
Fic Twc/Toll de Lyra_Acuario
Capitulo 6: Te amaré en silencio
Bill se había levantado del suelo pesadamente, sentía sus ojos atiborrados de lágrimas. Sentía el dolor y la pesadez de una persona donde no tiene nada ya que perder.
El pelinegro camino hacia el baño y miro su reflejo.
Ya nada había ahí.
Lo había conseguido, Tom sufría por su culpa y pensaba que por consecuencia, el mayor le empezaría a odiar. Pero era extraño, porque eso era lo que un principio deseo, si Tom le odiaba, el le odiaría y juntos, sumidos en un mar que se llama rencor, acabarían por marchitar ese sentimiento que se llama amor.
Pero ahora que los minutos transcurrían de manera lenta, el fantasma de la soledad se reía del menor de los gemelos Kaulitz, le había engañado, le había hecho pensar que era su amiga. Pero ahora era la soledad su mayor enemiga.
Bill inclino su cabeza contra el lavamanos, ya no quería mirar más el espejo, se sentía frustrado, como nunca en su vida.
No sabía lo que había hecho, a veces pensaba que el haber querido separarse de Tom fue una idea pésima, porque el dolor que su alma cargaba ahora era mucho peor que el de antes, mucho más poderoso y cruel.
Unas lágrimas resbalaron y Bill supo que ya todo lo había perdido, las ganas de vivir, las ganas de reír e incluso las ganas de herirse.
Tom por su parte había quedado sumido en un profundo mutismo, se sentía como Cristóbal Colon descubriendo América, pero su América eran sus sentimientos por Bill.
“Son hermanos” Recordó las palabras de su madre, pero eso no le importaba ahora, quería al pelinegro, lo quería para el y sus caricias, pero también recordaba que el chico se había auto lastimado, se había cortado y aun con sus sentimientos claros, no sabia el porque.
Lo amaba.
¿Bill sentiría lo mismo?
Era algo que el mayor estaba dispuesto a afrontar, por lo cual, corrió a la cocina y saco unos cubitos de hielo que envolvió en un pañuelo, después camino a paso seguro, en dirección al cuarto de su hermano.
Llegar hasta su habitación fue rápido y sencillo, pero no pudo evitar sentirse culpable, tenía en cierto modo miedo de que su menor le rechazase. Entonces paseo su mirada por la habitación, no había nada, de repente sintió temor de lo peor. El había insultado y golpeado a Bill cuando este acaba de salir de un transe de depresión.
—Soy un imbécil— se insulto a si mismo, entonces camino a paso rápido al baño, encontrándose a un Bill con la cabeza baja encima del lavamanos, en esa posición, el menor ni notaba que su hermano estaba atrás.
Fue entonces que Tom abrió su boca dispuesto a pedir perdón pero sus palabras fueron calladas por lo que escucho a continuación:
—Eres un idiota…— hablo Bill —Si supieron que estas heridas… son a causa de ti… si no fuéramos hermanos, si nunca hubiese sido tu hermano— gimió entre lagrimas.
Tom quedo de piedra y por primera vez, desde que vio a Bill auto lastimarse, supo lo que era la verdadera depresión.
El mayor retrocedió dos pasos con el corazón totalmente desechado.
No pudo evitarlo, ahí mismo bajaron las lagrimas, lagrimas que cayeron en silencio, lagrimas que jamás fueron escuchadas, como los gritos de Bill cuando era sumido en la oscuridad de saber que amaba a alguien en silencio.
Tom retrocedió, dio una ultima vista dolido a su gemelo y se juro a si mismo que jamás revelaría esos sentimientos.
El chico salió del cuarto, sin ruido sin aliento, fue como si nunca hubiese entrado, como si el demonio amigo del pecado, se sintió aborrecido de un sentimiento que podía ser puro pero prohibido.
El demonio los separo con palabras que fueron mal interpretadas.
Bill no lo supo.
Tom no lo supo.
Un amor que se profesaba, un amor que era callado por el miedo.
—Tomy— susurro Bill mientras levantaba su rostro frente al espejo, su maquillaje corrido, las lagrimas que seguían cayendo —hoy te he perdido— hablo Bill —y nunca supiste que te amaba—Bill apretó sus puños y mordió sus labios.
Juro no iba a llorar.
Juro no iba a sentir.
Juro caminar.
Aun sin con ello iba a morir.
Tom por su parte estaba encerrado en su habitación, se sentía herido, como ninguna persona le hubiese tratado así. Era la primera vez que podía asegurar con seguridad, estar enamorado. Pero ahora, eso no importaba, Bill le odiaba, Bill se auto lastimaba por el, simplemente Bill no lo quería, ni como hermano.
—De acuerdo— hablo orgulloso el mayor, apretando sus puños y jurando a su reflejo —Jamás te diré lo que siento… jamás….—
Ambos juraban contra su reflejo, jamás caer en esos sentimientos, por mucho que los desearan gritar, por mucho que su alma los desearan. Fue ese día, cuando cada uno a su modo, mantuvo una promesa, no amarse ni la oscuridad, solo amarse en el silencio.
Horas después.
—Pero…pero… ¿Qué te paso Bill?— pregunto alarmada Simone cuando tomo la mano de su hijo.
—como te estoy diciendo me caí en el baño…— mintió el pelinegro. Este se hallaba vestido totalmente de negro, además de llevar maquillaje para ocultar su sufrimiento.
—Pero… ¿Cómo?—
—¿de verdad quieres que lo repita otra vez?— pregunto cansado Bill, su madre había ido a la habitación como le había prometido en la tarde. Allí estaba, dispuesta a hablar de sentimientos, que Bill sabia había perdido, no porque desaparecieran, no porque no los quisiera. Sino porque Tom le odiaba, Tom no le amaba ni como hermano.
—¿y en tu labio?— pregunto mirando la cara de su hijo
—¿Qué te paso ahí?— interrogo sospechosa.
—Bueno….eso fue….veras, eso fue….— Bill no sabia que mentir.
—Fue por mi culpa— Se escucho la voz del gemelo mayor. Bill se sobresalto y miro temeroso a la puerta, allí estaba Tom, con una mirada fría y seria.
—¿Qué quieres decir?— se levanto Simone de la cama y miro con el seño fruncido a Tom.
—Yo lo golpee— acepto sin inmutarse el mayor. Su madre abrió los ojos como platos y de inmediato se escucho su grito molesto.
—¿¿Por qué hiciste eso??— interrogo.
—Porque discutimos, creí que era obvio— Tom se sorprendía a si mismo, porque le estaba diciendo la verdad a Simone, le decía que habían discutido aunque no le diría el porque.
—¿Por qué??— pregunto.
—No te puedo decir— Y sin esperar respuesta salió de la habitación.
Tom había ido allí solo por salvar a su hermano de aquel interrogatorio, pero no era que hubiese aceptado el hecho de que Bill se lastimara, eso estaba mal y siempre lo diría. Pero no podía evitar ayudarlo, porque de igual modo, no podía evitar amarlo en silencio.
—¿Qué discutieron?— pregunto Simone acercándose a Bill y tomándolo de los hombros.
Pero a Bill ya no le importaba lo que su madre digiera, en su mente solo divaga el pensamiento de ¿Por qué Tom lo seguía ayudando? ¿Quería reconciliarse? Creía que eso era misión imposible, pero entonces ¿Por qué?
—Bill— llamo Simone sacándolo de sus pensamientos —¿me escuchas?—
—¿Cómo??— pregunto perdido.
—Dios— suspiro su madre —¿Por qué ninguno de los dos me hace caso?—
—eh….no se— respondió el gemelo.¬
Simone noto lo perdido que estaba su hijo, al parecer este estaba triste y ella no quería molestarlo, aunque si quería saber el porque, pensaba muy en el fondo, todo era cuestión de ideas absurdas.
—No te deprimas— le hablo con cariño, beso su frente y salió de la habitación.
Bill solo suspiro, estaba tan mal que hasta su madre le había animado.
—no me deprima ¿eh?— susurro.
Decir que ninguno de los dos gemelos tenía ojeras, era una gran mentira, aunque Bill si era bueno disimulándolas con maquillaje, mientras Tom se resignaba a unos lentes oscuros.
Ambos bajaron en silencio y comieron en el mismo, sin dirigirse la palabra, sin preguntar ni siquiera un: ¿Cómo estas? Simone suspiro y Gordón levanto una ceja. Al parecer esa discusión si iba a causas mayores, pero sabían que no debían interponerse, que las cosas se solucionarían por si solas.
—¿mantequilla?— ofreció Gordón al mayor, pero este dio un seco: no gracias. Y es que durante toda la noche, no había podido cerrar un ojo, además que los había usado para llorar durante todo el transcurso.
—Gracias por la comida— Hablo Tom levantándose, dejando el plato en la cocina y subiendo a su habitación. Ninguno dijo nada, solo le vieron marcharse sin un adiós.
Simone abrió su boca pero nada de ella salió puesto que Gordon la tomo de la mano y negó con la cabeza, unas palabras a entender: déjalos en paz, ambos lo solucionaran.
Pero Bill no sabia como solucionarlo, ni siquiera como se sentía. El menor al igual que el mayor se levanto, dejo el plato (del cual no comió nada) y dijo: Que tengan un buen día, adiós. Y se fue, pero a diferencia, el menor salió de la casa.
Tom se hallaba mirando el techo en silencio, se había quitado los lentes, los cuales mostraban ahora, unos ojos rojos e hinchados de tanto llorar. El mayor maldijo y se dio una vuelta en la cama, abrazando su almohada y dejando escapar un largo suspiro.
Tú crees que soy fuerte
Que nadie puede vencerme
¿Por qué no miras hoy mi sonrisa?
Hoy solo es una gran mentira.
Tom dejo escapar unas lagrimas, miro el reloj y supuso que su madre ya se había ido.
Ahora podía llorar sin temer a que alguien lo pudiese encontrar, podía incluso gritar, que Bill no iría por el.
Se sentía débil, frustrado y arrullado.
¿Por qué Bill?
¿Por qué no pudo ser otra persona?
¿Qué no existe un mundo que no sea su hermano?
Tom sollozo entre lágrimas, se veía patético en esa situación, el, quien se denominaba muy fuerte, ahora ante unas palabras, se sentía tan débil.
Ring, ring, ring.
El ruido del teléfono lo saco de su pensamiento.
¿Por qué el mundo molestaba justo cuando el estaba deprimido?
Ring, ring, ring.
—¿es que no hay nadie en la maldita casa?— pregunto molesto levantándose y tomando de malas maneras el teléfono —¿Quién?— grito.
—Eh….¿Tom?— pregunto la voz con un poco de miedo, algo natural si te reciben con esa respuesta.
—¿Quién es?— interrogo de malas ganas.
—Eh… veo que estas realmente molesto— se escucho una risita. EL mayor frunció el seño.
—Habla de una maldita vez— ordeno.
—Vaya…. Esto es grave— acoto la voz —Ni siquiera reconoces mi voz— era la de un hombre.
—Habla o te cuelgo— advirtió sin inmutarse.
—Soy Andreas—
—A…Andreas— el mayor suavizo su voz —lo siento… ¿y eso que llamas? ¿Qué quieres?—
—que grosero— respondió —pero no has cambiado… y pobre el que te hizo enojar… casi me matas y no soy culpable de nada—
—Son asuntos personales— resumió su situación sin entrar en detalles.
—Lo se— Era algo demasiado obvio —bueno… no se ni para que te digo—
—¿de que hablas?—
—mmm…. Te diré: hay una fiesta esta noche en mi casa…. Creí que querías ir pero con ese humor—
—Iré— Tom pensó en una buena forma de distraerse.
—¿de verdad?— hablo sorprendido —en ese caso dile a Bill por si se quiere venir…—
—mmm—
—oh bueno, puedes venir solo— hablo al sentir ese silencio.
—mmm— simplifico —nos hablamos— y colgó sin esperar respuesta.
Bill se sentía como estúpido, caminando sin rumbo fijo, ni siquiera comía nada de lo que veía, ni se detenía aunque alguna fan lo reconociera. El pelinegro no tenía mundo en ese momento. Se encontraba solo, abandonado en un sentimiento que llaman depresión.
Y su única salida, era que la que nunca conseguiría. Tom no era para el.
—¿Bill?— el chico miro a ver quien le llamaba —¿estas bien?— le preguntaron.
—Georg— hablo el pelinegro en un susurro débil —si… estoy bien—
—te ves pálido…—se preocupo su amigo.
—No, no comí bien… pero nada grave— Bill mostro una sonrisa forzada, a la que Georg suspiro, el sabia que su compañero mentía
—y eso…tu por aquí— hablo.
—mmm… necesitaba aire— la verdad era, no quiero estar en el mismo lugar que Tom.
—Ah, ya veo— sonrió —sabes? Escuche que Andreas realizara una fiesta hoy en su casa… ¿quieres ir?— pregunto.
—pues…. No lo se…— contesto el gemelo menor, en esos momentos estaba para todo, menos una fiesta.
—vamos— animo —así cambiaras de ambiente por hoy—
—mmm…— quizás el chico tenia razón, pero Bill no sabia si estaría realmente dispuesto —tal ves, pero no creo que vaya— notifico sin ánimos. Georg suspiro.
—Aun sigues peleado con Tom— Bill abrió sus ojos
—¿tanto se nota?—
—ah…—suspiro —es clarísimo Bill—
—mmm— murmuro.
—¿te animas? ¿Vamos a la fiesta y olvidas tus problemas??— pregunto.
—mejor te aviso— respondió —ahora, debo volver… te llamare por cualquier cosa—
—de acuerdo— acepto su amigo. Y solo vio a Bill marcharse, caminando lentamente, dando algunos tropezones, hasta que finalmente desapareció de su vista.
El pelinegro llego a paso silencioso en la casa, no quería que el mayor le descubriese, aunque sabia que era estúpido esconderse, según el.
—Parece que no esta— susurro.
—Por supuesto que estoy— Bill escucho una voz sobre sus espaldas, esto hizo que diera un brinco de susto.
—¿Qué…que haces aquí?— pregunto nervioso, retrocediendo unos pasos.
—Vivo aquí— respondió natural y camino a la cocina, aun llevaba lentes —¿do…donde estabas?— Tom sentía deseos de hacer esa pregunta desde hacia rato pero no se atrevía a formularla.
—mmm….Salí—
—ya lo note— acoto —¿A dónde? Es lo que pregunte— esa pregunta fue con una aire celoso.
—….al… parque…necesitaba aire— Tom levanto una ceja que Bill no noto por las gafas.
El mayor no sabía si su gemelo mentía o no, pero no podía cuestionarle, aunque se estuviese muriendo de ganas por hacerlo.
—Por lo menos es mejor….— hablo —que razones estúpidas para cortarse— Bill callo, no sabia como responder a eso —no pienso decirle nada a nadie— continuo hablando el mayor —aun cuando desapruebe eso… no quiero que mama sufra por tus estupideces—
—no son estupideces— respondió rápido el menor con un dejo de molestia —no entiendes ni porque lo hago—
—mmm….— Tom ya lo sabia —no es algo que me importe mucho— Bill le miro dolido, sintiendo las lagrimas nublar sus ojos.
—Eres un idiota— hablo y se dio vuelta, pero antes de que pudiese continuar Tom le sujeto de la muñeca.
—Espera— pidió inconscientemente, su cuerpo se había movido por impulso al ver las lágrimas de su gemelo.
—¿Qué quieres? Creo que todo esta dicho— hablo sin mirarle, pero tampoco haciendo esfuerzo para que el mayor le soltase. No quería irse, no aun.
—Yo…— Tom no sabía porque lo había detenido.
—Habla rápido— y Bill volteo a mirarle. En ese momento el castaño quedo de piedra, nunca había visto tanto dolor en los ojos de Bill.
—Bi…Billy— susurro sin creer. ¿De verdad su hermano estaba tan mal? —¿estas bien?—
—¿para eso me detienes? Suelta— Y se zafo su muñeca del agarre del mayor —eres un gran idiota——….—
Tom abrió su boca para responder a la ofensa pero de ella nada salió, por lo que el mayor bajo la vista.
—no me entiendes, no sabes nada y no mides lo que dices— le acuso —si supieras el porque te tragarías tus palabras—¬
—ya…—hablo bajito.
—¿ya que? ¿Qué me calle?— pregunto molesto levantando la voz —anda, habla, dejemos esto claro…. Se que no te importo—
—No es cierto— le corto Tom a lo ultimo, tan rápido que Bill abrió sus ojos sorprendido.
—Tampoco te comprendo— susurro —ni tus acciones, ni tus palabras… ¿Por qué te gusta verme sufrir?— Ahora fue Tom quien le miro dolido.
—Pero si yo te…..te—
—¿te?— repitió Bill sin entender sus palabras.
—Eres mi hermano….— susurro —y sabes que haría lo que fuera por ti…. No me gusta verte llorar…. No me gusta ver esa cicatriz en tu brazo Billy—
—…no….no creas que por decir eso te hare caso— respondió dudoso, esquivando su mirada en algún punto en la pared —Estos últimos días me he dado cuenta de muchas cosas…. Sentimientos que no creí jamás tener—
—sen…sentimientos?— pregunto interesado, con una débil chispa de esperanza.
—Sentimientos estúpidos, que hacen que quiera alejarme de ti— hablo de forma sincera —no sabes… como me gustaría retroceder el tiempo… pensar que nada de esto ha pasado… que tu y yo somos los de siempre— se acerco un poco a su gemelo, lo suficiente para acariciarle la mejilla —¿Por qué nos pasa esto Tomy?—
—Billy— susurro y aunque había jurado no revelar esos sentimientos, se dejo vencer por la tentación y lo rodeo en un abrazo.
¿Cómo decirle que le amaba? Se pregunto el chico de las rastras.
Tom estrecho contra si al chico pelinegro, permitiendo a sus sentimientos apoderarse de su cuerpo, hundir su cabeza en el cuello del menor, permitirse aspirar aquel aroma hipnotizador.
Bill por su parte, sentía no poder más, no poder callar lo que su alma gritaba. En esos brazos su mundo no giraba, sus pensamientos eran atraídos a la única realidad, de saber que amaba a Tom mas que a nadie en el mundo.
—To…Tomy… Por favor— pidió Bill intentando separarse, no quería que su madre (inoportuna) los interrumpiese —déjame— pidió. Esto solo hizo aun mas fuerte el abrazo de Tom, quien levanto un poco la cabeza y miro el rostro del pelinegro de lado.
—No quiero— susurro a su oído, Bill sintió un escalofrió sonrojándose —por fa… no ahora Billy— susurro de una forma exquisita y sin permiso de acerco al lóbulo de la oreja de su gemelo, para tomarla con sus labios, dándole un húmedo beso ahí.
—to….my— hablo Bill, sintiendo un mariposeo placentero en su vientre. ¿Qué pretendía su hermano con esa acción? Ahora entendía porque las fans lo mal interpretaban, sus conductas entre ambos no eran normales.
—Shssss….— silencio Tom, incapaz de controlar sus acciones, comenzando un proceso lento de besos por todo el cuello de su gemelo.
Besos que lentamente fueron siendo más húmedos, dejándole escalofríos por todo el cuerpo al menor, quien inconscientemente con su mano izquierda empujaba la cabeza de Tom, para que el mayor siguiese, sin detenerse, sin dar tiempo a pensar en lo que estaban haciendo.
Bill retrocedió unos pasos, dejándose arrastrar contra el sillón, quedando acostado con Tom encima de el. Sus bocas negándose a encontrar, aunque muriéndose de ganas por hacerlo.
Tom se encargo de subir esa molesta camisa, encargándose de dar besos en abdomen del menor, quien comenzó a dar ligeros suspiros que poco a poco se fueron transformándose en gemidos. Su lengua tortuosa se encargaba de delinear cada musculo de su gemelo, subiendo un poco a su pecho y dejando pequeñas marcas rojas, marcas que simbolizaban esto es mío.
—Tom….ah….— Gimió.
Bill no sabía que había ocurrido, noches atrás negando ese amor contra el espejo y hoy, dejándose llevar por placeres prohibidos.
Tom por fin se deshizo de la camisa del pelinegro, queriendo levantar su rostro para ver el de su menor, pero en cierto modo sentía miedo, de que quizás, si el chico le viese, se arrepintiese y lo dejase calentado para nada.
Porque era cierto, Bill le calentaba como ninguna persona, quizás porque era prohibido, quizás porque alguien podía llegar a la casa y verlos en esa situación. Ahí, uno medio desnudo, el otro todo desabrochado y excitado.
—Bi..ll….— susurro Tom y se separo un poco, pasando sus manos por las piernas de su gemelo, dispuesto a bajar por fin ese molesto cierre. Su respiración agitada y sus manos temblorosas.
—No…. Deberi….a….— hablo Bill, se sentía de repente mareado, quizás por la excitación, quizás porque no había comido nada en todo el día y la noche anterior. Pero sentía que todo daba vueltas, sentía su cuerpo caliente y que sabía no era producto de ninguna fiebre.
—to…my— Bill se sentía mareado y comenzó a maldecir eso, no quería que esa situación parase. Pero las fuerzas lo abandonaban, su cuerpo no asimilaba la impresión de lo que estaba por ocurrir.
Tom le estaba correspondiendo, como si de verdad todo aquello fuese cierto. Que Tom estaba encima de él y que su mano se deslizaba por sus pantalones, acariciándole de la manera mas tortuosa que en su corta vida había sentido.
Bill gemía y Tom se encargaba de no detener sus movimientos, haciéndolos cada vez más rápidos, otorgándole el placer que sabia que su gemelo se merecía.
Fue en ese instante, cuando Bill estaba a punto de llegar al máximo placer, que Tom levanto su mirada encontrándose con la de el. Ambos contuvieron el aliento y fue en esa ultima estocada, cuando Bill ahogo un gemido en los labios de su gemelo.
Bill se seria completado, feliz de que aquello hubiese pasado, aunque sabia que no era correcto, que quizás todo aquello terminara para mal, porque nada en el mundo podía ser perfecto.
El menor cerró sus ojos exhausto y sin energía, entregándose abandonado en los brazos de Morfeo, sintiendo la caricia de un último beso en su mejilla.
Bill no supo más. Además que nada le importaba. Era feliz y eso bastaba para tener que vivir una vida en soledad. Tom estaba a su lado aunque no le hubiese dicho: te amo.
Horas después.
—¿Bill? Abre…. Abre la puerta— Simone llevaba como media hora tocando.
—mmm…..— el chico abrió sus ojos. Y miro a su alrededor, estaba en su habitación.
—Bill— exclamo su madre, molesta por la espera —¿estas ahí?—
—a lo mejor salió a la fiesta con Tom— esa era la voz de Gordón.
—mmm… la de Andreas…— recordó Simone. Cuando llego su hijo mayor iba saliendo a una fiesta, pero no había visto al menor irse con el, después de todo estaban peleados.
—¿Tom en una fiesta??— Hablo Bill casi en un grito y corrió a abrir la puerta —¿tom esta en una fiesta??— repitió.
—Bill… hasta que abres… me tenías preocupada….— suspiro Simone.
—Si, Tom salió— respondió Gordón la pregunta, y al pelinegro se le cayó la quijada de la impresión.
Tom se había acostado con el. Y ahora se iba a una fiesta??
—Espera… es imposible… están mintiendo— Gordón y Simone levantaron una ceja ¿Por qué habrían de mentir?—Entonces….— Bill retrocedió y sin esperar respuesta les cerro la puerta en la cara.
—Todo… todo fue un sueño….— pronuncio sin poder creer —To…Tomy— le menciono y sintió las lagrimas llenar sus ojos.
Pero lo que no sabía era que no había sido un sueño y que Tom tenía sus razones para salir a aquella fiesta. Sin embargo, Bill las ignoraba y solo podía sentirse desdichado, por gemir ante caricias imaginarias.
Tom no era suyo, nunca lo fue.
Continúa…
Oh no