
Fic TOLL de Nathaly Kaulitz
Capítulo 2
Narrador
Después de que las turbulencias finalmente cesaron, Bill pudo respirar con tranquilidad. Con su aliento estabilizándose, pudo recobrar la conciencia de su entorno. Al ver alrededor, su cuerpo se tensó y la alerta en su cabeza parpadeó al notar las miradas penetrantes de los alfas de traje oscuro que lo rodeaban, atentos a cualquier movimiento peligroso de su parte. En medio de su desconcierto, Bill percibe un cálido agarre en su mano izquierda. Sorprendido, voltea para ver al hombre que lo sujetaba con cierta suspicacia en su mirada. Bill sentía que su rostro se coloreaba de vergüenza y el pánico le inundaba de pies a cabeza. ¡Incluso le había herido por el agarre de sus uñas, estaba muerto!
— Oh… discúlpeme, por favor.— Murmura apenado mientras aparta su mano. El alfa no dice nada y lo sigue observando; la inexpresividad en su rostro le asusta y hace que rehúya su mirada. Pensando que tal vez el hombre hablaba otro idioma, sigue disculpándose.— ¿Pe-perdón…? Le tengo mucho miedo a los aviones y ni siquiera estoy consciente cuando…
— Está bien.— Contesta el hombre interrumpiéndolo, dejando a Bill congelado en su lugar. El conocido acento del alfa lo hizo pensar que podría ser igual de Alemania, pero el tono frío en su voz le frenaba para preguntar. Se siente estúpido por hablar en un idioma equivocado y su incomodidad solo se incrementó al notar lo enrojecida que se volvía la herida que le había provocado. Intentando remediar su error, Bill saca con prisa unas banditas de su bolso.
— Permítame, por favor.— La mano de Bill tiembla, y un escalofrío le recorre cuando roza nuevamente la piel del alfa. Era claro que no era un hombre común; con tan solo una mirada, Bill pudo deducir qué tipo se había encontrado.
Las maldiciones en su mente solo se intensificaban al darse cuenta de las fuertes feromonas que emanaban del alfa frente a él. Era un Gama. Vaya suerte.
Tom mira con extrañeza la bandita con ositos de decoración; tan infantil objeto definitivamente no quedaba en su tosco cuerpo. Sin embargo, decide guardar silencio y enfocar su atención en el joven omega frente a él. Nota cómo los nervios parecían aumentar en el chico, como si temiera que lo mandara a matar en ese mismo instante. Comprendía que en este mundo, un omega nunca sabía qué clase de personas podía encontrarse a la vuelta de la esquina. Las mismas razones que hacían inocentes a los alfas, a los omegas los hacían culpables.
Mientras tanto, Bill comenzaba a formular varias opciones de escape y Tom no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa interna ante la reacción del omega. Aunque no tenía la intención de dañarlo, la presencia imponente del alfa Gama podía ser intimidante.
— Hemos aterrizando. — Finalmente, el avión aterrizó y la voz automática anuncia el final del vuelo. Bill, sumido en su nerviosismo, agradecía a la voz en silencio.
No tardó mucho para que la misma amable azafata que lo había llevado a la primera clase volviera a aparecer, y Bill sintió que tanta suerte no era posible.
— Por favor, acompáñeme para que pueda recoger sus pertenencias en el ala común.— Sonríe ella.— Recuerde que por el cambio de clase tendrá que pagar una pequeña cantidad por los minutos aquí, especialmente si ha solicitado algún servicio adicional.
Bill se congela al oír eso, retrocediendo en su asiento mientras observa el rostro tranquilo de la mujer que le mira de vuelta. Tenía el dinero en efectivo exacto para el hotel en el que se quedaría y usar la tarjeta no era una opción. Realmente había sido mucha suerte; en algún momento se agotaría.
Con un suspiro cansado, acomoda su ropa y empieza a seguir a la beta con resignación. Y con una última mirada al hombre, Bill deja la cabina.
Esos ojos cafés dorados realmente le ponían los pelos de punta, y a pesar de tener cierta seducción en ellos, toda la presencia imponente del alfa le hacía temblar, así que el alivio llegó a él de inmediato cuando salió del lugar. Estaba seguro de que aún podía sentir su mano arder por el toque del otro hombre.
Una vez en los suelos londinenses del aeropuerto, se dirigió hacia el área de pago para cubrir el costo del servicio de primera clase. Sin embargo, para su sorpresa, alguien más ya había pagado su asiento por él.
&
— Las cosas en la familia están volviéndose peligrosas, Tom. Debes darles lo que quieren.
— Nunca en mi vida han podido obligarme a hacer algo. ¿Por qué empezar ahora?.
— La rivalidad entre la familia Kaulitz y Los Mikaelson se ha incrementado enormemente; si las cosas siguen así, esta guerra no tendrá fin. Una unión es la única vía Tom.— El tono de su madre lo erizó. Pero incluso con ella, Tom tenía un límite; la mención de la unión era un explosivo en su humor que trababa su nervio.
— Eso lo decidiré yo.— Tom decide cortar la llamada de golpe, haciendo que su mano presione con demasiada fuerza el aparato, dañando su pantalla y dejándolo inservible. Con un suspiro, lanza el celular por la ventana.
Las feromonas enojadas empezaron a llenar el pequeño espacio del auto, poniendo nerviosos a los hombres que lo escoltaban. Incluso para alfas normales, las feromonas de un Gama eran difíciles de soportar y la presión podía hacer que se desmayaran. Así que decide tranquilizarse y darles un respiro a su ya agitado día de trabajo.
Con un suspiro cansado, su mente empieza a divagar en diferentes opciones para apaciguar su enojo.
Londres no era su ciudad favorita, pero sabía que tenía varias opciones entretenidas para distraerse. Recordando la lista de invitaciones y compromisos que Andrew le había mencionado esa mañana, su mente empezó a trabajar sobre un destino de su agrado.
— Llévenme al hotel Mondrian.
&
— Señor, no podemos hacer ningún arreglo por usted, discúlpeme.
El joven frente a él realmente estaba cortando los nervios de Bill y su tono grosero hacia él hacía que quisiera darle un golpe en la cara. Al parecer, el dinero en efectivo que traía no era suficiente para reservar una habitación básica en el Mondrian, haciendo que Bill se sintiera realmente exhausto y sin segundas opciones en qué pensar.
El hotel Mondrian era un establecimiento de primera clase, situado cerca del río Támesis, con lujos que superaban los mil euros, con comodidades que los ricos podían darse sin pensarlo dos veces. Y aunque Bill estaba acostumbrado a tales establecimientos, no estaba siendo caprichoso al querer quedarse ahí; había una razón específica que lo hacía imperativo: el Mondrian era uno de los pocos hoteles en Londres que contaban con el sistema Welk, un sistema especial diseñado para inhibir las feromonas de cualquier persona. Las unidades de aire acondicionado contenían una fórmula creada por científicos alemanes décadas atrás, la cual suprimía los sentidos olfativos relacionados con la identificación del segundo género. De este modo, cualquier individuo que ingresara al hotel se volvía indetectable, haciéndolos pasar inadvertidos como betas. Y eso era precisamente lo que Bill necesitaba.
En medio de la tensa discusión, una empleada llegó hasta ellos, interrumpiendo al hombre que estaba atendiendo a Bill.
— Steve, cuatro de nuestros empleados omegas han tomado el día libre, y otros han empezado su licencia de maternidad.— Informa con un entrecejo tenso, captando de inmediato toda la atención del hombre que le atendía.
—;¿En serio?.— Exclama el hombre, visiblemente enojado.— Los invitados para la reunión del señor Schaffer son más de cien. ¿Es casualidad que justo decidan faltar hoy? Si por un momento los omegas dejaran su egoísmo a un lado y dejaran de causar problemas, sería un alivio para todos.
— Sabes que incluso con el sistema Welk, el celo no es algo que se pueda suprimir. Tendremos que encontrar otras opciones.— La joven empleada responde con una voz serena y comprensiva, haciendo que el otro le diera una mueca despectiva. Bill observa la discusión en silencio; dando una ligera mirada alrededor, se puede ver el ajetreo en el primer piso. Este parecía ser un evento importante y la disminución de empleados ciertamente ponía a todos en apuros.
Bill tenía que actuar ahora que se le daba esta oportunidad.
— Trabajaré.— Dice rápidamente, haciendo que las dos personas dejaran de discutir y dirigieran su atención a él. Mentir no se le daba bien, pero trató de hacer su mejor esfuerzo.— He trabajado en hoteles anteriormente y como camarero en algunos restaurantes. Si el trabajo aquí puede pagar la diferencia para quedarme, estoy dispuesto a hacerlo.
La mujer parecía indecisa; sus ojos se alternaban entre Bill y su compañero. Podía sentirse la tensión en el ambiente mientras ambos empleados discutían sobre qué hacer con él. El omega intentaba mantener la calma, pero su corazón latía con fuerza, preguntándose si su arriesgada decisión daría frutos.
— Lo siento, pero no podemos hacer eso.— Dice la mujer con cierta reserva, provocando un nudo en el estómago de Bill. La beta parece querer decirle algo más, pero antes de que pueda hacerlo, el hombre habla y la calla.
— ¿Cuál es tu género?.— Pregunta el joven con brusquedad y sin rodeos.
— Soy un beta.— Responde inmediatamente el pelinegro, tratando de mantener la calma y la convicción en su voz. El otro empleado lo mira con duda, intentando evaluar en silencio si decía la verdad.
— Será mejor que no mientas.— Advierte con cierto desdén.— Este lugar estará repleto de alfas en unas horas y, aunque no puedas olerlos ni ellos a ti, será un problema que entres en celo abruptamente.
Bill no cede ante la presión y mantiene su postura decidida. No podía darse el lujo de dudar ahora ¡Se aferraría a las rodillas de cualquiera y enterraría sus garras a cualquier oportunidad!
— No estoy mintiendo. Si quieres arriesgarte a perder una ayuda extra, está en ti.— Responde con firmeza, sosteniendo la mirada del joven empleado. El aire se cargó con una tensión palpable mientras ambos se enfrentaban en un silencio tenso.
Finalmente, el chico apunta hacia su compañera, dando una señal de aceptación.
— Síguela.— Dice, cediendo ante la insistencia de Bill — Te mostrarán tu cuarto y te darán el uniforme necesario.
La mujer suspira con resignación, evidentemente contrariada por la decisión de su compañero.
— Steve… — Se queja, pero es ignorada por el chico ya enfadado.
— No podemos arriesgarnos. ¿Tienes otra idea?.— Le espeta a su compañera, dejándola en silencio. Con un suspiro, ella señala el camino a Bill.
Agradeciendo internamente su propia valentía, el omega sigue a la empleada por los pasillos del hotel Mondrian a paso apresurado.
El cuarto que le asignaron era básico, sencillo y propio de un empleado del hotel. Solo cubría ocho noches, lo que significaba que tendría que seguir trabajando duro para extender su estadía. Apenas había tenido tiempo de acomodarse cuando fue arrastrado al salón principal.
Le dieron pequeñas y apresuradas instrucciones, para después conducirlo a un probador de staff. Al ver el traje que le habían asignado, no pudo evitar suspirar, era ajustado y no favorecía en nada a su condición de omega, además tenia una tela transparente y era de mala calidad, lo suficiente para romperse fácilmente. Sin poder quejarse, decide distraerse y observar detenidamente el lugar donde tendría que desenvolverse durante la fiesta. El salón estaba repleto de alfas, y aunque no podía olerlos, su físico robusto y sus fuertes presencias eran suficientes para identificarlos. Además, la mayoría de ellos llevaba en su brazo a un omega, los cuales apenas vestían unas pocas prendas, denotando los posibles servicios que ofrecían a sus acompañantes. Decide no opinar, pero el ambiente le estaba poniendo ansioso y preocupado, estos alfas parecían no dudar en hacer uso de su dominación, y él tendría que reaccionar si decidían hacerlo sobre él.
Cuando el reloj de su muñeca emite un pitido, Bill deja de inmediato la bandeja de copas que sostenía para buscar un lugar escondido donde pudiera estar sin molestar a los demás. Aquella alarma le recordaba la importancia de tomar sus inhibidores diarios, dos pequeñas pastillas muy funcionales que mantenían su celo y su olor bajo control. Sin embargo, al ver el contenido de su pastillero, la preocupación lo invadió de inmediato. Con resignación, toma la única pastilla que queda, esperando que fuera suficiente para mantener a raya sus instintos durante la velada.
&
— ¡Pero si es el mismísimo Tom Kaulitz!
Tom gira hacia la persona que ha gritado su nombre con tanta grosería. Haciendo una expresión de asco cuando ve a Gustav acercarse con su traje amarillo mostaza, pavoneándose horriblemente hacia él. El gusto peculiar de Gustav por la vestimenta chirriante resultaba incómodo para Tom, quien decide como siempre no hacer ningún comentario al respecto.
— Gustav, ¿cómo has estado?.
— Rencoroso de que no me hayas visitado en los últimos meses, Tom.— Gustav los conduce hacia la mesa principal, seguido de cerca por sus propios hombres. A medida que avanzan, varias miradas se posan en ellos; su presencia destacando entre todos los presentes, atrayendo coqueteos disimulados de los omegas cercanos.— Veo que tu encanto sigue intacto, debo admitir que siento cierta envidia por la forma en que logras acallar a todos en cuanto pones un pie en un lugar.
Tom responde con una sonrisa divertida mientras toma asiento en la mesa de la zona privada. La vista de los edificios y casas en la distancia convierte el lugar en un entorno sumamente placentero. El estrés se hunde hasta el fondo de su cabeza de manera casi inmediata.
— Dile a tus muchachos que se relajen un poco, estar siguiéndote todo el día debe ser terriblemente cansado.— Gustav bebe del trago de su vaso con rapidez, dándole una mirada mientras señala al séquito de alfas que le acompaña. Con un gesto, Tom indica a sus hombres que se dispersen. Sabía que seguirían atentos de todos modos.
— Los años se te notan Schaffer.— Tom pasa su mirada por toda la figura de Gustav, haciendo que su amigo ría estruendosamente.
— Pero este amigo de aquí sigue como lo estaba en mis veinte.— Presume el otro, señalando su entrepierna con gesto jocoso, haciendo que Tom ruede los ojos en otro gesto de asco. Sabe que, a pesar del paso del tiempo, la personalidad de Gustav no cambiará e incluso en un mundo similar al de Tom, sus diferencias son notables. Después de dejar el mundo de la medicina, Gustav empezó a dirigir una red de bandas criminales en toda Londres que rápidamente avanzó con su dominio en todo el país. Tal poder creciente alertó a La Roja, por lo que en medio de un tiroteo se intercambiaron las primeras palabras entre ellos. Después de un tiempo y tras intercambiar conversaciones y tragos, convirtieron esa rivalidad en una amistad que ya llevaba casi seis años.
— He escuchado que tu familia pretende unirte con el omega menor de los Mikaelson, un Gama.— Menciona Gustav, buscando picar la paciencia de su amigo. Al ver la expresión de irritación en el rostro de Tom, una carcajada divertida por parte de el no se hizo esperar.
— No tengo interés en unirme, y sinceramente, no creo que lo tenga en el futuro.— Afirma Tom con decisión, dejando claro que no desea profundizar en el tema. Gustav levanta las manos en un gesto de paz y llama por más tragos, cambiando de tema.
Tom decide centrarse en la fiesta, observando a los invitados que disfrutan mientras la música impregna el ambiente. Se relaja gradualmente conforme el efecto del alcohol se apodera de su sistema. Aburrido, aparta la mirada de las personas que bailan, hasta que una figura en particular llama su atención: un joven omega de cabello bicolor y alta estatura.
— ¿Alguien ha conseguido captar la atención del gran Kaulitz?.— Gustav interrumpe su concentración con una sonrisa pícara mientras tiene a un omega recostado en su regazo. Tom niega ligeramente con la cabeza, volviendo la mirada hacia el animado salón, pero la figura que había capturado su atención se ha esfumado en la multitud. Una extraña sensación de frustración lo invade, no esperaba que algo así ocurriera en un lugar como este. Se regaña mentalmente por dejarse llevar por ilusiones y coincidencias en un mundo tan vasto como Londres.— Bueno, ¿y qué hay?
— Nada relevante, solo pensé que vi a un pequeño por ahí.— Responde en un tono más seco de lo que pretendía, llevando el vaso a sus labios para beber el contenido con determinación. La ligera quemazón del alcohol contrasta con la fría inquietud que siente.
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂