
Fic de billxbesitztxmeinxherz. Traducción de lunallena
Capítulo 7
— ¿Billy? ¡Cariño, despierta!
¿Mamá? ¿Simone, qué está pasando?
—Señora, por favor, le pedimos que retroceda. Su condición es inestable.
¿Quiénes están hablando? ¿Dónde estoy? ¿Por qué nadie puede oírme?
— ¡No! ¡Mi hijo está ahí! ¡Bill! ¡Billy!
Mamá, cálmate, estoy bien. ¡Mamá estoy bien! ¡Mamá escúchame!
—Señora Kaulitz, por favor, no me haga llamar a la seguridad.
¿Qué sucede? ¿Por qué nadie puede oírme? ¿Mamá?
— ¡Soy su madre! ¿Acaso no estoy permitida a verlo? ¡Él es mi hijo! ¡Pude haberlo perdido!
Mamá, cálmate ¡Por Dios! Solo salí con Andreas, no es un gran lío. Fuimos a un club y bebimos unos cuántos tragos…y…oh Dios mío… ¡Tomi! ¿Dónde está Tom?
— ¡Doctor, su ritmo cardíaco ha incrementado dramáticamente! ¡Creo que va a entrar en shock!
— ¡Monitoréalo!
— ¡Doctor su corazón se detuvo!
— ¡Alguien tráigame el desfibrilador! ¡Rápido!
— ¿Bill? ¡Bill! ¡Bill!
— ¡Alguien sáquela de aquí!
— ¡Bill!
Bill estaba caminando. Estaba caminando a través de un bosque que nunca antes había visto y estaba seguro que no existía. Las hojas regadas en el suelo, amarillas brillantes, anaranjadas y marrones como los colores de otoño, sin embargo los árboles tenían sus troncos color negro como el carbón. El cielo tenía un color gris ceniza y se sentía denso en la piel de Bill cuando este caminaba tímidamente hacia su destino incierto. El bosque era oscuro y la única luz a la que Bill se había acostumbrado era a la de la luna sobre su cabeza. Distinguió sobre el horizonte algo brillante y rojo, Bill entrecerró los ojos, podía jurar que vio la luna roja moverse y llenarse de…sangre. Lenta y cuidadosamente retrocedió unos pasos sobre las hojas y ramas caídas amontonadas en el suelo de ese desconocido bosque. El adolescente no tenía idea de donde estaba y eso lo asustaba, el miedo recorría por todo su cuerpo hasta los huesos, como un virus que iba a través de Bill con mucha fuerza. Bill tosió y llevó su mano a su corazón desesperadamente jadeando en busca de aire al mismo tiempo que sintió una ola que colisionó detrás de sus rodillas haciendo que se desplome. Bill cayó al suelo con un suspiro pesado. Las hojas crujieron debajo de Bill, cuando el cuerpo de este cayó y al mismo tiempo que el cuerpo tocó el suelo el bosque había desaparecido, haciendo que el cuerpo del muchacho haga un ruidoso “splash” sobre un mar de sangre.
Bill miró al cielo aún incapaz de moverse, sentía hundirse más y más en el mar de color carmesí. Abrió su boca para gritar y pedir ayudar pero tan pronto como este abrió la boca el líquido comenzó a fluir. Bill intentó gritar incluso más fuerte pero la sangre fluía a través de su boca con más fuerza, no más densa que la sangre normal, fluía tan fácilmente como el agua.
El muchacho agarró su garganta en pánico incapaz de mover su cuerpo y sintió como una fuerza invisible lo trajo hacia abajo. Todo lo que quería era estar en casa, imágenes borrosas se desvanecían lentamente mientras Bill cerraba sus ojos rendido y preparado para morir. Miles de escenas de infancia atravesaron su mente, trayéndole más tristeza al moribundo muchacho. Recordó su décimo cumpleaños. La sonrisa cálida de Simone. Iba a morir pensando en Simone y eso calmaba sus nervios, preparándolo para su eterno matrimonio con la muerte.
“Te prometo…” Una voz grave saltó a la mente de Bill perturbando sus pacíficos pensamientos. Inmediatamente la vida de Bill en imágenes se detuvo ante sus ojos, el adolescente abrió sus ojos de golpe mirando a través del espeso líquido rojo en la superficie. La luna aún se sostenía en el cielo y lo que pudo ver entre los últimos segundos, se había hundido unos miles de metros más.
“Prometo volver y encontrarte” La voz susurró dentro de la cabeza de Bill. Sonaba rasposa y extrañamente familiar, a la vez que este se seguía hundiendo. Se estaba balanceando en la punta de la espada de la muerte, un momento para valorar su vida y volver a pensar en todo lo que había hecho. La voz le sonaba familiar e hizo que su cuerpo temblara, su desordenada mente era lenta.
“Nunca olvides eso” La voz susurró dentro de la cabeza de Bill una vez más. Bill se congeló, se paralizó en el mar lleno de sangre haciendo que su mente funcione, conocía esa voz.
“Nunca olvides eso” Bill finalmente dejó de hundirse sintiendo su espalda golpear el fondo del océano seguido de sus pies que tocaron el fondo para detenerse.
El cuerpo de Bill finalmente aterrizó en el suelo del océano, cómo sea, el aterrizaje no había sido delicado. Algo le punzaba a Bill en extraños ángulos de su cuerpo y fue entonces, para el horror del adolescente, que se había dado cuenta que había aterrizado en una tumba abierta en el fondo del océano de sangre. Miles de cuerpo estaban cuidadosamente tendidos sobre el suelo pálido del océano. Bill soltó otro grito cuando vio el pálido rostro de Simone a su lado. Ella parecía estar congelada boquiabierta, con una expresión de dolor. El estómago de Bill dio un vuelco cuando notó algo en todos esos cuerpos. Todos ellos eran personas que él conocía. Andreas su mejor amigo, Gustav su compañero de clase, la señora Lehmann , su vecina, él conocía a todos. Bill intentó moverse pero su cuerpo estaba congelado.
“Recuerda” La voz murmuró en su cabeza una vez más. La presión empujó a Bill para que se mantuviera en el lugar, Bill rodó los ojos de dolor “Estoy yendo por ti”
— ¡Despejado!
Algo que se sintió como un pinchazo, disparó sobre el pecho de Bill y el adolescente se arqueó con un suspiró por la fuerza. Inmediatamente los choques eléctricos se detuvieron y Bill miró alrededor con cansancio. La primera cosa que vio fue los aliviados ojos del doctor sosteniendo el desfibrilador a la vez que apagaban la máquina y la acomodaban al lado de la cama de Bill.
Parecía estar en un cuarto de hospital, sin embargo no podía recordar porqué. Su cabeza dolía y su cuerpo se sentía débil a la vez que tosió desesperado por aire. Todos a su alrededor, doctores y enfermeras, se apresuraron a su lado gritando cosas y revisando unas cuántas máquinas en la habitación. Los ojos de Bill se dirigieron a sus brazos y soltó un sonido de sorpresa al ver alambres de diferentes colores y tamaños que salían de su brazo y que estaban conectados a un monitor. La mente de Bill ni siquiera notó el repentino incremento del sonido en aquel monitor.
—Sangre —Bill susurró mirando a sus manos e intentando encontrar algún rastro del océano sangriento dónde se había estado ahogando momentos antes. En su lugar, se encontró con una piel pálida y enferma, su piel. Prácticamente podía ver todas sus venas sobresaliendo de su piel, pero más allá de eso, no había rastros de sangre. Bill se calmó instantáneamente y el sonido del monitor disminuyó.
Esa voz tan gruesa, profunda y rasposa como la lija, escalofriante, seductor y aún confortante. Bill sabía, sabía que provenía de algún lugar y no pudo evitar sentir cómo si se estaba olvidando de algo. Algo importante. Cómo si se hubiera olvidado de pagar a Andreas por tomar el dinero de su almuerzo o haber limpiado su habitación. Como si se hubiera olvidado de algo como una promesa.
— ¡Bill! ¡Bill! ¡Bill!
— ¿Q-Qué? —Bill tartamudeó a la interrupción de sus pensamientos.
Fue entonces que Bill verdaderamente miró a su alrededor en la habitación del hospital. Simone estaba sentada en una silla al lado de la cama, temblando y llorando silenciosamente en sus manos. Algunas enfermeras estaban mirando a Bill con ojos bien abiertos como si este fuera una atracción de circo a la vez que el doctor movía su mano de un lado a otro en frente de Bill llamando su nombre. La habitación era aburrida, con escasa adornación, excepto por una ventana grande que emocionó a Bill. Sentía como si hubieran pasado años desde que Bill había visto el sol en todo su esplendor, el muchacho maltratado cerró los ojos lentamente, respirando aliviado a la vez que sentía los rayos del sol calentar su rostro.
— ¡Bill! ¡Regresa con nosotros! —El doctor gritó fuertemente cerca al oído del adolescente. Bill se movió a un lado molesto cuando oyó el ruido y giró su espalda al doctor de una manera infantil. — ¿Bill, estás aquí? ¿Puedes decirnos tu nombre?
— ¿Dónde? —Bill murmuró abrigándose bajo las sábanas de la cama — ¿A dónde se fue toda la sangre? ¿Mami?
— ¡Oh Dios! ¡Gracias! —Simone sollozó desde el rincón dónde ella estaba acurrucada. Buscó la mano de su hijo pero este se alejó tan pronto sintió el contacto, como si estuviera hecho de porcelana.
—Bill, has pasado por un momento muy difícil, creo que lo mejor para ti es descansar — El doctor dijo frotando la espalda del muchacho. Bill escondió su cabeza bajo las sábanas, inseguro de que lo estaba sucediendo exactamente. Aún estaba un poco desorientado y sacó la mirada alrededor de la habitación por alguna señal del océano lleno de sangre. Aún podía oír el suave murmuro de la gruesa voz que había estado hablándole a través de su cabeza. Sabía que lo había escuchado antes pero no podía recordar el nombre.
Bill tembló violentamente, solo el simple pensamiento de la voz hizo que se erizara hasta los pies. Entonces la cabeza de Bill se despejó en un chasquido.
— ¿D-Dónde está Tomi? —Bill lloró en pánico mirando hacia los doctores por una respuesta. Todos parecían haber sido tomados por la guardia baja al repentino pedido de Bill a la vez que ellos lo miraban con curiosidad. Bill pudo sentir su corazón latiendo a mil por hora y tomó un profundo suspiro intentando componerse. — ¿D-Dónde está mi Tomi? —Bill preguntó calmadamente mirando al doctor que lo había despertado primero — ¿Dónde está?
— ¿Tomi? —El doctor preguntó frunciendo el ceño — ¿Te refieres a Tomas Trumper? El señor Trumper no va a molestarte más, Bill. No necesitas preocuparte.
— ¿Qué? —Bill hizo un sonido ahogado de sorpresa — ¿Dónde está? ¿Dónde está mi Tomi?
La voz de Bill parecía quebrarse en la última parte y el doctor comenzó a acercarse lentamente como alguien se acerca a un animal rabioso. Ellos pensaban que Bill estaba loco. Incluso le temían. Ellos lo mantenían alejado de su Tomi. Bill soltó un sonoro gruñido antes de gritar a todo pulmón. Lanzó su cabeza hacia atrás e hizo que su alarido llenara toda la habitación mientras sus dedos apretaban en un puño las sábanas. Inmediatamente los doctores comenzaron a entrar en pánico e intentaron calamar al pelinegro. Dos fuertes manos sostuvieron los bíceps de Bill y el adolescente hizo un gesto de dolor. Ellos agarraron fuertemente los bíceps y por un momento Bill recordó esa noche dónde Georg había intentado violarlo. El agarre fue más fuerte haciendo que el muchacho sintiera la adrenalina correr por su cuerpo. Su lucha o su instinto reflejo lo dominaron haciendo que golpeara al doctor directamente en el rostro. Todos estaban gritando ahora y Simone se levantó de su silla, llorando histéricamente. Más manos sostuvieron a Bill, forzándolo a que se calmara.
Manos significaban cosas malas en su mente ahora.
¿Dónde estaba Tomi para protegerlo?
— ¡sostenlo! —El doctor instruyó sacando una jeringa del bolsillo de su saco blanco — Ahora, soporta esto, Bill. Te hará sentir mejor.
— ¡No! ¡Hijos de puta! — Bill gimió desesperado intentando soltarse de la gente que lo sostenían. — ¡Tomi! ¡Tomi! ¡Ayúdame! ¡Tom!
— ¡Sosténganlo firmemente! —El doctor gritó — ¡Ahora!
Algo pincho a Bill a un lado de su cuello y el adolescente arrugó el rostro adolorido, perdiendo el control de su cuerpo. El sueño lo golpeó como un montón de ladrillos y la última imagen que Bill vio antes de desmayarse fue el preocupado rostro de Simone acercándose a él. La oscuridad lo absorbió y ahora que Bill tenía los ojos cerrados y solo un poco antes, su cerebro hizo que oyera una voz.
“Lo prometo”
&
Tom siseó de dolor a la vez que cojeaba a través del bosque. El incendiado asilo mental estaba a menos de seis millas detrás de él, ahora este estaba cojeando patéticamente a un ritmo lento. A penas podía ver el humo elevarse mientras se adentraba en la vegetación.
Tenía que salir de ahí y rápido. Todo a su alrededor estaba cercado con carros policías y Tom sabía mejor que nadie que tenía que intentar esconderse en la ciudad. Magdeburgo era muy pequeña y ellos intentarían encontrar a Tom pronto. Tenía que alejarse lo más lejos posible antes del anochecer. Había sido muy complicado escapar del edificio que se derrumbaba, pero Tom se las había ingeniado. Cuando una parte del escuadrón buscaba entre los escombros, Tom había rodado hacia una parte del asilo que aún estaba intacto. Una vez ahí Tom estaba libre, Tom conocía el edificio como la palma de su mano y rápidamente se dirigió al cuarto de calderas y estando ahí se dirigió al cuarto de mantenimiento que conectaba a la parte trasera de la cochera. Fue doloroso moverse alrededor, sin embargo tenía que continuar o lo encontrarían. No podía dejar que eso suceda, le había prometido a Bill que regresaría y lo encontraría, eso no sucedería si lo encerraban en una celda.
Tom se trepó a un árbol cerca y desapareció en el bosque. Ya no veía más casas y los altos edificios del distrito iban desapareciendo lentamente. La respiración de Tom era pesada, no se había detenido en ningún momento para tomar un respiro. Además, tenía un enorme corte en su brazo al haber tenido una riña con un oficial de policía, pero ahora también había otro enorme corte en una de sus piernas. A cada paso que Tom daba, fluía sangre del corte. Tom miró hacia abajo cómicamente, flexionando a propósito la pierna para ver correr la sangre. Lo encontraba entretenido en una manera enferma. Tom rio con la respiración pesada y se inclinó en uno de los troncos de árbol por unos minutos. Su cuerpo parecía caer y Tom cerró los ojos intentando ganar aire.
—Estoy yendo, Billy —Tom gruñó agarrando una rama para sostenerse — No importa lo que ellos hagan o cuánto intenten, nadie puede alejarme de ti.
— ¡Tú eres mío! —Tom gritó arrancando la rama del árbol. Unos cuántos pájaros volaron frenéticamente de sus escondites en el árbol a la vez que Tom reía.
Pudo sentir como una astilla se enterraba en la palma de su mano y Tom miró a la sangre. Era un corte profundo y sintió su pulso más débil cada minuto. Su cuerpo había sufrido mucho daño en ese momento y Tom rechinó los dientes sentándose lentamente en el suelo. El montón de sangre le fascinaba a Tom y levantó su mano hacia su boca, chupando la herida.
—Tú eres mío —Tom susurró, lamiendo la cubierta de sangre —Siempre y por siempre.
Continúa…
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