Línea roja 22

Línea roja 22

Fic TOLL de Nathaly Kaulitz

Capítulo 22

Narrador

Las vendas en las manos daban posibilidad a un golpe más certero, más seco y más doloroso sin los guantes comunes de boxeo. Tom había elegido ese tipo de vendajes en la mano a propósito.

Gustav, por otro lado, tenía que sufrir las consecuencias de tal decisión.

Era bueno en boxeo porque es necesario saber defenderse de otras personas peligrosas en el mundo de la mafia, pero nunca había tenido el entrenamiento especial y profesional que el gama había tenido desde su infancia. Siempre que abrían un ring entre ellos, Tom buscaba ser lo más ligero con sus golpes e incluso le daba ventajas al rubio para ganar una o dos veces.

Esta vez no fue el caso.

Sintió como el aire lo abandonó en un segundo cuando Tom dio un golpe preciso en la boca de su estómago que sin duda dejaría moretón al otro día.

— Te estás desquitando, lo sé me lo merezco, la he cagado.— Respira Gustav mientras se incorpora y lanza un golpe de izquierda que Tom esquiva con facilidad.

— Entonces no me pidas que sea suave.— Habla Tom mientras lo acorrala y lanza una variedad de golpes rápidos. Gustav mantiene una postura defensiva y cubre su cara instintivamente.

Si Tom en verdad estuviera usando toda su fuerza Gustav ya estaría pagando las cuentas en el cielo con su madre.

Cuando siente sus músculos arder no le queda más que alzar su mano para admitir derrota. Cuando el peso le gana y se desliza en el espacio del ring escucha al otro alfa hacer un sonido divertido.—Dios, Tom creo que me rompiste una costilla.

— No lo hice, deja de ser un ödleck ( Cobarde).— Contesta el gama mientras toma una las botellas de agua que Berat les estaba ofreciendo, lanzándole la otra en la cara su amigo quien gimió por el frío en su cara.— Incluso Berat podría durar más de diez minutos en una pelea conmigo, te estás volviendo mas débil Gus.

El rubio ignora el comentario despectivo y cambia el tema rápidamente.

— Admito que se me fue la lengua y ahora tú omega no te dirige la palabra, ¿qué harás mañana en la empresa, o peor, en el baile de tu familia?.— Gustav toma todo el contenido de la botella en un momento y el dolor de sus músculos se apacigua cuando ve la cara conflictiva de Tom.— Es su presentación oficial como hürrem.

El ataque en el club de Tom fue un jueves, el celo del gama y la investigación de dicho ataque hizo que el alfa alargara su fin de semana y no se presentará a la compañía, por lo que Bill tampoco.

El tensado pensaba en mantenerlo ahí hasta que se apaciguara un poco su enojo, se negaba a verlo o dirigirle la palabra en esos días. El gama no quería poner sus nervios ni los suyos al límite, estar alejados por ahora sería lo mejor.

Ponerlo a trabajar con él en la compañía había sido una decisión impulsada por vigilar al bicolor más cerca, y más que castigo, el omega parecía complacido de salir más allá de los límites de la mansión por más días de los que se le habría permitido. Si lo dejaba encerrado no causaría más que el desprecio completo de Bill.

Su familia por otro lado, había exigido una presentación formal del bicolor, ansiosos de conocer al hürrem de la nueva generación. Siempre se esperaban nuevas cosas y altas expectativas.

Había intentado aplazarlo pero la insistencia e interferencia de su madre solo empeoraban las cosas.

Tom suspiró mientras limpiaba el sudor en su cuerpo con una toalla.

— Para tu tren, relájate.— Silba Gustav poniéndose a su lado. — Nunca te había visto así, era tan común ver cómo desechabas a tus amantes por la mínima cosa que pensé que también te tomarías esta unión como un deber y nada más.

Tom se queda callado, dándole razón a su amigo. Recordando sus días así, ninguna de sus parejas eran tomadas enserio por él. Tom tenía facil las cosas con modelos, actores, actrices, deportistas y personas no tan famosas que lograban llamar su atención algunas veces. No necesitaba más que comprarles ropa, joyas o cosas que quisieran para mantenerlos contentos.

Pero ninguno duraba más de una semana, la causa de ruptura era más por los intereses de Tom, o al contrario, la falta de ellos.

Esta pared de vidrio que lo limitó por primera vez lo ponía en duda de saber cómo actuar en un terreno en el que los sentimientos reales eran importantes, algo de lo que Tom era poco conocedor.

— Yo también pensé eso.— Confiesa Tom y el silencio inunda el gran espacio de entrenamiento. La pesadez de la incertidumbre y un apenas nuevo sentimiento se asomaba por el armario oscuro sin prisa alguna, pero su salida era segura.

Gustav se acerca más a su lado, dirigiéndole una mirada preocupada.

— ¿Lo…?.— Pregunta el rubio precavidamente y con un tono serio, no es capaz de terminar la frase pero el de ojos cafes dorados entiende la palabra faltante.

Tom inclina sus ojos y relee la pregunta de su amigo en las maquinarias de su cerebro.

No puede responder.

&

— Aquí, tienes un error en esta palabra.— Señala Andrew mientras pone el libro frente a él.

Bill frunce un el ceño ante la corrección y se inclina más, pero el costurero a su lado hace un sonido de advertencia.

Ya había recibido dos piquetes de aguja por moverse tanto, y el traje para el baile de Kış debía ser tan importante para tener a los mejores diseñadores de Turquía arreglando su traje personalmente en un tiempo récord.

— Ah, solo me faltó un signo, no me hagas copiarlo otra vez.— Gime Bill dando una vuelta ligera cuando el omega que lo mide se lo pide. Escucha a Andrew dar un sonido cansado a su espalda y no gira para comprobar la mirada de burla que ya sabía que tenía.

— Bien, no insistiré porque se trata de ti, pero asegúrate de recordar esta palabra.— Bill sonríe para sí mismo y agradece silenciosamente la piedad del alfa por sus manos.

Después de una o dos horas más y el descubrimiento de haber subido de peso por toda la carne que le daban, ve a los diseñadores guardar sus cosas.

— Hemos terminado, hürrem. El traje será enviado esta noche.— Anuncia el costurero principal de nombre Klös mientras se incorpora. Bill da un asentimiento y le da una señal a Kenia para que los acompañe a la entrada. Elit había ido por su comida hace un momento y Edith se encontraba en descanso por su celo, por lo que sintió su ausencia más pesada con el problema del suyo acercándose.

Cuando el ultimo de los diseñadores salió, Bill pudo dejar su postura rígida y acomodar su ropa. Vio por la esquina de su ojo como Andrew apartaba la mirada deliberadamente a los moretones y mordidas que Tom había dejado hace unos días. Parecían permanecer insistentemente en su lugar sin desaparecer con el fin de molestar al omega a propósito.

Había sido incomodo, todos en la casa parecían saber de la razón de las marcas y eso solo hacía que le doliera la cabeza a Bill. Recuerda la expresión de Andrew, lo miró con la cabeza baja y sus ojos azules en cualquier otro punto alejado de su persona, después de la ráfaga apenas perceptible de una expresión conflictiva cuando vio por primera vez el camino territorial de Tom en él.

El toque cálido de Tom estaba tan presente en Bill a diario, los recuerdos no se van y prosperan unas cuantas marcas que aún no se iban, los dedos en sus caderas, el dolor sordo en su interior, la sensibilidad en sus pezones, moretones en su cuello y en sus muñecas que permanecían tatuados en su ser, tanto como la mirada fría y el agarre agresivo de hace unos días.

Andrew se acerca a él y se arrodilla para ajustar las sandalias del bicolor, Bill observa los tranquilos movimientos del alfa y sin pensarlo susurra en voz alta.

— Todo sería más fácil en vida si tú me hubiera marcado.

El peso de sus palabras se hace presente cuando Andrew detiene sus movimientos, no dice nada y después de un momento sigue acomodando el calzado de Bill.

El bicolor se muerde su labio y siente el sabor metálico recordándole la ineptitud de sus palabras. Andrew se incorpora y Bill no sabe cómo actuar. El ojo azul no era culpable de la inestabilidad en su ser que se arraigaba con más fuerza dentro suyo.

— Bill, yo…

— Solo olvida lo que dije.— Se adelanta Bill, toma el libro de la mano de Andrew y se da la vuelta para esperar a Elit.

El alfa no dice nada, pero permanece al lado de Bill silenciosamente, como siempre lo hacia.

&

La presencia del otro día es más difícil de soportar de lo que Bill pensaba.

Levantarse y comer silenciosamente en la compañía de sus más agitados pensamientos al esperar el transporte que lo llevará a la compañía toma sus energías por completo.

Aaron lo saluda cortésmente y da una mirada nerviosa cuando Bill ve la ausencia de Tom en el auto. — El ha tomado su propio camino a la empresa, hürrem. Tenía asuntos desde temprano.

El omega no contesta, ajusta el cubridor en su cuello y se obliga a mantener los ojos cerrados en todo el camino a la metrópolis.

La vista de la sombra de la altura del edificio lo recibe con imposición. No espera a que Aaron abra la puerta por él y se adelanta a caminar a la entrada sin titubeos. Cruza al piso inferior con el silencio tronante de todos y camina a un elevador sin prisa.

— Buenos días, señor Trumper.— Saludan las mujeres en el centro del piso. Bill sonríe y presiona el botón del último nivel con la reverencia de despedida las puertas.

Cierra los ojos y el tramo largo hacia arriba detiene el temblor en sus manos. No podía dejar que el torbellino de melancolías lo inundaran ahora.

Cuando las puertas metálicas abren, la tranquilidad lo azota en segundos. No había rastros de melenas rojas y ojos fríos.

Solo estaba un grupo de alfas sonriéndole amablemente, Bill recuerda a la castaña y al hombre de color que conoció en su primer día entre el grupo con olor nervioso.

— Señor Trumper, lo estábamos esperando.— Anuncia Sara, con su nombre clavado en una identificación en su pecho. Bill sale con escepticismo del elevador y da otra mirada alrededor.— ¿Señor Trumper?.

La alfa vuelve a llamar y el omega vuelve sus sentidos al frente suyo.

— Ah, perdón.

— No se preocupe, amir nos pidió llevarlo a su nueva oficina, ya hemos pasado todo lo necesario ahí. No sabíamos que poner en el pequeño refrigerador para sus aperitivos pero si tiene alguna queja no dude en decirnos y cambiaremos todo.— Continúa la castaña mientras señala el pasillo principal. Bill frunce el ceño.

— ¿Nueva oficina?.

— Si, al lado de amir.— Dice mientras lo dirige al fondo del piso superior, el resto del grupo de alfas se inclinan ligeramente cuando pasa y lo siguen silenciosamente. Bill se apresura a saludarlos pero la declaración de la alfa lo mantiene confuso.

— Perdona, pero por que se ha cambiado la posición, ¿No estaba Domenico ahí?.— Cuestiona.

— El señor Domenico no trabaja más en la empresa, también fue despedido de su alto puesto, ¿no era el señor Trumper consiente de esto?.— Pregunta la mujer sorprendida. Bill niega automáticamente y no puede decir nada por el lío en su cabeza.

La castaña no dice nada y opta por darle paso al área exclusiva del último piso. Bill duda en sus movimiento al ver la puerta de la oficina de Tom, sintiendo su olor tras el vidrio. Pero no dice nada y deja que la alfa lo guie a la oficina de al lado.

En algún momento el grupo de alfas se había disuelto y solo se esfumaron rápidamente sin el conocimiento del omega.

El espacio era elegante, por obvias razones, grande y de aspecto delicado. Bill escucha a la mujer decir algunas cosas acerca de la comodidad y la alta tecnología en su material de trabajo pero no es capaz de seguir el hilo cuando ve la carpeta de horarios con el nombre de Tom en ellos.

Su inseguridad vuelve a él y se asegura de leer una y otra vez la información en las hojas, tratando de convencerse de la posición de dichos documentos como un error olvidado de Domenico.

— Amir.— Murmura de repente la mujer.

El olor de sándalo y lluvia llega como una bofetada y Bill deja caer la carpeta en un mal movimiento de sorpresa. No es capaz de girarse y se agacha rápidamente para levantarla, su acción se ve interrumpida cuando cruza su toque con una mano grande.

Alza su cabeza y el líquido café dorado frente a él se clava insistentemente. Tom mantiene su posición tranquila y Bill no puede evitar envidiar ese rasgo característico del alfa.

— Sara, puedes retirarte.— Ordena sin quitarle la atención a Bill, quien escucha el sonido apresurado de tacones y el cierre de la puerta de vidrio.

El omega quita su mano rápidamente y se levanta para ponerse en diagonal al alfa, su omega no estaba listo para hacerle frente a la cantidad de feromonas en el cuarto. Y él, para el enredo de sentimientos.

Tom da vuelta y gira hacia el escritorio, alza la carpeta y la señala con un movimiento de su misma mano.— Quería decirlo personalmente, pero ya lo has visto por tu cuenta.

El bicolor suspira y alza una ceja.— ¿El que exactamente?.

El alfa se extiende en la silla de cuero y pasa sus manos por los papeles en el escritorio grande.— A partir de ahora eres mi asistente personal, solo en término laboral por supuesto.

— ¿Disculpa?.— Sonríe Bill con sarcasmo.— ¿Decisión tomada por quien?.

— Por tú alfa.— Responde Tom con voz gruesa, a lo que el bicolor bufa.

— ¿Ahora tomas enserio ese papel? No hay necesidad de dar a conocer en voz alta nuestra situación forzada.

—No lo hago.— Lo corta Tom incorporándose del asiento. Bill voltea hacia la ventana para dirigir su atención a otra cosa que no sea el acercamiento del alfa.— Solo estoy diciendo la verdad de las circunstancias, ¿prefieres ocupar otro puesto y trabajar desde casa?.

El rostro del alfa estaba muy cerca cuando Bill vuelve a dirigir su mirada al frente, sabía que la mueca molesta en su rostro era visible y mantenerla por el olor profundo de Tom era una tarea increíblemente difícil.

El reto está presente, Bill siente la dominación intangible del lobo de Tom, su omega insiste en apaciguarse y rendirse, pero el bicolor mantiene su postura.

— ¿Empiezo hoy, señor Kaulitz?.

Fue lo único que dijo.

Continúa…

Gracias por leer. Te invitamos a dejar un comentario 🙂

por Nathaly Kaulitz

Escritora del Fandom

Un comentario en «Línea roja 22»
  1. les dije que hasta bill estaba siendo consciente que andrew hubiera sido mejor alfa a tom le falla la mayoría del tiempo

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