
Fic TOLL de lyra
Capítulo 2. De repente un extraño
De repente un extraño
No dejaban de observar al chico que tenían delante, quien no dejaba de sonreír y mirarlos fijamente. Más bien, no apartaba los ojos de Bill, quien trataba de mantenerse escondido tras Tom.
Tantas ganas de hablar y ver a su ídolo, y al fin lo había logrado. Porque después de haber descubierto su secreto, estaba claro que hablaría con él.
—Vaya, esto sí que no me lo esperaba—dijo soltando una carcajada.
Tom dio un paso al frente, pero Bill le cogió del brazo y le retuvo a su lado.
—No sé de qué hablas—dijo Tom en tono duro tratando de soltarse del agarre de Bill.
—Lo sabes muy bien. Si no, no habrías reaccionado así, ni tu hermano tendría los ojos llenos de miedo—dijo el chico más serio.
Tom consiguió calmarse un poco y dejó de forcejear. Lo mejor era saber cuáles eran sus intenciones, aunque sabían que tendrían que pagar un alto precio por su silencio.
— ¿Qué quieres?—preguntó en voz baja.
Sus ojos no dejaban de vigilar el autobús, por miedo a que salieran sus amigos y les vieran en esa terrible situación. No quería que hubiera más testigos de su ya no tan oculto secreto.
—Le quiero a él—contestó el chico levantando una mano y señalando a Bill con un dedo.
Tom apretó la temblorosa mano que le sujetaba del brazo. Por nada del mundo dejaría que alguien se apropiara de lo que le pertenecía. Negó con la cabeza, y solo consiguió que el chico riera más alto y asintiera con la suya.
— ¿Ocurre algo?—preguntó David tras los hermanos.
Había oído las risas y se había quedado de piedra al ver a ese muchacho que era idéntico a Bill, salvo por la ropa y sus modales.
—No, ya se iba—contestó Tom sin apartar la mirada.
—De aquí no me iré sin lo que he venido a buscar—dijo el chico tajantemente.
—Nada de problemas—advirtió David poniéndose entre ellos.
—Solo quiero un autógrafo, ¿qué hay de malo en ello?—preguntó el chico en tono más suave.
—Solo la manera de pedirlo—aclaró David sin bajar la guardia.
Lo último que faltaba era que algún fan loco se liara a puñetazos con los chicos por un mísero trozo de papel.
—Se lo daré, no pasa nada—intervino Bill saliendo de detrás de Tom.
Caminó hacia el chico conteniendo la respiración, quien metiendo la mano en su cazadora sacó un bolígrafo sonriendo satisfecho.
—No tengo papel, ¿pudo ser en la mano?—preguntó tendiéndosela.
Bill cogió el bolígrafo y miró esa mano que había ante él, tomándola con la suya, sintiendo repulsión al tocarle. Garabateó su nombre en ella con dedos temblorosos, sin poder evitar soltar un gemido cuando el chico le cogió por la muñeca con fuerza.
—Pon tu móvil también—le ordenó en un susurro—Y más te vale no engañarme. Sé bien con quien hablar para destrozar tu vida y la de tu hermano.
Bill le miró con miedo en los ojos, pero aun así le obedeció. Cuando terminó el chico le soltó la mano y miró la suya muy alegre.
—Quédate con el bolígrafo, para que me recuerdes—le dijo caminando hacia atrás—Estaremos en contacto.
Se dio la vuelta y salió corriendo gritando como un loco por el solitario parking.
En cuanto desapareció de su vista, Bill cogió el bolígrafo y lo tiró lo más lejos que pudo de él, se dio media vuelta y entró en el autobús corriendo sin esperar a Tom.
— ¿Va todo bien?—preguntó David a Tom.
Tom asintió sin decir nada y entró en el autobús también en busca de Bill. No le veía en el piso inferior, sabía que había subido a la zona del dormitorio, donde estaría tumbado en la cama llorando por el miedo.
Georg y Gustav se le quedaron mirando, parado en medio sin saber qué hacer. Entró David y eso hizo que se moviera a un lado para dejarle pasar.
David dio la señal al chófer y el autobús arrancó para llevarles a casa.
—Nos esperaban 4 horas de viaje, tratad de descansar—pidió David sentándose en su asiento de siempre.
Tom corrió escaleras arriba antes de que subieran los demás. Necesitaba unos minutos a solas con Bill, para disculparse, para buscar una solución entre los dos al problema que se les acababa de presentar.
Se dirigió a su cama y descorrió la cortina para ver con sus propios ojos lo que con sus oídos ya había descubierto.
—Bill—le llamó sentándose en la cama y tocándole el hombro.
Bill destapó su cara y le miró con los ojos llenos de lágrimas.
—Todo terminó—sollozó Bill.
—Solo ha sido un beso, dado por equivocación—aclaró Tom cogiendo su mano y llevándosela a los labios.
—No me refiero a eso, te perdono por ello. Sabe nuestro secreto—susurró Bill echándose a temblar de miedo.
—Solo sabe que le he besado, nada más—dijo Tom con firmeza— No te preocupes por eso.
—Lo hago, porque me da mucho miedo. Ya oíste sus palabras—le recordó Bill arrugando la frente.
Intentó cubrirse la cara de nuevo, pero Tom se lo impidió.
— ¿Qué te dijo cuándo le firmaste el autógrafo?—preguntó con firmeza.
Bill se mordió los labios antes de contestarle. Si le decía la verdad, Tom era capaz de ir tras él y causar más problemas. Era mejor que le mintiera, cargar él solo con las consecuencias.
—Nada, solo que me admiraba—contestó tras unos minutos de silencio.
Intentó retirar de nuevo su mano, pero Tom se lo volvió a impedir con más fuerza. Intentó decirle algo, pero en esos momentos subió Gustav y le liberó con rapidez.
— ¿Pasa algo?—pegunta Gustav al ver la manera en la que le miraban.
—Bill no se encuentra bien. Dejémosle descansar—contestó Tom levantándose.
Cogió el extremo de la cortina y la corrió lentamente sin dejar de mirar esos ojos en los que el amor brillaba hacía solo unos minutos y en los que en ese momento el miedo se había instalado.
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Llegaron a su destino al cabo de 4 largas horas. Todavía era de noche y en el parking de la discográfica había un coche listo para llevarles al apartamento. Recogieron sus cosas del autobús mientras que David ordenaba a varios ayudantes que se encargaran de su equipaje.
Tom miró a Bill, que se había levantado de la cama en la que había pasado todo el viaje. Tenía muchas ganas de estar a solas con él, de abrazarle y decirle que todo iba a salir bien. Pero hasta que no llegasen al apartamento no gozarían de esa deseada intimidad.
David les esperaba fuera del autobús y se despidió de ellos hasta el próximo concierto, cogiendo a Bill por el brazo y llevándole aparte.
—No has bajado a cenar, ¿te encuentras bien?— preguntó preocupado.
—Estoy un poco revuelto, por el viaje—contestó Bill sin levantar la mirada.
—Tienes mala cara, procura descansar estos días. El próximo concierto es dentro de unos días, pero si sigues mal lo cancelo—apuntó David.
Bill asintió con la cabeza y caminó hacia el coche en donde ya le esperaban los demás. Entró en el y se sentó detrás al lado de Tom pero sin hablar.
Tardaron casi una hora en llegar al apartamento. Todo el viaje se lo pasó con la cabeza girada mirando por la ventanilla, viendo las oscuras calles por las que pasaba el coche, tratando de ver más allá, si había alguien escondido que le miraba sin dejar de reír.
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Llegaron al apartamento a punto de desayunar y descansar del largo viaje. Georg y Gustav se acostaron nada más terminar de desayunar, dejando a los gemelos ese momento de intimidad que tanto deseaban.
En cuanto salieron de la cocina, se fundieron en un abrazo que culminó con un profundo beso, roto por los sollozos que de los labios de Bill escaparon. Intentó apartarse de Tom, pero fue envuelto en sus brazos y besado la frente para tratar de ser consolado.
—Estamos en casa…ya pasó…nadie nos hará daño…—consoló Tom con huecas palabras.
Bill se aferró más a él, necesitaba que le abrazase muy fuerte en esos momentos, porque sentía que era la última vez que lo iba a hacer, porque sabía que se acercaba algo muy grande que los iba a separar inevitablemente.
Continúa…
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