
Fic TOLL de lyra
Capitulo 3
Pasó la noche sin poder pegar ojo, con la sensación de que debería haber ido tras Bill y no dejarlo solo, más en su estado. Estaba llorando, como si le hubiera pasado algo muy grave y a él se le daba muy bien escuchar a la gente.
Se levantó con esa idea en mente, seguiría las huellas dejada por Goliat con la esperanza de que no estuviera muy lejos y hubiera parado a pasar la noche. Le encontraría y hablaría con él, no pararía hasta dar con la raíz de su problema y entre los dos hallarían la mejor solución.
Se puso en camino tras recoger sus escasas pertenencias. Echaba de menos viajar a caballo, pero no le quedó más remedio que malvenderlo para llevarse algo al estómago. Se le daba muy bien seguir rastros y enseguida dio con el de Bill y se puso en su búsqueda. Por el camino dio con otra zarzamora y recogió una buena cantidad que se fue comiendo por el camino a modo de improvisado desayuno.
Llevaría dos horas andando cuando al fin vislumbró un caballo a lo lejos. No sabía si era Bill, pero echó a correr antes de que caballo y jinete se fueran más lejos. Casi gritó de alegría al reconocer el abrigo largo y oscuro de Bill y le llamó en voz alta.
—¡Bill!
Se quedó helado cuando el jinete se volvió, mirándole con una sonrisa en los labios.
—¿Tom?—preguntó extrañado.
—Vaya, pensé que te habías quedado dormido—dijo Tom entre risas—¿Tienes hambre? Cacé dos conejos esta mañana temprano.
Asintió en silencio al tiempo que Tom metía mano en su bolsa y le pasaba un conejo entero ya cocinado. Lo cogió y se puso a comerlo andando al paso de Goliat, que al igual que su amo no apartaba la vista del camino.
Escuchó un grito en el cielo y alzó la mirada. Ahí estaba el halcón de nuevo, y entonces se acordó de Bill.
—Ayer hablé con Bill—dijo como si nada.
Vio como Tom apartaba la mirada del camino y le miraba fijamente, esperando a que continuara.
—No me dijiste que era tan guapo—se le escapó a Georg sin querer.
—Ya te lo dije, es único—murmuró Tom arrugando la frente.
Vio el dolor aparecer en sus ojos, y recordó haberlo visto también en los ojos de Bill la noche anterior, y se preguntó si Tom sabría algo del origen de su problema.
—Se puso muy triste al hablar de un tal David—empezó a decir Georg.
—Bill le tenía mucho miedo—dijo Tom con tono triste—Me lo dijo en más de una ocasión y yo nunca le creí hasta que fue demasiado tarde.
—También me dijo que era muy afortunado, por haberte visto y hablado—siguió diciendo Georg.
Tom asintió suspirando, daba gracias al cielo por haber encontrado ese compañero de viaje. Gracias a él, Bill y él podrían intercambiarse algún que otro mensaje.
—Cuando vuelvas a ver a Bill, dile…que le extraño—susurró Tom.
Georg asintió sin entender. ¿De verdad le iba a volver a ver? Si había salido en su búsqueda y solo había hallado a Tom…
—Quiso irse a pesar de que el dije que era peligroso adentrarse en el bosque de noche y solo—explicó Georg—Más habiendo lobos…
—Bill es muy cabezota cuando quiere—dijo Tom resoplando—Pero no te preocupes por él, nunca le haría daño.
Estaba a punto de preguntar a que se refería, cuando de repente el halcón descendió y se posó en el hombro de Tom, que llevó una mano y acarició suspirando.
—¿Hacia donde vamos?—preguntó de repente.
—A Aquila—contestó Tom con dureza—Regresamos a casa.
Georg asintió sin decir nada más. Continuaron el camino en silencio, parando de vez en cuando para descansar y que Goliat bebiera algo de agua en un arroyo cercano que encontraron. Tom le permitió montarlo, le notaba cansado y sentía como si le estuviera obligando a seguirle, no le había preguntado donde se dirigía o si quería acompañarlo, aunque algo le decía que le seguiría con los ojos cerrados.
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Se estaba haciendo de noche y decidieron parar a descansar. Vieron una cabaña a lo lejos y al lado un pajar. Georg se adelantó y tras hablar con sus dueños obtuvo permiso para pasar la noche en el pajar, con la promesa de irse al día siguiente en cuanto amaneciera.
—Que hospitalarios—comentó Georg volviendo al lado de Tom.
Entraron en el pajar y Tom se ocupó de Goliat. Le quitó la silla y cogiendo un cepillo le empezó a cepillar susurrándole al oído que esa noche se portara bien. Le dejó atado a un poste y se reunió con Georg, sacando de la bolsa 3 conejos más que cazaron esa misma tarde antes de hallar la cabaña.
—Parece que solo hay conejos por esta zona—comentó Georg riendo.
Ya lo habían cocinado y se sentaron en el suelo a comerlo. No se le pasó por alto que Tom guardó un conejo en la bolsa de nuevo, preguntándose porque lo hacía hasta que Tom le dio la respuesta.
—Tengo que salir, si ves a Bill dale el conejo y dile…
—Que le echas mucho de menos, si—terminó Georg la frase por él.
Tom asintió y se despojó del abrigo, dejándolo colgado al lado del poste donde estaba Goliat atado. Pasó la mano por su lomo y salió del pajar con paso firme, dejando a Georg solo.
Aunque no lo estuvo por mucho tiempo. Bill se presentó como si supiera que estaba allí esperándolo, recogió el abrigo que Tom había dejado colgado y se sentó a su lado.
—¿Estás bien?—preguntó Georg sin poderse contener.
—Tengo hambre—contestó Bill sonriéndole.
Le pasó la bolsa de Tom al momento y Bill sacó el conejo y empezó a comerlo.
—Me refería que si…ayer te escuché llorar y me preguntaba si hay algo que pueda hacer para ayudar—dijo Georg sin aliento.
Le vio negar con la cabeza al tiempo que suspiraba. De nuevo, tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Vamos, me lo puedes contar—dijo Georg animándole a hablar—Entre los dos podremos dar con la solución adecuada.
—Es muy largo de explicar y créeme, no hay nada que hacer—murmuró Bill—Lo hemos intentado y solo nos queda…resignarnos.
—¿Resignaros? ¿A qué?—preguntó Georg con mucho interés.
—A vivir separados—contestó Bill mirándolo fijamente—Si se puede llamar a esto vivir.
De nuevo se quedó sin poder saber de que estaba hablando, un aullido le hizo ponerse de pie de un salto.
—No te muevas de aquí—dijo Georg caminando hacia la puerta del pajar.
Pero recordando lo que le dijera Tom, Bill no le obedeció y ya andaba tras él tratando de adelantarle.
—Quédate aquí—insistió Georg impidiéndole pasar—Si te pasa algo, Tom no me lo perdonaría.
—¿Hablaste otra vez con él?—preguntó Bill frenando su huída.
—Si, me dijo que te dijera que te extraña mucho—susurró Georg.
Se sentía muy extraño dando mensajes a dos personas que acababa de conocer y que les parecía de lo más raro…
—Y yo a él—susurró Bill a su vez.
Salió del pajar antes de que Georg se lo pudiera impedir, que se quedó solo observando algo que le dejó con la boca abierta. Vio como Bill se acercaba a un lobo negro que había aparecido de la nada, le ponía una mano en la cabeza acariciándolo y entraba con él en el bosque.
Continuará…