
Fic TOLL de Nathaly Kaulitz
Capítulo 7
Narrador
La elegancia y belleza del diseño interior del lugar era un remanso de tranquilidad comparado con la bulliciosa Estambul del exterior. Había aproximadamente diez mil azulejos que se extendían por las cúpulas de la casa y la iluminación refrescante que hacía brillar el mármol blanco de la estructura era debido a los más de cincuenta vitrales que se encontraban en la entrada. Bill pudo observar la flora exótica por toda la casa y se preguntó si acaso se encontraba dentro de una película de sultanes. No pudo evitar un sonido de sorpresa cuando vió las tres fuentes de jade que se encontraban al centro.
— Amir…hürrem.— Delicadas voces se escucharon a su lado derecho, si no hubiera sido por el saludo de las mujeres en la entrada, Bill hubiera pasado de ellas. Se dio cuenta que eran las mismas omegas que estaban en el hotel de Londres.
— Ellas serán tus acompañantes a partir de hoy, son omegas educadas en cultura y etiqueta que te ayudarán en todo momento, si tienes una duda, ellas son las que responderán ante cualquier cosa.— Le informa Tom y el omega lo mira confundido.
— Creí que solo tendría compañía cuando tuviera que salir.— Le recordó Bill algo crispado.
— Ellas no son guardaespaldas, no entran en el término.— Respondió serio el alfa. Bill apretó los dientes enojado, el maldito sabía jugar con las palabras. Iba a responder algo más cuando las mujeres se le acercaron.
— Por aquí, hürrem.— Le indicaron en sintonía todas, casi robóticamente. Él omega volvió a cuestionar al alfa con la mirada.
— Te mostrarán tu habitación, cómo te dije, si tienes alguna pregunta ellas te responderán.— Tom pensó antes de continuar.— Tengo…unas cosas de las que encargarme, volveré antes de las cuatro, no dudes en pedir a los sirvientes lo que quieras…no intentes nada fuera de lo acordado.
Antes de que el bicolor pudiera contestarle, el alfa ya le estaba dando la espalda para retirarse con todos sus hombres pisándole los talones. Vió la figura de Tom irse con un paso apresurado. Lo último que escucho fue el sonido de los autos.
— No se preocupe, hürrem. El señor Kaulitz siempre ha tenido poco tacto en cuanto a sentimientos. Pero estoy seguro de que si lo eligió a usted como su mate, debe tener algo especial dentro de usted.— Dice Berat a su lado con una sonrisa amable. Bill sintió un poco de tristeza al observar la felicidad en los empleados de la casa; seguramente pensaban que su amo lo había marcado por amor y cariño. Bill sintió remordimiento cuando recordó las circunstancias de su unión.
— Hürrem.— Volvieron a llamar las mujeres llamando la atención de Bill que con un asentimiento, las siguió por las enormes escaleras.
Mientras pasaban por los enormes pasillos y subían más y más escaleras, las coloridas pinturas llamaron la atención de Bill por completo. A pesar de que su padre lo obligó a estudiar negocios, su corazón siempre había estado en el arte. Tenía muchos cuadernos con retratos hechos por él y uno que otro cuadro que había hecho cuando su padre no estaba en casa. Torpemente reconocía un talento mínimo que nunca pudo explotar.
— Hürrem, sus cámaras privadas.— Había estado tan concentrado pensando en su padre que Bill no se dio cuenta de las enormes puertas de mármol blanco frente a él.
— Oh… .— Apenas pudo murmurar el cuando el espacio se abrió frente a él.— ¿Esto es de… Tom?
— No hürrem, esta parte de la casa es completamente suya.— Le contestó una de ellas, una mujer pelirroja.
«¿¡Es mío todo esto!?>>>
El omega tenía el sentimiento de shock más grande que ha tenido en toda su vida. No era una habitación única, frente a él se abrió un enorme espacio que parecía más un pequeño departamento.
Había una enorme cama en la que estaba seguro que cabían por lo menos cuatro personas. En el techo se encontraban pinturas que le recordaron a la Capilla Sixtina.
Y su sorpresa incrementó cuando vio un enorme balcón, que tenía el mismo espacio que un cuarto promedio, cuando avanzó dudoso observó que estaba lleno de vegetación y que tenía su propia fuente de jade…¡Una fuente de jade!
— El palacio de Agrabah.— Susurró para sí mismo viendo los detalles precisos en toda la arquitectura.
— Lo siento hürrem, no sabemos a qué se refiere.— Habló esta vez una castaña de ojos grises. El omega las volteó a ver sorprendió.
— La película de la lámpara de deseos.— Les explicó. Cuando vió la confusión en sus delicados rasgos decidió rendirse. — Ya veo, esta bien, después veámosla juntos.
— Si es algo que quiere hürrem, lo haremos felices.— Indicó por fin la última mujer, una pelinegra alta.
— No hay necesidad de tanta formalidad, pueden llamarme Bill. Después de todo estaremos mucho tiempo juntos, me gustaría algo de familiaridad en este lugar.— Dijo con un suspiro mientras observaba el espacio. Las mujeres lo vieron con pánico mientras movían las manos frenéticamente.
— A hürrem está prohibido decirle de otra manera que no sea hürrem.— Le explicó la castaña. Bill suspiró cansado, realmente necesitaba mucho de sí mismo para acostumbrarse aquí. No pudo evitar extrañar el trato familiar de los pocos empleados en su casa.
— Bien, pueden tutearme entonces.— Sonrió él omega. Nuevamente las mujeres negaron.
— Hürrem es Hürrem. No podemos faltarle el respeto de ninguna forma.— Aseveró la pelirroja.
— Pero…bueno está bien.— Se toca las sienes cansado.— ¿Pueden decirme sus nombres o es necesario que vivan en el anonimato también?.— Pregunto con fastidio.
— Yo soy Edith.— Dijo la pelirroja.
— Mi nombre es Kenia, hürrem..— Se presentó la castaña después.
— Y yo soy Elit.— Finalizó la morena.
— Es un gusto conocerlas.— Respondió más aliviado Bill al saber sus nombres. Las mujeres se inclinaron como todos lo hicieron en la entrada.
Decidió no decir nada más.
— Es hora de prepararlo, hürrem. Después, le pediré a Kija que prepare la comida para usted, ¿Hay algo especial que quiera?.— Hablo Edith.
— ¿Prepararme para qué exactamente?.— Ignorando la pregunta de la comida, Bill cuestionó.
— Para que conozca a la gran madre, hürrem.— Contesto Kenia con una sonrisa.
— ¿Quién?.— Pregunto Bill confundido.
— La madre del Amir……. — Respondieron las tres al omiso dejando a Bill en blanco.
&
Tom sentía la adrenalina adentrándose en sus venas, por cada segundo que pasaba en ese lugar desierto sentía su sed de sangre incrementar. Sus hombres pudieron oler las feromonas de peligro y dieron dos pasos más atrás de él. Las personas al lado de la otra mesa también sintieron el peligro en el aire.
— ¡Rompiste el trato!.— Exclamó enojado Kol, el segundo al mando en la familia Mikaelson.
Kol Mikaelson — Alfa
— ¡Nunca hubo un trato!.— Contesta Georg, el primo más cercano de Tom.
Con cansancio Tom, cerró los ojos para intentar apaciguar su enojo creciente.
Tener a la família que mató a su padre frente a él era un reto increíble para su autocontrol. Habían pasado años desde que se habían reunido ambas familias. Apenas llegó a Turquía, su hermano llamó diciéndole que los Mikaelson exigían una reunión urgente, amenazando atacar las sedes que tenían en el país si no se presentaban. Un ataque directo conllevaría a una guerra que estaba en comienzos de apaciguarse y el alfa no quería más gente inocente involucrada en sangre. Todo esto surgió por su reciente unión, de la cual los Mikaelson ya estaban bien informados. Sabía que era cuestión de tiempo para que se supiera de Bill.
— ¡Debías unirte con mi hermano!.— Arrebató nuevamente Kol, ignorando las palabras de Georg y enfocando sus insultos en el Kaulitz frente a él.
— Yo no…— La mano de su madre que se encontraba al lado suyo apretó con fuerza la suya. Indicándole que una amenaza o grosería no era bienvenida en ese tipo de situación ya delicada, por respeto a ella decidió callar.
— Está guerra ha llevado en decadencia a los dos clanes, hay muchos alfas prometedores que apenas van tocando el sabor de la vida en ambas familias. No es necesario llevar esto a algo de lo que será difícil salir.— Por fin habla Klaus mikaelson, el asesino de su padre y la cabeza de todos esos escarabajos. Aún que su aspecto era de un joven su edad era de un hombre bastante mayor, Esos eran uno de los beneficios de ser Alfa Gama. Un envejeciendo lento.
Klaus Mikaelson— Alfa Gama
— Estoy completamente de acuerdo Klaus.— Respondió su madre con un asentimiento. Tom sabía que ella también estaba controlando su ira ante el otro alfa.
— Has marcado a otro omega, eso ya es algo de nuestro saber y en toda Europa, sin embargo….— Susurró sugerente Klaus.— Pero si marcas a Ares y te casas con él, la marca en el otro omega no será tan fuerte como la que tendrá mi hijo, todo esto contando que los dos son gama. Esta llamada a la paz debe no ser sólo dicho por palabras, únete con mi hijo Tom. Podrías tomar a tu otro compañero como un consorte.
Tom escuchó los susurros molestos de sus hombres atrás suyo. «¿Cómo puede faltarle el respeto a nuestro hürrem de esa forma?».
— Tom…— Le llamó su madre. El trenzado pudo ver la insistencia en sus ojos para que aceptara el trato. Dudo por un momento, dejando que el asco en su cuerpo se esfumara para dar paso al entendimiento. Él y Ares habían sido criados para unirse, no existía algún sentimiento no negativo hacia la idea de dar paso a lo que ya estaba escrito desde sus nacimientos. Pero habría consecuencias en el control de la Línea, y entre otras razones había llegado a hacer una promesa. Él siempre cumplía con su palabra, y aunque una parte de él sabía que solo la unión entre los dos clanes podría detener la sangre, también estaba presente que si aceptaba la unión los únicos que se beneficiarán serían los Mikaelson, después de todo la familia que tenía control total era la de Tom. No tenía porqué estar ahí, su padre le había enseñado cómo controlar y subir la seguridad ante situaciones cómo está, había una forma de evitar la sangre. Y eso era recordarles a los Mikaelson quien mandaba ahí.
— No habrá unión.— Hablo decidido Tom. Los hombres al otro lado de la mesa empezaron a manifestar su enojo, Klaus los calmó con un gesto.
— Se sabio Tom.— Le sugirió.
— Tú deberías ser sabio, te recuerdo que está queriendo empezar una guerra que no te conviene. Sabes muy bien que incluso la Elijat eligió una vía amigable con nosotros.— Declaro Tom. La expresión de Klaus se oscureció.
— Mi hijo ha hablado, la decisión está hecha.— Afirmó su madre con él. Simone sabía que no podría hacer cambiar la decisión de su hijo.
— Si así lo quieres.— Murmuró enojado Klaus. Tom se levantó de la mesa, no tenía nada más que hacer ahí, sabía que su madre todavía tenía cosas que discutir con su hermanastro Máximo. Le indicó a sus hombres que se quedarán con ella, él tenía que tomar aire y tranquilizarse por un momento.
&
Con un suspiro cansado dejó la taza de porcelana en la mesa, el sudor en su espalda se extendía hacia los comienzos del cabello en su cuello y las migrañas constantes que había tenido ese día eran un indicador de que su celo se acercaba. Ares se recordó así mismo en pedir que prepararan una de las casas de verano para él en los próximos días. Mónaco o Escania serían buena opción. El hombre a su lado, un alfa, hacia lo que podía para mover los abanicos frente a él, fallando miserablemente. Ares rodó los ojos molesto para quitarle un abanico y refrescarse el mismo. Con una expresión irritada miro su reloj para comprobar la hora.
Le había insistido a su hermano para estar presente en la reunión con los Kaulitz, después de gritar por toda la casa, su hermano accedió bajo la mirada seria e indiferente de su padre.
No lo dejaron entrar al lugar, por supuesto, mandándolo con protección a un espacio de la fábrica. Enojado había exigido que le llevaran un sillón y mesa para que pudiera comer o tomar algo. Esas reuniones solían extenderse hasta cuatro horas, dos si llegaban a tener suerte. Iba a quejarse nuevamente al aire cuando escucho unos pasos fuertes detrás de él, el hombre a su lado tensándose de inmediato. Al voltear y ver quien era se incorporó rápidamente. Su corazón empezó a latir rápidamente y no pudo evitar las feromonas de emoción de su cuerpo.
Con nerviosismo arregló sus ropas lo más rápido que pudo, el alfa aún no se había dado cuenta de su presencia y vio cómo empezó a fumar, perdido en sus pensamientos.
Cuando notó las feromonas dulces, por fin dirigió su mirada hacia Ares.
— Tom…— Suspiró feliz saludándolo. A pesar de no haber visto al alfa en cuatro años, aún reconocía al niño en su rostro. Corriendo molesto mientras le perseguía entre los jardines, pasillos o calles donde sus familias les llevaran, cuando las reuniones amistosas todavía ocurrían entre ellos. Inevitablemente y para el horror de Ares, todo cambio cuando su padre mató al de Tom. La guerra interna en la Línea ocurrió de inmediato, haciendo que lo mandaran hasta lo más recóndito de Russia para su protección. Cuando volvió Tom ya no se encontraba en Turquía.
— Ares….— Murmura la voz grave de Tom. El omega sintió sus manos temblar ante el sonido de su nombre. Sabía que a pesar de lo que había pasado entre sus familias, Tom siempre se mostraría cordial con él y aunque sabía que no debía confundir su caballerosidad con cariño, sintió su corazón hundirse cuando le informaron que el alfa ya había tomado a alguien como mate. Nunca olvidaría el rostro de Kol, su hermano, cuando lo encontró en la bañera hundido en su propia sangre después de enterarse.
— Tom yo…— Comenzó Ares.
— Nos vemos después.— Le corto de inmediato, dando un asentimiento breve en su dirección antes de retirarse del lugar. Ares le observó en silencio, sin intentar nada para detenerlo.
Ares Mikaelson — Omega Gama
Continúa…
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