Línea roja 8

Fic TOLL de Nathaly Kaulitz

Capítulo 8

Narrador

La transparencia de la tela preocupaba seriamente a Bill, para él, la vestimenta era innecesariamente llamativa. No estaba acostumbrado a usar ropas tan frescas, el clima en Canadá nunca lo permitía, al igual que su gusto por conjuntos más dirigidos hacia la población beta.

La textura le hacía saber que eran telas ostentosamente caras y Bill no era ciego para ver la belleza en ellas. Acentuaban con prominencia sus caderas y la pequeña de su cintura, partes de su cuerpo como omega que jamás habían relucido hasta ese día.

Los zafiros opacos que adornaban sus tobillos y muñecas acentuaban sus ojos avellana y el omega sabía muy bien que no le habían puesto ningún collar para mostrar deliberadamente la reciente mordida en su cuello. El toque de las mujeres en su persona no era tan incomodo como un principio y de cierta forma se había acostumbrado a ello después de que lo arrastrarán a los baños para empezar a limpiarlo con aceites dulces y cremas corporales que le hacían sentir como un platillo empanizado. Había decidido dejar su pena atrás cuando lo vieron en tan precaria situación.

— Se ve hermoso, hürrem. El señor y la señora Kaulitz estarán complacidos cuando lo vean.— Le dijo Edith mientras arreglaban su cabello.

— Ah, mis preocupaciones entonces son por nada.— Contesta sarcásticamente Bill. Si las mujeres notaron el tono en su voz, no dieron señales de ello.

— Apuesto a que Domenico estará terriblemente celoso.— Susurra divertida Kenia.

— ¡Kenia!.— Regañó entre dientes Elit. Bill se giró atento hacia ella.

— ¿Quien es Domenico?.— El ambiente se volvió extrañamente pesado y pudo percatar un olor agrio en las feromonas de las omegas. Edith bajó la mirada, dejando que sus manos siguieran con su trabajo en su espalda.

— Es el nieto de Berat, hürrem.

Bill dio un sonido de reconocimiento al recordar al hombre amable.

— ¿Y por que estaría celoso? No nos conocemos. ¿Era amante de Tom?.— Cuestionó burlón Bill. Las omegas vacilaron en contestar y se quedaron calladas.

— Para nada, hürrem.— Respondió por fin Kenia. Bill decidió dejarlo ir, realmente no era de su incumbencia andar preguntando por ahí. Las mujeres siguieron preparándolo en un silencio incómodo.

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La tranquilidad de la casa era una característica propia del ambiente diario ahí. Incluso en las cocinas apenas se escuchaba el ruido de las ollas y la comida al prepararse; sin embargo, la felicidad que inundaba la casa ese día no pudo evitar una que otra conversación y risa entre los empleados.

— Hürrem es muy hermoso y amable, es perfecto para ser el omega del amir.— Las otras cocineras asintieron en aceptación.

— ¿Creen que pronto tendremos la posibilidad de un pequeño sultán corriendo por aquí?.— Ante el aumento de cotillería todos soltaron risas emocionadas y empezaron a hablar sobre cómo sería la vida en el lugar con un pequeño cachorro. Sus cotilleos fueron interrumpidos por el fuerte estruendo que pasó sobre todos. La humedad de un líquido caliente y verde manchando a la mayoría.

— ¿Hermoso? El primer pensamiento que tuve al verlo fue decepción. Se ve que es un omega estirado que no sabe hacer nada.— La afirmación del joven de cabellos rojos provocó sonidos de indignación en las mujeres. Con una última mirada a ellas, el omega se retiró con una expresión molesta.

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En el transcurso a su casa, Tom trató de tranquilizar su mente con una plática tranquila con Andrew, la declaración de guerra directa con los Mikaelson y el reencuentro con Ares había alterado sus feromonas para mal. Hizo lo que pudo con sus hombres para no atarlos a su humor del momento y ordeno ir solo en el auto con nadie más que el otro alfa, el único que podía soportar ese tipo de feromonas sin temblar en él intento.

Dando una mirada perdida en el mar habló con tono oscuro.

— Protégelo.

Andrew no tuvo que preguntar a quien se refería.

Cuando Tom llegó a la tranquilidad de su hogar, lo primero que hizo fue detenerse en medio del salón principal para poder intentar captar el aroma de Bill. Puso sus sentidos al tope oliendo el espacio, y cuando reconoció el olor a tulipanes y fresas no pudo evitar suspirar con alivio al comprobar que el omega estaba bien, con una última comprobación se dirigió al grupo de hombres que lo acompañaban.

— Asegúrense de incrementar la seguridad en los límites de la casa, céntrense principalmente en el ala sur y no permitan la entrada a nadie a menos que yo lo autorice.— Ordenó serio, los alfas dieron un gesto de afirmación y mientras se retiraban Tom dirigió sus propios pasos a la planta de arriba.

— Amir.— Le llamó una voz al pie de la escalera, interrumpiendo su paso se giro a ver al omega de cabellos rojos.

— Domenico.

Bill estaba completamente seguro de que iba a cometer un error al salir de las recámaras. Edith, Kenia y Elit atrás suyo le dieron una mirada de apoyo cuando noto las feromonas de Tom, sabiendo que ya había llegado a la casa.

Cerro los ojos para centrar sus pensamientos y calmar los nervios en su cuerpo.

«Recuerda tu parte del trato, Bill. Una vez que les des lo que quieren puedes empezar a formular un plan de escape»

Las omegas le habían dado un pequeño resumen de cómo era la señora Kaulitz, el cómo es que se debía presentar a la matriarca y lo que no debería hacer. La descripción de la señora solo había puesto más nervioso a Bill cuando le dijeron que podría ser «alguien difícil» de contentar.

La sensación de hormigueo aumentó cuando logró distinguir la figura del alfa en las escaleras y se preguntó si sería una buena opción correr de vuelta a la habitación.

Se detuvo antes de bajar el primer escalón cuando se percató de la presencia de una persona más junto Tomy pudo sentir como las mujeres atrás suyo se pusieron rectas y tensas.

Era un joven de delgada figura y cabellos rojos, sus rasgos eran delicados y su belleza era muy semejante a la de sus acompañantes.

Bill pudo haber jurado que se trataba de un omega, probablemente hasta un gama por su aura atractiva; sin embargo, al oler discretamente se percató sólo del olor a sándalo y lluvia que provenía de Tom, la persona al lado suyo no emitía ninguna feromona…era un omega recesivo.

(Omega Recesivo- Un Omega recesivo se podría comparar con un Beta ya que no cuentan con un olor atrayente para los Alfas, llamados como omegas defectuosos. Muchos de estos omegas son dedicados a la prostitución an no dejar ni un rastro de ellos en los Alfas.)

Domenico siempre se consideró una persona paciente y de modales impecables. Él y su abuelo fueron los únicos sobrevivientes de un conflicto de clanes menores en Turquía, de la última línea de importancia entre las familias que servían a la Lineal. No tenían protección y dinero, Domenico incluso estuvo apunto de recurrir a la prostitución cuando tenia solo catorce años para poder poner comida en la mesa.

Recuerda perfectamente la noche en la que había sido golpeado por estar en el territorio de una red de prostitución sin su permiso y sin más opción tuvo que adentrarse a los barrios bajos que nadie quería. Iba a subirse al auto de un camionero cuando sintió el peso de un cálido abrigó.

«Deberías estar en la escuela niño. ¿Dónde están tus padres?»

El hombre estaba rodeado por otros alfas. No fue él quien se acercó, ni quién extendió la prenda: simplemente dio una leve inclinación de cabeza, una orden silenciosa para que otro actuara por él. Pero el abrigo era de ese alfa, lo supo de inmediato. Su enamoramiento adolescente aumento cuando el alfa no solo los refugio y les dio un hogar a él y su abuelo, sino que también destruyó por completo a los dos clanes que acabaron con su familia.

Había estado feliz con solo estar viviendo con su salvador en los últimos ocho años y poder estar cerca de él cuando no salía por negocios, Domenico sabía que a pesar de que el alfa tenia varios amantes no tenía planeado unirse a nadie. Su plan era acercarse cada vez hasta que se diera cuenta de que el era la pareja perfecta, sabiendo que no le importaría su gen recesivo y que sería una ventaja para ayudarle con sus celos. No tenía previsto la tormenta que se abalanzó sobre la tranquila casa Kaulitz y la seguridad en sus planes.

Todo se derrumbó con la inesperada llegada del omega frente a él y la marca en su cuello.

Tuvo ganas de llorar cuando Tom no lo miro más y puso toda su atención en su ahora mate. Domenico no pudo evitar lanzarle una mirada desdeñosa a pesar de las advertencias de las mujeres que acompañaban al omega provocante de sus desgracias.

— Te ves…bien.— Declaró Tom cuando estudió por completo al omega. Bill alzó una ceja con escepticismo ante el comentario, pero las mujeres se emocionaron y Domenico se enfureció al saber que ese tipo de palabras eran halagos que él alfa le dirigía a nadie.

— Gracias.— Contestó seco el omega mientras seguía bajando las escaleras. Tom estiró su mano en un gesto de caballerosidad y Bill dudó en tomarla.

— Hürrem.— Dijo el alfa con ese tono ronco en su voz. Por alguna razón el pronunciamiento de esa palabra hizo que las piernas del omega temblaran ligeramente, y sintió que había un significado más allá del que le había explicado Andrew en el avión cuando Tom lo nombró con ese apodo.

— Hürrem se ve realmente bello, ¿no cree amir?.— Expresa Kenia con un tono sugerente. Bill y Domenico la maldijeron internamente, uno de manera más suave que el otro. El comentario tomó a Tom por sorpresa y sintió la expectativa de respuesta de las personas ahí, al ver que Bill evitó su mirada con un fuerte sonrojo, las palabras salieron de su boca antes de que las pudiera siquiera pensar.

— Si, lo es.— Afirmó el alfa aún con completa atención en Bill, quien lo volteó a ver con sorpresa en sus ojos ante tal directo comentario. Él, como siempre, no pudo leer la expresión sin emociones del alfa, por lo que no sabía si se estaba burlando.

Domenico estuvo a punto de dirigir sus pasos a la salida. Lo hubiera hecho, aunque fuera tomado como un acto totalmente grosero; ya que, también se había negado a recibir al Bicolor con todos.

Pero al parecer sus planes estaban destinados a verse negados por la interrupción de otras personas, por el ruido afuera y la prisa en los empleados, se sabia que tal ajetreo y pesadez en el ambiente no significaba otra cosa mas que la llegada de la gran madre.

Simone Kaulitz, para sorpresa de Bill, era una alfa sumamente marcada de cabeza a los pies.

— Así que eres tú.— Fue lo único que dijo con el ambiente tenso en la mansión. Bill, torpemente tarde, se dio cuenta que se dirigía a él.— Tu nombre.

— Bill.— Contestó con el mismo tono el omega, pudo escuchar sonidos de sorpresa por la inflexión en sus palabras. El omega vio cómo la mujer entrecerraba los ojos con suspicacia, pudo sentir el estudio de ella hasta en su alma.

«Al carajo con los modales» Se ordenó Bill, aquí o en su casa no bajaría la mirada ante ningún alfa. Pudo ver por la esquina de su ojo como Tom tenía un atisbo de sonrisa, que a el le pareció falsa. Decidió volver a centrar su atención en la alfa que lo estudiaba tan vigorosamente, y cuando la mujer lo miro a los ojos, hizo lo que pudo para no fluctuar. El sonido del reloj en el salón era el único sonido que se escuchaba en toda el espacio.

— Bien, comamos.— Enunció por fin la matriarca. Escuchándose un suspiro de alivio incluso en el rincón más alejado de la casa.

La reunión con la madre de Tom fue más tranquila de lo que esperaba Bill. Mientras comían en los jardines cercanos al hábitat de las aves de la casa, él omega puso todo de si para no distraerse demasiado con los pavos reales y concentrarse más en las cuatro preguntas que le hizo la alfa en toda la comida.

«¿De donde vienes?»

«¿Cuántos años tienes?»

«¿Qué estudiaste y qué artes dominas?»

«¿Cuándo y cómo conociste a Tom?»

Pudo responder la tres primeras preguntas sin problema, y empezó a tutear a la mujer cuando ella también lo hizo, lo que volvió más cómoda la conversación. Por obvias razones, se trabo con la última pregunta y al ver la mirada impaciente de la mujer Tom contestó inmediatamente por él. Para desgracia de Bill, le contestó en el idioma turco.

Cuando el alfa término de hablar, Bill pudo ver un brillo en los ojos de la madre antes de dirigir su mirada de nuevo a su persona ante lo que sea que el alfa dijo. Buscando ayuda en sus acompañantes, el bicolor les pregunto con la mirada si eso era bueno o malo y cuando le dieron una sonrisa tenue soltó el aire que no sabía que había retenido hasta ese momento.

Después de eso, los alfas siguieron conversando, dejando a Bill fuera de la barrera de idioma, lo que de cierta manera agradeció, ahora que la atención no estaba puesta solo en él.

La mujer se retiró cuando el sol se empezó a ocultar en el horizonte, cuando Bill le despidió con Tom y varias personas a sus espaldas no pudo evitarse sentir en esas épocas de Regencia del siglo XVIII. La mujer le dió una última mirada al omega antes de asentir en aprobación hacia Tom. Cuando el auto desapareció por las enormes puertas de la entrada, el Bicolor sintió la tranquilidad volver en el ambiente.

— Realmente los alfas de esta familia tienen algo para imponerse a donde sea que vayan.— Confesó Bill mientras jugaba con los anillos en sus dedos, las omegas exclamaron un sonido en aceptación.

— Lo hizo bien, hürrem.— Declaró Elit acomodando su cabello mientras Kenia y Edith se encargaban de quitarle las joyas en sus tobillos. Después de un cómodo silencio, Bill no pudo cerrar su boca y expresó su duda.

— ¿Quien era el chico pelirrojo que estaba con Tom antes de que llegáramos?.— Esa pregunta estuvo en la punta de la lengua de Bill en toda la tarde, era más curiosidad que nada y no estaba dispuesto a preguntarle a Tom, por alguna extraña razón sintió que se veía como una de esas mujeres cuando conocen a las secretarias de sus maridos.

— Él es… Domenico, hürrem.— Respondió Edith, el ambiente alegre en la habitación por alguna razón se había vuelto tenso.

— Ah… ya veo, ¿no les agrada?.—Preguntó esta vez.

— No es eso hürrem, Domenico es nuestro compañero después de todo, pero…tiene una actitud que desaprobamos.— Contestó esta vez Elit, el omega pudo notar que de las tres ella era la más seria, si es que podía ser más posible. Bill asintió y se guardó sus otras preguntas, pensó que sería mejor responderlas por sí mismo al ver la poca cooperación de parte de las mujeres.

—;¿Que fue lo que Tom contestó a la última pregunta de su madre?.— Expuso esta vez con más fisgoneo en su voz, las sonrisas volvieron al rostro de todas ellas.

—;Creo que esa es una pregunta que el amir debe contestar, hürrem.— Sonrió Kenia cuando le quito el último anillo en la mano derecha y lo guardaba en el enorme tocador dorado a su derecha. Bill resopló rendido y decidió dirigir su conversación a otros temas, cuando las mujeres iban a quitarle sus ropas insistiendo en que era un honor para ellas ante la constante negativa de Bill, fuertes pasos se escucharon en la entrada. Todos callaron esperando la próxima acción en la persona tras la puerta, cuando el sonido de toc toc se escuchó sobre la puerta de roble, las omegas volvieron a su postura recta. Bill iba a preguntarles por qué lo miraban a la expectativa cuando se dio cuenta que él debía dar el permiso de entrada.

— O-oh…¡pase!.— Dijo Bill apresuradamente, aún no acostumbrado a la idea de algún tipo de mandato en el lugar. Antes de que la figura de Tom entrara por la puerta, Bill ya había logrado captar su esencia desde el pasillo.

— Amir.— Se inclinaron las mujeres, el alfa contestó con gesto de saludo.

— Pueden retirarse.— Indicó. Las omegas se retiraron ignorando de manera deliberada la mirada suplicante de Bill para no dejarlo solo. Cuando la puerta se cerró, Bill alzó la cabeza hacia el alfa.

— ¿Ocurre algo?.— Preguntó tras varios segundos de un incómodo silencio. Ante el silencio del alfa, Bill trató de evitar los pesados ojos cafés dorados y le dió la espalda mientras trataba de desprender los nudos que sostenían su prenda superior para quitar el sofocamiento que tenía, sentía que el olor del alfa lo estaba mareando del alguna forma. Abrió los ojos sorprendidos cuando sintió el toque de Tom quitando sus manos.

— Déjame a mi.— Murmuró bajo el alfa atrás suyo, Bill se quedó como estatua al sentir la respiración caliente sobre su espalda. Por alguna razón no pudo negar el toque y tampoco pudo controlar el incremento de feromonas de su parte, nuevamente, la mordida en su cuello volvió a palpitar.

Como si el alfa sintiera la sensación en el cuello de Bill, dirigió su mano a la marca. Ante el tacto frío de la mano de Tom, el omega soltó un jadeo cubriendo su boca en el acto.

— ¿Duele?.— Le preguntó.

— No.— Trató de componerse, pero las feromonas de Tom en respuesta a las suyas realmente no ayudaban. Sabía que la mordida de un alfa paraba el celó en los omegas; sin embargo, aún quedaban restos de su calor en su cuerpo. Pudo escuchar como Tom daba una profunda inhalación en su cuello, captando el olor dulce desde la fuente.

Bill inclinó su cabeza mientras sentía una de las manos del alfa alzando la tela de su shenti y tocar los muslos de manera lenta, yendo arriba de la rodilla hasta su cadera, donde apretó fuertemente. La mano que estaba en su cuello se deslizó por su cintura y se detuvo en su pecho para rozar por un momento uno de sus pezones sobre la textura de la tela.

Bill suspiró mientras daba completo acceso al alfa en su cuello. Todas las alarmas en su cabeza volvieron a sonar como en la noche de su celo, volviéndolas a ignorar nuevamente en el presente.

Sus lobos volvieron a ganar sobre su conciencia y dominaron por completo sus sentidos. Las feromonas se adueñaron por completo del lugar, combinándose de una manera perfecta que confirmaba que eran totalmente compatibles; el alfa de Tom gruñó en aprobación ante eso y Bill no pudo negar que había una atracción más allá de su comprensión. La mano en la pierna de Bill se detuvo en la curvatura de sus glúteos y el omega respingó en expectativa, el movimiento de Tom se detuvo abruptamente en su vientre.

Como si volviera a la normalidad, se alejó apresuradamente de Bill.

Este algo confundido se giró para ver a Tom expectante, no quería admitirlo pero su omega se preguntó del porqué se detuvo.

— Espero estés cómodo con tu estadía.— Dijo el alfa con un tono más claro, como si su voz también se estuviera recuperando de los últimos segundos. Su expresión que normalmente era estoica y sin emoción miraba a Bill de una manera extraña que el omega no entendió.— Mañana vendrá un doctor a revisarte en la mañana, descansa por hoy. — Continuó el alfa volviendo a su expresión sería. Bill no contestó y después de unos segundos Tom le dio la espalda para retirarse del lugar.

Cuando la puerta se cerró, Bill trató de regular su agitada respiración. ¿Que carajos había pasado?

Continúa…

Gracias por leer. Te invitamos a dejar un comentario 🙂

por Nathaly Kaulitz

Escritora del Fandom

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