—explicó Bill en un susurro—Ya me había pasado alguna vez, y…bueno, cesó al poco tiempo.

—Es normal cuando hay penetraciones profundas—explicó el doctor Listing mirándole fijamente—Debes estar pendiente y si vuelves a sangrar de nuevo vienes aquí sin dudarlo.

Bill asintió de nuevo con la cabeza sin levantar la mirada del suelo.

— ¿Eyaculó dentro de ti?—siguió interrogando el médico.

Una vez más Bill asintió en silencio, le era más fácil contarlo todo de esa manera sin tener que dar más explicaciones innecesarias o escuchar el tembloroso sonido de su propia voz que sentía que se le iba a quebrar si trataba de hablar.

—Después de los análisis haremos como la otra vez, te recetaré antibióticos para prevenir posibles infecciones pero como te has lavado no encontraré prueba alguna de lo ocurrido—murmuró el doctor Listing más para él—No te preocupes por eso, ahora vamos a empezar con las pruebas y el examen físico.

Se puso en pie y abrió un armario de donde sacó un camisón de tela que le tendió junto con el bote para recoger una muestra de orina. Había un baño en la misma sala de reconocimiento y Bill entró en el para cambiarse y hacer lo que le habían pedido sintiendo que aunque su cuerpo estaba allí en la clínica su mente estaba bien lejos.

&

No podía apartar los ojos de Tom. Lo veía de espaldas a él jadeando con esfuerzo mientras su mano derecha mostraba el daño evidente del puñetazo que acababa de dar. Dio un paso lentamente en su dirección como si temiera que cualquier movimiento brusco pudiera romper algo más que el silencio.

—Tom… —llamó de nuevo en voz baja casi un susurro—Eh, mírame…¿Estás bien?

Tom parpadeó como si despertara de un sueño, bajó la mirada y la fijó en su mano derecha sangrando ligeramente por el impacto recibido y sintió que el aire se le atascaba en la garganta.

La rabia se desinfló de golpe, dejando solo un temblor helado.

—Joder… —murmuró moviendo la mano con torpeza—No… no quería…

—No pasa nada—dijo Georg en voz baja acercándose un poco más—Solo… respira.

Tom se volvió apoyando la espalda en la pared intentando recuperar el control. En esos momentos empezaba a sentir un gran dolor en los nudillos, punzante y real recordándole lo que había hecho sin pensar.

—No puedo creer que…Alexander haya sido capaz de hacerle eso —susurró Tom con la voz rota por la mezcla de rabia y miedo—Bill me necesita a su lado y yo aquí perdiendo el tiempo.

Georg se acercó un poco más con cautela para no asustarlo más de lo que ya estaba.

—Debes ir al hospital —dijo con suavidad aunque la preocupación le tensaba la voz—Esa mano tiene muy mala pinta.

Tom bajó la mirada hacia sus nudillos enrojecidos, como si los viera por primera vez. El dolor empezaba a abrirse paso, lento pero firme, recordándole el golpe.

—Estoy bien —murmuró aunque su voz sonaba más a reflejo que a convicción.

Georg negó despacio.

—No, no lo estás—insistió Georg con firmeza.

—No puedo ir ahora mismo al hospital —dijo Tom con la voz aún temblorosa—Tengo que ir a ver si Bill está bien, me necesita a su lado.

—Louise está con él —replicó Georg sin dejar espacio para discusión—Y ahora mismo te vienes conmigo, aunque sea a la clínica de mi padre, allí te atenderán más rápido y sin esperas.

Tom separó los labios dispuesto a protestar pero Georg levantó una mano cortándolo antes de que pudiera decir nada.

—No vas a ayudar nada a Bill si te demoras y luego no puedes utilizar esa mano—añadió con suavidad pero igual de decidido—Te curan la mano, ven si no la tienes rota y luego te llevo al lado de Bill. No te estoy quitando tiempo con él Tom, sólo me estoy asegurando que llegues en condiciones.

La resistencia de Tom se fue desmoronando poco a poco, podía sentir la preocupación por Bill ardiendo en su interior pero también la realidad del dolor que empezaba a pulsarle en los nudillos.

—Está bien… —murmuró al fin—Vamos.

Georg asintió aliviado y lo tomó del brazo para salir con él del vestuario no sin antes coger una toalla limpia que tenía Tom en su taquilla para que se cubriera con ella la mano. Al abrir la puerta se toparon con David en el almacén.

—¿Qué ha pasado? —preguntó muy preocupado al ver cubierta la mano de Tom.

—Un pequeño accidente —contestó por encima Georg sin detenerse demasiado—Me lo llevo al hospital.

—Salid por detrás —sugirió David enseguida—Así no os verá nadie ni os retendrán con preguntas.

Georg asintió y ambos se dirigieron a la puerta trasera que daba directamente al parking donde él tenía el coche.

Tom subió al asiento del copiloto fruncido el ceño.

—¿Por qué no le has dicho lo de Bill? —quiso saber en cuanto cerró la puerta.

—Porque Bill no quiere que de momento nadie lo sepa y mucho menos su padre, y en cuanto se lo digamos a David le llamará de inmediato—explicó Georg mientras se abrochaba el cinturón—Louise y yo pensamos que tampoco quería que tú lo supieras… pero decidí decírtelo yo porque debes saberlo y lo habrías descubierto al momento en cuanto lo vieras. Se le nota en los ojos.

—¿Cómo le viste? —preguntó Tom en un susurro.

—Está mal, Tom—contestó Georg suspirando—Muy mal.

Tom sintió que algo dentro de él se quebraba al escucharlo incapaz de imaginar por lo que Bill debía estar pasando en ese momento.

—No quiere hablar con nadie —continuó diciendo Georg—No sé si Louise habrá conseguido convencerlo de ir a un hospital para que lo examinen o no, pero…

El sonido del móvil lo interrumpió. Georg lo cogió de inmediato y leyó el mensaje que acababa de llegar.

—Pues lo ha conseguido —murmuró algo más animado—Ahora mismo mi padre lo está examinando en su clínica.

Guardó el móvil dejando escapar un suspiro tenso y arrancó el coche sin perder un segundo más. Las ruedas chirriaron ligeramente al salir del parking y en cuanto tomaron la carretera Georg pisó el acelerador con decisión.

A su lado Tom permanecía en silencio con la mano dolorida descansando sobre su muslo, miraba al frente sin parpadear sintiendo cómo cada metro que avanzaban era un metro menos entre él y Bill.

El silencio dentro del coche no era incómodo, era necesario.

Y los dos lo entendían.

&

Tras la marcha de Tom, David regresó al despacho con el ceño fruncido. La mano del chico tenía un aspecto horrible y eso solo podía significar que no podría trabajar en una buena temporada. Justo en esos momentos, cuando más falta hacía.

No se lo pensó dos veces. Cogió el teléfono y llamó a uno de los camareros nuevos que iba a empezar echando una mano en horas punta. Le explicó que un compañero había sufrido un accidente y necesitaban cubrir su turno. Respiró aliviado cuando Steve aceptó trabajar a jornada completa sin problema alguno.

Con eso solucionado dejó el móvil sobre la mesa, encendió el ordenador y se puso a trabajar. Tenía que reconocer que Bill le había adelantado muchísimo, los pedidos del día siguiente estaban hechos incluso los del fin de semana. Le gustaba la forma en la que se había organizado de una manera tan meticulosa y eficiente.

Empezó a reorganizar los turnos teniendo en cuenta la baja de Tom, intentando cuadrar horas y asegurarse de que cada día hubiera un camarero disponible para cubrir esa vez el puesto de Tom.

Estaba en ello cuando el móvil volvió a sonar. Alargó la mano sin apartar la mirada de la pantalla del ordenador pero en cuanto leyó el nombre de Jörg se le heló la sangre.

Él nunca llamaba a esas horas.

Solía quedarse trabajando en su despacho y hablaban por la noche antes de acostarse para contarse cómo había ido el día y hacer planes para verse, cosa que últimamente apenas hacían.

Contestó de inmediato sintiendo un nudo en el estómago.

—¿Va todo bien? —preguntó olvidándose incluso de saludar.

—Acaba de llamarme el padre de Georg Listing —empezó a decir Jörg visiblemente alterado—Bill está en su consulta, le ha pasado algo horrible y…

La voz se le quebró, desde que había recibido la llamada no había dejado de temblar. Había cancelado toda su agenda de la tarde y estaba recogiendo el despacho a toda prisa dispuesto a salir corriendo hacia la clínica mientras una rabia fría le subía por la garganta cada vez que pensaba en Alexander.

—Jörg, tranquilízate —pidió David tratando de mantener la calma—Cuéntame qué le ha pasado a Bill.

Hubo unos segundos de silencio, como si Jörg necesitara reunir fuerzas.

—Alexander ha abusado de él—explicó sintiendo que le costaba pronunciar las palabras—Georg y Louise llegaron después, y Louise lo ha llevado a la clínica para que lo examinen. Sé que debería ir ya mismo para ver cómo está, pero no puedo dejar esto así. Tengo que hablar con Gordon, voy directo a su consulta… o quizá debería pasar antes por la policía para denunciarlo.

—No te precipites —lo frenó David—Habla primero con Bill, ya sabes cómo es y quizás no lo quiera denunciar.

—¿Y qué hago entonces? —preguntó Jörg desesperado— ¿Me quedo de brazos cruzados después de lo que le han hecho? Le prometí no volver a hacerlo.

—No —respondió David con firmeza—Habla con Gordon primero, está claro que ese chico necesita ayuda y quizá lo mejor sería que lo ingresaran en un sitio donde reciba esa ayuda y no pueda hacer daño a nadie más.

Jörg guardó silencio, no se le había ocurrido esa opción cegado por los nervios y la rabia.

—¿Quieres que te acompañe? —preguntó David sabiendo que lo necesitaba más que nunca.

—No… no lo sé —murmuró Jörg—Quédate mejor en el club. Te llamaré en cuanto lo haya solucionado todo y compruebe que Bill está bien.

—De acuerdo… —murmuró David, aunque sabía que Jörg ya no estaba escuchando del todo, demasiado centrado en lo que tenía por delante—Mantenme informado, por favor.

—Lo haré —murmuró Jörg con voz tensa antes de cortar la llamada sin despedirse si quiera.

El silencio que quedó en el despacho fue casi físico. David se quedó mirando el móvil unos segundos más como si esperara que volviera a sonar, como si necesitara una confirmación de que todo aquello no era real.

Pero lo era.

Bill.

Herido.

Por Alexander.

Sintió un vuelco en el estómago, una mezcla de rabia, impotencia y preocupación que le recorrió el cuerpo entero. Dejó el móvil sobre la mesa con más fuerza de la necesaria y se pasó ambas manos por la cara intentando despejarse.

Pero no lo consiguió.

El ordenador seguía encendido con la hoja de turnos abierta a medio revisar pero ya no podía concentrarse. Las letras se le emborronaban, los números no tenían sentido. Todo lo que podía pensar era en Bill, en Jörg conduciendo con el corazón en un puño y en Alexander cruzando una línea que jamás debería haberse atrevido a cruzar.

Se levantó de la silla incapaz de seguir sentado. Caminó un par de pasos por el despacho respirando profundamente intentando ordenar sus ideas. No servía de nada, la preocupación le atenazaba el pecho.

—Maldita sea… —susurró, apoyándose en el borde de la mesa.

Sabía que Jörg le había dicho que se quedara en el club, que no hacía falta que fuera, pero la sensación de estar de brazos cruzados mientras Bill sufría y Jörg se enfrentaba a algo tan grave lo estaba devorando por dentro.

Miró de nuevo la pantalla del ordenador.

No podía seguir trabajando. La preocupación por Bill le nublaba la mente pero entonces cayó en la cuenta de algo más, él tampoco estaría en condiciones de volver al trabajo en mucho tiempo. Necesitaba a alguien que lo sustituyera cuanto antes.

Se levantó de la silla y salió del despacho buscando a Melissa con la mirada. No la vio por el almacén y saliendo de el la localizó tras la barra moviéndose sin parar entre pedidos y clientes.

Víctor pasó a su lado tras atender una mesa, y David lo detuvo con un gesto.

—¿Puedes cubrir a Melissa unos minutos?—le pidió sin aliento— Necesito hablar con ella.

—Claro —respondió Víctor sin dudar.

Minutos después David estaba de vuelta en el despacho acompañado de Melissa que entró con el ceño ligeramente fruncido, intuyendo que algo no iba bien.

—Necesito que a partir de mañana sustituyas a Bill aquí en mi despacho —explicó David yendo directo al grano.

—¿Le ha pasado algo?—preguntó Melissa preocupada.

—No puedo darte detalles ahora mismo pero me temo que sí —contestó suspirando David—Y si te soy sincero, no creo que pueda reincorporarse en mucho tiempo. Además, Tom también está de baja por un pequeño accidente y Steve lo va a sustituir. Pero para el puesto de Bill necesito a alguien de confianza y con más experiencia.

—Lo haré encantada, pero ya sabes que soy la mejor tras la barra —apuntó Melissa asintiendo con la cabeza.

—Lo sé, por eso quiero que por las mañanas trabajes en mi despacho hasta el turno de comidas, y luego regreses a la barra—murmuró David frotándose la frente— Al menos de momento, hasta que vea cómo organizarnos.

Melissa respiró hondo, procesando la información.

—Cuenta conmigo, David—dijo con firmeza Melissa mirándole fijamente—Espero que lo de Bill no sea muy grave.

—Yo también—susurró David suspirando.

Melissa salió del despacho cerrando la puerta con cuidado como si temiera que un golpe más fuerte pudiera romper algo que ya estaba demasiado frágil. Sus pasos se alejaron por el almacén y el silencio volvió a caer sobre la habitación como un peso.

David se quedó de pie unos segundos mirando la puerta cerrada. Luego dejó escapar un suspiro largo y cansado, y volvió a tomar asiento sin dirigir la mirada al ordenador ni los papeles que tenía sobre la mesa.

Se quedó allí, con los codos apoyados en la mesa y las manos entrelazadas, mirando la pared que tenía enfrente pero sin verla realmente.

No podía dejar de pensar en lo asustado que estaría Bill en esos momentos, y en Jörg a punto de perder el control.

La mezcla de preocupación y rabia le apretaba el pecho.

No podía dejar de imaginar lo que habría pasado, por lo que Bill habría tenido que pasar, lo que Jörg estaría sintiendo en ese mismo momento.

Y él… él tenía que quedarse allí encerrado en un despacho, reorganizando turnos como si eso pudiera arreglar algo.

Se pasó una mano por la cara, intentando despejarse, pero la sensación de impotencia solo crecía.

—Ojalá pudiera hacer más… —murmuró, aunque no había nadie para escucharlo.

Miró el móvil sobre la mesa esperando que sonara, temiendo que sonara. Cualquier noticia sería mejor que ese silencio que lo estaba devorando.

Pero el teléfono permaneció mudo.

Apoyó la espalda en la silla y cerró los ojos respirando profundamente intentando mantener la calma.

Sabía que Jörg lo llamaría en cuanto pudiera.

Sabía que Bill estaba en buenas manos.

Sabía que no podía hacer nada más.

El solo podía esperar.

Y eso era lo que peor se le daba.

&

Se dio toda la prisa que pudo y regresó a la camilla donde se recostó con los ojos cerrados dejando que el doctor Listing le sacara sangre y examinara con toda la suavidad del mundo sin insistir en querer hacerlo más a fondo. Fueron apenas unos minutos que se le hicieron eternos pero una vez le dio permiso para vestirse de nuevo lo hizo sin perder más tiempo.

—No debes preocuparte por nada, meteré prisa a los del laboratorio y tendré los resultados esta misma tarde—explicó el médico—Por lo demás, estás bien.

Bill le escuchaba desde el baño donde se estaba cambiando de ropa suspirando aliviado, cuanto antes supiera el resultado de esos análisis antes podría empezar a tratar de olvidarlo. Salió del baño y antes de regresar con Louise le agradeció al padre de Georg todo lo que había hecho por él.

—No tienes que agradecerme nada —dijo el doctor Listing, esbozando una sonrisa cansada—Ahora debes descansar… y hablar. No te guardes dentro todo lo que estás sintiendo.

Bill bajó la mirada sintiéndose abatido.

—Tengo miedo de hablar y que vuelvan todos los recuerdos—confesó en un susurro.

El doctor Listing se colocó frente a é mirándole como un padre preocupado y un profesional que sabía reconocer el dolor cuando lo tenía delante.

—Bill… —le llamó con suavidad—Los recuerdos no desaparecen porque los ignores. Solo se quedan ahí, apretando con más fuerza. Hablar no los trae de vuelta como piensas, hablar te ayuda a que dejen de tener poder sobre ti.

Bill apretó los labios como si intentara contener algo que ya no cabía dentro. Sus manos temblaban sin que él pudiera hacer nada por evitarlo.

—No quiero sentir esto otra vez —susurró sintiendo que la voz se le quebraba—No quiero volver a pasar por lo mismo.

—Lo que has vivido ha sido horrible—dijo el doctor Listing sin apartar de él la mirada—Y nadie espera que lo superes solo porque no estás solo. Louise está aquí, Georg pronto lo estará y también Tom.

Bill cerró los ojos con fuerza, como si ese nombre fuera un golpe directo al pecho. Una lágrima se deslizó por su mejilla antes de que pudiera evitarlo.

—No quiero que me vea así —murmuró hundiendo el rostro entre las manos—No quiero que piense que soy débil.

El doctor esperó un momento, dejando que respirara y que se desahogara un poco porque sabía que lo necesitaba.

—Lo que te está pasando no es debilidad, es un trauma—dijo con una firmeza cálida—Y lo estás enfrentando. Eso es valentía, aunque ahora no lo sientas.

Bill dejó escapar un sollozo ahogado sintiendo que los hombros le temblaban. No era un llanto desbordado, sino ese tipo de derrumbe silencioso que dolía más porque llevaba demasiado tiempo contenido.

El doctor Listing se volvió y cogiendo un pañuelo de papel que había cerca se lo le ofreció sin atreverse a tocarle.

—No tienes que hablar de todo hoy —añadió—Pero sí tienes que dejar que te ayudemos. Y cuando estés listo… también tendrás que dejar que él te vea. Porque Tom no estará aquí para juzgarte, estará aquí porque te quiere.

Bill apretó el pañuelo entre los dedos respirando con dificultad.

—Y sé que ahora no querrás hacerlo, pero debes hablarlo con tu padre—siguió diciendo el doctor Listing con firmeza —Aunque ya lo sabe, tuve que decírselo al ser tú menor de edad y porque eres uno de los mejores amigos de mi hijo. Era mi deber, pero no he informado a la policía porque tu padre así me lo ha pedido. Quiere encargarse él de todo, hablará con el padre de Alexander y ente los dos buscaran una solución adecuada que no te haga pasar de nuevo por todo esto en un juicio donde además no se podría demostrar nada ya que te lavaste después de lo ocurrido y no he podido coger muestras de nada.

—Lo siento, tenía la necesidad de hacerlo—se disculpó Bill en voz baja—Ahora mismo siento que necesito darme otra ducha, es como si aun me sintiera sucio y es una sensación que sé que tardara mucho tiempo en desaparecer.

El doctor Listing asintió con la cabeza, él mismo lo sabía por su trabajo y que Bill también lo supiera le daba a entender que esa no había sido su primera vez. De lo poco que conocía a Alexander y tras lo que acababa de ver, algo le decía que siempre había sido así y que no debería tratar de esa manera a nadie.

— ¿Quieres que te de algo que te ayude a descansar?—preguntó antes de dejarle marchar.

Bill negó con la cabeza, sabia que ninguna medicina le ayudaría a olvidar.

—Esta bien, ya puedes irte entonces—dijo Listing dando por terminado el reconocimiento—Cuando tenga los resultados se lo comunicaré a tu padre pero aun así te dejo mi tarjeta por si te encuentras mal o tienes alguna duda, no dudes en llamarme sea la hora que sea.

Bill asintió suspirando y cogió la tarjeta que el doctor le tendía guardándosela en el bolsillo trasero de los pantalones. Le dio las gracias una vez más y salió de la sala de reconocimiento. Al llegar a la salita de espera, encontró a Louise… pero no estaba sola.

El aire se le atascó en la garganta.

Georg estaba junto a ella y a su lado estaba Tom con la mano derecha vendada y una expresión de preocupación tan profunda que casi dolía mirarla.

Los tres se quedaron mirándole en silencio.

Bill y Tom se miraron fijamente a los ojos sin pronunciar palabra alguna, no hacía falta.

Tom se puso en pie lentamente como si temiera que un movimiento brusco pudiera romper algo más yendo a su encuentro con los brazos abiertos.

Bill dio un paso y luego otro, en cuanto llegó a él se dejó envolver por su abrazo escondiéndose contra su pecho. El llanto le estalló sin control, como si todo lo que había estado conteniendo se desbordara de golpe.

Tom lo sostuvo con fuerza sin pedir explicaciones y sin hacer preguntas. Solo estando a su lado ofreciéndole un lugar donde Bill podría sentirse por fin a salvo.

&

El coche se detuvo frente a la clínica con un frenazo suave pero urgente. Tom abrió la puerta antes incluso de que Georg apagase el motor y bajó del coche sin esperarle. Entró en la clínica donde el aire frío del vestíbulo lo golpeó con fuerza contrastando con el calor que aún llevaba en la piel por la rabia y la preocupación.

El sonido de pasos, teléfonos y voces bajas llenaba el espacio, pero para Tom todo era un murmullo lejano.

Solo tenía un pensamiento.

Bill.

Georg entró detrás de él, algo más sereno pero con la misma prisa en los ojos.

—Por aquí —le indicó, guiándolo hacia recepción.

Tom caminaba rápido casi sin mirar a su alrededor. Sus manos temblaban, la derecha palpitando con un dolor que ya no podía ignorar, pero aun así no redujo el paso.

La recepcionista levantó la vista al verlos acercarse.

—Georg, ¡que sorpresa! —exclamó al momento al verle.

—Creo que mi padre está atendiendo a un amigo mío que ha llegado hace poco, Bill Kaulitz—explicó Georg por encima—Venimos por él… y también necesito que le echen un vistazo a la mano de Tom.

La recepcionista asintió con rapidez fijándose en la herida mano de Tom.

—Tu padre aún no ha terminado de examinar a Bill, podéis esperar en la sala contigua mientras aviso a una enfermera para lo de la mano de Tom.

Tom tragó saliva con esfuerzo sintiendo cómo el corazón le golpeaba el pecho con más fuerza.

—¿Bill está bien? —preguntó sintiendo que se le quebraba la voz.

—El doctor Listing está con él—contestó la recepcionista con voz suave pero sin entrar en detalles—En cuanto termine saldrá a informaros.

Georg puso una mano en la espalda de Tom guiándolo hacia la sala de espera. Tom se dejó llevar como si cada paso que daba fuera más pesado que el anterior.

No sabía qué iba a encontrarse.

No sabía todo daño que Alexander le había hecho esa vez.

Solo sabía que Bill estaba ahí dentro y que él no estaba preparado para verlo roto.

Pero aun así, no pensaba moverse de esa sala.

Tomó asiento y varios minutos después una enfermera apareció llamándole con voz clara. Tom se levantó al momento al escucharla y Georg lo acompañó hasta la puerta de la sala de curas donde iban a atenderle.

—Te espero aquí—dijo Georg dispuesto a no moverse de la puerta.

Tom asintió en silencio y siguió a la enfermera , cada paso que daba le recordaba que Bill estaba allí mismo en alguna sala cercana y eso le tensaba más el pecho que el dolor que sentía en la mano.

—Siéntate aquí —indicó la enfermera señalando la camilla—Vamos a echar un vistazo a esa mano.

Tom se sentó apoyando el puño sobre su muslo. En esos momentos la adrenalina había desaparecido y el dolor se hacía más nítido y punzante.

La enfermera tomó su mano con cuidado.

—Vaya golpe te has dado —comentó sin juzgarle—Está muy inflamada. ¿Te duele mucho?

Tom negó con la cabeza, aunque no era del todo cierto.

—He tenido golpes peores—murmuró sin querer entrar en detalles.

Ella sonrió apenas, como si hubiera escuchado esa frase mil veces.

—Voy a limpiarte los nudillos y a desinfectar—explicó— Luego te llevaré a rayos para asegurarme de que no hay nada roto.

El escozor del desinfectante le arrancó un leve gesto de dolor, pero Tom no emitió ninguna queja. Su mente estaba en otro sitio.

—Respira hondo —murmuró la enfermera notando su tensión—Se nota que tu preocupación no es por tienes algo roto, ¿estás preocupado por alguien?

Tom bajó la mirada respirando con pesadez.

—Mi novio —admitió en voz baja—También está aquí.

Ella asintió, comprensiva, sin pedir más detalles.

—Entonces vamos a hacer esto rápido para que puedas volver con él.

Terminó de vendarle la mano con movimientos precisos y lo acompañó hasta radiología. Allí, un técnico le indicó que colocara la mano sobre la placa.

—Intenta no moverla —le pidió.

Tom obedeció aunque el temblor era difícil de controlar, el técnico lo notó pero no dijo nada. Hizo las tomas necesarias y luego le indicó que podía relajarse.

—En unos minutos tendremos los resultados. Si hay algo roto, te lo dirán enseguida.

Tom asintió, agradecido pero impaciente.

Cuando volvió a la sala de curas Georg lo esperaba tal y como había prometido apoyado en la pared con los brazos cruzados.

—¿Qué te han dicho? —preguntó nada más verle.

—Rayos está mirando las placas, no tardarán mucho —explicó Tom—Pero no creen que haya nada roto.

Georg se le quedó observando unos segundos como evaluando si estaba a punto de derrumbarse o de salir corriendo.

—Mi padre estará terminando con Bill —añadió en voz baja—En cuanto salga, nos dirá cómo está.

Tom sintió que el corazón se le detenía un instante.

Porque esa era la verdadera herida que le dolía.

—¿Georg?

La voz de Louise los hizo volverse, la vieron acercarse con el rostro aún pálido por todo lo ocurrido.

—¿Qué te ha pasado? —preguntó Louise al ver el vendaje en la mano de Tom.

—No es nada —respondió Tom carraspeando— ¿Sabes algo de Bill?

—Nada—admitió Louise, visiblemente afectada—No he podido quedarme mientras lo examinaban y estaba en el baño lavándome la cara

—¿Y Alexander?—preguntó Tom apretando la mandíbula.

—Estará en su casa —murmuró Louise—Pero ahora mismo él no importa, solo Bill. Tienes que dejar de pensar en Alexander, ya recibirá lo que se merece.

Tom asintió aunque no del todo convencido y los tres se dirigieron a la sala de espera. Apenas se sentaron apareció la enfermera que había atendido a Tom con una sonrisa que anunciaba buenas noticias.

—La mano no está rota —explicó—Es solo un esguince tendrás que llevarla vendada un tiempo y venir para que te hagamos las curas. También deberás tomar estos calmantes cada ocho horas, ahora quizá no notes el dolor por la adrenalina pero dentro de poco empezará a molestarte bastante.

—Muchas gracias —dijo Tom aliviado por sus palabras y cogiendo los calmantes— ¿Debo pagar algo?

La enfermera negó con la cabeza tras intercambiar una mirada rápida con Georg y tras darle además una copia del informe volvió a su trabajo.

—Gracias— susurró Tom dirigiéndose a Georg.

—Deberías tomarte un calmante ahora—intervino Louise.

Tom asintió con la cabeza y así lo hizo cogiendo la botella de agua que Georg le sacó de una máquina expendedora que había en la sala de espera.

Antes de que pudieran decir nada Bill apareció ante ellos con el rostro pálido, frágil y los ojos enrojecidos.

Tom sintió cómo el mundo se detenía un instante, se quedaron mirando en silencio como si ninguno supiera muy bien cómo dar el primer paso. Se levantó lentamente con el corazón golpeándole con fuerza en el pecho y abrió los brazos sin saber si Bill permitiría que lo tocara. Quizás aún estaría en shock y quizás necesitaría espacio pero Tom no podía hacer otra cosa que ofrecerle ese refugio.

Y entonces lo vio caminar lentamente hacia él buscando refugio en su cuerpo dejando que le abrazara, aferrándose a él con una fuerza desesperada. Tom lo envolvió con sus brazos al momento sin dudarlo sintiendo cómo el llanto de Bill le empapaba la camiseta y cómo su cuerpo temblaba contra el suyo.

Y entonces él también se quebró un poco.

No en voz alta como Bill hacía pero sí por dentro dejando escapar toda esa angustia que lo había estado consumiendo desde que Georg le había contado lo ocurrido.

Porque en esos momentos lo tenía por fin a su lado, respirando entre jadeos entre sus brazos.

Porque podía sentirlo.

Porque estaba bien… o al menos, estaba a salvo.

Y Tom no pensaba soltarlo, no mientras Bill siguiera necesitando ese abrazo para no sentir que a su alrededor todo se desmoronaba sin que pudiera hacer nada por evitarlo.

Continúa… 

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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