Incomplete 96

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 96

Louise y Georg se quedaron quietos unos segundos observando cómo Bill y Tom se aferraban el uno al otro como si el resto del mundo hubiera dejado de existir. No había nada que añadir y no los querían interrumpir.

Louise fue la primera en reaccionar tocando suavemente el brazo de Georg.

—Vamos fuera—dijo en un susurro—Necesitan estar solos.

Georg asintió sin decir palabra y ambos salieron de la sala de espera con pasos silenciosos cerrando la puerta con cuidado para no romper ese momento tan frágil. En el pasillo Louise apoyó la espalda en la pared y dejó escapar un suspiro largo como si por fin pudiera soltar parte de la tensión que llevaba acumulada.

—No había visto a Bill así desde… —se interrumpió tragando con esfuerzo—Desde hace mucho.

Georg pasó una mano por su nuca suspirando.

—Yo tampoco —dijo sacudiendo la cabeza—Tom estaba fuera de sí cuando se enteró, dio un grito y golpeó la pared con todas sus fuerzas. Quería ir al lado de Bill sin perder más tiempo aunque no sabía si iba a querer verle…

—Bill tenía miedo de que Tom lo rechazara—explicó Louise bajando la mirada—De que no pudiera soportar verle en ese estado.

—Pero lo ha hecho —dijo Georg con un tono más suave— Ha ido directo a él y Bill… Bill se ha derrumbado en sus brazos.

—Era lo que necesitaba—susurró Louise respirando más aliviada— No a ti ni a mí, a él.

—Tom es su sitio seguro, su refugio—murmuró Georg apoyándose también en la pared.

—Bill siempre ha sido muy fuerte aunque crea que no lo es—aseguró con firmeza Louise—Pero necesita alguien a su lado que lo sostenga cuando siente que le flaquean las fuerzas.

—Ojalá sea el principio de que está empezando a sanar—dijo Georg mirando hacia la puerta cerrada con una mezcla de preocupación y esperanza.

—Lo será—dijo Louise asintiendo con firmeza—Con Tom a su lado lo será.

Se quedaron esperando en silencio dándoles todo el tiempo que necesitaban para consolarse mutuamente. Ninguno de los dos se atrevían a decir nada más, cualquier palabra parecía fuera de lugar mientras al otro lado de la puerta Bill y Tom seguían aferrados el uno al otro.

Entonces el sonido del móvil de Georg rompió ese frágil silencio.

—Es Gustav —murmuró Georg al ver el nombre en la pantalla.

—Quizá ya se ha enterado—comentó Louise cruzándose de brazos resoplando—Alexander habrá ido corriendo a contárselo, solo para jactarse.

Georg apretó los labios. No tenía muchas ganas de hablar con él en esos momentos pero sabía que si Gustav le llamaba justo después de lo que le había pasado a Bill era porque había pasado algo relacionado con Alexander.

Lo presentía.

Con un suspiro resignado, deslizó el dedo por la pantalla y llevó el móvil al oído.

—Gustav… —saludó en voz baja intentando mantener la calma mientras Louise lo observaba con el ceño fruncido.

—Hola, yo… me preguntaba si estabais por aquí en el club —dijo Gustav al otro lado de la línea—Es que necesito hablar con vosotros de algo.

—Pues no —respondió Georg intentando sonar natural—Pensábamos ir pero ha surgido un contratiempo y estamos en la clínica de mi padre.

Hubo un silencio breve.

—¿Ha pasado algo? —preguntó preocupado Gustav.

Georg se quedó en silencio por unos segundos cogiendo ese aire que sentía que le faltaba mientras ponía en orden sus pensamientos.

Gustav no sabía nada de lo que había ocurrido con Bill, y quizás Bill no querría que nadie más lo supiera. Pero era cuestión de tiempo que Alexander abriera la boca, contando su versión retorcida de los hechos y Gustav… Gustav era muchas cosas, pero no un mal amigo.

Georg lo sabía, se lo había demostrado cuando acabó en el hospital por su alergia. Gustav y Natalie permanecieron allí hasta asegurarse de que estaba fuera de peligro y solo se marcharon solo cuando supieron que Bill y Tom iban a verle para no incomodar.

—¿Georg? —llamó inquieto Gustav.

—Es Bill —contestó Georg en voz baja—Ha tenido… un pequeño accidente. Está bien, pero hemos venido a la clínica para asegurarnos.

Gustav se quedó en silencio procesando todo lo que había escuchado. Bill había tenido un pequeño accidente justo después de haber recibido la visita de Alexander…no le gustaba nada lo que estaba escuchando.

—¿Ha tenido algo que ver Alexander? —preguntó con cautela, como si temiera la respuesta.

—Ha sido él—contestó Georg suspirando.

Gustav tragó con dificultad.

—Pero… ¿qué ha hecho? —quiso saber Gustav tragando con esfuerzo — ¿Le ha pegado? ¿O quizá ha…?

No terminó la frase.

No podía hacerlo.

Porque decirlo en voz alta sería admitir que Alexander no era la persona que él creía y que llevaba tiempo negando lo evidente.

—Sí —murmuró Georg—Ha sido…eso.

Al otro lado de la línea, Gustav guardó silencio. Un silencio largo y tenso que no era simple sorpresa. Era algo más profundo, algo que dolía.

Cuando por fin habló, su voz sonó más baja de lo habitual.

—Georg… ¿estás seguro?

—Totalmente seguro—contestó con firmeza Georg.

Gustav soltó un suspiro tembloroso, casi inaudible.

—No… no puede ser —murmuró aunque en el fondo sabía que viniendo de Alexander cualquier cosa era posible—Alexander… él… nunca…

— ¿Nunca le haría daño a Bill?—terminó Georg por él la frase— ¿Lo crees en serio, Gustav?

A su lado Louise escuchaba la conversación en silencio con los brazos cruzados y la mirada clavada en el suelo. Sabía exactamente lo que Gustav estaba sintiendo, esa mezcla de incredulidad, vergüenza y miedo a aceptar la verdad.

—No voy a darte detalles, Gustav—siguió diciendo Georg—No puedo por respeto a Bill , lo único que debes saber es que ha sido Alexander y que Bill está muy mal.

—No puedo creer que haya podido hacer algo así —murmuró Gustav intentando recomponerse— ¿Qué puedo hacer?

—Habla con Alexander —contestó Georg con firmeza—Hazle entrar en razón, lo que ha hecho es muy grave y no va a quedar sin consecuencias.

—Lo haré —prometió Gustav con la voz más tensa de lo habitual—Y si puedes dile a Bill que lo siento muchísimo, dile que he llamado y que quiero que se recupere cuanto antes. Y cuando se sienta preparado me gustaría verle para pedirle perdón en persona.

—Se lo diré —prometió Georg con firmeza—Y te mantendré informado de cómo evoluciona.

—Gracias —susurró Gustav antes de dar por finalizada la llamada.

Georg bajó lentamente el móvil como si de repente pesara el doble. Louise se le quedó mirando con una mezcla de tristeza y resignación.

—Ha sido un golpe duro para él —comentó suspirando.

—Sí —murmuró Georg guardándose el teléfono en el bolsillo—Pero era necesario, ya era hora de que abriera los ojos y viera quién es realmente Alexander.

Louise asintió dirigiendo la mirada hacia la puerta donde Bill y Tom seguían abrazados.

—Y ahora… solo queda esperar a que Alexander reciba su merecido y no le volvamos a ver nunca más—dijo en voz baja con firmeza, sintiendo cómo la sangre le hervía con una rabia tan intensa que casi le quemaba por dentro.

Georg levantó la mirada hacia ella. No había duda en su voz ni intento de suavizar nada.

Y él estaba de acuerdo con cada una de sus palabras.

—Tienes razón — murmuró con una seriedad que pocas veces mostraba—Esta vez no puede librarse, no después de todo lo que le ha hecho a Bill.

Louise apretó los labios, conteniendo la mezcla de rabia y tristeza que llevaba todo ese tiempo acumulando. Georg dio un paso hacia ella movido por un impulso tan natural como necesario y la rodeó con los brazos.

Ella se dejó abrazar sin resistencia apoyando la frente en su hombro. El contacto no borraba lo ocurrido, pero sí aflojaba un poco la tensión que llevaba clavada en el pecho.

—Lo superarán —murmuró Georg abrazándola con fuerza—Bill tiene a Tom y nosotros estaremos siempre a su lado, no vamos a dejar que esto vuelva a pasar.

Louise asintió contra su cuello, respirando profundamente por primera vez en mucho tiempo.

—No, no lo permitiremos—susurró con firmeza.

Y así, en ese pasillo silencioso, mientras al otro lado de la puerta Bill y Tom seguían aferrándose el uno al otro, ellos también encontraron un pequeño espacio para sostenerse mutuamente.

&

David seguía sentado en su despacho con los codos apoyados en la mesa y la mirada perdida en un punto indefinido de la pared. No sabía cuánto tiempo llevaba así, el club seguía funcionando al otro lado de la puerta pero para él todo sonaba amortiguado y lejano, como si estuviera bajo el agua.

Un golpe suave en la puerta lo sacó de ese estado.

—¿Podemos hablar? —preguntó Andreas asomando la cabeza.

David levantó la mirada lentamente y asintió con la cabeza viendo como Andreas entraba en e despacho con más energía de la habitual aunque al ver la expresión de David esa chispa se apagó un poco.

—Solo quería recordarte lo de la hoguera del sábado —empezó a decir intentando sonar casual—Los chicos están emocionados y no paran de preguntarme si tienen que traer algo o el club se encargará de todo como siempre.

La hoguera…a David se le había olvidado por completo. Era una tradición que el club celebraba todos los años el último sábado de julio a orillas del lago. Una pequeña fiesta para que los camareros pudieran disfrutar de las instalaciones del club como si fueran un cliente más. La celebración empezaba a media tarde, quienes no tuvieran que trabajar podían disfrutar del tiempo libre tomando el sol o dando un paseo en lancha o moto acuática.

Pero lo mejor llegaba al anochecer, se encendían varias hogueras a lo largo de la playa y se preparaba una gran barbacoa por cortesía del club que aportaba toda la comida y bebida necesaria.

Aunque en teoría era un evento solo para empleados, muchos clientes solían asistir para disfrutar de la celebración sin problema alguno pero había otros que no se sentían del todo cómodos compartiendo espacio con los mismos camareros que los atendían cada día.

David trataba de escuchar lo que Andreas le estaba contando pero las palabras le llegaban como desde muy lejos y cuando Andreas dejó de hablar se hizo un silencio extraño.

—Andreas, no sé si se va a poder hacer este año…—murmuró David carraspeando.

—¿Por qué?—quiso saber Andreas frunciendo el ceño— ¿Ha pasado algo? ¿Alguien se ha quejado del servicio y ese es nuestro castigo?

David dudó por un segundo en contestarle, no podía darle todos los detalles pero tampoco debía mentirle.

No quería hacerlo.

—Nadie ha presentado una queja, no es por eso—empezó a decir en voz baja—Ha pasado algo grave…muy grave.

Andreas se puso tenso al momento, su instinto siempre había sido rápido especialmente cuando se trataba de la gente que quería.

—¿Tiene que ver con Tom? —preguntó casi sin pensarlo.

David negó con la cabeza, aunque la preocupación en su mirada no disminuyó.

—No exactamente, aunque Tom ha tenido un pequeño accidente y estará de baja—explicó David por encima.

—¿Qué?—gritó Andreas sin poderse contener— ¿Qué le ha pasado? ¿Está bien?

—Está bien, no te preocupes —le tranquilizó David—No ha sido nada serio, se ha hecho daño en una mano y no podrá trabajar unos días. Steve lo cubrirá.

Andreas asintió en silencio pero su expresión era de profunda preocupación. Tom era su punto débil, aunque intentara disimularlo.

Y aunque había tratado de esconderlo, David era muy bueno en su trabajo y sabía todo lo que ocurría en el club incluido entre sus camareros. No hacía falta que se lo dijera, sabía que ya estaba enterado de que algo había pasado entre Tom y él.

—¿Y lo otro? —preguntó Andreas mirándole fijamente—Eso tan grave que va a suspender nuestra fiesta…

David tragó saliva antes de contestar acomodándose en su asiento.

—No puedo darte detalles —dijo con sinceridad—Solo que ha pasado algo que afecta a alguien muy cercano del equipo y hasta que no sepamos cómo va a evolucionar todo, prefiero no organizar celebraciones.

Andreas se le quedó observando fijamente en silencio estudiando su rostro y cada uno de sus gestos. No hacia falta que le dijera nada, podía leer la respuesta en sus asustados ojos.

—¿Tiene que ver con Bill? —preguntó con la voz más baja de lo habitual.

David cerró los ojos un instante como si esa simple pregunta le pesara más de lo que podía admitir. Cuando volvió a abrirlos no respondió de inmediato pero tampoco hacía falta.

Andreas tomo su gesto como un si.

—¿Está bien? —preguntó con un hilo de voz.

—Está en buenas manos —contestó suspirando David—Por eso ahora mismo no sé si es un buen momento para celebrar una fiesta.

—Lo entiendo, David, no te preocupes —dijo Andreas con firmeza—Hablaré con los demás y les explicaré la situación. Podemos dejar la fiesta para más adelante si eso o…bueno, no celebrarla.

David se le quedó observando atentamente en silencio viendo la decepción que sus ojos desprendían sin poder evitarlo delatando lo importante que era la hoguera para todos. Llevaban esperándola desde que empezaron a trabajar duramente en verano, era el único día que tendrían para sentirse libres y disfrutar del club sin trabajar.

No podía quitarles su momento de paz.

—Espera, Andreas —llamó con firmeza—La fiesta se celebrará como siempre y el club se hará cargo de todo. Solo os pido un poco de colaboración estos días porque tanto Bill como Tom estarán de baja una buena temporada. Contrataremos camareros nuevos, pero hasta entonces habrá que hacer horas extras.

—Sin problema, David—dijo Andreas sintiéndose muy aliviado por su cambio de opinión—Ya sabes que puedes contar con todos nosotros.

David esbozó una sonrisa cansada de agradecimiento viendo como Andreas daba media vuelta dispuesto a salir del despacho para reunirse con sus compañeros y contarles que la fiesta seguía en pie.

Pero antes de salir por la puerta se quedó quieto un segundo más como si quisiera decir algo sobre Tom… pero no lo hizo. Solo asintió con la cabeza y se marchó, dejando a David a solas otra vez con el peso de todo lo que aún no sabía cómo manejar.

&

Terminada la conversación con Georg, Gustav salió del club donde había ido en busca de sus amigos. Echó a correr al parking, tenía que ir a casa de Alexander para pedirle explicaciones de lo que le había hecho a Bill.

Además, Natalie seguiría allí y si le hiciera daño a ella también no se lo podría perdonar nunca.

Llegó al coche con las llaves en la mano pero los dedos le temblaban tanto que tardó un par de intentos en acertar a abrir la puerta. Cuando por fin se sentó al volante apoyó la frente en él durante un segundo intentando respirar.

No funcionó.

Encendió el motor y arrancó con un impulso brusco, como si quedarse quieto fuera peor que cualquier otra cosa. El trayecto hasta la casa de Alexander lo hizo casi automáticamente con la mandíbula apretada y la mente repitiéndole una y otra vez lo que Georg le había dicho.

A Bill le había pasado algo muy grave.

El culpable era Alexander.

Alexander había abusado de Bill.

Cuando llegó a su destino aparcó de cualquier manera y salió del coche sin cerrar del todo la puerta. Echó a correr hasta la puerta llamando con insistencia hasta que John abrió con gesto serio.

No se molestó en disculparse ni dar explicaciones, pasó por su lado dirigiéndose al jardín donde había dejado a Natalie. Como ya se imaginaba estaba aún allí y en la tumbona de al lado Alexander tomaba el sol como si nada hubiera pasado. Fue hacia ellos quedándose de pie sin aliento haciendo que Natalie pegase un pequeño bote al verle aparecer de repente.

—Gustav… ¿qué haces aquí? —preguntó incorporándose en la tumbona.

Él no respondió de inmediato, estaba demasiado alterado y demasiado lleno de una mezcla de rabia, miedo y decepción que no sabía cómo contener.

—Llegas en el mejor momento —dijo Alexander sonriendo ampliamente — ¿Ves esa caja? Son los regalos que le hice a Bill y que me ha devuelto, debería sentirme mal por ello pero en realidad ha sido más una pérdida de tiempo molestarme en regalarle nada a alguien que no se lo merece.

Señaló la caja con un gesto despreocupado, como si estuviera hablando de algo trivial.

—Dentro hay una pulsera de plata —continuó diciendo—Quiero que la cojas y llames a tu camello, necesito con urgencia un par de rayas.

Gustav se quedó inmóvil al escucharle no por el significado de sus palabras sino porque por primera vez en mucho tiempo veía a Alexander con una claridad brutal.

Su sonrisa arrogante.

La indiferencia que lucía.

La absoluta desconexión de la realidad.

Y esa absurda petición como si nada hubiera pasado, como si no acabara de destrozar a alguien.

Natalie se le quedó mirando con los ojos muy abiertos, como si también estuviera viendo algo que no quería admitir.

Gustav sintió cómo algo dentro de él se rompía. No un chasquido violento, sino un desgarro lento e inevitable.

—¿Qué quieres… qué? —preguntó con una voz tan baja que apenas parecía suya.

—Gus, no empieces, estoy de los nervios—murmuró Alexander molesto por la falta de reacción—Bill me ha dejado exhausto, ¿vale? Necesito recuperar fuerzas así que coge la maldita pulsera, véndela o lo que sea y llama a tu camello. No es tan complicado de entender.

Gustav dio un paso hacia Alexander, cuya expresión por primera vez vaciló.

—No me hagas repetirlo, Gustav—siseó Alexander frunciendo molesto el ceño—Me encuentro fatal.

—No pienso ir a comprarte nada—estalló Gustav sin molestarse en bajar la voz, cansado ya de contenerse— ¿Tú te encuentras mal? ¿Cómo crees que está Bill en estos momentos después de lo que le has hecho?

Natalie parpadeó al escucharle mientras que Alexander abría la boca sorprendido, como si jamás hubiera imaginado que Gustav pudiera alzarle la voz. Y también porque sabía lo que le había pasado a Bill, la verdadera versión que distaba mucho de lo que él le había contado a Natalie.

—¿Tú te escuchas alguna vez cuando hablas? —continuó diciendo Gustav avanzando otro paso— ¿De verdad crees que lo peor que te ha pasado hoy es que Bill te haya devuelto todos los regalos que le has hecho? ¿Eso es lo único que te preocupa?

Alexander parpadeó desconcertado al escucharlo.

—Gustav, estás exagerando—murmuró tratando de mantener la calma—Solo quiero..

—¡No! —interrumpió Gustav con una rabia que llevaba meses acumulando— ¡No estás «fatal»! ¡No necesitas «un par de rayas»! Lo que necesitas es asumir de una maldita vez lo que has hecho.

—¿Qué dices?—preguntó Alexander mirándole por primera vez con miedo en los ojos—Yo no he hecho nada.

Gustav soltó una carcajada amarga, rota.

—¿Nada?—repitió Gustav con rabia— ¿Estás diciendo entonces que ahora mismo Bill está en el hospital por nada? ¿Vas a fingir que no sabes el por qué?

—¿Qué… qué le ha pasado a Bill? —intervino Natalie levantándose de la tumbona.

—Tú le has pasado —escupió Gustav sin poderse contener—Tú con tus malditos celos, tus continuos ataques y tu manera de manipularlo todo. Por tu culpa Alexander le ha hecho mucho daño, ha abusado de él y ahora mismo está siendo atendido por un médico porque ninguno de los dos habéis sabido controlar vuestra rabia.

Alexander negó con la cabeza poniéndose también en pie.

—Eso no es verdad—dijo con firmeza— ¿Eso es lo que va contando? Es mentira, Bill se me insinuó y yo aproveché el momento.

—¡No te atrevas! —rugió Gustav avanzando hasta quedar a un palmo de él— ¡No te atrevas a culparlo! No esta vez, no después de lo que le has hecho.

Gustav respiró profundamente sintiendo que temblaba de pura indignación.

—Había venido a pedirte explicaciones pero ya no las quiero—dijo en voz baja pero con una firmeza que helaba—Porque no hay nada que puedas decir que justifique lo que le has hecho.

—Gustav—llamó Natalie en un susurro con los ojos llenos de lágrimas.

Pero Gustav la ignoró, ni siquiera la miró porque no podía hacerlo.

—Solo te aviso de una cosa, Alexander —murmuró Gustav clavando los ojos en él—Esto no va a quedar así, estoy seguro de que te van a denunciar y yo testificaré en el juicio si hace falta. Haré lo que sea para que no te acerques a él ni le vuelvas a hacer daño otra vez.

Alexander tragó saliva, incapaz de responder.

Y por primera vez desde que lo conocía, Gustav no sintió miedo, ni duda, ni culpa.

Solo mucha claridad.

Dio media vuelta y los dejó allí plantados, había dicho todo lo que quería decir y ya no había motivo para quedarse.

&

Había tardado más de lo previsto en recoger sus cosas y salir del despacho. Cuando por fin estaba a punto de hacerlo su secretaria lo había detenido para informarle de que un cliente importante estaba al teléfono. Jörg tuvo que atender la llamada sintiendo que cada minuto le pesaba como una losa.

En cuanto colgó el teléfono agarró el maletín con brusquedad y salió del despacho sin perder más tiempo. Bajó al garaje, subió al coche y condujo directo hacia el edificio donde Gordon tenía su consulta sintiendo un nudo en el estómago que no dejaba de apretarle.

Llegó al edificio y aparcó en el parking privado entrando luego en el ascensor. Pulsó el botón de la última planta y mientras subía, apoyó la espalda en la pared metálica intentando respirar hondo, pero el aire no parecía llegarle del todo a sus pulmones.

Cuando las puertas se abrieron salió con paso rápido arcándose al mostrador de recepción donde la recepcionista lo reconoció en cuanto lo vio acercarse.

—Buenas tardes, señor Kaulitz. ¿Tenía cita con el doctor Vandael?

—Me temo que no —respondió Jörg sin rodeos—Y es muy importante que me vea ahora mismo.

La chica no discutió, asintió en silencio cogiendo el teléfono y marcó el número que comunicaba del despacho del psicólogo.

—Doctor Vandael —dijo cuando respondieron al otro lado—Jörg Kaulitz necesita verle con urgencia.

Jörg permaneció de pie frente al mostrador aferrándose a él con las manos tensas mientras esperaba una respuesta como si de ella dependiera poder respirar otra vez.

—Por supuesto, doctor Vandael—dijo la recepcionista colgando el teléfono—Ahora mismo le atenderá señor Kaulitz.

—Muchas gracias—murmuró Jörg sintiéndose algo aliviado.

Se alejó del mostrador y empezó a caminar por la pequeña recepción hasta que unos segundos después Gordon salió de su despacho.

—Jörg —saludó con una mezcla de sorpresa y preocupación—Tengo un paciente en diez minutos, pero si es urgente puedo hacerte un hueco antes de…

—Es muy grave —lo interrumpió Jörg con voz tensa—Es sobre Bill y… está relacionado con Alexander.

El rostro de Gordon cambió por completo. La sorpresa inicial se borró por completo siendo sustituida por una seriedad inmediata,

—¿Qué ha pasado? —preguntó aunque ya intuía que la respuesta no sería sencilla.

—Hablemos en privado—pidió en voz baja.

Gordon no dudó ni un segundo y se volvió hacia la recepcionista.

—Anula todas mis citas de esta tarde—ordenó con una calma firme que no admitía réplica—Reprograma a los pacientes para mañana o la próxima semana, y si alguien pregunta diles que me ha surgido una emergencia personal.

La recepcionista asintió de inmediato consciente de que algo muy serio estaba ocurriendo.

Gordon hizo un gesto a Jörg para que lo siguiera.

—Ven —dijo abriendo la puerta de su despacho—Aquí podemos hablar con tranquilidad.

Jörg entró primero y Gordon cerró la puerta tras ellos. El despacho contaba con un cómodo sofá en donde invitó a sentarse a Jörg.

—Cuéntame qué ha hecho Alexander esta vez —pidió dejando escapar un suspiro cansado, uno que solo se permitía cuando estaba a solas con él.

—Le ha hecho mucho daño a Bill —respondió Jörg sin rodeos con voz tensa—Ahora mismo está siendo atendido en la clínica del doctor Listing.

Gordon se quedó sin aire al escucharle, ni siquiera parpadeó.

—¿Daño… físico? —preguntó en voz baja aunque la respuesta ya la intuía en el temblor que veía en las manos de Jörg.

—Físico y emocional —confirmó Jörg apretando los puños sobre las rodillas—Ha…abusado de Bill, y en mi propia casa.

—Dios mío, Alexander… —murmuró Gordon más para sí que para Jörg.

Cerró los ojos un instante como si necesitara contener algo que amenazaba con desbordarse.

—Tenemos que hacer algo con él—dijo con firmeza Jörg mirándole fijamente—No está bien y lo sabes. ¿Cuántas veces me has dicho que lo veías inestable? ¿Qué creías que Bill estaba logrando controlarle? ¿Cómo de controlado estaba cuando le hizo eso a mi hijo?

Gordon apoyó los codos en las rodillas y se frotó la cara con ambas manos, como si necesitara borrar de golpe todos esos meses de dudas, de intuiciones y de silencios que en esos momentos se estaban volviendo en su contra.

—Debí haber hecho algo en lugar de quedarme de brazos cruzados —murmuró Jörg con la voz cargada de culpa—Dejé que Simone lo castigara por mis errores y permití que tú también lo manipularas en esas sesiones que no necesitaba. Entre todos le hemos destrozado la vida a Bill.

—Jörg… —llamó Gordon con un hilo de voz—No tienes idea de cuánto siento todo lo que ha pasado.

—No necesito que te disculpes—respondió Jörg con dureza sin poderse contener—Necesito que me digas qué vamos a hacer con Alexander ahora.

Gordon levantó la mirada, sus ojos, normalmente tan tranquilos, tenían un brillo tenso casi culpable.

—Te dije que llevaba tiempo viéndole inestable —admitió en voz baja—Y que pensé que Bill estaba siendo un ancla para él, pero nunca imaginé que Alexander cruzaría una línea así. Nunca.

—Pues la ha cruzado sin inmutarse—murmuró Jörg seriamente.

Gordon tragó saliva con esfuerzo, sabía que Jörg también había visto señales, pequeñas y dispersas pero señales claras de que algo malo le pasaba a Alexander. Y al igual que él había pensado que se merecía una oportunidad, había confiado demasiado en que Bill para que con su bondad infinita pudiera contener algo que él mismo como profesional no había logrado.

—No podemos ignorar lo que ha pasado —dijo Gordon con firmeza—Se lo debemos a Bill, pero…

—¿Pero? —repitió Jörg clavando la mirada en él.

Gordon respiró hondo antes de continuar.

—Quieres denunciar a Alexander, y lo entiendo—empezó a decir —Créeme que lo entiendo pero no deberías hacerlo por el bien de Bill. Habría un juicio Jörg y tú sabes cómo son muchos abogados, lo machacarían en el estrado obligándolo a revivir cada detalle y Bill no podría soportarlo. ¿De verdad quieres hacerle pasar por eso?

Jörg cerró los ojos unos segundos, sabía que Gordon tenía razón. Una denuncia significaría exponer a Bill a un proceso largo, cruel y devastador. Y él no podía permitirlo.

—Déjalo en mis manos —suplicó Gordon—Yo me encargaré de ingresar a Alexander en una clínica donde reciba la ayuda que tanto necesita.

—¿Para que luego salga en unos meses?—inquirió Jörg negando lentamente con la cabeza.

—No —contestó Gordon con una determinación que casi dolía—No dejaré que salga hasta que pague por todo lo que ha hecho. Porque sé que Alexander nunca va a recuperarse, fingirá como lo ha estado haciendo conmigo todo este tiempo. Hará lo que sea para convencerme de que está mejor y de que no lo volverá a hacer pero sé en cuanto esté fuera lo intentará de nuevo con otra persona… o incluso de nuevo con Bill y no lo pienso permitir.

—No vas a lograr ingresarlo sin un diagnóstico real —murmuró Jörg derrotado por la realidad.

—No puedo inventarme un diagnóstico —empezó a decir Gordon—Pero sí puedo redactar un informe explicando lo que he estado viendo en Alexander todo este tiempo y que sería suficiente para justificar un ingreso.

—¿Qué pondrías en ese informe?—quiso saber Jörg mirándole con una mezcla de esperanza y miedo.

—Que Alexander presenta un patrón claro de desregulación emocional severa—explicó Gordon utilizando términos profesionales—Episodios de impulsividad extrema, incapacidad para controlar la ira, reacciones desproporcionadas ante el rechazo, conductas posesivas y un historial de manipulación afectiva. Todo eso junto indica un trastorno de la personalidad desadaptativo.

—¿Eso bastaría para ingresarlo una buena temporada?—insistió Jörg frunciendo el ceño.

—Sí —contestó Gordon sin dudar—No por el nombre del trastorno, sino por lo que implica. Alexander representa un riesgo real para terceros y eso es lo que me permitirá realizar un ingreso involuntario. Presenta una impulsividad peligrosa y episodios de pérdida de control , y lo sucedido a Bill demuestra que no se sabe controlar.

—¿Y cómo lo vas a justificar en tu informe?—preguntó Jörg tragando con esfuerzo.

Gordon se levantó y se acercó a su escritorio abriendo un cajón de donde sacó unos documentos.

—Hace días que redacté el informe porque en las sesiones que tenía con Alexander veía claramente que me estaba mintiendo, tratando de manipularme y no estaba poniendo nada de su parte por curarse—contestó Gordon suspirando.

Le tendió a Jörg los documentos y éste se dispuso a leerlo con toda la rapidez que pudo. En ellos Gordon detallaba todo lo observado en sus sesiones con Alexander que iba desde episodios de agresividad a distorsiones emocionales, incapacidad para asumir responsabilidad, conductas de riesgo, dependencia afectiva extrema y una impulsividad que ponía en peligro a los demás.

—Todo eso encaja dentro de un episodio agudo de descompensación emocional—continuó diciendo Gordon señalado los documentos—Es un término amplio pero completamente válido y permite un ingreso inmediato para poder realizarle una evaluación exhaustiva.

—¿Y cuánto tiempo podría permanecer ingresado?—quiso saber Jörg apoyando las manos en el sofá como si necesitara sostenerse.

—El tiempo que sea necesario para garantizar que no volverá a hacer daño a nadie—contestó con firmeza Gordon—Y créeme con este historial no lo darán de alta de inmediato…y yo siempre puedo añadir algo más de tiempo si fuera necesario.

Jörg cerró los ojos mientras pensaba si estaban haciendo lo correcto, pero no podía dejar que se saliera con la suya después de lo que le había hecho a Bill.

—Hazlo —ordenó al cabo de unos minutos—Haz todo lo que tengas que hacer para que Alexander pague por lo que ha hecho.

Gordon asintió, con una gravedad que dejaba claro que esa decisión a él también le dolía.

—Lo haré por Bill, y porque Alexander necesita ayuda aunque no le guste la forma en que va a recibirla—dijo con firmeza Gordon.

Cogió el teléfono sin apartar la mirada de Jörg como si temiera que, si la desviaba un segundo, este pudiera desmoronarse y marcó un número que conocía demasiado bien, uno que nunca había querido volver a usar para nadie tan cercano.

Mientras esperaba a que respondieran su expresión se endureció mientras que Jörg lo observaba en silencio sintiendo cómo el aire en el despacho se volvía más denso.

—Buenas tardes —dijo Gordon cuando al fin contestaron al otro lado—Soy doctor Vandael, como ya informé hace unos día me veo obligado a activar un ingreso urgente para una evaluación psiquiátrica. Sí, código de riesgo para terceros.

Jörg cerró los ojos sintiendo algo de alivio al escuchar sus palabras porque escucharlo decirlo en voz alta lo hacía muy real y ya definitivo.

—El paciente es Alexander Vandael, mi hijo—siguió diciendo Gordon sin titubear—Presenta episodios de desregulación emocional severa, impulsividad peligrosa y un incidente reciente que confirma riesgo de repetición. Necesito que preparen una habitación en la unidad de contención leve. No, no es voluntario.

Hubo un silencio breve mientras escuchaba la respuesta.

—Perfecto—dijo Gordon asintiendo con la cabeza—Enviaré el informe preliminar ahora mismo, el paciente se encuentra en mi propio domicilio y allí estaremos esperando la ambulancia que lo trasladará.

Colgó despacio dejando el teléfono sobre la mesa con un gesto que parecía pesarle más de lo que quería admitir. Luego se volvió hacia Jörg.

—Ya está hecho —murmuró con una calma que no ocultaba la gravedad—Su ingreso ha sido aceptado, hace días que llamé para pedir información y les pedí que lo fueran preparando todo porque en breve sería necesario y me temo que no me he equivocado.

—Muchas gracias, Gordon—susurró Jörg sintiendo una mezcla de alivio y dolor que le apretaba el pecho.

—No me las des —respondió Gordon suspirando—Esto no es justicia, es lo mínimo que podemos hacer para evitar que le vuelva a hacer daño a Bill.

El silencio que siguió fue largo, pero no vacío.

Era el silencio de dos hombres que, por primera vez, sentía que estaban haciendo algo que deberían haber hecho hace tiempo.

Continúa… 

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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