It’s just meat 4

It’s just meat 4

Fic TOLL de Namyukaulitz

Capítulo 4: Sentimental

El teléfono fijo resonó desde la sala, por lo que Tom tuvo que salir de su habitación con prisa, cuando estuvo en la sala tomó el teléfono y se lo puso sobre la oreja.

—¿Hola?

—Hola, Tom —le saludaron del otro lado de la línea.

El nombrado sonrió al escuchar esa voz, pero torció sus cejas manteniendo su sonrisa.

—Eva, ¿por qué me llamas al teléfono fijo? Tu número no sale registrado. ¿Ocurrió algo? —cuestionó extrañado, al percatarse que el número desde donde le llamaba no se encontraba registrado.

—No, no pasa nada. Es sólo que mi móvil se quedó sin pila y estoy en la calle, así que te estoy llamando desde un teléfono público, porque necesitaba hablar contigo…

—Sí, dime… —Tom bajó su cabeza, al escuchar el tono de voz de Eva tan suave y cariñoso.

—Sabemos que han sido días tensos, desde lo de, ya lo sabes, así que estuve planeando algo estos días… Pero es secreto, eh, algo entre tú y yo, sin nadie más.

Tom sonrió todavía más y tuvo que sentarse sobre uno de los sofás de la sala para no saltar en ese momento.

—Pasaré por ti dentro de unas… Tres horas. ¿Ese tiempo te es suficiente para que empaques ropa en una mochila?… Aunque en donde estaremos no la necesitarás —rió coqueta.

Tom se ruborizó por la insinuación.

—¿Qué? ¿Has planeado un viaje a la playa o algo así? —inquirió con curiosidad de saber que había preparado su amada.

—Algo mejor. Pero, ¿estarás listo en ese tiempo? —inquirió.

—¡Claro! —exclamó demostrando su emoción, pero bajó la voz de inmediato. —Digo… Por supuesto, Eva. Contigo al fin del mundo. Te amo mucho en serio.

—Yo también te amo, Tom… Más de lo que logras comprender —afirmó Eva—. Bueno, tengo que irme, recuerda es secreto y en tres horas paso por ti.

—Te espero…

—Hasta dentro de unas tres horas, Tomi.

—Hasta dentro de unas tres horas, Eva…

La llamada se cortó de otro lado, y Tom de inmediato saltó del sofá, una escapada junto a Eva definitivamente era lo que necesitaba, después de todo. Era lo ideal, un par de días lejos de todo y sólo con ella, sin que nadie o algo los molestara.

Esto lo hacía olvidarse de todo lo que había estado sintiendo esos días. Bill. Sus pensamientos intrusivos o sueños sin sentido ni pudor con él. Todo eso se esfumó como humo, ahora sólo pensaba en Eva y cómo la pasarían solos. Eso sólo reforzaba que ya eran algo muy serio, ¿no? Probablemente esta sea la ocasión donde podría por fin llamarla “su novia”.

Dejó todo de lado y se dirigió a su armario para tomar un poco de ropa, no llevaría mucho, sólo una mochila con lo esencial. De todos modos, ella lo había dicho, no necesitaría ropa a donde irían…

Abrió ambas puertas del mueble de madera y antes de que pudiera tomar una prenda de ropa, se detuvo, viendo su muñeca. Recordando la firmeza. Negó, intentando no pensar en eso…

¿Por qué pensar tanto en alguien como él? Una persona extraña y peligrosa que merecía estar recluido en un sanatorio mental con camisa de fuerza. Pensaba en él de maneras tan… Que lo frustraba. Él no era gay. Nunca había sentido atracción por un hombre, es decir, no veía nada de malo en tener gustos así, cuando se trata de otras personas, pero él no era así, lo supo durante los veintitrés años de su vida, ¿cómo y por qué cambiaría eso sólo por un chico? Era un sinsentido.

—Lo estas pensando demasiado. Apresúrate… —murmuró comenzando a sacar algunas prendas.

Bill podía ser un sueño hecho realidad para muchas personas, chicos, chicas, para cualquiera. Pero no para él. Ya había visto de que era capaz, única y meramente por su propia diversión y entretenimiento.

Que sólo por un poco de emoción era capaz de despedazarte con sus propias manos, se estremeció al recordar ese sueño:

Bill sobre él, con manos ensangrentadas, con su corazón en las manos, comiéndoselo mientras lo miraba con burla. De sólo recordarlo, relamiéndose los labios cubiertos de sangre con su mirada fija en él, como esperando a terminar de degustar su corazón para continuar con el resto. Lo hacía tener escalofríos, una escena horrible, donde la víctima era él, sin poder hacer nada, sin querer hacerlo… Porque aunque no quisiera aceptarlo, se sentía demasiado agitado ante la sensación de miedo que tenía mientras dormía y al despertar, pero no podía apartarse y dejar de ver, quería verlo y sentirlo, aunque fuera doloroso y aterrador…

Tom intentaba interpretar esos sueños, todo lo que rodeaba a Bill como simples celos de parte de éste. Que estaba celoso porque Eva estaba interesada en él, por eso los comentarios, por eso los intentos por eso lo intimidaba y asustaba.

Él era un inseguro y Bill un idiota que se aprovechaba de eso. Quizás esta salida con Eva lo haría ser más seguro con su vínculo y con él mismo.

Terminó de hacer su mochila, sin prestar mucha atención a la ropa que llevaba y restos de cosas, pues estaba muy distraído.

Conforme las tres horas pasaban, Tom comenzaba a sentirse nervioso, sus manos sudaban por lo que tenía que secarse o lavarse con agua. 

Estaba feliz porque iba a estar con Eva, pero sentía un malestar. 

“Sólo estás nervioso porque esto se siente como un viaje de pareja jajaja”, pensó, viendo por la ventana, hasta que el carro de Eva apareció frente a su hogar. 

Sonrió en grande, fue a la sala donde había dejado su mochila y el móvil, los tomó y rápidamente se dirigió a la salida, buscó sus llaves y chaqueta, la cual se la puso en ese instante, antes de salir y cerrar la puerta. 

Cuando cerró la puerta, iba a meter sus llaves y el móvil en el bolsillo de su chaqueta, pero al meter la mano, sintió algo dentro de esta. 

Cosa la cuál, sabía qué era y la sacó sólo para verla. Era la navaja que Bill le había dado, no se había deshecho de ella como se lo dijo Eva. 

Lo intentó pero no pudo, no tenía nada en particular, no era valor, ni sofisticada en algún aspecto, lo único especial era que se lo había dado Bill… Un regalo perturbador que no se atrevía a tirar, pero al menos ahora, quería hacerlo o al menos dejarlo en su casa y no llevarlo, pero ya estaba afuera y ahora cerrado. 

No quiso perder más el tiempo y terminó por dejar la navaja en el mismo bolsillo, comenzando a bajar las escaleras, metiendo su móvil y llaves en su mochila con prisa. 

Al bajar, caminó un poco más hasta llegar a dónde estaba Eva esperándolo. 

—¿Todo listo? —cuestionó Eva, en cuanto Tom abrió la puerta del copiloto. 

—Sí, no llevo muchas cosas. ¿Puedo dejar mis cosas en el asiento trasero? —Tom volteó a ver hacia los asientos traseros, notando unas bolsas de plástico. —Oh, ¿de qué son esas bolsas? —inquirió curioso. 

—Ah, eso, son unas compras que hice, lo vamos a necesitar a dónde iremos, no te preocupes. Sólo pon tu mochila a la par —respondió Eva con serenidad, mientras se miraba por el espejo retrovisor interior. 

Tom no siguió preguntando, quedándose con eso, supuso que eran comestibles o algo así, así que dejó su mochila ahí y luego tomó asiento junto a Eva, poniéndose el cinturón. 

—Te ves muy hermosa hoy —halagó Tom, viendo como estaba vestida: jeans azules oscuros, con una blusa guinda manga larga con el cuello en v, junto a unas gafas negras y pañuelo del mismo tono guinda de la camisa, que cubría su cabello castaño oscuro largo. 

Eva volteó la cabeza para verlo, con una sonrisa. 

—Gracias —agradeció comenzando a conducir—. Puedes poner la radio si quieres, será un viaje un poco retirado. 

—Aún no me has dicho dónde vamos —Tom estiró su mano para encender la radio. 

—¿No? Creo soy olvidadiza —rió con levedad sin quitar la vista del camino—. ¿Nunca te dije que mis padres tienen una casa para vacacionar a las afueras de la ciudad? 

Tom levantó las cejas, sonriente y más emocionado, entonces sí irían a un lugar lejos de todo. 

—¿Qué? Nunca me contaste eso —soltó una risa. 

—Sólo la utilizan en verano, y sí, sé que me dirás que no estamos en verano, pero creí que sería un buen lugar para que estemos solos —contestó Eva—. Tiene piscina climatizada, la pasaremos muy bien… 

—¿Tus padres no se molestaran por qué estemos ahí? —preguntó Tom, no sabía mucho de los padres de Eva, pues según lo que ella le dijo, eran personas muy serias y reservadas que preferían guardar las apariencias. 

—Nunca notarán que estuviste ahí. —Eva le dio una corta mirada, manteniendo su hermosa sonrisa. 

Tom mantuvo igualmente su sonrisa, aunque algo dentro de él se sintió incómodo con esa respuesta, tal vez por el tono, porque sonaba muy convencida de lo que decía. 

—Además, ellos saben que yo suelo visitar la casa cada cierto tiempo ya que estudió y vivo más cerca de ella que ellos. Tú no te preocupes. 

—Sí… No lo haré —dijo Tom, viendo como Eva aparta una de sus manos del volante para subirle volumen a la radio.

El viaje continuó sin problema alguno, ambos escuchando la radio mientras hablaban de asuntos de la universidad. Conforme salían de la ciudad para perderse en la carretera que era rodeada por un espeso bosque. Tom observaba por la ventana los árboles altos y arbustos mojados, por esa época del año el bosque se mantenía demasiado húmedo por las constantes lluvias propias de la estación. 

Eva condujo en total calma, de vez en cuando dando sonrisas a Tom, diciendo que pronto llegarían. 

&

En un momento, Eva se desvió de la carretera para meterse a un camino a un costado de la carrera que se adentraba al bosque en un camino que ya no era de asfalto como la carretera, sino que era de concreto. Luego de unos minutos más llegaron a la casa. Desde afuera podía verse lo grande que era, una arquitectura antigua construida de madera fina. Paredes color blancas con algunos detalles en marrón, y el techo de tejas color marrón oscuro.

—Es una casa muy bonita —observó Tom, bajando la ventana del auto luego de que Eva se detuvo frente a esta.

—Y no has visto el resto de ella —replicó la castaña—. Sólo déjame estacionar el auto para que podamos entrar.

Eva estacionó el auto al lado de la casa, dejándolo bajo de una cochera abierta que sólo lo cubriría de las hojas y la lluvia.

—Luego podremos sacar las cosas, ahora… Vayamos adentro para que estemos más cómodos —dictaminó Eva, quitando los seguros y luego salió del auto.

Tom la imitó, y luego la siguió hasta la entrada de la casa. Mientras ella introducía la llave, él observó sus alrededores, habían árboles por todos lados y ya había comenzando a oscurecer, en cuanto escuchó la puerta ser abierta, volvió a ver a Eva, quien ya había entrado y encendido las luces.

—¿Qué esperas? —habló Eva, esperándolo dentro.

El de trenzas asintió con una sonrisa y entró con prisa.

Eva dejó que Tom entrara, que se deleitara con el interior, mientras ella cerraba la puerta detrás de ellos. Luego se acercó a Tom, detrás de él y pasó sus brazos por su cuello.

—¿Qué te parece? ¿No es perfecto? —susurró Eva cerca de su oreja.

Tom sintió un cosquilleo al sentir el aliento de Eva tan cerca de él y se dio la vuelta para tenerla cara a cara, tomándola de la cintura.

—¿Sólo nosotros?

—Sólo nosotros.

Se dijeron mientras susurraban, restando distancia de sus rostros, hasta que Eva lo terminó besando, cosa a la que Tom correspondió, retrocediendo conforme avanzaba el beso, Eva se sentía demasiado ansiosa y deseosa.

Dio pasos hacia atrás, dejando que Eva lo guiara, pues era ella quien conocía el lugar. Ella lo fue empujando hasta que llegaron a la sala, y ahí, Eva hizo que ambos cayeran sobre el sofá sin romper el beso.

 —Uhm, Eva… —sonrió Tom, contra sus labios con Eva sobre él—. Estás demasiado desesperada.

Ante esas palabras la joven se alejó de él, sin levantarse de él, como si hubiera recordado algo.

—Tienes razón, lo siento —se disculpó mientras se levantaba.

—¿Qué? No, no me molesta —respondió rápidamente Tom, aturdido por el cambio tan brusco de la castaña, intentando detenerla.

—Tengo que ir a hacer algo, si quieres puedes ir a beber algo a la cocina… —agregó Eva, alejándose a uno de los pasillos, dando una última mirada antes de desaparecer por ahí.

Tom se quedó sobre el sofá apoyado sobre sus codos, luego de que Eva desapareciera y se quedara solo, se dejó caer sobre el mueble, viendo hacia el techo. Había pensado que tendrían sexo para iniciar sus pequeñas “vacaciones romanticas”.

Pero bueno, tendrían todo el tiempo del mundo para eso, por mientras, se levantó del sofá y exploró un poco la sala, acercándose a una de las ventanas, notando que tenían barrotes.

Eso lo extrañó un poco, pero no lo pensó demasiado, creyendo que era por cuestiones de seguridad, aunque era raro pues no era algo común. 

Alzó los hombros atribuyendo a que era algo que los padres de Eva habían decidido para que nadie se metiera mientras ellos no estaban.

La cocina estaba justo al lado de la sala, por lo que entró en ella, hizo lo que Eva le dijo y buscó algo de beber, tomando un vaso de vidrio de la alacena y abriendo el refrigerador para tomar un poco de jugo del jugo de naranja que había ahí,, se aseguro de que no estuviera vencido y se sirvió un poco, para luego sentarse en la mesa de la cocina de espaldas a la entrada principal de la cocina.

Bebió de su jugo, esperando pacientemente a que Eva volviera, sin percatarse de que la joven ya estaba detrás de él a unos dos metros, silenciosa, con una mano detrás de su espalda.

Sin hacer ruido y acercándose con lentitud hacia él, hasta estar completamente cerca.

—¿Sabes? Tengo tanta hambre que podría comerme a Tom Trümper —expresó con la voz suave y una pequeña sonrisa que Tom no podía ver.

Tom al escucharla rió suavemente bajando la cabeza, pensando que era una broma.

—Pero Tom Trümper soy yo —respondió levantando su cabeza y viendo hacia enfrente, observándose reflejado sobre una tostadora de metal que estaba sobre el mueble de la cocina. Sus ojos se abrieron en grande. Eva estaba detrás de él con un cuchillo sobre la mano, cerca de su cuello, lista para cortarlo.

—Exacto…

El de trenzas logró reaccionar a tiempo, empujando la mesa hacia un lado para alejarse de ella. El vaso que había sacado con anterioridad se reventó al deslizarse de la mesa, haciendo un sonido estrepitoso.

Se dio la vuelta para verla, desconcertado y alejándose hacia atrás, a una de las esquinas de la cocina.

—¿¡Eva, qué carajo!? —tartamudeó Tom, con una sonrisa incrédula y nerviosa. Esperando que fuera una broma muy elaborada de Eva, pues al verla, ya no estaba vestida como antes, ahora vestía diferente: ropa oscura y ligeramente holgada, junto a un delantal blanco de plástico, con el cabello recogido en una coleta alta.

La muchacha ladeo la cabeza, sonriendo ligeramente. —No creí que ibas a ser tan rápido.

—E…Eva, baja eso, por favor —pidió Tom, intentando razonar.

—Lo siento, Tom, pero ya no puedo aguantarlo más… Necesito hacer esto ahora. —Eva comenzó a acercarse nuevamente a él, con la intención de atacar.

Tom se apartó con rapidez, sin embargo, Eva alcanzó a tocarlo, cortando ligeramente su hombro con el cuchillo, haciendo que la sangre comenzara a brotar casi de inmediato.

En ese momento Tom comprendió que nada de eso era una broma, por lo que salió con prisa por la segunda entrada de la cocina. Se tomó del hombro, jadeando ante el ardor, y vio su mano manchada de su propia sangre, al igual que su camisa y chaqueta comenzaban a empaparse.

A pesar de que huía, Eva no lo perseguía con prisa, se tomaba el tiempo de caminar, no parecía preocupada porque fuera muy lejos, de todos modos ella ya se había asegurado de que eso no ocurriera.

Todavía aturdido, pero con la adrenalina disparándose en su sistema, Tom corrió por el pasillo principal, en dirección a la puerta, pero al intentar abrirla se percató de que esta estaba con seguro, volteó a ver desesperadamente hacia donde venía Eva, e ignorando su hombro, intentó tumbar la puerta, cosa que fue inútil, pues la puerta era demasiado dura como para que sus intentos por botarla funcionaran.

—No lo intentes, Tomi. Sólo será inútil y vas a lastimarte más —acotó Eva a pocos metros de él.

—¿Por qué me haces esto? —cuestionó Tom, tomándose del hombro, volteándose a verla.

—Porque te amo, por eso déjame hacer las cosas más rápidas —respondió ella con la voz suave.

El tono de su voz sólo le hacía tener escalofríos a Tom, que antes de que ella pudiera acercarse completamente a él, buscó otra salida, yéndose por uno de los pasillos que estaba más cerca suyo en ese momento.

Tenía que escapar de ahí y al menos esconderse, su corazón latía con una fuerza que nunca antes había experimentado. Volteaba a ver a Eva cada ciertos segundos, que iba detrás él, como si se tratara de un juego.

Sabía que no podía intentar razonar con ella, pues en sus ojos ya no encontraba a la que chica que hasta ese momento él juraba haber conocido. No podía detenerse a lamentar ese instante, tenía que salir de ahí, por lo que fue a la sala, pero rápidamente recordó que todas las ventanas tenían barrotes. Estaba en una jaula. En una trampa en la cual todos los detalles comenzaban a tener sentido.

Comenzaba a sudar del miedo y de correr por la casa, pero no podía permitir que Eva, tan pacífica, lo atrapara, la casa era grande eso era una ventaja, podía encontrar un lugar donde esconderse e intentar pedir ayuda pero… “El móvil”, pensó vagamente, recordando que no lo tenía en ese momento, pues había quedado en su mochila, mochila que había dejado en el auto…

No, no podía desalentarse por eso, la casa tenía que tener un teléfono fijo.

Con eso en mente, continuó moviéndose con Eva detrás de él, cada vez más cerca.

—¡No importa a donde vayas o te escondas, Tom! ¡Yo te voy a encontrar! —exclamó Eva, pero esta vez sin ningún tono suave o cariñoso. Esta vez sonaba realmente harta, cansada de perseguirlo.

Apretó los ojos con fuerza, no tenía que dejar que Eva lo cazara, él tenía que lograr salir de ahí o pedir ayuda como fuera posible. Siguió recorriendo la casa, en lo que Tom sentía que era caminar en círculos pues percibía que por cada pasillo que caminaba ya había pasado.

Hasta que lo vio, un teléfono fijo al final de un pasillo por el cual no había pasado.

Sonrió con un destello de esperanza, corrió hasta el mueble donde está y lo tomó, presionando el número policial, nueve once, mientras miraba la entrada del pasillo, donde podría venir Eva, se puso el teléfono sobre la oreja, esperando la voz de una operadora…

Pero sólo hubo silencio…. No había señal. Eva había bloqueado la señal.

Las lágrimas amenazaron con salir, pero no podía quedarse lamentándose ahí, así que escuchando a Eva cerca de él, se metió en la puerta que estaba junto al teléfono.

Se metió ahí, sin importarle que no pudiera ver nada, debido a que la habitación estaba en completa oscuridad.

Con la respiración agitada, puso seguro a la puerta, esperando que al menos eso lo mantuviera alejado de Eva.

No podía ver nada, por lo que comenzó a buscar el interruptor, dando pasos inseguros hacia atrás en completa oscuridad.

—Dónde… ¿Dónde está la maldita luz? —balbuceó, con el pánico apoderándose todavía más de él. No porque le temiera a la oscuridad, sino porque sabía que sin visión estaba en desventaja.

Retrocedió hasta que sin percatarse dejó de sentir el suelo debajo de él, haciendo que cayera de espaldas.

Un jadeo alto salió de su boca en cuanto su cuerpo cayó con fuerza sobre las escaleras empinadas, rodando sin poder tener control, mientras sentía como todo su cuerpo se golpeaba conforme caía hacia abajo.

Hasta que su cuerpo golpeó con fuerza el frío y duro suelo del concreto, el aire salió de sus pulmones y gimió debido al dolor que ahora lo abrazaba por completo.

—Ah… Joder —susurró intentando abrir los ojos, mientras temblaba, en ese momento el dolor del corte en su brazo había quedado opacado.

Se quedó tirado sobre el suelo por unos instantes, desorientado por la reciente caída, hasta que obligó a su cuerpo a incorporarse de nuevo. En cuanto estuvo de pie sintió como un líquido se deslizaba desde su nariz hasta su boca, llevándose la mano por inercia hacia la nariz, la cual al tocarla le dolió, haciéndolo encogerse.

Eva había logrado escuchar el estrepitoso ruido, lo cual la puso alerta de donde estaba ahora Tom, al cual había perdido de vista, corrió hasta donde provino el sonido e intento abrir, notando que estaba con seguro, bufó frustrada, pues ahora tendría que ir a buscar las llaves para poder abrir, pero luego sonrió dándose cuenta en qué lugar había ido a esconderse Tom.

Aún en oscuridad y esperando que no hubieran más escaleras, Tom extendió los brazos intentando encontrar algo en todo el mar negro que lo rodeaba, hasta que con una de sus manos tocó una cuerda, cuerda de la cual jaló inmediatamente.

Rápidamente, aunque con un poco de parpadeo, el cuarto se iluminó. Revelando el lugar donde había caído.

Sus ojos se abrieron como si fueran a salir de sus cuencas y quiso gritar del horror.

Estanterías ordenadas cuidadosamente, con frascos que contenían un líquido turbio con restos de cerebros y otros órganos, si antes su cabeza era un desastre, ahora lo era más.

Su vista se desvió rápidamente a la colección de cuchillos minuciosamente ordenados por tamaños y tipos sobre una mesa, junto a una máquina para picar carne y otros elementos ya oxidados, dignos de una carnicería.

Su boca se entreabrió de la impresión, comenzando a retroceder, sintiendo como el estómago comenzaba a revolverse, sin saber cómo reaccionar ante todo lo que estaba descubriendo en lo que parecía ser el sótano de esa casa.

Retrocedió hasta que la parte inferior de su cuerpo chocó con algo, se dio la vuelta, viendo el congelador blanco, con una ligera capa de polvo.

Temiendo lo peor, con ambas manos levantó la puerta del congelador. Adentro había bolsas negras con al menos tres piernas humanas mutiladas desde la rodilla, que evidentemente tenían mucho tiempo de estar ahí congeladas por el deterioro de estas.

No pudo soportarlo más.

Las náuseas lo inundaron a tal grado que solamente pudo girar la cabeza a un lado y dejar salir todo lo que tenía en su estómago. Apenas podía respirar mientras vomitaba, pues el aire se sentía axfisciantemente espeso, aún más con el olor que salía al abrir el congelador.

Dejó caer de golpe la puerta del congelador, cayendo de rodillas sobre el suelo para intentar poder recomponerse, pues sentía que sus piernas ya no podían con su peso.

Sus ojos lagrimearon y jadeaba por todo, ahora comprendía todo, los gestos, los actos, las palabras de Eva, todo eso recorría su cabeza como una película.

—Estoy…. Estoy acabado —balbuceó Tom, sintiéndose completamente derrotado, no había salida.

Otras personas habían caído en el juego de Eva y él iba a ser el próximo platillo…

Se quebró por unos momentos, dándose por muerto, las lágrimas de amargura y frustración se deslizaban por sus mejillas hasta caer al piso.

—No…. No puedo dejarme matar tan fácil —se dijo así mismo, limpiándose la nariz y boca de la sangre y vómito.

Levantó la cabeza para ver la escalera al escuchar el crujido de la puerta, Eva había abierto.

—¿Tomi, estás bien? —preguntó cínicamente la castaña, mientras comenzaba a bajar las escaleras, haciéndolas chillar con cada paso. 

Decidido a no dejarse morir, recordó la navaja que Bill le había dado, la buscó desesperadamente en el bolsillo de su chaqueta, se la quitó para buscarla mejor pero, no estaba.

“Debió haberse salido cuando me caí por las escaleras”, pensó y la buscó con la mirada sobre el suelo, y efectivamente no estaba muy lejos, a pies de la escalera, se arrastró hasta ella y la tomó, abriéndola para sacar el filo de ésta.

Tom se enderezó a duras penas, viendo fijamente hacia la escalera a la espera de la imagen de Eva.

—Veo que todavía estás vivo, con esa caída supuse que ya estarías muerto o al menos inconsciente, pero reconozco que eres más fuerte de lo que pensé  —comentó al terminar de bajar la escaleras con los ojos extasiados—. Debo confesar que ha sido divertido perseguirte, pero ya es momento de ponerle fin a esto, ¿no crees? 

—No te acerques más. 

Tom apuntó la navaja temblorosamente hacia Eva, quien ante eso soltó una risa macabramente burlona.

—Tú nunca serías capaz de lastimar a la mujer que amas —dictaminó con voz suave, de la misma manera en la que siempre le hablaba.

Esas palabras bastaron para desestabilizarlo, haciéndolo comenzar a llorar. Pues estar en esa situación le dolía, saber que la persona que más amaba no lo veía más que como carne para cortar.

—Tom, yo te cuidé. Te amé.

—Como un animal para el matadero, ¿no? —respondió Tom, no dejando que sus sentimientos le nublaran los sentidos.

El aroma a vómito llegó a las fosas de Eva, que le dio una rápida mirada al congelador, viendo el vómito a pies de esta. Su cara reflejó casi asco, pero volvió a sonreír de forma suave, casi dulce.

—Fuiste más para mí de lo que todos ellos pudieron ser —dijo claramente refiriéndose a los restos de cuerpos en el congelador. Restando cada vez más distancia entre ambos, seguridad de sí misma, pues no era la primera vez que hacía algo así, ignorando completamente que él estuviera armado.

Eva no esperó a que alguno de los dos dijera algo más, y se abalanzó directamente a él con cuchillo en mano, dando un corte al aire, pues Tom se agachó, esquivando el corte, moviéndose hacia otro extremo de la habitación.

—Piénsalo, siempre estarás conmigo de alguna manera —insinuó coqueta, guiñándole un ojo—. Nunca había deseado a alguien tanto como te he deseado y contemplado a ti.

Tom intentaba no dejarse endulzar por las palabras de la castaña, seguía cauteloso a cualquier movimiento que ella podría hacer.

Eva se detuvo, con la espalda totalmente recta, siguiéndolo con la mirada.

El de trenzas, no podía pensar con claridad. Su mano seguía temblando con la navaja en ella, casi como si en cualquier momento se le fuera a caer. 

—Mírate, ni siquiera puedes sostener una navaja dignamente y aun así crees que puedes hacerme un rasguño —se burló Eva, acompañado de una risita—. Fuiste tan ingenuo, otro en tu lugar se hubiera dado cuenta desde un principio, pero realmente confiaste tanto en mí que dudo incluso que tengas sentido de supervivencia básico.

—¿Por qué ahora? ¿Por qué no antes? ¡Estuvimos tantas veces solamente los dos solos! ¿¡Por qué no me mataste en esas ocasiones!? —preguntó Tom, quería discutir con ella, distraerla pero también… Comprender.

—Porque matar a alguien se planea. ¿Crees que soy igual que Bill? ¿De intentar matarte sin premeditar antes? —respondió Eva.

Tom se vio un poco consternado por eso, bajando la mirada por cuestión de segundos. Segundos que Eva aprovechó para darle una patada en la mano que empuñaba la navaja, para luego lanzarse sobre su cuerpo con la intención de tirarlo al suelo para inmovilizarlo.

Ambos cayeron al piso, Tom procuró no golpearse la cabeza, aunque todo el golpe lo recibiera su espalda, se quejó, pero no podía enfocarse en eso cuando tenía a Eva sobre él, intentando dar con su cuello.

Recibió un par de cortadas en las manos y brazos mientras forcejeaba con Eva. Ella luchaba pero al mismo tiempo disfrutaba de todo eso, de luchar con la carne.

Luego de rodar sobre el suelo, uno sobre el otro, Tom logró morder la mano de Eva, haciendo que ella soltara el cuchillo. En ese instante, la tenía tomada de ambas manos, sometida debajo de él.

Su respiración era violenta y las gotas de sudor frío se deslizaban por su frente, la vio debajo de él.

Eva estaba igual de agitada que él, podría decirse que casi tan agitada como cuando tenían sexo.

Ella lo miraba con los labios entreabiertos. Tom giró su rostro en busca del cuchillo, tomándolo para empuñarlo con ambas manos, listo para acabar con ella, porque sabía que ambos no podían salir vivos de esa situación.

Eva abrió los ojos en grande al ver su cuchillo amenazando con terminar hasta el fondo de su pecho.

—¿Por qué? ¿Por qué tenías que hacer todo esto? —comenzó a decir Tom con la voz temblando, mientras volvía a llorar. —Yo te amaba, Eva. Te amaba como a nadie —expresó con total frustración. Sintiéndose traicionado. Dentro de sí no quería acabar con ella, pero ya no había platica que arreglara lo que Eva rompió.

El rostro de la castaña se suavizó al escucharlo, en una expresión de dolor, casi de arrepentimiento.

—Tom… —musitó Eva, buscando sus ojos.

El nombrado, correspondió a su mirada. Viendo directamente a los ojos de los cuales alguna vez estuvo ciegamente enamorado.

—Tú realmente eres estúpido —terminó por decir, mientras con su mano alcanzaba un trozo de algo. Golpeándolo a un costado de la cabeza cuando él bajó la guardia, quitándoselo por fin de encima.

Tom cayó a un costado, tomándose de la cabeza por el fuerte golpe que acaba de recibir, con la sangre brotando de su sien. Para cuando levantó la mirada, Eva ya estaba de pie con cuchillo en mano.

Intentó buscar la navaja sobre el piso, pero estaba demasiado lejos como para que pudiera alcanzarla, tampoco tenía nada a su disposición cercana que pudiera utilizar para defenderse.

Sin apartar la mirada de Eva comenzó a arrastrarse sobre el suelo, intentando alejarse de ella. Terminando contra una de las paredes del sótano.

—Tu problema, Tom, es que eres demasiado sentimental —señaló Eva, terminando de acorralarlo.

Tom sabía que ya no había escapatoria, se resignó quedando inmóvil con la espalda contra pared, escuchando sus latidos por última vez mientras cerraba sus ojos, esperando ser asesinado por Eva.

—Vaya, veo que iniciaron la cena sin mí.

Continúa…

Gracias por la visita. No olvides dejar un comentario 😉

por Namyukaulitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!