
Fic TOLL de Nathaly Kaulitz
Capítulo 50
Narrador
Andreas se siente débil, sus hombros duelen y su respiración es irregular. Los adornos en su cuello y cabeza tenían estragos en su cansancio, no estaba acostumbrado a usar joyas pesadas, no cuando todas iban a su hermana.
Se sintió aún mas pequeño cuando la presencia de Simone Kaulitz fungió en cada esquina del lugar.
Andreas recuerda su entrada ansiosa a la habitación de la ceremonia, todos los sirvientes, incluyendo alfas, se levantaron ante su presencia. A pesar de que la preocupación en tintes pequeños de sus feromonas eran claros, su paso fuerte y seguro no tenía ningún temblor desde el talón hasta la cabeza.
Pero a pesar del estupor de su llegada, la atención de todos permaneció en un solo punto. Todos se sorprendieron de verla entrar sola.
Andreas estaba seguro de la realización precisa de la ceremonia.
Sus tutores le habían obligado a devorar todos los conocimientos que se tenía de la familia Kaulitz antes de llegar a Turquía.
Tom kaulitz tenía que haber llegado junto con su madre.
El pasar de la horas solo había alterado el ambiente ya tenso. Las quejas de Heidi y Bruno a su lado no se hicieron esperar. Él decidió permanecer tranquilo, al igual que Emilia, quien ni siquiera pronunció palabra alguna.
Las estipulaciones comenzaron con más fuerza cuando Simone Kaulitz llamó a un grupo de guardias en una orden silenciosa. Él había deducido que estaban siendo plantados después de cuatro horas de espera, la búsqueda «discreta» solo afirmó sus sospechas.
«—Amir ha ido con Hürrem»
—Hürrem ha empezado a avanzar en su papel»
«—Han escapado juntos»
Las voces silenciosas de los sirvientes alrededor aumentaron con cada vuelta al reloj pesado y dorado de la habitación. El olor picoso de las feromonas de Simone también parecía denotar su impaciencia.
Andreas se dispuso a ver los platillos tradicionales frente a él con deleite. No podían comer hasta que el alfa de La Linea Roja llegara.
Cuando los alfas regresaron a informar en susurros discretos la derrota de su búsqueda, sus esperanzas de cenar se vieron destruidas cuando el rostro de la alfa se deformó en ira.
Los puños alrededor de su silla de jade ejercían tanta fuerza que Andreas pensó que rompería los reposabrazos. Su respiración se calmó hasta después de unos minutos, y cuando se levantó con la magnificencia que la caracterizaba todos en la sala contuvieron el aliento.
— Tören iptal edildi. Omegalar odalara geri dönecektir( La ceremonia ha sido cancelada. Los Omegas regresarán a sus habitaciones).— Dice con rostro pesado, Andreas frunció su ceño, tendría que aprender turco.
Una de las damas con atuendos elegantes que acompañaba a la alfa dio un paso al frente en silencio.
— La gran madre da por cancelada la ceremonia. Los omegas deberán volver a sus cuartos asignados. Es todo por esta noche.— Traduce con expresión neutra.
A pesar de las quejas internas que sabía que tenían sus acompañantes en esta desvelada infructuosa, todos se abstuvieron de expresarse en contra de la madre frente a ellos. Jugar por su vida en el estado enojado que mostraba sería inepto en el momento.
La gran madre abandono la sala con pasos pesados y feromonas agrias, el mal sabor de boca estaba en todos los presentes.
Los acompañantes de todos los omegas se dirigieron a atenderlos, sabiendo el humor que ya entonaba en sus aromas decepcionados e irritados.
— Quel gâchis la nuit ( Qué desperdicio por la noche).— Bruno susurraba consigo mismo en actitud molesta. Emilia seguía callada, y su hermana, Heidi, torcía la boca molesta de un lado a otro.
Andreas estaba retraído a unos pasos de ellos, lo habían hecho de lado hace no mucho, su desdén había aumentado hacia él con cada día.
Sus pasos eran sin ganas y débiles, la lluvia de hace unas horas había dejado un aire aún más frío en el palacete. Su lengua seguía saboreando la comida que sería tirada a unas puertas atrás.
Habían limitado sus porciones de comida.
En el espacio común que les asignaron había un comedor promedio donde la comida era traída en cantidades grandes. Delicias turcas que había probado en dos bocados contados. Al comer todos juntos y reunidos, a menos que pidieran un antojo discreto, no le permitían comer más que medio plato de una ración.
Los sirvientes notaron la grosería y el hostigamiento hacia él, pero ni las damas interfirieron en asuntos que creían únicos del harem. Un castigo al menos favorito.
Así eran las costumbres desde antes del sultanato, la permanencia del más fuerte era innegable. Lamentablemente Andreas tenía menos suerte de la que esperaba.
Sus manos se mueven incómodas a sus costados al pensar en eso. Cuando ve que Bruno, Emilia y Heidi están demasiado absortos en su irritación como para incluso hablar entre ellos, sus pasos se vuelven más lentos. Espera a que pasen uno de los pasillos hacia la izquierda y lo pierdan de vista.
— Lehrer, was passiert mit dem Italiener?( Maestro, ¿qué está pasando con el italiano?.— Su dama pregunta confundida en Aleman. Andreas gira hacia ella y le hace señales hacia la derecha. La mujer suspira pesado cuando entiende el mensaje del omega.— ¿No cree que es demasiado tarde?.
El rubio encoge sus hombros y le da una mirada de súplica. Hela, su acompañante personal, toca su nariz con impaciencia.
— Está bien.— Susurra después de unos segundos. Andreas le sonríe sinceramente.— Estaré vigilando.
El omega asiente una y otra vez mientras se aleja de ella.
Una vez que le da la espalda a Hela y empieza a caminar con tranquilidad por los pasillos oscuros decide quitarse sus zapatos altos para evitar un eco de ellos contra el piso y el ambiente silencioso de la madrugada. Tirándolos a un lado en algún punto del camino.
El lugar es tan grande e inmenso que le cuesta unos minutos para llegar al límite de uno de los jardines de robles y rosas, y al notar la familiaridad del espacio empieza a correr sobre el sendero de pasto que lo guía a la mezquita pequeña al final del camino.
Sus ojos viran de un lado a otro con nerviosismo, era tarde, pero no quería confiarse y ser reprendido por estar ahí.
Su mano empuja dudoso la puerta pesada de madera blanca, provocando un sonido estruendoso de ella. Sus pies, mojados por la lluvia, tiemblan de frío a medida que camina al frente. Termina sosteniéndose sobre una de las columnas y se arrodilla a su lado. Los azulejos apenas le dan una luz para buscar su Santo Rosario tallado en rojo y ponerlo entre sus manos temblorosas.
Sus ojos se cierran y su mente se concentra en el Padre Nostro.
Su respiración se vuelve tranquila al ser consiente de las cuencas entre sus suaves dedos. Su voz, muda en boca pero presente en mente empieza a recitar continuamente. La relajación viene casi de inmediato.
Él sabía que posiblemente estaba mal recitar plegarias católicas en un establecimiento único del Islam, si lo atraparan en el acto posiblemente sería azotado por la grosería que estaba teniendo al lugar. Pero Andreas creía que había un Dios único, tan divergente y convergente con todas las culturas del mundo, uno mismo para todas ellas.
No servia a ninguna iglesia o mezquita, sacerdote o imán. Simplemente era creyente, una concesión personal que había creado en tristeza y para refugio de su soledad. Alguna razón pequeña para creer que merecía estar vivo y tenía un propósito.
Sus músculos se sienten ligeros a menudo que se hunde en los ritos, su cabeza se apaga de palabras desdeñosas y su corazón late tranquilo en su lugar.
Es más tarde cuando su cuerpo se tensa ligeramente al captar el olor pesado de un alfa. Su cabeza gira tembloroso a la puerta abierta detrás de él. El frío que entra le congela los huesos, y la figura difusa de un recuerdo no grato aparece ante sus ojos. Se incorpora rápidamente y cae sobre su espalda, cuando las manos del hombre se extienden hacia él sus manos cubren sus ojos inundados de miedo.
— Ehi, calma, calma!.— Una voz tranquila expresa cerca de Andreas.— Joven, por favor, no me tenga miedo.
Los zafiros de brillo ausente se abren temerosos a la oscuridad del lugar. Sus cejas se elevan en una sorpresa ligera cuando identifica al alfa rubio inclinado hacia él.
— Hola…..— La sonrisa del bajá se extiende por todo su rostro. Andreas inclina la cabeza en vergüenza.— Nos volvemos a encontrar, маленький.
El omega frunce el ceño a la última palabra. El ruso tampoco estaba en su diccionario políglota. Su familia odiaba a los rusos. Razón por la que no se llevaban también con la Bratva y no había necesidad de entenderlos.
Los ojos cielo del alfa dan una ligera vuelta por el lugar, verificando la ausencia de personal ahí. Cuando observa que no hay nadie, su mano se extiende hacia Andreas.
Regla 124. Harem.
«El contacto físico y verbal con los miembros del harem está prohibido para cualquier sirviente alfa ajeno a los/las damas acompañantes del omega mismo, la comunicación y el contacto debe limitarse a ser básica y de necesidad única. Esta regla es aplicable a la fuerza militar y de administración. De no cumplir con lo establecido o a la presencia de un tercero o dama acompañante de por medio, se considerara haram y el castigo será aplicable para ambas partes».
Andreas había investigado minuciosamente desde su última reunión. La reacción del alfa a negarse a tocarlo a excepción de su acorralada a la pared en una acción imprevista y por y para su seguridad, le había dejado una curiosidad pesada en los últimos días. Había fingido interés en las tradiciones de La Roja para un acceso a sus regulaciones exageradas.
— No creo que me corten la mano por ayudarlo a levantarse, no hay nadie aquí para emitir un juicio por eso.— Aaron vuelve a hablar cuando ve la duda ligera en el omega bajo él, otra sonrisa minúscula se muestra en su rostro como signo de confianza. Andreas observa la mano ofrecida frente a su rostro, y después de una consideración innecesaria decide tomarla.
Cuero y seda rozan en un parpadeo apenas durable. Los guantes del alfa están fríos, y su mano cosquillea por la temperatura que estos le ofrecen a la tela delgada que adorna sus manos. Andreas se incorpora y el cuerpo del alfa queda más cerca de él. Aaron queda estático en sus movimientos cuando el azur de los iris del rubio lo pasman por segunda vez en pocos días, sus entrañas se aprietan incómodas cuando su lobo reacciona y su razón entrenada de años se hace presente. Por lo que se aparta rápidamente y retrae su mano.
Andreas observa la palma de su mano, intentando recordar la sensación que el efímero toque le ha dejado. Acerca su Santo rosario a sus pecho cuando el otro hombre retrocede dos pasos más.
— He encontrado a su dama a mitad del pasillo, huyó apresuradamente en cuanto me vió. Me preguntaba donde estaría usted, solo en la noche.— La voz de Aaron baja unos decibeles, no quería sonar acusatorio, pero seguía siendo un protector importante de su clan. Había estado hasta tarde reuniendo información importante para Hürrem y había llegado hace poco tiempo, realmente no quería sospechar de ese girasol andante frente a él.
El omega nota rápidamente el mensaje no directo, por lo que sus manos se alzan y se mueven en negación alarmada.
«Rezar», expresa rápidamente con la esperanza de que el alfa entienda un poco la lengua que quiere mostrar.
Aaron observa brevemente el rosario en la mano de Andreas, quien no es lo suficientemente rápido para apartar y esconder el objeto. Su rostro se torna pálido.
Había sido demasiado inepto en recordar donde estaba y que estaba siendo. El miedo de ser castigado estaba haciendo que su cuerpo temblara, algo que el alfa nota rápidamente al ver el pánico llegar a los ojos del omega.
Aaron aparta la mirada rápidamente, su expresión se vuelve aún más tranquila y su cuerpo gira levemente hacia la puerta atrás de ellos.
— Lo escoltaré al ala común del harem.— Dice solemne. Andreas exhala el aire en su pecho, los latidos de su pecho se calman y su lobo permanece tranquilo.
El alfa sonríe ligeramente ante el gesto abierto del rubio. Andreas asiente y empieza a caminar, pero la mano de Aaron lo para.— Sus zapatos.
El omega dirige su vista hacia sus pies desnudos y mojados, el color rojo inunda sus mejillas cuando recuerda donde había aventado sus zapatillas.
¿Qué imagen daría como un omega noble, ante uno de los líderes militares importantes de La Linea Roja?.
Las autoacusaciones se liberan sin restricciones dentro de su cabeza. Es apenas capaz de sostener su aliento cuando el alfa se arrodilla y empieza a desajustar sus propias botas.
Andreas entra en pánico y empieza a negar vehementemente su cabeza.
Aaron ríe ligeramente.
— ¿Puedo?.— Señala a los dedos pálidos del pie de Andreas cuando logra quitar sus botas. El omega frunce el ceño y tuerce su boca. Aaron casi falla en mantener otra risa para símismo, el joven era tan expresivamente facial.
Después de una breve discusión interna en sus principios decide llevar su mano al tobillo del omega, levantando su pierna ligeramente y posicionando su bota negra en el pequeño pie frío. Es consiente del entumecimiento de Andreas cuando hace lo mismo con el otro.
El omega lo observa pesadamente una vez que Aaron se vuelve a incorporar, su expresión feliz tiene un ligero cambio cuando nota el tono amarillo en la piel de Andreas, era un color malsano para alguien con la alimentación que tendría que tener un joven de la cuna que tenía el rubio. Sus ojos se cerraron ligeramente, investigaría eso después.
— Vámonos rápido, alguien podría malinterpretarnos si los empleados llegan al rezo matutino antes de tiempo.— Aaron se aparta a un lado, esperando a que el omega camine primero.
Andreas sale de su estupor y asiente nerviosamente.
Las curvas de sus labios se alzan casi inconscientemente cuando nota la diferencia de número en los zapatos. Su lobo se asienta tranquilo detrás de su cabeza a medida que vuelven en silencio a las habitaciones del harem.
Era la primera vez que Andreas no tenía miedo a la presencia de un alfa. No por ahora.
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El eco del roció de la mañana tenía un sonido apaciguado contra la mente aún dormida de Bill, recia a despertar y levantar su cuerpo adolorido donde la sombra de un toque había estado presente durante toda la noche. Sus pestañas se sentían húmedas y sus ojos pesados, la parte baja de su cadera no era la excepción a un dolor punzante. Su respiración era calmada a pesar del peso sobre él que se cernía tan aseveradamente.
Una luz gris y tenue iluminó sus cuerpos desnudos. Era un día nublado, y una mañana fría.
Bill parpadea lentamente, y su piel duele ligeramente por los moretones en ella y la pintura seca que lo llenaba. Su garganta ardía y se sentía rasposa, una secuela evidente del uso excesivo de su voz horas atrás.
Sus iris marrones se hacen consientes del hombre a su lado. Bill lo inspecciona tranquilo.
Parecía que está vez Tom si estaba dormido, le sorprendió ligeramente que incluso un alfa de su cuero podía caer en un momento tan endeble de su fuerza.
El omega no puede retraer sus dedos ante la imagen tranquila. Por lo que toca la mejilla del alfa con el dorso de su mano, apenas hace presión y su toque es comparable con el de una pluma débil cayendo sobre algo.
Bill baja la cabeza y observa el desastre en sus cuerpos, una de las manos de Tom estaba siendo usada como su almohada y la otra estaba sobre el vientre de Bill. El bicolor aparta los ojos de inmediato ante la acción natural del alfa.
Observa el techo por un minuto y suspira pesadamente. Tenía que admitir en su orgullo que había perdido el control de su lobo, la cantidad de abrumacion en su mente y corazón fueron la confirmación necesaria para silenciar las dudas ligeras que aún tenía sobre sus sentimientos.
No pudo evitar reír ligeramente, había estado tan ciego.
El toque repentino en su pómulo lo asustó momentáneamente, Tom se había acercado y había enterrado su rostro instintivamente en la unión de su cuello y hombro. Su nariz estaba empezando a provocar cosquillas ligeras en la garganta de Bill.
— ¿Tienes frío?.— La voz ronca de Tom contra su piel le hizo estremecer notoriamente. Los brazos a su alrededor se ajustaron aún más.
Bill lo observa abrir sus ojos tranquilo, los cuales tenían un brillo aún más peculiar en las mañanas. Tom alza una de sus cejas, dándose cuenta que no ha respondido.
— No.— Su voz apenas sale, Tom inclina la cabeza y lo huele.
— Tú olor.— Susurra Tom.— Ha cambiado.
Bill frunce el ceño, él no había notado algo ajeno a lo de siempre en su cuerpo.
Su mano se dirige instintivamente a su glándula, donde Tom mantiene sus ojos con un ligero atisbo de satisfacción.
Se sentía extraño.
Las voces en el exterior los obligó a salir del ligero ambiente tranquilo a su alrededor. Un ajetreo peculiar se escuchaba desde afuera.
— Nos deben estar buscando.— Declara Tom sentándose lentamente, tuerce su cuello de un lado a otro. El duro piso no era una buena opción para dormir.
Bill suspira, se sentía ligeramente culpable. No por los omegas, no tenía un mínimo interés en ellos. Todo recaía por la imagen del clan, de lo que mostraba y las consecuencias que habría.
— Las cosas que esto traerá…
— No te preocupes.— Tom vuelve a llamar su atención.— Técnicamente seguí la tradición. Elegí a un omega para pasar la noche, no pueden objetar nada contra eso.
Bill se siente dudoso.
— Tom….— Murmura observando la espalda del otro hombre. El alfa voltea hacia él.— Antes de que hagas cualquier movimiento a su situación, permíteme verificar algo primero.
Tom tuerce la boca de inmediato. El cambio en su olor era palapable.
— Tú estabilidad esta demasiado frágil para…
— Lo se, pero no quiero que vean tu decisión como un capricho. Rechazarlos y correrlos sin una razón pondrá a nuestra gente en peligro.— Interrumpe esta vez Bill con un tono ligeramente alto. El alfa no dice nada ante la grosería que jamás había alguien atrevido a hacer con él, las palabras de Bill dirigieron su interés a otra dirección. — No quiero arriesgarme a una guerra externa, no puedo ser tan egoísta cuando yo no soy quien sale a las calles a pelear, mi gente si.— Tom alza sus cejas por un momento, un vestigio de sorpresa pasa por su rostro por un segundo, después, las comisuras de sus labios se elevan ligeramente.
Bill frunce los labios extrañado.— ¿Qué pasa?.
El alfa exhala y mantiene su ligera sonrisa. «Mi gente», se encontró encantado con esas palabras en la boca de Bill.
— A pesar de mi buen razonamiento y juicio, me es imposible predecirte por completo, niño.— Sus ojos adquieren un resplandor extraño.— ¿Quieres ver el mundo arder?.
Bill retrocede ligeramente, los ojos del alfa se habían apagado en su brillo café dorado característico, dejando un tono más rojo. Parecía tener una curiosidad veraz por la respuesta del omega.
— ¿Me dejarías hacerlo?.— Cuestiona el bicolor. Tom sonríe ligeramente.
— Te daría lo necesario para que lo reduzcas a cenizas.— Afirma el gama.
Bill lo mira anonadado, la respuesta rápida y sincera de Tom no tenia ni una sílaba en tono de mentira. El cosquilleo en su estómago se apacigua un poco cuando el alfa vuelve a su expresión seria. El bicolor se dio cuenta que Tom tenia una agilidad increíble con las palabras, casi llegando al límite de lo peligroso.
Tom pareció notar su estado pasmado, por lo que dirige su atención a algo detrás de Bill. El omega sigue su mirada lentamente. Era el cuadro arruinado.
Por alguna razón Bill siente sus mejillas calentar y sus orejas chiquitas, por lo que toma el retrato para ocultarlo de la vista del alfa. Es detenido de inmediato.
— ¿Por qué no me dejas verlo?.— Cuestiona el alfa sin reclamo.
— Está arruinado.
— No me parece así, te podría hacer el amor en cada una de tus siguientes obras y seguirían pagando miles por ellas sin darse cuenta.
Bill respinga avergonzado.
— Alá debería tener consideración por tu falta de pudor.
Un sonido ligero y desprevenido empieza a provenir del pecho del alfa. Bill se incorpora en sus piernas rápidamente. El alfa estaba riéndose.
Era un sonido encantador, casi tanto como para provocar un ronroneo gustoso de su lobo. Requirió todo el control de Bill para mantenerlo en su pecho y no aumentar su vergüenza.
Tom lo observa divertido y Bill se da cuenta que empieza a identificar los ligeros cambios en su siempre tranquilo rostro.
— Bueno, como te dije antes, jamás he sido un hombre religioso.— El cuerpo del alfa lo vuelve a rodear sin previo aviso. De un momento a otro la espalda del omega se encuentra pegada al pecho de Tom, quien sostiene sus manos juntas sobre la pintura en el regazo de Bill.
— Tú técnica es hermosa.— Susurra el hombre en el cuello de Bill, el bicolor cierra sus ojos, sentía que el alfa estaba haciéndolo a propósito.— Ayer fue tu primera reunión con los artistas, ¿cierto?.
El omega abre sus párpados, una presión en su pecho se asienta ligeramente. Su boca se tuerce y se siente incómodo, pero es capaz de retener sus feromonas agrias antes de que el alfa pueda captarlas.
— Fue bien, algo renuentes a compartir su trabajo públicamente y no usar un seudónimo, pero me he encargado bien.— Su cuello se aprieta a la mentira.
Aaron debería tener más información para ese entonces, sería más fácil empezar de ese punto.
Tom solo da un sonido afirmativo, algo que alivia de inmediato a Bill, su padre siempre había dicho que era un mal mentiroso y no dudaba de eso.
Bill observa los dedos de Tom acariciar el lienzo con tranquilidad. Su vista se detiene ligeramente en el anillo gris en su dedo, con la misma imagen representativa de la familia Kaulitz.
«—Amir odia la idea del matrimonio»
Las palabras de sus damas llegan a su mente de inmediato. Sus dientes se cierran sobre sus labios dudoso. ¿Debería…?
— Tom..— Su voz sale baja, había un peso invisible en su lengua casi insoportable. El alfa se mueve ligeramente detrás de él, esperando a que continuara.— ¿Por qué te desagrada el matrimonio?.— Los movimientos del cuerpo atrás suyo se detienen, y por un momento, incluso parece ser que las inhalaciones y exhalaciones del alfa se apagan. Bill gira la cabeza y observa los ojos confundidos del alfa.— E-Es decir, fue algo que oí por casualidad en mis primeros días aquí.
Se adelanta a explicar rápidamente, no quería que sus damas sufrieran un castigo por su curiosidad.
— ¿De quien escuchaste eso?.
La voz dura del alfa desestabilizó a Bill de inmediato. La tranquila aura a su alrededor se perturbó ligeramente.
— No recuerdo, fue hace mucho.— Vuelve a mentir Bill. Los ojos del alfa deben sostener su posición.
El aumento del movimiento de pasos yendo de un lado a otro tras las puertas gruesas los vuelven a alertar. Los empleados debían estar recorriendo todo los pasillos del palacete, órdenes dadas seguramente por Simone.
— Vamos.— Es todo lo que responde Tom después de un tenso minuto de silencio. El cuerpo de Bill es rodeado por los caftanes ahora secos que ocupaba el alfa ayer en la noche. La expresión de Tom permanece seria mientras ajusta la ropa a su alrededor.— Espera aquí.
El alfa camina hacia la puerta con sólo su pantalón cubriéndolo. Sale y cierra la puerta tras de él, Bill nota en su audición unas ordenes silenciosas que brama Tom una vez afuera.
En el silencio que viene después, Bill se siente ligeramente arrepentido de preguntar.
Tom llama a sus damas a la puerta; de una forma u otra logra requerir su presencia sin mayor alteración en el exterior, y a través de la pequeña brecha que Tom ha dejado, Bill no nota otra presencia más que de las mujeres. Silenciosas y con la cabeza baja llegaron sin el caos que Bill esperaba.
El bicolor logra captar las ropas en sus manos, nuevos atuendos que sustituirían los arruinados.
— Ayuden a vestirlo y escóltenlo a sus habitaciones.— Les ordena Tom permitiendo que las tres mujeres entren al estudio. Bill lo observa confundido, extrañado por el cambio en su comportamiento. Toda la situación le trae un deja vu de sus damas, en su primer encuentro. Tanto Kenia, Elit y Edith parecían tan tensas en sus movimientos que el omega no pudo evitar preocuparse.
Kenia y Edith se inclinaron hacia él, y mientras Elit permanecía al lado del alfa, Bill se percata del movimiento nervioso de la mujer hablando en tono bajo hacia Tom, diciendo algo que no es capaz de escuchar. La máscara del alfa vuelve a la estoica de siempre, sus ojos dan una efímera mirada hacia Bill y vuelven hacia Elit en expresión sería.
Bill observa el intercambio inquieto hasta que Tom hace un gesto con la mano y Elit se aparta de inmediato. El alfa se dirige hacia él esta vez.
— Me encontrare con Gustav en los laboratorios de mi familia.— Informa con una voz casi crítica, su boca se abre por un momento, pero nada sale de ella. Tom esquiva la mirada insistente de Bill por dos segundos antes de comenzar.— Mi madre, exige una reunión privada contigo.
Bill abre la boca sorprendido, sus ojos se dirigen a Elit, quien asiente en confirmación. Tom mantiene sus ojos sobre él, esperando una respuesta de su parte. El omega sabía que estaba esperando una afirmación o negación, dándole la oportunidad de Bill a elegir.
— No podría negarme a una conversación pendiente con mi suegra.— Responde el omega firme, las cejas de Tom se inclinan ligeramente y sus ojos estudian una vez más a Bill con suspicacia. Él, por su parte, se encuentra arrebolado por la insistente atención a pesar de ya encontrarse más vestido. Al final solo hace un gesto vago de aceptación y le da la espalda. Bill baja el cuello un poco decepcionado a lo que cree él es el reencuentro con la misma actitud gélida de Tom.
El sonido de pasos cercanos vuelve a ser percatable después de un momento silencioso. Apenas un suspiro sorprendido sale de sus labios cuando siente la presión caliente sobre su frente, donde Tom había dejado la presencia de un pequeño beso.
Bill alza la cabeza con asombro, pero no es lo suficientemente rápido para lograr ver el rostro de Tom antes de que esté de retire.
Solo puede mantenerse estoico y pasmado en su lugar incluso cuando logra ver el rostro fugaz de Andrew observándolo en la brecha que Tom deja cuando sale del estudio.
Bill frunce sus labios pero no dice nada al aire. Y es capaz de recordar la presencia de las otras omegas sólo cuando estas lo rodean con una aura que denota felicidad.
— ¡Oh, Hürrem! Estábamos tan preocupadas por usted. Pensamos lo peor cuando Andrew nos mandó a llamar por órdenes de Amir hace unos minutos.— Las manos de Kenia cubren las suyas, dirigiendolas a su frente en la acción venerable común, sus ojos brillan con intensidad cuando vuelve a levantar la cabeza y permanecen en el cuello de Bill.— Pero viendo lo que ha traído la noche, no hay nada más que esperanza en nuestros corazones.
El bicolor entrecierra los ojos, su cabeza se inclina y da una ligera sonrisa.
— ¿De que hablan?.
Edith saca apresuradamente un pequeño objeto entre sus burkas, era dorado y pequeño. Bill nota que era un espejo.
— ¡Su mordida Hürrem! ¡La marca ahora es roja!.
Continúa…
Muchas gracias por la visita 🙂
EL PODER DEL AMOR POR FIN TRIUNFÓ E HIZO A ESA MALDITA MARCA ROJA 😭😭😭
ahora solo falta que tom afloje a casarse y que el vientre de Bill decida jalar para traer un cachorro 🙏🙏🙏
aunque si lo pienso ahora… si era la misma marca gris que le impedía tener una cría por ser tan unilateral todo y ahora que todo fluye, va para bien???