Línea roja 11

Línea roja 11

Fic TOLL de Nathaly Kaulitz

Capítulo 11

Narrador

Los pasos cercanos rompieron su ensoñación. El ambiente se rompió tan rápido como llegó y el entorno volvió a la normalidad, Bill fue dándose cuenta de donde estaba y con quien, su omega había ganado terreno otra vez poniendo su razón por muy debajo del control de sus acciones, trató de controlar su olor el cual incluso él pudo percibir como dulce. Solo había sido un toque ligero en sus labios; pero Bill sentía todo su cuerpo vibrar.

— ¡ Señor, hürrem!.— Era la voz de Andrew sonando desde lejos.

Bill se separó un poco avergonzado, reprendiendo a su omega por no tener control sobre si mismo. Era extraño para él tener ese tipo de reacciones que daban lugar antes de que procesara en ellas.

Tom no se movió ni un poco y solo lo miraba con una intensidad que nunca había experimentado antes. Cuando Bill vió los ojos del alfa aclararse y controlar sus feromonas con tanta facilidad, El se preguntó si no fue un sueño los últimos cinco minutos.

— Vamos.— Se incorporó el alfa. Cuando el cuerpo de Bill se separó de la calidez de Tom, sintió a su omega chillar. El tigre también alzó la cabeza pero se quedó en su lugar. Bill acercó su mano dudoso y le dio una última caricia mientras Tom lo observaba de cerca.

Por alguna extraña razón, Bill sintió que cuando salieron de esa zona y volvieron dentro del área segura, eran los mismos extraños atrapados en una unión forzada.

Tom no cenó con él, apenas habían pisado la casa se excusó y desapareció dentro de lo que Bill pensaba eran sus oficinas. No tenía derecho a reclamar nada, no dijo ni una sola palabra mientras veía la figura del alfa desaparecer entre las puertas. No es como si fueran una pareja casada que comparten las comida y hablan de todo lo que hicieron al final del día. Eran su alfa y omega los que se atraían, no ellos como personas. Era solo instinto.

— ¿Hürrem?.— Andrew lo llamó desde atrás, Bill no se había dado cuenta de que seguía estando en el mismo lugar donde lo dejó Tom.

— Te he dicho que no me llames así, por favor.— Hablo Bill dirigiendo sus pasos al azar, no conocía la casa y realmente no quería preguntarle al alfa donde estaban su cuarto.

Al final Andrew lo guió a su recamara, Elit, Kenia y Edith ya estaban esperándolo en la puerta con un carrito de comida. El alfa de ojos azules dió un asentimiento en despedida y Bill agradeció que no se inclinara de manera reverente como los demás.

Comió, lo bañaron a pesar de sus objeciones y lo vistieron. Cuando las omegas se fueron, Bill se quedó viendo las pinturas en el techo, la enorme cama le recordaba la soledad que sentía en su corazón. Estar unido era más difícil para los omegas, buscaban la atención y el cuidado constante de sus alfas. Había intentado reprimir sus instintos naturales esos días pero con la cercanía de Tom hoy se dio cuenta de que iba a ser más difícil, Bill tenía una imagen y su omega otra, era la primera vez en su vida que se sintió tan confundido.

Con duda, dirigió su mano a su vientre y recordó las palabras del doctor, no creía sentirse listo para tener un hijo.

Era cuestión de tiempo por supuesto, al ver la familia y el mundo de los Kaulitz sabía que lo presionarían para tener algo en su cuerpo pronto. Tenía que escapar antes.

Cerrando sus ojos con el vano intento de dormir, sus pensamientos volvieron a los ojos cafés dorado causante de tantas variantes en su vida.

&

En las mañanas siguientes, Elit le informaba cada día que su alfa estaría todo el día en la empresa. A Bill no le importaba realmente, entre menos lo viera mejor; sin embargo, una parte orgullosa de él se enojó al pensar que el alfa también lo estaba ignorando deliberadamente. Desayunaba y se vestía para bajar a los jardines.

Había días en los que se quedaba en los de sus alas, o iba a la zona de la alberca o al salón de música, o en general a cualquier lugar donde pudiera quitar su aburrimiento. Incluso pidió ayudar en las cocina para tener algo que hacer, las betas de ahí lo vieron horrorizadas cuando lo pidió y decidió no preguntar otra vez.

Una mañana en particular salió de la recámara y despidió a las omegas mientras ellas insistían en que avisara si necesitaba algo y que estarían cerca ante cualquier llamado. Andrew lo esperaba en la puerta como usualmente lo estaba haciendo en los últimos días. El alfa de ojos azules usaba menos el lenguaje cortes ante la insistencia de Bill, hablar de temas normales de la vida diaria con Andrew le recordó a su vida universitaria.

— Amir estará ocupado el día de hoy, después de desayunar irá a la empresa, me informó que lo disculpara porque no estaría…en los próximos días.— Le informó Andrew apenas bajan las escaleras. La irritación que controló durante todo ese tiempo se disparó en un segundo.

Como siempre, no tenía problema con que el alfa hiciera sus asuntos.

«¿Pero esperaba que me quedara todo el día encerrado mientras él salía y cuando volvía ni siquiera me dirigiera una mirada?»

— No es necesario que me digas esto todos los días, pero agradezco las disculpas de tu amir.— Contestó Bill sarcástico mientras emprendía su camino.

— Bien, si así lo quieres.— Lo sigue el ojo azul, guardando sus propios pensamientos para si mismo. — ¿A donde quiere ir?.

Bill se detiene abruptamente, sintiéndose tonto al pensar que se veía demasiado obvio que no conocía el lugar. Tarareo la pregunta de Andrew dentro de su cabeza, estaba demasiado irritado y pensaba sacar su frustración dibujando en los jardines, pero Bill no era de los que se quedaba callado. Así que re dirigió sus pasos.

Recordando ligeramente el camino, cruzo todos los pasillos y salones cuando finalmente encontró la puerta que buscaba, ( La oficina de Tom). El enojo dominaba su mente y aceleró sus pies, cuando el alfa de ojos azules vió la dirección de sus pasos se escandalizó.

—;Al amir no le gusta ser interrumpido mientras trabaja, no creo que sea buena… — Se cortó cuando vio al omega irrumpir y abrir la puerta del estudio de Tom sin chistar. Decidió que sería mejor esperar afuera.

&

Tom revisaba documentos de los casinos y bares donde tendría que ir en la próxima semana, los Milkeson no mintieron con sus amenazas y habían provocado revuelo en su territorio. Había estado muy ocupado en esos días poniendo en marca su dominio y capturando a los trabajadores de la otra familia.

No negaba que parte de él quería evitar al omega que habitaba en la casa, no estaba listo para enfrentar la reacciones de su alfa, habían sido ya tres veces que su lobo ganaba sobre su razón. La falta de control era algo que no soportaba Tom.

Sosteniendo la pluma sin moverse, apuntó de firmar los últimos detalles de sus propiedades la puerta se abrió abruptamente, revelando al omega que había evadido todo ese tiempo. Estaba enojado, su rostro lo decía todo.

Los dos se quedaron en su lugar sin decir nada, Tom aún demasiado sorprendido por la valentía del Bicolor y Bill apenas dándose cuenta de sus acciones. El alfa decidió hablar primero.

— ¿Sucede algo?.— Preguntó tranquilo, avivando el enojo del omega. Tom actuaba como si fuera una molesta mosca a su alrededor. Irguiendo su postura y alzando la cabeza respondió.

— Bueno si, no sabía que tenía que interrumpir de esa forma para que te dignaras a dirigirme la palabra.— Con la mirada confusa de Tom, Bill se apresuró a continuar.— No malentiendas, tus asuntos no me interesan en lo más mínimo, pero es curioso que la persona que hablo de confianza primero ignore deliberadamente al omega que se cogió y marcó mientras él sale todos los días y encierra a su mate como una puta princesa en la torre.

Bill recupera el aliento de sus palabras, tomando respiraciones largas para calmarse y sopesar lo que había dicho.

«Estoy muerto»— Piensa de inmediato. Si antes tenia la mínima oportunidad de salir aunque sea una vez, ahora se encontraba en ceros. La mirada neutra del alfa no ayudaba a sus nervios y cuando el alfa se levantó de su asiento estaba seguro que ni siquiera le permitirían salir de sus habitaciones.

Tom se paró frente a él sin decir nada. Le ganaba a Bill en altura casi por dos cabezas así que tenía que alzar su cabeza si o si. A pesar de eso y el aura peligrosa que exhalaba el alfa por cada poro, Bill no bajo su mirada ni una vez.

El alfa buscó en su bolsillo y sacó una cartera negra. Demasiado desgastada y simple para la imagen que tenia Bill de él.

— Andrew me informó que te gusta pintar, pero que preferías elegir por ti mismo los materiales.— Tom sostuvo una tarjeta enfrente de Bill, agarrando su mano la paso en la palma del Bicolor.

— ¿Qué es esto?.— Cuestionó Bill a la acción, no al objeto. Sabía muy bien que era una tarjeta de crédito.

— Andrew y algunos de mis hombres te llevarán a comprar las pinturas, la zona está llena de ropa y otras cosas. Compra lo que te plazca.— Respondió Tom sin ninguna emoción en su rostro.

El otro alfa entró lentamente a la habitación, la postura que usualmente tenía con Bill se convirtió en una figura recta y seria.

—;Llevaras a tu hürrem a comprar lo que necesite y desee, lleva a otros contigo. Los quiero aquí antes de la noche.— Andrew asintió a la orden y Tom dirigió su mirada de nuevo a Bill.— Espero que sepas calcular bien tus acciones.— Murmuró bajo y Bill no tubo que adivinar para saber qué era una advertencia para no intentar escapar. Decidió no responder nada.

— Hürrem.— Lo llamó Andrew apuntando la puerta. No lo había llamado así en los últimos días pero sabía que frente a Tom sería arriesgado para él.

Bill sale procesando el peso de la tarjeta en su mano, mientras Tom observaba la figura del omega esfumarse tras la puerta.

&

El estar afuera después de mucho tiempo fue un antídoto a la tensión en los músculos de Bill provocada por tantas emociones recientes. Lo llevaron a una extraña plaza al aire libre, había tiendas de todo tipo a cada extremo que mirara Bill. No pudo evitar sentirse como un niño pequeño explorando el exterior.

Había diversas miradas en él, no había ni una sola persona que no pasara al lado del omega para volver su vista hacia su dirección. Además de Andrew, había otros cuatro hombres acompañándolo.

— ¿Dónde desea ir, hürrem?.— Preguntó un hombre rubio con barba al lado de Andrew. Era difícil recordar sus nombres y Bill sintió que era grosero no hacerlo.

— Ah, ¿Dónde están las tiendas de arte…?.— Hizo un esfuerzo por recordar.

— Su nombre es Tristán, hürrem.— Lo ayudó Andrew.

— Lo siento, sería más fácil si tuvieran un gafete que pudiera identificarlos.— Bromeó él bicolor, callándose cuando los rostros de los alfas se volvieron más serios. Decidió quedarse así y dejar que lo guiaran.

Lo llevaron a la zona de tiendas que pidió, toda la plaza tenia establecimientos de productos de marca, las personas que pasaban tenían el visto de la población que identificaba perfectamente al capitalismo. No se sorprendió al ver desde los ventanales los instrumentos o pinturas de los más caros en el mercado. Al final se decidió por una de las tiendas, Andrew fue el único que entró con él mientras los otros alfas se quedaban afuera.

— B-bienvenido.— Tartamudeó la chica de la tienda. El omega se compadeció y no la culpo, los hombres afuera tenían una mirada sólida sobre ella, parecía que estuvieran apunto de lanzarse sobre la beta si hacía algo mal. Decidió hacerle el día más fácil y escoger rápidamente lo que necesitaba.

Compró diversos colores y lápices, unos cuadernos, un caballete y lienzos. Se sintió raro al extender una tarjeta que no era suya, pero pensó que Tom no se quejaría si viera un gasto de más de cinco ceros. Se despidió, sintiéndose culpable por el tono pálido en la chica cuando salió.

Por supuesto, no lo dejaron cargar nada.

Decidió pasar también por unos cubridores para su mordida. Los que le habían dado se veían demasiado elegantes para pasar inadvertido así que quería comprar unos más casuales. La marca había dejado de molestar pero aún seguía curándose, sería mejor tenerla cubierta.

Jamás había entrado a una tienda específica para productos de omega, no le gustaba hacer alarde de su segundo género. Apenas cruzó la puerta de la que parecía aceptable, dos empleadas omegas se le lanzaron.

— ¡Bienvenido!, ¿qué podemos hacer por usted?.

El Bicolor se puso nervioso por la insistente atención. Andrew dio un paso al frente y habló por el. Haciendo que retrocedieran todas.

— Buscamos cubridores, los más casuales que tengan por favor.— Bill le agradeció en un susurro y Andrew solo le sonrió amigable.

Le trajeron un bunche de telas, algunas no eran tan casuales como los pidió pero pensó que eran mejores que los que le ofrecieron Kenia, Elit y Edith. El omega estaba muy concentrado en elegir algunos para probarse, hasta que por la esquina de su ojo vió otra puerta trasera cerca de lo que pensaban eran los vestidores. Una cortina la cubría pero pudo verla al percatarse de un empleado entrando por ella.

Volteó a ver a Andrew y a los demás alfas para comprobar si también se habían dado cuenta de la salida. Pero estaban tan concentrados en amenazar a los que pasaban con su mirada que no voltearon ni un momento.

— Me gustaría probar estos.— Extendió dos al azar. Una de las chicas que lo atendían le pidió seguirla para llevarlo a los vestidores. Andrew se adelantó y lo siguió.

— No creo que…— Empezó el alfa.

— Ah vamos, no creo que quiera meterse al cubículo con él ¿o si?.— Lo interceptó la otra empleada. Bill agradeció la duda en el rostro de Andrew y el coqueteo descarado que le estaban dando. Estaría lo suficientemente entretenido, los otros alfas estaban frente a la puerta principal, esperando afuera.

— Si necesita algo no dude en llamarme, soy Lisa.— Se presentó la omega que lo guió. Él asintió rápidamente y cerró las cortinas. Espero unos segundos y se asomó para verificar la posición de Andrew y los otros.

No podía creer su suerte cuando el empleado que estaba cerca de la salida se dirigió a un cliente que entró, dejando la puerta sola. Volteó y vió que ahora eran tres trabajadoras rodeando a Andrew, ofreciéndole productos para comprar. Agradeció el atractivo exótico del alfa.

Sin dudar, corrió agachado hacia la salida.

Era la parte trasera por lo que había una avenida enfrente. Los carros pasaban rápidamente y su corazón latía como loco, sentía que era algo muy apresurado pero era una oportunidad muy rara. Alzó su mano para detener a un taxi cuando dos camionetas negras derraparon y se detuvieron rodeándolo. Bill apenas pudo parpadear cuando vio que una bala atravesó al chofer del taxi que llamó.

Continúa…

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por Nathaly Kaulitz

Escritora del Fandom

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