
Fic TOLL de lyra
Capitulo 11
Alzó la espada y echó a correr contra el ejército gritando desesperado, pero una voz le detuvo a su espalda.
—¡Que nadie le toque!—ordenó David.
Se dio la vuelta extrañado, ¿qué maldad nueva se le habría ocurrido?
—¿Vas a enfrentarte a mí?—preguntó Tom alzando una ceja—Sabes que no estás en condiciones, acabaré contigo antes de que puedas empuñar una espada.
—Mátame y condenarás a Bill—siseó David sonriendo.
—Bill está muerto—susurró Tom con dolor, para asombro de David—No tengo nada que me retenga en este mundo, y no me da miedo morir.
—Comprobémoslo—murmuró David desenvainando su espada.
Dio dos pasos y se puso en guardia, con el cuerpo tenso para interceptar el ataque de Tom, que se había preparado para atacar cuando otra voz le detuvo…
—Tom, ¡no!
Se volvió con rapidez, no se podía creer lo que estaba viendo. Parado en la puerta estaba su amado Bill en su forma humana. Tenía la respiración agitada y nada más verle una sonrisa iluminó su cara.
—Bill—susurró Tom bajando la guardia.
Le vio echar a andar al mismo tiempo que el ejército se retiraba y salía de la estancia, muchos soldados le eran fieles a Tom y esperaban que llegara el momento en que David pagara por sus fechorías. Dejarían que arreglaran cuentas entre ellos, sabiendo con certeza quien de los dos iba a morir en un vano intento por salvar su cobarde vida.
Georg vio pasar a Bill por su lado y también se retiró, consciente de que lo que iba a pasar a continuación requería cierta intimidad. Salió y cerró la puerta tras él, encontrándose con un emocionado Gustav.
—No pude matarlo—sollozó Gustav—Estuve a punto, pero entonces se ocultó el sol y Bill se transformó ante mis ojos.
—Se ha roto la maldición—dijo Georg cogiéndole del brazo—Tal y como tú dijiste.
—Aún queda…cierta parte—murmuró Gustav carraspeando.
—Si, y necesitarán intimidad—asintió Georg.
Se alejaron lo suficiente para no ser testigos si se dejaba oír algún grito o gemido…
—Bill…—susurró David dejando caer la espada.
Ahí estaba el chico que le había robado el aliento la primera vez que le vio, avanzando lentamente con una amplia sonrisa en sus dulces labios. Hacía tiempo que no le veía en su forma humana, pero no había perdido esa belleza suya que irradiaba.
Su pelo lucía suave y sedoso, tan negro en contraste con la palidez de su rostro. Vestía una túnica gris hasta sus descalzos pies que se arremolinaba en torno a ellos a cada paso que daba. Llevaba una mano apretada contra el pecho, cogiendo con fuerza la capucha de cuero con la que Tom le había cubierto siendo halcón, que dejó caer a los pies de David cuando llegó a su altura.
Tom lo observaba todo a su espalda, viéndole extender una mano y dejar caer su mordaza. Luego le vio retroceder dos pasos y dar media vuelta, yendo a su encuentro.
—Si yo no te tengo…nadie te tendrá—murmuró David sacando un pequeño puñal.
Pero no tuvo tiempo de pensar en más, Tom lanzó su espada contra él, pasando peligrosamente al lado de Bill pero sin tocarlo, clavándose en el pecho de David con un tiro certero. Le vieron caer hacia atrás soltando el puñal que apenas había podido empuñar.
Bill le vio caer medio muerto, respirando con esfuerzo sin quitarle los ojos de encima. Se llevó una mano al pecho, respirando agitadamente. David iba derecho a matarle y Tom no se lo pensó dos veces al lanzar la espada para salvarle la vida. Tragó con esfuerzo, sabía de la buena puntería de Tom y aunque la espada había estado a punto de rozarle, Tom apuntaba al corazón de David y acertó de lleno.
Dio media vuelta, viendo como Tom le miraba también con la respiración agitada. Sus ojos se buscaron y aunque aún temblaban por lo que había pasado, echaron a correr hacia el otro y un minuto después Tom le estrechaba entre sus brazos, buscando sus labios desesperado.
—Mi amor…—susurró contra ellos sin dejar de besarlo.
Sentía como sollozaba contra sus labios, incapaz de articular palabra, solo dejándose besar… Le abrazó con fuerza y sin inmutarse porque David estaba agonizando en el suelo, cogió la túnica que llevaba y tiró de ella hacia arriba. Sus labios solo se separaron para que pudiera quitársela del todo, exponiendo al fin su desnudo cuerpo ante sus ojos.
Se movió con rapidez y un minuto después estaba desnudo delante de un nervioso Bill. Iban a hacer el amor por primera vez, habían hablado del tema cuando comenzaron su noviazgo. Querían que fuera un momento especial, pero tras tantos meses «separados», no iban a esperar más.
Y ese día ya era especial de por si…
Tom miró a Bill alzando una ceja, al tiempo que extendía una temblorosa mano. Le daba miedo que fuera a tocarlo y Bill se transformara en halcón y saliera volando. Pero ese día era algo raro, el sol se había ocultado tras la luna y ellos dos eran humanos al mismo tiempo. Tenían que aprovechar esa oportunidad que les habían dado, amarse antes de fueran de nuevo separados…
Cogió la mano que Tom le tendía y al segundo se vio de nuevo entre sus brazos, con sus desnudos cuerpos frotándose desesperados. Se fundieron en un profundo beso al tiempo que caminaban por la habitación sin rumbo fijo. Cayeron al suelo con suavidad, cerca de David sin que se dieran cuenta. No existía el resto del mundo para ellos, solo contaba ese preciado momento.
Acomodándose sobre Bill, Tom bajó las manos y las llevó a sus caderas, que se alzaron como respuesta a su contacto. Le sintió gemir contra sus labios desesperado al sentir sus dedos acariciarle los costados, se sentía listo y a punto de explotar. Sentía las piernas de Bill alzadas a ambos lados de su cuerpo, como elevaba las caderas sin dejar de frotarse contra su cuerpo.
No se lo pensó más y colocándose mejor entre sus piernas, bajó hasta su entrada y le embistió con suavidad. Entró en su cuerpo conteniendo el aliento. No quería hacerle daño alguno, pero era como si Bill llevara meses esperándolo, y se abrió a él como una flor en verano…
—Oh…Tom…—susurró Bill con los ojos cerrados.
Sus labios se habían separados, necesitaban coger el aire que el beso les había robado…
Sin dejar de moverse, Tom enterró la cara en el cuello de Bill y empezó a lamérselo y besárselo al ritmo de sus embestidas, susurrando su nombre por lo bajo cada vez que salía de su cuerpo y entraba en el de nuevo, hasta que llegó al éxtasis y se derramó dentro de Bill al tiempo que él lo hacía contra su agitado estómago.
Sus labios se separaron a la vez, gimieron y suspirando al tiempo que David separaba los suyos y dejaba escapar su último aliento…ver ante sus ojos como se rompía la maldición de esa «cruel» manera, fue la gota que colmó el vaso. Murió con los ojos fijos en los enamorados, que se fundieron en un profundo beso ajeno a su dolor…su corazón se paró porque en el no había ni rastro de amor, no como en los corazones de Bill y Tom, que latían con fuerza al unísono mientras que en el cielo la luna se retiraba y el sol volvía a brillar con fuerza, calentando esos dos cuerpo que empezaban una nueva vida sin ningún impedimento alguno…
EPILOGO
Nadie lamentó la muerte de David Jost. Fue enterrado en el bosque, bien lejos de esa ciudad que tanto había hecho sufrir.
Tom ocupó de nuevo su puesto como capitán de la guardia y se encargaría de velar por la seguridad de la ciudad, que sin David como «líder» se dejaba aconsejar y guiar por Tom.
Georg se quedó unos días con ellos, pero nunca permanecía más de una semana en el mismo lugar y ese día se despidió de ellos con pesar. Se había visto muy involucrado en sus vidas, pero prometió volver a hacerles una visita.
—Siempre será bien recibido—dijo Tom con firmeza estrechando su mano.
—El mejor amigo que jamás podamos tener—intervino Bill, dándole un fuerte abrazo.
Georg le respondió algo incómodo, pero cuando se separaron se le quedó mirando y siguiendo un impulso Bill le besó en los labios. Se separó con torpeza, carraspeando al ver la expresión que lucía Tom en la cara. Les dijo adiós con la mano y echándose al hombro su pequeña bolsa salió de la ciudad silbando. Pensó en ir a hacerle una visita a Gustav, había regresado a su fortaleza en ruina a pesar de que Bill y Tom le habían perdonado. Pero él mismo no se perdonaba lo que había hecho y había decidido llevar una vida en soledad como penitencia por sus pecados.
—¿A qué ha venido eso?—preguntó Tom una vez a solas.
—La primera vez que vi a Georg, me dio la impresión que se fijaba en mis labios…y tras lo mucho que nos ha ayudado sin pedir nada a cambio, quise recompensarlo—se explicó Bill.
—No vuelvas a hacerlo…guarda para mí todos tus besos—susurró Tom apoderándose de sus labios.
Bill rió contra los suyos y se dejó besar suspirando. Le gustaba esa nueva vida que llevaban. Tom se levantaba al alba y le despertaba con sus dulces besos para hacer el amor suavemente. Luego le dejaba dormido de nuevo y se iba a entrenar con su ejército. Había días que comía con sus hombres, otros Bill le iba a buscar con una pequeña cesta y se perdían por el bosque.
Lo mejor venía al anochecer, cuando Tom regresaba a casa y cenaban entre risas como en los viejos tiempos. Luego compartían la cama y hacían el amor bajo las sábanas, gimiendo y suspirando en voz alta sin perder jamás la sonrisa de sus dulces labios.
—¿Te he dicho alguna vez cuanto te amo?—preguntaba Tom cada noche entre jadeos.
—Me lo demuestras cada vez que me coges en tus brazos—susurraba Bill con los ojos cerrados.
Entonces Tom le abrazaba con fuerza, besando su pelo antes de caer en un profundo sueño donde corría libre por el bosque siguiendo un bello halcón que había alzado el vuelo…
F I N
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