Línea roja 1

Fic TOLL de Nathaly Kaulitz

Capítulo 1

Narrador

El sonido del disparo sonó por todo el lugar, haciendo eco en las paredes del sótano oscuro. Con el olor a pólvora y la fría temperatura del invierno en Canadá, el escenario se volvió más lúgubre de lo que ya era.

La sangre fluía rápidamente sobre el sucio suelo, pero los presentes alrededor permanecieron impasibles ante el cadáver frente a ellos; una imagen tan común como el desayuno diario. Incluso si el despliegue de órganos podía resultar incómodo, decidieron guardar sus pensamientos para sí mismos. Las opiniones personales en este tipo de mundo no hacían valer tu vida; en La Línea estaba claro eso.

Guardando su pistola y tirando los guantes manchados a un lado, Tom Kaulitz hizo un gesto desinteresado que les indicó a sus hombres levantar el cuerpo. El olor le estaba empezando a molestar, por lo que su paciencia se acortaba con cada gota de sangre que se escurría entre sus pies.

— Señor.— Llama uno. — La reunión con el señor Trumper es en dos horas.

— Cancélala.— Responde el alfa sin miramientos mientras encendía un cigarrillo. Exhalando el humo, observa cómo sus chicos intentaban no ensuciar sus trajes al cargar al hombre muerto, maniobrando torpemente entre ellos mientras discutian en susurros. Las comisuras de sus labios se elevaron ligeramente ante eso. Era prácticamente imposible estar impecable después de tocar la sangre é fresca; la cabeza había quedado destrozada.

— Señor, esta reunión es importante.— El joven alfa se traba y retrocede cuando Tom le da una mirada irritada, por lo que no se atreve a probar su suerte con palabras extras.— Está bien, déjeme encargarme.

Aquel hombre Trumper que pronto se convertiría en un cadáver más en el mar tenía una deuda de más de tres años con ellos y había escapado de Alemania a Canadá para no pagarla. Usualmente Tom no se tomaría grandes molestias con este tipo de insectos, pero el hombre había matado a dos de los suyos en el proceso de huida, justo en los límites de la frontera con Bulgaria. Ese error lo llevó a una muerte segura.

Dando una última mirada al cuerpo, tarareó las opciones en su cabeza con tranquilidad.

— Encárguense de la familia también.— Ordena después de un momento, abandonando el lugar con tranquilidad.

Al salir, se detiene un momento para estudiar la nieve en el aire. Cierra los ojos, disfrutando el frío en su rostro y la frescura del ambiente; este tipo de clima aún no llegaba a Turquía y el frío apenas era soportable para pararse ociosamente en medio de él. No es como si tuviera buenos recuerdos de las tormentas frías tampoco. Eran tiempos en los que su padre le hacía sangrar más.

Después de un rato, Tom siente a sus hombres detrás de él, esperando cualquier orden de su parte en silencio. Con un suspiro cansado, entra al Bentley con ellos siguiéndole el paso. Cuando el auto inicia su transcurso, el alfa se percata de la sangre seca en sus manos.

&

Bill mira con nervios de un lado a otro, poniendo especial atención en las esquinas o los lugares abiertos del aeropuerto. La ansiedad carcomía sus entrañas y la inseguridad que sentía a su alrededor provocaba un aroma ácido en sus feromonas, evidente para todos los presentes que giraban hacia él, alertas por ser un omega que mostraba miedo. Si no se apuraba en llegar a la puerta de su avión, los alfas empezarían a acercarse para hacer un papel de guardaespaldas que no les correspondía.

Estaba convencido de que su padre enviaría a gente a buscarlo en cuanto se diera cuenta de su ausencia. Podía imaginar su rostro, enfurecido por las «insuficiencias» de su hijo como omega. Incapaz de cumplir el rol que se le había impuesto desde su nacimiento, en esta sociedad tan mediocre y jerarquizada.

Aquella misma noche se suponía que debía conocer a su prometido, pintado como un alfa con los suficientes recursos para hacerlo un hombre prepotente y altanero, lo suficiente como para darle el derecho de posponer la reunión de unión en más de tres ocasiones. Sin siquiera conocerlo, Bill ya lo juzgaba como alguien de carácter zafio y no tenía la menor intención de enredarse con una persona tan falta de modales.

«¿Qué se creía?», piensa entre una sarta de maldiciones.

Con el corazón latiendo a mil y su mano temblando al entregar su boleto de un vuelo sin regreso a Inglaterra, Bill siente que puede respira una vez sentado en el avión; había dado un gran paso hacia su salvación de un matrimonio que claramente no lo haría feliz y no había arrepentimiento en su interior. Como era costumbre en las familias de alta sociedad, los matrimonios arreglados no eran una cosa del siglo pasado y su padre no dudó un segundo en entregarlo cuando encontró al perfecto Alfa para su único hijo.

El perfecto Alfa que los salvaría de la bancarrota en la que estaban sumidos desde hacía un buen tiempo.

Las malas jugadas de su padre y las apuestas diarias llevaron a su familia en declive; a punto de perder todo en corto tiempo, el hombre tuvo que buscar opciones de último momento, ofreciendo a su hijo a los socios más grandes de su círculo social. Cuando su padre le anunció sus planes para restaurar el nombre de la familia, Bill se sintió enfermo. Toda su vida había tratado de complacer a ese hombre para compensar su condición de omega que le traía una incapacidad inexistente de asumir el negocio familiar como alfa. Los estudios y el prestigio académico se hundieron en un instante de un matrimonio que a sus ojos era inservible. Sin embargo, no estaba dispuesto a casarse con un viejo millonario al que no se le levantaría en cuatro años. ¡Que le dieran!

Una vez llegara a Inglaterra, se encontraba ante el desafío de hallar un lugar seguro donde refugiarse. Sin tener amigos ni familiares confiables en aquel país desconocido, Bill sabía que debía actuar con cautela para sobrevivir en un entorno tan ajeno. En aquel momento, sintió que el futuro se extendía ante él, lleno de posibilidades que no se extendían hacia él por su casta. La incertidumbre se sentía tan bien incluso en tal empobrecida situación, y el avistamiento de cierta libertad le traía una tranquilidad que se había alejado de él desde hacía años.

&

— Ellos han cancelado la reunión, Señor.

— ¿Cuál ha sido su respuesta? No dudo que su paciencia haya acabado después de tantas posposiciones, Andrew.— Tom mira el trago dorado en su mano con una tranquilidad extraña, motivando al otro alfa a responder sin preocupaciones por su humor debido al asesinato de esa mañana.

— Extrañamente… se escuchaba aliviado de posponer el encuentro.

— ¿Aliviado? La propuesta no era segura, personas como esas buscan una solución inmediata a sus problemas, no les importaría tener que vender incluso a sus mates para salvarse. — Tom responde con confianza, Andrew inclina la cabeza y asiente en acuerdo. — Lo sabremos de todas maneras, no tiene a dónde huir.

La mecánica voz del avión anunciando el próximo despegue se hizo presente, y Tom suspira cansado, indicando que podrían retomar la conversación más tarde. Andrew vuelve a su asiento sin decir nada, dejando a Tom solo.

Mientras transcurría el vuelo, los pensamientos de Tom volaron hacia la situación de su familia. La guerra contra los Mikaelson lo había hecho enojar lo suficiente para ver una paz lejana; el conflicto parecía no tener fin y su paciencia tenía un límite. Viendo tal futuro incierto y lleno de sangre, tocarse la frente con estrés es su única liberación momentánea.

— ¿Necesita algo más antes de aterrizar, señor?.

Tom alza la cabeza hacia la persona que se para frente a él con cercanía: una azafata que, por su inexistente olor, pudo identificar como una beta. De manera deliberada, la mujer deja al descubierto parte de su pecho al inclinarse hacia él, mostrando con facilidad sus intenciones en sus ojos felinos. Si Tom estuviera de humor, tal vez la habría seguido al baño para cogérsela, o incluso pedirles a sus hombres abandonar la primera clase para dejarlo jugar un rato.

Pero.

La propuesta de la mujer se quedó en su mente mientras observaba una elegante y esbelta figura delgada, y antes de que pudiera responder, aquella nueva figura se sentó en el asiento frente a él.

&

— ¡Malditas turbulencias!.— Bill se encontraba hiperventilando cada vez que el avión temblaba y las personas a su alrededor empezaban a verlo molestas por el escándalo que estaba haciendo. Agradecía internamente no tener ningún acompañante en los asientos asu alrededor, ya que de lo contrario, habría recibido más que solo miradas de reprobación.

En medio de su angustia y las quejas a su alrededor, pudo percatarse de lo que parecía ser una complicada discusión entre el personal del avión y, por las miradas ocasionales hacia él, sabía que él estaba muy implicado en su conversación. Una de las mujeres se separó del grupo, caminando hacia él con el ceño fruncido. Bill esperaba un reproche una vez que llegara hasta él, pero la duda en el rostro de la mujer no le dio claros mensajes.

— Disculpe, señor, faltan pocos minutos para aterrizar, ¿quisiera ir a la primera clase en los minutos que restan del vuelo?.— Las miradas molestas de los demás pasajeros se intensificaron al escuchar la propuesta de la empleada, quienes claramente no comprendían cómo alguien en tal estado de nerviosismo podía merecer tal privilegio. Sin embargo, Bill asintió con entusiasmo, ignorando las feromonas hostiles que lo rodeaban.

Con el corazón latiendo aún acelerado, camina hacia la primera clase junto con la azafata guiándolo, sintiéndose como si estuviera dejando atrás un mundo de preocupaciones y agobios. Esa clase era más reducida, no había tanta gente y no tendrían el tiempo de prestar atención a su estado de pánico. Mientras pasa las cortinas, puede observar la aún presente discusión entre los demás miembros de servicio, y por la consternación de sus rostros, siente que es posible que no haya sido un cambio seguro.

Como era de esperarse, la diferencia entre la primera clase y la estándar era enorme. Bill sintió un cambio en el ambiente de manera inmediata; todo parecía más tranquilo y refinado, y el ruido de las turbulencias parecía disiparse en esa zona del avión.

El joven omega no podía permitirse ese privilegio debido a la escasez de dinero en efectivo que tenía, y sabía que si usaba su tarjeta, su padre lo rastrearía de inmediato.

Había cinco hombres, de trajes oscuros y mirada pesada, todos alfas indudablemente. Bill no se sintió intimidado; había vivido toda su vida rodeado de alfas y jamás se había sometido a ninguno de ellos, y no tenía la menor intención de comenzar ahora. Lo que llamó su atención fue ver que los cinco hombres estaban sentados estratégicamente alrededor de un hombre de rosas oscuras y estelo poco usual que le daba la espalda. Estaba empezando a exagerar con su curiosidad ante esa imagen, pero otra turbulencia repentina desvió su atención y lo hizo mirar a la azafata con temor.

— Por favor, por aquí.— Le indica ella con una voz suave, haciendo que Bill se sentara de inmediato en el lugar disponible. — Si necesita algo más, no dude en decírmelo.

La joven beta estaba a punto de retirarse cuando uno de los hombres de traje negro la llamó.

— Disculpe, pero se reservó con exclusiv…— Estuvo a punto de quejarse, pero una señal de Tom lo detuvo. — Está bien.— Asiente Andrew, mostrando su extrañeza ante la situación.

Bill no presta atención a su alrededor y seguía luchando por asegurar su cinturón con sus manos temblando de miedo.

— «Maldición, ¿cuántas veces tengo que pedir un lugar sin ventana?», murmura para símismo con las manos aún temblando. El ceño del alfa se frunce, intrigado.

Había una pequeña esencia de un olor dulce, claramente controlado por supresores. Para cualquier alfa podría haber sido difícil encontrarlo entre tanto fármaco, pero este tipo de cosas no pasaban desapercibidas para los de casta especial. Sabía que las feromonas eran un punto aparte, no tenían nada que ver con el olor que percibía del omega frente a él.

— ¿Señor?.— La beta, de intenciones desvergonzadas, vuelve a llamar la atención de Tom con una voz insistente.

— Retírate.— Responde Tom con sequedad, provocando una mueca en la mujer mientras se retiraba a pasos pesados.

Ya que había encontrado algo más interesante.

En general, a Tom no le interesaban mucho los omegas, ni siquiera los de clase Gama; prefería evitarlos a toda costa. No obstante, el omega frente a él le parecía interesante y mantenía una calma sorprendente a pesar de estar rodeado de alfas que claramente no transmitían una buena imagen. Sus temblores se remontaban a una causa tan insignificante como las turbulencias de un avión. Tom no sabía si era un acto de estupidez o intriga lo que veía en el joven.

El omega ni siquiera lo miraba, causándole bastante gracia. Estaba acostumbrado a ser el centro de atención en todos los lugares a los que iba, pero ahora, ante este omega enigmático, se sentía como si sus habilidades habituales para atraer la atención no tuvieran efecto alguno.

— ¡Dios!.— Exclama Bill asustado cuando una fuerte turbulencia sacude el avión. Sin darse cuenta, aferra su mano sobre la de Tom mientras apretaba fuertemente los ojos, buscando desesperadamente algo a lo que aferrarse en caso de que, en sus pensamientos, el avión se precipitara hacia abajo.

El rostro de Tom se contrae por el dolor cuando las fuertes uñas de Bill se entierran en su piel. Sin embargo, su instinto le indica dejarlo pasar y, en su lugar, sujetar la delgada mano del omega en un gesto de soporte y calma. Era cálida y considerablemente pequeña comparada con la de él.

En un instante sus hombres se pusieron en guardia y se mostraron tensos ante la presencia del joven omega, pero una sola mirada de Tom los tranquilizó al instante.

La mano del omega, a pesar de ser delgada, demostró una fuerza poco característica para alguien de su casta. Tom no pudo evitar que su interés se incrementara aún más. Este niño no era ni siquiera de clase Gama. ¿Cómo podía tener tanta fuerza?

Durante el tiempo restante del vuelo, el alfa se encontró incapaz de apartar sus ojos cafés dorado del joven andrógeno.

Continúa…

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por Nathaly Kaulitz

Escritora del Fandom

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