Love must go on 5

Love must go on 5

Fic TOLL de lyra

Capítulo 5. Tiempo al tiempo

Le pidieron al taxista que les dejase una calle antes de llegar al apartamento. Bill tenía miedo de que Tom le viera bajar del taxi con Andreas a esas horas de la noche. Prometió volver a la hora de la cena y ya se había retrasado dos horas.

Andreas le ayudó a bajar del taxi y pagó la cuenta dejando una generosa propina. Le cogió del brazo y caminaron en silencio. A dos pasos de llegar a la puerta, Bill se soltó de su brazo y se paró cogiendo aire, preparándose para la regañina que sabía que iba a recibir por parte de Tom.

—Si quieres, te acompaño. Le diremos que nos hemos encontrado por la calle y nos fuimos a cenar algo—sugirió Andreas.

—Entonces me reñirá por no haber llamado y a ti también te caerá una. No importa, podré afrontarlo—contestó Bill tratando de sonreír en vano.

—Es lo último que necesitabas en este estado, duras palabras—murmuró Andreas arrugando la frente.

Bill suspiró asintiendo. Se quitó las gafas y se las intentó devolver, pero Andreas puso las manos sobre las suyas y negó con la cabeza.

—Ya me las devolverás. Ahora las necesitas—le dijo con firmeza.

— ¿Tanto se me nota? —preguntó Bill mordiéndose el tembloroso labio.

—Tienes los ojos más tristes que jamás he visto—confesó Andreas.

Bill dejó escapar un sollozo por lo bajo al oír sus palabras, pensando que sus ojos nunca volverían a brillar como lo habían hecho antes. Y que si su amigo lo había notado a simple vista, Tom lo haría con los ojos cerrados.

Se las volvió a poner y pestañeó fuerte para alejar las lágrimas que se acumulaban en sus ojos.

—Llámame si necesitabas algo, hablar o lo que sea. Y procura descansar tal y como te han recomendado—dijo Andreas a modo de despedida.

Bill asintió en silencio y dio media vuelta caminando despacio hasta el apartamento, rezando para que Tom no fuera muy duro con él.

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En cuanto entró en el apartamento y cerró la puerta, Tom salió de la cocina a su encuentro. Le miró enfadado y se llevó un dedo a los labios mientras tomaba su mano y tiraba de él hacia la cocina, donde entraron cerrando la puerta tras ellos para que los demás no les oyeran.

— ¿Dónde te habías metido? —estalló Tom en voz baja—Hace horas que saliste, me tenías preocupado. Además, te dejaste el móvil y no sabía que más hacer.

—Lo siento—susurró Bill tratando de girar la cara para que no se la viera.

Tom observó su reacción. Como apartaba la mirada tras esas oscuras gafas, que por cierto no reconoció como suyas. ¿Le estaría engañando? Desechó esa idea de su cabeza. Bill jamás le traicionaría, le amaba mucho para hacerlo.

Tendió las manos y le quita la máscara tras la que se ocultaba, revelando unos ojos tristes y apagados.

— ¿Estás bien?—preguntó Tom suavizando el tono.

—Me duele el estómago, me voy a acostar ya—contestó Bill tratando de huir de la cocina.

Pero Tom le cogió del brazo y se lo impidió. Aprovechó que la cerrada puerta les ofrecía cierta intimidad y le atrajo a su lado apoderándose de sus labios antes de que pudiera reaccionar.

Pero el beso murió nada más empezar, cuando le sintió sollozar contras sus labios.

— ¿Bill?—llamó Tom al ver como se alejaba de él frotándose la frente.

—No me encuentro bien—contestó Bill con sinceridad.

Aprovechó su confusión y abrió la puerta huyendo de su lado hasta que entró en su habitación en donde rompió a llorar nada más entrar. Se cubrió la cara con las manos, pensando que nunca más podría aceptar a Tom a su lado de nuevo, volver a aceptar sus cálidos besos cuando él estaba tan frío por dentro.

Pero todo lo había hecho por protegerle a él, a ambos…

Se limpió la cara. No quería derramar más lágrimas por algo que ya había ocurrido. Ya no había marcha atrás, ¿para qué llorar?

Entró en el baño y abrió el grifo de la ducha. Se sintió muy cansado, pero también sucio. Se quitó la ropa con cuidado, viendo el reflejo de su cuerpo desnudo en el espejo, recordando que había otro igual al suyo, y no era el que estaba abajo en la cocina preguntándose qué era lo que no había salido bien en ese beso.

Entró en la ducha y corrió la cortina, cerrando los ojos mientras dejaba que el agua tibia le limpiase el cuerpo, mordiéndose los labios para que no salieran más sollozos como el que se le había escapado.

Tragaría sus amargas lágrimas, dejaría su tristeza escondida dentro de su cuerpo para que Tom no la descubriera nunca jamás.

Una idea cruzó su cabeza y le dejó sin aliento. Los chicos se iban al día siguiente, dejando el apartamento solo para ellos. Habían decidido que el momento ya había llegado, que harían el amor por primera vez la noche siguiente.

No podía hacerlo. Su cuerpo no lo resistiría, y su mente menos. Algo había muerto dentro de él, haciendo que nunca más quiera volver a hacer el amor otra vez, aunque fuera con la persona que más amaba en el mundo.

No sabía que excusa ponerle, tal vez decirle que se lo había pensado mejor y no se sentía preparado.

Cerró los ojos frustrado y se pasó las manos por el pelo mojado. Cortó el agua y salió de la ducha mientras se secaba con una toalla. Se la ajustó a la cintura y salió del baño a por ropa limpia que se puso de inmediato.

Regresó al baño en el que seguía su ropa tirada en el suelo y recogió la cazadora mirando el resto, sabiendo que la escondería en el fondo del armario para no verla nunca más.

Metió la mano en el bolsillo interior y saca el frasco de antibióticos que le habían recetado para su infección. Lo abrió y se metió una pastilla en la boca y tras coger agua con las manos la tragó con esfuerzo.

Escondió el frasco en su neceser de maquillaje, dejándolo en el fondo del primer cajón por si a Tom se le ocurría echar un vistazo.

Apagó la luz y miró la cama con deseo. Se acostó en ella y se cubrió hasta la cabeza suspirando. Por fin estaba en casa. Cerró los ojos y dio la bienvenida a la oscuridad en la que quería perderse para siempre, fundirse con ella para que así nadie le encontrase…

.

Tom todavía continúa de pie en la mitad de la cocina sin acabar de comprender lo que había sucedido, con el sabor de los labios de Bill aún reciente sobre los suyos. Miró la puerta por la que había salido huyendo decidiendo salir tras él y no parar hasta descubrir que era lo que iba mal en él.

Subió las escaleras con rapidez hasta llegar a su habitación en donde abrió la puerta despacio y asomó la cabeza por ella. No le veía dentro, pero la puerta del baño estaba abierta y vio luz dentro.

Entró y se dirigió despacio, parándose en la mitad del camino cuando escuchó el ruido del agua al caer. Pero no era ese sonido el que le había hecho pararse en seco. Había oído claramente un sollozo reprimido.

Se asomó al baño y vio la cortina de la ducha echada, vislumbrando la silueta de Bill, observando que se cubría la cara con las manos. Agachó la mirada y vio en el suelo su ropa allí tirada

Por mucho que se moría por estar a su lado, por entrar y compartir esa ducha nocturna, algo en su interior le decía que le dejase tranquilo en esos momentos, que necesitaba estar consigo mismo.

Salió de la habitación en el mismo estado en el que entró. Confuso. Y con más dudas para añadir a las primeras.

.

No durmió en toda la noche. No dejó de verse a sí mismo sobre su propio cuerpo. Sabía que en realidad no era él, pero su torturada mente así se lo hizo creer.

Pudo ver claramente su sonrisa de satisfacción, pudo sentir sus manos recorrer su desnudo cuerpo, pudo sentir el dolor que le atravesó cuando le penetró, el calor que le quemó cuando se derramó en su interior…

Abrió los ojos jadeando. Se incorporó en la cama despacio al notar una punzada de dolor. Sintió que se mareaba y se tuvo que volver a recostar suspirando. Solo era la primera noche, pero a él le parecía que ya llevaba cien. Reviviría la pesadilla una y otra vez, cada vez que cerrase los ojos, cada vez que se mirase al espejo y viera su reflejo.

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Tom se levantó tras una larga noche de insomnio. No pudo sacarse de la cabeza el dolor Bill. Sabía que estaba sufriendo porque nunca antes le había visto en ese estado.

Se vistió y salió de su habitación, parándose ante la puerta de la de Bill sin atreverse a entrar o llamar.

“Dale más tiempo”—suplicó una voz en su cabeza.

Decidió obedecerla y bajó a desayunar a la cocina con los demás.

—Buenos días, ¿regresó tarde tu hermano?—preguntó Gustav con naturalidad.

—Sí, ya era tarde—contestó Tom con un bostezo.

—Tienes mala cara, ¿no has dormido bien? —preguntó de nuevo Gustav.

—No he dormido nada—murmuró Tom suspirando.

—Bill no ha tocado su cena—anunció Georg como si nada, sacando de la nevera el plato que le guardaron.

—Me dijo que se encontraba mal del estómago. Estará revuelto esta mañana—explicó Tom.

Decidió que esa sería su excusa para subir a verle. Cogió una bandeja y comenzó a prepararle el desayuno, cambiando la taza del café por una de té para que le hiciera sentirse mejor. Cogió un paquete de galletas y comenzó a subir las escaleras.

Llegó hasta la puerta y sujetando la bandeja con una mano la abrió despacio. Le vio encogido en la cama. A pesar de estar tapado, sabía que se estaba apretando el estómago con las manos.

Entró decidido y dejó la bandeja en la mesilla para sentarse en la cama y retirarle el pelo que le impedía ver su cara. Apretó los labios al ver sus hinchados ojos, señal de que había pasado la noche llorando. Observó sus grandes ojeras, viendo que él tampoco había podido dormir.

Bajó la mano que le aparta el pelo y recorrió su suave mejilla hasta sus labios, que se separaron en una tímida sonrisa. Quería poner los suyos encima, pero se acordó de lo ocurrido en la cocina la noche anterior y decidió frenar sus impulsos y dejarle de acariciarle.

Le tocó el hombro y le zarandeó con suavidad, viendo como sus largas pestañas temblaban y comenzaban a separarse poco a poco.

—Buenos días, dormilón—saludó Tom con una sonrisa.

Bill abrió los ojos lentamente, y cuando consiguió enfocar la vista y ver a Tom, le devolvió la sonrisa con agrado, hasta que estiró el cuerpo y sintió una punzada de dolor que le recorrió por dentro, haciendo que su sonrisa cambiase a un doloroso gesto.

— ¿Tu estómago?—preguntó Tom preocupado.

Bill asintió apretándoselo más fuerte con las manos, poniéndose tenso cuando Tom deslizó una de sus manos bajo las sábanas y la dejó reposar sobre las suyas, acariciando sus dedos y transmitiéndole su calor para que el dolor fuera más llevadero.

—Te he subido un té y algo para comer, como ayer te saltaste la cena…—explicó Tom sin perder la sonrisa con esfuerzo.

Bill resopló. El pensar en tratar de comer algo hizo que le estómago le diese un vuelco. Pero también sabía que era necesario para que se recuperase pronto y que dejase atrás el pasado, mirando con miedo al futuro.

Comenzó a incorporarse con esfuerzo, viendo como Tom corrió en su ayuda, pasando las manos bajo sus hombros y tirando de él con suavidad. Le colocó bien las almohadas para que se recostase contra ellas, viendo como cerraba los ojos tras acomodarse mejor levantando las rodillas y pegándolas al pecho.

Le acercó la taza de té y observó cómo se la tomaba despacio con esfuerzo. Llamaron a la puerta y ambos giraron la cabeza para ver a Georg y a Gustav entrar despacio.

—Veníamos a ver qué tal estabas, Tom ha dicho que ayer comenzaste a sentirte mal—explicó Gustav acercándose a la cama.

Bill pensó que era una buena manera de explicar su situación. La noche anterior comenzó a sentirse mal, sin saber si algún día dejaría de estarlo.

—Sólo es el estómago—murmuró con una débil sonrisa.

—Habrá que decírselo a David, tenemos una entrevista mañana y si no estabas bien habrá que cancelarla—intervino Georg.

Bill asintió son la cabeza. Le habían recomendado dos días de reposo sin nada de trabajo. Tenía miedo de acudir a la entrevista y de desmayarse en directo, o de romper a llorar por el recuerdo. No estaba en condiciones de ver a nadie, ni de ser visto, de contestar todas esas preguntas que siempre eran las mismas.

—Ya le llamo yo luego—dijo Tom.

—Os llamaremos esta tarde para ver qué tal estabais—se despidieron Georg y Gustav.

Bill terminó de desayunar cuando se fueron y negó con la cabeza cuando Tom le tendió una galleta.

—Pues me la como yo—dijo Tom mordiéndola con una sonrisa.

Bill trató de imitarle mientras se acomodaba mejor en la cama, notando que de sentado le dolía más el cuerpo, así que decidió volverse a tumbar ayudado por Tom de nuevo, quien le arropó bien con las sábanas y apoyó una mano en su frente sin previo aviso.

—Estás un poco caliente—murmuró retirándola.

—Ya me tomé algo ayer—explicó Bill cerrando los ojos.

Tom vio lo cansado que estaba y decidió no insistir más en el tema.

—Te dejo descansar, pasaré a ver qué tal estas dentro de una hora—dijo Tom sonriéndole—Te dejo el móvil cerca, llámame si necesitabas algo.

Bill asintió con los ojos cerrados, poniéndose tenso cuando le sintió inclinarse y besarle en la mejilla con cariño, odiándose a sí mismo por no responderle de la manera que él quería.

Cerró los ojos fuertemente y se perdió en la oscuridad de nuevo, deseando despertar cuando todo hubiera pasado, cuando la pesadilla hubiera finalizado y con el tiempo todo volviera a ser como antes.

Continúa…

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por lyra

Escritora del Fandom

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