Línea roja 13

Línea roja 13

Fic TOLL de Nathaly Kaulitz

Capítulo 13

Narrador

El tiempo entre la noche y esa mañana era muy difuso para Bill. Después de que Tom lo dejara en el baño con mil y un pensamientos en su cabeza revisó su herida por sí mismo, y efectivamente se percató que era solo un rasguño con poca profundidad. No tenía casi ningún problema al caminar.

Elit, Kenia y Edith llegaron después con la cena y medicinas (incluyendo los supresores) no dijo nada cuando Kenia le sugirió no tomarlos para poder tener un cachorro pronto. Había escuchado la conversación entre inconsciencia de Tom y el viejo doctor, no sabía si sentirse aliviado o preocupado por la falta de un bebé en su vientre.

También preguntó acerca de la salud de los hombres de Tom. Las omegas le contestaron que estaban bien y que los dos alfas que estaban en el hospital estaban libres de riesgo, se recordó visitarlos cuando pudiera, quería resarcir de alguna forma sus errores Cuando su cuerpo tocó la suave cama fue un soplo de calma para el ajetreó que había tenía todo ese día, apenas cerró los ojos su cuerpo se sumió en el cansancio de emociones.

&

Al otro día lo levantaron a la misma hora, desayunó y le dieron unos cubridores para tapar la mordida como había querido, era cuestión de tiempo para que se tornara. Recordó sus compras del día anterior y se sintió hipócrita al preguntar por ellas, Edith le dijo que habían recomprado sus cosas y que cuando llegara en la tarde los tendría en sus habitaciones. Apenas podía controlar sus manos para dejar de temblar al recordar la promesa de Tom de convertirse en su vigilante número uno. Era claro que el alfa era una persona de carácter demasiado duro, sería difícil objetarse a sus órdenes. Ya se había arriesgado demasiado.

Las omegas no le dieron ninguna ropa como usualmente lo hacían y siguió con su bata de pijama, rezaba por que fueran ropas más casuales. Iba a preguntarles cuando un toque en su puerta los alertó.

Cuando dio el paso, el rostro del hombre anciano que casi no había visto desde que lo recibieron por primera vez en esa casa se asomó por la puerta. Era Berat si no recordaba mal su nombre, el abuelo de ese omega recesivo pelirrojo que había estado fuera del ojo de Bill.

— Hürrem, buenos días

— Anunció el beta entrando por completo, en su mano llevaba un traje.

— Buenos días.— Contestó aún viendo las telas en la mano del viejo.

— El amir ha mandado esto para usted, es una ropa adecuada para el trabajo en la empresa.— Anunció mientras lo extendía hacia él, Bill lo tomó en sus manos y lo examinó. Era elegante pero casual, una simple camisa blanca con unos pantalón de vestir azules, en la otra mano del beta vio unos zapatos elegantes que casi le hacen soltar su desayuno al identificar la marca. Siempre había pensado que ese tipo de ropa era para ricos que desechaban su dinero por un par de pieles. Y ahora él la estaba usando.

— ¿Te ha dicho algo más?.— Preguntó refiriéndose al alfa, intentando ocultar el temblor en su voz.

— El amir lo estará esperando abajo.— Sonrió el beta. El bicolor dudó por un momento si era verdad que era un familiar de ese pelirrojo; ya que, la calidez de la mirada de Berat contrastaba mucho con la fría que le daba su nieto. Decidió no darle muchas vueltas y apurarse.

Cuando estuvo listo bajó para encontrarse con el alfa. Bill casi dudo en sus pasos al ver al alfa. Siempre vestía como si fuera un gánster de los bajos mundos, con un porte callejero pero que lo hacía ver demasiado intimidante y verlo usar un traje de tres piezas realmente agitaba a su omega por el atractivo de este. Haciéndole casi ignorar la mirada tosca que le dirigía Tom.

«Qué diablos», pensó Bill. Los deseos sexuales de los omegas recién marcados incrementaban casi al doble, tenia eso en cuenta, sin embargo no pensaba que iban a mostrar presencia tan pronto. Negó con la cabeza intentando apartar tales pensamientos. Era obvio que su omega se sentía atraído por Tom; pero tenia demasiados problemas en ese momento para hacerle frente a su despertar sexual, se sentía como una pequeña colegiala virgen.

Subió al auto, observó que Tom estaba prácticamente al extremo del asiento. No le había dirigido ninguna palabra y parecía esmerarse a poner distancia en ellos. Bill no tuvo que tener su olfato agudo para oler el enojo en el ambiente.

El auto arrancó y otros lo siguieron, por alguna razón el omega no se sentía tan bien como pensaba al probar un poco de libertad. Su omega estaba en un estado melancólico y la marca en su cuello ya no palpitaba más debajo del cubridor. No dijeron ni una palabra en todo el transcurso del camino.

El tamaño de la estructura incrementaba la inseguridad de Bill por su altura. Incluso sin ser un experto en diseño pudo apreciar la belleza de la arquitectura del edificio, sus dedos hormiguearon con la necesidad de pintarlo.

— Vamos.— Llamó Tom trayéndolo a la realidad. Su tono aún era serio pero Bill no le dijo nada cuando bajaron del coche.

Había otros hombres acompañándolos, diferentes a los que encargaron para su cuidado. Se preguntó cómo estaba Andrew, le mandaría un mensaje o una llamada pero su celular también había sido decomisado cuando llegaron a Turquía. Tom no espero ni un segundo a que estuviera completamente afuera del auto para empezar a dirigirse al edificio. Se apresuró a seguirle el paso, pero no sabía exactamente en qué posición debería estar junto a los otros hombres.

El interior no era muy diferente a la belleza que caracterizaba el exterior del edificio. La explosión de olores diferentes lo inundó apenas dio un paso a la entrada, había personas pertenecientes a los tres géneros.

Había un ligero silencio pero con el sonido de susurros permaneciendo a su alrededor. Al pasar, todos inclinaron ligeramente su cabeza en saludo, Tom no se molestaba en responder pero Bill sentía su cabeza doler al si hacerlo.

— Señor Kaulitz.— Saludaron las betas que estaban en el centro del piso, encargadas de la recepción. Sus miradas se dirigieron a él.— Señor Trumper.

Bill no pudo evitar su sorpresa, era obvio que en un ambiente fuera de la familia de Tom y con más carácter «normal» no le llamarían hürrem, pero por alguna razón se sintió extraño a la falta del sobrenombre.

— Hola.— Contesto rápidamente, siguiendo al alfa en su camino al elevador. Bill se da cuenta que los alfas que lo acompañaban se quedaron parados a su alrededor.

— ¿Piensas subir o no?.— Pregunto Tom al ver que el omega se quedaba en su lugar sin entrar con él. Bill inseguro se adelantó en vergüenza.

Las puertas se cerraron y empezaron a subir. El omega vió en los botones que son cuarenta y ocho pisos, en los cuales el trayecto se le hace imposiblemente largo. Agradece a los supresores por controlar el calor en su espalda.

Estar en un lugar tan cerrado y pequeño con su alfa volvía avivar el libido que se había suprimido con la marca en los últimos días. El celo de un omega se «apaga» una vez que es mordido, sin embargo, es solo un efecto de una vez ya que era prácticamente obvio que alfa y omega empezarían una vida sexual muy activa.

Algo que claramente no iba a pasar.

Por la esquina de su ojo empezó a estudiar al alfa de manera discreta. No era ciego para no haberse dado cuenta del atractivo en Tom, pero eran circunstancias diferentes.

Era terriblemente guapo; hombros anchos, facciones perfectas y varoniles, músculos definidos y altura correcta. Era la definición perfecta de un Alfa Gama en toda la palabra, la cúspide de la sociedad. Bill se preguntó cuánto le costaba seducir a alguien, estaba seguro que una mirada y caerían a sus pies.

Su estudio fue interrumpido cuando se percató que el alfa lo miraba de vuelta, sintió sus orejas calentarse y volvió su vista al frente. Bill estaba seguro que había visto el indicio de una sonrisa en el rostro del alfa.

Cuando el elevador se detuvo y las puertas se abrieron, un elegante espacio se mostró frente a él. No había paredes, solo ventanales enormes que mostraban la belleza de Estambul. En su estupor casi ignora a la otra persona ahí.

— Buenos días amir.— Saludo el omega. Bill recordaba al chico, Domenico. Por alguna razón la sonrisa amable en su rostro hizo que olvidara la advertencia de sus damas sobre el pelirrojo.

— Él es Domenico, está remplazando a mi secretaria que se encuentra en licencia de maternidad. Al igual que tú esta ganando experiencia en el campo de trabajo. Te ayudará en lo que necesites.— Se dirigió Tom al omega, Domenico extendió su mano y Bill pudo percibir la acción como grosera, sin una inclinación de por medio.

— Un honor conocerlo…hürrem. Ya nos habíamos visto antes pero era un momento poco adecuado para las presentaciones.— Se presentó Domenico, Bill de inmediato contestó el gesto.

— Igualmente, gracias por tomarte la molestia.— Contestó con el mismo tono amable, Domenico solo extendió su sonrisa y se separó de inmediato.

— Mi oficina está al fondo, detrás de la puerta grande de allá.— Señala con la cabeza Tom. Bill estudia el lugar y asiente. De repente, la tensión en el ambiente aumenta y la mirada del alfa se vuelve más oscura.— No estás en la seguridad de la casa, espero que demuestres tu seriedad a tu profesionalismo. No daré más oportunidades.

Susurra el alfa más cerca de Bill, él decide no contestar a la implícita conminación y solo asiente. No dejaría que su desesperación ganara sobre su razón, la próxima vez se encargaría de hacer las cosas bien.

El alfa no dice nada más y empieza a caminar al fondo, desapareciendo en las puertas opacas. Bill dirige su mirada a Domenico, tal vez un compañero con quien hablar en este lugar no sería tan malo.

— Eres sobrino de Berat, ¿no?.— Empezó Bill con un tono amable. — Es agradable que…

— No se confunda.— Interrumpe el pelirrojo, la amable sonrisa en su rostro había desaparecido por la misma mirada sin emoción y furiosa cuando conoció al omega por primera vez. — El amir fue muy claro con sus palabras, no se encuentra en su casa. Puede que siga siendo su mate pero tu situación ha cambiado, has perdido su confianza.

Bill se queda sorprendido a la rudeza de palabras en tan poco tiempo, el chico no solo lo atacó groseramente sino que también insinuaba el valor de su unión. Era claro que todos en la casa pensaban que se habían unido por amor y que en un país donde antiguamente residía el sultanato interpretaban las acciones de Tom como un desfavorecimiento a Bill. No le sorprendería al castaño si pensaban que también ya estaría en busca de otro omega.

— Escucha, no sé qué es lo que piensas que está pasando entre tu amir y yo, pero…

— Y ciertamente no me importa.— Vuelve a interrumpir el pelirrojo, Bill respiro profundo para calmar sus feromonas molestas. Su omega gruñía debajo de él, detectando una amenaza.— Subiste miles de puestos por tu posición, espero que sepas seguir el ritmo de los que si se han esforzado por llegar a donde están.

Termina el pelirrojo, Bill sostuvo su mirada por unos segundos más. Domenico le empujo dos documentos grandes.

— Cambia las fechas y haz correcciones en las cuentas de las sedes de la empresa, esa es tu oficina.— Señaló una puerta en la esquina del lugar. — En la computadora de ahí encontraras lo que necesites, aunque los archivos están un poco revueltos, pero estoy seguro de que lo resolverás por ti mismo.

A pesar de ser un omega sin olor, la pesadez en el ambiente se había vuelto competitiva. El lobo de Bill no estaba contento con la presencia de Domenico.

— Claro.— Bill espera que el tono sarcástico en su voz se escuche perfectamente. Domenico entrecierra los ojos y se retira para desaparecer en la puerta conjunta a la oficina de Tom. La filis en sus movimientos hace que Bill quiera vomitar.

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El desorden en los archivos que le había advertido Domenico no era una broma. Algunos se encontraban incluso en la papelera, a nada de ser borrados completamente. Eran muchos datos y tantos números revueltos que no había sabido por dónde empezar a trabajar.

Su trabajo era constantemente interrumpido por la ola de pensamientos que tenia, especialmente dirigidos a los sucesos de ayer y a ese pelirrojo molesto. Su omega detectó la amenaza en segundos, era claro que la rudeza en las palabras del otro no eran más que por un amor no correspondido. Bill soltó una risa seca al tratar de descifrar en qué clase de drama se había metido.

Su orgullo no le permitió pensar en decirle al alfa. No era un pobre omega que a la mínima grosería correría a los brazos de su pareja a quejarse. Él lidiaría por sí mismo con el de cabellos rojos.

La oficina que le asignaron era pequeña pero tenía todo lo necesario. El último piso estaba extrañamente vacío y había muy pocas personas trabajando en él. Llegaron tres personas después de que Bill se instalara completamente en su espacio. No hablaban entre ellos y todos eran alfas, tampoco había visto indicios de negocios ilegales en la computadora que le dieron. Era obvio que no le darían acceso a dichos documentos.

Levantó la mirada cuando tocaron la puerta de su ahora oficina. Era una de las tres alfas que estaban trabajando en las oficinas junto a él.

— Buenas tardes señor Trumper, espero no interrumpirlo.— Dice asomando su cabeza.

— No, no, pasa.— Se incorporó rápidamente. La castaña asintió y desapareció otra vez por la puerta, Bill se confunde cuando ve que la alfa abre por completo la puerta para entrar con un carro de comida.

— El señor Kaulitz pidió que le trajéramos el almuerzo, no estaba segura de que le gustaba así que compre varias comidas.— Señaló la alfa a la variedad de platillos frente a él. Bill se quedó mudo, la castaña empezó a soltar un olor preocupado.— ¿No le gusta? Puedo traer algo más.

Bill reaccionó de inmediato al silencio que había provocado.— No, esta bien, muchas gracias.

— Si necesita algo más, mi oficina está enfrente de la suya.— Sonrió la mujer mientras se retiraba, Bill inclinó la cabeza en agradecimiento. Estando solo, se tomó la libertad de estudiar toda la comida, era cierto que ya era medio día y su estómago había empezado a gruñir, pero no esperaba que Tom se molestara en mandarle de comer.

Bueno, seguramente tenía que mantener la imagen frente a sus empleados, porque ¿qué clase de alfa no le daría importancia a su omega?

Suspiro estresado, tomando un plato de sushi siguió trabajando mientras picaba la comida.

Tom no se había tomado la molestia de verlo en el resto del día.

Eran las 5:20 pm cuando terminó de organizar todo, había mas errores de los que esperaba pero Excel era un milagro en la humanidad. Imprimió todo y los metió en un folder, salió de la oficina y se dirigió a la de Domenico para entregarle todo, esperaba que no estuviera para simplemente dejarlos en su escritorio y empezar a explorar el edificio para buscar salidas de emergencia fuera del ojo de los guardias.

— Domenico no se encuentra en su oficina señor Trumper, en este momento se encuentra con el señor Kaulitz.— Le avisa otro de los alfas mientras pasaba por ahí. La mano de Bill se queda en el aire a punto de tocar la puerta.

— Gracias.— Responde con una sonrisa al hombre de color, este la responde inclinándose y se retira.

Bill hace el amagó de abrir la puerta del despacho del otro omega para cerrarla nuevamente. Dirige su mirada a la puerta de al lado, se muerde los labios ante la agites de su omega.

Era su mate, no tendría que dar explicaciones de nada si no tocaba, ¿verdad?

Continúa…

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por Nathaly Kaulitz

Escritora del Fandom

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