
«La luna de un alfa» Fic toll de Nathaly Kaulitz
Capitulo 8
By: Bill
Después de cenar el alfa decidió darme un baño y cepillar mi cabello. Era demasiado exagerado con mi higiene y aun más cuando me sentía increíblemente cohibido con sus atenciones.
«Me puedo bañar solo».— Protesté sonrojado.
—No es cierto.
«Si lo es».— Insistí.
—Apenas y puedes sostener el lápiz de tu pizarra, no quiero imaginarte con el inmenso tarro de shampoo o el jabón.— Bueno lo intenté.
«Ayúdame a estar mejor».— Escribí, haciendo que Tom detuviera sus movimientos.
— Tu cuerpo necesita tiempo para recuperarse Bill, pero vas muy bien, en menos de lo que cualquiera es capaz, has logrado caminar por tu cuenta y ¿ves?, sólo necesitas un poco más de descanso.
«¿Y si me ayudas a hacerlo un poco más rápido?»
— ¿Cómo?.— Preguntó levantando una ceja, lo que estaba apunto de mencionar me sonrojó por lo atrevido que se pudiera pensar, pero aun así seguí escribiendo.
«Dame de tu sangre».— Después de leer, Tom suspiró y me llevó a través del cuarto, me había cargado en forma de koala, con las manos rodeando su cuello y mis piernas, sus caderas.
Una vez llegamos a la cama, se sentó y logró acomodar mi cuerpo para que quedará de horcadas encima de él.
—¿Sabes lo que es el apego?.— Preguntó.
No, no lo sabía, así que opté por negar.
—Cuando un alfa da su sangre, se corre un riesgo muy grande. Los omegas son criaturas increíbles, pero su lado mas primitivo siempre querrá estar con el alfa que les provea y asegure su bienestar. Cuando te alimenté con mi sangre sabía que podrías desarrollar apego, que tu omega podría empezar a desear estar mas tiempo conmigo, que te volverías sumiso ante mi.— Lo escuchaba atentamente y él se acercó a mi cuello, pasando su nariz de forma lenta por él.— De hecho, el apego es recíproco y mi alfa ya lo ha empezado a sentir, te ve como mío, Bill, y si seguimos por ese camino no habrá vuelta atrás.
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By: Tom
El cuerpo del omega tembló ligeramente cuando saqué mi lengua para probar un poco de su piel, no lo pude evitar, tenerlo allí, mirándome con esos ojos brillantes y usando su pijama, el cual le quedaba grande y exponía su cuello, la simple vista me tenía en el cielo.
Podía sentir que mi alfa ronroneaba feliz al saber que el omega ya estaba alimentado y limpio, el bello chico solo necesitaba dormir y mi sentimiento de cuidador estaría totalmente saciado.
«¿Entonces no soy tuyo?».— Esa simple pregunta, aunque fue escrita de forma totalmente inocente, me estaba arrojando a los impulsos más bajos.
—Eres tuyo, Bill, solamente tuyo; y si más adelante lo deseas, podrás compartirte conmigo, pero seguirás siendo tuyo.
«Entonces soy nuestro».— Sonrió ampliamente al escribir.— «Si así lo quiero, ¿podría ser nuestro?»
Solo asentí.
«Es confuso, cuando te vi y comprendí que ya no estaba en el sótano, que nunca mas estaría en el sótano, supuse que me habías sacado para que fuera tuyo. Pero ahora me dices que no es así, y me estas dando a elegir. Temo que solo me estés engañando. Aunque eso no te serviría de nada, pues no tengo nada que ofrecerte.»
—No te engaño. No soy una persona que suela hacer este tipo de cosas, Bill. Pero quiero hacer las cosas bien contigo.
El omega miró mi cuello y lo tocó levemente con uno de sus dedos.
«Si decido compartirme contigo, ¿tú harás lo mismo?»
—Si así lo quieres, seré completamente tuyo.
«Bien».—Bill sonrió y fue acercando su boca a mi cuello y, tomándome desprevenido, mordió mi cuello hasta sacar sangre y empezó a succionar.
Se sentía cálido, como estar en una nube con muchas endorfinas acortándome, las succiones de Bill eran lentas y constantes. Una vez que estuvo saciado, empezó a lamer la herida que había causado.
«Entonces compartámonos».— El omega puso sus manos en mi pecho y me fue recostando sobre la cama con él sobre mi, se acomodó para quedar con su cabeza encima de mi pecho. Lo último que escuché, fueron los resoplidos que salían del pequeño cuerpo que tenía encima.
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Despertar con Bill en mis brazos se sentía como un sueño, el joven omega se aferraba a mi cuerpo con ambas manos, mientras su nariz se encontraba profundamente enterrada en la curva de mi cuello. Ayer bebió de mi sangre, de forma completamente voluntaria; no sabía que tanto comprendía Bill de sus acciones, estuvo encerrado mucho tiempo e incluso si tuvo algunas imágenes del mundo real cuando era joven, lo más seguro es que fuera ignorante sobre muchas cosas.
Gustav había logrado recopilar información sobre el chico en mis brazos. Bill había nacido el primero de septiembre hace 21 años, estuvo encerrado la mayor parte de ellos, once en total, once años en un sótano, con poca luz, alimentos ocasionales y maltrato psicológico y físico constante por parte de Gordon, y un abandono total de su familia. Si los bastardos no estuvieran muertos, los volvería a asesinar sin ningún tipo de piedad. Durante ese tiempo, su padre y hermanos se encargaron de crearse un nombre en el mundo de la mafia hasta hace poco, cuando había descubierto que no eran más que unas ratas, unas que además se habían atrevido a asesinar a mi familia.
Los primeros diez años del omega fueron relativamente normales, no salía de su casa, pero aprendió todo lo que necesitaba a través de los tutores de sus hermanos mayores y su nana que lo había criado como si fuera su propio hijo, fue la única que se opuso a permitir la crueldad del encierro en un niño tan pequeño. Por supuesto Gordon no la escuchó y su lucha la llevó hasta la muerte.
Las pestañas del omega empezaron a moverse de forma rápida mientras intentaba acostumbrarse a la luz.
—Buenos días.— Saludé y Bill sonrió somnoliento.— Hoy te presentaré a alguien, ella será tu tutora. Te enseñará cómo funciona nuestro mundo y responderá todas tus preguntas.
El omega asintió y luego se posicionó encima de mi sentándose sobre mi abdomen, me hizo girar el cuello y antes de que pudiera prever sus acciones, incrustó sus colmillos en mi cuello, mordió y empezó a succionar. Al terminar su «desayuno», se relamió los labios y sonrió.
—¿Eres consciente de que no soy un plato de comida?.— Pregunté sonriente y recibí otro asentimiento como respuesta.
Suspiré, no me importaba darle de mi sangre al omega, pero mis emociones estaban cada vez mas revueltas y esto, al pequeño, parecía no importarle.
—Vamos.— Lo levanté en brazos y lo llevé a cambiarse, me había negado a comprarle ropa, solo por el simple placer de verlo usar mis playeras, pero lo justo era que el chico empezara a tener su propia vestimenta.
Le pasé su pizarra y lo ayudé a acomodarse una de mis sudaderas la cual era tres veces más grande que él. Le subí las mangas y le coloqué las sandalias de uno de los ayudantes de cocina que parecía calzar lo mismo que el omega.
«Siempre quise una tutora».— Escribió feliz.
—¿En serio?.— Bill asintió
«Mis hermanos tenían tutores y ellos me enseñaban en secreto, pero siempre deseé que alguien pudiera enseñarme todo y no solo conceptos básicos susurrados a escondidas»
—Te sabes expresar muy bien, así que estoy seguro de que tienes más que solo conceptos básicos.
«Ellos decían, que era inteligente, un poco más que el promedio».
Un bello rubor llenó las mejillas del omega, mientras intentaba esconderse detrás de la pizarra. Le quité el tablero de las manos y lo alzó para sentarlo en la encimera del baño.
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By: Bill
—Lo eres, eres inteligente, valiente e increíblemente resistente. Por eso sé que mejorarás, que recuperarás todas tus fuerzas y estarás acosando a tu tutora con muchas preguntas en menos de nada.— Terminó Tom y me dio un suave beso en la frente, me bajó del lugar indicando que caminara.
Mi corazón no paraba de latir desbocado en mi pecho, sentía como las manos me temblaban y mis ojos se humedecieron un poco. El alfa me tocaba y me hablaba de una forma que hacía que todo mi cuerpo se sintiera cuidado e incluso querido. No quería perder eso, haría cualquier cosa para que esta realidad se convirtiera en el resto de mi vida. Por eso no tuve miedo cuando Tom me dijo cómo se habían estado transformando sus instintos, por eso no dudé al momento de decirle que me quería compartir con él, tenía la certeza en mi cabeza, una verdad absoluta: «soy suyo».
El alfa me llevó a un pequeño salón al lado del comedor, el lugar se encontraba lleno de libros, tenía una chimenea al fondo y algunos sillones y cojines esparcidos estratégicamente por el lugar.
En una de las sillas, se encontraba sentada la omega con la que me había encontrado la noche de la cena con Georg. Estaba mirando hacia la ventana, ni siquiera sintió cuando entramos al espacio.
—Ria. — La voz de Tom la sacó de su trance. Se volteó hacia nosotros y se puso de pie con una suave sonrisa en los labios.
—Hola Alfa.— Saludó a Tom e Inclinó su cabeza hacia un lado para verme—. Y hola pequeño. ¿Cómo te llamas?
— Preséntate.— Me ordenó Tom.
«Hola, me llamo Bill «.— Mi letra era fea y me avergonzaba de ello, pero no tenía mucho control hasta que pudiera practicar un poco más.
—Mucho gusto Bill.— Ella me sonrió.
—Ella se llama Ria, será tu tutora.— Me informó Tom y yo sonreí feliz con la idea de aprender.
—Bien, debo irme, así que los dejo para que se conozcan.— El alfa dejó un beso en mi frente como hace un rato, sin importar la presencia de la omega, y luego fue a donde ella estaba parada para abrazarla levemente, mientras le susurraba algo al oído.
—Bueno.—La omega dio un aplauso captando mi atención de nuevo en ella.— Empecemos entonces.
Continúa…
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