
Fic TOLL de lyra
Capitulo 4
Esa noche tampoco pudo dormir nada, pensando en lo cobarde que era. Había dejado a Bill solo con un lobo, por muy amigables que los hubiera visto. ¿Y si le pasaba algo? Tom jamás se lo perdonaría, eso si le volvía a ver aunque en el fondo sabía que cuando se hiciera de día Tom aparecería de la nada y sin explicación alguna.
Y así fue, despertó tras unas horas de intranquilo sueño y Tom ya estaba ensillando a Goliat como si nada.
—Buenos días—saludó al ver que se movía.
Gruñó como respuesta. Le dolía todo el cuerpo por haber dormido en el suelo a pesar de la paja. Se levantó y recogió sus cosas con prisas al ver que Tom ya salía del pajar sin esperarle. Emprendieron el camino de nuevo hacia Aquila.
Conocía algo de esa ciudad a la que se dirigían. Estaba gobernada por una familia rica que tenía atemorizados a los campesinos que trabajaban sus tierras a cambio de casi nada. No sabía que se le había perdido allí a Tom.
—¿Por qué vamos a Aquila?—preguntó tratando de llevar el paso de Goliat.
—Tengo un asunto pendiente—contestó Tom con tono duro.
—¿Con quién?—insistió Georg.
—Con David—murmuró Tom.
Con eso lo decía todo y Georg cesó su interrogatorio, pero al parecer había desatado la lengua de Tom.
—Pertenece a la familia de los Jost, ¿la conoces?—preguntó Tom, al verle asentir resoplando—Si, su familia lleva años explotando la ciudad como si fuera suya.
—¿Qué te ha hecho David?—preguntó Georg, con miedo de su respuesta.
—Quitarme a Bill—contestó suspirando Tom.
Como si le hubieran llamado, el halcón se posó sobre el hombro de Tom. Georg los observó con al frente arrugada, pensando si había entre ellos una extraña conexión, pues el halcón siempre bajaba cuando Tom se sentía triste mientras hablaba.
—Ayer Bill se fue con un lobo negro y no me dejó ningún mensaje para ti—dijo Georg acordándose de repente—Se lo quise impedir pero era como si hablara con una pared.
Vio que sus palabras hicieron sonreír a Tom, que miró al halcón y levantando una mano le acarició con suavidad.
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Siguieron caminando, parando solo para comer y descansar un poco. Ya era de tarde cuando el halcón bajó de nuevo y se posó sobre Tom, que lo miró con la frente arrugada. Georg vio su gesto e iba a preguntar que pasaba cuando el halcón emitió un chillido que hizo que se le pusieran los pelos de punta.
—Nos siguen—dijo Tom poniéndose en alerta.
Sacudió el hombro e hizo que el halcón prendiera el vuelo al tiempo que cogía la espada que llevaba. Georg miró a su alrededor tratando de ver algo, pero ante sus ojos solo se extendía un prado verde y un bosque a lo lejos.
—Busca refugio—ordenó Tom espoleando a Goliat.
Antes de que pudiera replicarle, Georg le vio desaparecer de su vista. Pensó que lo mejor era hacer lo que Tom le había dicho y echó a correr hacia el bosque temiendo por su vida. Pero no llegó a alcanzarlo, de repente surgieron de la nada un grupo de jinetes que le acorralaron.
—No te muevas—siseó uno de ellos apuntándole con su espada—¿Dónde está Kaulitz?
Negó con la cabeza, sentía la garganta reseca y no podía ni tragar saliva del miedo que sentía.
—¡Habla!—le gritaron.
—No…No conozco a ningún Kaulitz—susurró Georg.
—Mientes, te han visto cabalgando con él.
«¿Tom?»—pensó arrugando la frente.
—Veo que ya caes en la cuenta—rió el jinete—No debe andar lejos, ya sabrá que le venimos siguiendo y habrá ido a tendernos una emboscada, pero somos 10 contra uno. No tiene salida.
Le hizo una señal con la cabeza a otro de los jinetes y este descabalgó y se ocupó de Georg mientras que los demás azuzaban a sus caballos y partieron veloces. Georg de quedó sin moverse donde estaba, atento a cada sonido que le llegaba. De repente había estallado una batalla, escuchaba gritos a su alrededor pero desde donde estaba no lograba ver nada.
—No te muevas de donde estás—dijo el jinete que le vigilaba.
Georg asintió y le vio darle la espalda al tiempo que cogía de su cintura una ballesta y armaba. Se quedó con ella en alto, preparado para dispararla si la ocasión lo requería.
Un chillido agudo los hizo encogerse en su sitió. Georg alzó la mirada al cielo y vio al halcón ir en picado hacia ellos. El jinete también los vio y levantó la ballesta apuntando en su dirección. Se movió con rapidez y le dio un ligero empujón justo cuando vio que estaba a punto de disparar, lo que hizo que errara el tiro, o casi…
Otro chillido hizo que Georg chillara también al ver como el halcón caía herido a tierra, con una flecha clavada casi en su corazón. Y no fue el único que le vio, Tom se les acercaba galopando sobre Goliat, gritando al ver a su dulce halcón herido sobre el prado.
El jinete al que Georg golpeó se repuso y cargando la ballesta de nuevo la apuntó hacia Tom y disparó, acertando casi en su corazón como al halcón.
El grito que dio Tom hizo que Georg se moviera y cogiendo una piedra dejó inconsciente al jinete. Luego echó a correr hacia donde estaba Tom, que había descabalgado con cuidado ignorando la sangre que manaba de la herida tras haberse quitado él mismo la flecha con rabia.
—Bill…—susurró arrodillándose junto al halcón.
Georg no se atrevía a decir nada. Había intentado impedir que disparara y por su culpa casi le había matado.
—Abre mi bolsa, verás una tela de seda blanca—pidió Tom sin mirarle.
Se apresuró a obedecerle y le entregó la tela, viéndole como envolvía al halcón en ella y cogía con suavidad.
—Cógelo—le pidió con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Qué?—preguntó Georg sin entender—Está medio muerto y…
—¡No lo está!—gritó Tom—Cógelo y…llévaselo a Gustav.
—¿Gustav?—repitió Georg sin entender.
—Es un…amigo mío, él sabrá como curarle—dijo Tom entre jadeos—Llévaselo antes de que sea tarde.
No esperó una respuesta por su parte, le puso el halcón entre sus brazos y le ayudó a montar a Goliat.
—¿Y qué pasa contigo?—preguntó Georg acomodando contra su pecho al herido halcón.
—No te preocupes por mí, salva a Bill—murmuró Tom dando un azote a Goliat.
El caballo echó a correr como si supiera donde tenía que ir, dejando a un angustioso Tom de rodillas en el suelo, rezando para que su Bill no muriera sin saber lo mucho que le amaba y echaba de menos.
Continuará…