Inocencia interrumpida 9

Inocencia interrumpida 9

Fic Slash de lyra

Capítulo 9

El viaje transcurrió sin ningún contratiempo importante. Saki viajaba con ellos como siempre y para no verle la cara se subió al piso superior del autobús. Allí se cambió de ropa y se puso un cómodo chándal. Se quedó descalzo y se metió en la cama tapándose hasta la cabeza. Iba camino de casa, su cuerpo descansaría y encontraría algo de paz para su atormentada alma…

Se quedó dormido de inmediato, no fue consciente de que Tom subió a verle, deseando poder arreglar las cosas antes de que estuvieran en casa, y delante de su madre no iba a sacar el tema de su extraño comportamiento. No quería asustarla si luego no se trataba de nada, solo de una de sus infantiles pataletas.

Fue despertado cuando llegó la hora de comer. Fue el grito que de alegría que pegó Georg al ver una enorme pizza. Se dio la vuelta en su cama y cerró los ojos de nuevo. Su estómago protestaba hambriento, pero se negaba a comer delante de Saki. Seguro que no le quitaría la mirada de encima, riéndose en su cara de ese regalito que le había dado y que estaba oculto en el fondo de una de sus maletas.

Tenía que tener mucho cuidado cuando llegara a casa, no fuera a ser que su madre se empeñara en deshacerla en busca de ropa que lavar y se llevara una buena sorpresa… Se moriría de la vergüenza si ella o Tom lo descubrían, preguntándose qué hacía con una de esas cosas….imaginándole como un salido depravado…

— ¿Bill?

Era Tom, al parecer se estaba preocupando por él…

—Vamos, sé que estás de morro conmigo, pero tienes que comer—insistió Tom.

Esperó hasta que le escuchó resoplar y darse la vuelta en la cama con pereza.

—Me ha costado coger esto de las fauces de Georg—bromeó Tom enseñándole dos raciones de pizza—Aún están calientes…

Dejó la frase en el aire, la mirada que Bill le dirigió le heló la sangre. Era fría y distante, pero distinguía mucho dolor en ella… Se sentó en el borde de la cama y puso sobre sus rodillas el plato que llevaba. Extendió una mano y le acarició la mejilla con suavidad.

— ¿No quieres decirme que te pasa?—preguntó en voz baja.

—No me pasa nada—contestó Bill con rapidez, escupiendo las palabras.

—No puedes engañarme, sé cuándo te sientes mal y llevas unos días…

—Se me enfría la comida—cortó Bill apartando la cara de su contacto.

No quería que le tocara de esa dulce manera, lo único que conseguiría era que se derrumbarse y rompiera a llorar. Y no quería hacerlo en su presencia… ¡que sabía cuándo se sentía mal! Pues se daba cuenta algo tarde, como un par de meses…

Se incorporó en la cama y cogió distraído una ración de pizza que mordisqueó. No le apetecía nada, pero al menos tendría la boca ocupada y así no le salían más crueles palabras. Había estado a punto de llamarle cínico, egoísta,…mal hermano…

Pero tampoco podía culparlo, si él no contaba nada Tom no podía adivinarlo…

—Ya he llamado a Andreas—empezó a decir Tom cambiando de tema—Mañana vamos a comer con él y luego al cine…

—No lo sé, depende de cómo me levante—interrumpió Bill suspirando.

—Ya…se me había olvidado que estás muy cansado, y que mi presencia te molesta—murmuró Tom levantándose de golpe.

Bajó al piso inferior y se sentó lejos de sus compañeros a comer la ración de pizza que aún llevaba en sus manos. No entendía que le pasaba a Bill, ya no era tan cariñoso ni amable como entonces, que se pasaba todo el día besándole en la mejilla para demostrarle lo mucho que le quería. No, ahora le dirigía frías miradas y crueles palabras…

Se perdió en sus pensamientos, no haciendo caso cuando Saki pasó por su lado y subió a ver a Bill…

.

Tras la marcha de su enojado hermano, Bill dejó en el suelo el plato con la pizza que apenas había tocado. Se echó de nuevo en la cama resoplando. Así que se había enfadado…bueno, así no le molestaría más…

Cerró los ojos….para abrirlos de golpe cuando una mano se posó sobre su hombro. Sabía que no era Tom, su contacto era muy brusco y solo había una persona que le tratara de esa manera. Sintió que se echaba a temblar de miedo, Saki estaba demasiado cerca luciendo en sus labios una sonrisa muy fea. Desde el primer momento le dejó claro que él no quería nada, pero tal vez se aburría en el viaje y él estaba muy a mano…

—Ayer se me olvidó tu segundo regalo—explicó Saki mostrándole un pequeño paquete.

Se lo tendió para que lo cogiera, pero al ver que el cantante se encogía contra las almohadas, se cansó de esperar y se lo dejó sobre el regazo.

— ¿Te gustó?—preguntó sonriendo más—Si lo quieres de otra forma o color…

— ¿Te diviertes con esto?—estalló Bill.

—No sabes cómo. Te lo mereces, alguien debía bajarte los humos…y de paso, los pantalones—rompió a reír Saki.

— ¡Eres un hijo de puta!—gritó Bill incorporándose.

No sabía de donde había sacado las fuerzas necesarias, o el valor más bien, pero el caso es que sus uñas se dirigían peligrosamente a la cara de Saki, quien se movió con rapidez y retorciéndole una muñeca le hizo caer en la cama de nuevo al tiempo que apretaba una de sus enormes manos en su delicado cuello.

—A mí no me jodas Bill, una sola palabra mía y tu vida se va a la mierda—le amenazó en voz baja—Me estoy preocupando mucho por ti, para que no sufras. Pórtate mal y tu próximo cliente no te tratará tan bien como los otros.

Le soltó cuando vio que cerraba los ojos, le costaba respirar y se estaba pasando apretándolo. Se incorporó resoplando, asombrado de que el cantante hubiera tenido huevos para enfrentarse a él. A lo mejor no era tan «delicado» como había pensado. Sabiendo eso, sus próximos clientes serían más… «especiales», había rechazado a un par de ellos que no le dieron buena espina y les podía sacar el doble por una sola noche…

Sonriendo ampliamente volvió silbando al piso inferior, no viendo como el cantante metía la cabeza bajo la almohada y rompía a llorar con fuerza…

.

Llegaron a la discográfica y en ella se desdieron de sus compañeros. Un coche les esperaba y los hermanos se subieron a el. En dos horas se encontraban ya en casa de su madre, abrazándola y estrechando la mano de su padrastro.

Tenían preparada una cena ligera y tras ella se irían a la cama. Estaban cansados del viaje y por ser la primera noche que pasaban en casa no tenían planes.

—Saki me ha mantenido al tanto de vuestras actividades—comentó Gordon mirando a sus hijastros.

Tom levantó la mirada del plato, pero Bill siguió haciendo como si comiera, mordiéndose el labio para que no le temblara…

— ¿Nos hemos portado bien?—preguntó Tom con una sonrisa.

—Demasiadas fiestas, no sé cómo os dejan entrar en esos locales sin haber cumplido aún la mayoría de edad—dijo Gordon resoplando.

—Forma parte de nuestro trabajo, no estamos en las fiestas por diversión—explicó Tom—Vale, un poco sí, pero Bill siempre está atendiendo a los productores que le reclaman y mientras los demás…contentamos a las fans…

—Tom—riñó Simone por lo bajo a su hijo mayor.

No le gustaba que dijera ese tipo de comentarios, ya se hacía una idea de las diversiones de sus hijos. No podía castigarlos por «desahogarse» de esa manera, pero no permitía que alardeara y menos en la mesa.

—Bill, estás muy callado—dijo de repente Gordon dirigiéndose a su otro hijastro.

—Estoy cansado…del viaje—aclaró Bill carraspeando.

—Tienes mala cara, cariño—comentó Simone apretándole una mano—Terminas de cenar, te tomas un vaso de leche caliente y a la cama.

Bill miró a su madre con lágrimas en los ojos. Que fácil sería si se solucionaran sus problemas con esa facilidad, tomando un vaso de leche caliente que le ayudara a dormir…pero nunca a olvidar…

Asintió con la cabeza y se terminó con esfuerzo su cena. Tomó el vaso que le preparó su madre y se despidió de ella con un beso en la mejilla y otro para su padrastro.

— ¿Qué hay de tu hermano?—le frenó Gordon cuando estaba ya saliendo por la puerta.

Maldijo por lo bajo y se volvió de nuevo. Era una costumbre que tenían desde que eran muy pequeños, dar las buenas noches entre ellos con un casto beso. Pero solo lo hacían cuando estaban en casa, pasando la mitad de sus vidas en hoteles, Bill sabía que era una chica la encargada de desearle muy buenas noches a Tom…

Volvió sobre sus pasos y se inclinó sobre Tom, dando el beso casi en el aire mientras le deseaba buenas noches por lo bajo. Salió de la cocina y huyó escaleras arriba. Entró en su habitación y se puso el pijama mientras se limpiaba las lágrimas.

Se iba a acostar cuando recordó los dos regalitos de Saki. El que le había dado esa tarde estaba en su bolsa de mano, aún no lo había abierto y no se le ocurría que más le podía haber regalado para humillarle. Se sentó en la cama con su bolsa de viaje y la abrió con temblorosas manos. Sacó el pequeño paquete y lo abrió, maldiciendo por lo bajo.

Era un tubo de lubricante…

—Será desgraciado—murmuró resoplando.

Todavía le tenía que dar las gracias por su «preocupación». Se levantó y abrió la maleta en donde escondió su preciado regalo. Necesitaba encontrar un buen escondite lejos de las manos de su madre, que de sobra sabía que al día siguiente entraría en busca de ropa para lavar, limpiar su habitación y hacerle un interrogatorio. No había pasado por alto su estado, y hasta que no hallara la raíz del problema no le iba a dejar respirar.

Decidió que el baño sería ideal. Tenía un gran neceser en donde guardaba sus cosméticos y demás cremas. Lo tenía en el fondo del armario que había bajo el lavabo, allí no miraba su madre, ni siquiera para «robarle» una de sus cremas, siempre que compraba para él se acordaba de ella y no le hacía falta rebuscar en su neceser.

Se levantó de la cama suspirando y entró en el baño con sus dos regalos. Estaba a punto de guardarlos cuando vio su reflejo en el espejo. Pasarían 4 días en casa de su madre, ¿no era mejor que fuera practicando?

Asintió para sí mismo y tragándose la vergüenza echó el cerrojo en la puerta y se desnudó de cintura para abajo. No pensaba tocarse, solo practicar unos minutos en soledad. Sacó el consolador de su cajita y lo dejó encima del lavabo. Abrió el tubo del lubricante y esparció una buena cantidad en su mano derecha que pasó por todo el consolador.

Se quedó mirándola y suspirando resignado se inclinó dándole la espalda al espejo. Separó sus nalgas y tras untarse la entrada con el resto del lubricante, contuvo la respiración y fue introduciendo poco a poco ese maldito objeto plateado.

Lo hizo entrar y salir de su cuerpo al tiempo que se le caían las lágrimas. A sus 17 años recién cumplidos su vida había terminado. Se sentía marcado… Humillado… Olvidado…

Continúa…

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por lyra

Escritora del Fandom

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