
Fic TOLL de lyra
Capítulo 3. Un extraño en mis brazos
No sabía cómo pudo dormir esa noche. Solo sabía que se acostó en la cama y cerró los ojos unos segundos, para volverlos a abrir al alba.
Se dio la vuelta viendo el sol entrar por la ventana, anunciando la llegada de un nuevo día en el que no sabía lo que el futuro le podría tener preparado. Se levantó y caminó hasta la ventana, viendo con sus propios ojos que lucía una buena mañana, motivo para una amplia sonrisa, pero sus labios se torcieron en una mueca de dolor.
¿Cuándo volverá a sonreír? Creía que jamás lo lograría, recuerda que la última vez que lo hizo Tom fue el motivo. Por un beso que le dio, por hacer latir con fuerza su corazón.
En esos momentos se sentía vacío por dentro, que no tenía corazón, que se lo arrancaron del pecho llevándose con él todo su amor.
.
Bajó a desayunar tras una larga ducha caliente que alivió su cuerpo pero no su mente. En la cocina se encontraba con Tom, viendo que él también había madrugado, o tal vez es que no se había acostado.
Tom le vio entrar con el miedo en su cara todavía. Pensaba que tras descansar una noche regresaría la felicidad a su cara, pero él tampoco era feliz, así que a él mucho menos se lo podía exigir.
— ¿Has dormido algo?—le preguntó corriendo a su lado.
Bill negó con la cabeza. Sus ojos se habrían cerrado, pero su cuerpo no había descansado.
—Tenemos que ser fuertes, hacerle ver que no tenía nada con lo que nos pudiera dañar—trató de consolarle Tom abrazándole.
—Lo va a hacer, lo presiento—susurró Bill suspirando— Nos va a separar…
—No se lo permitiremos—cortó Tom antes de dejarle seguir con la verdad—Lucharemos contra él, le haremos ver que estaba enfermo, que sus ojos vieron lo que no era.
Miró hacia la puerta y viendo que no bajaban sus amigos, le acercó a sus labios y rozó los suyos despacio, cerrando los ojos cuando le dejó entrar en su boca, cuando permitió que le diera un beso que quizás podría ser el último.
.
Dos días habían pasado y las cosas parecían que se habían calmado. Bill ya podía respirar aliviado, las primeras horas se las pasó con el móvil en la mano, esperando una llamada que confirmara que su amor por su propio hermano se había terminado.
Pero no fue así y en esos momentos volvía a sonreír. Porque descansa entre los brazos de la persona que más amaba, porque le estrechaban con fuerza y no le soltaban.
—Estaba pensando en una cosa—dijo Tom acariciándole el pelo.
— ¿Mmm?—preguntó Bill contra su pecho.
—Creo que ya llegó el momento—susurró Tom conteniendo el aliento.
Bill levantó la cabeza la escuchar sus palabras. Le miró con amor en los ojos, pero también con recelo y miedo.
— ¿Estabas seguro?—preguntó él también en un susurro.
—Lo que ha pasado me ha hecho ver lo cerca que he estado de perderte—dijo Tom con firmeza—Quiero hacer el amor contigo, y no me da miedo decirlo.
Bill sonrió y se abrazó a su cuello, pero en cuanto su cara se ocultó en él su sonrisa desapareció de inmediato. Él si sentía miedo. De hacerlo, de que algo pudiera separarles después…
O quizás antes. Vivía siempre con el miedo de que el móvil sonara anunciándole que ese momento tan maravilloso que estaba viviendo había llegado a su final. Que la vida es un don prestado que había que devolver, y a él ya le ha llegado el momento de pagar por él.
.
Decidieron hacerlo en dos días, cuando la casa estuviera vacía solo para ellos. Gustav y Georg habían quedado en ver a sus familias, y a ellos le pareció una buena ocasión que no pensaban desperdiciar.
Las horas pasaron lentas esperando a que llegase el gran día. Se cruzaban en el pasillo y sus miradas lo decían todo. Los nerviosos que estaban, las ganas que tenían de que el momento llegase ya.
Y vaya que si llegó…pero no el momento que ellos esperaban… Lo hizo en forma de llamada.
Una tarde en la que el grupo se tomaba unos minutos de descanso del largo ensayo, un móvil resonó en la silenciosa sala de ensayos.
Bill lo cogió sin mirar quien era, sonriendo porque Tom también lo hacía.
— ¿Hallo?—contestó entre risas.
—Me encanta ese dulce sonido—dijo una voz conocida.
La sonrisa murió en sus labios, el miedo se apoderó de sus ojos, el cuerpo comenzó a temblarle y se giró antes de que Tom se diese cuenta.
— ¿Qué quieres?—preguntó en voz muy baja.
—A ti, ya te lo he dicho.
—No…. —susurró Bill.
—Sí. Se lo vuestro, sé que amas a tu hermano cuando no deberías hacerlo.
Caminó saliendo de la sala, buscando un solitario rincón en el que pudiera hablar sin que Tom supiera que todo acababa de terminar.
—Solo fue un beso dado por error, no tienes nada—dijo Bill mintiendo.
—Fue un gran beso, felicidades. Con eso pruebo que tu hermano te hace más feliz de lo que debiera. Saber que con llamar a la prensa todo saldría a la luz, entonces ya te puedes despedir del grupo, por no mencionar de tu familia…y de tu hermano…
— ¡Ya vale! Dime que querías—cortó Bill enfadado.
—A ti—le repitió el chico con firmeza—Esta tarde. Estoy en el motel que había cerca de la fábrica vieja. Habitación 19. No te retrases.
Antes de que pudiera suplicar, la llamada fue cortada con brusquedad. Miró el móvil en sus manos, como si le pudiera gritar a él todo lo que por miedo se ha callado.
Sabía que no tenía más remedio que ceder, por el bien del grupo, por el de Tom,…por el suyo propio.
Tras respirar hondo varias veces y calmarse regresó para contar a sus amigos que no se encontraba bien, que necesitaba aire para despejar su cabeza. Tom se ofreció para acompañarle, con la excusa de que ya era tarde y pronto se haría de noche, pero él negó con la cabeza sin mirarle, diciéndole que regresaría para la cena.
Tras despedirse de él y cogiendo su cazadora por el camino, echa a correr hacia el lugar indicado, pensando que así su sufrimiento terminaría antes.
.
Caminó deprisa para tratar de no llamar más la atención, que nadie pudiera saber que había alguien parecido a él en una mugrienta habitación de motel.
Se paró ante la puerta y tras respirar muy hondo levantó la mano y llamó con suavidad, asustándose cuando fue abierta de golpe, como si le hubiese presentido o estado espiando desde la sucia ventana.
—Adelante—dijo el chico con una gran sonrisa—Aun no me he presentado por cierto. Me llamo Adam.
Bill le ignoró y entró despacio con el miedo instalado en sus ojos, le miró atentamente asombrándose de su gran parecido, hasta sus ropas eran casi iguales.
No pudo evitar dar un respingo cuando la puerta se cerró de golpe tras él y le oyó echar el cerrojo. Caminó sin darle la espalda, retrocedió al ver que avanzaba hacia él, consiguiendo que cayera sobre la cama y se quedase tumbado, esperando.
Adam sonrió al verle preparado. Comenzó a desnudarse sin aparta de él sus ojos, que le recorrieron el cuerpo de arriba abajo. Se quedó totalmente desnudo, viendo como sus ojos se abrieron como platos al verle tan bien dotado.
Extendió las manos cuando le vio acercarse a él, tratando de impedir lo que a continuación iba a suceder.
—No te resistas a mí, no te quiero hacer daño—pidió Adam tirando de su camiseta.
—Ya me lo estás haciendo—susurró Bill tratando de no echarse a llorar en su presencia.
—Lo hago por tu bien, tú y tu hermano… eso no puede ser, no está bien—dijo Adam con firmeza.
Bill cerró los ojos dándose por vencido, no podía hacer nada, si no le obedecía todo saldría a la luz, destrozaría a su familia, la gente los señalaría con el dedo y se asustarían de ellos, no comprenderían jamás que su amor es verdadero.
Sintió como le despojaba de la camiseta, rozándole la mejilla al pasársela por la cabeza. Luego los pantalones siguieron el mismo camino y su ropa interior también, dejándole en la cama desnudo y alejándose para contemplarle bien.
—Vaya, pues somos iguales hasta en el más íntimo detalle—dijo Adam sonriendo.
Bill seguía con los ojos cerrados, mordiéndose los labios ante ese comentario, con miedo de abrirlos y ver como su pesadilla se hacía realidad sin poder evitarlo.
Aferró la colcha de la cama con fuerza cuando notó que le acariciaba una pierna, conteniendo la respiración cuando le sintió más cerca de su entrepierna, que rozó con un dedo haciéndole poner tenso.
—Separa las piernas—ordenó con tono firme Adam.
Bill le obedeció y apretó los dientes cuando le sintió recostarse entre ellas, frotando sus entrepiernas y soltando un gran gemido.
Adam echó su aliento en su cara, sonriendo al ver que se apartaba. Bajó una mano y le acarició los muslos, notando como se revolvía bajo él, excitándose más por eso. Llevó más atrás la mano hasta escaparle las nalgas y colar dentro de él un dedo que previamente había impregnado con su saliva.
—No…. —susurró Bill.
—Sshhh….así no te dolerá—calmó Adam besándole el pecho.
Bill se odió cuando comenzó a sollozar, al sentir que sus lágrimas se querían escapar, mostrándole lo débil que era y siempre sería.
—Esto ya casi estaba—susurró Adam tras colar dos dedos más.
El momento estaba a punto de llegar, el miedo le hizo jadear, levantó los brazos y se cubrió la cara con ellos, tratando de alejar la cruel realidad.
Le sintió moverse contra él, frotarse hasta conseguir estar duro y preparado. Sintió que le levantó las caderas con una mano y con la otra escaparle más las piernas. Le sintió entrar poco a poco en él…
Le sintieron violar su cuerpo por una fantasía cruel.
Los jadeos se hicieron más fuertes, le costaba entrar del todo, avanzar por ese cuerpo inmaculado que con dolor estaba siendo mancillado.
— ¡Creía que no sería tu primera vez!—exclamó Adam asombrado.
Bill apretó más los labios. Se sintió herido por un puñal que se le clavaba muy hondo en el cuerpo, que le destrozó por dentro y le hizo querer gritar.
Escuchó su grito de satisfacción cuando al fin entró del todo, quedándose quieto para observarle bien, para no perderse detalle de su expresión bajo los brazos camuflada.
—Déjame verte—ordenó Adam apartándole un brazo.
Sonrió al ver su cara, sus mejillas bañadas en amargas lágrimas. Se acercó a ellas y besó cada lágrima que de sus ojos escapó.
—Mírame…. —suplicó Adam.
Bill negó con la cabeza fuertemente.
— ¡Mírame!—gritó Adam con furia.
Solo entonces abrió los ojos. Era como si tuviera delante de él un espejo, como si viera su propio reflejo mofándose de él.
—Quiero verte los ojos, ver que te lo pasas bien—dijo Adam comenzando a moverse de nuevo.
Bill negó con la cabeza a modo de respuesta. Jamás se lo pasaría bien en esa situación, solo si fuera con la persona adecuada, solo si fuera Tom quien tan bien le tratara.
—Si, al final….vas a… gozar—susurró Adam en cada embestida.
Levantó la cabeza, fijó la mirada en el techo para no ver en sus ojos el placer que estaba sintiendo, notando que con cada embestida que recibía su dolorido cuerpo una lágrima se escapaba para perderse por la cama.
—Levanta las rodillas—ordenó Adam entre jadeos.
Bill solo le obedeció por miedo, de que si no lo hacía el dolor sería más y más intenso.
Le ayudó a levantarlas, se las ajustó alrededor de su cuerpo y tomando sus caderas le elevó un poco más de la cama, sonriendo de satisfacción al ver que su gesto cambiaba.
Bill no lo podía creer, estaba sintiendo placer… ¿cómo podía sentirlo en tal situación? Al levantar las piernas se sintió mejor, la presión desapareció y en su lugar el placer se instaló.
No pudo evitar escapar los labios, dejar escapar de ellos su aliento en forma de un gemido lento…
— ¿Lo ves? Esto está muy bien—sonrió Adam al escucharle.
Cerró los ojos con cada embestida que se fueron tornando más rápidas, le sintió gemir y jadear sobre él, sintió su cálido aliento quemarle la piel, atravesarle y llegar hasta su corazón, arrancando de él cualquier rastro de amor.
Porque después de eso no volvería a mirar a Tom a la cara, a sentir por él lo que con tanta ilusión creyó ver. Que se amaban, que pasarían juntos el resto de sus vidas, que nada los iba a separar…
Y Adam lo acababa de hacer. Con una mirada acabó con todo lo que amaba. Ya no más amor, sólo el dolor que en su cuerpo dejaba.
Adam aceleró el ritmo, se estaba a punto de correr y antes de que fuera demasiado tarde bajó una mano para darle a él también placer.
Bill se intentó resistir, no quería que le tocase, que le hiciera sentir que eso le estaba gustando mucho cuando la verdad era que se sentía morir por dentro. Bajó la mano para impedirlo, pero Adam se la tomó con la otra y entrelazó sus dedos mientras masturbaba el miembro, acariciándolo de arriba abajo, pasando sus dedos sin cuidado.
Gritó todo lo que pudo cuando el orgasmo le recorrió el cuerpo, haciendo que vaciase en su interior toda la pasión que sentía por él.
Bill solloza cuando sintió que algo caliente le quemaba por dentro, cuando sin poderlo evitar se corrió él también en su propio cuerpo.
Adam se echó a reír de satisfacción al ver como entre sus dedos fluía esa misma esencia que él le había dejado dentro, como se extendía por su cuerpo. Sonrió más al oírle jadear, al ver que sus labios se habían separado en el momento del orgasmo.
—Sabía que tú también ibas a disfrutar—suspiró Adam saliendo despacio de él.
Se levantó de su cuerpo, viendo que se quedaba muy quieto, y que su pecho se agitaba tratando de recuperar el aliento, que sus manos aferraban con fuerza la colcha de la cama con la desesperación marcada en su cara.
Silbó mientras caminaba hasta el baño, en donde cogió una toalla húmeda y regresó a su lado, para pasarla por sus muslos que continúan elevados.
—Te he hecho un poco de sangre…lo siento…—se disculpó Adam tras limpiarle.
—Puedo yo solo—dijo Bill tratando de incorporarse.
Pero una punzada de dolor le obligó a volver a acostarse, a dejar que lavase su cuerpo como si se tratara de un niño pequeño.
Sintió que le dejaba solo de nuevo, levantó la cabeza y le vio volver al baño. Entonces reunió todas sus fuerzas y rodó por la cama para ayudarse con las manos a levantarse, gimiendo con cada movimiento, sollozando con cada punzada.
Recogió sus ropas del suelo y se las puso lentamente, deseando de salir de allí cuanto antes, de volver a su habitación de la que no saldrá en lo que le quedó de vida.
— ¿Ya te vas? —preguntó Adam caminando desnudo por la habitación hacia él—Pensé que te podrías quedar a dormir conmigo, siempre he soñado con hacerlo abrazado a tu cuerpo.
—Ya se acabó, has conseguido lo que querías—dijo Bill andando de espaldas hacia la puerta.
Su espalda tropezó con ella, sus temblorosos dedos tiró del manillar que no cedía a sus intentos. Sollozó al recordar que había echado la llave y la llevaba en sus manos, enseñándosela con una amplia sonrisa en los labios.
—Por favor…—suplicó Bill entre lágrimas.
Adam se acercó a él y le limpió la cara. Besó su mejilla y le apartó de la puerta para que pudiera salir.
—No me gusta verte llorar, y menos por mí. ¿No te he tratado bien? Podía haberte hecho mucho daño, y me he contenido—dijo Adam abriéndole la puerta.
Bill se mordió los labios para no hablarle del todo el daño que le había hecho, no solo del físico. Le había alejado de la persona que más amaba en su vida, había marcado su cuerpo, haciendo que algo que debería ser bello se transformara en su peor recuerdo.
Antes de dejarle salir Adam le cogió con fuerza del brazo, obligándole a girarse y a mirarle con odio en los ojos.
—Esto no ha terminado—le dijo a modo de despedida.
Ahogando un sollozo tiró de su brazo para ser liberado, echando a correr por la noche oscura, limpiándose las lágrimas, rezando para que todo hubiera sido una pesadilla.
Pero en el fondo sabía que no es así. Que se iba a volver a repetir. Estaba a su merced, nunca jamás escaparía de él.
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 🙂