Love must go on 10

Love must go on 10

Fic TOLL de lyra

Capítulo 10. Todo terminó

Se quedó abrazándole hasta que sintió que se había quedado dormido profundamente, solo entonces le soltó con cuidado para no despertarle y le giró de costado para salir de la cama en la que descansaba su amigo tras volver de haber sido violado.

Se levantó y tras arroparle mejor comenzó a pasear nervioso por la habitación, recogiendo las toallas usadas para meterlas en la lavadora. Su mente trabajaba con rapidez tratando de hallar una solución a ese gran problema que se le había presentado.

No podía quedarse de brazos cruzados viendo como su amigo sufría en silencio, como era violado una y otra vez sin hacer nada por sí mismo para remediarlo. Viendo como cada vez iba cayendo más y más bajo, temiendo que llegara un momento en el que no lo soportara más e hiciera una locura.

Suspiró pensando que eso era imposible. Siempre pensó que era muy débil, pero le estaba demostrando que era más fuerte que Tom, incluso que él mismo. Si a él le llegara a pasar lo mismo, no sabía cómo iba a reaccionar. La clave estaba en ese secreto que tan celosamente guardaba y que tanto miedo le daba que saliera a la luz.

Pensó que para poder ayudarle mejor, lo primero que tendría que hacer era averiguar ese secreto. Tal vez hablando con Tom lograra averiguar algo.

Salió del dormitorio y entró en el baño, recogiendo las ropas que su amigo dejó tiradas en el suelo. Las dejó bien dobladas en el respaldo del sofá, y se recostó en el, velando por la puerta abierta de su habitación el pacífico sueño de su amigo.

Por lo menos no tenía pesadillas…

.

Amaneció un nuevo día y continuaba en el mismo sitio. No había podido pegar ojo en toda la noche, por miedo a que se despertara y se asustara al encontrarse solo en la cama. Miró a su derecha, gruñendo al ver en el reloj que descansa sobre la mesa que solo son las 7 de la mañana.

Muy pronto para levantarse…muy tarde para tratar de dormir…

Escuchó un gemido que salió del dormitorio y se levantó corriendo, quería estar a su lado cuando abriera los ojos. Le vio revolverse en sueños, arrugar la frente y soltar un pequeño sollozo.

—Tom…—llamó a su hermano en sueños.

Se sentó en la cama y le tocó el hombro suavemente.

—Bill, estás soñando—trató de despertarle.

Le soltó y esperó, viendo como abría los ojos y pestañeaba, tratando de enfocar la borrosa vista en una cara conocida. Cuando consiguió verle con claridad logró esbozar una sonrisa a pesar del dolor que reflejaban sus ojos.

Le ayudó a incorporarse y a recostarse en las almohadas, viendo cómo se llevaba las manos a la frente y se la masajeaba.

— ¿Dolor de cabeza?—preguntó Andreas preocupado.

—Sí, no sé qué me dio para dejarme en este estado—se le escapó a Bill.

Se mordió los labios al darse cuenta de su error, apartando la mirada al sentir los ojos de su amigo clavados en él con dureza. Se puso tenso cuando le cogió por los hombros con fuerza y hasta le clavó los dedos cuando trató de huir de él.

—Bill, mírame y cuéntame que pasó ayer—exigió Andreas furioso.

Las cosas iban de mal en peor, y su enfado crecía por momentos. En ese instante estaba muy furioso con su amigo, por permitirlo y no hacer nada por impedirlo.

—Por favor…me haces daño—sollozó Bill en voz bajó.

Andreas cogió aire y tras tranquilizarse le soltó, pero sin dejar de mirarle, esperando su respuesta.

— ¿Bill?—le llamó impaciente.

—Es que no lo sé—sollozó Bill tapándose la cara con las manos—Tras…violarme, quería que me quedara a dormir con él, y como sabía que me iba a negar me drogó el agua que me ofreció. No sé qué hizo luego…dormir solo conmigo…hacerlo de nuevo…

—Bill, ese tío se ha pasado—estalló Andreas con rabia—Tienes que dejar de verle, no le vuelvas a coger el móvil, se cansará y se dará por vencido.

—Si lo hago el que saldrá perdiendo seré yo, revelará mi secreto, destruirá nuestras vidas…—sollozó Bill de nuevo.

— ¿Qué es lo que tanto miedo te da? Te puedo ayudar si me lo cuentas…por favor—suplicó Andreas desesperado.

Se le quedó mirando con los labios separados, a punto de contarle todo, pero en el fondo sabía que no entendería. Ni nadie en su sano juicio lo haría. ¡Enamorado de su propio hermano! ¿En qué estaba pensando?

Negó con la cabeza y rodando sobre el colchón se levantó por el otro lado de la cama, echando a andar en dirección al baño.

—Es mejor que no te metas, no quiero que sufras por mi culpa—susurró Bill sin volverse—Hago daño a todos los que me rodean, ¿por qué iba a ser distinto contigo?

Andreas le vio salir cabizbajo de la habitación. Sabía que había estado a punto de contárselo, vio cómo sus labios se movían, pero ninguna palabra salió de ellos. Vio en sus ojos el miedo y eso fue lo que le impidió hablar.

¿Qué era lo que hacía que su amigo viviera aterrado?

Se levantó de la cama y se dirigió a la cocina a preparar el desayuno. A los pocos minutos se le unió su amigo, quien se sentó en una silla recostando la cabeza sobre la mesa. Se dio la vuelta y puso ante él una taza de café con un analgésico. Se sentó a su lado y le pasó la mano por la espalda, tratando de darle otra vez consuelo.

—No sé qué haría sin ti—susurró Bill suspirando.

—Tómate el desayuno, te llevaré al apartamento antes de que Tom se presente enfadado—dijo Andreas con firmeza.

Levantó la cabeza y cogiendo el analgésico se lo tomó con el café, arrugando la frente por lo fuerte que era.

—Así te despejarás antes—comentó Andreas levantándose.

Le dejó desayunar a solas mientras hacía la cama en la que había dormido su amigo, oyéndole dejar la taza en la pila cuando acabó y entrar de nuevo en el dormitorio con su ropa de la mano.

— ¿Estás enfadado conmigo?—preguntó Bill preocupado.

—Estoy enfadado con la situación—aclaró Andreas con rabia—Quiero ayudarte pero no puedo hacer nada, solo estar aquí para consolarte.

—Me siento muy solo…—suspiró Bill en voz baja.

—Sabes que puedes contar conmigo, nunca te abandonaré—dijo Andreas corriendo a su lado.

Le dio un fuerte abrazo, que fue interrumpido cuando sonó el timbre de la puerta. Se separaron al instante y se quedaron mirando en silencio. Solo había una persona capaz de llamar a esas horas.

—Tom…—susurró Bill asustado.

—Vístete mientras le entretengo—dijo Andreas saliendo de la habitación y cerrando la puerta.

Caminó con paso lento y cogiendo aire abrió la puerta de la calle, sorprendiéndose al ver a su amigo en tal estado.

—Tom, pasa—dijo Andreas tragando con esfuerzo.

Tom así lo hizo, tratando de calmarse para no ponerse a gritar nada más ver a Bill con sus propios ojos.

— ¿Dónde está?—preguntó enfadado.

—Terminando de vestirse, ahora sale—contestó Andreas sin moverse del sitio.

Como si lo hubiera oído, la puerta del dormitorio se abrió y Bill salió para enfrentarse a su malhumorado hermano.

—Buenos días—saludó Tom con ironía.

Se le quedó mirando sin saber que decirle, consciente de su gran enfado.

—Tom, fue culpa mía—se adelantó a hablar Andreas—Me encontré con tu hermano, no se sentía bien y me lo llevé a tomar algo para ver si así lo animaba. No me di cuenta de que estábamos bebiendo mucho hasta que fue demasiado tarde…

Dejó de hablar cuando vio como Tom levantó una mano y le miraba con algo que jamás pensó que vería en sus ojos: odio.

—Sabías que le estaba buscando preocupado, le encuentras y en vez de llamarme te vas con él de fiesta—siseó Tom enfadándose más.

Andreas se mordió los labios, no había caído en ese detalle. Solo quería ayudar a su amigo y lo que había conseguido era echarle más problemas encima.

—No te enfades con él, la culpa es solo mía—consiguió decir Bill.

Sentía la boca seca y que la cabeza le iba a estallar de un momento a otro. No podía quedarse de brazos cruzados viendo como Tom se descargaba con la única persona que le estaba ayudando.

—Ya hablaremos en casa. Vámonos—dijo Tom sin mirarle.

Pasó al lado de su amigo y tampoco le dirigió la mirada. Bill le siguió mientras se ponía la cazadora por el camino, asintiendo en silencio cuando Andreas le hizo un gesto para que le llamara luego.

Entró en el coche de Tom y se puso el cinturón de seguridad, viendo como Tom hacía lo mismo sin dirigirle la mirada o hablarle. Se mordió los labios cuando se pusieron en marcha, pensando que lo estaba perdiendo. Al tratar de solucionar él solo el problema, estaba logrando lo que ese sádico pretendía. Que se alejara de su hermano, que no mantuviera ninguna clase de relación con él que la fraternal.

.

Llegaron al apartamento y tras aparcar entraron en el sin hablarse todavía. Suspiró y subió las escaleras, deseando entrar en su habitación para dar rienda soltó a las lágrimas que hacían que la garganta le escociera.

Llegó a la puerta y puso la mano en el manillar, girándolo y entrando en su refugio particular.

— ¿Esa cazadora es nueva?—escucha la voz de Tom.

Respirando hondo se dio la vuelta y se enfrentó a él, viendo como entraba y cerraba la puerta para no despertar a los demás.

—La tenía hizo mucho, me la he puesto poco—mintió Bill dando un paso atrás.

—Se nota muy nueva, y no la llevabas ayer—acusó Tom con un dedo.

Se mordió los labios sin dejar de caminar hacia atrás, gimiendo cuando su espalda dio contra la pared, sintiéndose atrapado sin hallar una salida.

—Te lo estás tirando, ¿verdad?—acusó Tom elevando el tono de voz.

— ¿Cómo?—preguntó Bill sin saber a qué se refería.

— ¡Andreas! Os lo estabais montando a mi espalda—le escupió Tom a la cara.

— ¿Cómo puedes pensar eso? Es de locos, Andreas es nuestro amigo, el mejor que podamos tener—le defendió Bill.

—Entonces dime para qué demonios has comprado esto—dijo Tom sacando una caja de preservativos de su sudadera.

Se la enseñó, viendo como sus ojos se abrieron con miedo y una lágrima se deslizaba por su mejilla.

— ¿Has rebuscado en mis cosas?—preguntó Bill casi sin voz.

—Me tenías muy preocupado—dijo Tom a modo de defensa— Actuabas de una manera muy extraña, ya no querías que te tocara y menos aún que te besara. Ayer mientras te esperaba abrí el primer cajón de tu mesilla y los vi. ¡Ni siquiera te molestaste en ocultarlos!

Se los tiró a los pies con rabia, con ganas de habérselo tirado a esa cara que con tanto miedo le miraba.

—Y no me digas que los compraste para esa noche que ya nunca compartiremos…conmigo no hacen falta, no me he acostado con nadie mientras que tú… ya no sé qué opinar de ti—continúo Tom con su enfado.

—Tom, por favor—suplicó Bill entre sollozos tendiendo una mano.

—No me toques, ni me hables. Lo nuestro ha acabado, si es que alguna vez llegó a empezar—siseó Tomo con mucho dolor.

Se dio la vuelta y salió de su habitación, dejándole llorar en soledad por lo que había perdido si poder evitarlo.

Cayó al suelo de rodillas y tapándose la cara con las manos rompió a llorar sin consuelo. Su hermano le había dejado. Las violaciones se habían terminado. Era libre…

…pero estaba muy solo…lo había perdido todo…

Continúa…

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por lyra

Escritora del Fandom

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